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Por Roger Garaudy

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Texto extraído del libro de R. Garaudy ‘Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel’

Título original: Roger Garaudy, Les Mythes fondateurs de la politique israélienne. 2a édicion: Samiszdat Roger Garaudy, Paris, 1996. No copyright. Reproduction libre. © Historia XXI Ap. C. 14.243 08080 – Barcelona 1a edición: Diciembre 1997 Traducción: José Luis Jérez Riesco. ISBN: B-84-923089-0-7 Depósito legal: B.48.721-97.

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Contenido:

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1. El Lobby en los Estados Unidos

El Primer Ministro de Israel tiene mucha más influencia sobre la política exterior de los Estados Unidos en el Oriente Medio que la que tiene en su propio país. (Paul Findley, The dare to speak out, p. 92) ¿Cómo mitos semejantes han podido suscitar creencias de tan difícil desarraigo entre millones de personas de buena fe? Por la creación de todopoderosos lobbies capaces de influir en la actuación de las políticas y de condicionar a la opinión pública. Los modos de actuación se adecuan a los respectivos países. En los Estados Unidos, donde viven 6 millones de judíos, el voto judío puede ser decisivo, pues la mayoría electoral (por causa del elevado número de abstenciones y la ausencia de proyectos globales diferentes entre los dos partidos) depende, a veces, de cosas baladíes y la victoria puede ser alcanzada con un pequeño margen. Además, la volubilidad de la opinión que depende en gran medida del carisma del candidato o de la habilidad de sus intervenciones televisadas, está en función de los presupuestos de sus comités y de las posibilidades de su marketing político. En 1988, las elecciones estadounidenses a los escaños del senado exigían un presupuesto publicitario de 500 millones de dólares. El lobby más poderoso oficialmente acreditado en el Capitolio es el A. I. P. A. C. (American Israelí Affairs Commitee). El poder de los sionistas en los Estados Unidos era tal ya en 1942 que en el Hotel Baltmore, de Nueva York, una Convención maximalista decidió que era necesario pasar del Hogar judío en Palestina (prometido por Balfour: la colonización lenta por adquisición de terrenos, bajo protectorado británico o estadounidense) a la creación de un Estado judío soberano. La hipocresía que caracteriza toda la historia del sionismo se expresa en las interpretaciones de lo que fue el resultado de los esfuerzos de Herzl: la Declaration Balfour (en 1917). La fórmula del hogar nacional judío está sacada del Congreso de Basilea. Lord Rothschild había preparado un proyecto de declaración que preconizaba el principio nacional del pueblo judío. La declaración final de Balfour no habla para nada de toda Palestina, sino solamente del establecimiento en Palestina de un Hogar nacional para el pueblo judío. De hecho todo el mundo decía hogar como si se tratara de un centro espiritual y cultural, y pensaba, en realidad en: Estado. Como el propio Herzl, Lloyd George escribió en su libro: The Truth about the Peace treaties: No debería existir ninguna duda sobre lo que los miembros del Gabinete tenían en aquella época en su cabeza Palestina llegaría a ser un Estado independiente. Es significativo que el General Smuts, miembro del Gabinete de guerra, declaraba en Johannesburg, el 3 de noviemhre de 1915: En el transcurso de las generaciones venideras, veréis levantarse allí (en Palestina) una vez más un gran Estado judío. Ya el 26 de enero de 1919 Lord Curzon escribe: Mientras que Weizmann os decía algo, y vosotros pensabais en un hogar nacional judío, el tenía proyectaba algo completamente diferente. El contemplaba un Estado judío, y una población árabe sometida, gobernada por los judíos. Buscaba para realizar esto último la pantalla y la protección de la garantía británica. Weizmann había explicado con toda claridad al Gobierno británico que el objetivo del sionismo era crear un Estado judío (con cuatro o cinco millones de judíos). Lloyd George y Balfour le aseguraron que utilizando el término hogar nacional, en la Declaración Balfour, entendíamos por ello un Estado judío. El 14 de mayo de 1948, Ben Gurión proclamó en Tel-Aviv la independencia: El Estado judío en Palestina se llamará: Israel. A pesar de la divergencia entre los que, como Ben Gurión, consideraban como un deber para cada judío en el mundo venir a vivir a este Estado y los que pensaban que la actuación de los judíos en los Estados Unidos era más importante, para el propio interés de Israel, esta última tendencia prevaleció: de los 35.000 estadounidenses o canadienses que inmigraron a Israel, sólo se quedaron allí 5.400. El Estado de Israel fue admitido en las Naciones Unidas gracias a las presiones vergonzosas del lobby. Eisenhower no quería enemistarse con los países petrolíferos árabes: una poderosa fuente de poderío estratégico y una de las mayores riquezas de la Historia del mundo, decía. Truman acalló sus escrúpulos por razones electorales, lo mismo que sus sucesores. Sobre el poder del lobby sionista y del voto judío, el Presidente Truman en persona había declarado en 1946, ante un grupo de diplomáticos: Lo siento, señores, pero debo ayudar a centenares de miles de personas que esperan el éxito del sionismo. No tengo a miles de árabes entre mis electores. El antiguo Primer Ministro británico Clement Atlee aporta el siguiente testimonio: La política de los Estados Unidos en Palestina estaba modelada por el voto judío y por las subvenciones de varias grandes firmas judías. Eisenhover, de acuerdo con los soviéticos, había detenido la agresión israelí en 1956 (apoyada por los dirigentes ingleses y franceses) contra el Canal de Suez. El Senador J. F. Kennedy no había mostrado ningún entusiasmo en este asunto. En 1958, la Conferencia de Presidentes de Asociaciones Judías encargó a su Presidente Klutznik, contactar con Kennedy, posible candidato. Le dijo crudamente: Si dice lo que debe decir, puede contar conmigo. De lo contrario no seré yo el único que le vuelva la espalda. Lo que debía decir, lo resume así Klutznik: la actitud de Eisenhower en el asunto de Suez era mala mientras que en el 48 Truman estaba en el buen camino Kennedy siguió este consejo en 1960, cuando fue designado por la convención demócrata como candidato. Después de sus declaraciones en Nueva York, ante las personalidades judías, recibió 500.000 dólares para su campaña, nombró a Klutznik como consejero, y contó con el 80 % del voto judío. Durante su primer encuentro con Ben Gurión, en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, en la primavera de 1961, John F. Kennedy le dijo: Sé que he sido elegido gracias a los votos de los judíos estadounidenses. Les debo mi elección. Dígame que debo hacer por el pueblo judío. Tras Kennedy, Lyndon Johnson irá más lejos todavía. Un diplomático israelí escribe: Hemos perdido un gran amigo. Pero hemos encontrado a uno mejor Johnson es el mejor de los amigos que el Estado judío haya tenido en la Casa Blanca Johnson apoyó, en efecto, poderosamente la Guerra de los Seis Días en 1967. A continuación el 99 % de los judíos estadounidenses defendieron al sionismo israelí. Ser judío hoy significa: estar unido a Israel. La resolución 242 de las Naciones Unidas, en noviembre de 1967, exigió la evacuación de los territorios ocupados durante la Guerra. De Gaulle, después de esta agresión, solicitó el embargo de armamento con destino a Israel. El Parlamento estadounidense lo aceptó. Pero Johnson, en diciembre, lo levantó y, por las presiones de la A. I. P. A. C., envió aviones Phantom hacia Israel. Como consecuencia de aquello, Israel no criticó la guerra de Vietnam. Cuando en 1979, Golda Meir visitó los Estados Unidos, Nixon la comparó con la Debora bíblica y la llenó de elogios sobre la prosperidad (el boom) de Israel. El Plan Rogers que contenía lo esencial de la Resolución 262 de la O.N.U. fue rechazado por Golda Meir. Nixon envió a Israel 45 Phantom de más y añadió de propina 80 bombarderos Skayhawk. Nasser murió el 8 de septiembre de 1970 y Sadat ofreció firmar la paz con Israel. Moshé Dayan, Ministro de Defensa, la rechazó, a pesar del criterio del Ministro de Asuntos Exteriores Abba Eban. Sadat, el 6 de octubre de 1973, lanzó entonces la ofensiva que recibió el nombre de Yom Kippur y destruyó la reputación de la Sra. Golda Meir que tuvo que dimitir el 10 de abril de 1974, igual que Moshé Dayan. Entretanto, el lobby judío del Capitolio obtuvo de Washington un gran éxito por el rearme acelerado de Israel: 2 billones de dólares, con el pretexto de combatir a un lobby árabe de la competencia. El dinero de los bancos judíos de Wall Street se sumó a la ayuda gubernamental. De las 21 personas que entregaron más de 100.000 dólares al Senador Hubert Humphrey,15 eran judías, al frente de ellos los jefes de la mafia judía de Hollywood como Lew Wasserman. En conjunto aportaron más del 30 % de los fondos electorales del Partido demócrata. La A. I. P. A. C. se movilizó de nuevo y obtuvo en tres semanas, el 21 de mayo de 1975, la firma de 76 senadores pidiendo al Presidente Ford apoyar igual que ellos a Israel. La senda de Jimmy Carter estaba trazada: en la Sinagoga de Elisabeth, en New Jersey, investido con la toga de terciopelo azul, proclamó: Yo honro al mismo Dios que Uds. Nosotros (los baptistas) estudiamos la misma Biblia que Vds. Y concluyó: La supervivencia de Israel no depende de la política. Es un deber moral. Era la época en la que Beghin y los partidos religiosos habían aupado en el poder a los laboristas en Israel: Beghin se consideraba más judío que israelí, escribe su biógrafo. En noviembre de 1976, Nahum Goldman, Presidente del Congreso Mundial Judío, vino a Washington para ver al Presidente y a sus consejeros, Vance y Brzezinki. Dio a la Administración Carter el siguiente consejo, que no fue atendido: romper el lobby sionista en los Estados Unidos. Goldman había dedicado su vida al sionismo y desempeñado un papel de primer orden en el lobby en la época de Truman, y hoy dice, que su propia creación, la Conferencia de Presidentes, era una fuerza destructiva y un gran obstáculo para la paz en Oriente Medio. Beghin estaba en el poder y Goldman estaba decidido a minar su política, aunque fuera destruyendo su propio grupo de presión. Seis años más tarde, Cyrus Vance, uno de los interlocutores de este encuentro, confirmó las palabras de Goldman: Goldman nos ha sugerido romper el lobby, pero el Presidente y el Secretario de Estado respondieron que no tenían poder para ello, y que por otra parte hubiera podido abrir la puerta al antisemitismo. Beghin, compartiendo el poder con los laboristas, nombró a Moshé Dayán Ministro de Asuntos Exteriores en el lugar de Simon Peres. El Presidente de la Conferencia de los Presidentes Judíos de los Estados Unidos, Schindler, hizo aceptar este cambio en favor de los extremistas y subrayó el pragmatismo de Dayán. Beghin, durante un tiempo, no se preocupó apenas de los sionistas estadounidenses, a quienes consideraba como los protectores de los laboristas. Pero los hombres de negocios estadounidenses, constatando la influencia de los rabinos sobre Beghin y sobre todo la vinculación de aquel a la libre empresa (contrariamente a las intervenciones estatales de los laboristas), saludaron los acuerdos de Camp David (de septiembre de 1978). Sadat, firmando una paz separada con Israel, no tocaba a Cisjordania (Judea y Samaria, tierras bíblicas según Beghin) y no se quedaba más que con el Sinaí que, para Beghin, no era tierra bíblica. En 1976, Carter había recogido el 68 % del voto judío; en 1980 no obtuvo más que el 45 %, ya que en el intervalo, vendió aviones F-15 a Egipto y los Awacs a Arabia Saudita, asegurándose de que jamás se utilizarían contra Israel puesto que el ejército estadounidense los controlaba y los derribaría en ese caso. Fue sin embargo vencido por Reagan en 1980, quien por el contrario, concedió 600 millones de dólares en créditos militares a Israel para los siguientes dos años. Asegurado Beghin, después de Camp David, de no ser atacado por la espalda por Egipto, y confiando en el hecho de que los Awacs vendidos a Arabia Saudita estaban completamente bajo control estadounidense, pudo mostrar a los Estadounidenses su poder para una guerra preventiva procediendo (como los japoneses en Pearl Harbour y los israelíes contra la aviación egipcia durante la Guerra de los Seis Días) a la destrucción, sin declaración de guerra, de la Central Nuclear iraquí de Ozirak, construida por los franceses. Beghin invocaba siempre el mismo mito sagrado: No habrá jamás otro Holocausto. Envalentonado por la debilidad de la protesta estadounidense y temiendo un agravamiento de la situación en el Oriente Medio, Beghin, un mes más tarde, el 17 de julio de 1981, bombardeaba el Oeste de Beirut para destruir, según él, las bases de la O. L. P. Reagan anunció entonces el proyecto de venta, por un importe de 8 billones y medio, de Awacs a Arabia Saudita, y otros misiles, siempre bajo la condición de que no amenazaran a Israel en absoluto pues el control estadounidense sobre ellos era total. Una mayoría en el Senado aceptó este buen negocio económico y el refuerzo de la presencia estadounidense en el Golfo (los Saudíes se habían comprometido a no sobrevolar ni Siria, ni Jordania, y tampoco Israel). Beghin, obsesionado siempre por la visión del Gran Israel de la leyenda bíblica, continuó con la implantación de las colonias israelíes en Cisjordania (comenzada por los laboristas) que Carter había declarado como ilegales y contrarias a las Resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas. Pero Reagan veía en Israel un medio para bloquear las intenciones de la Unión Soviética sobre el petróleo del golfo. En noviembre de 1981, Ariel Sharon, Ministro de la Guerra de Beghin, se entrevistó con su homólogo estadounidense Caspar Weinberger, y elaboró con él conjuntamente un plan de cooperación estratégica para disuadir cualquier amenaza soviética en la región. El 14 de diciembre, Beghin se anexionó el Golán. Reagan protestó contra esta nueva violación de la resolución 242. Beghin se subleva: ¿Somos una república bananera? ¿Un Estado vasallo del vuestro? Al año siguiente Beghin invadió el Líbano. El General Haig, responsable del Departamento de Guerra, da luz verde a esta invasión, destinada a imponer un Gobierno cristiano en Beirut. Pocos estadounidenses criticaron esta invasión como pocos israelíes habían criticado la de Vietnam. Sin embargo las matanzas de Sabra y Chatila, ante los ojos de Sharon y de Eytan, y con su complicidad, y las imágenes que de ellas se dieron por la televisión, obligaron al lobby judío a romper el silencio. El Vice-presidente del Congreso Judío Mundial, Hertzberg, y un buen número de rabinos, criticaron a Beghin, en octubre de 1982. Beghin reprochó al rabino Schindler, que había hecho esta crítica en televisión, de ser más estadounidense que judío, y uno de sus adjuntos le denunció como traidor. Un portavoz del A. I. P. A. C. explicó la estrategia de los que, como él, aprobaban la invasión: Queremos reforzar nuestro apoyo a Israel hacia la derecha con las personas que no se preocupan de lo que pasa en la West Bank pero que miran a la Unión Soviética. En esta ocasión los cristianos sionistas apoyaron la agresión israelí y su jefe Jerry Falwell, a quien Beghin denominaba el hombre que representa a 60 millones de cristianos estadounidenses en un país donde no hay más que 6 millones de judíos recibió la más alta condecoración sionista: el premio Jabotinski por los servicios prestados a Israel, más de 100 millones de dólares del Estado de Israel y 140 millones de dólares de la Fundación Swaggert. El poder financiero y, en consecuencia, político en un mundo donde todo se compra y se vende, resultó cada vez más determinante. Desde 1948 los Estados Unidos han proporcionado a Israel 28 billones de dólares en ayuda económica y militar. Desde entonces se encontraban confortados por el flujo financiero que acudía a Israel de diversas maneras; por las reparaciones alemanas y austríacas; por las liberalidades incondicionales de los Estados Unidos y por los desembolsos de la Diáspora. Los dirigentes israelíes podían concebir, en política exterior, las miras más ambiciosas de un Gran Israel. Un testimonio preciso nos lo proporciona un artículo de la revista Kivounim (Orientaciones) publicada en Jerusalén por la Organización Sionista Mundial sobre los planes estratégicos de Israel para la década de los 80: Como cuerpo de poder centralizado, Egipto es ya un cadáver, sobre todo si se tiene en cuenta el enfrentamiento cada vez más duro entre musulmanes y cristianos. Su división en provincias geográficas distintas debe ser nuestro objetivo político para los años 80, en el Frente Occidental. Una vez que Egipto se halle de esta manera desmembrado y privado de poder central, países como Libia, Sudán y otros más apartados, conocerán la misma disolución. La formación de un Estado copto en el Alto Egipto y la de pequeñas entidades regionales de mínima importancia, es la clave de un desarrollo histórico actualmente retrasado por el acuerdo de paz, pero ineluctable a largo plazo. A pesar de las apariencias, el Frente Oeste presenta menos problemas que el del Este. La división del Libano en cinco provincias prefigura lo que ocurrirá en el conjunto del mundo árabe. El estallido de Siria e Irak en regiones concretas sobre la base de criterios étnicos o religiosos debe ser, a largo plazo, un objetivo prioritario para Israel, siendo la primera etapa la destrucción de la potencia militar de estos Estados. Las estructuras étnicas de Siria la exponen a un desmantelamiento que podría acabar en la creación de un Estado Chiita a lo largo de la costa, de un Estado Sunita en la región de Alepo, de otro en Damasco, y de una entidad rusa que podría aspirar a constituir su propio Estado quizá sobre nuestro Golán en todo caso con el Houran y el norte de Jordania Un Estado así sería, a la larga, una garantía de paz y seguridad para la región. Este es un objetivo que está ya a nuestro alcance. Rico en petróleo, y presa de luchas intestinas, Irak está en el punto de mira israelí. Su disolución sería para nosotros más importante que la de Siria, pues aquel representa, a corto plazo, la más seria amenaza para Israel. Para la realización de este vasto programa, los dirigentes israelíes disponen de una ayuda estadounidense sin restricciones. De los 507 aviones que tenían en la víspera de la invasión del Líbano, 457 procedían de los Estados Unidos gracias a las donaciones y préstamos concedidos por Washington. El lobby estadounidense se encargaba de obtener los medios necesarios, aunque esto fuera bajo la presión del lobby sionista, contra los intereses nacionales. Aún cuando los objetivos del plan Kivounim estaban demasiado alejados y el enfrentamiento era demasiado arriesgado, el lobby israelí lograba realizar la operación por los Estados Unidos. La Guerra contra Irak es un ejemplo elocuente. Dos poderosos grupos de presión empujan a los Estados Unidos al desencadenamiento del conflicto.

1- El lobby judío, porque la eliminación de Sadam Hussein apartaría la amenaza del país árabe más poderoso. Los judíos estadounidenses desempeñan en el sistema mediático del otro lado del Atlántico un papel esencial. El compromiso permanente entre el Presidente y el Congreso conduce a la Casa Blanca a tener en cuenta sus peticiones.

2- El lobby de los negocios que piensa que la guerra podría relanzar la economía. La Segunda Guerra Mundial, y los enormes pedidos que supuso para los Estados Unidos, ¿no fue la que puso fin a la crisis de 1929 de la cual no había realmente salido? la Guerra de Corea ¿no ha provocado un nuevo boom? Bienvenida la guerra que trae la prosperidad a América.

Es difícil subestimar la influencia política de la American Israelí Public Affairs Committee (A. I. P. A. C.) Disponen de un presupuesto que se ha cuadruplicado desde 1982 a 1988(1.600.000 dólares en 1982; 6.900.000 dólares en 1988). Los dirigentes sionistas no ocultan este papel de su lobby. Ben Gurión declaraba claramente: Cuando un judío, en América o en Africa del Sur, habla a sus compañeros judíos de nuestro Gobierno, se refiere al Gobierno de Israel. En el XXIII Congreso de la Organización Sionista Mundial precisó respecto a los deberes de un judío en el extranjero, que: la obligación colectiva de todas las organizaciones sionistas de las diversas naciones era la de ayudar al Estado judío en cualquier circunstancia de forma incondicional, incluso si una actitud semejante entra en contradicción con las autoridades de sus respectivas naciones. Esta confusión del judaísmo como religión (tan respetable como cualquiera) con el sionismo político que comporta la fidelidad incondicional al Estado de Israel, sustituyéndolo por el Dios de Israel, no hace más que alimentar el antisemitismo. El Departamento de Estado fue obligado a reaccionar. En una carta dirigida al Consejo Estadounidense para el Judaísmo hecha pública por éste el 7 de mayo de 1864, el Secretario de Estado Talbot, refiriéndose a los principios mismos de la Constitución estadounidense, con relación a los cuales las exigencias de los dirigentes sionistas constituían un desafío, recordaba que su país reconoce al Estado de Israel como Estado soberano, y la ciudadanía del Estado de Israel. No reconoce ninguna otra soberanía o ciudadanía a este respecto. No reconoce las relaciones político-legales que se basen en una identificación religiosa de los ciudadanos estadounidenses. No existe ninguna discriminación entre los ciudadanos estadounidenses en lo que concierne a su religión. Por consiguiente, debería quedar claro que el Departamento de Estado no considera el concepto de pueblo judío como un concepto de Derecho Internacional. Declaración puramente platónica por otra parte puesto que es evidente que el recordatorio jurídico no fue seguido en medida alguna contra el lobby. El asunto Pollard nos proporciona un ejemplo. En noviembre de 1985, un militante sionista estadounidense Jonathan Pollard, analista del Estado Mayor de la Marina, fue detenido cuando se llevaba a su casa algunos documentos secretos. Interrogado por el F. B. I. reconoció haber recibido 50.000 dólares desde el comienzo de 1984 por enviar estos documentos a Israel. El asunto Pollard no ha surgido de improviso, ex novo. Se inscribe en el sistema actual cada vez más malsano de las relaciones estadounidense-israelíes caracterizadas por una excesiva dependencia, lo que favorece las actitudes imprudentes. Esta situación se creó en 1981, cuando la Administración Reagan dio a Israel lo que fue interpretado como carta blanca a su aventurismo militar, bajo el pretexto de la autodefensa. El primer resultado fue la invasión del Líbano. Era previsible que semejante complacencia de Washington envalentonase la arrogancia de Jerusalén. Es bien sabido que los lazos de estrecha dependencia segregan resentimiento y agresividad. Por parte de Israel, este resentimiento adopta formas desconsideradas. El bombardeo de Túnez es una de ellas, y se podría decir que el asunto Pollard fue otra. Desde hace decenios los judíos estadounidenses se esfuerzan por convencer a la opinión pública estadounidense que su apoyo incondicional a Israel no conlleva perjuicios a su lealtad con respecto a los Estados Unidos. Parece que ahora será difícil dar credibilidad a este respecto, y los que hablan de doble fidelidad no van a encontrar oídos complacientes. No faltan los ejemplos en los que el lobby israelí-sionista pretende imponer a los Estados Unidos una actitud contraria a los intereses estadounidenses pero útil para la política de Israel. He aquí algunos de ellos: El Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado, el senador Fullbright, decidió hacer comparecer a los principales dirigentes sionistas ante un Comité que sacara a la luz sus actividades subterráneas. Resumió los resultados de su investigación en una entrevista cara a la nación en la C. B. S. del 7 de octubre de 1973: Los israelíes controlan la política del Congreso y del Senado, y añadía: Nuestros compañeros del Senado, alrededor del 70 % de ellos, se pronuncian más bajo la presión de un lobby que sobre su propia visión de lo que consideran como principios de libertad y de Derecho. En las siguientes elecciones Fullbright perdió su escaño de Senador. Desde la investigación del Senador Fullbright, el lobby sionista no ha dejado de incrementar su influencia sobre la política estadounidense. En su libro: They dare to speak out (Han osado hablar) publicado en 1985 por Lawrence Hill and Company, Paul Findley, que fue durante veintidós años Diputado en el Congreso de los Estados Unidos, describió el funcionamiento actual del lobby sionista y su poder. Esta verdadera sucursal del Gobierno israelí controla el Congreso y el Senado, la Presidencia de la República, el Departamento de Estado y el Pentágono, al igual que los medios, y ejerce su influencia tanto en las Universidades como en las Iglesias. Las abundantes pruebas y ejemplos muestran como las exigencias de los israelíes se anteponen a los intereses de los Estados Unidos: el 3 de octubre de 1984, la Cámara de los Representantes, por una mayoría de más del 98 %, deroga cualquier limitación en los intercambios entre Israel y los Estados Unidos, a pesar del informe desfavorable del Ministerio de Comercio y de todos los sindicatos. Cada año sean cuales fueren las restricciones a todos los demás capítulos del presupuesto, los creditos para Israel se incrementan. El espionaje es tal que los dossiers más secretos están en manos del Gobierno de Israel. Adlaï Stevenson (antiguo candidato a la Presidencia de los Estados Unidos) escribió en el número de invierno 75-76 del Foreign Affairs: Prácticamente ninguna decisión que se refiera a Israel puede ser tomada o ni siquiera discutida, a nivel del Ejecutivo, sin que sea inmediatamente conocida por el Gobierno israelí. A pesar del rechazo del Secretario de Estado para la Defensa basado en la ley estadounidense, de enviar a Israel, en plena agresión al Líbano, bombas rompedoras, arma dirigida contra los civiles, los israelíes las consiguieron de Reagan y se sirvieron de ellas en dos ocasiones para masacrar a la población de Beirut. En 1973, el Almirante estadounidense Thomas Moorer (Jefe del Estado Mayor del Ejército) atestigua: el Agregado Militar israelí en Washington, Mordecaï Gur (futuro Comandante en Jefe de las Fuerzas Israelíes) solicitó a los Estados Unidos aviones armados con un misil muy sofisticado (llamado: Maverick). El almirante Moorer recuerda que dijo a Gur: No puedo entregaros estos aviones. Tan sólo tenemos una escuadrilla. Hemos jurado ante el Congreso que tenemos necesidad de esos aviones. Gur me respondió: entregadnos los aviones. En cuanto al Congreso yo me encargo de eso. Fue así, añade el Almirante, como la única escuadrilla equipada con Mavericks se fue a Israel. El 8 de junio de 1967, la Aviación y la Marina de guerra israelíes bombardearon el navío estadounidense Liberty, equipado con detectores muy sofisticados, para impedir que descubriera sus planes de invasión del Golán. Treinta y cuatro marines murieron y ciento setenta y uno resultaron heridos. El navío fue sobrevolado durante 6 horas y bombardeado durante 70 minutos. El Gobierno israelí se excusó por este error y el asunto se archivó. Fue en 1980 cuando uno de los testigos presenciales, Ennes, Oficial de Puente en el Liberty, pudo restablecer la verdad, desmintiendo la versión oficial del error, confirmada por la Comisión de investigación de aquella época, presidida por el Almirante Isaac Kid. Ennes probó que el ataque fue deliberado y que se trató de un asesinato. El Almirante Thomas L. Moorer, mientras el libro de Ennes era silenciado por los esfuerzos del lobby sionista, explicó por qué este crimen había sido guardado en silencio: El Presidente Johnson temía las reacciones del electorado judío. El Almirante añade: El pueblo estadounidense se volvería loco si supiera lo que pasó. En 1980, Adlaï Stevenson que había propuesto una enmienda solicitando una reducción del 10 % de la ayuda militar que se daba a Israel para exigir que no continuase instalando colonias en los territorios ocupados, recordaba que el 43% de la ayuda estadounidense iba destinada a Israel (con 3 millones de habitantes) para su rearme, en detrimento de los 3.000 millones de habitantes que pasan hambre en el mundo. Adlaï Stevenson concluía: El Primer Ministro de Israel tiene mucha más influencia sobre la política extranjera de los Estados Unidos en el Oriente Medio de la que tiene en su propio país. Los ejemplos abundan: M. Rabin, que ha abandonado desde hace mucho tiempo la táctica de anexión de tierra querida por el partido laborista israelí desde 1967(duna tras duna, cabra tras cabra ) ha creído llegado el momento de acelerar la colonización y la judaización de la Ciudad, confiscando 53 hectáreas más en el sector de Jerusalén-Este (del que los judíos ya se han apropiado un tercio desde 1967, para su uso exclusivo) el objetivo era crear una situación tal que cuando tengan lugar las negociaciones previstas para 1996, no haya nada que negociar. Esta nueva provocación suscitó encendidas protestas de los países árabes molestos entre otras cosas por la proposición del Senador Dole (el mismo que en 1990, llamaba a Israel niño mimado) de trasladar la Embajada de los Estados Unidos a Jerusalén. La Liga Arabe solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad, al igual que lo hiciera Francia el 2 de mayo. A la salida de esta reunión, 14 de los 15 Estados miembros votaron una Resolución solicitando a Rabin retractarse de este proyecto de confiscación, y los EEUU decidieron entonces, por 30a vez desde 1972, hacer uso de su derecho de veto, para apoyar a Israel Este aislamiento estadounidense inquietó a algunos representantes del lobby en los Estados Unidos como al Sr. Thomas Friedman: La cuestión crucial no es la del Estatuto de Jerusalén que será de cualquier manera la capital de Israel es la de la credibilidad de los Estados Unidos como único mediador en el conflicto árabe-israelí y de la marcha de las negociaciones con los palestinos. Después de la reunión anual de la A. I. P. A. C., a la cual había sido invitado, el Presidente Clinton ha subrayado el incremento de la ayuda militar de los Estados Unidos a Israel: Los Estados Unidos han mantenido sus promesas: la potencia militar de Israel es hoy más eficaz que nunca. Hemos dado nuestra conformidad a la venta de los F-15 si, el mejor aparato del mundo de largo radio de acción. Hemos continuado la entrega, comenzada tras la Guerra del Golfo, de 200 aviones y helicópteros de combate. Nos hemos comprometido a participar, con una aportación de 350 millones de dólares en la fabricación del Arrow, que debe proteger a Israel de cualquier nuevo ataque con misiles. Le hemos entregado un sistema ultramoderno de lanzador múltiple de cohetes. Para aumentar su capacidad de alta tecnología le hemos provisto de superordenadores y les hemos dado acceso, algo sin precedente por parte de los Estados Unidos, al mercado estadounidense de lanzamiento de artefactos al espacio. Nuestra cooperación en materia de estrategia y de información no había sido nunca tan estrecha. Tenemos incluso, este año, maniobras conjuntas de gran envergadura, y tenemos prevista una expansión de nuestras instalaciones de depósito de material militar en Israel. El Pentágono ha suscrito contratos por más de 3 millones de dólares para comprar material de alta tecnología por parte de compañías israelíes. Cualquier medio es bueno para el lobby sionista: desde la presión financiera hasta el chantaje moral, pasando por el boycot de los medios de comunicación y de los editores, e incluso por las amenazas de muerte. Paul Findley concluye: Cualquier crítica a la política de Israel debe atenerse a dolorosas e incesantes represalias e incluso a la pérdida de los medios de existencia por las presiones del lobby israelí. El Presidente le tiene miedo. El Congreso cede a todas sus exigencias. Las más prestigiosas Universidades vigilan en sus programas para eliminar todo lo que se le oponga: los gigantes de los medios y los jefes militares ceden a sus presiones.

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2. El Lobby en Francia

Existe en Francia un poderoso lobby pro-israelí que ejerce su influencia notable en los medios de información. El General de Gaulle ha sido el único que se ha atrevido a declarar que existía en Francia un poderoso lobby pro-israelí que ejerce su notable influencia en los medios de información. Esta afirmación causó escándalo en aquel momento. Contiene sin embargo una parte de verdad que es de actualidad permanente. Desde entonces no ha habido ningún candidato a la Presidencia de la República Francesa, sea cual fuere el partido al que pertenezca, desde Michel Rocard a Jacques Chirac, pasando por Mitterrand, que no haya ido a Israel para obtener la investidura mediática. La potencia mediática del lobby, cuyo centro dirigente, hoy está constituido por la L. I. C.R.A. (Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo) es tal que puede manipular a la opinión pública a su antojo: mientras que la población judía de Francia constituye alrededor de un 2 % del pueblo francés, el sionismo reina sobre la mayoría de los dirigentes políticos de los medios, en la televisión y en la radio, en la prensa escrita, tanto si se trata de diarios o semanarios, el cine, sobre todo con la invasión de Hollywood, e incluso las editoriales (a través de los comités de lectura donde pueden imponer el veto) están en sus manos, igual que la publicidad, que mantiene la financiación de los medios. La prueba está en el alineamiento casi general de los medios, cuando se trata de invertir, a favor de Israel, el sentido de los acontecimientos: se llama terrorismo la violencia de los débiles y lucha contra el terrorismo la violencia de los fuertes. Un judío inválido es arrojado por la borda del Achille Lauro por un renegado de la O.L.P. Esto es incuestionablemente un acto de terrorismo. Pero cuando, por represalia, un bombardeo israelí sobre Túnez causa 50 muertos, entre los cuales se encuentran muchos niños, esto se denomina: lucha contra el terrorismo y defensa de la ley y el orden. Como bajo la batuta de un director de orquesta clandestino se escucha la misma música en todos los medios, tanto si se trata de atentados contra la Sinagoga de la calle Copérnico, o de las profanaciones del cementerio de Carpentras; de la invasión del Líbano o de la destrucción del Irak. Puedo aportar mi testimonio personal: hasta 1982, tenía yo libre acceso a las mayores casas editoriales, a la televisión, a la radio, y la gran prensa. Durante la invasión y las matanzas del Líbano, en el periódico Le Monde del 17 de junio de 1982, conseguí del Director Jacques Fauvet la publicación de una página entera, pagada, donde, con el Padre Michel Lelong y el Pastor Matthiot, poníamos en evidencia tras las matanzas del Líbano, el sentido de la agresión israelí. Demostrábamos que no se trataba de una bravuconada, sino de la lógica interna del sionismo político, sobre el cual se ha fundado el Estado de Israel. Recibí, mediante cartas anónimas y por teléfono, nueve amenazas de muerte. La L.I.C.R.A. procedió a incoar contra nosotros un proceso por antisemitismo y provocación a la discriminación racial. El abogado de Jacques Fauvet recuerda que no se puede confundir a la comunidad judía, y mucho menos aún su fe, con el Estado de Israel, cuyas violencias han sido denunciadas incluso por altas personalidades judías tales como Mendes France y Nahum Goldman. Nuestra defensa, la del Padre Lelong, del Pastor Matthiot y la mía, se basaba en el propio texto publicado: recordamos que nuestras vidas se deben a la fe de los profetas judíos. Pero el sionismo político ha reemplazado al Dios de Israel por el Estado de Israel. Su comportamiento, en el Líbano y en Palestina, creando odiosas amalgamas, deshonra al judaísmo ante los ojos del mundo. Nuestra lucha contra el sionismo político es, pues, inseparable de nuestra lucha contra el antisemitismo. Por mi parte, aporté, ante el Tribunal, los análisis de mi estudio La Palestine, terre des messages divins: el sionismo político, fundado por Théodor Herzl (y que fue condenado entonces por todos los rabinos del mundo como traición de la fe judía). Surge, no de la fe judía, sino del nacionalismo y del colonialismo europeo del siglo XIX. Los últimos vestigios del colonialismo de población, tanto en Palestina como en Sudáfrica, tropiezan, por su racismo (oficialmente denunciado por la O.N.U.) con la resistencla de los nativos a la ocupación colonial. Como en todo colonialismo y todo régimen de ocupación (nosotros lo vivimos en Francia bajo Hitler), la represión se llama mantenimiento del orden, y la resistencia terrorismo. Al escuchar al abogado de la L. I. C.R.A. que intentaba describirme como un antisemita, me imaginaba, en Jerusalén, acompañado, en el Muro de las Lamentaciones, por el Ministro israelí Barzilaï, en 1967, y después en la casa de Nahum Goldman, en aquel entonces Presidente del Congreso Judío Mundial. Yo me volvía a ver, en el campo de concentración, con mi amigo Bernard Lecache, fundador de la L. I. C. A. (que se transformaría posteriormente en L.I.C.R.A.), quien me ayudaba a preparar mis cursos para nuestros  camaradas deportados como nosotros, sobre Los Profetas de Israel. Veía de nuevo a aquel viejo militante comunista y ateo del Tarn, diciéndonos, después de una lectura de Amós por Bernard y mía: ¡Esto refuerza el valor! El dominio casi pleno de los medios de América y de Francia por el sionismo israelí impone al mundo esta subversión del sentido: un diplomático israelí es agredido en Londres (la Sra. Thatcher en persona prueba en la Cámara de los Comunes que el autor del atentado no pertenece a la O.L.P.) es un acto de terrorismo. El Ejército israelí invade el Líbano y causa allí millares de muertos: la operación se llama ¡Paz en Galilea! El primer día del año de 1989, escuchaba por la Televisión el balance de la revuelta de las piedras: 327 muertos entre los palestinos (la mayor parte de éllos niños lanzando guijarros) y 8 del lado israelita (la mayor parte soldados disparando sus balas). Ese mismo día un Ministro israelí declaró: la negociación sólo será posible cuando los palestinos renuncien a la violencia. ¿Estoy soñando? o más bien ¿esta anestesia del espíritu crítico es una pesadilla colectiva? ¡El triunfo de la sinrazón! Ya, en 1969, el General de Gaulle denunciaba la excesiva influencia del lobby sionista en todos los medios: de la prensa a la televisión, del cine a las editoriales. Hoy esta excesiva influencia ha conseguido efectuar una inversión total del sentido común, llamando terrorismo a la resistencia artesanal de los débiles y lucha contra el terrorismo a la violencia infinitamente más mortífera de los fuertes. Nosotros estábamos equivocados, el Padre Lelong, el pastor Matthiot y yo mismo, al denunciar la mentira de esta subversión del sentido común. El Tribunal Superior de Justicia de París por Sentencia del 24 de marzo de 1983 fallaba que considerando que se trata de la crítica lícita de la política de un Estado y de la ideología que le inspira y no de provocación racial desestima todas las demandas de la L.I.CR.A. y la condena en costas. La L.I.C.R.A. se obstina y apela. El día 11 de enero de 1984, el Tribunal Superior de la Audiencia de París pronuncia su veredicto. El Tribunal cita un párrafo de nuestro artículo donde acusábamos al Estado de Israel de racismo. El Tribunal, considerando que la opinión emitida por los firmantes no concierne más que a la definición restrictiva de la judaicidad sostenida por la legislación israelí confirma el juicio atribuido en lo que concierne a la desestimación de las peticiones de la L.I.CR.A. e imponiendo a esta última expresa condena en costas. La L.I.C.R.A. presenta recurso de casación. La Sentencia del Tribunal Supremo de 4 de noviembre de 1987 quita toda esperanza a los sionistas de deshonrarnos legalmente: el Tribunal rechaza el recurso y condena en costas a la parte recurrente. La operación de asfixia continúa más allá de lo jurídico. El lobby sionista tiene recursos para ello. Si hubiéramos sido condenados hubiéramos aparecido en las primeras páginas de todos los periódicos para ponernos en la picota como antisemitas. Por el contrario, la condena de la L.I.C.R.A. por los Tribunales ha sido sistemáticamente silenciada: incluso por Le Monde, cuyo antiguo Director, Fauvet, estaba implicado con nosotros en éste combate, se ha contentado con un breve artículo descafeinado. En cambio el bloqueo de mi esperanza se ha realizado magistralmente. Cuando apareció inserta la página de Le Monde sobre la lógica del colonialismo sionista había añadido dos líneas haciendo un llamamiento a los lectores a una suscripción popular para hacer frente a los gastos de la inserción. El anuncio costó cinco millones de centimos. Recibí siete, en centenares de pequeños cheques. Entre los donantes, casi un tercio eran de judíos, entre los cuales había dos rabinos. Pero, a partir de entonces, comenzó la asfixia mediática: cortándome el acceso a la televisión y rehusando mis artículos. Hasta entonces había publicado cuarenta libros en todas las grandes casas editoriales, desde Gallimard a Seuil desde Plon a Grasset y Laffont. Habían sido traducidos a veintisiete idiomas. A partir de ese momento se me cerraron todas las puertas: a uno de mis mayores editores le dijeron en su Consejo de Administración: Si publicais un libro de Garaudy no volvereis a tener los derechos de traducción de obras estadounidenses. Aceptarme hubiera supuesto hacer reventar su casa editorial. Otro de los grandes, para una obra diferente, dijo a su directora literaria que, apasionada por el libro, había trabajado durante tres meses para ponerlo a punto: No quiero a Garaudy en esta casa. Esta es la historia del emparedamiento de un hombre. Nuestras redes de resistencia a la sinrazón condenadas a la clandestinidad. Y yo mismo a la muerte literaria. Por el delito de la esperanza. Este no es más que un ejemplo que puedo testimoniar personalmente sobre la inversión del sentido común por los sionistas. Podríamos multiplicar los ejemplos, pero todos somos testigos cada día de ello: es el sentido mismo del crimen hitleriano contra la humanidad entera el que ha sido pervertido por la propaganda sionista, que reduce este crimen contra la humanidad a un vasto progrom en el que los judíos son sus únicas víctimas. El delito de opinión está en lo sucesivo legalizado por la Ley Fabius llamada Ley Gayssot, por el nombre del diputado comunista que aceptó la paternidad de esta perversa ley de mayo de 1990. Consiste en intercalar en la Ley de Libertad de Prensa de 1881, un artículo 24 bis que dice: Serán castigados con las penas previstas en el párrafo 6·del artículo 24, los que hubieran puesto en duda Ia existencia de uno o varios crimenes contra la humanidad tal como fueron definidos por el artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional incorporado al acuerdo de Londres del 8 de agosto de 1945

. El informe del Sr. Asensi (diputado) precisaba: se os solicita crear una nueva incriminación referente al revisionismo. Además, preconizaba ampliar las posibilidades dadas a las Asociaciones para ser parte civil en caso de infracción. Desde su introducción, el relator definía el fin perseguido para: completar el arsenal represivo existente, tender a que la Ley penal desempeñe plenamente su papel de intimidación y represión. El Tribunal de Nuremberg, ya lo hemos demostrado, merece, menos que ningún otro, poder sentar jurisprudencia. Un año después, fue propuesta una enmienda, en vano, a la Ley, por el Sr. Toubon: Se deroga el artículo 24 bis de la Ley de 29 de julio de 1881, sobre la Libertad de Prensa. Lo que anularía la represión propuesta por el Sr. Gayssot contra los historiadores revisionistas, y rehusaba poner la crítica histórica al mismo nivel que el racismo o la apología de Hitler. He aquí cual era su argumento:

Cuando discutimos en 1990, sobre la base de una proposición de ley del grupo comunista, cuyo primer firmante era el Sr. Gayssot, rechacé y no era yo sólo el principio de aquel texto que consiste en fijar la verdad histórica por Ley en lugar de dejar que sea por la Historia. Algunos objetan que si es la Historia la que hace la verdad no puede imponérsela la Ley. Algunas propuestas van demasiado lejos y no se puede permitir expresarlas. Pero esto es deslizarse insensiblemente hacia el delito político y hacia el delito de opinión. El artículo 24 bis representa, desde mi punto de vista, un error muy grave político y jurídico. Constituye en realidad una Ley de circunstancias, y lo lamento mucho. Ha pasado un año. No hace ni un mes de los acontecimientos de Carpentras. No vamos a examinar un texto que la Conferencia de Presidentes había, lo recuerdo, inscrito en el orden del día, a toda prisa, cuarenta y ocho horas después de su entrada en la Cámara, y que fue discutido inmediatamente porque el Presidente de la Asamblea el Sr. Fabius había decidido personalmente su inclusión. Un año después, en frío, podemos, como lo acabo de hacer, examinar la validez de esta Ley, la validez de este delito de revisionismo previsto por el artículo 24 bis y concluir, con Simone Veil, que este delito es inoportuno. Estará ciertamente, en adelante, prohibido a cualquier historiador poner en tela de juicio las conclusiones del Tribunal de Nuremberg cuyo Presidente estadounidense había reconocido lealmente que se trataba del último acto de la Guerra y que no se atenía a las reglas jurídicas de los Tribunales ordinarios en materia de prueba ni de condena. Siguiendo el curso de esta ley la declaración de Jacques Chirac, el domingo 16 de julio de 1995, marca un momento importante de nuestra Historia: el de la ruptura con la unidad de la Nación, en beneficio de la colusión de la renuncia: Cuando el Presidente de la República proclamó que la locura criminal del ocupante fue secundada por los franceses y por el Estado francés, comete un doble crimen contra Francia: En primer lugar al referirse a Vichy como a un Estado francés, reconociéndole de esta forma una legitimidad. * a continuación envileciendo al pueblo francés confundiéndole con los dirigentes claudicantes que servían al ocupante. De esta manera se oficializaba la concepción sionista defendida por BernardHenri Lévy, en su libro: L’Idéologie française, donde escribe: Es toda la cultura francesa son nuestras más queridas tradiciones francesas las que, una por una, testimonian nuestra ancianidad en la abyección. El corolario del asunto es que la ceremonia estaba presidida por el Gran Rabino de Francia, Sitruk, quien el día 8 de julio de 1990 declaraba en Israel, a Itzac Shamir: cada judío francés es un representante de Israel Estado seguro de que cada judío, en Francia es un defensor de lo que Vd. defiende. Con tales propósitos, respecto a Shamir, que proponía su alianza con Hitler, tendría asignada mejor su plaza entre los penitentes que entre los presidentes. Fue evidente que este envilecimiento del pueblo francés fuera saludado con entusiasmo por los dirigentes del C.R.I.F. (Consejo Representativo de las Instituciones judías en Francia) expresando su profunda satisfacción al ver reconocido finalmente, por la más alta Autoridad francesa, la continuidad del Estado francés entre 1940 y 1944. La verguenza es que los dirigentes de todos los partidos franceses, en los órganos públicos, desde Le Figaro hasta L’Humanité hayan aprobado esta negación de Chirac. Es la negación de la tradición de unidad francesa y de la resistencia de todo un pueblo. De Gaulle no consideró jamás a Vichy como un Estado. Hitler, decía, ha creado Vichy y hablaba de los figurantes de Vichy. He proclamado la ilegitimidad de un régimen que estaba a la entera discreción del enemigo. No existió un Gobierno propiamente francés. Refiriéndose al acuerdo del 28 de marzo de 1940 con Inglaterra, por el que se excluía toda suspensión de Ejércitos separados, decía claramente: el organismo sito en Vichy, y que pretende llevar este nombre (Estado), es inconstitucional y sometido al invasor. Este organismo no puede ser y no es en efecto más que un instrumento utilizado por los enemigos de Francia De Gaulle mantuvo esta actitud durante toda la Guerra. El 23 de septiembre de 1941, mediante el Decreto por el que creaba el Comité Nacional francés, proclamaba: 129 Vistos nuestros Decretos de 27 de octubre y 12 de noviembre de 1940, junto con nuestra Declaración Orgánica del 16 de noviembre de 1940; Considerando que la situación resultante del estado de guerra continúa impidiendo toda reunión y cualquier expresión libre de la representación nacional; Considerando que la Constitución y las Leyes de la República Francesa han sido y continúan siendo violadas sobre todo el territorio metropolitano y en el Imperio, tanto por la acción del enemigo como por la usurpación de las autoridades que colaboran con él; Considerando que múltiples pruebas demuestran que la inmensa mayoría de la Nación francesa, lejos de aceptar un régimen impuesto por la violencia y la traición, ve en la Autoridad de la Francia Libre la expresión de sus sentimientos y su voluntad. Desolidarizaba de esta forma al pueblo francés de la servidumbre de sus dirigentes. La condena de Vichy, en la condena de sus dirigentes, desolidariza a Francia de una política que era de la renuncia nacional. Al evocar el levantamiento del pueblo de París, escribe: Nadie ignora, ni nuestros enemigos, ni nuestros amigos, que cuatro años de opresión no pudieron reducir el alma de la capital. Que la traición no era más que una escoria innoble en la superficie de un cuerpo que había permanecido sano, que las calles, las casas, las fábricas, los talleres, las oficinas, los obreros de París habían visto realizarse, al precio de fusilamientos, de torturas, de encarcelaciones los actos heroicos de la Resistencia. Ni siquiera en los peores momentos, nuestro pueblo renunció jamás a sí mismo. He aquí lo que Chirac, con unas pocas palabras, renegó para no perder el poder mediático de los dirigentes sionistas, y por ello mismo, el vasallaje con respecto a los Estados Unidos, presa del lobby sionista, que le hizo ya abandonar su oposición a Maastricht, ruina de Francia, y confirmar su sumisión a los dictados estadounidenses del G.A.T.T. (rebautizado como Acuerdos lnternacionales sobre el Comercio) que destruirán las posibilidades de independencia y de renovación de Francia para el cambio radical de sus relaciones con el Tercer Mundo. El sionismo ha agitado también el fantasma antisemita para hacer creer que existe una amenaza permanente contra Israel y la necesidad de acudir en su auxilio. Recientes provocaciones, destinadas a ocultar las exacciones de Israel, no faltan. El método es siempre el mismo. En el momento de las matanzas de Sabra y Chatila, el escritor Tahar Ben Jelloun escribía: Hay coincidencias que, a fuerza de repetirse, acaban por llegar a tener un realce mayor. Ahora se sabe para que sirve un atentado antisemita en Europa y a quién beneficia el crimen: sirve para encubrir una masacre deliberada de poblaciones civiles palestinas o libanesas. Se puede constatar que estos atentados han precedido, seguido o coincidido con un baño de sangre en Beirut. Estas operaciones terroristas son montadas de tal manera y ejecutadas con tal perfección que han alcanzado directa o indirectamente el objetivo político perseguido: desviar la atención cada vez que la cuestión palestina adquiere un poco más de comprensión, incluso de simpatía. ¿No se trata de invertir sistemáticamente la situación para hacer de las víctimas verdugos y terroristas? Considerando a los palestinos como terroristas, se les expulsa de la Historia, y en consecuencia del derecho. La matanza de la calle Rosiers, el 9 de agosto, ¿no precedió en algunas horas al diluvio de bombas que de todas clases se arrojaron sobre Beirut? El asesinato de Bechir Gemayel ¿no fue seguido, dos horas más tarde, por la entrada en Beirut-oeste del Ejército israelí (lo que, al mismo tiempo, eclipsó la histórica visita de Yasser Arafat al Papa)? La explosión del vehículo-bomba de la calle Cardinet, y el ametrallamiento, al día siguiente, delante de la sinagoga de Bruselas ¿no coincidieron con la matanza sin precedentes de los campos palestinos de Sabra y Chatila?. Son precedentes históricos de los que deberíamos sacar lecciones: un esfuerzo sistemático para modelar a la opinión saturándola con una información de inspiración etnocéntrica, alimenta el antisemitismo. En Berlín, el teatro, el periodismo, etc. era un asunto judío. El Berliner Tageblatt era el diario alemán más importante, y, tras él, el Vosiche Zeitung. El primero pertenecía a Mossé, el segundo a Ulstein, ambos judíos. El Director del Vorwartz, principal periódico social-demócrata, era judío. Cuando los alemanes acusaban a la prensa de ser judía, Judenpresse, era la pura verdad. El más reciente ejemplo de este tipo de maniobras y su explotación mediática es el de Carpentras. En mayo de 1990, en el cementerio judío de Carpentras, algunas tumbas fueron profanadas. El cadáver de uno de los muertos había sido empalado y llevado a otra tumba. El Ministro del Interior, Pierre Joxe, declaraba de inmediato: No hay necesidad de investigación policial para saber quienes son los criminales, culpables de esta abominación racista. Ahora bien, cinco años después, y a pesar del envío de decenas de investigadores, magistrados o policías, nadie puede hoy decir con certidumbre quienes son los culpables de esta infamia. Todo lo que se sabe es que hubo una profanación del cementerio judío, que tuvo lugar un montaje, pues el cadáver del Sr. Germon, no había sido empalado como reconocieron los investigadores algunos días más tarde. Puede preguntarse ¿por qué?, ¿por quiénes?, ¿quién podía tener interés en este montaje para incrementar el horror del suceso y excitar con ello el odio de la opinión pública? El método fue utilizado en Timisoara donde se sacaron de la morgue cadáveres para que las fotografías divulgadas por el mundo entero desencadenaran más indignación y odio contra las pretendidas matanzas masivas. Jean Marie Domenach (antiguo Director de la revista Esprit) escribe en LeMonde el miércoles 31 de octubre de 1990 con el título Silencio sobre Carpentras: Hace ya casi seis meses que tuvo lugar la profanación del cementerio judío de Carpentras Seis meses más tarde no se sabe nada acerca de quienes son los criminales. Algo aún más inquietante: los medios escritos y visuales, que habían hecho de este abominable suceso un escándalo que lanzó a las calles a cientos de miles de manifestantes y empañó en el extranjero la reputación de Francia, no han intentado retomar el relevo de la investigación y se han callado. Ningún Parlamentario, ninguna autoridad moral o intelectual se atreve a interpelar al Gobierno. Carpentras parece haber entrado definitivamente en la leyenda negra de la Nación sin que se conozca a los culpables y sin que se sepa exactamente lo que ha pasado. Nadie puede, o no se atreve, decir todavía la verdad sobre Carpentras. El extraño silencio sobre Carpentras, denunciado por Jean Marie Domenach, contrasta con el estrépito mediático de los primeros días. Durante la manifestación organizada el 24 de mayo de 1990, 80.000 personas según la policía, 200.000 según los organizadores, desfilaron por París. Las campanas de Notre Dame tañeron en su honor. En realidad, nadie sabía quienes eran los autores de la infamia de Carpentras. Entonces ¿Contra quién se manifestaban? Sólo la investigación habría podido decirlo y no lo había dicho. Pero ¿a quién benefició? La cosa era evidente: la bandera de Israel se desplegaba en la cabeza de la manifestación. Esta extraña Unión Nacional, en el curso de esta manifestación en la que Georges Marchais estrechaba ostensiblemente la mano de François Léotard, permitió lanzar un ataque global contra cualquiera que pusiera en duda los dogmas que colocan a Israel por encima de cualquier Ley Internacional. El gran rabino Sitruk, que pronunció la alocución definiendo el sentido de la manifestación, pudo gritar: No les dejaremos decir lo que quieran. Ni a los profesores “revisionistas” ni a los políticos irresponsables. Les daremos una lección. La verdad sobre la profanación de Carpentras no ha sido aún establecida porque de todas las pistas sugeridas a los investigadores, una sola ha sido excluida, que no obstante parece la más verosímil. ¿Por qué guardaron silencio los que habrían podido ser los testigos más imprescindibles? El portero de la sinagoga de Carpentras y tenedor de las llaves del cementerio, el Sr. Kouhana, que fue uno de los primeros en descubrir el cuerpo de Felix Germon, rehusó hablarnos: Incluso si Vd. hubiera sido el Comisario, he recibido la consigna de no decir nada. El Presidente del Consistorio le había prohibido manifestarse pues hubiera dicho cualquier cosa en la televisión justifica el doctor Freddy Haddad, también muy reticente a evocar la profanación, igual que el rabino Amar. Por qué el rabino de Carpentras, a quien se le preguntaba si no se santificaría el lugar contestaba: ¡Esto, no es de mi incumbencia!, el Presidente del Consistorio: ¡Esto no tiene ninguna razón de ser! y el Alcalde: No me han preguntado nada. ¿Por qué ningún periódico francés ha recordado el precedente exactamente igual de una similar profanación que se había producido en el cementerio israelíta de Rishon Letzion, cerca de Tel-Aviv, durante la noche del 2 de marzo de 1984? El cuerpo de una mujer había sido desenterrado y arrojado fuera del cementerio judío. Acto bárbaro de antisemitismo proclamaron también las comunidades judías del mundo entero. Algunos días más tarde la policía israelí, tras las investigaciones, revelaba el verdadero sentido de esta abyección: el cadáver tan vergonzosamente tratado era el de la Sra. Teresa Engelowicz, esposa de un judío, pero de origen cristiano. Los integristas judíos consideraban su presencia en el cementerio judío como que mancillaba la pureza del lugar y el rabino de Rishon Letzion había reclamado ya su exhumación. ¿Por qué ningún periódico francés ha evocado este paralelismo? El Sr. Germon, cuyo cadáver fue también exhumado durante la noche y fue objeto del siniestro montaje del empalamiento, era, el también, culpable de haber contraído matrimonio con una cristiana y su cadáver fue llevado a una sepultura contigua, la de la Sra. Emma Ullma, culpable, a su vez, de haberse casado con un católico. ¿Por qué nadie ha recordado que Israel, para convencer que antes de Israel, Palestina era un desierto, cientos de aldeas han sido arrasadas con las máquinas bulldozer con sus casas, sus cercados, sus cementerios y sus tumbas? Al día siguiente de la Jornada de la democracia en la Universidad Hebrea de Jerusalén algunos estudiantes judíos formularon la verdadera cuestión: ¿Por qué no protestar cuando vosotros sabéis que la calle Agron de Jerusalén y el Hotel Hilton de Tel-Aviv fueron construidos sobre cementerios musulmanes destruidos?

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Roger Garaudy: Descendiente de judíos, antiguamente dirigente comunista francés, filósofo y reciente converso al Revisionismo y al Islam, Garaudy fue acusado, juzgado y condenado por escribir un libro tibiamente revisionista titulado “Los Mitos Fundacionales del Estado de Israel”, en el cual utilizó numerosas citas del Dr. Faurisson (sin reconocerlo), así como del folleto de Barbara Kulaska “¿Murieron Realmente 6 Millones?”. Se le impuso una multa de us$ 50.000.- Su enjuiciamiento fue una farsa y su actuación en el proceso fue decepcionante. No obstante lo cual, tuvo como resultado haber desatado una avalancha de renovado pensamiento y actividades revisionistas en el mundo islámico, para gran decepción de Israel, país que cada vez más y más considera al Revisionismo como su Problema Nº 1. Tomado del zündelsite.