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Por Juan Calderón

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Tomado de Apocalipsis Mariano

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Holocausto es una palabra que proviene del griego y que significa “víctima de incendio” -incinerado- y que implica connotaciones religiosas provenientes del antiguo testamento, donde las víctimas ofrecidas en sacrificio a Dios (en holocausto) eran completamente consumidas y sus restos incinerados (Éxodo). Esta palabra se ha usado para designar un supuesto intento, por parte del régimen nazi y -especialmente- del pueblo alemán en su conjunto con la complicidad de gran parte de la humanidad, de aniquilación total del pueblo judío e incineración de sus restos hasta no dejar ni cenizas del mismo. (La acusación a la humanidad está concreta en la obra de Paul Jonson “Historia de los Judíos” con un claro detalle de la culpa de cada nación).

Indudablemente la palabra hace alusión al carácter religioso y sacrificial que se le da a este hecho; hecho que ha venido a constituir un símbolo (¿sacramento?) y base de una religión judía renovada por el aspecto redentor que implica y que en los hechos provoca el retorno a la tierra santa y la creación del Estado Judío. Este criterio que lo convierte en fundamento religioso es primordial para entender lo que presentaremos a continuación, toda vez que las generaciones judías, con pleno convencimiento, otorgan a este hecho la categoría de una verdad de fe y todo tratamiento racional o científico del mismo que lo ponga en duda, será tomado como una ofensa inaceptable a la más cara sensibilidad judía.

De esta forma se dice que cerca de seis millones de judíos fueron científicamente exterminados entre campos de concentración alemanes (ubicados en la misma Alemania y en la Polonia ocupada) y asesinatos en masa en territorio de la Unión Soviética (Rumania, Hungría, Grecia, etc) el extermino comprendía a la totalidad de los componentes, adultos y niños de ambos géneros. La prueba de la siniestra ejecución del plan, es paradójicamente la falta de pruebas. Es decir que de esos seis millones de ejecutados no quedan casi restos y muy pocos datos. Las pruebas que darían cuenta de la existencia del genocidio surgen de las testimoniales y confesionales del juicio de Nüremberg y de otros juicios particulares que se produjeron en cada zona en donde hubo un llamado “campo de exterminio” o campo de trabajo.

Este hecho histórico, como todos los hechos que se le imputaban a los vencidos, se aceptaron en forma indiscutible por la gran mayoría de los historiadores, pero existe una corriente llamada “revisionista” (los judíos la llaman “negacionista”) que pone en duda la existencia de dicho plan de exterminio y aún de los campos de exterminio. Dicha corriente nace con un socialista francés -Paul Rassinier- que estuvo en campos de concentración alemanes y tiempo después de ser liberado y frente al relato del holocausto que surgió de Nüremberg, escribió un libro referido al tema de los campos que se tituló “Le mensonge d`Ulysse” (por aquello de la piadosa mentira de Ulises, quién a los cien tormentos sufridos, les añadió otros mil inventados). Otros autores destacados de la misma corriente, y sin concluir la lista, son: el inglés David Irving (hoy preso en Austria por delito de opinión), el Francés Robert Faurisson (echado de la universidad de Lyon y juzgado y multado por delitos de opinión, paralítico por una golpiza callejera), el francés Francois Duprat (asesinado con bomba), el norteamericano Arthur Butz, el alemán Wilhelm Stäglich (destituido de Juez y privado de retiro y títulos académicos por delito de opinión), el alemán Udo Walendy, (prohibición y cierre de su revista en un caso de censura inédito en Europa, donde se supone que la censura no existe legalmente), el suizo Jurgen Graf (impedido de publicar sus ideas en suiza y autoexiliado de su país para evitar consecuencias legales).

Resulta llamativo que para contradecir estos revisionistas no surgieron especialistas y discusiones científicas, simplemente se dictaron leyes represivas contra la opinión que ponga en duda la existencia del holocausto tal como surgía definido de Nüremberg y todo como efecto de mantener una paz pública que se rompía cada vez que este hecho era puesto en discusión. Así en Francia en 1990 se promulgó la “Ley Gayssot” que reprime con un año de prisión efectiva a personas “que expresen dudas” con respecto al exterminio judío. En Austria, una ley parecida prevé penas de hasta 10 años por la negación explícita (por esta ley fue condenado Irving en el 2006 luego de ser extraditado de Inglaterra, es decir que esta última, aún sin tener ley explícita, reconoció la existencia del delito dentro de su normativa). En Suiza, por la reforma penal de 1994 no se puede publicar nada que dude o niegue el holocausto por consistir en discriminación racial y en Alemania y otros lugares de Europa y del mundo han existido condenas a los revisionistas basadas en leyes de amplia interpretación que penan la “incitación popular” o “profanación del recuerdo de los muertos”. En suma, el tema del holocausto en el campo de la ciencia histórica ha desatado la más perfecta y rígida censura del pensamiento, y todo ello se explica por lo dicho al principio en cuanto a la valoración religiosa que tiene el hecho histórico para las jóvenes generaciones judías.

La posición de todos los revisionistas parte de que desde 1933, en Alemania los judíos fueron oprimidos y privados de sus derechos de manera creciente con el transcurrir del tiempo, no fueron considerados ciudadanos, fueron expulsados al exilio y privados de muchos de sus bienes; a partir de 1941 y más tarde, todos aquellos que se encontraban aún en territorio bajo dominio alemán, fueron internados en campos de trabajo, en guetos o deportados a Polonia y a Rusia. Reconocen que grupos especiales de tropas alemanas fusilaron a muchos judíos (decenas de miles) y a otros no judíos; que de estos muchos murieron de epidemias o de hambre (debilitamiento) en los campos de trabajo o de concentración (que no fueron exclusivos para judíos), o bien en progromos. Todos fueron víctimas de actos de guerra o crímenes de guerra como la destrucción del gueto de Varsovia. Todos hechos terribles por demás, pero comparables a muchos otros hechos terribles vividos por otros pueblos en la misma guerra y como producto de crímenes de ambos bandos en pugna. Ninguno de ellos habla de responsabilidad de las víctimas, ya que si existen causas que generaron reacciones, estas provinieron de sectores y grupos internacionales exteriores a Alemania.

Lo que niegan es:

a) que existiera un plan para el exterminio físico de judíos.

b) que existieran cámaras de gas para el aniquilamiento de seres humanos.

c) que durante el dominio de Hitler encontraran la muerte de 5 a 6 millones de judíos, reduciendo la cifra a entre 300.000 y 1.000.000  -según los autores-.

Los dos primeros puntos son de extrema importancia para la historia, ya que indica o no una intención de una maldad inédita dirigida por un pueblo en especial a un pueblo en especial. El tema del número es un asunto que no hace ni menos ni más terrible el hecho.

En suma, o nos encontramos -como dice Paul Jhonson- ante “el mayor crimen perpetrado en la historia”; o como dicen los revisionistas, nos encontramos ante una más de las innumerables canalladas de la historia humana y que ambos bandos produjeron en abundancia durante la guerra en cuestión.

1.- ¿ A que se llamó y quién inventó la solución final?

Este punto es el más controvertido. Según la mayoría de autores que constatan un claro odio racial en discursos y en la obra de Hitler, entienden que ya se concebía desde el inicio un exterminio de judíos y responsabilizan directamente a Hitler. En carta de Goering a Heydrich del 31 de Julio de 1941 y a fin de complementar indicaciones para la deportación de los judíos que se ordenaban por decreto de Hitler del 24/1/39, el primero de los nombrados habla de “emigración” o “evacuación” y dice “le encargo además, presentarme a la brevedad un proyecto integral referente a tales medidas para dar cumplimiento a la deseada solución final del problema judío”. Luego en conferencia de Wannsee (Berlín) del 20/1/42, en la que según los autores se habría acordado la exterminación de los judíos, para los revisionistas sólo se habló de “emigración” (como consta en el acta), pero en contra, se opina que términos como este o como “evacuación” y “desplazamiento” eran “eufemismos” y que querían decir “exterminio”. Jhonson dice que todo lo referente a la solución final se mantuvo en un estricto secreto y total oralidad.

El hecho es que, ya sea como efecto de la destrucción o del ocultamiento de las intenciones; (o ya sea por que realmente no existió la orden), no ha sido hallado ningún documento (dentro de las 3.000. toneladas de documentos que se conservaron) que hable explícitamente de un plan de exterminio físico. La existencia del plan se basa en pruebas testimoniales surgidas en los juicios a los vencidos, la principal de Rudolf Hess (director de un campo en Auschwitz, testimonial obtenida con tortura y plagada de contradicciones de tal magnitud, que algunos hablan que fueron ex profeso para dejar señas de su disconformidad), luego condenado a muerte. Algunos soldados de la guardia de Dachau, todos torturados, confesaron la existencia de cámaras de gas que luego se probó en el mismo juicio, que no existieron; Robert Mulka (Auschwitz. Condenado a 14 años a pesar de reconocer 300.000 asesinatos y dejado en libertad a los 4 meses por razones de salud). Suchomel (en Treblinka, 4 años de condena por casi un millón de asesinatos). Y el más importante, Albert Speer, ministro de armamento alemán, fue el único jerarca que reconoció la existencia de una “solución final” por exterminio y fue el único jerarca que se salvó de la horca. Indefectiblemente todos los acusados que mantuvieron la negativa de la existencia de cámaras de gas fueron condenados a muerte o penas arriba de los treinta años.

2.- ¿Porqué el régimen nazi perseguía a los judíos?

La contestación a esta pregunta es de una complejidad tal, que normalmente va de simplonadas hasta el umbral mismo del misterio, es más, algunos autores hacen ambas cosas; por un lado explican que el demonio se encarnó en un hombre y en una sociedad provocando un hecho inédito y por el otro se pierden en una maraña de causas contradictorias, ya que como resalta el mismo Jhonson, lo judíos tuvieron en la Alemania de fin del siglo XIX y de principios del XX, una compenetración cultural inédita en su historia, al punto que los sionistas se aquejaban porque los judíos se habían hecho alemanes y mucho alemanes se aquejaban de una enorme judaización de la cultura alemana. Varias colonias judías (Vgr. Salonica) habían decidido adoptar el idioma alemán como lengua madre (el yidish es de origen germánico) y grandes personajes judíos, como Einstein, exhibían su germanismo sin ambages.

De lo dicho surge que el problema que hace tan complicado contestar la pregunta, puede ser el error en el planteo. Si el “hecho” judío es lo que dicen los historiadores ortodoxos, es bastante difícil de explicar sin recurrir a un “misterio de iniquidad”. Si por otra parte es lo que dicen los revisionistas, el asunto encuentra una explicación dentro de los cánones corrientes de la psicología humana bajo la presión de la más terrible de las guerras que ha experimentado la humanidad y a partir del decurso de los hechos que se produjeron después de la paz de Versalles. Igualmente ocurre con el argumento del silencio culpable de la mayor parte de la humanidad y de la Iglesia Católica en especial, ¿callaron por malicia o no había nada de que hablar?

No se nos oculta que el pueblo judío trae una larga tradición de persecuciones, en primer lugar por el hecho palmario de que luego de la diáspora provocada por el Imperio Romano le tocó siempre ser un pueblo dentro de otro pueblo y mantener la diferencia como obligación religiosa, es decir, proponerse la no integración y permanecer extranjero, y a base de esta diferencia (mantenida no sin graves enfrentamientos internos) hacer su “modo de vida” a partir de los espacios que aquellos pueblos les dejaban en los hechos. Resulta interesante ver que los judíos más ambiciosos, tomaban oficios que resultaban inaceptables por moral y costumbres a los locales, así era común la función de prestamista en la alta edad media por el hecho de que el préstamo con interés era causa de excomunión entre católicos y esta función era pacíficamente aceptada por todos. Aunque no en gran medida, han conformado mafias delictivas producto de defender actividades como la trata de blancas, pero normalmente no ha sido el delito su fuerte, sino lo rayano en lo inmoral para una moral de situación. Hoy diríamos “lo transgresor”. En EEUU claramente se enriquecieron (más allá de la banca) en el negocio del espectáculo (teatro, cine) donde una sociedad puritana no se atrevía a entrar. Esto en sí mismo provoca enormes ventajas y enormes dificultades, siendo primordial para la subsistencia el establecerse en sociedades que no pretendan una gran unidad espiritual y que por el contrario, mantengan un espíritu muy pluralista y cosmopolita. Esta necesaria promoción del pluralismo chocaba – sin dudas- con aquellos ideales de unidad social que promovían las ideas nacionalistas y fascistas. Es difícil de entender esto, ya que hoy el pluralismo es un valor mundial sostenido por la enorme publicidad que solventan la variada cantidad de intereses multinacionales que entrecruzan las debilitadas soberanías nacionales y todo ideal de unidad social comporta un disvalor inaceptable. De la misma manera hoy no resulta llamativa la existencia de “lobbies” judíos, ya que casi toda la sociedad se “disocia” en diferentes lobbies (muchos de ellos cristianos y católicos) de los que sólo son ajenos los “descartados” y unos pocos anacoretas urbanos de dudosa presión en las roscas de sus tronillos cerebrales.

En la Alemania de la preguerra se estaban dando varios efectos a la misma vez. Por un lado en toda la zona de influencia germánica se habían asentado –desde hacía un siglo- enorme cantidad de judíos por la integración cultural ya mencionada y por que las políticas habían sido muy proclives a los mismos dentro de un espíritu bastante cosmopolita (en Austria especialmente). Sin embargo esta integración movía a rencor no sólo a sectores imbuidos de ideologías racistas, sino a sectores Sionistas internos que veían que Alemania se quedaba con el mejor esfuerzo de la inteligencia y la voluntad judías (además de interesantes capitales), elementos que se requerían para reforzar el incipiente asentamiento colonial en la Palestina del Protectorado inglés surgido de Versalles (movidos estos ingleses por un espíritu filantrópico -según Paul Jhonson- aunque el tema no nos llame a engaño a argentinos sabedores de aquellas guerras que suele armar la política exterior inglesa en las que todos pierden y ellos que miran de afuera ganan, como la guerra del Paraguay); colonias que con el correr de los acontecimientos y el mejoramiento económico de los años previos (los años locos) a la segunda guerra, veían decrecer de manera impresionante la inmigración. Ambos sectores desde dos puntos de partida opuestos, sin embargo coincidían en boicotear el romance judío-germano, manteniendo y provocando desde ambos bandos el dictado de medidas discriminadoras y urticantes.

Por otra parte, y debo remarcar en este punto la permanente e histórica disidencia interna judía en cada nación y en cada colonia, entre quienes se volcaban por la integración y quienes mantenían la diferencia y proyectaban políticas internacionales de grupo -el lobbie judío- y que a principios del siglo XX tuvo una particularidad muy especial. Una gran parte de los judíos, en especial judíos intelectuales y activistas de la Europa oriental, (Rosa Luxemburgo en Alemania, Bela Kun en Hungría, Trotzky en Rusia, etc., y previamente el mismo Marx) entendieron que la revolución socialista marxista era el mesianismo judío cumplido y racionalmente esclarecido. Que con el comunismo se hacía innecesaria la existencia de la particularidad judía y que por fin el judaísmo encontraba el cauce donde integrarse definitivamente y confundirse para desaparecer realizándose. La revolución Rusa tenía un enorme componente de personajes judíos de primera línea que la habían salvado del conato de retoma de la cruzada anticomunista (Trotzky con ayuda económica de la banca judía), y en aquellos espíritus no muy proclives a las tonalidades (burguesía y clases medias alemanas, norteamericanas e inglesas) la equiparación entre judíos y bolcheviques era bastante frecuente -con el consiguiente terror que las noticias de la revolución provocaban en las mismas- asunto que agregaba un ingrediente concreto al antisemitismo de fondo irracional de estas clases. Esta división de los judíos en el plano europeo también se daba en el sionismo, ya que algunos líderes judíos del retorno a Palestina eran ateos y sostenían que el nuevo estado debía ser socialista, promoviendo formas coloniales comunistas (kibuts) con completa separación del mundo árabe (aún la mano de obra) y otros, de carácter religioso y acusados de fascistas por los primeros, se asentaban con sus capitales y desplegaban una actividad de tipo capitalista, contando con los palestinos como mano de obra. En suma, había judíos “alemanes” por la integración cultural (profesionales, artistas, funcionarios, empresarios) que estaban orgullosos de ser alemanes, europeos y cosmopolitas; había judíos “en” Alemania, no integracionistas pero tampoco sionistas; había sionistas de derecha y de izquierda y había judíos socialistas (antijudíos según Paul Jhonson), casi todos ellos emigrados en los primeros años del nazismo, pero y por último (cabe recordar que había más de ocho millones de judíos en los sectores de influencia germana) estaban aquellos judíos pobres, mayormente de los oficios urbanos, a quienes les tocó el campo, el gheto, el trabajo forzado y la fuga al este con lo puesto.

El mosaico se tornaba de a poco bastante explosivo. La cultura alemana se llenaba de nombres judíos (teatro, música, ciencia), y los negocios marchaban cada vez mejor. Se hablaba de que muchos capitales judíos, aprovechando la integración con Alemania y la crisis de la salida de la primera guerra, habían hecho pingues inversiones que luego dieron el ciento por ciento. Sin embargo estos personajes judíos descollantes de tipo burgueses y cosmopolitas, tomaban un tono izquierdizante (que como ya dijimos es el que sostiene el necesario pluralismo) y alimentaban mayor resentimiento en las filas nacionalistas.

Tampoco se puede dejar de lado en este punto el desprecio racial que habían diseminado algunas ideologías biologistas nacidas del idealismo hegeliano y que impregnaron algunos nacionalismos del siglo XX. (Fundamentalmente el nazismo, ya que el fascismo italiano no participaba de esta particularidad y así lo reconoce Paul Jhonson). Dichas ideologías campaban en gran número de la población de raza germana, anglosajona y eslava. Pero también confluyeron múltiples causas políticas, entre ellas ciertas políticas sionistas llevadas al efecto de fundar en Palestina un nuevo estado judío y obtener población para el mismo. Los judíos fueron resistidos en muchos países y de hecho, frente a las expulsiones de la Alemania nazi, pocos fueron los países que los recibían (en muy bajos porcentajes contamos las democracias occidentales). La mayoría huyó hacia Rusia (que bajo Stalin se presentaba favorable a los judíos) y un gran número vino a la Argentina, que llegó a constituir la segunda comunidad judía más grande del mundo (se explica por su planteo constituyente pluralista, lo que así mismo explica su permanente tendencia disolvente… característica de los países “inventados” por la masonería inglesa -véase Irak-).

La razón expresada en forma fundamental y como razón política, es que el pueblo judío no asimila la nacionalidad del país donde habita y mantiene intereses extraños a dicho cuerpo, como así mismo una moral y una religión diversa. (Sin embargo hemos visto que esto es una característica del grupo más extremo dentro de ellos y que de alguna manera victimiza a aquellos que comienzan a experimentar una integración). A partir de ello y frente a modelos que procuraban una unidad de “espíritu nacional”, estos grupos aparecían como hostiles a los intereses nacionales, y de hecho lo eran, ya que su propia subsistencia reclama un pluralismo que contradice los ideales de unidad. A esto se sumaron las políticas sionistas referidas, por las cuales grupos internacionales declararon un boicot económico a la Alemania previa a la guerra y llevaron a la venganza y el odio de los partidos sobre poblaciones que nada tenían que ver en esas políticas y que resultaban víctimas de todos los bandos.

Sin embargo y como vimos anteriormente, si la solución final propuesta era la aniquilación o si por el contrario era la expulsión del país (como ocurrió en otras épocas y países), cambia mucho la lectura del fenómeno. Los revisionistas hablan de proyectos internacionalmente consensuados de instalar los judíos en Madagascar (se opuso Petain) y aún de proyectos consensuados entre el régimen nazi y grupos sionistas para facilitar el establecimiento de los judíos alemanes en Palestina. La pregunta que queda latente es, si el régimen nazi quería el exterminio total de los judíos o si quería la expulsión de toda la zona europea que consideraba de población de raza germana?.

3.- ¿Durante la persecución del holocausto solamente se maltrató a judíos? Justifica.

En una guerra donde hubieron sesenta millones de muertos resulta una poco ingenua la pregunta. En la segunda guerra se “molieron” por parte de los dos bandos, enormes cantidades de gentes. No sólo de personas movilizadas en el ejercito, sino especialmente de poblaciones civiles.

En los campos de concentración alemanes, se calcula que el 50% de los muertos fueron judíos; , el resto eran polacos, rusos, franceses etc.

Sin embargo no cabe olvidar la expulsión de los alemanes (por parte de los aliados), del este y de los Sudetes desde 1944, llevada con una brutalidad incomparable por las tropas rusas. No podemos olvidar los GULAG soviéticos, donde perecieron por razones políticas más de 17 millones de personas (vemos que el delito de lesa humanidad no alcanza las razones políticas y si las raciales, gracias a la intervención de Rusia en la ONU). La destrucción de Varsovia cuando la guerra estaba terminada. La destrucción de Dresde. Los napalmeos de los barrios de Tokio, las bombas atómicas, etc.

De hecho ningún pueblo del mundo puede sentirse ajeno a la maldad humana y mucho menos tan inocente que pueda constituir un sacrificio redentor. La misma Argentina participó vergonzosamente del infame Genocidio Paraguayo que servía a fines masónicos. Lo que pasa es que la historia la escriben los vencedores y en el caso de la segunda guerra era tal el capital de atrocidades acumulados, que el bando que venciera debería elevar una acusación tan monstruosa contra el otro que justificara sus propias acciones criminales.

4.- ¿ Cuál fue el peor centro de concentración? ¿por qué?

La pregunta resulta poco feliz, si la invirtiéramos se resaltaría el absurdo. Todo aquello resultó bastante asqueroso.

La historia oficial habla de seis campos principales de exterminio. Todos en territorio polaco anexado. Allí habrían muerto por exterminio unos tres millones y otros tantos en la Unión Soviética. Los muertos en los campos de extermino en casi su totalidad fue por efecto de cámaras de gas fabricadas ex profeso, salvo en Chelmno que se habla de camiones gaseadores (motores diesel). En la Unión Soviética se habrían asesinado otro tanto por medio de ejecuciones en masa y o camiones gaseadores. Salvo Auschwitz y Madjanek que eran campos mixtos (de trabajo y de exterminio) los cuatro restantes eran exclusivamente de exterminio. Estos campos eran: Auschwitz (más de un millón de muertos), Treblinka (750 mil), Belzec (600 mil), Chelmno (300 mil) Sobibor (250 mil) y Majdanek (250 mil) -Paul Jhonson duplica estas cifras-. Durante mucho tiempo se sostuvo que en Dachau hubo una cámara de gas y que se mataron 238 mil; luego se descubrió que no hubo tal cámara y que murieron 32.000 por peste y hambre. (Todos datos de Wolfgang Scheffler, escritor judío).

Por otra parte los revisionistas se oponen al hecho de la existencia de cámaras de gas y reducen las cifras entre siete y doce veces. Las cámaras de gas encontradas son de no más de 26 mts. y realmente eran cámaras de desinsectación, principalmente de ropa y colchones. (Es horroroso pensar que la gran mayoría de las muertes eran producto de un tifus que transmitía el piojo y las pulgas).

El tema es que las cifras, y el hecho mismo, nunca podrán ser corroboradas. En primer lugar porque no quedaron restos de los muertos (huesos, fosas, etc), ya sea porque fueron “diligentemente” desaparecidos por el fuego (hornos crematorios existentes en los campos, siendo que el más grande permitía 6 personas por vez) o ya sea porque no existieron. Como ya se dijo más arriba no existe documento alguno que hable del tema, ya sea porque no hubo documentos o porque no existió tal cosa.

En segundo lugar porque todas las leyes penalizantes hacen imposible la revisión histórica y los archivos referidos a censos están cerrados. Se conoce un censo de la Unión Soviética posterior a la guerra, en que su colonia judía se veía acrecentada en casi tres millones más de judíos que antes de la guerra.

Tiempo después del juicio de Nüremberg, Faurison objetó que nunca se había hecho una pericia criminalística sobre los campos de exterminio; más allá de que no existían los cuerpos del delito (y sobre los pocos que se hizo autopsia, ninguno dio muerte por intoxicación con gas), el arma letal debía ser constatada, y esta eran las cámaras de gas y los hornos crematorios. Se realizaron pericias sobre las cámaras y los hornos con personal norteamericano experto en cámaras de gas y en hornos crematorios. Igualmente se perició el gas utilizado (Zyklon B). Los resultados fueron bastante concluyentes: las cámaras no eran aptas, el gas era el menos indicado (era el gas que se usaba en bolitas que se gasificaban al llegar a treinta grados centígrados, para impedir el tifus que trasmitían piojos y pulgas, gas que era además explosivo y que necesita cerca de una hora para matar y luego dos horas para desaparecer. Las cámaras de exterminio de animales y de pena de muerte en EEUU, normalmente usan otros tipos de gases, mucho más eficaces y menos peligrosos ante combustión. Los motores diesel tardan horas en producir un efecto para el que los alemanes tenían gases bélicos de gran impacto. El motor naftero es mucho más rápido y eficaz) y fundamentalmente el tamaño de las instalaciones -dados los pasos necesarios y tiempos de espera para evitar explosiones o contaminaciones al resto del campo- no daban ni por cerca para el número de víctimas diarias que se debió cobrar para cubrir el número final indicado (por lo menos 24.000 diarios en Auschwitz. Jhonson habla de 40.000 diarios). Otro de los datos importantes que arrojó la investigación de Faurisson, fueron las fotos aéreas que periódicamente tomaron los aliados de los campos de trabajo (en especial Auschwitz) donde nunca se observan concentraciones de gentes frente a las instalaciones del exterminio.

En fin, quedan para la historia dos versiones:

a) la versión oficial que responsabiliza al pueblo alemán por la decisión de sus dirigentes y la complicidad silenciosa de su población para el origen de la beligerancia que llevó a la segunda guerra mundial y para el exterminio premeditado de seis millones de judíos y tendiente a hacer desaparecer todos los judíos de la faz del mundo. Esto constituiría una maldad inédita en la historia y un hecho que sobrepasa con creces todas la miserias propias de las guerras. Esta versión es aceptada por casi la totalidad de los historiadores y de la población -pensante- mundial.

b) la versión revisionista que entiende que para la causación de la segunda guerra hubo aporte de ambos bandos comprometidos -siendo el mal acuerdo de Versalles el gran culpable- y que el pueblo alemán no fue especialmente monstruoso, sino que los hechos contra los judíos -deplorables sin duda- fueron parte de los desastres de la guerra, comparable a otros emanados del bando contrario. Faurisson hace la siguiente conclusión “Las presuntas cámaras de gas de los nazis y el presunto genocidio de los judíos, son parte de una misma mentira histórica utilizada para cometer una gigantesca extorsión política y financiera. Los principales beneficiados de la mentira son Israel y el sionismo internacional. Las principales víctimas son el pueblo alemán -pero no su clase dirigente- los palestinos en su totalidad y, no por último, la joven generación judía, que por la religión del holocausto es encerrada más y más en un gueto psicológico y moral”.

CONCLUSIÓN:

Se impone en este punto una conclusión con respecto a la reacción que las distintas religiones han tenido frente a la racionalización de sus puestas dogmáticas o “puntos álgidos de sensibilidad religiosa”. En este siglo el judaísmo consagró el holocausto como fundamento religioso y castigó con violencia todo “atentado” científico contra su credibilidad. Los musulmanes, que siguen los pasos de los judíos atentamente, tomaron iguales medidas con respecto a su religión en los foros intelectuales de occidente. Ambos han sometido a la ciencia occidental a un régimen de terror, donde sólo el cristianismo puede ser cuestionado, y las otras dos religiones deben ser “respetadas” a rajatablas bajo pena de rompimiento de la paz social, y es en este sentido que se dictan las leyes que se han señalado mas arriba y se han toman las medidas penales contra los intelectuales. No debe interpretarse la postura Católica como pasividad o tibieza frente al embate racionalista, ya que nuestra postura lo que refleja es la tranquila seguridad con que la Verdad Revelada enfrenta la ciencia; con respecto a la simple blasfemia mediante la mofa y la grosería, si entiendo que deberían propugnarse leyes que las penaran.

La existencia del holocausto como hecho monstruoso producto de un mal absoluto sobre una víctima indefensa e inocente, marca una valoración de esa víctima en un plano sacramental y mesiánico colectivo, y no se le escapa al buen observador las similitudes con el misterio de la redención por el Mesías cristiano, similitud que muchos teólogos judíos han atacado por denotar una emulación del misterio Cristiano que aunque desde el punto de vista emocional y publicitario resulta propicio para los fines judíos, desde una perspectiva teológica debilita la idea judía de un mesías triunfal.

Juan Calderón

17 de febrero de 2009

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