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por Robert Faurisson

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“Estamos conscientes hoy de que durante siglos y siglos hemos estado ciegos hasta el punto de que ya ni podemos ver la belleza de Tu Pueblo Elegido ni reconocer en sus rostros los rasgos de nuestros privilegiados hermanos. Nos damos cuenta de que la marca de Caín está grabada en nuestras frentes. A lo largo de los siglos, nuestro hermano Abel permaneció tendido en la sangre que habíamos vertido o virtió lágrimas provocadas por nuestro olvido de tu Amor. Perdónanos la maldición que hemos echado sobre su nombre de judíos. Perdónanos por haberte crucificado por segunda vez en su carne. Pues no sabíamos lo que hacíamos…” (Traducido del inglés)

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Esta “oración por los judíos” atribuida al papa Juan XXIII, fallecido el 3 de junio de 1963, es falsa. Este documento falso apareció en enero de 1964 en un “informe” de la revista judía americana Commentary titulado “El Vaticano y los judíos” bajo la firma de F.E. Cartus, presentado por dicha revista como “el seudónimo de un observador católico romano que siguió de cerca el desarrollo del Concilio ecuménico (Commentary, órgano mensual del American Jewish Committee (New York, Chicago, Los Angeles), enero de 1965, n·1, vol.39, p.19629; la “oración” se encuentra página 21).

De por sí el contenido de este texto debía hacer sospechoso que un papa, aún muy favorable a los judíos, como era Angelo Roncalli (1881-1963) no podía expresarse de esta forma por cuenta de los católicos.

“Durante siglos los judíos virtieron sangre y lágrimas. Nosostros católicos hemos estado ciegos ante todo esto. Los rostros nuestros son horribles porque llevan la marca de Caín. Somos responsables de la sangre y las lágrimas vertidas por los judíos. Hemos olvidado el amor de Dios. Hemos mentido al inventar el que Dios maldijera a los judíos. Nosostros -no los judíos- somos los que hemos crucificado a Dios. Eramos unos insconscientes.”

Es un texto excesivo, desbordante de odio hacia algunos y de amor hacia otros.

Si seguimos cronológicamente el destino de esta “oración” en la prensa francesa de 1966 hasta nuestros días, nos damos cuenta de que fue denunciada pronto la falsedad del texto; pero ante los asaltos repetidos de algunas personas a favor de un texto tan interesante para la causa de los judíos, primero se tendió a callar la verdad, y después se dejó creer que se trataba de un documento auténtico. El diario Le Monde, por ejemplo, intentó durante varios años poner en guardia a sus lectores contra este documento falso, al que presentaba cautelosamente como “apócrifo”, y luego renunció a cualquier aclaración, terminando por avalarlo implícitamente.

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Año 1966

Bajo el título “Una oración de Juan XXIII por los judíos”, La documentation catholique publicaba un texto presentado como reproducción de un artículo de La Liberté de Friburgo (Suiza) del 9 de septiembre de 1966. Así empezaba el texto :

“Los medios del Vaticano han confirmado el 7 de septiembre la existencia y la autenticidad de una oración compuesta por Juan XXIII algunos días apenas antes de su muerte, en la cual el Papa pide perdón a Dios por todos los sufrimientos que la Iglesia catóílica hizo padecer a los judíos.La existencia de esta oración que, según las intenciones del mismo papa, debía recitarse en todas las iglesias, se había anunciado recientemente durante una conferencia en Chicago ofrecida por Monseñor John S.Quinn, que fue uno de los expertos del Concilio “(La Documentation catholique, 2 de octubre de 1966, col.1728).

A continuación iba el texto de la “oración”. No se precisaba para nada lo de “medios del Vaticano” que supuestamente habían confirmado la autenticidad del documento, como tampoco cuál era la fuente que permitía afirmar, según las intenciones del papa, que se debía recitar la “oración” en todas las iglesias.

Un mes más tarde, La documentation catholique publicaba un mentís bajo el título “La oración de Juan XXIII por los judíos es falsa”. He aquí el texto integral :

“La Secretaría de Estado publicó el 26 de octubre el siguiente comunicado acerca de la supuesta oración de Juan XXIII publicada en nuestro número del 2 de octubre, col.1728, en el cual repercutíamos una información de prensa a la cual no aportábamos comentario alguno”

La documentation catholique del 2 de octubre de 1966 (n·1479, col?1728) reproduce, según La Liberté de Friburgo, del 9 de septiembre pasado, una “oración de Juan XXIII por los judíos” y afirma que los medios del Vaticano lo darían por auténtico.

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Esta es otra falsedad.

La Liberté de Friburgo retomó este texto del diario holandés De Tijd del 18 de marzo de 1965. De Tijd lo sacaba del American Commentary de Chicago (órgano del American Jewish Committee”) de enero de 1965, firmado con el seudónimo “F.E. Cartus” sin mayor indicación de procedencia ni autentificación. El mismo hecho de publicar la cosa bajo seudónimo debía poner en guardia a cualquiera. Monseñor Quinnn, que es de Chicago, hizo suya la oración (de buena fe, se puede suponer) y la comentó en una reunión interconfesional.

Ninguna oficina del Vaticano puede haber confirmado la autenticidad de esta oración, que no existe ni en la Penitencería apostólica, ni en los escritos, publicados o inéditos, del Papa Juan XXIII.

Monseñor Louis Capdevila, depositario de los mismos, desmiente sin la menor vacilación la autenticidad de esta oración.

Un examen atento del texto resalta que no tiene nada que ver con el estilo y el vocabulario del Sumo Pontífice (La documentation catholique, 6 de noviembre de 1966, col.19089).

Pocos días antes, el diario Le Monde había publicado un artículo titulado “La oración por los judíos atribuida a Juan XXIII es apócrifa”. Se presentaba el artículo como procedente del corresponsal particular del diario en Roma y tenía fecha del 26 de octubre. Empezaba como sigue :

” ‘La oración por los judíos atribuida al papa Juan XXIII es apócrifa’, tal es el aserto categórico procedente de una fuente autorizada del Vaticano.”

El resto del artículo mostraba que el corresponsal de Le Monde y autor del artículo publicado en La documentation catholique del 6 de noviembre procedían de la misma fuente, en Roma. Pero Le Monde borraba tres cosas. En vez de un título claro, escogía un título oscuro e inexacto; apócrifo, palabra poco usual, significa : “de dudosa autenticidad. En vez de aclarar que el texto procedía de Commentary, órgano del American Jewish Committee, se conformaba con decir “[Esta oración] fue publicada en Estados Unidos. Por fin, para atenuar un poco más el valor de lo que llamaba “el aserto” (proposición que se hace dándola por verdadera) de una fuente habilitada del Vaticano, el diario añadía el siguiente comentario:

“Este mentís no afecta más que este texto. De ninguna forma pone en tela de juicio la actitud del papa Juan quien expresó, como bien se sabe, su voluntad de incluir en los documentos del concilio una declaración sobre los judíos de la cual el principal autor es el cardenal Bea” (Le Monde, 27 de octubre de 1966, p.9).

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Año 1967

Seis meses después de esta advertencia de Le Monde, Henri Fesquet, enviado especial del diario en Lyon en el congreso de la amistad judeo-cristiana de Francia no vacilaba en empezar su informe de esta manera :

“La epopeya del renacimiento del estado de Israel puso al mundo en la expectativa, mientras la Iglesia romana elegía poco después un papa sinceramente atento al requerimiento de Jules Isaac, autor de La Enseñanza del menosprecio. ¿No confesaba el propio Juan XXIII que “la marca de Caín está grabada en nuestras frentes. Siglos y siglos de ceguera nos fueron cerrando los ojos. Perdónanos, Señor, por haberte crucificado por segunda vez en la carne de los judíos. Pues no sabíamos lo que hacíamos…” (Le Monde, 21 de abril de 1967, p.11)

Compárese la versión de Henri Fesquet con la versión original de los falsarios.

Algunos días más tarde, Le Monde publicaba un rectificativo con el simple título de “Juan XXIII y los judíos”. Daba a conocer que el fragmento de la “oración” citado por el corresponsal se había tomado del libro Rome et les juifs, por M.P.E. Lapide, que acaba de publicarse -traducido del inglés- en la editorial Le Seuil”. Después de esta publicidad por una obra que contiene un documento falso, añadía que Monseñor Capdevila había “desmentido tardíamente [sic] la autenticidad [de la oración]” (Le Monde, 7-8 de mayo de 1967, p.17).

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Años 1974-75

El 31 de diciembre de 1974, Le Monde publicaba una correspondencia de “M.Paul Samuel, de Paris, bajo el título : “La UNESCO, el Vaticano e Israel”. Se trataba de una protesta contra la atribución por el Vaticano del premio Juan XXIII a la UNESCO. M.Samuel estimaba que la UNESCO, al excluir a Israel, había obedecido a “la dictadura del totalitarismo petrolero”; en cuanto a la decisión del Vaticano, la criticaba, estimando que “el papa más grande del siglo XX, Juan XXIII, no hubiera actuado de esta forma. Y citaba el texto de la “oración”. Le Monde aceptaba publicar esta carta aún cuando contenía el documento falso : falsificación contra la cual el diario ya no consideraba necesario poner en guardia a los lectores (Le Monde, 31 de diciembre de 1974, p.4).

Quiso la casualidad que unos judíos, posiblemente emocionados y encantados on el descubrimiento de la “oración”, escribiesen al diario para manifestar su sorpresa ante el silencio general en torno al documento. Este fue el caso de “M.y Mme Léon Zack, de Vanves”. No hubo más remedio que desmentir. Pero la desmentida de Le Monde tomó una forma tal que el lector podía creer que el “texto apócrifo” había sido difundido de buena (o mala) fe tanto por Commentary (no se señalaba el carácter judío de dicha publicación) como por “diferentes órganos europeos, incluyendo La documentation catholique”. Título elegido : “Acerca de la oración apócrifa de Juan XXIII sobre los judíos” (Le Monde, 2 de febrero de 1975, p.8).

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Año 1983

El 30 de enero de 1983, Alexandre Szombati publicaba en Le Monde una supuesta “Encuesta sobre el asesinato de Theodor Erich von Furtenbach que decía ser nazi”. Escribía :

“Después de la guerra, la Iglesia renegó de sus errores e incluso un papa reconoció “el signo de Caín sobre nuestras frentes”.

Estas palabras se atribuían a un “testigo” del asesinato, asesinato que, dicho sea de pasada, le valió al asesino un solo día de prisión; pues este había hecho obra pía (Le Monde, 30 de enero de 1983, suplemento, p.I, IV-V)[(1)]

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Año 1989

En septiembre de 1989, en un programa de La Cinq acerca del Carmen de Auschwitz, el Señor Jean Kahn, presidente del Consejo representativo de las instituciones judías de Francia (CRIF) leyó delante del padre Martelet la “oración” de Juan XXIII. El padre Martelet no señaló para nada que se trataba de un documento falso.

Al mes siguiente, en ocasión del año nuevo judío, el mismo Jean Kahn concedía una entrevista a dos periodistas de Le Monde, Patrice Jarreau y Henri Tincq. Durante la entrevista declaraba :

“[Monseñor Decourtray] decidió también transmitir a todas las parroquias la última oración redactada por Juan XXIII, donde lamenta los siglos de menosprecio de la Iglesia hacia el pueblo judío, con el objetivo de que sea leída públicamente por los curas” (Le Monde, 3 de octubre de 1989, p. 16).

Un lector de Le Monde escribió al día siguiente una breve carta a André Fontaine, director del diario :

“Juan Kahn, presidente del Consejo representativo de las instituciones judías de Francia (CRIF) le ha declarado (Le Monde, 3 de octubre de 1989) que el cardenal Decourtray había decidido trasmitir a todas las parroquias la “oración de Juan XXIII por los judíos”. Me sorprende que en esa oportunidad su diario, que recogía una “entrevista” con Jean Kahn, no haya creído conveniente recordar, según lo había hecho en otra circunstancia, por el año 1974, que dicha oración es falsa; Usted hablaba púdicamente de texto “apócrifo”. Espero una pronta rectificación”(Carta de M.G.D. amablemente comunicada por su autor).

Nunca llegó la rectificación, y la carta “para publicar” no fue publicada nunca. Ignoro si el cardenal Decourtray tuvo alguna vez la intención de difundir el documento falso o si se trata de un proyecto que le achacaba abusivamente el Señor Jean Kahn. Tal vez el cardenal de Lyon tuviera esa intención, y tal vez incluso la pusiera en práctica. En realidad M.Jean Kahn es un caso. Se le debe suponer dotado de una “sensibilidad particular” y de un “suplemento de alma” pues entre sus correligionarios se supone que exista “una sensibilidad particular que hace que el elector judío es un elector con un suplemento de alma” (Le Quotidien de Paris, 11 de febrero de 1986, p.6). Según él, los judíos franceses son “franceses a menudo más patriotas que los demás” (Le Figaro, 20 novembre 1989, p.16) [(2)].

En cuanto al diario Le Monde, a lo largo de los años 1966-1989, resulta que trató el tema según una tradición propia para casos semejantes, de manera oblicua.

Los responsables del American Jewish Committee participaban, en su estilo, de la campaña en dirección al Vaticano y a Pablo VI para que la Iglesia católica terminara descargando a los judíos de su responsabilidad en la “condena a muerte de Jesucristo”. Los textos del oficio del Viernes Santo denuncian a los “judíos pérfidos” que exigieron de Poncio Pilato esta condena:

“[Los judíos] querían descargar la injusticia de su crimen sobre el personaje del juez romano; pero ¿acaso podían engañar a Dios que es juez también ? Pilato fue partícipe de su crimen en la medida de lo que hizo; pero, si se le compara con aquellos, resulta mucho menos criminal.” [(3)]

En 1965, los judíos esperaban que el Concilio ecuménico Vaticano II declarase sin ambiguedad la no perfidia de los judíos y su falta de responsabilidad en la condena a muerte de Cristo. Pero, cuanto más se prolongaba el concilio, más se notaba que el Vaticano vacilaba, sobre todo bajo la presión de los católicos de Oriente. A fin de cuentas, la “Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas” del 28 de octubre de 1965 hizo amplias concesiones a los judíos pero los decepcionó. Este punto es poco conocido y hoy en día reza la leyenda que la Iglesia terminó descargando a los judíos de la acusación de perfidia y de cualquier responsabilidad en la condena de Cristo.La verdad es diferente. El Concilio recordó “el vínculo que une espiritualmente al pueblo del Nuevo Testamento con la estirpe de Abraham”, lamentó y desaprobó el antisemitismo, dijo que Cristo “en virtud de su inmenso amor” se había sometido voluntariamente a la Pasión y a la muerte a causa de los pecados de todos los hombres y para que todos los hombres obtengan la salvación”. Insistió para que los judíos no aparecieran como ” condenados o maldecidos por Dios, como si eso se derivase de la Sagrada Escritura”.

Pero unas pocas palabras –ocho en el texto en latín– recordaban a pesar de todo, incluidas en una proposión concesiva, que “las autoridades judías, con sus seguidores impulsaron el proyecto de matar a Cristo” (“auctoritates Judaeorum cum suis asseclis mortem Christi urserunt”). Los padres conciliares no podían llegar hasta el punto de alterar el contenido del relato envangélico. [4)]

Jacob Kaplan, gran rabino de Francia de 1955 a 1980 terminó escribiendo, sin dejar de alegrarse de algunos aspectos de la declaración concliar :

“Lo que se esperaba de Vaticano II era antes que nada el rechazo a la acusación de decidio que se achacaba a los judíos. Era legítima esta espera. Como bien se sabe hubo tres proyectos sobre este tema. El primero en 1963, el segundo en 1964, el último que quedó como definitivo, en 1965. Lo notable es que la versión de 1964 (la segunda) rechazaba efectivamente la acusación de deicidio, pero en la última no se menciona el asunto. Desapareció sencillamente. ¿Qué había pasado? Un artículo de Le Monde (19 de junio de 1987) nos lo da a conocer. En la reseña del libro escrito en inglés por un orientalista de gran prestigio, Bernard Lewis, se cita un fragmento de su obra Semitas y antisemitas donde da constancia de presiones de las naciones árabes sobre el Papa para que no fueran disculpados los judíos del crimen de deicido. El Vaticano cedió. Lamentando esta supresión, el cardenal Liénart, de Lille no pudo menos que decir :

“Se podría creer que el Concilio no quiere limpiar al pueblo judío de la acusación de deicidio.” (“Dossier juifs et catholiques en dialogue”, La documentation catholique, 3 de julio de 1988, p.680).

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Año 1990

Hoy en día son otros los combates que movilizan a los judíos en sus exigencias para con los católicos.

Un artículo reciente de Henri Tincq en Le Monde (7 de diciembre de 1990, p1, 14) recuerda que, en el asunto del Carmen de Auschwitz, los judíos obtuvieron satisfacción y que las carmelitas deberán abandonar su lugar de oración a la orilla del campo de concentración por un centro de diálogo e investigación sobre la Shoah. Los católicos ya han aportado fuertes sumas de dinero para la edificación de ese centro pero el papa Juan Pablo III anuncia que facilitará la atribción de cien mil dólares para apresurar la construcción. Sin embargo, ese papa sigue siendo sospechoso, y como dice el periodista de Le Monde, el “proceso por revisionismo” ya se ha entablado contra Juan Pablo II”. El papa tarda demasiado en publicar un documento que había prometido redactar acerca del “Holocausto” en septiembre de 1987, donde se suponía que avalaría la realidad de las cámaras de gas hitlerianas [(5)]. Le interesa más de la cuenta el proyecto de beatificación de Isabel la Católica. Los judíos, con el apoyo de Monseñor Lustiger, procuran impedir la beatificación de una reina “demasiado católica” culpable por haber firmado en 1492 el bando de explusión de los judíos fuera de su reino, y eso bajo la influencia de Torquemada, inquisidor general quien, según se dice, había renegado de la confesión judía, su fe originaria.

El mito de la “oración de Juan XXIII por los judíos” no está muy vivo últimamente, pero permanece, y en razón de su misma discreción, existe el riesgo de que sobreviva muchos años más.

En cuanto al American jewish Committee, siguiendo con su impulso, acaba de anunciar dos noticias falsas : según su corresponsal (?) en París, Roger Kaplan, la ley Fabius-Gayssot no fue ratificada, y Faurisson falleció (Commentary, agosto de 2990, p.49, 511).

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Notas

[(1)] Sobre el personaje que firma “Szombati” se podrá leer un artículo que le he dedicado con el título : “una encuesta de Le Monde Diplomatique sobre las cámaras de gas” en Les Annales d’histoire révisionniste (n·4, primavera 1988, p.135-49).

[(2)] Véase a modo de comparación el artículo de André Glucksmann : “Europa será “judía” o dejará de ser” (Libération, 16 de abril de 1982,p.14) y de una declaración del gran rabino Sitruk : “Cada judío francés es un representante de Israel” (Le Monde, AFR, 12 de julio de 1990, p.7), palabras que fueron deformadas y atenuadas más adelante por dos periodistas de Le Monde que le preguntaron al gran rabino : “En oportunidad de su último viaje a Israel, ¿no había Usted declarado que todo judío francés debía considerarse como un representante de Israel ? (Le Monde, palabras retomadas por Jean-Michel Dumay y Henri Tincq, 30 de septiembre de 1990, p.9).

[(3)] Dom Gaspard Lefebvre, Misal vespetino romano (cotidiano), 1946 [1920], Viernes Santo, Oficio de Tinieblas, sexta lección, p.674.

[(4)] Concilio ecuménico Vaticano II, ed. del Centurión, 1989, p.698.

[(5)] El 27 de septiembre de 1990, el Osservatore Romano publicaba no obstante en primera plana un artículo sobre una meditación del papa en Jasna Gora [Polonia]. Según este órgano de prensa, Juan Pablo II, hablando de los judíos, hubo de declarar en polaco: “Este pueblo ha sido golpeado por la muerte terrible de millones de sus hijos e hijas. Primero, se les marcó con una señal particular. Después, se les arrojó a los ghettos, a unos barrios apartados. Después los llevaron a las cámaras de gas, dándoles muerte — solamente por ser hijos de aquel pueblo (Foi portati alle camere a gas, dando loro la morte — soltanto perchè erano figli di questo popolo)”. Salvo que yo esté equivocado, Juan pablo II resulta ser pues el primer papa en avalar así — con harta timidez — la existencia de las cámaras de gas homicidas.

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La versión original de este documento: Consideraciones sobre la deportación de judíos de Francia y Bélgica al este de Europa en 1942, Valencia, Apartado de Correos, 12.083, 46020 Valenciaz, España. © Enrique Aynat Eknes

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