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Por ARTHUR R. BUTZ

AAARGH 2003

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Contenido:

CAPITULO I JUICIOS, JUDIOS Y NAZIS
CAPITULO II LOS CAMPOS
CAPITULO III WASHINGTON Y NUEVA YORK
CAPITULO IV AUSCHWITZ
CAPITULO V LOS JUDIOS HUNGAROS
CAPITULO VI ET CETERA
CAPITULO VII LA SOLUCION FINAL
CAPITULO VIII COMENTARIOS

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CAPITULO I JUICIOS, JUDIOS Y NAZIS

Los “juicios por crímenes de guerra” a los que sometieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial (SGM) principalmente a alemanes, pero también a muchos japoneses, sentaron un precedente pasmoso por su alcance y por lo inequívoco de las acusaciones de las potencias victoriosas al hacer uso de ciertos legalismos o presupuestos que no existían cuando fueron supuestamente violados por las potencias del Eje. De este modo, despreciando todos los códigos de honor europeos respetados durante siglos, prisioneros alemanes civiles y militares, muchos de alta graduación, fueron objeto de muerte violenta durante su detención por los aliados como consecuencia de tan extraordinarios procedimientos.

Nunca antes había sucedido algo parecido a los juicios que los enemigos de Alemania hicieron entre 1945 a 1949. Quizá el caso de Juana de Arco, pero entonces sólo había implicada una prisionera y no una nación entera, y los ingleses, que fueron según los últimos estudios los responsables del proceso, hicieron cuanto pudieron para que la condena por delitos de herejía y brujería (hoy ya proscritos) fuera decidida por una Iglesia universal e imparcial, de acuerdo con las reglas ya existentes de pruebas y procedimientos.

En los Estados Unidos, auténtico padre de los juicios, las opiniones acerca de la conveniencia de éstos siempre han estado divididas, pero el balance ha sido distinto. En el periodo inmediato de la postguerra la opinión generalizada estaba a favor de los juicios con algunas importantes personalidades en contra. En medio de la acadabrada campaña electoral de 1946, justo antes de que los nazis más importantes: Goering, Ribbentrop, etcétera, fueran a la horca, el senador Robert A. Taft pronunció un discurso atacando las bases legales de los juicios, así como las sentencias impuestas; su discurso parece que perjudicó a su partido, el Republicano, en aquellas elecciones.

Una década después, lógicamente los puntos de vista habían variado algo, ya que en aquellos tiempos el entonces más claro candidato a la presidencia, John Fitzgerald Kennedy, publicó un libro, “El perfil del valor” (un examen de varios personajes a los que el senador Kennedy creía valientes) en el cual alababa a Taft por mantener esa postura, añadiendo que sus opiniones “eran hoy compartidas… por un número importante de ciudadanos americanos” (1).

Con el secuestro de Eichmann en 1960, su posterior “juicio” y la publicidad que recibió más tarde, parece que las opiniones variaron de nuevo, aunque lentamente, hacia una aprobación de los juicios. Este cambio extraordinario puede justificarse de muchas maneras, pero creo que lo sucedido es que en tiempo de paz, cuando por lo general no hay un ambiente de histeria, la atención del mundo se había centrado en un relato especialmente macabro: el asesinato por los nazis de varios millones de judíos (por lo general, seis) de toda edad y condición durante la guerra, como parte de un programa encaminado a eliminar a los judíos europeos. “La solución final”, de Gerald Reitlinger, 2ª edición (1968), es comúnmente aceptada como la exposición más detallada y asequible de esta acusación y “La destrucción de los judíos europeos”, de Raoul Hilberg (1961), dice esencialmente lo mismo. Otras obras son “El Holocausto”, de Nora Levin (1968), varios libros de León Poliakov, y el muy reciente “La guerra contra los judíos, 1933-45”, de Lucy S. Dowidowicz (1975).

Volviendo al tema de lo adecuado de los juicios por crímenes de guerra, todo el mundo estará de acuerdo en (por lo menos) buscarles un fundamento legal, pero al parecer mucha gente protestaría diciendo que los juicios eran, en cualquier caso, necesarios porque los excesos normales en tiempo de guerra no tuvieron nada que ver, y por tanto la extraordinaria naturaleza del crimen; el extermínio de los judíos europeos , requería procedimientos extraordinarios. El argumento falla en que una crueldad semejante no sólo debe ser castigada, sino también estar documentada.

No me he propuesto en este libro traer a colación la cuestión de qué grado de crueldad justifica qué grado de irregularidades, sino más bien un punto sobre el que se habla pocas veces y que es importante para debatir el tema: el hecho de que sin las pruebas aportadas en los juicios, no habría evidencias signifitivas de que el programa de exterminio de judíos existiera alguna vez. Uno no tiene más que examinar las fuentes citadas por Hilberg y Reitlinger para darse cuenta de ello. Si los juicios no hubieran tenido lugar, una persona que pretendiera la existencia del programa de exterminio no hubiera podido, si fuera necesario, mostrar prueba alguna salvo unos pocos libros (sin incluir a Hilberg y Reitlinger) cuyas acusaciones son tan poco sólidas como la suya. Por tanto el problema de juzgar o no el exterminio de judíos no es una simple cuestión de si es o no un asesinato masivo, sino solamente de un caso de asesinato sobre el que hay legítimas y sólidas dudas acerca de si se llevo a cabo.

Esto puede sorprender al lector que considera la historia exterminacionista como una verdad certera, pero sencillamente éste no es el caso. Hay muchas consideraciones que apoyan este punto de vista y algunas son tan simples que pueden sorprender al lector. La más simple y válida razón para mostrarse excéptico sobre el exterminio resulta ser también el motivo más sencillo posible: al final de la guerra todavía estaban allí.

Esto debe aclararse un poco. Consideremos a un observador de la Europa Occidental, familiarizado con la situación de la judería europea antes de la guerra, elaborando un estudio de los judíos europeo-occidentales hacia, digamos, finales de 1946 (los judíos de Europa Oriental no se consideran). Los encontraría italianos, franceses, belgas y daneses, la mayoría sin un rasguño (estas cuestiones se discutirán más a fondo en capítulos posteriores). Por otro lado, habría encontrado un gran número de judíos, la mayoría posiblemente, echados a faltar en Luxemburgo, Países Bajos y Checoeslovaquia (entonces al alcance de los occidentales). La situación de la judería austroalemana era confusa puesto que la mayor parte habían emigrado antes de la guerra, y es difícil precisar cuántos y a dónde. En cualquier caso una gran cantidad, probablemente los más numerosos, de aquellos que se quedaron no volvieron más a sus antiguas residencias.

Sin embargo, las ausencias fueron puestas de relieve por el suceso obvio de que los campos en Alemania para personas desalojadas estaban llenos de judíos (se ha dado una cifra de más de 250.000) (2) y de que muchos judíos europeos emigraron a los EE.UU. o a Palestina o a cualquier otro lado al principio de la guerra. Los datos disponibles del observador occidental a finales de 1946 contradicen radicalmente las acusaciones de exterminio que tanta publicidad recibieron durante el curso de la guerra y en el posterior juicio de Nuremberg.

El paso de un cuarto de siglo ha fortalecido poco a poco esta versión del cuento exterminacionista, exceptuando algunas variaciones aparentes, a pesar de que durante muchos años sólo hubo un escritor serio en este campo: el francés y más tarde geógrafo, Paul Rassinier. En 1948 publicó un libro, “Passage de la Ligne” (El paso de la línea), acerca de sus experiencias como político de izquierdas prisionero en Buchenwald desde 1943 a 1945: “…generalmente me recibieron con amabilidad, provocando solamente sordos e inconclusos rechinamientos de dientes en ciertos lugares”. Más tarde, en 1950 publicó “Le Mensonge d’Ulysse” (La mentira de Ulises), un examen crítico de la literatura concentracionaria en el cual desafiaba a la existencia de las cámaras de gas: “todavía es muy pronto para emitir un juicio definitivo sobre las cámaras de gas”. Esto provocó una violenta campaña de prensa que terminó en acciones legales contra el autor, el autor del prólogo y el editor, que, en principio, fueron absueltos, más tarde condenados en juicio al pago de multas, a la indemnización por daños y perjuicios y a sentencias de prisión suspendida, siendo, por último, absueltos de nuevo. En 1955 los dos libros se unieron en “Le Mensonge d`Ulysse, 2ª edición” a la cual se añadieron datos aún más críticos con el tema de los gaseamientos. Hoy en día la edición más común (pero no muy común) es la 5ª (a la que nos referimos aquí) publicada en 1961, año en el cual Rassinier también publicó un breve volumen “complementario”, “Ulysse Trahi par les Siens” (Ulises traicionado por los suyos )consistente en tres ensayos donde se pronunciaba muy en contra de las cámaras de gas. El último es el texto de una conferencia dada en varias ciudades de Austria y Alemania en los inicios de la primavera de 1960 (justo antes de lo de Eichmann). En 1962 le siguió “Le Véritable Procés Eichmann” (La verdad sobre el proceso a Eichmann), un estudio en toda línea de los supuestos crímenes alemanes en su contexto histórico y político; y ya por entonces había llegado a una conclusión definitiva sobre la leyenda del exterminio judío: “…una mentira histórica: la más macabra y trágica impostura de todos los tiempos”. (3). Para llegar a esta conclusión Rassinier abordó el tema de dos modos básicos: desde el punto de vista del “material” y desde el punto de vista demográfico. Por “material” entendemos el estudio de las pruebas de que las ejecuciones de judíos en masa mediante cámaras de gas u otros medios específicos fueron realmente llevadas a cabo por los alemanes durante la SGM. El enfoque atendiendo al material es sinónimo del análisis de las evidencias presentadas en juicios por crímenes de guerra o de dichas evidencias tal y como fueron interpretadas por Hilberg y Reitlinger completándolas con otras similares. Rassinier sólo estudió el problema demográfico en “La Véritable…” superficialmente, pero en su última obra global acerca del problema del exterminio judío, “Le Drame de Juifs Europeens” (El drama de los judíos europeos) en 1964, incluyó un extenso análisis de la cuestión desde el punto de vista demográfico. En 1965 publicó “l`Operation “Vicaire”” (La operación Vicario), una crítica de la comedia de Rolf Hochhuth “El Vicario”. Debe decirse que es necesario comprobar el modo en que Rassinier interpreta las fuentes, pues algunos no lo hacen, y además que emplea en contados casos fuentes bastante poco serias. También hay manifiestos errores “de facto” aunque relativamente irrelevantes, como identificar a Hanson Baldwin como el “experto en cuestiones de población judía” del New York Times (es dudoso que el Times haya tenido algún empleado que pueda ser llamado así) y el afirmar que la mayoría de los judíos americanos son antisionistas y apoyan las ideas del Consejo Antisionista Americano para el Judaísmo (que nunca fué una organización política significativa). Sin embargo, Rassinier fué un pionero valiente en un campo ignorado y a pesar de los defectos de sus libros, ninguna persona de ideas claras puede leerle sin volverse, cuando menos, un excéptico en la cuestión. Rassinier falleció en julio de 1967. Sus libros han aparecido en alemán, español e italiano, pero durante algunos años no se publicaron traducciones al inglés.

A los libros de Rassinier les siguieron tres libros que Josef Ginsburg publicó bajo el pseudónimo de J.G. Burg; “Schuld und Schieksal” (Deuda y Destino), 1962; “Suendenboecke” (Cabeza de Turco), 1967 y “NS-Verbrechen” (Crímenes acionalsocialistas), 1968. Los libros de Ginsburg no son investigaciones muy serias, pues sus opiniones se basan principalmente en lo que ha leído en los periódicos, además de su experiencia personal como judío que, con su familia, fué deportado durante la guerra a los territorios del Este ocupados por nazis y rumanos. Después de la guerra, Ginsburg llevó a su familia a Israel, pero allí se volvió muy antisionista y regresó a Europa donde finalmente montó un establecimiento de encuadernación en Munich. Al tiempo que cree que muchos judíos perecieron debido tanto a la política nazi como a los efectos de la guerra, niega que el Gobierno alemán proyectase el exterminio de judíos europeos y en concreto se burla de la cifra de los seis millones. No está seguro de la existencia de las cámaras de gas, pero cree, que muchos judíos murieron a consecuencia de epidemias, “pogroms”, ataques aéreos y ejecuciones de partisanos, dando una estimación de unos tres millones como el máximo número posible de víctimas, aunque cree que la cifra es mucho más baja. Como recompensa a sus esfuerzos por conocer la verdad, Ginsburg, un hombre menudo y nada joven, fué apaleado por gamberros judíos mientras visitaba la tumba de su esposa en el cementerio israelí de Munich.

En 1969 se publicó en los EE.UU. un pequeño volumen titulado “El mito de los 6 millones” atribuido a un autor anónimo. Aunque se puede decir algo a su favor; por ejemplo, yo supe de Rassinier por él, también tiene muchos errores que demuestran que no es suficiente que las tesis de un libro sean ciertas, pues los pocos que se basaron en él para continuar el debate público quedaron en ridículo.

El paso siguiente fué la publicación en Alemania por Emil Aretz de un libro titulado “Hexen – Einmal – Eins einer Luege” (La tabla de multiplicar de las brujas es falsa) del que sólo la 3ª edición pareció haber obtenido cierta difusión. Aretz lleva la polémica en contra de los exterminios ligeramente más lejos que Rassinier. Depende ampliamente de él en lo tocante a ésto, pero aporta nueva información, aunque mayormente el libro es una defensa general y notablemente audaz de Alemania como nación.

La continuación ilógica de los juicios por crímenes de guerra en Alemania Occidental, sin ningún límite en lo tocante a los supuestos delitos, ha tenido varias implicaciones importantes: gente que “estuvo allí” ha tenido miedo a manifestarlo y contar qué es lo que según ellos realmente pasó, y prefieren no llamar la atención sobre el hecho de que “estuvieron allí”. Sin embargo era inevitable el que unos pocos individuos valientes lo hicieran a pesar de todo. El más importante de éstos ha sido, hasta la fecha, Thies Christophersen, autor del opúsculo “Die Auschwitz Luegue” (La mentira de Auschwitz).

Christophersen estuvo en Auschwitz desde enero hasta diciembre de 1944 y en 1973 publicó sus memorias y su firme convicción de que los exterminios jamás tuvieron lugar allí.

La traducción al inglés del trabajo de Christophersen, al que se añadieron algunas declaraciones pintorescas, se publicó en 1974. A Christophersen le siguió el Dr. Wilhelm Staeglich, ahora juez en Hamburgo, que fué asignado a una unidad antiaérea cerca de Auschwitz en 1944 y que visitó el campo en algunas ocasiones (4).

A últimos de 1973, Austin J. App, un profesor retirado de inglés en Maryland, publicó un pequeño trabajo titulado “El timo de los 6 millones”. A principios de 1974 Wolf Dieter Rothe publicó el primer volumen de su estudio “Die Endloesung der Judenfrage” y a finales del mismo año Richard Harwood publicó en Inglaterra el opúsculo “¿Murieron realmente 6 millones?”. El trabajo de Harwood es bastante bueno en lo tocante a poder de convicción aunque presenta algunos puntos débiles y remite al lector a Rassinier para tratar la cuestión de modo definitivo. Fué convenientemente examinado por Colin Wilson en el número de noviembre de 1974 de la influyente publicación mensual británica “Books and Bookmen” (Libros y hombres de letras) en cuyas páginas tuvo lugar una controversia de varios meses.

A comienzos de 1975 un pequeño editor de los EE.UU. imprimió la traducción de Harry Elmer Barnes de uno de los libros de Rassinier (“El drama de los judíos europeos”).

En este capítulo introductorio examinaremos los problemas más importantes que surgen cuando se trae a colación la cuestión demográfica y luego indicaremos como resolvemos en este libro dichos problemas, pero subrayando que su solución definitiva se pospone hasta el final de la obra.

Los problemas inherentes a un estudio demográfico son enormes. Para empezar, todas las fuentes de datos originales de la postguerra son sin excepción judías o comunistas (exclusivamente de este último tipo en todos los casos importantes de Rusia y Polonia). Seguidamente resulta que pueden obtenerse los resultados que uno desee con sólo consultar las fuentes, de antes y de después de la guerra, que uno escoja.

Consideremos el caso de la población judía mundial. El estudio de Arthur Ruppin, profesor de Sociología Judía en la Universidad Hebrea de Jerusalén, hecho en 1939, calculaba en 16.717.000 el número de judíos que había en el mundo en 1938. (5). Ya que Ruppin (muerto en 1943) fué considerado el mayor experto en este campo durante muchos años, como lo atestiguan la gran cantidad de documentos suyos sobre el tema durante un periodo de varios años, las estimaciones de otras fuentes de la anteguerra se aproximan a las suyas. Así pues la evaluación del Comité Judeo Americano para 1933, que aparece en el “Almanaque Mundial” de 1940, era de 15.315.359. La cifra del “Almanaque Mundial” para 1945 es de 15.192.089 (pág.367). No se cita fuente alguna, pero esta cifra parece basarse en algún tipo de censo religioso. La revisión del “Almanaque Mundial” de 1946 obtiene 15.753.638, cifra mantenida en las ediciones de 1947 (pág. 748), 1948 (pág. 572) y 1949 (pág. 289). En 1948 el “Almanaque Mundial” (pág. 249) da también la cifra del Comité Judeo Americano para 1938 (sic) 15.688.259, mientras que para 1949 el “Almanaque Mundial” (pág. 204) da cifras distintas de las facilitadas por el Comité Judeo Americano a lo largo de 1947-1948: 16.643.120 en 1939 y 11.266.600 en 1947. Sin embargo el experto militar del New York Times, Hanson Baldwin, en un artículo escrito en 1948 acerca de la entonces inminente guerra arabe-israelí y basándose en datos de las Naciones Unidas (NU), entre otros, daba una cifra entre 15 y 18 millones para la población judía mundial junto con otras cifras para asuntos tales como el número de judíos en Palestina, en el Medio Oriente, árabes en Palestina, el número total de árabes, de musulmanes, etc…(6).

Este bosquejo ilustra algunas de las más simples interrogantes que presenta un estudio demográfico. Para profundizar más diremos que el número mundial de judíos en la postguerra que oscila entre 11 y 12 millones y que es necesario para mantener las tesis del exterminio, presenta dos puntos débiles: el primero es lo que dicen las estadísticas en los EE.UU. y el segundo es lo que dicen en Europa Oriental. Ambas, especialmente las últimas, están supeditadas a dudas insalvables. Vayamos primero con los EE.UU.. Las cifras del censo para la población total de los EE.UU. son.(7):

Año Población

1920 105.710.620

1930 122.775.046

1940 131.669.275

1950 150.697.361

1960 179.300.000

Año Población

1917 3.388.951

1927 4.228.029

1937 4.770.647

1949 5.000.000

1961 5.530.000

mientras que para la población judía en los EE.UU., según el director de la Oficina de Estadísticas Judías (filial de la Conferencia Judeo-Americana o de la Sinagoga de América) H.S. Linfield son.(8):

Es importante subrayar que todas las cifras para la población judía estadounidense vienen dadas por la misma fuente (Linfield).

El señalado crecimiento de los judíos en los EE.UU. entre 1917 y 1937 es del 40,8 % mientras que el de la población total entre 1920 y 1940 es del 24,6 %. Este contraste es generalmente lógico, puesto que en el periodo que estamos considerando, la inmigración judía fué bastante notable. Sin embargo, la inmigración judía a los EE.UU.

suscita por sí misma algunos problemas. El Anuario Judeo-Americano dió una emigración judía neta entre 1938 y 1943 y entre 1946 y 1949 (inclusive) de 232.191 (9). Parece no disponerse de las cifras para 1944 y 1945. Fué en estos dos años cuando finalmente se admitió en los EE.UU. a un número indeterminado de judíos “fuera del procedimiento normal de emigración”. Se dijo que sólo hubo 1.000 de tales judíos, alojados en un campo cerca de Oswego, Nueva York, y que no se deseaba que entraran en los EE.UU..

Se supone que esto era una ayuda estadounidense para atenuar el problema de los refugiados, pero todo parece de lo más extraño y sospechoso. (10)

Mejor que intentar establecer el alcance de la emigración judía sería admitir para dicha población una tasa de crecimiento entre 1937 y 1957 por lo menos igual a la de la población judía americana entre 1917 y 1937, como parece desprenderse al comprobar varios hechos, por ejemplo: las razones por las que fueron enviados a Palestina un millón y medio de judíos durante la SGM y el periodo siguiente, parecen motivar también la emigración a los EE.UU., y no se pusieron impedimentos de tipo racial o nacional a los judíos como tales. En este caso debe haber por lo menos 6.678.000 judíos en los EE.UU.

en 1957 y no 5.300.000 como se ha indicado. Hay alrededor de 1.400.000 judíos de diferencia entre las cifras obtenidas para 1957 y creemos que es un número moderado por las razones anteriores. En el periodo comprendido entre 1937 y 1957 se dió la emigración judía a una escala sin precedentes.

Por otro lado, podemos adoptar un punto de vista igualmente conservador y asumir que los 4.770.647 judíos de 1937 aumentaron en el periodo que va de 1937 a 1957 con la misma tasa de crecimiento que la población americana entre 1940 y 1960. Bajo esta premisa debería de haber 6.500.000 judíos en los EE.UU. en 1957. Si añadimos la razonable cantidad de 300.000 más debido a la inmigración, tendremos 6.800.000 en 1957. Así pues, las cifras para la población judía americana en la postguerra extrapoladas por uno u otro método difieren por lo menos en un millón y medio para 1957.

El fallo más concreto de las cifras para la población hebrea de los EE.UU. estriba en el inexplicáblemente escaso crecimiento dado para el periodo 1937 a 1949 a pesar de la cifra record que alcanzó la emigración judía y de una política de inmigración muy tolerante.

Sin embargo Europa Oriental resulta ser el núcleo del problema demográfico. Para evitar importantes confusiones, primero debemos darnos cuenta de que han habido importantes rectificaciones de las fronteras de Europa del Este a lo largo del siglo XX. La figura 1 muestra un mapa de Europa en vísperas de la Primera Guerra Mundial PGM (1914-18). En la figura 2 aparece un mapa de 1938 mostrando, en esencia, la Europa organizada según el Tratado de Versalles antes de que Hitler comenzase a anexionarse territorios. En la figura 4 se muestra un mapa de la Europa de la postguerra. El principal cambio fronterizo al final de la SGM fué el corrimiento hacia el Oeste de la frontera soviética, anexionándose los tres países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia) y territorios rumanos, checoeslovacos, polacos y Prusia Oriental. A Polonia se la compensó con los restos de Prusia Oriental y lo que se solía tomar por Alemania Oriental; el resultado fué que Polonia se movió hacia el Oeste.

Las estimaciones sobre la población judía de la preguerra (1938) en el Este europeo las da H.S. Linfield y el Comité Judeo-Americano en el Almanaque Mundial (pág. 249) de 1948. Las cifras de la postguerra (1948) se publicaron en el Almanaque Mundial de 1949 (pág. 204):

1938 1948

Bulgaria 48.398 46.500

Hungría 444.567 180.000

Polonia 3.113.900 105.000

Rumania 900.000 430.000

URSS 3.273.047 2.032.500

TOTAL 7.779.912 2.794.000

De este modo, las pretendidas pérdidas judías en la Europa Oriental ascienden a 4.985.912. Para la URSS las cifras incluyen, en ambos casos, los tres países bálticos y a los judíos del Asia soviética. Las cantidades de la preguerra están en todos los casos en estrecho acuerdo con las cifras publicadas por Ruppin poco tiempo antes de la conflagración. Siempre que la leyenda de exterminio se basa en estadísticas de población, lo hace precisamente en éstas o en otras similares.

El problema es que tales números carecen por completo de significado. No hay manera de que un observador occidental compruebe la verosimilitud de esas cifras, dejando aparte la precisión. O está dispuesto a aceptar las pretensiones judías y comunistas (principalmente las últimas) acerca de la población judía en Europa del Este o debe rechazar cualquier número que le den como carente de la más mínima autoridad.

Podemos apoyar nuestra objeción sobre esta importante cuestión, y al mismo tiempo ocuparnos de las que pueda tener el lector. Sería excesivamente descarado pretender la virtual desaparición de la judería polaca si éste no hubiera sido esencial o aproximadamente el caso o si algo así no hubiera pasado. Esta salvedad es correcta, pero hay que recordar que gran parte del territorio considerado polaco en 1939 era ya soviético en 1945. Sería verdaderamente posible que los judíos polacos desaparecieran si durante la ocupación soviética de Polonia Oriental entre 1939-41, los soviets hubieran dispersado a un gran número de éllos por la URSS o si durante el periodo 1941-44 los alemanes los hubieran concentrado hacia el Este, con los soviéticos acogiendo en último término a muchos de éllos en su territorio y con aquéllos que no quisieron permanecer allí emigrando principalmente a Palestina y a los EE.UU. pero algunos también a Polonia y a otros lugares. Esto es de hecho lo que ocurrió con los judíos residentes en Polonia antes de la guerra.

Cualquier cosa que se diga sobre la política judeo-soviética después de, digamos , 1950, deja en claro que los políticas anteriores no fueron antisemitas y que se esforzaron por acoger a los judíos en la URSS. Se sabe que muchos hebreos polacos fueron acogidos durante e inmediatamente después de la guerra, pero es difícil dar cifras.

Reitlinger considera este problema y se queda con 700.000 sin razonar por qué el número exacto no podría ser mucho más alto. Posteriormente observa que las pruebas que emplea acerca de los exterminios de judíos en Rusia (documentos supuestamente alemanes) muestran más o menos el mismo número de hebreos soviéticos exterminados, de lo que acertadamente infiere que en el periodo 1939-46 la población judía soviética pudo realmente aumentar. (11). Esta concesión importante, viniendo del autor de “La solución final”, demuestra que nuestra escasa disposición para aceptar las cifras de los comunistas no necesita tomarse como exclusivamente motivada por las necesidades de nuestras tesis. Los números son indiscutiblemente falsos. Los soviéticos alegan que su población judía decreció en un 38 % a pesar de que su expansión territorial abarcó a muchos hebreos. Desde que la URSS es uno de los países en donde “judío” está legalmente reconocido como nacionalidad, los soviéticos tienen cifras realmente precisas de la cantidad de ellos que albergan, pero prefieren (en la opinión de Reitlinger, si usted decide no aceptar las de este autor) hablar de una disminución legendaria e impensable del 38 %.

Lo mismo ocurre con la credibilidad atribuida al resto de las cifras.

La investigación más relevante hecha por un demógrafo parece ser la de Leszek A.

Kosinski de la Universidad de Alberta (Geographical Review, vol. 59, 1969, págs. 388-402 y Canadian Slavonic Papers, vol. II, 1969, págs. 357-373) que ha estudiado los cambios en toda la composición étnica del Centro y del Este de Europa (salvo en Alemania y Rusia) en el periodo que va de 1930 a 1960. Explica así las dificultades que ofrecen las estadísticas elementales:

“Los criterios utilizados en la recopilación varían de un país a otro y no son siempre precisos. Principalmente se usan dos tipos: criterios objetivos, como el idioma, la filiación cultural y la pertenencia a una religión y criterios subjetivos basados en las propias declaraciones de las personas. Cada uno tiene ventajas e inconvenientes. Los criterios objetivos definen la nacionalidad sólo de manera indirecta y son difíciles de aplicar a casos excepcionales (por ejemplo a personas bilingües). Lo mismo puede objetarse a los criterios subjetivos. Presiones externas y oportunismos pueden influenciar los resultados especialmente donde la conciencia nacional no está enteramente desarrollada y donde una respuesta sincera puede traer consecuencias funestas. Los datos oficiales no son siempre dignos de confianza incluso cuando no han sido falsificados como suele ocurrir.

Sin embargo, el grado de desconfianza de los datos oficiales varía en todos los países y la veracidad está muy relacionada con la política nacional”.

Los judíos son un grupo en el que, por supuesto, Kosinski está interesado y sobre el que ofrece varias cifras por lo general similares a las dadas anteriormente para la cantidad de judíos en la anteguerra. Sin embargo, sus datos para la postguerra son tan inútiles desde este punto de vista que ni siquiera intenta dar números exactos acerca de los judíos aunque da cifras de postguerra para otros grupos, como, por ejemplo, los gitanos, que son estadísticamente menos importantes que los supervivientes hebreos, según los mitólogos del exterminio, en el Este de Europa. Es verdad que él acepta globalmente la leyenda del exterminio y presenta un diagrama de barras mostrando una recesión catastrófica de las poblaciones hebreas de Polonia, Hungría, Rumanía y Checoeslovaquia. También apunta que, los efectos combinados de la guerra produjeron pérdidas entre yugoeslavos, judíos, polacos y alemanes del Este que ascienden a entre 12,5 y 14 millones, y sin comprometerse demasiado, remite al lector al sumario estadístico “Population changes in Europe since 1939” de Gregory (Grzegorz) Frumkin cuyas cifras para los hebreos proceden del Congreso Judío Americano, la organización sionista de Estados Unidos y el Centro de Documentación Judía Contemporánea de París. Sin embargo, el caso es que Kosinski no llega a ningún número en lo tocante a los judíos como en buena lógica no debería, vistos los problemas aducidos. Las cifras para las etnias de la Hungría comunista se basan en el idioma y para la Polonia, Checoeslovaquia y Rumanía también comunistas se basan en la “nacionalidad”, sea lo que sea en los diferentes casos. Naturalmente se disculpa por utilizar “estadísticas oficiales tan imperfectas como éstas lo puedan ser”.

Volveremos al problema demográfico, especialmente en lo concerniente a los hebreos polacos, en el capítulo VII.

También tenemos que recordar que el problema del conteo de judíos en los países occidentales presenta enormes dificultades a juzgar por la falta de cualquier base legal, racial o religiosa con la que definir a un “judío”. Por ejemplo, las estadísticas de las que dispone Reitlinger le señalan que a comienzos de la SGM había 300.000 hebreos en Francia incluyendo a los refugiados judeoalemanes. (12). Los nazis, por otra parte, creían que había 865.000 y no veo motivo para aumentar deliberadamente esta cifra; otras cifras que dieron los nazis no estaban salvajemente infladas como las de otras fuentes. (13).

Debo añadir que no tengo ni idea de los judíos que hay en los EE.UU.. Puedo consultar el Almanaque Mundial que me dirá que hay unos seis millones, pero ignoro cómo se ha llegado a esta cifra y a que inspire cierta confianza. Por lo que yo sé, el verdadero número podría alcanzar fácilmente los nueve millones, y debe haber por lo menos unos cuatro millones solamente en la ciudad de Nueva York y alrededores.

Resumiendo lo dicho acerca de los estadísticas sobre la población judía: el problema para reunir tales estadísticas es enorme, incluso sin interferencias o presiones políticas.

Además, para argumentar que existió una pérdida de cinco o seis millones en la población hebrea mundial, las fuentes y autoridades citadas son comunistas y judías y así, por la misma naturaleza del problema que nos ocupa debemos considerarlas sin valor. Incluso puede demostrarse que las cifras de postguerra para los EE.UU. están también rebajadas en una cantidad significativa.

No debe pensarse que es esencial para mi razonamiento el que ninguna conclusión demográfica sea aceptada por el lector. Sólo se ha planteado la clase de problemas suscitados cuando uno intenta abordar la cuestión desde un punto de vista demográfico demasiado directo, pues no se llega a nada por ese camino y en el análisis final, la dificultad radica en que las cifras resultantes no llegan a ser nada más que alegaciones judías y comunistas de que seis millones de hebreos fueron asesinados. Tales acusaciones son de esperar, pero no deben influirnos a la hora de mirar más alla. Sin embargo nos ocuparemos más tarde de la cuestión demográfica ya que la naturaleza de la cuestión es tal que las conclusiones demográficas razonablemente útiles son posibles una vez que se ha comprendido lo que ocurrió con los judíos en términos generales.

De hecho el estudio demográfico de Rassinier ni siquiera intenta plantear el problema estrictamente hablando. En esencia, trata de analizar las conclusiones ya extraidas de dos grupos de datos: los del Centro de Documentación Judía Contemporánea y los de Hilberg, de los cuales se obtiene una cifra de entre cinco y seis millones de judíos víctimas de los nazis. La conclusión de Rassinier es que del primer caso sólo pueden extraerse 1.485.292 víctimas y del último 896.892. (14). Rassinier acepta como un hecho que cerca de un millón de judíos fueron víctimas de la política nazi, al tiempo que rechaza las acusaciones de exterminio. Por ejemplo, es sabido que algunos pueblos de Europa Oriental se aprovecharon de las condiciones generales políticas y militares para perseguir a los judíos, y también que muchos hebreos deportados de sus casas sin duda perecieron como resultado de la situación caótica que conllevó la última parte de la guerra.

Aceptando que la tarea es imposible no presentaré una estimación concreta de las pérdidas judías, sin embargo, no veo motivos serios para discutir los cálculos de Rassinier.( Como ya se ha dicho, vamos a intentar aquí un enfoque “material” y de un modo secundario iniciaremos uno “histórico político”. Esto sólo es un modo figurado de decir que aceptamos la existencia de dos potencias políticamente implicadas y no sólo una, o sea que tenemos una historia de exterminio y debemos llegar hasta las circunstancias que la originaron. Claramente hay dos naciones implicadas en el problema: Alemania desarrolló una política antijudía que conllevó en muchos casos deportaciones de judíos de sus hogares y de las naciones donde eran ciudadanos. Esto es verdad. La política de Washington durante la guerra consistía en acusaciones de exterminio y durante la postguerra en juicios que aportaron la única evidencia que hoy tenemos; esto es, que esas acusaciones de guerra no tienen ningún fundamento, lo cual también es verdad. Las políticas de ambos estados son necesariamente de interés y bajo ningún aspecto este libro añade algo nuevo al problema, sino que insiste en ver a Washington como parte activa en los orígenes de la historia. Así, no sólo nos interesamos por lo que hicieron Hitler, Himmler, Goering, Goebbels y Heydrich al respecto durante la guerra, sino también lo que hicieron Roosevelt, Hull, Morgenthau, el New York Times y otros medios de comunicación y lo que hicieron tras la guerra varios tribunales controlados o dominados por Washington. Esto no solamente está claro sino más aun; es un modo revelador de abordar la historia.

La conclusión es que Washington montó un fraude sobre las acusaciones de exterminio judío. Una vez reconocido esto, la verdadera naturaleza de la política judía saldrá a la luz.

Antes de revisar los pormenores de la historia debe resaltarse que hay un excelente marco a priori para esperar el fraude. Está, por supuesto, el argumento muy genérico de que la enemistad política de una magnitud tal que desemboca en un conflicto armado entre los dos estados, excluye necesariamente la imparcialidad en la medida en que es necesaria e insustituible para un juicio justo. Los jueces habían buscado hacer carrera política en el contexto de la política interna, hostil a Alemania, de las potencias aliadas y después de los juicios, suponiendo que no hubieran hecho en éstos nada altamente improbable, volverían a dichas carreras. Además, durante varios años sólo habían conocido el punto de vista antialemán y fueron elegidos ad hoc para los tribunales. Tales consideraciones excluyen la más remota imparcialidad.

Sin embargo, hay motivos mucho más específicos para esperar un fraude. Para darse cuenta, sólo hay que considerar supercialmente los hechos relacionados con los numerosos tribunales en cuestión.

Primero tuvo lugar el “gran juicio” del “Tribunal Militar Internacional” (IMT) en Nuremberg, inmediatamente después de la guerra. Aquí se juzgó a los nazis más importantes: Goering, Hess, Ribbentrop et al. y transcurrió entre noviembre de 1945 y octubre de 1946. Los jueces y los fiscales eran americanos, británicos, franceses y rusos.

Y a pesar de todos los tribunales “militares”, no hubo jurado. Resultaron tres absoluciones, siete sentencias de prisión y once penas de muerte. Estas últimas se ejecutaron casi justo después del juicio a excepción de la de Goering que escapó de la horca tragando una cápsula de cianuro potásico poco antes de las ejecuciones. Nunca pudo saberse donde consiguió el veneno o cómo pudo esconderlo por tanto tiempo. La única secuela de este episodio fué que el primer psiquiatra de la prisión de Nuremberg, el Dr. Douglas M. Kelley, una autoridad en el tratamiento con drogas de alteraciones psiquiátricas, publicó poco después un libro, con sus experiencias en Nuremberg, alabando a Goering en su última actuación:

“Soportó tan estoicamente su largo encarcelamiento que pudo desmoralizar al tribunal aliado, e intimidó a los fiscales lo mismo que hicieron ellos…Su suicidio…fué inteligente, incluso brillante, el toque final, terminando el edificio para que los alemanes lo admirasen en tiempos venideros… La Historia bien podrá demostrar que al final Goering triunfó a pesar de ser condenado por el Alto Tribunal de las potencias aliadas”.

Una década después el Dr. Kelley siguió a Goering al tomar una de las numerosas cápsulas de cianuro potásico que tenía, supuestamente “souvenirs” (recuerdos) extraídos del cuerpo de Goering.(15).

El juicio del IMT fué el único que tuvo mucha expectación. Era importante en el sentido de que los aliados se obligaron a una versión determinada de la acusación de exterminio, pero se presentaron pocas evidencias de cualquier clase en relación a éste, pues casi todo fueron testimonios y “affidavits” (*) que los aliados no tuvieron ninguna dificultad en obtener dadas las circunstancias. El único mérito relativo del juicio del IMT, a nuestro entender, es que toda la transcripción y una razonablemente íntegra selección de los documentos probatorios presentados pueden conseguirse fácilmente en muchas bibliotecas (ver referencias) en una enciclopedia de 42 tomos muy completa, así como el índice de nombres.

(*) (Nota del traductor).(Los affidavits eran declaraciones juradas por escrito, obtenidas frecuentemente bajo torturas, amenazas de muerte y de represalias contra la familia del firmante, incluyendo su deportación a la zona de ocupación soviética en Alemania. Estas declaraciones se presentaban como pruebas por la acusación).

Desde 1946 a 1949 los americanos llevaron a cabo una serie de 12 juicios, aparentemente menos importantes, en lo que aquí se llama el Tribunal Militar de Nuremberg (NMT). Se les denominaba de varias maneras de acuerdo con el “número de caso”, el acusado principal o bien con un título más descriptivo:

Caso EE.UU. Descripción Volúmenes número contra del NMT

1 Brandt Caso Médico 1 y 2

2 Milch Caso de Milch 2

3 Alstoetter Caso del Juez 3

4 Pohl Caso de los Campos Conc. 5 y 6

5 Flick Caso Hombres Negocios 6

6 Krauch Caso de IG Farben 7 y 8

7 List Caso de los Rehenes 9

8 Greifelt Caso de la RuSHA 4 y 5

9 Ohlendorf Caso Einsatzgruppen 4

10 Krupp Caso de Krupp 9

11 Weizsaecker Caso Wilhelmstrasse ode los Ministerios 12, 14

12 von Leeb Caso del Alto Mando 10 y 11

De estos juicios salieron varias sentencias de muerte, pero la gran mayoría recibió penas de prisión en muchos casos bastante largas, sin embargo, casi todos estaban libres a comienzos de los años 50.

Los únicos de estos casos de los que nos vamos a ocupar aquí de algún modo son:

el número 1, un juicio contra personal clínico implicado en eutanasia y experimentos médicos; el 4, un juicio contra la administración de un campo de concentración; los casos 6 y 10 que no necesitan explicación; el 8, relacionado con la política alemana de colonización; el 9 (los Einsatzgruppen vigilaban la retaguardia en Rusia) y el 11, un juicio a funcionarios de distintos ministerios. El Gobierno americano publicó una serie de 15 volúmenes que aquí llamaremos serie “NMT” donde pueden encontrarse “sumarios” de los casos junto con “selecciones” muy limitadas de los documentos presentados como prueba. Los números de tomo correspondientes a los diferentes casos están en la tabla anterior.

En este punto, el investigador se halla ante una dificultad seria porque, como se puede ver al consultar a Hilberg y a Reitlinger, casi todas las pruebas de la acusación de exterminio se encuentran en el NMT y no en el IMT. Esto equivale a decir que los documentos importantes, aquellos que, para bien o para mal, constituyen la mejor fuente de datos para escribir cualquier historia de la Alemania nazi, son los de las series NG, NI y NO, y estos documentos fueron presentados como evidencias en los juicios del NMT. La prueba documental es, como ya se ha apuntado, de muchísimo más peso que el testimonio, especialmente en vista de las irregulares circunstancias legales y políticas que prevalecieron. Los documentos probatorios relevantes aportados en el NMT consisten en ciertas clases de materiales que supuestamente apoyan las acusaciones de exterminio:

documentos relacionados con la administración de los campos de concentración, con la construcción de crematorios, con las deportaciones, con operaciones de Farben y Krupp en las que se emplearon prisioneros para el trabajo, con la política judía general del Gobierno alemán, etc…, y por supuesto, no hay evidencia documental directa de un programa de exterminio. Como el Dr. Kubouy, del Centro de Documentación Judía de Tel- Aviv, admitió en 1960 “No hay ningún documento firmado por Hitler, Himmler o Heydrich donde se hable del exterminio de judíos y… la palabra “exterminación” no aparece en la carta de Goering a Heydrich acerca de la solución final de la cuestión judía”. (16).

La dificultad para una persona en circunstancias normales estriba en que sólo una pequeña fracción de los testimonios y documentos del NMT son bastante accesibles en traducción inglesa (en la serie de 15 volúmenes del NMT). Por lo demás, como se verá, no siempre puede confiarse en esas traducciones y además, las citas publicadas se han seleccionado con criterios desconocidos. Finalmente los 15 volúmenes de la serie NMT sólo es posible encontrarlos en ciudades de cierto tamaño.

La situación mejora si uno vive en una ciudad grande puesto que existen en ciertas bibliotecas colecciones de documentos bastante completas junto con las transcripciones taquigrafiadas de los juicios (casi siempre en alemán). Sin embargo, el que dispone de medios normales puede tener problemas en clasificar determinados fragmentos de su interés para un examen y en algunos casos, el estudiarlos incluso en calidad de universitario puede no ser bien visto. Además, en los juicios del NMT no existe ningún índice de nombres o materias (en los volúmenes del NMT aparecen índices de testimonios de testigos con muchos errores).

Los juicios del IMT y del NMT son aquí los únicos significativos. De importancia general son los realizados por los británicos y de ésos, en cualquier caso sólo nos interesen los de Belsen y los del Zyklon B. Los polacos, rusos, franceses, holandeses e italianos han hecho juicios sin importancia salvo para las víctimas. El Gobierno de Bonn ha llevado a cabo algunos de escaso interés, por ejemplo el “Proceso de Auschwitz” en el periodo 1963-65, referidos por Langbein, Laternser y Naumann.

El modo en que se constituyeron el IMT y el NMT puede exponerse lo suficientemente completo para nuestros propósitos. Desde el otoño de 1943, llevaba existiendo una Comisión de Crímenes de Guerra de la Naciones Unidas con sede central en Londres. Sin embargo, en realidad, esta comisión nunca hizo nada a excepción de percatarse de que si algo debía hacerse, habrían de hacerlo los gobiernos aliados a título particular.

Los primeros pasos serios se dieron en los EE.UU.. En agosto de 1944 el Estado Mayor Conjunto consideró un programa propuesto para ocuparse de los crímenes de guerra que habían recibido el visto bueno del fiscal general del Ejército de los EE.UU. El 1 de octubre de 1944 el Estado Mayor aprobó este proyecto y, al mismo tiempo, de acuerdo con las órdenes del secretario de Guerra, fué establecida en el Departamento del Fiscal General una “División de Crímenes de Guerra”. La División de Crímenes de Guerra, encabezada por el general de brigada John M. Weir y el coronel Melvin Purvis como su ayudante, era responsable de tratar todos los asuntos de los crímenes para los departamentos de Estado, de Guerra y de Marina.

La propuesta aprobada por el Estador Mayor no sobrevivió mucho tiempo, pues era de carácter bastante moderado en lo que contemplaba, básicamente, el proceso a personas que violaron en el campo de batalla las leyes de guerra acordadas. Así pues, los delitos cometidos antes de la guerra o los actos de un Estado enemigo contra sus propios ciudadanos no estaban considerados bajo jurisdicción aliada. Del mismo modo, por ejemplo, todas las medidas contra los judíos alemanes se consideraban fuera de la jurisdicción de los previstos juicios por crímenes de guerra. El concepto de crímenes de guerra estaba hasta entonces fuertemente sujeto a las influencias del principio, nunca puesto en entredicho, de que un beligerante puede culpar a soldados enemigos por lo mismo que culparía a sus propios soldados.

El secretario de Guerra Stimson tuvo una audiencia con el presidente Roosevelt el 21 de noviembre de 1944 en el curso de la cual Roosevelt dejó claro que tenía en mente una idea mucho más amplia acerca de los crímenes de guerra y que las propuestas aprobadas por el Estado Mayor eran del todo insatisfactorias. Consiguientemente Roosevelt designó al juez Samuel Rosenman como su representante personal en las conversaciones sobre el problema de los crímenes de guerra, en enero de 1945. Una entrevista el 18 de enero entre Stimson, Rosenman y el procurador general Francis Biddle entre otros, dió como resultado un acuerdo general sobre una mucho mayor ampliación de los criterios para los crímenes de guerra tratados. (17).

Biddle se incorporó tarde a su plaza de juez en el IMT porque Roosevelt le llevó a la conferencia de Yalta, pero en enero de 1945 había escrito que “los principales jefes alemanes son bien conocidos y la prueba de su culpabilidad no ofrecerá serias dificultades”. El “juez” ruso en el IMT, Nikitchenko, fué algo más directo al declarar antes del juicio que, “…nos ocupamos aquí de los criminales de guerra más importantes que ya han sido convictos”. (18).

A comienzos de mayo de 1945 el presidente Truman aprobó una revisión de las propuestas y designó a Robert H. Jackson, un abogado adjunto al Tribunal Supremo, para ser el jefe del Consejo de los EE.UU. en el juicio próximo y también para representar a los EE.UU. en las negociaciones con los gobiernos extranjeros en lo relativo a la organización de los procesos. El 6 de junio de 1945, Jackson presentó un informe interno al presidente y a finales de junio, Jackson y su personal establecieron sedes en Londres donde se hicieron la mayor parte de los trabajos preliminares para el IMT.

Un miembro clave del personal de Jackson en Londres era el coronel Murray C.

Bernays que fué uno de los primeros en vérselas con los problemas de los crímenes de guerra. Graduado en Harvard en 1915, montó un “bufete” de abogacía en Nueva York.

Se le dió en 1942 una comisión del Ejército y en octubre del 43 fué nombrado jefe del Departamento de Proyectos Especiales, División de Intendencia, del Cuartel General del Ejército. Su proyecto más importante en este cargo consistió en trazar los planes para juzgar a criminales de guerra alemanes. Después de cada ronda de negociaciones con la Casa Blanca y con otros organismos, hacía la adecuada revisión de los planes tratados puesto que, de creer su informe, él fué el autor del proyecto que se llevó adelante. De cualquier modo, poco después de su encuentro con Jackson, Bernays fue recompensado con la “Legión del Mérito”. La citación dice en parte así:

“Pronto en darse cuenta de la necesidad de unas bases firmes para tratar el problema de los criminales de guerra y sus crímenes, formuló el concepto básico de tal política y comenzó a tiempo la adecuada acción para asegurar su adopción como el fundamento de una política nacional”.

Bernays volvió a los EE.UU. en noviembre de 1945 e inmediatamente se dió de baja en el Ejército. Puesto que, como hemos visto, había muchas conversaciones a más altos niveles en lo tocante a los planes para crímenes de guerra, es dudoso que alguien tomara en cuenta las propuestas de Bernays, pero sin duda él tuvo mucho que ver en los borradores de dichos planes, ya que sus opiniones acerca de la justicia eran también nuevas. Después de su vuelta a los EE.UU. conversó con algunos periodistas (que le llamaban “el hombre de detrás del martillo”) y en respuesta a preguntas del tipo de “¿Cómo va a pescarse a los peces chicos?” replicó (19):

“Hay una buena cantidad de criminales nazis que van a escapar si no son perseguidos con eficacia. Pero si aceptamos que las SS, por ejemplo, era una organización criminal y que la pertenencia a ella es “per se” indicio de criminalidad, los aliados van a pillar a muchos más criminales en una sola redada. Como usted sabe, mucha gente aquí y en casa no se da cuenta de que somos ahora el Gobierno de Alemania en nuestra zona y no puede haber ningún sistema jurídico que nosotros no aprobemos. Somos la ley. Si quisiéramos, por ejemplo, podríamos juzgar a los alemanes por delitos cometidos hace veinte, treinta o cuarenta años. De todos modos estaremos demasiado ocupados con la cosecha de criminales de guerra como para reparar en los errores del pasado”.

En Londres, Jackson negoció sobre los juicios con los aliados, y su informe interno del 6 de junio pasó a ser la base de los “Acuerdos de Londres” del 8 de agosto, firmados por los EE.UU., Gran Bretaña, Rusia y Francia. El 18 de octubre se abrió un proceso contra 24 individuos y seis organizaciones (las SS, el Cuartel General, etc…) y el juicio comenzó en Nuremberg el 20 de noviembre de 1945. Tres de los defendidos no estuvieron en el juicio. Martin Bormann nunca fué encontrado, Robert Ley se suicidó antes del juicio y Gustav Krupp estaba demasiado viejo y enfermo como para permanecer allí.

La acusación intentó sustituir a Krupp por su hijo, pero ésto era excesivo incluso para aquel tribunal, así que el juicio de Alfred Krupp tuvo que esperar hasta el NMT.

De paso debemos decir que el juez Jackson además de ser el jefe de la acusación americana en el juicio, era también oficialmente la principal personalidad en las negociaciones de Londres acerca de la formulación del sistema legal bajo el cual él debía dirigir el proceso. Una extraña oportunidad para un fiscal y probablemente un precedente del todo impensable en lo tocante a los procedimientos que la gente civilizada creía que en realidad se empleaba en los juicios. Igualmente las características excepcionales de la constitución final del IMT fuera que no se restringió su jurisdicción a los actos relacionados con la guerra sino que alcanzó a toda la existencia del partido nazi, que el cumplir órdenes superiores no era eximente y que la acusación podía obligar a testificar a los acusados.

La División de Crímenes de Guerra creada en 1944 no dejó de funcionar puesto que junto con el proceso del IMT Jackson “consiguió el apoyo y la participación de la División de Crímenes de Guerra del Departamento del Fiscal General”. Además, en los primeros meses del juicio del IMT (y quizá también más tarde) la acusación ordinaria excepto Jackson, estaba “en la nómina del Fiscal General”. (20).

Un papel importante del Departamento del Fiscal General era totalmente lógico en estas circunstancias puesto que dicho departamento era la Oficina Jurídica del Ejército y la maquinaria administrativa básica estadounidense en Alemania nada más acabar la guerra era la del Ejército de los EE.UU.. La misión tradicional del Departamento del Fiscal General consistía en aplicar la justicia militar en consejos de guerra y cosas similares. Sin embargo, durante la SGM las acciones del Departamento del Fiscal General se extendieron a todos los aspectos de lo militar donde había alguna cuestión legal e incluso se vió en pleitos por causa de los contratos de producción de guerra. El fiscal general, general de división Myron C. Cramer, pronunció un discurso en mayo de 1945 en el que declaraba que la persecución y la acusación de los nazis era para someter a la más dura prueba a la División de Crímenes de Guerra y para que el Departamento del Fiscal General, cuyos recursos él había brindado a Jackson, se mostrase más activo. Esto no era, se puede tener por seguro, una promesa vana, ya que el organismo que Cramer dirigía era de mayor relevancia que el de Jackson. En tanto que no se especifique qué hizo exactamente la División de Crímenes de Guerra junto con el IMT, es posible que supervisara la búsqueda y selección de fiscales y abogados defensores junto con su personal, la selección de otros funcionarios, como traductores; y los interrogatorios que hicieran los estadounidenses (es decir, lo principal). Por supuesto, Jackson oficialmente tuvo mucho que ver, pero se puede estar razonablemente seguro de que tales cometidos eran en realidad de la División de Crímenes de Guerra. (21).

Sin embargo, la relación de la División de Crímenes de Guerra con los juicios era mucho más estrecha. Al tiempo que tenían lugar los del IMT y los del NMT, se estaban llevando a cabo otros juicios menores. Entre éstos se encontraban los de Dachau (cerca de Munich y por tanto no lejos de Nuremberg) al personal de algunos campos de concentración (Buchenwald, Flossenburg y Dachau) ocupados por los estadounidenses en Malmédy durante la batalla del Bulge. La División de Crímenes de Guerra supervisó estos juicios. (22). Quizá fueron el episodio más vergonzoso de la Historia de los Estados Unidos.

En Dachau se utilizó todo el repertorio de procedimientos de tercer grado: palizas y patadas brutales hasta el punto de destrozar los testículos en 137 casos, dientes saltados, hambre, celdas de aislamiento, torturas con astillas encendidas y presencia de falsos sacerdotes con el objeto de forzar a los prisioneros a “confesarse”. A los de baja graduación se les aseguraba que los cargos sólo iban dirigidos contra los oficiales de alta graduación y que no tenían absolutamente nada que perder cooperando y haciendo las declaraciones deseadas. Tales “evidencias” se utilizaron después contra ellos de modo que se unieron a sus superiores en el banquillo. A estos últimos se les dijo que “confesando” y cargando sobre ellos mismos la responsabilidad salvarían a sus hombres de ser juzgados. La estratagema favorita cuando el prisionero rehusaba cooperar consistía en preparar un proceso falso. Se conducía al prisionero al interior de una habitación en donde investigadores civiles con uniforme del Ejército de los EE.UU.

estaban sentados en torno a una mesa negra con un crucifijo en el centro y con sólo la luz de dos velas. Este “tribunal” procedía a fingir un juicio al cabo del cual se emitía una falsa condena a muerte. Al “condenado” le era más tarde prometido que si cooperaba con la acusación en facilitar pruebas sería indultado. Algunas veces los encargados de los interrogatorios amenazaban con entregarles prisioneros a los rusos y en muchos casos la familia del prisionero se veía amenazada, si no colaboraba, con la pérdida de la cartilla de racionamiento u otras penalidades.

A diferencia de los juicios falsos, los oficiales eran también en apariencia deliberadamente falseados en lo tocante a lo que debe ser un juicio justo. La mentira empezaba con los “cargos”, que hacían referencia de un modo general a extensas categorías de crímenes supuestamente cometidos en el periodo 1942-45 (en los casos del personal de los campos de concentración) para luego presentar una larga lista de acusados de crímenes en un sentido extremadamente genérico. Crímenes específicos de criminales determinados en fechas concretas nunca fueron parte de la acusación (por ejemplo el documento 3590-PS).

En algunas ocasiones el “abogado defensor” era un estadounidense sin experiencia legal, incapaz de hablar en alemán y los procesos no estaban provistos de intérpretes competentes. La “acusación” también carecía de experiencia legal, lo mismo que el “tribunal” que consistía en 10 oficiales del Ejército estadounidense. Sólo había presente una persona con dicha experiencia, aquél cuyas decisiones acerca de la admisión de pruebas eran definitivas. Se encontraron 1.416 culpables de 1.672 procesados con 420 penas de muerte.

Mientras que el fiscal pudo atrapar testigos en toda Europa y, si era necesario, torturarlos o también coaccionar a alemanes para obtener “pruebas”, los acusados, aislados del mundo exterior y sin dinero, raramente eran capaces de conseguir que alguien les defendiera. Además, la “Asociación de Perseguidos por los Nazis”, gracias a una campaña propagandística, impidió a otros ex reclusos de los campos de concentración testificar para la defensa.

El abogado estadounidense George A. McDonough, que había tenido la muy peculiar experiencia de ser fiscal y defensor en el programa de crímenes de guerra y después miembro de una oficina para revisar los procesos y arbitrar peticiones de clemencia, escribió en 1948 al New York Times quejándose de la ausencia de bases jurídicas para los procesos, subrayándose que “en nueve de cada diez casos tanto las autoridades como los libros de texto no tenían respuesta” para las cuestiones legales que frecuentemente y de modo persistente surgen ante cualquiera en verdad preocupado por la legalidad. Para McDonough, el mayor problema era si el obedecer órdenes superiores debe o no aceptarse en juicios por crímenes de guerra. Sobre el proceso de Dachau escribió:

“En los juicios de Dachau, la protesta del acusado de que él mismo hubiera sido fusilado si no hubiese obedecido la orden de su superior para hacer algo que él, ignorante, pudo haber creído que era legal o sabido que no lo era, parecía ser tomado por los tribunales como una conclusión fáctica. La posibilidad de defenderse de esta manera parecía depender de la edad y la graduación del acusado y de la situación de la batalla en el momento del delito. Parecería de nuevo un proceso arbitrario dar a conocer a un hombre una acción como ilegal cuando la autoridad internacional no se pone deacuerdo sobre la ilegalidad o nunca se ha definido sobre ello.

…se rumorea que las pruebas eran admitidas indiscriminadamente y que declaraciones juradas de testigos eran lícitas prescindiendo de si alguien conocía a la persona que hizo la declaración o a quien la tomaba. Si un fiscal consideraba la declaración de un testigo más dañina que su testimonio oral ante el tribunal, recomendaba al testigo que volviese a casa, presentándola como prueba, y cualquier objeción del abogado defensor era inmediatamente rechazada”.

Una anécdota significativa sucedió cuando el investigador Joseph Kirschbaum llevó ante el tribunal a un tal Einstein para que testificara que el acusado Menzel había asesinado al hermano de Einstein. Cuando el acusado pudo indicar que el hermano estaba vivo, gozaba de buena salud y estaba, de hecho, sentado ante el tribunal, Kirschbaum se sintió muy avergonzado e increpó al pobre Einstein: “¿Cómo vamos a mandar a este cerdo a la horca si eres lo bastante estúpido como para traer a tu hermano al tribunal?”.

Los mandos competentes del Ejército americano reconocieron algunas de estas cosas. Cuando el jefe de la Administración de la División de Crímenes de Guerra en Dachau, el coronel A.H. Rosenfeld, dejó su puesto en 1948 un periodista le preguntó si había algo de verdad en las historias sobre juicios fingidos en los que se emitían falsas sentencias de muerte, y replicó: “Sí, claro. No podíamos haber hecho hablar a esos pájaros de otro modo…Fué una trampa y funcionó como un hechizo”. (23).

Los acusados de Malmédy habían tenido un abogado defensor competente, el teniente coronel Willis M. Everett Jr.. Fueron las repetidas apelaciones de Everett a, entre otros, el Tribunal Supremo de los EE.UU., además de un coro de protestas de religiosos alemanes y ciertos detalles de lo que estaba ocurriendo que consiguieron llegar a la prensa por varios caminos, lo que convenció al gobernador militar de los EE.UU., general Lucius D. Clay para solicitar una investigación sobre los juicios de Dachau. El 29 de julio de 1948 el secretario del Ejército designó una comisión compuesta de dos jueces estadounidenses, Gordon Simpson de Texas y Edward Van Roden de Pennsylvania, ambos coroneles en la reserva del Departamento del Fiscal General. El teniente coronel Charles Lawrence Jr. fué asistente. La comisión presentó su informe al secretario del Ejército en octubre de 1948 y se publicaron fragmentos seleccionados en enero de 1949.

Posteriores aclaraciones públicas de Van Roden y también, hasta cierto punto, de Simpson, además de una investigación independiente de un consejo encargado de la revisión que Clay ordenó, aclararon definitivamente todo el asunto hasta el punto de que los defensores en los juicios sólo tuvieron que discutir el número de prisioneros alemanes objeto de malos tratos. El consejo que hizo la revisión confirmó todo lo que dijo Van Roden excepción hecha de la frecuencia en los malos tratos.(24). Extrañamente Clay niega la existencia de dichas brutalidades en su libro “Decisión en Alemania”, pero le contradice la comisión que él mismo creó.

Los procesos llamaron mucho la atención a lo largo de 1949 especialmente el de Malmédy, y un subcomité encabezado por el senador Baldwin dirigió una investigación. Un testigo que había sido cronista del tribunal en los juicios de Dachau declaró que estaba tan asqueado de lo que allí había ocurrido que dejó su trabajo. Dijo que los “más brutales” habían sido el teniente Perl, Frank Steiner y Harry W. Thon. Explicó que tanto Perl como su mujer habían estado en un campo de concentración nazi y que éstos habían matado a la madre de Steiner. El juez Gordon Simpson (a diferencia de Van Roden que trataba de interpretar de la mejor manera, incluso cuando estaban tergiversados, los lamentables hechos que iban apareciendo) concedió que este era lo más seguro “un mal equipo” y explicó que los intérpretes y el poco alemán que hablaban los abogados estadounidenses habían obligado al Ejército a “engatusar a algunos de los refugiados alemanes”. Steiner, Kirschbaum y Thon (más tarde jefe de la Sección de Evaluación de la División de la Administración Civil del Gobierno Militar Americano)

aparecieron después negándolo todo, pero temblaron ante el testimonio del investigador Bruno Jacob que reconoció algunos hechos. Los investigadores Dwight Fanton y Morris Elowitz negaron también todo en la prensa y el coronel Rosenfeld también negó casi todo, pero acusó al teniente coronel Harold D. McGown, comandante de los soldados estadounidenses masacrados en Malmédy, de haber confraternizado con el coronel SS Joachim Peiper, el jefe alemán, y que esto explicaba por qué McGown había aparecido en Dachau como testigo para la defensa y había declarado que Peiper estuvo en conversaciones con él y que fué responsable de que un cierto número de estadounidenses se salvaran. Como prueba de dicha amistad, Rosenfeld dijo que McGown y Peiper habían sido “del todo demasiado amigos en esas noches que pasaron conversando juntos” y que cuando Peiper y sus hombres más tarde pudieron escapar a la trampa del Ejército estadounidense, “McGown estuvo de su parte”. Por supuesto, McGown era el prisionero de Peiper (25).

Naturalmente podrá discutirse que esos “juicios” de pesadilla de Dachau tienen poco que ver con lo que nos ocupa porque las normas seguidas en los juicios de Nuremberg no eran comparables y porque los que sostienen la leyenda del exterminio no citan ninguna “prueba” de las presentadas en esos procesos. Esto es en parte verdad: la brutalidad y la coerción no fueron tan frecuentes en el principal juicio de Nuremberg como lo fueron en los de Dachau y los exterminios en masa no se pusieron tan de relieve (aunque las cámaras de gas aparecieron en los testimonios de vez en cuando). Sin embargo los juicios de Dachau no pueden desecharse tan fácilmente porque la oficina que los administraba, la División de Crímenes de Guerra, estaba fuertemente implicada en los juicios de Nuremberg, como ya hemos señalado y como vamos a confirmar dentro de poco con una cuestión bastante chocante. Además, la coerción sí que fué empleada en Nuremberg para obtener pruebas, pero esto se verá en un capítulo posterior.

Ninguna de las cuatro potencias estaba contenta con los resultados del IMT y tras el “gran juicio” llevaron a cabo por separado la clase de procesos que quisieron. Los juicios de los británicos son de un interés general, pero para nosotros, sobre puntos de relativamente menor importancia. El único gran juicio de los franceses fué al magnate de la industria del Sarre, Hermann Roechling, a quien ya juzgaron “in absentia” al final de la PGM. Organizados por el NMT americano, los juicios empezaron en realidad en 1945 y en marzo del 46 una dependencia de la oficina de Jackson, encabezada por Telford Taylor, se creó para este propósito.

Es importante decir que en todos esos juicios de nazis, desde el IMT pasando por el “proceso” a Eichmann de 1961 (en el que no se permitieron testigos a la defensa) hasta el de Auschwitz del periodo 1963-65 (en el que el Gobierno de Bonn no permitió asistir a Rassinier como observador) los abogados defensores no eran secundados por ayudantes experimentados en la investigación por estudiar los documentos y además, casi todos los documentos a los que tenían acceso estaban bajo control del fiscal. (26). Cualquiera que sea el resultado legal, esta situación puede producir una imagen tergiversada de la historia sino rayana con el excepticismo.

Bajo el esquema jurídico de la ocupación, hubo importantes restricciones en el NMT y los tribunales nacionales:

“La determinación del Tribunal Internacional Militar en dictaminar…que las invasiones, actos y guerras de agresión, crímenes, atrocidades y hechos inhumanos se planearon u ocurrieron, deberá ser común a los tribunales aquí establecidos y no será puesto en duda excepto en la medida que el conocimiento de ellos o la participación en ellos de una determinada persona pueda interesar. Las declaraciones ante el Tribunal Internacional Militar…

constituyen prueba de los citados hechos en ausencia de evidencias sólidas de lo contrario”.

Dos organizaciones diferentes, administrativamente hablando, funcionaron en el NMT. Una era el conjunto de “Tribunales Militares”, los fiscales, coordinados a través de un Secretariado encabezado por un secretario general. Los fiscales eran reclutados en los EE.UU. “por el Departamento del Ejército” y había tres o más fiscales por cada proceso.

La segunda organización era la Oficina del Jefe del Consejo de Crímenes de Guerra (Telford Taylor) que nació el 24 de octubre de 1946, justo después de que Ribbentrop et al. fueran ejecutados, e hizo su primera acusación al día siguiente. Aunque había una pequeña diferencia en sus cargos, Taylor, que había estado asociado al Consejo del proceso del IMT, era en realidad el sucesor de Jackson en los juicios que se estaban llevando a cabo en el Juzgado de Nuremberg. (27).

En esta obra hablaremos mucho de los juicios del IMT. Sin embargo, el lector puede captar gran parte del espíritu de estos procedimientos hasta por las declaraciones de algunos fiscales estadounidenses designados por el Ejército de los EE.UU. para servir en Nuremberg. Comprensiblemente, esas personas son reacias, en buena lógica, a hablar en público en contra de lo que vieron. Así pues, los comentarios de uno de los fiscales del proceso a Farben, donde había “demasiados judíos entre los acusadores”, fueron expresamente insinuados en privado a la acusación para que no se hicieran públicos. Sin embargo, el juez presidente del caso 7 (contra los generales alemanes por presunto asesinato de rehenes) Charles F. Wennerstrum habló pública y forzosamente justo después de pronunciar la sentencia. (28):

“…Si yo hubiera sabido hace siete meses lo que sé ahora nunca habría venido aquí. Obviamente, la victoria en una guerra cualquiera no es el mejor juez de las culpas de crímenes de guerra. Se diga lo que se quiera es imposible convencer a la defensa, a su consejo y a todo su pueblo de que el tribunal trata de representar más bien a la Humanidad entera que al país que designó a sus miembros. Lo que he dicho acerca del carácter nacionalista de los tribunales es válido para la acusación. Los elevados ideales que se dijeron que motivaban la creación de estos tribunales no se ven por ningún lado. El fiscal no ha logrado mantener por convicción la objetividad lejos de la venganza y de las ambiciones personales. No ha conseguido esforzarse en sentar los precedentes que pueden ayudar al mundo a evitar nuevas guerras.

Nada de esta atmósfera es saludable. Se necesitaban lingüistas. Los estadounidenses son claramente malos lingüistas. Se emplearon abogados, escribientes, intérpretes e investigadores que son estadounidenses hace sólo pocos años y cuyos antecedentes están embebidos de los odios y prejuicios europeos.

Los juicios tenían que haber convencido a los alemanes de la culpabilidad de sus líderes y sólo les han convencido de que sus jefes perdieron la guerra ante un conquistador tenaz.

La mayor parte de la evidencia en los juicios era documental, seleccionada entre las numerosas toneladas de archivos capturados. La selección la hizo la acusación y la defensa sólo tuvo acceso a aquellos documentos que la acusación consideraba relativos al caso.

Nuestro tribunal introdujo una norma de procedimiento según la cual, cuando la acusación presentará un estracto de un documento, todo él debería ser accesible a la defensa para presentarlo como evidencia. La acusación protestó duramente. El general Taylor intentó convocar una reunión de jueces presidentes fuera del tribunal para rescindir esta norma. No fué la actitud de un funcionario consciente del tribunal que busca la plena justicia.

Igualmente ajenos al sentido estadounidense de la justicia son la confianza de la acusación en las declaraciones de parte hechas por los acusados que llevaban prisioneros más de dos años y medio, y los repetidos interrogatorios a espaldas del jurado. Dos años y medio de confinamiento es de por sí una manera de encierro. La falta de apelaciones me indujo a sentir que se estaba negando a la justicia. …Usted debería ir a Nuremberg. Vería un Palacio de Justicia en donde el 90 % de la gente tiene intereses en la acusación. …El pueblo alemán debe ser mejor informado acerca de los juicios y los acusados alemanes deben tener el derecho de apelar a la ONU…”.

Irónicamente, la validez del ataque de Wennerstrum al bajo o inexistente nivel de integridad mantenido por la acusación de Nuremberg se vió confirmada incluso por la naturaleza de la reacción de Telford Taylor a las declaraciones de Wennerstrum, hechas en Nuremberg presuntamente en privado para su publicación en el Chicago Tribune. El reportero del Tribune, Hal Foust envió un mensaje a Berlín para que fuera transmitido a los EE.UU. por un canal de radio que se suponía a prueba de espías. Sin embargo, la acusación, valiéndose a primera vista de una treta, intentó obtener una copia del mensaje. Ernest C. Deane, jefe de prensa de Taylor, telefoneó inmediatamente a Foust para intentar “impedirle mandar el mensaje”. Pero la historia ya había sido enviada y Foust replicó que “Taylor no podía tener conocimiento expreso del artículo hasta su publicación”. Taylor por consiguiente preparó una réplica a los comentarios de Wennerstrum de modo que se hizo pública antes de que el Tribune sacara el de Foust con los ataques de Wennerstrum. Taylor acusaba al juez de comentarios “subversivos para la política y los intereses de los EE.UU”, entre otras cosas, y Wennerstrum, a su llegada a los EE.UU. justo después de que se publicara la réplica de Taylor y la historia del Tribune, no se desdijo de sus afirmaciones y criticó de nuevo a Taylor.

Este incidente fué uno de los notables casos de “espionaje del Gobierno” del año 1948. El Ejército decretó una orden contra este tipo de espionaje y se especuló mucho con que Taylor fuera sometido a consejo de guerra. Cuando los periodistas preguntaron a Taylor su opinión acerca de la legalidad de lo que hizo, el diálogo fué el siguiente:

“- No sé si fué legal o no. – Replicó. – ¿No fué usted consejero general de la Comisión Federal de Comunicaciones durante dos años, antes de recibir un cargo en el Ejército?. – Sí, pero no sé qué tiene esto que ver con ello”.

Taylor rehusó firmemente dar una opinión sobre la legalidad de su acción, pero…

“Fuera de escena estaba tan contento consigo mismo como el oficial de campo…que nunca fué…que acaba de ajustar las cuentas al enemigo, mediante una trampa que incumpla las reglas de la guerra tal y como decía la convención de Ginebra de 1907 “.

La cita es de la historia de Hal Foust sobre la conferencia de prensa de Taylor. Foust se quejaba de que ésta era la segunda vez que el Ejército interfería sus mensajes al periódico y que la primera vez le habían pescado para interrogarle tras haber enviado las noticias.

Naturalmente , en nuestro examen de los juicios de Nuremberg resulta interesante saber quién supervisaba los procedimientos del NMT. Pro forma, Taylor lo hizo en casi todas las ocasiones, excepto en designar a los fiscales, puesto que las responsabilidades formales del jefe del Consejo no estaban limitadas simplemente a la acusación en los procesos. Su oficina también se encargaba de decidir a quién debía juzgarse y a quién no (no había procesos separados para las acusaciones formuladas, como en un gran jurado):

de qué iba a acusarse a los inculpados y cómo se iba a disponer de los que no lo eran.

La oficina también se hacía cargo de las funciones del personal de Nuremberg y por tanto podemos aceptar que dicha oficina se hacía cargo, al menos formalmente , del (numeroso) personal de Nuremberg en sí. Por tanto, la oficina era responsable de los interrogatorios, así como del trabajo sobre el terreno, del examen de documentos, de informar al tribunal y de los traductores e intérpretes. (29)

Hemos dado motivos por los que era de esperar que el personal de Nuremberg estuviera bajo el control efectivo de la División de Crímenes de Guerra y dentro de poco veremos que, cuales quiera que fuesen los poderes oficiales de Taylor, su verdadero cometido no hace suponer que de algún modo dirigiese el Juzgado de Nuremberg. La División de Crímenes de Guerra, aunque lejos de Washington, persiste en nuestras consideraciones sobre los juicios de Nuremberg.

El 12 de junio de 1948 los periódicos estadounidenses anunciaban que el oficial del Ejército de los EE.UU., coronel David “Mickey” Marcus, graduado en West Point y actuando bajo el alias “Mickey Stone”, había muerto en servicio mientras desempeñaba el cargo de jefe supremo del sector de Jerusalén, en la guerra árabe-israelí por el control de Palestina (realmente a Marcus le dispararon por error sus propios centinelas). El New York Times resumía así su carrera. Había sido comisionado de Correcciones en Nueva York antes de la guerra y como oficial del Ejército colaboró en el borrador de los términos de la rendición de Italia y Alemania. Fué ayudante legal en la conferencia de Postdam (verano de 1945) después de la cual, a juzgar solamente por el laudatorio artículo del NY Times, su carrera terminó, ya que no se nos dice que Marcus desarrollase otra actividad hasta que se une al Haganah en Palestina en enero de 1948, visita los EE.UU. en abril recibiendo una medalla en el curso de una ceremonia en la Embajada británica en Washington (probablemente una tapadera para las negociaciones de los pormenores de la rendición británica final) y entonces regresa a Palestina, después de tres semanas, para asumir el mando de Jerusalén. El único indicio que tenemos de alguna actividad en el periodo de agosto del 45 a enero del 48 es una noticia del Daily Telegraph del 24 de junio según la cual:

“Él era en el momento de su muerte coronel numerario de la Oficina del Fiscal General de la Reserva Organizada de Oficiales…Aunque sin estar sujeto a la disciplina militar se mostró de acuerdo en permanecer listo para actuar”.

En realidad, Marcus había sido el sucesor de Weir como jefe de la División de Crímenes de Guerra. Inmediatamente después de la guerra fué “el tercer hombre de la política estadounidense” en la Alemania ocupada, pero se le relevó de su cargo a comienzos de 1946 para hacerse cargo del asunto de los crímenes de guerra. Su designación se hizo efectiva como tal, el 18 de febrero de 1946, pero pasó unos meses en Japón después de abandonar Alemania y más tarde, en junio, marchó a la oficina de la DCG en Washington. Fué jefe de la DCG hasta abril de 1947 cuando se retiró del Ejército y volvió a ejercer como abogado privado. (30).

Nuestras aclaraciones anteriores sugieren lógicamente que era en realidad la DCG la que llevaba a cabo las funciones más importantes relacionadas con el NMT: Este es el caso, como aparece claramente en una lectura atenta del informe final oficial de Taylor en los juicios del NMT, aunque allí no se puso de relieve (31). El hecho se ve confirmado por un libro esclarecedor de Josiah E. DuBois que encabezó la acusación del NMT en el caso IG Farben y por otro libro de Berkman que aporta alguna información superficial sobre la carrera de Marcus. (32).

Marcus fué nombrado jefe de la DCG en primer lugar para “afrontar la mastodóntica tarea de escoger cientos de jueces, fiscales y abogados” para el NMT y para los juicios del Lejano Oriente (en Tokyo). En diciembre de 1946 DuBois fué enviado a la oficina de Marcus en Washington para discutir la posibilidad de que aquél llevara la acusación contra los principales directivos de las enormes industrias químicas alemanas IG Farben. DuBois no se decidió, así que habló con Marcus en profundidad a cerca de los problemas que surgirían; uno de los principales era si había o no suficientes pruebas para acusar a Farben de conspiración para la “guerra de agresión” y si las había, las posibles repercusiones política que pudiera suscitar. Discutieran las ventajas generales de llevar a juicio a los hombres de Farben y Marcus señaló que un juicio podía demostrar cómo Farben se ocupaba de desarrollar determinado armamento en un secreto total. Si salían libres, podían empezar a trabajar para los rusos. Marcus demostró un gran conocimiento de Farben e indicó que había un “almacén lleno” de archivos de Farben en las cercanías de Alexandría (Virginia); un hecho del cual DuBois se olvidó hasta que más tarde los acontecimientos le obligaron a presentar un acta sobre ello durante las investigaciones preliminares del juicio.

Llegaron lo suficientemente lejos en dicha investigación preliminar y Marcus dijo: “En lo que a mi respecta podrías ir allí todo el tiempo que quisieras”. DuBois objetó que necesitaría unos cuatro meses a lo que Marcus replicó: “No tengo nada que oponer a eso. Unos días después de que vuelvas a casa, debes telegrafiar con el visto bueno de Telford Taylor”.

Por supuesto, Taylor estaba en Europa como jefe del Consejo y DuBois hace constar sus actividades en relación con el juicio de Farben. Taylor respondió favorablemente a la sugerencia de un miembro del Consejo de que DuBois (bajo el cual dicho miembro había trabajado en el Departamento del Tesoro durante la guerra) fuera nombrado acusador de Farben. Mandó la recomendación a Washington y posteriormente DuBois obtuvo el cargo. Éste planeó ver a Taylor para conseguir su aprobación para agregar un nuevo hombre, especificado por él mismo, a la acusación obteniendo dicha aprobación y Taylor fué a París para abogar ante el Gabinete francés para extraditar a un hombre clave de Farben. Taylor declaró públicamente en el juicio de Farben y luego desapareció del proceso, no teniendo nada que ver en la investigación preliminar del juicio o con la formulación de determinados cargos hecha por el fiscal.

Todo esto sugiere claramente que el papel de Taylor era de relaciones públicas y que no tenía mucho que ver con los pormenores del desarrollo de los juicios que oficialmente eran de su responsabilidad. Alguien o algunos pudieron haber ejercido una responsabilidad fáctica pues tales situaciones son frecuentes en operaciones a gran escala. Los hechos demuestran que los verdaderos organizadores de los juicios del NMT no estaban tan a la vista como Taylor y posiblemente la intención era que Taylor actuara como fachada. Sin duda Marcus, como jefe de la DCG, ejerció un control efectivo sobre gran parte del personal de Nuremberg y eligió a los fiscales y abogados para los juicios (con sólo un puñado de excepciones). El libro de Dubois muestra cómo Taylor no se vio profesionalmente envuelto en los juicios así que la conclusión necesaria es que las fuerzas más importantes del departamento de Taylor eran en realidad manejadas por la DCG o por subordinados de Taylor. Examinando los principales personajes de este último grupo encontramos a Robert M.W. Kempner, sobre el que hablaremos en el capítulo V.

Marcus parece haber tenido una importancia real desmedida en relación a su simple grado de coronel, ya que se nos dijo que durante la guerra causó una “impresión favorable en Franklin D. Roosevelt…él fué una de las manos anónimas que manejaban entre bastidores la política estadounidense”. Un hombre cuya trayectoria estuvo claramente entrelazada con la de Marcus era el general J.H. Hilldring, que mandaba la División de Asuntos Civiles del Ejército (DACE) en la que estuvo Marcus en 1943. La DACE fué creada en 1943 en el Estado Mayor para anticiparse a la necesidad de un grupo encargado de la política a seguir en los territorios ocupados. Se pensó que Fiorello LaGuardia iba a dirigir la DACE pero, al final, recayó en Hilldring. Marcus fué miembro y más tarde jefe de la División de Planificación de la DACE. Como consecuencia de ocupar este cargo, fué designado para el Gobierno Militar de Alemania. Fué Hilldring quien, varios meses más tarde le retiró de su cargo en el Gobierno Militar y le asignó a la DCG (que fué transferido del Departamento del Fiscal General a la DACE el 4 de marzo de 1946).

Entonces Hilldring pasó al Departamento de Estado en calidad de delegado del secretario de Estado para los Problemas de las Areas Ocupadas; y como tal, encabezó un secretariado que coordinaba la política de los departamentos del Ejército, de la Marina y de Estado en Alemania. En septiembre de 1947 dejó el Departamento de Estado y se hizo consejero de la delegación de los EE.UU. en las Naciones Unidas, donde estaba teniendo lugar la batalla diplomática entre árabes y sionistas. Hilldring “fué un punto fuerte desde el principio …como contacto informativo con los representantes judíos” y “conversaba a menudo con los estrategas sionistas”. Más o menos cuando Marcus fué nombrado jefe supremo en Jerusalén, Hilldring fué devuelto al Departamento de Estado en calidad de ayudante del secretario de Estado en Palestina. Fuentes sionistas alardearon de que los nombramientos de las Naciones Unidas y del Departamento de Estado fueron producto directo del “Lobby” sionista. (33). Vaya pareja Marcus y Hilldring.

El cubrir una vacante en la DCG con un sionista fanático, el “primer soldado que desde los tiempos bíblicos obtiene el grado de general en el Ejército de Israel”, no es importante solamente por saber lo que pudieran hacer los sionistas en ese cargo, sino también por revelarnos la naturaleza de las únicas fuerzas políticas que operaban en los juicios. Esta es la cuestión importante. En verdad, no es posible imaginar un nombramiento que hiciera estos procesos más sospechosos.

En tales condiciones resulta tonto esperar algo que no sean unos “juicios”

fraudulentos. La subyacente estafa del “exterminio” será tratada en estas páginas con absoluta claridad.

La presente obra está escrita para gente ya entereda de la parte europea de la SGM y de los años precedentes. No tenemos intención de estudiar la índole del Estado nazi, ni el papel de Goering, Himmler, Goebbels, etc… ni de las medidas adoptadas contra los judíos antes de la guerra a excepción de aquellos asuntos que se tocan circunstancialmente aquí y allá. Los acontecimientos más importantes y las fechas aproximadas de los hechos de guerra son previsiblemente conocidas por el lector.

Cuando los alemanes dominaban Europa, ésta no estaba constituida según lo acordado en el Tratado de Versalles. La figura 3 muestra un mapa de Europa tal y como era en el otoño de 1942 en el apogeo del poder hitleriano. Alemania se había anexionado Austria, Alsacia-Lorena, parte de Checoeslovaquia y una buena parte de Polonia (esencialmente lo arrebatado tras la PGM). La parte polaca que quedaba era un “Gobierno General” y tenía el estatus de una provincia gobernada por los alemanes al igual que los tres estados bálticos de Lituania, Estonia y Letonia. En idéntica situación estaban la Rusia Blanca, Ucrania, Bohemia-Moravia (anteriormente Checoeslovaquia Occidental) y Banat (durante mucho tiempo, territorio húngaro habitado por alemanes). La zona oriental de Checoeslovaquia pasó a ser el Estado Independiente de Eslovaquia y Yugoeslavia fué organizada en Croacia y Serbia, de acuerdo con las dos mayores nacionalidades de las cinco que componían Yugoeslavia. Italia también interesada en esta zona de Europa, controlaba Albania y compartía la influencia con su aliado alemán en los países colindantes. Finlandia, Hungría, Rumanía y Bulgaria eran también aliados de Alemania y las Waffen SS (unidades regulares de las SS) reclutaron tropas por toda Europa especialmente en los estados bálticos, Ucrania, Escandinavia, Holanda y Bélgica.

Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica y gran parte de Francia fueron ocupadas por los alemanes y Suecia, Suiza, España y Portugal permanecieron neutrales durante la guerra.

Es conveniente aclarar ahora algunas cosas acerca de las SS, una extraña burocracia responsable de una inverosímil combinación de funciones. Solamente tres de ellas; la seguridad, la administración de los campos de concentración y la política de asentamientos, tienen que ver con nuestro estudio.

El departamento mejor conocido de las SS era la RSHA (Oficina Central de la Seguridad del Reich) que abarcaba la Gestapo (Policía Secreta del Estado, mandada por el teniente general SS Mueller), la SD (Servicio de Seguridad mandado por el teniente general SS Schellenberg), la Kripo (Policía Criminal, mandada por los tenientes generales SS Nebe y después Panzinger) así como otros servicios. El primer jefe de la RSHA había sido el general SS Reinhard Heydrich, un ambicioso y despiadado joven cuyos métodos le valieron muchos enemigos.

Desde que Roehm fué depurado en 1934 la ambición intrínseca de las SS en cuestiones militares había originado un conflicto creciente con la milicia regular establecida, la Wehrmacht, y Heydrich no fué el que utilizó los métodos más delicados para proseguir el conflicto. En 1938 había forzado la dimisión del ministro de Guerra, general Blomberg, demostrando que su nueva esposa había sido una prostituta. El lógico sucesor de Blomberg era el general von Fritsch por lo que Heydrich incriminó a éste alegando homosexualidad bajo falso juramento. Aunque von Fritsch fué exonerado, su carrera había sido arruinada y albergó resentimientos contra Heydrich.

Las SS tenían un segundo motivo para rivalizar con el Ejército oficial: los servicios de inteligencia alemanes eran la Abwehr, la inteligencia militar alemana, encargada del Alto Mando del Ejército y dirigida, desde 1935, por el almirante Wilhelm Canaris, y el SD, el brazo político de la inteligencia, responsable ante Heydrich y Himmler. Ya que no había una separación clara entre ambas clases de servicios de inteligencia, Canaris y Himmler se hicieron rivales de modo inevitable. Heydrich parece haber intentado ser condescendiente con Canaris, por lo menos al principio. Esto pudo deberse a los mismos antecedentes de Heydrich como oficial de inteligencia en la Marina durante los años 20, a las órdenes de Canaris, siendo instruido por él e incluso visitando su casa con frecuencia.

Más significativamente, el almirante era un traidor, lo cual constituye uno de los aterradores misterios de la SGM. Durante la guerra e incluso antes (estaba en contacto con Churchill en 1938) Canaris traicionaba a Alemania a cada momento. Un oficial británico explicó el papel de Canaris de la manera más escueta: “Tuvimos al almirante Canaris”. Sus motivaciones siguen siendo tan misteriosas como su personalidad y su pasado. Ian Colvin, una de las autoridades en operaciones de espionaje durante la SGM escribió un libro entero sobre Canaris y no consiguió llegar a nada:

“Los lectores tendrán que juzgar por sí mismos si el almirante Wilhelm Canaris fué un patriota alemán o un espía británico, un hombre de Estado europeo o un intrigante cosmopolita, un agente doble, un oportunista o un profeta. No les será fácil aclarar sus ideas”.

Puede ser importante que el hombre a quien Colvin, en su libro de 1951, identificó como uno de los “amigos íntimos” de Canaris, Otto John, el hombre de la Abwehr en la, a todas luces, importante capital neutral de Lisboa durante la SGM, pasó a ser jefe de la Seguridad del Estado del Gobierno de Bonn y más tarde, en 1956, descubierto como agente soviético. (34)

El caso de Canaris se confunde a veces al mezclarse con los que participaron en el fallido golpe de Estado del 20 de julio de 1944. Esto es un tremendo error, puesto que Canaris traicionó a Alemania por todos sus medios mientras que los del 20 de julio sólo traicionaron a Hitler y nunca habrían traicionado a Alemania. Ningún inglés podría haber dicho sinceramente tras la guerra “tuvimos a Erwin Rommel”. Lo más que uno puede decir sobre las implicaciones de Canaris es que sin duda conocía la conspiración en sus inicios y naturalmente dió a sus miembros la impresión de que estaba con ellos. Canaris era un experto en tal clase de engaños.

Volviendo a Heydrich, su gran ambición le llevó a ser designado protector de Bohemia-Moravia a fines de 1941; estaba así empezando a mirar por encima de su superior, el Reichsführer SS Heinrich Himmler. También podría ser interesante especular con la posibilidad de que por entonces Heydrich pudiera haber empezado a conocer el juego de Canaris, pues como jefe de la RSHA y ex ayudante de Canaris, nadie estaba mejor situado y motivado que Heydrich para penetrar en el secreto de aquél. Cuando uno considera el largo antagonismo con el Ejército, se da cuenta de que Heydrich, a comienzos de 1942, se había creado en Alemania gran número de enemigos peligrosos.

Es así comprensible que en este momento de la carrera de Heydrich, los ingleses, se dice que accidentalmente, le eliminaron en mayo de 1942 dejando caer a dos asesinos del cielo. De acuerdo con el típico desarrollo de los crímenes políticos (por ejemplo los de A.

Lincoln y John Fitzgerald Kennedy) se dijo que los presuntos asesinos murieron antes de poder hablar.

Con un nombramiento que causó asombro general, Heydrich fué sustituido a principios de 1943 por el relativamente obscuro y mucho menos ambicioso Dr. Ernst Kaltenbrunner. Claramente deseoso de evitar situaciones como las que se dieron con Heydrich, Himmler obtuvo un control bastante más directo sobre la Gestapo y la SD que el que había tenido anteriormente. Sin embargo ambos departamentos siguieron siendo responsables ante el jefe de la RSHA, ahora Kaltenbrunner. Himmler también encomendó a Kaltenbrunner una tarea especial: reelaborar el servicio de inteligencia de la SD. Esta decisión fué especialmente oportuna por parte de Himmler ya que Canaris fué depuesto (sin ser descubierto del todo) en febrero de 1944 y por un decreto especial de Hitler, todos los servicios de inteligencia políticos y militares pasaban a la RSHA, unificando así toda la inteligencia bajo el mando de jefe de la SD Schellenberg. Canaris fué arrestado tras el intento del 20 de julio y ejecutado poco antes de acabar la guerra.

La administración de los campos de concentración estaba bajo la WVHA, la Oficina Central Económico Administrativa, dirigida por el general SS Oswald Pohl. Como su nombre indica, la WVHA se ocupaba de la parte económica de las SS, que en su mayor parte surgió a cuenta de la disponibilidad de mano de obra reclusa en los campos de concentración. Los comandantes de dichos campos informaban al Comisariado de los Campos de Concentración, mandado por el general de brigada SS Gluecks, el cual informaba a Pohl. Éste a Himmler, el cual era oficialmente de la misma graduación que Kaltenbrunner y Heydrich.

Llegado este punto, es útil saber en términos muy generales qué estaba pasando con los judíos europeos durante la vida del régimen nazi. Antes de la guerra, el Gobierno alemán había utilizado todos los medios para estimular la emigración de los judíos de Alemania y la mayoría de ellos se habían ido antes del advenimiento de la conflagración.

Los problemas más pertinaces relativos al programa de emigración fueron, primeramente, el derrumbamiento de la economía sujeta a la expulsión de los judíos y luego, la dificultad de acomodarlos en los países que los admitieran. Por el verano de 1941 Alemania estaba en guerra con Rusia y un número muy elevado de judíos (la mayor parte de los de Europa) se encontraban bajo la esfera de influencia alemana. Sin embargo, la guerra había franqueado temporalmente vastos territorios nuevos para los alemanes y en consecuencia, en el otoño de 1941 se puso en marcha un programa de asentamiento para los judíos. En el curso de la guerra, durante el tiempo en que Alemania controló porciones significativas de territorios en el Este, los judíos fueron instalados allí y también hubo cierto número de ellos (jóvenes y adultos) reclutados como mano de obra.

Debido a determinados problemas políticos y a la prioridad de las necesidades de la guerra, el programa de asentamientos sólo se llevó a cabo parcialmente y, por supuesto, en ningún lado estuvieron implicados cerca de seis millones de judíos. Salvo los hebreos polacos y rumanos, quizá 750.000 judíos fueron asentados primeramente en Ucrania, Rusia Blanca y Letonia. No todos los judíos polacos cayeron bajo dominio alemán. A una parte de aquéllos que intentaron librarse antes o después de la ocupación alemana, varios cientos de miles o quizá un millón, les deportarían de Polonia los rusos en 1940 y se dispersarían por la URSS, pues la mayoría de los judíos polacos que cayeron en manos alemanas fueron amontonados en los guetos de Polonia Oriental (de acuerdo con las fronteras de 1939).

Lo que ocurrió con todos ellos sólo puede determinarse de un modo muy general porque todo el territorio donde los judíos fueron asentados pasó a ser territorio soviético tras la guerra y porque las potencias victoriosas se ocuparon bien de hacer desaparecer los datos. Sin embargo, existen evidencias suficientes para permitirnos conocer aproximadamente lo que allí ocurrió y aunque es muy posible que una buena cantidad pereciera en medio del desorden y de las condiciones caóticas que siguieron a las retiradas alemanas, puede afirmarse que un gran número de judíos, por lo general con nacionalidad polaca antes de la guerra, fué absorbido dentro de la Unión Soviética y el resto se estableció en última instancia en Palestina, los EE.UU., Europa y otros lugares.

Estas aclaraciones generales se mencionan aquí para servir de ayuda al lector a la hora de interpretar el análisis de las acusaciones de exterminio que nos ocupará en los próximos capítulos. Sin embargo, la prueba más importante sobre lo dicho acerca de qué pasó en realidad no se facilitará hasta el capítulo VII.

La RSHA era responsable de llevar a cabo la mayor parte de esta política judía.

Dentro de la Gestapo había un departamento llamado “B4” que comprendía una “División de Religiones y Cultos- Subdivisión Religión Judía” encabezado por Karl Adolf Eichmann cuya más alta graduación obtenida fué teniente coronel o coronel.(35). Eichmann hacía las tareas rutinarias que conllevaban la emigración judía y la política de asentamientos del Gobierno alemán; la mayor parte de su tiempo la empleaba negociando con los numerosos consejos judíos, confeccionando listas de transporte de judíos y ordenando el transporte de los deportados. No hay evidencia de que Eichmann participara alguna vez en la elaboración política, y ya que no estaba implicado en la administración de los campos de concentración, no pudo estarlo directamente en cualquier acontecimiento que ocurriera en ellos.

Por tanto, es bastante ridículo que sea posible excitar a tanta gente con un caso como el de Eichmann que había desempeñado funciones completamente rutinarias en la Alemania nazi. Tales cometidos se llevaron a cabo de acuerdo con órdenes específicas transmitidas por sus superiores. Testificó en Jerusalén “después de consultar a Reitlinger y a Poliakov, (facilitando) 17 mapas multicolores que poco contribuyeron a una mejor comprensión de la maquinaria burocrática del III Reich” (36). No veo el caso Eichmann como otra cosa que no sea un montaje publicitario por parte de un Estado acostumbrado a rechazar los deberes que otros se sienten inclinados a respetar. En el último capítulo hablaremos sobre el caso Eichmann y su testimonio en Jerusalén Otros departamentos de las SS implicados en los asentamientos eran la RKFDV (Comisión del Reich para el Reforzamiento del Germanismo), dirigida por el general SS Ulrich Greifelt, la RuSHA (Oficina Central de la Raza y de los Asentamientos, de los generales SS Otto Hofmann y más tarde Richard Hildebrandt) y el VoMi (Oficina Coordinadora para los Étnicamente Alemanes, del general SS Werner Lorenz). La misión más importante de estos departamentos era colonizar con alemanes los territorios conquistados y Greifelt era la personalidad más importante del programa. Sin embargo, tomaron parte hasta cierto punto en el programa de asentamiento de judíos de un modo inevitable.

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CAPITULO II LOS CAMPOS

En la primavera de 1945 Alemania quedó colapsada tras una prolongada campaña propagandística aliada que había asegurado repetidas veces que ciertas personas, principalmente judíos, estaban siendo asesinados por sistema en los “campos” alemanes.

Cuando los británicos ocuparon el de Bergen-Belsen, al Norte de Alemania, hallaron un gran número de cadáveres sin enterrar dispersos alrededor del campo. En consecuencia, fotografías como las de la figura 10 e imágenes de guardias con gesto asqueado fueron reproducidas en todo el mundo.

En mi opinión, Belsen aportó las “pruebas” efectivas del exterminio de cara a la propaganda de masas e incluso hoy, usted encontrará ocasionalmente tales montajes circulando como “pruebas”.

De hecho, estos montajes, repetidos de distintas maneras en otros campos alemanes, por ejemplo Dachau y Buchenwald, estaban mucho menos relacionadas con un “exterminio” que las escenas de Dresde después de los ataques aéreos angloamericanos de febrero de 1945, donde se halló un número de cuerpos varias veces superior. (1). Las muertes de Belsen fueron el resultado de una total pérdida de control y no de una política deliberada. Situaciones similares pudieron darse fácilmente en cualquier país atacado por todos sus flancos por ejércitos enemigos y desarbolado por poderosos bombardeos “estratégicos” que habían provocado escaseces y condiciones caóticas.

En Belsen, el tifus fué la razón más importante de las muertes. Todo el mundo está de acuerdo en que el tifus era una amenaza constante en todos los campos alemanes y en todas las operaciones militares del frente oriental y por esta razón existía verdadero temor a que se extendiera por Alemania, tomándose enérgicas medidas. (2). El problema del tifus jugará un importante papel en nuestro estudio porque no se dió solamente al final de la guerra; la situación final se debió al total hundimiento de todas las medidas contra un mal que era una plaga en los campos de concentración alemanes desde los inicios de la conflagración. Era la clase de tifus transmitido por un piojo y, lógicamente, las medidas preventivas consistían en matar al piojo, cuya propagación se debía principalmente a la llegada de trenes del Este. Así pues, toda la “literatura de los supervivientes”, real o imaginaria, sin tener en cuenta el tipo de campo, nos hablan del mismo procedimiento básico de entrada en un campo alemán: desnudarse, afeitarse, una ducha y ropas nuevas o viejas tras la desinfección. (3).

En Belsen, los problemas habían empezado en octubre de 1944 con el derrumbe de estas medidas. Un prisionero político que estuvo allí dice (4):

“Hacia finales de febrero de 1945 mi situación cambió completamente. Por entonces, el tifus se había convertido en un serio peligro para todo el campo. Era la clase de tifus que se transmite por piojos. Al mismo tiempo todos los transportes que llegaban a Belsen habían tenido que pasar por una ” lavandería humana ” y esta desinfección parecía haber sido bastante eficaz para librar al campo de piojos hasta el otoño de 1944.

A finales de octubre un gran transporte fué admitido por vez primera sin ser desinfectado porque se había producido una avería en los baños-ducha. Por desgracia la gente del transporte tenía piojos y desde aquel día se extendieron poco a poco por todo el campo. El tifus irrumpió en el campo I hacia finales de enero. Al principio sólo hubo unos pocos casos, pero un mes más tarde habían aparecido una docena y se hizo imposible atajar la enfermedad…”.

Otra complicación seria llegó en los últimos meses, pues Belsen fué considerado un “Krankenlager”, campo de enfermos, así que para empezar muchos de los que lo atendían lo estaban también. (5) Los británicos no pudieron controlar la situación a la primera y aproximadamente una cuarta parte de los que estaban vivos cuando el campo fué tomado perecieron en las cuatro primeras semanas. (6)

A pesar del eficacísimo papel propagandístico de las escenas de Belsen, nadie sabía que la mayor parte de los hechos conocidos sustentaban las acusaciones exterminacionistas, y el tribunal militar británico que juzgó al comandante, capitán SS Kramer, nunca le acusó de vigilar un campo de exterminio. (7) De hecho, hoy en día, nadie pretende seriamente que existieran en Alemania; Belsen, Buchenwald, Dachau, etc… no fueron campos de exterminio. Estos se suponen ubicados en la Polonia ocupada; los campos a los que nos referimos son: Auschwitz, Belzec, Kulmhof (Chelmno), Lublin (Majdanek), Sobibor y Treblinka. (8) Igualmente los exterminios de judíos en Rusia se supone que los llevaban a cabo los Einsatzgruppen mediante fusilamientos en masa o “gasmobiles”. Se dice que en los campos de Polonia se usaron también “cámaras de gas”

pero, excepto en el caso de Chelmno, más bien fijas que móviles.

Así pues, se supone que dichos exterminios tuvieron lugar sólo en lugares que fueron abandonados antes de que los ocuparan los rusos y no en los campos que estaban aún funcionando, aunque de un modo desastroso, cuando los tomaron los occidentales.

A pesar de que se habla de seis campos de exterminio, uno de ellos, Auschwitz, es la clave de todo. Es de Auschwitz de donde se muestra mayor cantidad de simples evidencias documentales y son pocas las pruebas de cualquier clase sobre los otros. Es Auschwitz, como se verá, el que llamó la atención de Washington mucho antes del final de la guerra, y por tanto, gran parte de este libro se ocupa, por fuerza, de la afirmación de que los judíos de Auschwitz fueron exterminados durante la SGM.

Este libro trata acerca de si los alemanes intentaron eliminar o no a los judíos europeos y no nos importan en modo alguno los detalles sobre presuntas atrocidades nazis cualesquiera que sean, ni tampoco dar una idea del funcionamiento de los campos alemanes. Sin embargo, se ha sabido que mucha gente ha distorsionado la imagen de dichos campos de tal modo que desde que los hubo en Auschwitz, es difícil separar a éste del resto y considerarlo por separado de los otros. Resulta forzoso, por éllo, hacer un comentario general sobre los campos. En la figura 23 se ve un mapa que muestra la localización de algunos de los más frecuentemente mencionados, junto con el emplazamiento de algunas ciudades importantes.

Había muchas clases de campos y sólo una parte eran “campos de concentración”.

Éstos eran 13 y cada uno de ellos poseía unos cuantos vecinos. Sólo dos de los seis presuntos campos de exterminio (Auschwitz y Lublin) eran “campos de concentración”.

Aroneanu aporta una tabla de los muchos tipos de campos alemanes, que incluye muchas prisiones ordinarias, en las páginas 203-251, y enumera 1.400 “campos” junto con su localización y características. Mientras que esta clasificación da una idea de la amplitud y diversidad del sistema penitenciario alemán y de los campos, contiene grandes errores evidentes, como calificar a Birkenau de campo de “experimentos médicos”

La enorme importancia de Oranienburg, cerca de Berlín, estribaba en que acuartelaba al Inspectorado de los Campos de Concentración y por lo tanto estaba en contacto con los demás. El interno típico de un campo de concentración alemán era una persona detenida por razones criminales o de seguridad. Había cinco categorías mayores distinguibles por insignias de colores en los uniformes. (9):

Verde: Criminales.

Rojo: Prisioneros políticos, principalmente comunistas.

Rosa: Homosexuales.

Negro: Asociales (vagabundos, borrachos, etc…).

Púrpura: Considerados traidores debido a sus puntos de vista religiosos (mayormente Testigos de Jehová).

En Auschwitz y en algunos otros campos se prendió del uniforme un triángulo del color apropiado. Si el prisionero era judío se sobreimprimía al primero un triángulo amarillo formando la estrella de David. Esto se conoce como el “sistema de la estrella” de Auschwitz.

Cualesquiera que fueran las condiciones económicas, el Gobierno alemán, se esforzó mucho en utilizar a los reclusos como mano de obra. Los prisioneros de guerra (POW, Prisoners Of War) fueron empleados hasta el punto de que tal acción no perjudicase importantes acuerdos, tal como los alemanes interpretaban sus obligaciones para con éllos. Así, los POW rusos fueron utilizados indiscriminadamente puesto que Rusia no respetó dichos acuerdos. El empleo de POW occidentales se restringió a los casos en que fueron posibles ciertas “transformaciones” legales en trabajadores civiles, como es el caso de muchos POW franceses (10), o de situaciones en que el trabajo no estaba considerado bajo jurisdicción de los acuerdos, como sucedió con POW británicos empleados en trabajos de dudosa condición.

El número de reclusos en todos los campos de concentración alemanes era de 224.000 en agosto de 1943 y 524.000 un año después. (11) Estas cifras incluyen sólo los campos a los que se refirieron los alemanes como campos de concentración y no incluye ningún campo de paso ni a otros referidos en términos distintos como el gueto de Theresienstadt o cualquier establecimiento concebido para alojar familias.

En general es exacto decir que no hubo “campos de concentración” para judíos o cosas similares, pero tal afirmación debe aclararse: con respecto a esto hay que considerar tres categorías de judíos a tener en cuenta.

Primeramente un grupo de esos internados por razones penales o de seguridad eran judíos y bajo el régimen nacionalsocialista era natural su separación de los reclusos “arios”. En este sentido una parte de los campos puede considerarse “para judíos”.

En segundo lugar existía una legislación especial para el reclutamiento de judíos como mano de obra y por este motivo muchos de los seleccionados fueron enviados a los campos de concentración.

La tercera categoría correspondía a familias judías, pero éstas la vez que más cerca estuvieron de un campo de concentración fué en ciertos “Durchgangslager”, campos de paso, que en algunos casos eran independientes , como Weterbork, en los Países Bajos (12), entre otros (de los que ya hablaremos) y en otros casos eran campos asociados a otros como por ejemplo Belsen, posiblemente Dachau (13) y algunos otros (que se mencionarán). Los campos de paso, como sugiere su nombre, se pensaron para alojamientos temporales en espera del transporte a un nuevo destino.

Además de los campos de paso había “campos” para unas cuantas familias judías como el de Theresienstadt en Bohemia-Moravia y otros más orientales, pero el término más peyorativo empleado en estos casos sería “gueto” y no “campo de concentración”.

Como veremos, también, hacia el final de la guerra y a medida que los rusos se aproximaban por el frente del Este, los alemanes internaron en guetos a judíos anteriormente libres por motivos de seguridad.

Por lo que se refiere a la situación de los judíos en cualquier tipo de campo bajo control alemán, la historia verdadera es bastante complicada. Mejor que intentar contar la verdad exacta, abordaremos la cuestión a lo largo del libro de modo que el lector pueda formarse una idea razonablemente completa.

Ni siquiera vamos a tratar de hablar de todo el sistema concentracionario alemán.

Será suficiente para nuestros propósitos con disertar sobre los tres campos más frecuentemente referidos, a excepción de Auschwitz: Belsen, Buchenwald y Dachau (cuya población reclusa era en agosto de 1943 de 3.000, 176.000 y 17.300, respectivamente). (14) Luego iniciaremos los preliminares del debate sobre el presunto “campo de exterminio” de Auschwitz en Polonia.

Belsen tuvo una historia muy breve. Originariamente, había sido un campo de la Wehrmacht para prisioneros de guerra heridos y a mediados de 1943 las SS se hicieron cargo de la mitad del campo con el propósito, entre otros, de convertirlo en un “campo de intercambio”, o sea un campo de paso para alemanes residentes fuera de Alemania y para judíos, a los cuales pensaban cambiar por alemanes prisioneros. Se añadieron al campo nuevos edificios y terrenos. Judíos de Salónica, griegos con pasaporte español, fueron los primeros judíos en llegar (se esperaba poder mandarlos a España), pero a la larga los judíos holandeses se hicieron más numerosos (unos 5.000). Parte de éstos estaban casi siempre allí ya que entre ellos se contaban muchos de los cualificados artesanos de la importante industria del tallado del diamante de Amsterdam, por tanto su industria diamantífera se mudó literalmente a Belsen. Los alojamientos para judíos de Belsen formaron lo que se llamó el “campo de la estrella” que fué radicalmente separado del resto de los campos y no se vió muy afectado por la epidemia de tifus de los últimos meses. (15)

Especialmente los judíos holandeses fueron crudamente castigados por las deportaciones; más tarde se explicaran los motivos. Se dice que Ana Frank pereció en Belsen en marzo de 1945. (16) Como había muchos judíos holandeses en dicho campo, esto puede ser fácilmente verdad pero en tal caso es difícil, por lo menos, conocer la causa de su muerte. No hubo exterminaciones y las familias judías estaban aisladas de la epidemia de tifus. La cuestión de la autenticidad del diario no la considero lo suficientemente importante para estudiarla aquí; sólo quiero dejar claro que le he dado un vistazo y no me lo creo. Por ejemplo, ya en la página 2 uno lee un ensayo acerca de por qué una niña de 13 años empezaría un diario y luego en la página 3 cuenta una breve historia de la familia Frank para pasar revista rápidamente a las medidas antijudías que siguieron a la ocupación alemana de 1940. El resto del libro tiene el mismo espíritu histórico.

Lo que queda del campo de concentración de Belsen consistía en la usual colección de reclusos y por lo demás ya vimos para qué se utilizó. Salvo por la talla de diamantes.

Bergen-Belsen nunca tuvo una importancia económico-industrial. La mayor importancia de Buchenwald se debía a la industria; sus campos satélites de Beuchow, Dora, Ellrich, Elsing, Gandersheim y Halberstadt existían principalmente merced a una factoría subterránea de aviones de caza que empleaba la mano de obra extranjera del campo, además de los obreros alemanes ordinarios. (17) Sin embargo, había otras dos cuestiones: los experimentos médicos llevados a cabo en el campo principal de Buchenwald y las actividades del comandante Koch; ambas ilustran bastante bien cómo ha sido tergiversado el significado de los hechos al hablar de estos campos. Por suerte tenemos un libro del ex interno Christopher Burney. Su contenido no sólo se halla tergiversado en parte, sino que en algunos hechos o insinuaciones lo demuestra claramente. El libro de Burney debe servir de ejemplo a cualquier lector sobre la necesidad de distinguir clara y rigurosamente, cuando se leen “experiencias personales” de esta clase, entre los hechos que el autor dice hoy que presenció o los que ha leído u oído por un lado, y lo que ha inferido o pretende haber inferido, por otro. Las diferencias son de lo más evidente. Describiendo al comandante Koch (18) dice:

“Ninguna crueldad le era extraña, ninguna célula de su cerebro dejó de contribuir una u otra vez a planear nuevos refinamientos de angustia y muerte para las ratas en su trampa”.

Burney continúa explicando que ya que Koch era homosexual, Frau Koch solía insinuarse a los prisioneros “que eran entonces conducidos al crematorio”, salvando las valiosas pieles tatuadas para hacer lámparas. En este punto del libro, las cosas se le ponen a Burney realmente mal, especialmente si Frau Koch descubriera sus tatuajes, pero felizmente todo esto sucede antes de que él llegara allí a comienzos de 1944. Koch había sido arrestado en 1943 por desfalco, y le sucedió Pister que era “uno de los más benignos comandantes de campo de concentración de la historia”, así que:

“En su último año de vida, un observador occidental que viniera al campo y echara un vistazo general sin indagar mucho, habría visto pocos castigos o ninguno, un gran número de hombres ociosos, un número mucho mayor trabajando con abulia, instruidos por rusos…barracones limpios, cocinas con enormes fogones y terríblemente modernas y un hospital que hubiera pasado una revisión a la primera ojeada”.

El arresto de Koch había sido de hecho parte de la desarticulación de una red de corrupción que se había extendido por todo el sistema concentracionario alemán y que supuso el asesinato de prisioneros demasiado “enterados”. Fué descubierto gracias a los esfuerzos del juez SS Konrad Morgen y Koch fué ejecutado por las SS. (19)

La piel tatuada sin duda se debía al papel de campo de experimentación médica de Buchenwald. Como dijo Burney, cuando un recluso moría en este campo, los médicos examinaban su cuerpo y si encontraban algo interesante lo guardaban. (20) Está bastante claro que la colección médica aquí reunida contenía la piel tatuada y la cabeza humana presentadas en el IMT como una “muestra” de la gente “asesinada” en Buchenwald. En la ilustración 32 se ve lo que es la mayor parte de la colección. La cabeza se expone sin ninguna aclaración junto con parte del jabón (ilustración 24)

presuntamente hecho con cuerpos humanos, y fueron presentados como prueba por los rusos que, al enterarse de que iba a tener lugar el juicio, se pusieron al día leyendo las acusaciones contra los alemanes de la PGM. (21) Tenemos una declaración oficial de cuando el IMT estaba “investigando” la cuestión de la piel tatuada encontrada en Buchenwald. (22):

“En 1939 se ordenó a todos los prisioneros con tatuajes que fueran al dispensario. Nadie sabía para qué, pero después de que los prisioneros tatuados hubieran sido examinados, los que tenían los dibujos más artísticos fueron retenidos en el dispensario y asesinados con inyecciones… las ansiadas obras de piel tatuada fueron separadas de los cuerpos y sometidas a tratamiento. Los productos resultantes se enviaron a la mujer de Koch que los empleó a modo de pantallas para lámparas y otros artículos caseros ornamentales. Yo vi por mí mismo tales pieles tatuadas con varios dibujos y leyendas, como aquel de “Hansel y Gretel” que llevaba un prisionero en su rodilla, y los dibujos de barcos en el pecho de los reclusos”.

Frau Koch fué hallada culpable de tales crímenes durante su juicio ante un tribunal militar americano, pero en 1948 el gobernador militar de los EE.UU., general Lucius Clay, revisó su caso y determinó que a pesar del testimonio aportado (en el juicio) Frau Koch no podía ser relacionada con las lámparas y los otros artículos “descubiertos” (o sea colocados allí) en la residencia del comandante de Buchenwald, cuando el campo fué ocupado en 1945. Por lo pronto ella nunca vivió allí desde su arresto y el de su marido en 1943. Igualmente, su “diario familiar”, que se decía que estaba confeccionado con piel humana y que supuso uno de los mayores cargos en su contra, nunca fué hallado y, obviamente, nunca existió. Así pues, Clay conmutó su pena de muerte por cuatro años de prisión debidos a brutalidades ordinarias.

Lo que ocurrió tras la conmutación es uno de los muchos episodios que, junto con las filtraciones de los “juicios” de Dachau en 1948-49, exponen bastante claramente la falta de legalidad que prevaleció en los juicios por crímenes de guerra. El rabino Wise y otras personas influyentes protestaron tanto la conmutación que hubo una investigación del Senado, la cual concluyó que:

“Las autoridades militares dicen que han sido incapaces de encontrar pruebas de cualquier otro crimen cometido por Ilse Koch por el cual pudiera ser juzgada sin violar la regla de doble peligro. Sin embargo… ya que el juicio llevado a cabo por nuestro tribunal militar supremo especial se basó en las acusaciones de que varios encausados maltrataron a “no alemanes”, los tribunales alemanes bien podían proceder con sus leyes contra Ilse Koch por crímenes cometidos contra alemanes… El pueblo alemán debe llevar a juicio a Ilse Koch con tales cargos. El subcomité está convencido de que sería deber de nuestras autoridades militares el prestar cooperación absoluta a las autoridades alemanas”.

Esta diferenciación entre crímenes contra alemanes y crímenes contra no alemanes sólo era un sofisma traido a colación oportunamente. Los tribunales de crímenes de guerra estadounidenses no sólo habían tenido siempre bajo su jurisdicción los presuntos crímenes contra judíos alemanes, sino que la distinción era irrelevante de cualquier modo, independientemente de la nacionalidad de las presuntas víctimas, pues la conmutación de Clay se basó en la conclusión de que ella no era culpable de cargos mayores que tuvieran que ver con las pantallas y demás, Clay no alteró su punto de vista a través de la larga controversia pública en relación con los esfuerzos por juzgar a Frau Koch una segunda vez (en realidad por los mismos cargos). Una controversia que, de acuerdo con el New York Times, “bamboleó Europa y los EE.UU”. Clay se mantuvo firme en su decisión sobre el caso Ilse Koch y explicó que:

“…el examen del sumario, basado en relatos que recibí de los abogados, indican que los cargos más serios se basaban en rumores y no en evidencias fácticas. Por esta razón la sentencia fue conmutada.

No siento simpatía por Ilse Koch. Era una mujer de carácter depravado y de nefasta reputación. Había hecho muchas cosas reprensibles y condenables sin duda bajo las leyes alemanas. No la estábamos juzgando por dichas cosas. La estábamos juzgando por criminal de guerra y bajo cargos específicos”.

A pesar de esta enérgica declaración del gobernador militar americano, las presiones desde los EE.UU. indujeron a las autoridades alemanas a actuar contra Frau Koch después de ser liberada de su arresto americano en octubre de 1949. Fué juzgada de nuevo por los famosos cargos de las “pantallas” y aunque la defensa fué capaz de demostrar que los testimonios de dos de los testigos de la acusación contradecían las declaraciones que habían hecho durante los preliminares, forzando así al tribunal alemán a retirar sus testimonios del acta, Ilse Koch fué declarada culpable y sentenciada a cadena perpetua, ahorcándose en su celda en 1967. (23)

Burney relata algunos sucesos acerca de Buchenwald parecidos a los de Belsen, pero, en su mayoría, de entre prisioneros recién llegados, evacuados de zonas más orientales durante las caóticas semanas finales. Demasiado para Buchenwald. (24)

Dachau era uno de los campos nazis más viejos con mayoría de prisioneros políticos austriacos, sacerdotes católicos (detenidos por razones que no procede examinar ahora) y gentes de todas las clases, de avanzada edad semiútiles para el trabajo. El campo tenía también su cupo de criminales ordinarios. Principalmente se trabajaba en factorías exteriores, pero se estaba construyendo en el campo una plantación de hierba y algunos prisioneros trabajaban en el drenaje de pantanos. (25)

Aquí vale la pena comentar algunos detalles de cómo Dachau se convirtió en campo de exterminio con cámaras de gas hacia el final de la guerra y en meses sucesivos.

Obviamente, demostrando lo que sucedió en Dachau no contradecimos a los sostenedores de la leyenda exterminacionista, pues ellos no hablan de este campo, sino que montan su historia con los campos polacos y Auschwitz es la piedra angular al respecto. El asunto es que al investigar estos detalles se desmorona la credibilidad del ocupante americano. La propaganda estadounidense ha hablado de exterminaciones en los campos alemanes y Dachau fué el más grande de los que cayeron en su poder (Buchenwald se rindió más tarde a los rusos). Por tanto, se intentó tergiversar y disimular lo que había pasado en aquel campo, pero admitiendo la sorprendente crudeza y tosquedad de dicho intento y la ridícula naturaleza de las “evidencias presentadas”, el lector se verá más profundamente motivado para nuestro estudio de la parte central de la fábula: la mentira de Auschwitz.

La situación de los campos forzó al Gobierno alemán a dar el paso final para rectificar su inicial política de total exclusión del Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC) de los campos de concentración, en marzo de 1945 (había acuerdo en relación a los prisioneros de guerra pero no en cuanto a los internos en los campos). El 29 de marzo de 1945 el general SS Kaltenbrunner autorizó al ICRC a tener un delegado en cada campo con el propósito de distribuir provisiones de socorro a condición de que el delegado permaneciera allí hasta el final de la guerra. (26) El ICRC organizó el transporte por carretera de los socorros (por ferrocarril era impensable), pero su eficacia dependía en buen grado de la actitud de cada comandante de campo. Por ejemplo, la acogida en Mathausen entre el 23 y 30 de abril fué, en principio, desfavorable, pues el coronel SS Ziereis decía no haberse enterado de la orden de Kaltenbrunner. (27)

En Dachau el ICRC recibió una favorable acogida el 27 de abril (tras la frialdad del día anterior) y se permitió a un delegado establecerse en el campo. Hacia el domingo 29 se supo que la mayoría de los oficiales alemanes, guardianes y empleados se habían marchado y el mando real del campo recayó sobre un tal teniente SS Wickert, que tenía intenciones parecidas de volar con los guardianes que quedaban. Como esto resultó peligroso, hubo importantes agresiones de los prisioneros a los civiles alemanes del área y las epidemias se extendían, el delegado habló del tema con Wickert y llegaron a un acuerdo sobre la rendición del campo, que aquél haría todo lo posible por respetar.

Primeramente, los guardias permanecerían en las torretas para evitar la fuga de prisioneros. Segundo, los soldados que no estuvieran de guardia se reunirían desarmados en uno de los patios. Tercero, se permitiría a la guarnición retirarse hasta su propio “frente” después del pase del campo a manos estadounidenses.

El delegado del ICRC ató una toalla a un palo de escoba y, llevando consigo a un oficial alemán, salió del campo para buscar a los americanos. Después de un rato encontraron una unidad motorizada estadounidense y el delegado se presentó al general (el informe del delegado sobre estos sucesos no dice su nombre) que al enterarse de la identidad de sus nuevos huéspedes pidió de inmediato que el oficial alemán y el delegado les acompañaran con la intención de tomar fotos del campo para los periódicos, en especial de cierto tren repleto de cadáveres. A pesar de que el delegado de la Cruz Roja pasó allí dos días, parece que estuvo demasiado ocupado para saber de ese tren y se enteró por el general.

Con esta misión concreta la columna levantó el campo. Por el camino, el delegado consiguió pedir al mayor Every que comunicase al general el acuerdo para transferir el campo, pero parece que este intento no tuvo éxito.

Al llegar al campo, encontraron que algunos americanos ya habían llegado, los guardianes de las torres habían sido sustituidos y se habían rendido todos los alemanes.

Reinaba gran desorden entre los reclusos y algunos estaban armados; disparando contra los guardianes SS produciéndose muertos en ambos lados. Finalmente, el delegado consiguió llamar la atención del general sobre el plan para transferir el campo, pero en modo alguno se permitió a los prisioneros alemanes que se fueran, y los reclusos se vengaron de muchos de ellos. Se desarmó a tantos internos como fué posible pero esto no acabó con el desorden. Algunos abrazaban a los soldados americanos mientras que otros derribaban las vallas de alambre y escapaban. Los americanos dispararon salvas sobre las cabezas de los reclusos y hacia las 10 de la noche por fin llegó una calma insegura. Sin embargo, esa misma noche hubo disparos ocasionales. El día siguiente (30 de abril) fué posible distribuir el alimento necesario y el martes 1 de mayo llegaron algunos miembros de la delegación de la ICRC y, según el delegado, presenciaron no sólo montones de cadáveres, sino “igualmente la cámara de ejecuciones, la cámara de gas, los hornos crematorios, etc”. (28)

Lo anterior es un resumen del informe del delegado de la Cruz Roja. No contiene afirmaciones parecidas a las últimas hechas por los ex reclusos Fr. Lenz y Nerin E. Gun, separadamente, según las cuales los americanos al llegar empezaron a matar a los guardianes SS (sin duda esto es como poco una exageración). Gun dice que tal proceder alcanzó incluso a los perros en sus perreras, mientras que Lenz dice que el general ordenó un bombardeo de dos horas sobre la ciudad indefensa de Dachau (por suerte le disuadieron de ello) en represalia por los cadáveres que se encontraron dispersos alrededor del campo. (29) Si algo de esto fuera verdad, el delegado de la ICRC omitió en su informe cosas bastante importantes.

Debe comprenderse qué es lo que el delegado de la Cruz Roja llamaba “cámaras de gas”. En varias ocasiones su informe resulta irónico y desdeñoso, pues está escrito a la defensiva de todas las tonterías que circulan en la prensa de masas. Así, aclara en relación con los cadáveres del tren de Dachau que “…muchos de estos hombres fueron asesinados mientras que otros probablemente murieron de hambre”. Del mismo modo, mientras que el delegado utiliza alegremente los nombres de “le lieutenant Wickert”, “le major Every” y los demás, no menciona el nombre del jefe americano (aparentemente Linden o Patek) al que sólo se refiere como “le general”.

Hay dos clases de habitáculos a los que la propaganda americana llamó cámaras de gas tras la ocupación del campo y Gun reproduce las fotografías pertinentes. Aquí mostramos las ilustraciones 16 y 22; la primera presenta una vulgar ducha sobre la cual dicha propaganda tuvo la audacia de decir que era una cámara de gas disimulada a modo de ducha. La ilustración 19 muestra la entrada de este “Brausebad” (baño-ducha).

El segundo tipo de habitación, presumiblemente una cámara de gas, era, ciertamente una cámara de gas, cuya puerta viene en la ilustración 22 y en verdad esta puerta parece ser auténtica y no fabricada por la propaganda. Para verlo examine la ilustración 13. A la izquierda puede verse la misma puerta y, cerca de ella, un montón de ropa sucia de los prisioneros. Obviamente esta cámara de gas era para desinfectar ropas, pues tales aparatos existían en todos los campos de concentración alemanes y eran necesarios. El interior de la cámara de desinfección se muestra en la ilustración 6.

El edificio de la foto 13 albergaba dichas cámaras de desinfección, el baño-ducha de la ilustración 16 y el crematorio de la 17. Este edificio se conserva aún siendo muy visitado por turistas y ha sido alejado de la mayor parte del campo para situarlo en un lugar relativamente solitario. Fué absolutamente lógico colocar la cámara de desinfección y el crematorio de modo que los reclusos no entraran en contacto con ellos frecuentemente, en el primer caso por razones de salud y en el segundo, por razones de moral. La ducha era necesaria, obviamente, para evitar la contaminación de los que trabajaban en este edificio antes de que volvieran al núcleo central del campo. No sé si este baño-ducha era utilizado también por los prisioneros recién llegados o si se usaba para tal propósito una ducha aparte. Como sugiere la ilustración 16 y como confirma la literatura, el baño-ducha, y no la cámara de desinfección, es la que hace las veces de “cámara de gas” en la propaganda. (30) Quizá la última fué considerada demasiado pequeña para representar a una cámara de gas que se había cobrado incontables víctimas.

Naturalmente, los “juicios por crímenes de guerra” aportaron testigos que pretendían haber presenciado gaseamientos en Dachau, como por ejemplo el testigo Franz Blaha ante el IMT que también dijo haber visto objetos de piel tatuada como en Buchenwald. (31) Por supuesto, se contó que la gente cuyos cadáveres fueron encontrados en el campo al ser este ocupado, en especial la del tren, había sido asesinada.

El número de cuerpos en el tren de Dachau era de unos 500, pero encontrar gente muerta en la Alemania del final de la guerra no era raro aunque se tratase de vulgares trenes de pasajeros. En enero de 1945, 800 alemanes muertos por el frío fueron hallados en un tren que llegó a Berlín. (32) La red ferroviaria alemana se encontrana en estado más que caótico y las condiciones de abril de 1945 son difíciles de imaginar, no obstante tenemos que intentar situar estos trenes en su contexto. Algunos creerían que quizá pudiera deberse a las condiciones de los pasajeros al iniciar su viaje en ellos, pero también es muy posible que obsequiaran al típico comandante de un campo de concentración con lo que él consideraba órdenes insensatas para “transferir” N reclusos al campo X y creyera que enviar en tren a los moribundos tendría el doble mérito de minimizar el número de muertos y quitarse a unos cuantos de su responsabilidad. Sin embargo, dichos problemas no son para nosotros de capital interés.

La verdad sobre Dachau tardó poco en salir a la luz, pero no recibió mucha publicidad. Las causas de las muertes de los cadáveres encontrados al ocupar el campo se revelan en una publicación de 1948 de la Asociación Americana para el Progreso y la Ciencia. A medida que el Ejército de los EE.UU. se adentraba en Alemania se encontraron con la clase de condiciones que sus servicios médicos habían anticipado, por lo cual se tomaron medidas (33):

“Alemania en los meses primaverales de abril y mayo tenía un aspecto sorprendente, una mezcla de humanidad viajando de esta o aquella manera, sin hogar, hambrientos a menudo y portando el tifus… Cuanto más territorio se descubría más casos aparecían, pues en Alemania Occidental, en la línea del avance estadounidense, el tifus se extendía uniformemente. Así pues, había grandes y pequeñas poblaciones afectadas, acumulándose muchos casos en los campos de concentración y de prisioneros, y cerca de pequeñas comunidades.

Se estimaban entre 35.000 y 40.000 los prisioneros encontrados (en Dachau), viviendo en malas condiciones incluso para los campos alemanes de esta clase y peor que en cualquier otro en manos americanas. Suciedad extrema, plagas de piojos y hacinamiento reinaban en todos los edificios del campo. Varios vagones llenos de cadáveres fueron encontrados en hangares de la estación ferroviaria adyacente al campo: los vestigios del envio de prisioneros desde campos más al Norte que fueron transferidos a Dachau en los últimos días de la guerra, para escapar al avance de las tropas americanas.

El número de pacientes con fiebre tifoidea cuando el campo fué tomado no se sabrá nunca. Pasaron días antes de que pudiera censarse a los pacientes.

Se encontraron varios cientos en el hospital de la prisión pero eran pocos comparados con los que seguían viviendo en los barracones con sus camaradas, en cama, desatendidos, acostados en literas de cuatro pisos con dos y a veces tres hombres por cada piso estrecho, a modo de estantería; los enfermos y los sanos, hacinados más alla de toda descripción, apestando a suciedad y abandono. Y por todas partes el olor de la muerte”.

No es sorprendente que Dachau soportara catástrofes parecidas a las de Belsen.

Desde primeros de 1945 se estimaron unos 15.000 prisioneros muertos de tifus, la mayoría en los últimos dos meses. (34) Los estadounidenses controlaron el campo y sirvió, como hemos visto, de campo estadounidense y de centro para “juicios por crímenes de guerra”. Un abogado estadounidense llamado Stephen S. Pinter fué destinado allí y lógicamente desaprobó lo que se estaba haciendo en nombre de los EE.UU.. En 1959 escribió (35):

“Después de la guerra estuve en Dachau durante 17 meses como abogado del Departamento de Guerra de los EE.UU. y puedo afirmar que no había cámaras de gas en Dachau. Lo que allí se enseña a visitantes y curiosos y se califica erróneamente como cámaras de gas es un crematorio. No hubo ni allí ni en ninguno de los otros campos de concentración en Alemania una cámara de gas. Se nos dijo que había una en Auschwitz, pero desde que está en zona de ocupación rusa no se nos permite investigar puesto que los rusos no lo toleran.

…se utiliza la vieja propaganda mítica sobre los millones de judíos asesinados por el nacionalsocialismo. Por lo que pude saber en los seis años siguientes de guerra, se mató en Alemania y en Austria a cierto número de judíos, pero la cifra de 1 millón ciertamente nunca fué alcanzada. He entrevistado a miles de judíos, ex reclusos de los campos de concentración de Austria y Alemania, y me consideran tan autorizado en esta cuestión como cualquier otro”.

En 1960 el “Institut für Zeitgeschichte” de Munich, “el dechado de la hostilidad y la resistencia contra el nazismo” declaró que (36):

“Las cámaras de gas de Dachau nunca se finalizaron ni tampoco funcionaron… La exterminación masiva de judíos mediante gases empezó en 1941/42 y tuvo lugar… con la ayuda de instalaciones diseñadas técnicamente para este propósito, sobre todo en los territorios de la Polonia ocupada (pero no en el antiguo Reich)”.

Esencialmente, éste es el mito de Dachau tal y como hoy se encuentra. En el verano de 1973 la información que se da en Dachau a los turistas llama correctamente como tal al cuarto de desinfección, sin tratar de presentarlo como cámaras de gas para exterminar personas. En relación con el baño-ducha el prospecto explica que:

“Esta cámara de gas, camuflada de baño-ducha, nunca se usó. Los prisioneros elegidos para “gaseamiento” eran llevados desde Dachau hasta el castillo de Harthelm cerca de Linz (Austria) o a otros campos”.

Se ha sabido tanto sobre Dachau que se necesitó un examen exhaustivo con el fin de restablecer la credibilidad de la propaganda estadounidense.

Por supuesto, el campo de Auschwitz era parte del mismo sistema concentracionario al igual que los campos de los que hemos hablado. Sin embargo, lo que se dice de la palabra “Auschwitz” es de diversas maneras un caso aparte. La cosa es tan seria que para ver claramente la importancia de Auschwitz es necesario rememorar bastante tiempo atrás y también, por desgracia, condescender en cierta medida con un tema que al principio puede ser excesivamente técnico.

El principal motivo de la derrota alemana de la PGM en 1918 habían sido las escaseces que conllevó primordialmente al bloqueo británico. Escaseces de cosas tales como caucho y petróleo habían mutilado al Ejército y además, el hambre había creado una inestable e impredecible situación política interna. Alemania capituló víctima de, entre otras cosas, la primera “crisis energética” del siglo XX.

Durante la guerra la industria química alemana se percató de la extrema vulnerabilidad nacional en lo tocante a materias primas y tras el conflicto, la popularidad del concepto de “autarquía” (no dependencia de las importaciones o de la ayuda extranjera) se basó en parte en estas consideraciones. Las únicas materias primas que aquí nos importan son el caucho y el petróleo, de las cuales no hay casi nada en Alemania. En Europa, solamente Rumanía tenía importantes reservas de crudo y no hay nada de caucho, sin embargo, en Alemania y en cualquier otro lugar de Europa había enormes reservas de carbón.

La gran compañía alemana de productos químicos, IG Farben, era en 1918 un conjunto de seis compañías más pequeñas que posteriormente se fusionaron en 1925 para crear Farben. El precursor principal de la compañía, “Badische Amilin und Soda Fabrik” de Ludwigshafen am Rhein, había trabajado (empezó a comienzos de la PGM) en procesos para la producción de carburante y caucho sintéticos a partir del carbón. Estas investigaciones continuaron tras la creación de Farben y también tras la ascensión de Hitler al poder en 1933. El Gobierno nacionalsocialista adoptó pronto una política de apoyo a esos proyectos de autarquía. (37) Así, gracias a las ayudas del Gobierno, a la necesidad real de productos sintéticos y a la general superioridad de la ciencia y tecnología alemanas de entonces, especialmente en química e ingenierías, Alemania se destacó notablemente, en estas áreas, del resto del mundo.

El carburante sintético era con mucho el más sencillo de los dos problemas. El carbón es en su mayoría carbono y la idea básica es que el carbón tratado con hidrógeno gaseoso a elevada presión y temperatura (“hidrogenización”) produce hidrocarburos. Toda la gama de los productos químicos más vulgares puede obtenerse a partir de aquí:

colorantes, explosivos, drogas, etc… Una posterior hidrogenización produce gasolina. La idea era básicamente simple, aunque el proceso era caro de por sí, y la mayor parte de las investigaciones consistían en buscar los catalizadores más eficaces. Durante la SGM había en Alemania y alrededores muchas plantas para la síntesis de hidrocarburos, que producían aproximadamente el 75 % del total del que disponían los alemanes, el resto llegaba principalmente de Rumanía. (38)

El caucho sintético era distinto; los problemas técnicos para producirlo en una cantidad suficientemente económica para neumáticos, eran los más serios y no pudieron resolverse hasta el inicio de la guerra.

Los principales pasos para fabricar una goma son, primeramente, construir largas cadenas de determinadas moléculas (polimerización) y luego hacer que esas cadenas se “entrecrucen”, que se unan unas con otras en varios puntos (vulcanización). Se necesitaba una molécula fácil de polimerizar y vulcanizar y se vió que el butadieno lo era.

Al final de los años 20 se averiguó que el sodio era un excelente catalizador para la polimerización del butadieno y por tanto a la goma sintética obtenida de éste con el sodio (Na) como catalizador se la llamó goma “Buna”. El sodio fué abandonado hacia 1935, pero el término “Buna” se conservó. El producto especial para la fabricación de neumáticos se obtuvo al reemplazar el 25 % del butadieno por estireno: la goma “Buna- S”. (39)

La primera planta alemana de Buna-S construida a fondo, y la más grande, fué la de Schkopau, iniciada en 1937 y finalizada en 1939, que tenía una capacidad de 6.000 toneladas al mes. Una segunda planta se empezó a construir en Huels en 1938 y era operativa en agosto de 1940. Su capacidad era de 4.000 toneladas al mes. Una tercera planta se comenzó en enero de 1941 en Ludwigshafen, el cuartel general de la investigación Farben, y ya producía Buna en marzo de 1943. Su capacidad era de 2.500 toneladas al mes. La cuarta, en Auschwitz, se empezó en 1941 y fue diseñada con una capacidad de 3.000 toneladas al mes.

Durante toda la construcción de esta planta, la investigación de nuevos procesos de síntesis continuó y los diferentes procesos seguidos en las cuatro plantas lo demuestran.

Todos empezaban con carbón, pero en Schkopau el butadieno se obtenía por el clásico procedimiento carbonato cálcico-acetileno-butadieno; en Huels la fase del carbonato se cambió por otra que utilizaba hidratos de carbono gaseosos. Ludwigshafen volvió al proceso clásico pero la superior técnica de Reppe se introdujo en la fase acetilenobutadieno.

La planta de Auschwitz también usaba una versión del procedimiento clásico para la producción de Buna. (40)

El motivo para que Auschwitz aparezca en este contexto es muy simple: consistía en una gigantesca operación industrial.

Cuando Alemania se anexionó una gran parte de Polonia tras su partición entre Alemania y Rusia en 1939, se posesionó de los magníficos yacimientos de carbón de la Silesia Septentrional polaca. Naturalmente decidieron explotarlos y se estudiaron las posibilidades de construir una planta de hidrogenación para la producción de Buna. Se descubrió que la pequeña ciudad de “Oswiecim” (13.000 habitantes), en alemán “Auschwitz” (Auschwitz era un ducado de los Hausburgo antes de la PGM), estaba idealmente situada debido a que los tres ríos allí confluyentes podían proveer la potencia necesaria mientras que en un cuarto río cercano se verterían los residuos. Además, Auschwitz estaba en la frontera Sur de los yacimientos de carbón de Silesia, la zona minera de Kattowitz (Katowice). (41)

A comienzos de 1941 se decidió construir en Auschwitz una planta (para hidrogenización y fabricación) de Buna empleando a prisioneros y a obreros libres. Por pura casualidad ya había cerca un campo que albergaba a 7.000 prisioneros de guerra y partisanos (antes habían sido barracones para la artillería polaca); este campo se convirtió en un centro de expansión debido a las ampliaciones y también a la construcción de nuevos campos. Fué transformado rápidamente y fué hasta el final un campo de trabajo para prisioneros políticos. Se le conoce vulgarmente como Auschwitz I y a veces también por “campo central”, “Hauptlager” y “Stammlager”. (42)

En algún momento de 1941 se empezó a trabajar en un segundo campo, Auschwitz II, vulgarmente llamado Birkenau. Está situado a una milla y media al Noroeste de Auschwitz I y en principio, fué un campo para prisioneros de guerra. Una parte se terminó en abril de 1942 y prisioneros de guerra rusos fueron utilizados en su construcción. Su funcionamiento se supervisó a fondo.

Unos 4.000 judíos abandonaron la ciudad con destino a otra nueva, para dejar sitio a la mano de obra libre para las fábricas. El 16 de noviembre de 1941 se decidió construir un tercer campo vulgarmente conocido como Monowitz, tres millas al Este de la ciudad y cercano a la planta Farben, para alojar a los trabajadores de dicha planta. Los prisioneros de guerra rusos fueron nuevamente utilizados en la construcción del campo. (43) En la ilustración 5 (44) se muestra la situación relativa de los tres campos.

Había también un gran número de campos menores en el área circundante, la mayoría dentro de un radio de 40 kms. Estos “campos exteriores”, de los cuales “Raisko”

y “Harmense” son dos ejemplos relativamente cercanos, eran dirigidos por la administración de Auschwitz y su número oscilaba entre 13 y 39, dependiendo de lo que se considere un campo. Los más pequeños, o campos exteriores, estaban destinados mayormente a los que trabajaban en los cinco altos hornos o en las cinco minas de carbón. Monowitz y toda la serie de campos más periféricos son a veces llamados, en conjunto, como Auschwitz III. La suma de todos los campos, Auschwitz I, Birkenau (Auschwitz II) y Auschwitz III junto con las industrias que empleaban a los reclusos es lo que se suele llamar con el ambiguo nombre de “Auschwitz”. (45)

La población reclusa de Auschwitz III no era nada del otro mundo salvo que contenía un número significativo de prisioneros de guerra británicos. (46) El NMT dictaminó que la utilización de prisioneros de guerra británicos no era contraria a la convención de Ginebra ya que la factoría de Buna servía en último término para fines pacíficos. (47)

Aparentemente la Cruz Roja se mostró de acuerdo puesto que, aunque estaba bastante al corriente de la situación, no mencionó el empleo de prisioneros de guerra británicos en su informe final sobre los problemas que tuvieron durante la guerra, relativos al empleo de prisioneros para trabajos propios de la guerra. (48)

La capacidad usual de Auschwitz I era de 20.000 personas, 35.000 en Birkenau (30 a 60 % mujeres) y 15.000 en Auschwitz III. Auschwitz era con mucho el complejo concentracionario más grande del sistema alemán; en agosto de 1943 el segundo más grande era el de Sachsenhausen con 26.500 personas. (49) También había obreros trabajando y viviendo en la zona. Por ejemplo, menos del 30 % de los trabajadores de la planta Farben estaban en calidad de “prisioneros” y más de la mitad eran obreros extranjeros libres que se habían contratado voluntariamente como mano de obra.

Aproximadamente el 20 % restante eran obreros alemanes ordinarios. (50)

Auschwitz I era la administración central de todas las funciones de las SS en Auschwitz. Dichas funciones incluían la vigilancia, la alimentación, los vestidos, el albergue, el ocio y la disciplina de los prisioneros e igualmente el servicio médico. El horario de trabajo era el mismo reglamentado para los campos de concentración alemanes: 11 horas al día. 6 días a la semana y como “extra”, los domingos por la mañana en caso de “emergencia”. (51) En Auschwitz había actividades diversas para el entretenimiento: conciertos, cabarets, cine y competiciones de atletismo. Había incluso un burdel para prisioneros con profesionales especialmente reclutadas. (52) Más tarde entraré en lo del servicio médico.

Semejante surtido de servicios significaba claramente que las compañías que utilizaban prisioneros como mano de obra los “alquilaban” a las SS; la clásica tarifa parecía estar entre cuatro y seis marcos de entonces por día (un dolar o dolar y medio)

(53) Por tanto, los prisioneros eran la base del imperio burocrático-económico de Himmler y, a juzgar por estos recursos, junto con los servicios suplementarios de alimentación, vestido, etc, fué celosamente custodiado. Sin embargo, Farben había crecido lo suficiente como para obtener un acuerdo especial en Monowitz. Les fué concedida plena autoridad sobre los prisioneros y lógicamente las SS vieron recortados sus pagos lo cual, produjo los previsibles enfrentamientos entre Farben y las SS. Éstas se quejaban de agresiones y malos tratos así como de malas condiciones sanitarias en el hospital de Monowitz.

Además se despidió a una quinta parte de la gente registrada en dicho hospital para ser enviada a Birkenau al tiempo que cesaba sobre ellos la custodia de Farben, pasando a las SS quienes, ya molestos por no haber respetado sus acostumbrados derechos sobre la mano de obra, se indignaron cuando se les devolvieron a cambio los inhábiles de Monowitz. Así pues las SS pidieron que el susodicho hospital, con un total de 300 camas, fuera ampliado, pero les replicaron “si no estan lo suficientemente fuertes para trabajar, que no continúen aquí”. (54)

Birkenau, lo mismo que Auschwitz I era responsable de abastecer de mano de obra a Farben y a sus filiales e igualmente hacían para otras empresas como la fábrica de explosivos Krupp y la factoría eléctrica de Siemens. Los internos también trabajaban en obras de demolición de estructuras, drenado de terrenos pantanosos, construcción de carreteras, preparación de cultivos vegetales especiales (Raisko), construcción y puesta en marcha de granjas modelo (Harmense), manufactura de ropa, etc… (55) Birkenau, como se verá, cumplía otras misiones y será especialmente necesario estudiar las acusaciones de que en Birkenau funcionaba un programa de asesinato masivo de judíos mediante cámaras de gas, siendo éstos llevados a Auschwitz para este propósito. (56)

Las cifras brutas más arriba señaladas para las poblaciones de los campos son sólo ilustrativas; en realidad la de Birkenau varió mucho y además tampoco estuvo nunca al completo. La capacidad proyectada de Birkenau parece haber sido de 200.000 prisioneros, mientras que Auschwitz I aumentó la suya hasta 30.000 estableciéndose allí. (57) Por tanto, debido a su veteranía y al hecho de alojar las oficinas de la administración de las SS en Auschwitz, Auschwitz I era en verdad el “campo primero”, pero Birkenau, diseñado para los cometidos especiales de Auschwitz, estaba claramente destinado a ser el “campo principal” en lo relativo al alojamiento de reclusos.

Mientras que la región de Auschwitz-Kattowitz fué idónea desde el punto de vista técnico, resultó ruinosa desde el punto de vista humano, pues el recinto estaba salpicado de aguas estancadas que envenenaban el aire y permitían que la zona estuviese constantemente fangosa. El tifus y la malaria eran frecuentes y la región nunca peligró por la guerra, pero las condiciones agravaron muchos las cosas. Se dice que “los coches se desinfectaban tras llevar a los prisioneros a o sus ropas”. (58)

Después de 1942, la planta de hidrogenación de Auschwitz producía petróleo, gasolina y otros productos químicos pero cuando se evacuó el campo en enero de 1945 no producía Buna; en aquel momento sólo producía acetaldehido a partir de acetileno.

(59) La relativa lentitud en construir una planta se debió sin duda al carácter inicialmente salvaje de la región y al empleo como mano de obra de prisioneros, algunos con no muy buena salud. Lo último tuvo consecuencias que más tarde se verán en el contexto apropiado. No sé si la planta de Buna de Auschwitz iba a ser más o menos lo mismo que la de Ludwigshafen, una versión mejorada de ésta o una nueva generación de plantas de Buna. En cualquier caso, de haberse terminado, no hubiera habido en todo el mundo nada más avanzado para la producción de goma Buna.

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CAPITULO III. WASHINGTON Y NUEVA YORK

La situación militar de las potencias aliadas en 1942 parecía desesperada. Tras el invierno de 1941-42 los ejércitos alemanes continuaron su avance a través de Rusia. La destrucción de la mayor parte de la flota estadounidense en el Pacífico el 7 de diciembre de 1941 lo convirtió virtualmente en un lago japonés. De repente, EE.UU. se enfrentaba con un problema que para ella resultaba extraño: la falta de materias primas vitales sin las cuales ningún esfuerzo de guerra era posible. Japón controlaba lo que había sido la fuente del 90 % de la goma americana, Malasia y las Indias Orientales; la fuente del otro 10 %, América Central y del Sur, era desesperadamente insuficiente. (1)

El modo en que Estados Unidos se zafó de esta grave situación permanecerá como una de las más grandes ironías de la Historia. Se podría esperar que este problema no hubiera podido solventarse, ya que los estadounidenses nunca habían pensado en términos de “autarquía”.

La “Standard Oil of New Jersey” conocía lo esencial del proceso para la fabricación de goma “Buna” de IG Farben, como consecuencia de una serie de acuerdos entre las dos compañías, que, iniciados en 1927, contemplaban la cooperación técnica y la disposición recíproca de licencias. La “Standard” se interesó bastante por la goma “Buna”, ya que también podía obtenerse (más fácilmente) del petróleo. La cooperación prosiguió con el consentimiento del Gobierno alemán hasta el estallido de la guerra e incluso tras el mismo en menor grado. El lado estadounidense se benefició enormemente de esos acuerdos, pero los alemanes no sacaron de ellos casi nada. (2)

El comienzo de la guerra en septiembre de 1939 con Alemania por un lado e Inglaterra y Francia por el otro, acarreó para dichos acuerdos entre Farben y la “Standard Oil”, un cierto grado de confusión legal que no vamos a estudiar aquí. Farben deseaba clarificar la situación, así que se preparó un encuentro en La Haya para el 22 de septiembre, durante el cual llegaron a ciertos acuerdos legales. El empleado de “Standard” Frank A. Howard se vió sorprendido por todo esto (3):

“Sin embargo, no puedo escapar a la idea de que los alemanes mismos son los únicos que pueden beneficiarse, desde el punto de vista militar, abandonando las relaciones entre “Standard” e “IG” en la situación a que la guerra las ha llevado”.

Los acuerdos de La Haya pronto resultaron ser inadecuados, así, en la primavera de 1940 se decidió que era necesario reunirse otra vez. Howard veía otros motivos para una cumbre ulterior:

“…intentábamos pedirles que nos facilitasen algunos de sus elaborados diseños para la fabricación de equipos y tecnología de Buna. Esperábamos que “IG” pudiera obtener permiso de su Gobierno para vendernos los planos de las plantas de polimerización de Buna que habían construido en Alemania a instancias del programa gubernamental”.

Estas esperanzas naufragaron en la conferencia entre “Standard” y “Farben” que al final tuvo lugar en la Basilea suiza a mediados de abril de 1940, durante la ocupación alemana de Noruega que señaló el final de la Sitzkrieg (guerra de sitio). Las nuevas condiciones políticas que surgieron al darse cuenta Alemania de la gravedad de la situación, conllevaron el final de las relaciones entre Farben y Standard y, naturalmente, ésta no llegó a ningún lado con sus propuestas para comprar proyectos de plantas. Sin embargo Howard explica que:

“Nuestros ojos miraban a otro sitio. Queríamos estar seguros de que los alemanes no habían cambiado radicalmente, desde el estallido de la guerra, ni sus procesos de fabricación de Buna ni sus fórmulas. Las preguntas directas estaban descartadas ya que los hombres de “IG” no podían discutir sobre ningún punto del esfuerzo industrial alemán de guerra, pero durante la liquidación de las transferencias de patentes y las licencias necesarias para cumplir los acuerdos de La Haya, obtuvimos suficiente información para estar seguros de que lo fundamental del proceso seguía igual. Esta conclusión, se vió confirmada más tarde.”

Este fué el “último contacto directo de “Standard” con los alemanes acerca de la goma Buna”. (4)

Todo lo que Estados Unidos sabía sobre los procesos de Buna, que hicieron posible el esfuerzo de guerra provenía de esas relaciones con “Farben”, y esto es un hecho aceptado en la industria de gomas. (5) No obstante, más tarde Standard las criticó estúpidamente, e incluso procedió legalmente en su contra. (6)

La súbita falta en 1942 de una fuente de goma puso de relieve una crisis política en los EE.UU.. Se tuvo en proyecto un programa de fabricación de Buna desde mediados de 1940, cuando se creó, dentro de la Corporación Financiera de Reconstrucción (Reconstruction Finance Corporation), la Corporación de Reserva de Goma (Rubber Reserve Corporation). Esta agencia, dirigida por Jesse H. Jones, supervisaba las “existencias” en reserva de goma no elaborada y también patrocinaba las construcciones de plantas de Buna que se iniciaron en 1941. Sin embargo, ninguna autoridad había previsto la pérdida total de la goma del Lejano Oriente de modo que el programa para la fabricación de goma sintética fué insuficiente en comparación; por otra parte, en 1942, casi nadie tenía experiencia con los procesos a gran escala de Farben.

Se tomó conciencia de la problemática situación justo después del ataque a Pearl Harbour pues, tres días más tarde, el Gobierno de los EE.UU. prohibió la venta de neumáticos nuevos para automóviles civiles. A esto siguió el racionamiento general de la goma. En los inicios de 1942, se cayó en la cuenta de que, para el esfuerzo de guerra estadounidense, habría de crearse, en tiempo record, una industria gigantesca para la producción de goma sintética. Las tristes perspectivas, en apariencia, para dicha realización, levantaron una ola de pánico y, por supuesto, se buscaron cabezas de turco.

Jesse Jones fue uno de los favoritos y sus promesas de que se producirían 300.000 toneladas de goma sintética en 1943 y 600.000 en 1944 fueron tomadas a broma (el consumo estadounidense de goma en 1940 era de 648.500 toneladas). La “Standard Oil”

fué objeto de ultrajantes insultos por parte de gente que tomó los acuerdos entre “Farben” y “Standard” como una conspiración, para retardar el desarrollo de la goma sintética, de Harry S. Truman; presidente del Comité del Senado que investigaba los problemas de la producción de guerra y el primero que cobró relieve en relación a la crisis de la goma de 1942.

Dicha crisis también levantó conflictos políticos internos; los grandes intereses petrolíferos gozaban de gran ventaja, pero en el Congreso dominaba la facción agraria.

Hoy en día, la Buna puede hacerse no sólo a partir del petróleo o del carbón, sino a partir del alcohol, un producto agrícola. Previendo el nacimiento de una nueva y más grande industria, los intereses del campo comenzaron a abogar por fabricar Buna del alcohol (el método más caro). Argüían el hecho de que los rusos, que también trabajaban desde hacía mucho en el campo de la goma sintética, utilizaban el alcohol y hablaban de un refugiado polaco que se decía había hecho un descubrimiento revolucionario en relación con la producción de Buna alcohólica.

Había otra facción política, ligada con intereses en Sudamérica, que proponía subvenciones a plantaciones y también existía una pequeña agrupación de agricultores que presionaba en favor de mayores cultivos de guayule en el Sudoeste. Los resultados de estas batallas internas generaron una confusión total y retardaron el desarrollo del ya existente programa estadounidense para la fabricación de Buna.

La crisis de la goma atrajo la atención de la prensa en 1942 y de hecho fue la mayor que los EE.UU. afrontaron en la guerra. No dejaban de lamentarse de que Alemania estuviera muy por delante de los estadounidenses y de que los EE.UU. carecieran de la experiencia vital con los procedimientos alemanes. Los métodos que estaban usando en Alemania se citaron en las discusiones sobre los inicios del programa estadounidense.

La lucha de la facción agraria contra los llamados “intereses petroleros”, logró, temporalmente, un gran triunfo en julio de 1942 cuando el Congreso aprobó la inquietante “Ley de las Reservas de Goma de 1942” (Rubber Supply Act of 1942). La ley establecía un nuevo organismo para la producción de goma, totalmente bajo control del Congreso y fuera de los dominios del “Consejo de Producción de Guerra” (War Production Board), del Ejército, de la Marina o de cualquier otro organismo del Gobierno. Por supuesto, también especificaba que la goma iba a hacerse a partir de alcohol de semillas (grano). El presidente Roosevelt vetó esta ley el 6 de agosto y anunció que se nombraría un comité para estudiar el problema y para servir de consejero en relación al programa estadounidense de goma sintética: “probablemente la acción más aclamada en el frente doméstico en la historia del programa de guerra”. Los miembros del Comité eran, el Dr.

James D. Conant, presidente de Harvard y el Dr. Karl T. Compton, presidente del MIT (Massachusset Institute of Technology), con el financiero y líder político Bernard M.

Baruch, al frente. Dicho comité se conoce, vulgarmente, como el Comité Baruch (8)

Estos tres hombres fueron escogidos, en parte, porque no se les consideró con intereses específicos en el conflicto y también por su experiencia. El nombramiento de Baruch como presidente de un Comité tan orientado a lo técnico puede extrañar al principio, pero no viene al caso: además de ser un hombre con talentos diversos y con conexiones financieras, industriales y políticas de importancia, había presidido el Consejo de Industrias de Guerra (War Industries Board) durante la PGM; y también, durante un periodo de más de 30 años, se interesó por las empresas en el campo de la goma industrial y separadamente, previendo necesidades de guerra, había inventariado las “existencias” americanas de goma en la primavera de 1941. En consecuencia, tuvo roces con varias personas, principalmente con Jesse M. Jones. Además, a diferencia del típico presidente de comité “nombrado” por Washington ad hoc, Baruch empleó toda su energía trabajando en el comité. Su ayudante Sam Lubell también fué incluido entre los nombramientos. Incluso después de sacar el informe final, Baruch continuó interesándose ya que Howard dice que Baruch expresó más tarde su deseo de hablar a la gente de la Standard y de concretar una conferencia en la cual se discutieran los mayores problemas técnico-económicos. (9)

Los trabajos del Comité Baruch se completaron con notable velocidad y el informe último fué entregado el 10 de septiembre de 1942; la mejor explicación de esta rapidez serían las relaciones que Baruch había tenido con el problema a título personal.

Debemos intentar ver la cuestión tal y como el comité debió verla en 1942. Por encima de todo era un problema político que exigía la reconciliación de los intereses en liza por el negocio de la goma sintética. Así pues, el informe final del Comité recomendaba dotarse de la capacidad de producir 100 millones de galones (*) de alcohol vegetal adicional por año. El segundo problema estaba relacionado con la falta de experiencia práctica, por parte estadounidense, en los procesos para fabricar Buna. Los detalles técnicos los tenían en la mano, pero había muchas cuestiones sobre otros muchos puntos y muy pocas versiones alternativas de los procesos. Así, con la intención de acelerar el programa estadounidense de goma sintética, el Comité Baruch vió la necesidad de aprender lo más posible de los experimentos de otros. En concreto, recomendó que debía intentarse aprender lo hecho por los rusos sobre la fabricación de goma sintética para utilizarlo en el programa estadounidense (a Jesse Jones se le acusó de pasar por alto esta posibilidad). Dicho intento se hizo, pero no aportó resultados valiosos.(10). En tal situación se hace necesario admitir que alguien, en Estados Unidos, logró conocer los descubrimientos alemanes del modo más detallado posible y el nuevo descubrimiento alemán sobre goma en 1942 era Auschwitz, el lugar de los entonces más modernos avances en el campo de la goma Buna. (*) (N.T. –Serían unos 450 millones de litros).

Lo que debe subrayarse en nuestra disertación de la crisis de la goma estadounidense de 1942 es que la inteligencia estadounidense debía saber qué pasaba en Auschwitz aquel año. Lógicamente sería deseable conocer qué sabía la inteligencia militar sobre acontecimientos de dentro y fuera de Alemania durante la guerra. Sin embargo, dichos organismos son reacios a facilitar tales datos incluso muchos años después de los hechos en cuestión. En relación a las operaciones de espionaje de la SGM se conocen unos pocos episodios sensacionales, pero por lo general las informaciones de la inteligencia aliada no se han divulgado. Pasará muchísimo tiempo hasta que se publique lo relativo a Auschwitz, si es que se hace algún día.

Por lo tanto, cuando uno trata de interpretar los datos que tenían las agencias de inteligencia aliadas debe utilizar mayormente el sentido común. El problema es que un sentido común puede diferir mucho de otro y ponerse de acuerdo en tales asuntos puede ser muy difícil de lograr. Ahora mi sentido común me dice que, dejando aparte la crisis de la goma, la inteligencia aliada sabría lo que pasaba en los mayores campos alemanes a mediados de 1942. Si además, como dicen todas las versiones de la leyenda exterminacionista, existía algo tan estrafalario como un programa para el exterminio sistemático de judíos en el Auschwitz del verano de 1942, mi sentido común me dirá que, con toda certeza, la inteligencia militar americana lo habría sabido.

Si otro sentido común no le conduce a uno a la misma conclusión resulta dudoso que las diferencias puedan solventarse por medio del diálogo. Sin embargo, con Auschwitz se da el caso de ser interesante como campo de concentración (un campo de exterminio si los exterminacionistas tienen razón) y como el lugar más avanzado de las investigaciones sobre goma sintética. En 1942, ningún otro lugar del Reich era más importante y tampoco lo era ninguna otra operación industrial desde un punto de vista estratégico. Por tanto, si la inteligencia norteamericana (o sus allegados británicos) no sabía qué estaba pasando en Auschwitz en el verano de 1942, me temo que habría que protestar por la absoluta ignorancia e incompetencia de tales organismos.

Auschwitz era de la mayor importancia para los EE.UU. a mediados de 1942 debido a su enorme significado tecnológico. Anteriormente, vimos el enorme interés de Howard, en 1940, por cualquier dato sobre posibles nuevos avances obtenido directa o indirectamente y debe admitirse que, en 1942, los estadounidenses estarían igualmente interesados. Es verdad que la inteligencia consiguió saber lo esencial de la industria de Auschwitz: una planta de hidrogenación y de otros procesos químicos orientada a la producción de gasolina y goma. Se ha visto que cada planta alemana de Buna utilizaba técnicas diferentes, distinguibles unas de otras por importantes detalles y que el método de Auschwitz se benefició de la experiencia acumulada por los otros. Esto justifica que, admitiendo la singular importancia del problema de la goma y la peculiar situación de Auschwitz, la inteligencia examinara al detalle, probablemente mediante fotografías aéreas, cada pulgada, y que varias personas en los EE.UU. dispusieran de los datos conseguidos. Seguramente, dicha información contenía cosas sin importancia como la utilización de cautivos y prisioneros de guerra como mano de obra.

Puesto que el ocultar la información constituye una regla del espionaje militar, podemos suponer que se usaron métodos más o menos convencionales para reunir los datos de interés: utilización de contactos con representantes comerciales de Farben que permanecían en países neutrales (Portugal, España, Turquía, Suiza o Suecia), fotografías aéreas (los cazas destinados a estos propósitos siempre tienen mayor alcance que los bombarderos, por no llevar armamento), conocimientos generales de la economía e industria alemanas, espías e informadores en el Gobierno y en la industria alemana (por ejemplo, el almirante Canaris) e informadores bien situados de países neutrales (como los cuerpos diplomáticos suizo y sueco y también compañías en negocios con Alemania).

Aunque todos estos medios jugaron sin duda su papel, las técnicas fotográficas fueron particularmente importantes: dicha tecnología había alcanzado un nivel respetable en 1942 de modo que las fotos aéreas realizadas, incluso sobre posiciones bien defendidas, causaron la sensación de “estar” en el lugar de los hechos. Existían otras vías de información cuya naturaleza y existencia son aquí de gran significación y de las que se hablará en su debido momento.

No estando al corriente de los problemas técnicos de entonces, relacionados con la Buna, ignoramos la información de que disponían los estadounidenses y cómo la obtuvieron a partir de los datos de espionaje; sólo entendemos lo que la gente de la Standard tenía en mente en la conferencia de Basilea y las medio respuestas deducidas del ritual de legalismos que allí hubo. Sin embargo, podemos proponer una posibilidad a modo de ejemplo, sin pretender que fuera exactamente así.

Hemos visto que la primera planta alemana de Buna en Schkopau empleaba la técnica carbonato acetileno-butadieno y que la de Huels utilizaba la de hidratos de carbono-acetileno-butadieno. La nueva planta de Ludwigshafen, próxima a finalizarse cuando el Comité Baruch estaba reunido, había vuelto a producir acetileno a partir de carbonato y se había modernizado pudiendo convertir el acetileno en butadieno. Ya que la vía del carbonato y la de los hidratos de carbono eran potencialmente utilizables en los EE.UU. (que podían haber partido de alcohol de semilla o de petróleo) sin duda era interesante si Auschwitz iba a usar la vía del carbonato (como era el caso), abandonando la versión de los hidratos de carbono debido a las experiencias de Huels, o iba a emplear esta última u otra versión, lo cual significaba el fallo de la técnica del carbonato. Además la polémica carbonato-hidratos de carbono probablemente se resolvería gracias al espionaje aéreo si era necesario.

¿Cuál era, en términos del problema al que hacían frente los estadounidenses, el valor esencial de la información exacta acerca de los últimos avances alemanes sobre la Buna que estamos seguros que estudiaron detenidamente hacia mediados de 1942?

Quizá ninguno, como suele ocurrir con muchos tipos de información; la cosa está en no perder comba en la clase de situaciones en las que se encontraron los estadounidenses con relación a la goma en 1942.

Aquí se hacen necesarias ciertas consideraciones técnicas, porque fué en un contexto técnico por el que primero Auschwitz acaparó la atención de Washington. Sin embargo, no sólo es esto lo que aquí nos ocupa sino simplemente el hecho de que llamara la atención o de que alcanzara resonancia en círculos íntimos de los EE.UU. en el verano de 1942: esto es lo único importante. No tenemos pruebas directas de esto pero tenemos motivos comprobados de por qué debe admitirse dicho interés. Queda por demostrar que los sucesos de entonces en Auschwitz podían fundamentar la acusación de “factoría de exterminio” a los ojos de círculos políticos allegados que estaban buscando que aparecieran semiverdades en las que basar historias de atrocidades. De lo ocurrido en Auschwitz a últimos de 1942 y comienzos de 1943 nos ocuparemos en otro contexto a lo largo del próximo capítulo y por tanto aquí no se hablará de ello.

El lado más misterioso de Auschwitz, mientras el Comité Baruch se encontraba reunido, fué que la planta adquirió un aspecto fantasmagórico; hacia el 1 de agosto la planta de Buna se cerró. No se apreciaba actividad salvo algún vigilante ocasional. Esto debió excitar mucho la curiosidad y sin duda se llevaron a cabo acciones especiales para conocer qué pasaba.

Nuestro feo y viejo amigo, el tifus, estaba en Auschwitz; una epidemia cerró la planta por dos meses de modo que el trabajo no se reinició hasta últimos de septiembre. Por entonces, había un número de muertos que debió ascender a unos pocos miles, aunque esto no se sabe con certeza. La política alemana consistía en la cremación de los cadáveres de los reclusos fallecidos, pero la epidemia había sorprendido a las autoridades de Auschwitz con escasos medios para la incineración. Había un pequeño crematorio en Auschwitz I pero la vasta capacidad de Birkenau, para la cual existían planes desde enero de 1942, estaba aún construyendose en 1942 y la primera de las nuevas unidades, consistente en 15 hornos crematorios convencionales, no estuvo disponible hasta enero de 1943. Parece que muchas de las víctimas de la epidemia fueron inmediatamente quemadas en piras, pero posiblemente muchas fueran enterradas al menos temporalmente. Que los alemanes estaban construyendo en Birkenau crematorios resultó, con toda seguridad, evidente para la constante vigilancia aliada (que admitimos que existía) en el otoño de 1942. Los edificios donde se instalaron los hornos de Birkenau tenían vestíbulos, habitaciones o sótanos que las acusaciones dicen que eran “cámaras de gas”.

Varios libros dan las versiones de la fotografía de la figura 7 que dice ser de unos gaseados esperando su incineración en piras, tomada por un recluso de Auschwitz en 1944. (11) No tenemos modo alguno de saber cuándo, cómo y por quién fue tomada. Sin embargo, dichas escenas eran corrientes en el Auschwitz de 1942, cuando presumiblemente el campo atrajo la atención de la inteligencia aliada. Ciertamente, la baja calidad de la fotografía me hace especular en principio con una fotografía del espionaje aéreo: lo bajo del ángulo no descarta la posibilidad ya que frecuentemente se obtienen tales ángulos incluso con posiciones muy defendidas. (12) Igualmente las versiones que examiné en los distintos libros no aportan datos suficientes para apoyar la tesis de que se tomó “in situ”. Nuestra figura 7 es una reproducción de una foto obtenida en el museo de Auschwitz bajo control del Gobierno polaco en 1973 y en ella subsisten bastantes enigmas. Por lo que yo sé la versión aquí mostrada es la única no falsificada en grado alguno (o, por lo menos retocada) contiene detalles de fondo aparentemente más auténticos (por ejemplo la valla y los árboles).

En cualquier caso Birkenau era en verdad un “campo de la muerte”: gente muerta, en trance de morir y enfermos eran allí enviados y, cuando se construyeron los crematorios, los muertos eran incinerados en ellos. Si se quiere hablar de “campo de exterminio” cuando no hubo ninguno. ¿Qué mejor opción que “campo de la muerte”?

Mientras que lo dicho anteriormente insinúa el verdadero modo en que nació la mentira de Auschwitz, la cuestión de cómo se originó el resto de la leyenda resulta irrelevante. Las acusaciones del exterminio judío no surgieron de los datos de la inteligencia aliada sino de las actividades del Congreso Mundial Judío, cuyos líderes, al principio, ni se pusieron de acuerdo, ni se ocuparon de los sucesos de Auschwitz.

Sobre este punto uno debe descartar dos posibles falacias. La primera es que la propaganda aliada intentó “hinchar” lo de Auschwitz al darse cuenta de que las perspectivas para tal propaganda eran excelentes. La segunda es que lo dicho sobre Auschwitz carecía casi totalmente de base real.

Si como se dice aquí no hubo un programa de exterminio, pero determinados propagandistas estadounidenses decidieron que sí lo hubo, habrían cometido su más grave error al enfatizar los sucesos de Auschwitz o de cualquier otro presunto campo de exterminio, pues ésto se sumaría a las acusaciones que los alemanes podían contestar.

Si ciertas personalidades estadounidenses de alto rango; tales como Roosevelt o los miembros de su Gabinete, hubieran hecho declaraciones concretas sobre exterminio, dando nombres de lugares en donde se llevaron a cabo, bajo la común circunstancia de la amplia publicidad concedida a las declaraciones de semejantes personalidades, tanto los aliados como los alemanes habrían intentado aclarar la cuestión y en breve la verdad habría salido a la luz. Por el contrario, como veremos en capítulos sucesivos, el primer periodo en el que se produjeron constantes referencias a Auschwitz como campo de exterminio y apareciendo bajo obscuras circunstancias, fué justo después del día-D (6 de junio de 1944) cuando nadie estaba prestando atención a tales historias. Avanzado el verano de 1944 la atención se centró en el campo de Lublin recientemente ocupado por los rusos. La primera referencia en salir de las fuentes de un Gobierno estadounidense, lo cual resulta suficientemente importante como para no ser desdeñado, y que hablaba de exterminios en Auschwitz llegó a últimos de noviembre de 1944, después de que finalizaran los supuestos exterminios. (13) Por otra parte, gente como Roosevelt o Churchill y sus ministros solamente hablaron en términos moralizantes muy generales. Sólo de creer que en verdad estaban teniendo lugar y queriendo hacer algo por detenerlos, se habrían hecho acusaciones específicas sobre Auschwitz a los cuales los alemanes se hubieran sentido obligados a responder. Tal desafío nunca se materializó. A pesar de que en todas las versiones de la leyenda, los exterminios de Auschwitz habían empezado a últimos del verano de 1942 y a pesar del hecho de que la inteligencia militar estadounidense debía saber cualquier cosa que ocurriera en Auschwitz por entonces, ninguna fuente importante hizo acusaciones de exterminio hasta mucho después.

El segundo equívoco es que la propaganda estadounidense sobre Auschwitz carecía de base real. Ya hemos dicho que esto no es así. Washington poseía una excelente y precisa información de Auschwitz lo mismo que de todos los puntos importantes de la industria alemana y ya apuntamos más arriba que lo que en realidad ocurría en Birkenau parecía invitar a una interpretación tergiversada.

Los primeros acontecimientos “puertas adentro” relativos a la propaganda sucedieron en el contexto de un conflicto en el cual estaban implicados los departamentos de Estado y del Tesoro y el Congreso Mundial Judío (un congreso de judíos estadounidenses presidido por el rabino Stephen S. Wise). Los protagonistas de la historia son el secretario de Tesoro Morgenthau, más tarde autor nominal del importante “Plan Morgenthau” para la expoliación de Alemania; el secretario de Estado Cordell Hull; el subsecretario de Estado Summer Welles, que fué moderadamente reacio a dejarse arrastrar por la propaganda, y el ayudante del secretario de Estado J. Breckenridge Long, que se resistió abiertamente. Igualmente implicados estaban los representantes en Suiza del Congreso Mundial Judío, Gerhard Riegner, y el profesor Paul Guggenheim, que transmitían historias, supuestamente desde Europa a Wise y a otras personas en los EE.UU., principalmente en el Departamento de Estado, por medio del embajador estadounidense en Suiza Leland Harrison o del cónsul americano en Ginebra Paul C.

Squire. La principal obra que expuso los sucesos que rodeaban al nacimiento de la leyenda del exterminio es “Mientras morían seis millones” de Arthur D. Morse, un libro que, hasta cierto punto, se ve completado por el de Henry L. Feigold, “La política del rescate”.

Los informes de postguerra, facilitados por Morgenthau y por historiadores como J.M. Blum y Anthony Kubek (este último seleccionó los documentos de Morgenthau para la publicación del Senado estadounidense “El diario Morgenthau”), F.L. Israel (que seleccionó lo escrito por J. Breckenridge Long) y J. DuBois que, como primer jefe del Consejo de Control de Fondos Extranjeros del Tesoro, estuvo implicado en estos asuntos principalmente en lo que respecta a los esfuerzos para ayudar a refugiados, contribuyeron a otros trabajos adicionales. (14)

La primera pretensión de exterminio parece que corrió a cargo de la sección en Londres del Congreso Mundial Judío, en junio de 1942. Se dijo que un millón de judíos habían sido asesinados en un “vasto matadero de judíos”, desconocido e ilocalizable, en algún lugar de Europa Oriental. Una nota que el Gobierno polaco exiliado en Londres recibió confirmando la información fué el único intento de aportar prueba alguna para este aserto. Como se verá más abajo, el New York Times publicó una noticia con todo lo alegado.

Las pruebas de esta acusación londinense eran a todas luces demasiado inconsistentes para servir como propaganda eficaz, así que se intentó mejorar un poco las cosas. El 8 de agosto de 1942 Riegner y Guggenheim llegaron al Consulado americano en Ginebra, que había cooperado con el Congreso Mundial Judío hasta el punto de permitirle utilizar los canales diplomáticos para enviar mensajes, con la historia de que un desconocido industrial alemán les informó de que se había enterado de una orden para matar a todos los judíos no soviéticos bajo control alemán. Dicho industrial había oído por casualidad las conversaciones que estaban teniendo en el Cuartel General del Führer en relación con los métodos a emplear. Uno de los procedimientos a discutir era el gaseamiento con ácido prúsico (ácido cianhídrico gaseoso), después de concentrar a los judíos en campos de Europa del Este. Este relato fué remitido a Washington por el Consulado mediante los canales diplomáticos estadounidenses y a Londres, vía los canales diplomáticos británicos. El “industrial” continuá hasta hoy en su anonimato.

Cuando el Departamento de Estado recibió el mensaje, fué evaluado y se decidió que:

“No sería prudente en vista de… la fantástica naturaleza de lo alegado y la imposibilidad de prestar ayuda por nuestra parte si tales cosas estuvieron ocurriendo, transmitir la información al Dr. Wise como se ha sugerido”.

Por tanto no se envió el mensaje, pero de todos modos Wise se enteró. Se dice que en Londres, pero también es posible que él hubiera escrito el mensaje primeramente y conociera su envio y su supresión, por alguno de sus contactos.

Wise se puso inmediatamente en contacto con Welles, que había aprobado la decisión de desecharlo, con intención de protestar por el tratamiento que el Departamento de Estado daba al asunto. Welles replicó que la “información” era demasiado frívola para ser tomada en serio y que debería ser confirmada antes de hacerla pública. Welles ordenó a los representantes estadounidenses en el Vaticano que comprobaron lo alegado con fuentes de allí. Por entonces, casi nadie en Washington tomaba la historia en serio e incluso el presidente Roosevelt aseguró al juez Félix Frankfurter que sencillamente los judíos deportados al Este estaban siendo utilizados para ayudar a construir plazas fuertes.

En septiembre aparecieron en Ginebra dos individuos desconocidos que decían haber escapado de zonas bajo control alemán. Relataron el exterminio de judíos polacos y el uso de cadáveres de judíos en la fabricación de fertilizantes. Esto se envió a Washington por el canal diplomático y de nuevo se intentó confirmarlo por el Vaticano (que había ignorado del todo la primera petición). Por las mismas fechas, Wise recibió un mensaje de un cargo del Congreso Mundial Judío en Europa que hablaba de la “fabricación de jabón y fertilizantes artificiales” con cadáveres de judíos.

A últimos de septiembre Riegner volvió a la carga con dos nuevos documentos.

Según él, el primero provenía de un oficial (naturalmente anónimo) ligado al Alto Mando Alemán y había llegado a sus manos a traves de varios intermediarios. El oficial anónimo decía que existían en funcionamiento, por lo menos, dos factorías para la fabricación de jabón, cola y lubricantes con los cadáveres de judíos y que se valoraba cada cuerpo en 50 marcos. El segundo documento consistía en dos cartas en clave que se decía habían sido escritas por un judío suizo residente en Varsovia. El desconocido hablaba de exterminios al por mayor de judíos de Varsovia deportados al Este. Todos estos mensajes fueron enviados y archivados en Washington.

De paso debemos señalar la semejanza de estas historias con la propaganda de la PGM y la espantosa falta de originalidad y creatividad del Congreso Mundial Judío. No hace falta decir que las factorías de jabón y pegamento fueron un fenómeno propagandístico pasajero y que en Nuremberg sólo los rusos hicieron acusaciones parecidas. Dichas acusaciones fueron ampliamente ignoradas incluso entonces y nadie que yo sepa ha intentado después localizar esas factorías, así como tampoco la identidad de las personas que las dirígian y cosas similares. Reitlinger no habla de la existencia de tales fábricas y Hilberg (pág. 624) no cree que existieran.

El 10 de octubre por fin el Vaticano informó a los representantes estadounidenses de que había sido imposible confirmar la gran cantidad de relatos que habían oído sobre duras medidas antijudías.

El 22 de octubre Riegner se reunió con el embajador Harrison y le presentó más “pruebas” del mismo tipo, esta vez los datos “referidos” provenían de otro informador alemán todavía anónimo (cuyo nombre, sin embargo, se dice que le fué entregado a Harrison en un sobre sellado y guardado en secreto para todo el mundo menos para el OSS) y de un oficial de la Cruz Roja Internacional también anónimo. Harrison envió este material a Washington pero también, a últimos de octubre, escribió dos cartas personales a Welles, diciendo que conocía el nombre del industrial y que igualmente el anónimo oficial de la CRI era Karl Jacob Burckhardt, el eminente estudioso de Voltaire y de Goethe que se destacó en la Cruz Roja Internacional durante la guerra, e incluyó una declaración jurada que Guggenheim había hecho ante Squire el 29 de octubre en la cual, Guggenheim decía haber obtenido de un informador anónimo alemán datos confirmando lo dicho por Reigner. Dicho informador obtuvo sus datos de un empleado anónimo del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán y de otro empleado anónimo del Ministerio de la Guerra alemán. Además un anónimo informador suizo residente en Belgrado notificó a Guggenheim corroborándole.

Para confirmarlo, Squire concertó una entrevista con Burckhardt que tuvo lugar en Ginebra el 7 de noviembre. El 9 de ese mismo mes Squire envió a Harrison su memorándum de la entrevista en el cual él hacía constar que según Burckhardt, Hitler había firmado una orden por la cual antes de que terminara 1942 Alemania debía estar libre de judíos. Squire precisa que (15):

“Entonces le pregunté si se empleo la palabra “exterminación” o su equivalente, a la que él replicó que las palabras a utilizar eran “debe estar Juden-frei (libre de judíos)”. Luego puso en claro que puesto que no hay sitio a donde enviar a estos judíos y puesto que ya que el territorio debía estar limpio de esta raza, resultaba obvio lo que ocurría”.

Esto, la crónica de una declaración ambigua, hecha por un no muy bien informado ciudadano suizo, contada por un intermediario amigo del Congreso Mundial Judío y deseoso de hallar de cualquier manera una interpretación siniestra de los hechos, es toda la solidez de la “prueba”. Por lo que yo sé, Burckhardt nunca habló en público de estas cosas durante la guerra o después de ella. Respondió a algunas preguntas escritas hechas por la defensa de Kaltenbrunner cuando el juicio del IMT, pero esas preguntas, relacionadas con los intentos de Kaltenbrunner para permitir a la Cruz Roja la entrada a los campos hacia el final de la guerra, no eran de importancia para lo que tratamos. Nadie preguntó a Burckhardt sobre exterminios. (16)

A últimos de noviembre el Departamento de Estado recibió “información” procedente de fuentes vaticanas anónimas que consistían en una descripción de tres páginas, en francés sobre hechos supuestamente divulgados en Polonia. El documento está sin firmar y la única clase de encabezamiento es una nota escrita a mano por un desconocido en la primera página “de Mr F. en la Ciudad del Vaticano”. El documento dice “inter alia” (17):

“Se están organizando granjas para la cría de seres humanos a las cuales se llevan mujeres y niñas con el propósito de convertirlas en madres de los niños que serán promovidos a dirigentes del nazismo… Las ejecuciones de judíos en masa continúan… Se les mata por envenenamiento en cámaras de gas especialmente preparadas al efecto (a menudo en vagones) y ametrallándolos, posteriormente, muertos y moribundos son enterrados… Están circulando noticias que hablan de que los alemanes utilizan sus cuerpos en plantas para la fabricación de productos químicos (factorías de jabón)”.

Hacia finales del verano y en el otoño de 1942, Wise continuó su campaña a favor de que los gobiernos adoptaran públicamente una posición condenando los presuntos exterminios de judíos europeos. El 8 de diciembre Wise encabezó una delegación a la Casa Blanca y entregó al presidente Roosevelt un documento de 20 páginas titulado “Marca azul para la exterminación” basado en la clase de “información” que hemos visto.

Las consabidas presiones judías finalmente acarrearon la rendición ante Wise en el tema de las míticas exterminaciones y el 17 de diciembre de 1942 los aliados, liderados por Washington, emitían una declaración condenando los exterminios. Un documento semejante, dado dos días más tarde, hablaba de exterminios en Belzec y en Chelmno, pero no se mencionaba a Auschwitz (las importantes historias posteriores se verán después).

A pesar de la declaración pública, el grupo J. Breekenridge Long siguió resistiendo a la propaganda. El 19 de enero de 1943 Reigner “informó” a Harrison de que “…en un lugar de Polonia se matan 6.000 judíos diariamente.”. El 21 de enero Harrison comunicó esto al Departamento de Estado y también a unas “agencias judías privadas” no especificadas, aparentemente mediante Wise. El mensaje simplemente fué archivado y el Departamento no hizo mención pública de él. Por un tiempo dichas agencias judías privadas guardaron silencio sobre el mensaje. El 10 de febrero el grupo de Long dió un paso adelante para la erradicación de tal propaganda instruyendo a Harrison un mensaje firmado por Welles (del que se dice que no leyo dicho mensaje) haciendo especial referencia al cable de Harrison del 21 de enero:

“… en el futuro, los informes que le sean enviados para transmitir a particulares en los EE.UU. no deben aceptarse a menos que circunstancias extraordinarias hagan tal acción conveniente. Se cree que enviando esos mensajes privados que eluden la censura de países neutrales nos arrriesgamos a que estos países puedan juzgar necesario proceder al corte o a la supresión de nuestros medios secretos oficiales de comunicación”.

Finalmente el 14 de febrero el New York Times publicó la historia. Para explicar el retraso de cuatro semanas en la publicación, a pesar de que las “agencias judías privadas” la recibieron el 21 de enero y a pesar de la política de tales agencias de publicar infundios, sólo podemos hacer conjeturas sobre que ciertas personas no identificadas estaban esperando a que el Departamento de Estado, en vista de la declaración precedente del 17 de diciembre, diera más “información” a fin de obtener una mayor credibilidad de la que habría tenido la historia de aparecer de repente: algo indistinguible del resto de la propaganda de atrocidades.

El Tesoro (que por culpa de la larga cruzada de Morgenthau contra Alemania interfirió repetidas veces el curso de la política exterior por lo menos desde 1936) (18) tuvo pronto conflictos con el Departamento de Estado por esta supresión. Otro motivo de discordia más importante entre los dos departamentos llegó en febrero de 1943. Se supo que el Gobierno rumano estaba preparando la transferencia de 70.000 judíos a Palestina mediante barcos rumanos con bandera vaticana (no es probable que los rumanos estuvieran seriamente preocupados por el lugar a donde les enviaban, así que supongo que lo de Palestina sería un detalle de los sionistas implicados en la elaboración de las propuestas). Los “empleados que estaban en Rumanía a cargo de los intereses judíos”

pusieron una condición importante. Costaría 250 libras per cápita (unos 1.200 dólares).

Había otras dificultades. La política británica de entonces no estaba dispuesta a enemistarse con los árabes, debido en primer lugar a las consecuencias catastróficas potenciales de un levantamiento árabe en tiempo de guerra, así que inicialmente los británicos se negaron a considerar la admisión de tantos judíos en Palestina. Los ingleses argüían que si se iban a sacar tantos judíos de Europa, los EE.UU. deberían proporcionar campos en Africa del Norte. Además, tanto el Foreign Office como el Departamento de Estado dijeron que inevitablemente habría espías en un grupo tan numeroso de personas, que el problema logístico de transportar y acomodar a tanta gente era enorme y que el dinero que costaría caer en manos enemigas (para quienes las divisas aliadas eran valiosas por varios motivos). El Tesoro estaba deseoso de entrar en el asunto de ayudar a refugiados judíos y por tanto buscaba cómo vencer estas contrariedades. Hacia julio de 1943 se dijo que estaba listo el rescate de los judíos rumanos, 170.000 dólares, y el Tesoro junto al Congreso Mundial Judío propusieron que hombres de negocios judeorumanos podían reunir el rescate para devolverlo después de la guerra con dinero a recoger de una plica en Suiza . Sin embargo, las pegas de los británicos para admitir a los judíos en Palestina continuaron y los esfuerzos para buscar otros destinos tropezaron con la oposición de varios países candidatos y también con las leyes de inmigración americanas.

El Departamento de Estado, especialmente J. Breckenridge Long y sus asociados, consideraron toda la palabrería de “exterminios” como invención de la propaganda de guerra en la misma línea de las historias inventadas durante la PGM. Después de todo, ellos analizaban continuamente propuestas para sacar a estos exterminados de Europa; mismamente, en enero de 1944 el Departamento inició acciones para promover la salida de judíos desde Polonia hacia Hungría. Long escribió que uno de los peligros de apoyar a Wise era que “puede añadir color a las acusaciones de Hitler de que luchamos a cuenta, por instigación y bajo la dirección de nuestros ciudadanos judíos”. El Departamento de Estado consideró anodino todo el proyecto y en contradicción con los requisitos de un esfuerzo de guerra óptimo. Long escribía que:

“Wise se da aires de beato y aboga por los “intelectuales y espíritus valientes, refugiados de las torturas de los dictadores” y cosas parecidas. Por supuesto, sólo una pequeñísima parte de los inmigrados pertenecen a esa categoría y algunos son en verdad agentes alemanes… No me refiero al “Navemar” que cubre la ruta entre Lisboa, La Habana y Nueva York, un carguero que lleva a 15 pobres judíos en cubierta y 1.200 bajo ella, sin asistencia sanitaria, sin servicio, ni cocina decente, desde 700 a 1.500 dólares por cabeza, cuatro murieron antes de llegar a las Bermudas, seis fueron hospitalizados allí, uno de los cuales murió víctima de la rapacidad de sus compañeros y no de la política alemana o norteamericana. El navío es una amenaza para la salud de cualquier puerto en donde atraque y una vergüenza de la avaricia humana que lo hizo posible. Pero no digo esto para replicar al rabino Wise. Cada uno de estos hombres me odia. Soy para ellos la personificación de una némesis. Todos y cada uno de ellos creen que toda persona de cualquier procedencia tiene el derecho de entrar en los EE.UU.. Yo creo que nadie en ningún sitio tiene derecho a entrar en los EE.UU. a menos que estos así lo deseen”.

El Departamento de Estado o bien demoró el asunto o saboteó conscientemente el plan propuesto. Al final del verano de 1943 se supo que 6.000 niños judíos podían ser sacados de Francia y esta posibilidad vino a añadirse al problema.

Los hombres del Tesoro y del CMJ continuaron presionando a favor del plan y siguieron afirmando, aparentemente con entera seriedad, que la única alternativa era la muerte a manos de Hitler de la gente en cuestión. Era una acusación abierta de que, si no se aprobaba el proyecto, “el Gobierno sería cómplice del asesinato de judíos”. Varias personas presionaron también a los británicos. Long se había convertido en un niño travieso de cara al público y dentro de los círculos gubernamentales; escribiendo amargamente:

“…la agitación judía depende de los ataques personales. De lo contrario no habría publicidad. Así que por ahora soy el del toro”.

Como resultado de esta campaña, Wise y Morgenthau dieron un paso decisivo en diciembre de 1943, cuando finalizaron las conversaciones para evacuar a los judíos rumanos y el dinero fué depositado en una cuenta suiza controlada por Reigner y el Tesoro. Por otra parte, Rumanía hizo en diciembre tanteos para firmar la paz y se le aseguró que se le trataría bien si hacía lo propio con sus judíos; Rumanía comenzó de inmediato a repatriar a los judíos que había asentado en el mar de Azov en Rusia.

Morgenthau obtuvo esta victoria en la reunión del 20 de diciembre entre Hull, Long, él mismo y John Pehle, jefe del Control de Fondos Extranjeros del Departamento del Tesoro. Morgenthau había decidido claramente enfrentarse en toda la línea al Departamento de Estado, pues en dicha reunión casualmente pidió una copia del texto completo del mensaje de Welles a Harrison del 10 de febrero (la orden de supresión). La dirección del Departamento accedió, pero borraron la referencia al mensaje de Harrison del 21 de enero, y por tanto hicieron que el mensaje pareciera totalmente rutinario. Así pues, al copiar el mensaje, el Departamento de Estado no se percató de que obviamente todo su contenido ya se había filtrado hasta DuBois en el Tesoro mediante Donald Hiss del Departamento de Estado (hermano de Alger Hiss y más tarde identificado como comunista en el testimonio de Bentley-Chambers, aunque él lo negó) que consiguió copiarlo con gran dificultad a petición de DuBois, sin embargo, alertó a este último el que los mensajes “no fueran asunto del Tesoro” y que Hiss pudo perder su empleo a causa de la filtración. (19)

Cuando Morgenthau recibió la copia impresa se dió cuenta de que contaba con otra arma contra Long y los suyos y así, provocó el enfrentamiento quejándose de la redacción del mensaje y pidiendo ver la parte que faltaba, incluida poco después, descubriendo una zafia maniobra de ocultación del Departamento de Estado. Los de dicho Departamento estaban ahora mucho más a la defensiva y un posterior examen de los legajos del Departamento de Estado (sobre los que ahora el Tesoro podía insistir más) revelaron que, en respuesta a la petición de Wise, Welles había telegrafiado a Harrison en abril para reunirse con Reigner y conseguir la nueva información que Reigner había supuestamente obtenido. El confundido Harrison hizo lo que se le pidió (las noticias de Reigner tenían que ver con propuestas para asistir a refugiados judíos en Francia y Rumanía) e igualmente declaró a Welles que dicho material no debía estar sujeto a las restricciones impuestas por la nota del 10 de febrero.

Morgenthau salió victorioso en la batalla Departamento del Tesoro-Departamento de Estado y Roosevelt, que fué arrastrado a la disputa, se puso de su parte al crear en enero de 1944 el llamado Consejo de Refugiados de Guerra, compuesto por Morgenthau, Hull y el secretario de Guerra Stimson. Sin embargo, el director ejecutivo era “el niño bonito de Morgenthau”, John Pehle, y Josiah DuBois era el consejero general. Por tanto, era el Consejo de Morgenthau. El CRG fué naturalmente investido con los poderes de los tres departamentos gubernamentales implicados en los proyectos para sacar judíos de Europa. Así, al Departamento de Estado le fué confiado el nombramiento de agregados especiales con rango de diplomáticos a recomendación del Consejo (La UNRRA, constituida el mes de noviembre anterior, tendría un cometido similar, pero sólo al terminar la guerra). (20)

Para que el lector comprenda del todo la naturaleza de esto y su importancia en términos de lo que nos ocupa, debemos hacer hincapié en que obviamente el CRG iba a servir en gran parte como simple instrumento del Consejo Mundial Judío y de otras organizaciones sionistas. El aparato comunista era también uno de los directores en cuestión, pues la persona a quien Morgenthau había confiado todos los poderes del Tesoro sobre cosas importantes para el CRG era Harry Dexter White, descubierto más tarde como agente soviético. White entró a formar parte de los círculos allegados a Morgenthau en la primavera de 1938. Una semana después de Pearl Harbour, Morgenthau anunció que “por y desde ahora, Mr. Harry Dexter White, ayudante del secretario, asumirá la plena responsabilidad en todo lo que el Departamento del Tesoro tenga que tratar relacionado con los asuntos exteriores…”. La ambigüedad extrema de estas palabras, en especial la frase “…tenga que tratar relacionados con…”, iba a dar grandes posibilidades a White en años sucesivos. A comienzos de 1943 Morgenthau amplió las competencias de White:

“A partir de ahora, me gustaría que te encargases de la supervisión y asumas plena responsabilidad en todos los asuntos económicos y financieros que corresponden al Tesoro… relacionados con las operaciones del Ejército, de la Marina y de los asuntos civiles en los territorios extranjeros donde operan nuestras fuerzas armadas o posiblemente vayan a hacerlo. Resulta obvio que esto supondrá constantes problemas con los departamentos de Estado, de la Marina y del Ejército, así como con otros departamentos o agencias y representantes extranjeros en esas áreas”.

White, que se convirtió en ayudante del secretario del Tesoro a primeros de 1945, se aprovechó de estos poderes especialmente en relación con la política de administración en Alemania. Es también evidente que puesto que el CRG era en gran parte un brazo del Tesoro, sus operaciones estaban bajo la jurisdicción de White.

Igualmente vale la pena destacar que el consejero general del CRG, DuBois, era un “íntimo asociado” del agente comunista, William L. Ulmann, y también testigo en el testamento de White. (21)

Long tuvo pensamientos diversos y prescientes sobre las implicaciones de lo que ocurría:

“Faltan unos pocos días más antes de que abandone mis obligaciones hacia los refugiados y deje a algún otro que se divierta. Y ha sido de una gran responsabilidad, tanto doméstica como exterior, porque hay cinco millones de judíos en el país, cuatro de los cuales están concentrados alrededor de la ciudad de Nueva York. Y no tenemos población árabe ni musulmana, pero hemos tenido intereses comerciales cada vez mayores, principalmente petroleros, en los países musulmanes. Además nuestros aliados ingleses apenas tienen ciudadanos judíos, pero sí grandes intereses políticos en el Cercano Oriente. Por tanto, cada vez más nuestra política se basa en parte, una gran parte, en una situación doméstica mientras que la de Inglaterra lo hace totalmente en una exterior, y las dos son difícilmente reconciliables… para mí es una buena noticia… me garantiza que no tomaré parte. No imagino qué pueden hacer que yo no haya hecho”.

En esto último Long se equivocaba pues al fin y al cabo el CRG reinstaló a un considerable número de judíos y sus acciones en beneficio de los refugiados son de gran importancia para este libro, por lo que se discutirán más tarde. Incluso ayudaron a los prisioneros de los campos de concentración a través de la Cruz Roja en las últimas semanas de la guerra. (22) Como instrumento de Wise y de otros sionistas, el CRG también hizo una propaganda considerable y su golpe propagandístico (23) más transcendente fue un folleto: “Campos alemanes de exterminio: Auschwitz y Birkenau”, Oficina Ejecutiva del Presidente, Washington, noviembre 1944. De aquí en adelante le llamaremos el documento CRG.

El documento CRG constituye el nacimiento formal de la tesis “oficial” de los exterminios de Auschwitz mediante cámaras de gas. En él se encuentra tanto lo esencial como muchos de los detalles de lo que será más tarde la fábula de Auschwitz. Los cargos de Nuremberg salieron del documento CRG. No pareció haber una reacción especialmente fuerte, en uno u otro sentido, a la publicación de dicho documento en aquellas fechas, sin embargo un periodista americano, Oswald F. Schuette, criticó a Stimson (uno de los firmantes del documento) en una carta, pero no obtuvo una respuesta satisfactoria. (24)

Por supuesto el documento CRG no hizo cambiar de opinión a la gente del Departamento de Estado que desde el principio se habían burlado de la propaganda exterminacionista. Con DuBois, en privado, mostraban sus opiniones crudamente: “Cosas como esta las hemos estado recibiendo desde Berna desde 1942… no lo olvideis, esto es un cuento judío sobre judíos”.

El documento CRG se decía que fué enviado a Washington desde Berna.

Hablaremos sobre él en profundidad después de estudiar una parte clave de la propaganda bélica de cara al público. Sin embargo, primero debemos señalar que algunos perspicaces observadores fallaron al calibrar el papel de Auschwitz en la leyenda del exterminio. El distinguido periodista e historiador americano, Harry Elmer Barnes, escribió en 1967 que (25):

“…los campos de exterminio primeramente fueron presentados como tales en Alemania, es el caso de Dachau, Belsen, Buchenwald, Sachsenhausen y Dora, pero estaba demostrado que no había habido exterminios sistemáticos en esos campos. La atención se centró en Auschwitz, Treblinka, Belzec, Chelmno, Jonowska, Tarnow, Ravensbruck, Mauthausen, Brezeznia y Birkenau, los cuales no cierran una lista que parece alargarse cuanto sea necesario”.

Evidentemente, el error de Barnes se basa en que al final de la guerra los medios de comunicación, a instancias del sensacionalismo, tomaron las escenas encontradas en los campos como pruebas de exterminios y también es verdad, como ya indicamos en el capítulo anterior, que dichas escenas sirvieron como “pruebas” para la propaganda masiva. Sin embargo, nuestro estudio demuestra que Auschwitz había sido elegido cuidadosamente en 1944 como alma de la fábula exterminacionista. Esta postura será apoyada por lo que se verá más abajo e igualmente en un capítulo posterior. Al publicar el documento CRG en noviembre de 1944. Washington cedió prenda a una forma específica de la fábula. Dicha forma se ha mantenido en los juicios de Nuremberg e, incluso hoy en día, no difiere significativamente del documento CRG.

Después de su victoria del CRG, Morgenthau se ocupó de otras cosas, especialmente de la política a seguir en la Alemania ocupada. Supo que los planes entonces existentes estaban de acuerdo con las convenciones de La Haya y Ginebra, de las cuales los EE.UU. eran signatarios y que prohibían cosas tales como la requisa de propiedades personales privadas sin interés militar, la retención de prisioneros de guerra tiempo después de acabar las hostilidades y la imposición forzosa de raciones de hambre.

Por tanto, comenzó a hacer campaña en favor de la dura política conocida más tarde como el Plan Morgenthau del cual se adoptó gran parte para ponerla en practica. David Marcus, desde el DACE, apoyó los intereses que Morgenthau tenía allí y le mantuvo informado sobre sus oponentes. El coronel Bernard Bernstein, durante largo tiempo ayudante de Morgenthau, jugó un papel similar en el Cuartel General SHAEF de Londres y Baruch también le ayudó. (26)

La tesis de este libro es que la historia del exterminio judío durante la SGM es una estafa propagandística. Obviamente, siendo así debemos estudiar los orígenes de dicha estafa en la propaganda bélica. Ya hemos hablado mucho de los aspectos de “puertas adentro” y quedan por ver los aspectos cara al público.

Lo descomunal de la tarea y la naturaleza “polémica” del tema parecen haber impedido un estudio concienzudo de la propaganda. Ha habido trabajos acerca de puntos concretos. John T. Flynn en “Mientras tú dormias”, estudia las influencias comunistas y procomunistas en la propaganda relativa a Asia mayormente. James J. Martin hizo un trabajo sobre el modo en que los medios de comunicación estadounidenses trataban a la Unión Soviética, lo de la paz negociada y los bombardeos terroristas aliados durante la guerra.

No procede en manera alguna estudiar toda la propaganda de atrocidades y exterminios relativa a la escena europea de la SGM. Podemos ahorrarnos cosas que abarcar diciendo que sólo nos interesa la cuestión del exterminio judío y lo que hacían las personas de relieve. Por tanto, encontraremos que las historias relativas al presunto exterminio judío publicadas por el New York Times (desde la primavera de 1942 y todo 1943) junto con el resumen de la propaganda de 1944 que incluiremos en el capítulo siguiente, con todo lo que necesitamos para obtener una visión de conjunto satisfactoria.

Así pues, empezamos aquí con las noticias de la primavera de 1942 y haremos comentarios sobre la marcha. En muchos casos tenemos un relato que proviene supuestamente de Europa, hablando de asesinatos masivos. En estas situaciones lo que nos interesa es la fuente de donde procede, el lugar de los presuntos asesinatos y el método empleado. Del mismo modo debe tenerse en cuenta que las legendarias acusaciones de exterminio en el periodo postbélico presentan sólo tres variantes de exterminios masivos: gaseamientos en seis lugares polacos, “gasmobiles” en Rusia y fusilamientos masivos en el mismo lugar.

6 de abril de 1942, pág. 2. Informe sobre la matanza de judíos por los nazis.

Kuibyshev, Rusia, 5 de abril (AP) – El Comité Judío Antifascista informa hoy de que los alemanes han asesinado a 86.000 judíos en Minsk y alrededores, 25.000 en Odessa y “decenas de miles” en Lituania, Letonia y Estonia. En Estonia, dice el informe, toda la población judía, 4.500, fué borrada del mapa.

13 de junio de 1942, pág. Los nazis culpan a los judíos de los grandes bombardeos.

Berlín, 12 de junio. (De la radiodifusión alemana grabado por United Press en Nueva York). “El ministro de Propaganda Joseph Goebbels dijo anoche que Alemania llevaría a cabo un “exterminio” masivo de judíos en represalia por los bombardeos aéreos aliados de ciudades alemanas que, según reconoció, han causado serios daños”.

El Dr. Goebbels, en un artículo para la publicación “Das Reich”, dijo que los judíos serían exterminados en toda Europa “y quizá más allá de Europa” en represalia contra los duros ataques aéreos. La declaración de Goebbels iba dirigida contra la prensa bajo control judío que era, según él, muy responsable del clima propagandístico que posibilitó los bombardeos terroristas. Lo que dijo en “Das Reich” fué:

“En esta guerra los judíos están haciendo su juego más criminal y tendrán que pagar por ello con la exterminación (Ausrottung) de su raza en Europa y quizá incluso más lejos. No se les va a tomar en serio en esta guerra ya que no representan ni los intereses británicos ni los americanos, sino exclusivamente los judíos”.

Hay, ciertamente, una amenaza de exterminio ya que la acepción primera del término “Ausrottung” es “exterminación”. A veces, Hitler se expresó públicamente de forma parecida. Por ejemplo, “…el resultado de esta guerra será la destrucción de la judería…” y “…no serán los pueblos arios los aniquilados sino la judería.” (27)

Sobre esto debe decirse que (a) las declaraciones extremistas eran omnipresentes en la oratoria y retórica nazis, que (b) los mitólogos del exterminio las necesitan para decir que los exterminios se llevaban a cabo en el secreto más total, ` (c) que es necesario comprender del todo las circunstancias específicas del comentario de Goebbels, a saber; fué una reacción a los bombardeos terroristas aliados, (d) que la gente pueda decir cosas odiosas durante la guerra y que frases sanguinarias fueron pronunciadas por personas supuestamente responsables en ambos bandos durante el conflicto, y (e) que a menudo se da el caso de ser necesaria una total comprensión del contexto para interpretar el significado exacto de lo que se entiende por “exterminación” o “aniquilación” (en alemán, Ausrottung y Vernichtung respectivamente). Además, la expresión alemana para “judería”, das Judentum, tiene un significado ambiguo.

Examinemos estos cinco puntos uno por uno.

a) Es bien sabido que la oratoria y la retórica nazis solían tener un carácter provocativo e inflamado cuyos orígenes estaban en los días en que los nazis eran un partido minoritario de la Alemania de Weimar. Esto parece ser el resultado de una política estudiada y deliberada, pues en 1931 Hitler lo explicó en una entrevista en privado. (28):

“Lo que un redactor loco escriba en mis periódicos no tiene interés para mí… Sólo podemos conseguir algo con el fanatismo. Si este fanatismo horroriza a la burguesía, mucho mejor. Sólo por este fanatismo que rehúsa cualquier compromiso, contactamos con las masas”.

En otras palabras: a menudo se encontró con que podía llamar la atención mediante frases radicales. Naturalmente, todos los líderes nazis, Goebbels especialmente, se vieron en cierto grado contagiados de esta actitud. Es verdad que tras la llegada al poder de los nazis y después de que éstos asumieran la responsabilidad de dirigir Alemania, sus declaraciones públicas adquirieron un tono más moderado, pero nunca abandonaron del todo dicha tendencia y lógicamente la guerra y el problema de llegar a la oponión pública aliada reanimaron de algún modo el asunto. En estas circunstancias, debe decirse que Hitler y Goebbels sólo hicieron tales declaraciones raramente.

b) En los capítulos siguientes veremos que los mitólogos del exterminio se ven obligados a sostener que los nazis hicieron lo imposible para guardar en secreto su programa de asesinatos a escala continental, y que de hecho lo consiguieron en un altísimo grado. Lo que se sabe acerca del comportamiento de los judíos en aquellos días, por ejemplo, a pesar de las acusaciones de algunos autores aislados y del hecho indudable de que se rumoreaba toda clase de cosas, demuestra que los judíos no sabían de ningún plan de exterminio. Cuando se les dijo que prepararan sus cosas para ser transportados, lo hicieron sin oponer resistencia. En el capítulo IV veremos que los judíos de Theresienstadt se ofrecieron voluntarios (volunteering) para el transporte a Auschwitz incluso en agosto de 1944, pues no sabían nada de ningún programa de exterminio ni en Auschwitz ni en cualquier otro sitio. En el capítulo VII veremos que los nazis se resistieron presuntamente a que nada figurase en documentos confidenciales, pues se nos dice que “…la planificación de los detalles circunspectos era una de las mayores habilidades del Reich de Hitler”. Ya que esta es la opinión de los mitólogos exterminacionistas, los acontecimientos que consideramos simplemente no la apoyan; el problema viene al explicar esos sucesos, y ese es su problema.

c) La declaración de Goebbels debe tomarse por lo que es: la reacción de un profesional de la propaganda a los bombardeos aliados que obsesionaban de muchos modos a la política alemana desde mayo de 1940 en adelante. Puesto que los hechos relacionados con esto, aunque bien establecidos no son bien conocidos, vamos a resumirlos aquí muy brevemente, pero con la intención de evitar una digresión inexcusablemente larga, dicho resumen va a ser realmente corto. Para el lector interesado en un estudio más concienzudo le remitimos a Veale y a Colby.

Al iniciarse la guerra en 1939, la escuela alemana del arma aérea veía los bombardeos como una forma de artillería y por lo tanto un arma de apoyo de las operaciones terrestres ordinarias. Con tal propósito tuvieron lugar los resonados bombardeos de Varsovia en 1939 y de Rotterdam en mayo de 1940: solamente después de que dichas ciudades se hubieran convertido en campo de operaciones militares y de que se las aplicara el estado de sitio. Los “bombardeos estratégicos”, tal y como nosotros los entendemos, no jugaron papel alguno en las operaciones bélicas alemanas (aunque por supuesto habían sido estudiados, y lo estaban siendo, por los técnicos militares alemanes).

Sin embargo, ésto no era así en Gran Bretaña, pues al tiempo que los alemanes utilizaban sus bombardeos como artillería en los Países Bajos, los británicos tomaron la “espléndida decisión” de bombardear objetivos alemanes civiles, sabiendo muy bien que Hitler no tenía ni intención ni deseos de embarcarse en un asunto de esta clase (realmente Hitler no quería la guerra con Gran Bretaña en absoluto). Hubo un modesto número de bombardeos alemanes sobre objetivos ingleses durante la primera parte del verano de 1940, pero sólo se atacaron objetivos militares específicos incluso cuando ciudades como Hamburgo y Bremen, soportaban ataques generalizados. Sólo tres meses después de esto, y con las mayores reservas, Hitler se vió forzado a responder del mismo modo, y de esta manera se dió amplia publicidad al engaño de la “Blitz”. No se permitió saber al pueblo británico que el Gobierno pudo haber detenido los ataques aéreos alemanes en cualquier momento con sólo detener los suyos en Alemania.

Los “raids” británicos sobre Alemania, aunque sin importancia militar en 1940, centraron la atención de la opinión pública alemana sobre sus gobernantes, ya que el pueblo pensó naturalmente que su Gobierno debía ser capaz de hacer algo y este fue el único motivo por el que los alemanes adoptaron el último recurso de los bombardeos de represalia. Al anunciar dicha política, Hitler declaró en un discurso en el Sportpalast el 4 de septiembre de 1940 que (29):

“Si la fuerza aérea británica arroja dos o tres o cuatro mil kilos de bombas, nosotros arrojaremos ciento cincuenta, ciento ochenta, doscientos mil, trescientos mil, cuatrocientos mil kilos o más en sólo una noche”.

Esto era exagerar mucho su capacidad en relación a los ingleses pues, aunque por entonces eran numéricamente superiores en bombarderos, éstos fueron creados como apoyo a las tropas y no estaban equipados como los “bombarderos estratégicos”

británicos. No obstante las palabras violentas no cuestan nada y después de la Luftwaffe, que nunca fué más que un estorbo para las operaciones aliadas de bombardeo, Hitler y Goebbels las usaron contra los bombardeos cuanto quisieron (a veces junto con promesas de nuevas armas secretas), en 1940 ó después. La declaración de Goebbels debe entenderse en este contexto.

d) Los comentarios sangrientos se hicieron durante la guerra en ambos bandos. En los EE.UU. hubo muchos ejemplos de opiniones salvajes cuidadosamente expuestas por personas aparentemente civilizadas, que fueron recibidas con muestras de aparente consideración por personas igualmente respetables. Como hubo mucha gente de esta clase, será suficiente con nombrar a Clifton Fadiman, el conocido crítico y autor que, por entonces, era el director de crítica literaria del semanario New Yorker.

Fadiman era la estrella principal del Consejo de Escritores de Guerra (Writers War Board), una agencia semioficial del Gobierno que escribía voluntariamente para agencias gubernamentales relacionadas con la guerra. El Consejo estaba presidido por Rex Stout.

La tesis de Fadiman y Stout ante la comunidad de escritores en 1942 era que los escritos sobre la guerra debían buscar “el generar un odio activo contra todos los alemanes y no solamente contra los líderes nazis”. Esto levantó acaloradas controversias y escritores y observadores, tomaron parte por uno de los bandos en lo que pasó a ser un debate lo suficientemente tenso, como para que Fadiman declarara que conocía “sólo un modo de hacer comprender a los alemanes y es matándolos e incluso entonces creo que no comprenderán”.

Esto no eran explosiones aisladas pues, Fadiman, mediante su columna en el New York Times, tuvo la oportunidad para escribir sus opiniones sobre los alemanes del modo más sistemático. En abril de 1942 encontró la idea pueril que necesitaba en un libro de de Sales, “La construcción del mañana”. Dando por sentado que los lectores opinaban que los nazis eran el peor azote desde hace siglos, escribía que:

“…el argumento (de de Sales) es simplemente que la actual avalancha nazi no es ni mucho menos la obra diabólica de un grupo de bandoleros, sino más bien la expresión perfecta y acabada de los instintos más profundos del pueblo alemán. “Hitler encarna fuerzas mayores que él mismo. La herejía que predica tiene dos mil años de antigüedad”. ¿Qué herejía es esta? No es ni más ni menos que una rebelión contra la civilización occidental. El señor de Sales estudia cinco de estas rebeliones alemanas empezando con Arminius. Al principio te muestras excéptico ante la gran acusación del autor, su antigermanismo posiblemente venga de sus antepasados franceses, pero a medida que sigues su argumentación se vuelve cada vez más convincente y las auténticas dimensiones de esta guerra aparecen con gran claridad”.

Su revisión de libros acerca de la guerra contienen el mismo concepto de la historia que encontró en las tonterías de de Sales. Burlándose de la afirmación de Howard K.

Smith de que “si podemos ofrecerles una alternativa real (a los alemanes) a ser exterminados, el país, aunque no sucumba ante la revolución actual, caerá en nuestras manos”, Fadiman escribía que “el mundo ha estado apaciguando a los alemanes, desde que sus manadas de hombres-lobo salieron de sus guaridas en los bosques en tiempo de Arminius. El resultado es una Europa al borde del suicidio”. Continuaba dando su aprobación a la “extraordinaria…sugerencia- de Hemingway – de que en último término lo único que se podía hacer con los nazis era esterilizarlos. Esto quiere decir precisamente eso. En un sentido quirúrgico”. Por supuesto, Fadiman tampoco distinguía entre los nazis y los otros alemanes y ridiculizó la “argumentación apasionada” de Dorothy Thompson para hacerlo, lo mismo que su idea de que “nuestros esfuerzos después de la guerra deben encaminarse a la construcción de una federación europea de estados, con Alemania, bajo régimen democrático, en una posición preponderante”. Aunque Fadiman nunca abogó por la muerte de todos o de casi todos los alemanes, al menos no muy claramente, éste era el verdadero sentido de sus declaraciones. Después de todo ¿qué más puede hacerse con “manadas de lobos que salen de sus guaridas en los bosques” y que tratan de esclavizar al resto del mundo, que sólo “comprenden” si “les matas” y a quienes no se les debe dar “una verdadera alternativa al exterminio”? (30).

Clifton Fadiman sólo era un ejemplo semioficial y muy destacado de la “escuela de pensamiento” existente entre los líderes de la opinión en los EE.UU. durante la guerra.

James J. Martin y Benjamín Colby han publicado extensos trabajos sobre la propaganda aliada basada en el odio a todos los alemanes; el último, aporta un estudio particularmente detallado del Consejo de Escritores de Guerra.

El clima de opinión en tiempo bélico en Inglaterra era, lógicamente, más o menos el mismo, a juzgar por la temprana entrada de los ingleses en la guerra, pero más madurado.

Como réplica al discurso de Hitler en el Sportpalast de Berlín acerca del comienzo de ataques aéreos alemanes sobre ciudades inglesas (citadas anteriormente), el londinense Daily Herald se jactaba de que Hitler había hecho “un frenético esfuerzo para tranquilizar a sus gentes hostigadas por los ataques” las cuales “están en situación de nerviosismo extremo y permanecen despiertas incluso cuando no suena la alarma”. El mismo número del Herald contiene los consejos del reverendo C.W. Whipp, vicario de San Agustín, en Leicester:

“Las órdenes deben ser “aniquilarlos”, y a este fin yo orientaría toda nuestra ciencia; hacia el descubrimiento de un nuevo y mucho más terrorífico explosivo. Estos diablos alemanes (es la única palabra que puede decirse)

llegan a nuestras ciudades y descargan sus armas en mujeres y niños. Bien, lo único que espero es que la RAF se haga más y más poderosa, y vaya a hacer Alemania añicos. Un ministro del Evangelio, quizá no debiera abandonarse a esta clase de sentimientos. Voy más allá y digo francamente que si pudiera, borraría Alemania del mapa. Son una raza diabólica y han sido una maldición para Europa durante siglos. No puede haber paz hasta que Hitler y aquellos que creen en él, sean enviados al infierno que es de donde salieron y a donde volverán”.

El Herald aclaraba que Whipp “había levantado en la región una considerable controversia”, así que resulta evidente que en Gran Bretaña, al igual que en los EE.UU., hubo gentes que conservaron la cabeza a pesar de tipos como Fadiman.

La peculiar filosofía de la historia “ad hoc” postulada por de Sales y alentada por Clifton Fadiman también hizo su aparición en Inglaterra de modo aparentemente independiente. Un artículo de Reginald Hargreaves en el número de junio de 1941 del respetable diario National Review (no confundir con el National Review fundado en los EE.UU. en 1955) proponía como un objetivo de la guerra (independientemente de las consecuencias inevitables de ésta) que “por lo menos tres millones de soldados nazis (debieran ser) puestos fuera de combate para siempre”, siendo:

“…un requisito totalmente vital para el cese de las hostilidades, que una cantidad suficiente de los actualmente corrompidos, embrutecidos y delirantes derviches jóvenes del nazismo, encuentren la muerte en el campo…”.

La necesidad de esto se desprende de que:

“…durante toda su historia Alemania se ha mostrado como totalmente incivilizada y no merece más que asco y desprecio. Desde sus inicios, el comportamiento de los pueblos teutones les ha valido el papel de parias – los enloquecidos perros desterrados de Europa…”.

“Nuestro verdadero objetivo en la guerra no debe ser solamente un triunfo militar sobre el campo, sino reducir al pueblo alemán a una situación de postergamiento y confinamiento tal, que nunca esté en condiciones de “empezar nada” en detrimento de las generaciones venideras. Nuestro conflicto, a pesar de las sensibleras afirmaciones de lo contrario, es con el pueblo alemán, una raza tan salvaje, tan carente de escrúpulos y tan poco civilizada que su eliminación como gran potencia es la única esperanza para un mundo que no puede hacer otra cosa sino tomar el bisturí y extirpar este cáncer creciente de su cuerpo político, con precisión, implacablemente, de una vez por todas”.

Cosas como esta resultan incluso más extraordinarias cuando se piensa que proceden de un pueblo conocido por su moderación.

El centro de la cuestión no es que los pueblos americano y británico se pusieran de acuerdo en que todos los alemanes son, por naturaleza, unos monstruos y debe matárselos o al menos esterilizarlos. Todo el mundo pensará que este consenso nunca existió (y creo que hasta los mitólogos del exterminio pensarán que no existió un consenso para el exterminio de los judíos de Alemania). Además, nos damos cuenta, de que las políticas genocidas propuestas o insinuadas por muchos líderes de la opinión en los EE.UU. y en Inglaterra no estaban, literalmente, dentro de lo posible: el pueblo estadounidense y el británico nunca habrían permitido que éso se hiciese en su nombre.

La cuestión es que durante el acalorado periodo bélico, se dijeron las cosas más extraordinarias. Para la mayoría (por desgracia uno sólo puede hablar de la mayoría)

semejantes locuras no se correspondían con la realidad, aunque, sin embargo, se dijeran.

Ambos bandos expresaron intenciones asesinas y, en mi opinión y por lo que vagamente recuerdo, la retórica estadounidense (especialmente la relativa a los japoneses) me parece que fué más violenta que todo lo dicho en Alemania durante la guerra, aunque tal comparación es difícil y quizá no debiera intentarse en grado alguno, debido a los distintos cometidos desempeñados por la “opinión pública” y por las declaraciones de los líderes políticos de los dos sistemas en liza.

En el bando del Eje, debe subrayarse que la Italia fascista tenía varias leyes antijudías que, sin embargo, fueron muy suaves en la práctica y ciertamente nunca contemplaron el asesinato. Sin embargo, la retórica antijudía en la prensa fascista era, cuando menos, tan violenta como cualquier otra producida en Alemania y, si aceptamos que el N.Y. Times (22 de octubre de 1941) informó correctamente, incluso llegó a propugnar que todos los judíos italianos fueran “aniquilados por ser un peligro en el frente interior” puesto que “este es el momento de desechar medidas tibias”.

e) Por último debe utilizarse algo el sentido común y el tacto en el contexto, para interpretar las referencias de “exterminio” y “aniquilamiento” adecuadamente. En la Guerra Civil Americana, muchos querían que Lincoln “aniquilara” al Sur, y no sería inexacto decir que Lincoln hizo precisamente éso, pero se comprende, entonces como ahora, que no significaba la matanza de todos los sudistas.

Naturalmente, puede observarse lo mismo en relación a las declaraciones públicas de los líderes nazis, pero hay que decir algo más al respecto. Se designaba muchas veces a los judíos con la palabra alemana “das Judentum” cuya traducción correcta es “Judería”, pero que también puede significar “Judaismo” o incluso “Judaidad” o “la idea de la Judaidad”. Así pues, una referencia de Hitler a “die Vernichtung des Judentums”, si se extrae de su contexto e interpreta de un modo puramente literal, puede interpretarse como la matanza de todos los judíos, pero también como la destruccción del poder judío y su influencia, que es lo que el político Hitler realmente quería decir con semejantes palabras, aunque es verdad que podía haberlas elegido mejor. Alfred Rosenberg se refirió concretamente a esta ambigüedad en su testimonio ante el IMT donde argumentó que “die Ausrottung des Judentums”, una terminología que él uso en una ocasión, no significaba el asesinato en el contexto en que él la había empleado.

Terminamos así la extensa digresión debida a la declaración de “Ausrottung” de Goebbels y volvemos a la lista de noticias del N.Y. Times de 1942-43:

“SE INFORMA, DE QUE 258 JUDIOS FUERON EJECUTADOS EN BERLIN POR PLANEAR LA VOLADURA DE UNA EXPOSICION ANTICOMUNISTA”

Por George Axelsson

Por teléfono al New York Times.

Estocolmo, Suecia, 13 de junio. En los barracones Gross Lichterfelde de los suburbios de Berlín Occidental, 258 judíos fueron conducidos a la muerte por las SS el 28 de mayo, y sus familias deportadas, en represalia por un presunto intento judío de atentar contra la exposición antibolchevique de Lustgarten “Paraíso soviético”… Si había bombas, evidentemente fueron descubiertas antes de que tuviesen tiempo de explotar… Las SS quisieron que las ejecuciones fueran públicas…en vez de…que asistieran los líderes de la colonia judía.

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30 de enero de 1942, p. 7:

“UN INFORME ASEGURA QUE LOS NAZIS HAN DADO MUERTE A UN MILLON DE JUDIOS”

Londres, 29 de junio (UP)… el ataque de hoy de los portavoces del Congreso Mundial Judío. Decían que los nazis han montado un “vasto matadero de judíos” en Europa Oriental…

Un informe al Congreso decía que los judíos, deportados en masa a Polonia Central desde Alemania, Austria, Checoeslovaquia y Holanda, estaban siendo fusilados por pelotones a razón de 1.000 diarios. La información recibida por el Gobierno polaco en Londres confirmaba que los nazis habían ejecutado a “varios cientos de miles” de judíos en Polonia.

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Hoy nadie habla de semejante “matadero” donde se ejecutaba con “pelotones”.

Como se apuntó anteriormente, éste era el comienzo de la campaña propagandística de exterminios del Congreso Mundial Judío y es bastante posible que la primera noticia se viera inspirada en la, entonces reciente, declaración de “Ausrottung” de Goebbels.

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22 de julio de 1942, p. 1:

“EL CASTIGO A LOS NAZIS VISTO POR ROOSEVELT”

…El presidente Roosevelt declaró anoche en un mensaje leído ante 20.000 personas en el Madison Square Garden…

El mensaje del presidente

La Casa Blanca Washington 17 de julio de 1942

Apreciado Sr. Wise:

“… Los ciudadanos… compartirán el dolor de nuestros conciudadanos judíos acerca de las atrocidades de los nazis con sus indefensas víctimas. Los nazis fracasarán en exterminar a sus víctimas. Lo mismo que en esclavizar a la Humanidad. El pueblo americano…hará estrictamente responsables a los perpetradores de estos crímenes en el día de la venganza que sin duda llegará…”.

Texto del mensaje de Churchill.

“…recordaréis que el último 25 de octubre el presidente Roosevelt y yo expresamos el horror que sentíamos… por el terrorismo y las carnicerías nazis y nuestra resolución de dar justo castigo a estos crímenes como uno de los mayores objetivos de esta guerra…”.

Tales declaraciones ambiguas de los líderes de periodos bélicos, en tanto que no hacen acusaciones específicas, pesan más sobre el público que cualquier noticia concreta que ellos puedan corroborar con dichas declaraciones. Veremos que lo dicho entonces, al menos durante varios meses, no se parecía mucho a lo que se dijo más tarde en los juicios. Sin embargo, la coyuntura política, como se percataron Roosevelt y Churchill, les dió la oportunidad de “dar su consentimiento”, al menos hasta el punto de hacer vagas declaraciones públicas apoyando a la propaganda.

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3 de septiembre de 1942, p. 5:

“50.000 JUDIOS MUEREN EN UNA FORTALEZA NAZI”

Londres, 2 de septiembre (UP). Cincuenta mil judíos alemanes y checoeslovacos han sido arrojados dentro de la fortaleza de Terezin y varios miles de enfermos o acusados de acciones “criminales” están en mazmorras subterráneas donde están “muriendo como moscas”, según dijo anoche un portavoz del Gobierno checo. “Han abandonado toda esperanza” – dijo el portavoz… El portavoz dijo que los alemanes han lanzado una campaña para exterminar a los judíos del Protectorado y que de los 40.000 que antes había en Praga sólo quedan 15.000. Pilsen y Bruenn se han visto limpias de judíos, dijo, muchos de los cuales fueron enviados a Terezin, el mayor campo de concentración de la Europa controlada por los nazis. Un observador europeo cuenta que los alemanes planean exterminar a los judíos no solamente en Europa, sino en todo el mundo. Declaró que los nazis han ejecutado a dos millones de judíos en los últimos tres años…

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La única verdad de estas falsas noticias es que la mortalidad de los judíos era bastante alta en Terezin (Theresienstadt), debido a la política alemana de enviar allí a todos los judíos del Reich mayores de 65 años. Otra categoría en Theresienstadt eran los “judíos privilegiados”, los veteranos de la guerra, especialmente aquellos con elevadas condecoraciones. Había otros judíos muchos de los cuales fueron finalmente deportados, pero si algo padecieron, no fué en Theresienstadt. El lugar lo visitó la Cruz Roja en junio de 1944 y el favorable informe resultante enfureció al Congreso Mundial Judío.(31). En los siguientes capítulos habrá más cosas que contar sobre Theresienstadt y aunque no era “el mayor campo de concentración de la Europa controlada por los nazis”, en esta obra jugará un gran papel.

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5 de septiembre de 1942, p. 3:

“LOS EE.UU. CENSURAN A VICHY LOS DEPORTACIONES DE JUDIOS”

Washington, 4 de septiembre – Según anunció hoy el Comité Judeo-Americano, el Departamento de Estado ha comunicado al Gobierno francés, por medio de su Embajada en Vichy, la “más enérgica condena posible” por la deportación masiva de judíos de la Francia libre. La protesta fué seguida de las quejas de cuatro organizaciones judías, enviadas por carta mediante el vicesecretario de Estado Sumner Welles.

…el señor Welles dijo:

“He recibido sus peticiones del 27 de agosto de 1942, incluyendo una carta… en relación a las masivas deportaciones de refugiados judíos desde la Francia no ocupada.

Estoy completamente de acuerdo con lo dicho de esta trágica situación que supone un nuevo golpe para la opinión pública del mundo civilizado. Debe lamentarse profundamente que deban tomarse estas medidas en un país tradicionalmente distinguido por su adhesión a los principios de igualdad, libertad y tolerancia. La Embajada americana en Vichy… ha expresado su más enérgica condena posible a las más altas autoridades de Vichy…

…la carta de las cuatro organizaciones al secretario de Estado seguía:

A cuenta de las organizaciones que representamos… los abajo firmantes pedimos respetuosamente a nuestro Gobierno que transmita al Gobierno de Francia una solemne protesta por las acciones llevadas a cabo recientemente por dicho Gobierno para la entrega de miles de refugiados a los agentes del Gobierno nazi para su deportación a Polonia y a otras regiones de la Europa Oriental bajo control nazi.

Los informes que nos llegan…(señalan) que el Gobierno francés está permitiendo las… deportaciones nazis de refugiados judíos que han sido internados en cierto número de campos del Sur de Francia. Esto comenzó sobre el 8 de agosto, cuando un total de 3.600 hombres, mujeres y niños fueron recluidos, cargados en trenes y enviados sin una sola palabra sobre su destino. El informe corrobora que estos 3.600 eran el primer contingente de un total de 10.000 refugiados judíos, que el Gobierno francés ha acordado deportar a los territorios orientales.

…deportaciones masivas de judíos de Alemania y de territorios ocupados por los alemanes han continuado desde la conquista de Polonia. De acuerdo con la política nazi de exterminar a los judíos europeos, cientos de miles de inocentes, hombres, mujeres y niños han sido ejecutados en brutales asesinatos en masa. El resto están siendo hacinados en guetos de Europa Oriental en indescriptibles condiciones de miseria, a consecuencia de lo cual decenas de miles han perecido por inanición y a causa de la peste”.

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Solamente indicaremos aquí que ni siquiera las cuatro organizaciones judías están del todo seguras de los presuntos exterminios, ya que dejan una “puerta abierta” al referirse a los “hacinados en guetos”. La contestación de Welles, aunque en “completo acuerdo” con la carta; evita un apoyo directo a la acusación de exterminio.

24 de noviembre de 1942, p. 10:

“AFLICCION EN LOS PERIODICOS JUDIOS”

Jerusalén, 23 de noviembre (UP). La prensa hebrea de hoy ha aparecido recuadrando en negro las noticias de asesinatos masivos de judíos en Polonia. El informe, recibido por la Agencia Judía, afirmaba que una “comisión de destrucción” especial alemana estaba llevando a cabo la aniquilación sistemática de la población judía… miles fueron arrojados al río Bug en la antigua frontera entre Alemania y Rusia en Polonia, y se ahogaron.

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13 de diciembre de 1942, p. 21:

“NOTICIAS TARDIAS AYUDAN A CREER”

…El rabino Israel Goldstein declaró: “Informes autentificados dan a conocer que dos millones de judíos han sido ejecutados por todos los medios de satánica barbarie, así como planes para el total exterminio de todos los judíos, a quien los nazis puedan echar mano. La matanza de un tercio de la población judía en los dominios de Hitler y la masacre que amenaza al resto son un holocausto sin precedentes”.

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18 de diciembre de 1942, p. 1:

“LOS ONCE ALIADOS CONDENAN LA GUERRA NAZI A LOS JUDIOS”

Especial para THE NEW YORK TIMES.

Washington, 17 de diciembre. Los miembros de las Naciones Unidas han emitido hoy una declaración conjunta condenando la “bestial política (alemana) de exterminio a sangre fría” de judíos. …la declaración fue emitida simultáneamente, por medio del Departamento de Estado, aquí y en Londres…

Texto de la declaración

“…los judíos están siendo transportados, desde los territorios ocupados, en condiciones espantosas de horror y brutalidad hacia la Europa Oriental. En Polonia, que ha sido convertida en el principal matadero nazi. Los guetos establecidos por el invasor alemán se ven sistemáticamente vaciados de todos los judíos a excepción de un pequeño grupo de trabajadores altamente cualificados necesarios para la industria de guerra.

Nunca se vuelve a saber de los que parten. En los campos de trabajo los sanos mueren poco a poco y a los débiles se les deja morir de frío o de hambre o se les elimina deliberadamente en ejecuciones masivas. El número de víctimas de esta crueldad sanguinaria se calcula en muchos cientos de miles de hombres, mujeres y niños totalmente inocentes”.

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Eran los comienzos del compromiso del Departamento de Estado con la leyenda exterminacionista, y lo que salió de esta fuente aparentemente oficial sirvió para un comentario especial en el editorial del Times del mismo día.

18 de diciembre de 1942, p. 26:

“EL TERROR HITLERIANO”

A pesar de todo lo que se ha escrito sobre la persecución nazi a los judíos, los hechos contenidos en la declaración conjunta emitida ayer en Washington, Londres y Moscú en nombre de las Naciones Unidas, supondrán un golpe para todo pueblo civilizado que conserve un mínimo de decencia humana. Pues, esta declaración no es el lamento de las víctimas en sí, a quienes muchos creerán posible hacer oídos sordos pretextando lo que sería una disculpa muy especial y discutible. Es la declaración oficial de sus propios gobiernos, basada en hechos oficiales establecidos…

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Claramente, se pensó que las acusaciones de atrocidades provinientes, en apariencia, del Departamento de Estado resultaban más verosímiles que las provinientes de ciertos grupos como el Congreso Mundial Judío, a quien sin duda se alude con “…las víctimas en sí”. Sin embargo hemos visto que Wise también estaba detrás de “la declaración conjunta”.

La declaración del 17 de diciembre marcó el comienzo de la complicidad de los gobiernos británico y americano con la leyenda exterminacionista. El Gobierno alemán no vió que el hecho revistiera importancia y von Stumm, de la Sección de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, explicó en tono petulante a la prensa neutral que la declaración aliada tenía el propósito de aumentar las ventas de Navidad de los almacenes judíos de Londres y Nueva York. (32).

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20 de diciembre de 1942, p. 23:

“LOS ALIADOS HABLAN DE ULTRAJES A LOS JUDIOS”

Lo que está ocurriendo con los cinco millones de judíos de la Europa bajo control alemán, todos los cuales están destinados al exterminio, se describe en una declaración emitida ayer por la Oficina de Información de las Naciones Unidas…

…en la parte principal del informe se citan nuevos métodos de ejecución en masa por fusilamiento y gases letales, y también dice que esta destrucción de los judíos no “se circunscribe a una nación sino que es a escala continental”. A comienzos de diciembre de 1942, el Departamento de Estado en Washington dió algunas cifras demostrando que el número de víctimas judías deportadas y muertas desde 1939 en la Europa dominada por el Eje alcanzaban la espantosa cifra de dos millones y que cinco millones estaban en peligro de ser exterminados…

El documento concluye:

Los medios utilizados para deportar del gueto a todos aquellos que sobreviviran a los asesinatos y fusilamientos en las calles excede a todo lo imaginable. En especial, los niños, los ancianos y todos aquellos demasiado débiles para trabajar son asesinados.

Carecemos de los verdaderos datos relativos a las deportaciones, pero disponemos de noticias, noticias irrefutables, de que se han creado emplazamientos para las ejecuciones en Chelmno y Belzec, donde se masacra a todos los supervivientes de los fusilamientos mediante electrocución y gases letales.

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Las presuntas electrocuciones de Belzec aparecieron en la propaganda una pocas veces y de nuevo se hablará de ellas en el capítulo V, pues son una de las versiones del exterminio que se olvidaron rápidamente poco después de acabar la guerra. Sin embargo, podemos ver aquí una clara tendencia de la propaganda a parecerse a los que se convirtieron en los rasgos fijos de la leyenda; las cámaras de gas y los seis millones, aproximadamente, de asesinados en el curso de la guerra. Posteriormente hablaremos más del origen de la cifra de los seis millones.

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28 de diciembre de 1942, p. 21:

“PIDEN QUE SE SALVE A LOS JUDIOS”

Albany, 27 de diciembre (AP)… El Dr. Wise, presidente del Congreso Judío- Americano y del Congreso Mundial Judío…(urgió) la formulación de un programa aliado para detener la matanza nazi de civiles.

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8 de enero de 1943, p. 8:

“93 JUDIAS PREFIEREN EL SUICIDIO A LA INFAMIA NAZI”.

Noventa y tres niñas y mujeres jóvenes judías, alumnas y profesoras del colegio Beth Jacob de Varsovia, Polonia, eligieron el suicidio en masa para evitar que los soldados alemanes las obligasen a protituirse, de acuerdo con la carta de una profesora, hecha pública ayer por el rabino Seth Jung del Centro Judío de la ciudad de Nueva York.

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7 de febrero de 1943, VI, p. 16:

“EN EL VALLE DE LA MUERTE”

(artículo de Sholem Asch para el semanario).

…en los campos circundantes se han construido cámaras de gas y estaciones para el envenenamiento de la sangre, donde excavadoras mecánicas hacen fosas comunes para las víctimas.

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14 de febrero de 1943, p. 37:

“LA TIRANIA NAZI A LA VISTA”

Varsovia se está viendo sometida a una deliberada política nazi de muerte, enfermedad, hambre, esclavitud económica y total eliminación de la población, dice la Oficina de Información de Guerra en un opúsculo de 24 páginas, “Historia de una ciudad”, publicado hoy. Se dice que Varsovia está siendo el campo de pruebas de los planes nazis para conquistar el mundo… …”por ahora no hay modo de saber exactamente a cuántos polacos han asesinado los nazis en Varsovia”. El lugar de ejecución es actualmente Palmiry, cerca de Varsovia, donde los fusilamientos en masa tienen lugar día y noche.

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14 de febrero de 1943, p. 37:

“LAS EJECUCIONES SE ACELERAN”

Representantes europeos del Congreso Mundial Judío informaron de la aceleración de las ejecuciones masivas en Polonia, en un comunicado hecho público por el rabino Stephen S. Wise, presidente del Congreso Mundial Judío. En un lugar de Polonia se mata a 6.000 judíos por día, según el informe, fechado el 19 de enero. Los restantes judíos de Polonia se ven ahora confinados en 55 guetos, algunos en grandes ciudades y otros en pequeñas, que han sido transformadas en guetos.

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Esta es la versión propagandística en la que se vieron complicados los departamentos de Estado y del Tesoro. Como se hizo notar en relación a lo dicho por la editorial del Times del 18 de diciembre, si esta noticia hubiera partido del Departamento de Estado, puede que se le hubiera prestado más crédito. Por desgracia, para los propagandistas de aquel entonces, tuvieron que aceptar al rabino Wise como fuente de información.

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16 de febrero de 1943, p. 7:

“LOS NAZIS TRASLADAN A 30.000 JUDIOS”

Ginebra, Suiza, 15 de febrero (ONA)… Todos los débiles y ancianos (de Czestachowa, Polonia) fueron enviados a Rawa-Russka, en Galitzia, para que los ejecutaran los nazis, según fuentes del interior de Polonia.

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23 de febrero de 1943, p. 23:

“PROTESTAS CONTRA LAS ATROCIDADES”

350 niños… se reunieron en solemne asamblea de duelo y protesta contra las atrocidades nazis del templo de Mecca, en el 133 de la calle 55ª, Oeste… seis niños refugiados narraron sus experiencias a manos de los nazis.

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2 de marzo de 1943, pags, 1, 4:

“UNA GIGANTESCA MARCHA PIDE QUE SE SALVE A LOS JUDIOS CONDENADOS”

…una manifestación de masas pidió… la intervención inmediata de las Naciones Unidas para salvar al mayor número posible de los cinco millones de judíos amenazados de exterminio… anoche en el Madison Square Garden. …(El rabino Hertz dijo) “Resulta espantoso el hecho de que aquellos que proclaman las Cuatro Libertades han hecho hasta ahora muy poco por asegurar la libertad de vivir de seis millones de hermanos judíos, con su buena voluntad para salvar a quienes todavía puedan escapar de las torturas y carnicerías nazis…” …(Wendell Willkie dijo) “Ya han asesinado a dos millones de seres humanos solamente por ser judíos, con todos los diabólicos medios que Hitler pudo inventar. Otros millones de judíos… se encaminan a la destrucción…” …(Chaim Weizmann dijo) “Ya han exterminado a dos millones de judíos… Las democracias tienen un claro deber ante ellas… Negocien con Alemania, mediante países neutrales, la posible liberación de los judíos de los países ocupados… Abrid las puertas de Palestina a todos aquellos que alcancen las orillas de la patria judía…”.

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7 de marzo de 1943, p. 30:

“600 JUDIOS ENVIADOS A SILESIA”

Estocolmo, Suecia, 6 de marzo (Reuter) – Cerca de 600 judíos noruegos… se sabe que han llegado al Norte de la Silesia polaca. La mayor parte de los hombres fueron enviados a trabajar a las minas cercanas a Kattowice.

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10 de marzo de 1943, p. 12:

“40.000 PERSONAS ASISTEN A UN MEMORIAL POR LOS JUDIOS”

40.000 personas escucharon y presenciaron… la otra noche dos representaciones de “Nunca moriremos”, un dramático memorial de masas por los dos millones de judíos muertos en Europa… El presentador dijo “No quedaran judíos en Europa para las representaciones cuando llegue la paz. Los cuatro millones que restan por matar, lo están siendo de acuerdo con un plan”.

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1 de abril de 1943, p. 2:

“LOS JUDIOS FRANCESES ENVIADOS AL OLVIDO NAZI”

(Telegrafiado para THE NEW YORK TIMES).

Londres, 31 de marzo – Un sistema de “convoyes de muerte” bajo el cual se está recluyendo a los judíos franceses… y luego embarcando a varios lugares de Europa Oriental, después de lo cual nunca vuelve a saberse de ellos, ha sido descrito hoy por la sección británica del Congreso Mundial Judío, que advirtió que “todo el poderío” del terror nazi antijudío está concentrándose ahora en Francia. Según su informe, que contiene datos de primera mano suministrados por un importante judío francés que escapó a un país neutral, el Congreso declaró que el último “convoy” abandonó Francia hacia el 20 de febrero. Contenía 3.000 judíos de todas clases y edades y lo único que se sabe de su destino es que es algún lugar del Este. A mediados de febrero, añadió el Congreso, la Gestapo cayó sobre el Cuartel General en Lyon de la Unión General de Judíos Franceses, arrestándolos a todos, deportándolos al campo de concentración de Drancy y desde allí embarcandolos también hacia algún “centro de exterminio” en el otro lado de Europa.

Reitlinger (p. 327) nos dice que “menos de un décimo de los judíos deportados (de Francia) tenían nacionalidad francesa”. Por las cifras que da, serían 5.000 de los 240.000 judíos franceses, sugiriendo que quizá los 5.000 se alistaron como trabajadores voluntarios o eran en realidad “prisioneros políticos” o partisanos.(32).

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12 de abril de 1943, p. 5:

“LOS NAZIS DESTRUYEN LOS GUETOS DE DOS CIUDADES POLACAS”

Londres, 11 de abril (AP). La Agencia Telegráfica Polaca anunció anoche que los alemanes habían arrasado el gueto de Krakow en una masacre de tres días que se inició el 13 de marzo y que también acabó con el gueto de Lodz. Se desconoce el destino de los judíos de esta última ciudad, pero la agencia dijo que se cree que también les mataron.

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20 de abril de 1943, p. 11:

“DOS MILLONES DE JUDIOS ASESINADOS”

Londres, 19 de abril (Reuter) – Dos millones de judíos han sido aniquilados desde que los alemanes iniciaron su marcha por Europa en 1939 y cinco millones más están en peligro inminente de ser ejecutados. Estas cifras proceden del sexto informe sobre las condiciones de los territorios ocupados emitido por el Comité Informativo Interaliado. …el informe dice que entre los métodos empleados para el exterminio de judíos estaban los gases letales y los fusilamientos.

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20 de abril de 1943, p. 11:

“URGE EL RESCATE DE LOS JUDIOS”

La Agencia Judía de Palestina, en un memorándum remitido ayer desde la Conferencia de Refugiados de las Bermudas, urgía que fueran inmediatamente aplicadas medidas de rescate en favor de los cuatro millones de judíos, que se estiman supervivientes en los países ocupados por los nazis. La Agencia, dirigida por el Dr. Chaim Weizmann, está reconocida por el Mando Palestino como un organismo consultivo y en cooperación con el Gobierno de Palestina en materias relativas a la creación del Hogar Nacional Judío. El memorándum declara que “si la política anunciada del enemigo se mantiene inamovible, no es imposible que cuando se gane la guerra la mayor parte de la población judía de Europa haya sido exterminada”.

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25 de abril de 1943, p. 19:

“POCAS ESPERANZAS PARA LAS VICTIMAS DEL EJE”

(Cable especial para THE NEW YORK TIMES).

Hamilton, Bermudas, 24 de abril – El transporte a gran escala de refugiados es imposible en tiempo de guerra y ni los EE.UU. ni Gran Bretaña, juntos o separados, pueden comenzar a resolver el problema. Estas dos impresiones concretas han surgido tras casi una semana de discusión, acerca del problema de los refugiados, entre las delegaciones británicas y estadounidenses.

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Puesto que casi todos los judíos de fuera de Europa, en particular los de los EE.UU., creían en los exterminios, hicieron presiones políticas que culminaron en la Conferencia de las Bermudas. Correctamente, se creía (33) que los nazis deseaban la emigración judía de Europa (en condiciones apropiadas) y eso colocó en una difícil posición a los gobiernos estadounidense y británico, vistas las bases de su propaganda de guerra, que les obligaba a hablar de un modo poco sincero. (34) En relación a esto ya hemos hablado del conflicto entre el Departamento del Tesoro y el de Estado. En este caso, los británicos no tenían intención de poner los medios, en plena guerra, para operaciones masivas aceptables por razones que eran válidas en la medida en que su propaganda las tomaba en serio. Ningún estadista contemporáneo en su sano juicio cree su propia propaganda.

Este es el dilema al que J. Breckenridge Long y otros empleados del Departamento de Estado se enfrentaban.

Debemos hacer aquí otro inciso antes de proceder con el examen de la propaganda y es que, aparentemente la cifra de seis millones nació en la propaganda de 1942-43. Un estudio del origen de esta cifra nos lleva fácilmente a la conclusión de que tenía sus orígenes en el IMT, donde la condena mencionó un número (aportado por el Congreso Mundial Judío) de 5.721.800 judíos “desaparacidos” y Wilhelm Hoettl de la SD firmó la declaración jurada 2738-PS, afirmando que él obtuvo de Eichmann una cifra de seis millones. Según Hoettl, Eichmann había visitado su oficina de Budapest muy deprimido porque estaba convencido de que la guerra estaba perdida y creía que los aliados le condenarían como a un criminal de guerra importante, declarando entonces, sin ningún otro testigo, que cuatro millones de judíos habían muerto en campos de exterminio y que otros dos millones habían encontrado la muerte de distintos modos, principalmente ejecutados por los “Einsatzgruppen” en Rusia.

Ahora vamos a hablar de una teoría distinta relativa al origen de la cifra de los seis millones. La primera vez que apareció parece ser en la declaración de Rabbi Goldstein del 13 de diciembre de 1942 seguida del relato del 20 de diciembre al mismo efecto, salvo que éste especificaba que había siete millones potenciales en peligro de ser exterminados en vez de los seis millones de que habla Goldstein. Sin embargo, puede alegarse correctamente que el origen de la cifra de los seis millones no hay que deducirla exclusivamente de estas historias.

No obstante la aparición de dos millones de muertos, debe tomarse mucho más en serio la acusación de la prensa del 2 al 10 de marzo de 1943 de que otros cuatro (o cinco)

millones iban a serlo. Puede extraerse más información acerca de este último asunto de un anuncio, aparecido también el 10 de marzo (pág. 10), según el cual el espectáculo habia sido organizado por el “Comité de los judíos palestinos y sin Estado por un Ejército judío”, encabezado por el senador Johnson, de Colorado. El anuncio hace la misma acusación exterminacionista (dos millones de muertos y cuatro que lo estarán) y también enumera las organizaciones patrocinadoras, que incluye a muchos miembros del Congreso y a otras importantes personalidades. La misma organización puso un anuncio a toda página el 16 de febrero (pág. 11) especificando que habían muerto dos millones y que cuatro lo iban a estar (y diciendo también que los únicos árabes que ponían pegas a la masiva emigración judía hacia Palestina eran agentes nazis). Las dos noticias del 20 de abril sugieren que el uso de la acusación exterminacionista “dos millones muertos – cuatro (o cinco) en vías de serlo” se había extendido mucho a comienzos de 1943. A partir de aquí nos encontramos con la utilización muy genérica de la cifra de los seis (o siete)

millones, mucho antes del final de la guerra, por el “establishment” político que dictó los cargos de Nuremberg, así que creo que, podemos tomar la propaganda comprendida entre últimos de 1942 e inicios de 1943 como el origen de la cifra de los seis millones. La absoluta independencia entre esta cifra y cualquier suceso real se ve reflejada en las elaboradas alabanzas a Reitlinger por su creencia de que puede decir que sólo de 4,2 a 4,6 millones de judíos, casi todos de Europa Oriental, perecieron en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, un tercio de los cuales a causa de “exceso de trabajo, enfermedades, hambre y abandono”. (35) Sin embargo, las cifras de Reitlinger también están en total desacuerdo con la realidad, pero esto lo veremos en un capítulo posterior.

De ningún modo merece la pena destacar que después de la guerra se encontrara a alguien para declarar en Nuremberg que las cifras de la propaganda eran correctas.

Concretamente Hoettl fue el candidato más apropiado, pues era uno de esos “funcionarios” estereotipados con que se halla plagado el mundo del espionaje. Nacido en 1915, entró en la SD en 1938 y pronto se ganó una reputación por mezclar los asuntos oficiales con sus negocios privados. Su asociación con una condesa polaca amiga suya en un negocio de tierras en Polonia, en 1942, obligó a las SS a investigar sus actividades. El informe de la investigación le describía como “deshonesto, intrigante, adulador… un verdadero timador” y concluía que no era apropiado para ser miembro de las SS, para no hablar de una oficina tan delicada como la SD. En consecuencia fué degradado, pero el nombramiento a comienzos de 1943 de su compatriota austriaco y conocido de Viena, Kaltenbrunner para dirigir la RSHA parece que cambió su suerte y ascendió a teniente coronel hacia el final de la guerra, jugando un papel de importancia en los asuntos de espionaje en el exterior. Después de la guerra trabajó hasta 1949 para el Servicio de Contraespionaje del Ejército de los Estados Unidos identificando a ex miembros de las SS para recabar información. Se dice que intentó hacer lucrativo su trabajo. Después de 1949, él mismo se zambulló en el nido de víboras de la política de la guerra fría en Viena, manteniendo contactos con neonazis, agentes soviéticos y practicamente con cualquiera. Mantuvo una relación particularmente estrecha con el agente soviético Kurt Ponger, un americano nacionalizado a quien conoció cuando Ponger trabajaba de traductor en el IMT (además, un Kurt Ponger, probablemente la misma persona, fué abogado de la acusación en el caso 4). Por lo tanto Hoettl se convirtió en sospechoso en el caso de espionaje Verber-Ponger de 1953, y fué arrestado por las autoridades estadounidenses en marzo en Viena, pero liberado unas semanas más tarde.

A mediados de los años 50, publicó dos libros con sus memorias de guerra. En 1961 firmó una declaración jurada para la acusación en el proceso Eichmann (substancialmente lo mismo que en su “affidavit” del IMT). (36)

Los autores de mi bando han escrito que, durante la guerra, Hoettl fué un agente aliado. Esto no es correcto. Lo único que hay de verdad en esta acusación es que Hoettl estuvo con Allen Dulles, del OSS, en Suiza, hacia el final de la conflagración. Esto formaba parte de sus deberes; la RSHA estaba intentando acordar un cese de las hostilidades favorable y Hoettl era una de las personas implicadas en los contactos secretos con los aliados occidentales. Sin duda durante las últimas semanas de la guerra muchos de estos agentes de inteligencia comenzaron a actuar en su provecho y también sin duda Hoettl se habría alegrado de ser catalogado como agente de los aliados a aquellas alturas de la guerra, y puede que incluso hiciera por su propia voluntad algunos favores a Dulles con estas consideraciones en mente. Sin embargo, tales contactos no constituyen más prueba de que Hoettl fuera un agente aliado como de que Dulles fuera un agente del Eje (hasta se dice que Dulles salpicaba su conversación con comentarios antisemitas cuando intentaba ganarse la confianza de algunos contactos alemanes (37)).

Si Hoettl hubiera sido un agente aliado, es posible que hubiese alardeado de ello en alguno de sus dos libros (“El frente secreto” y “El arma de papel de Hitler”) pero no hace tal cosa. Además Ian Colvin, que sabe de estas cosas más que nadie, escribió la introducción de “El frente secreto”, y no hace ningún comentario al respecto.

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27 de abril de 1943, p 10:

“MUEREN DEPORTADOS NORUEGOS”

Estocolmo, Suecia, 26 de abril (ONA) – Según informes de Oslo recibidos hoy la mayoría de las mujeres y los niños judeonoruegos deportados del país…han muerto de hambre. Los convoyes de deportados que salieron de Oslo en noviembre y febrero finalizaron su recorrido en la región minera de Silesia cercana a Katowice…

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3 de mayo de 1943, p. 12: Una audiencia de 1.500 personas… escuchó a Pierre van Paassen… afirmar que Palestina representa la única solución al problema de los refugiados. …el señor van Paassen dijo que Gran Bretaña había hecho “frívola burla” de la Conferencia de las Bermudas sobre los Refugiados al excluir la discusión sobre Palestina como una de las posibles soluciones. “Gran Bretaña que la modernización de Palestina por los judíos pone en peligro los pilares de su imperio… Esta es la verdadera razón de que muchos judíos se encaminan a la muerte, porque Gran Bretaña quiere cerrarles las puertas de Palestina”.

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20 de mayo de 1943, p. 12:

“EDEN LIGA LA VICTORIA A LAS ESPERANZAS DE LOS REFUGIADOS”

(Cable especial para THE NEW YORK TIMES).

Londres, 19 de mayo… Eden… insistió en que no es justo acusar al Gobierno británico de ignorar la situación por más tiempo. …reveló que el Gabinete de guerra había aprobado el informe (de la Conferencia de las Bermudas)…

Londres, 19 de mayo (Reuter) – El Congreso Mundial Judío… expresó su profundo malestar por los resultados de la Conferencia de las Bermudas. La nota… señaló que ahora está libre el camino hacia Palestina.

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22 de mayo de 1943, p. 4:

“LA ULTIMA RESISTENCIA JUDIA ACABO CON 1.000 NAZIS”

(Telegrama para THE NEW YORK TIMES).

Londres, 21 de mayo – Cerca de 1.000 alemanes fueron muertos o heridos en la batalla del gueto de Varsovia en las dos últimas semanas cuando los nazis abordaron la liquidación final del gueto. …La emisora de radio secreta polaca SWIT recogió más noticias sobre la campaña antijudía en Polonia. Informó de que los nazis han comenzado la liquidación de los guetos de Cracovia y Stanislawow… abriendo fuego sobre los judíos allí donde los descubriesen o asesinándoles en cámaras de gas.

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7 de junio de 1943, p. 15:

“TUVO LUGAR “LA MARCHA DE LA ESPERANZA”“

6.000 niños… participaron ayer en la “marcha de la esperanza”… “… los niños judíos y sus padres son torturados y abocados a la muerte por un enemigo bárbaro…”

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9 de junio de 1943, p. 8:

“SE HABLA DE LOS ASESINATOS NAZIS DE REFUGIADOS MEDIANTE GAS”

(Por teléfono para THE NEW YORK TIMES).

Estocolmo, Suecia, 12 de junio – Más de 10.000 judíos fueron muertos desde el pasado octubre en el distrito de Brest-Litowsk …según la edición en sueco del “Jewish Chronicle” publicada en Estocolmo. Miles fueron gaseados en graneros sellados herméticamente y otros fueron fusilados en grupos de 60 en los bosques adyacentes, según dijo el periódico. …Cuando el Dr. Robert Ley, jefe del Frente Alemán del Trabajo, habló recientemente en Koenigsberg, Bialystok y Grodno dijo: “Es cierto que los judíos son la raza elegida, pero sólo para el exterminio”.

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15 de junio de 1943, p. 8:

“LOS NAZIS DEPORTAN A 52.000 BELGAS”

Londres, 14 de junio (AP) – El Gobierno belga en el exilio dijo hoy que los alemanes han transladado a casi todos los 52.000 judíos belgas a los campos de concentración de Alemania, Polonia y la Rusia ocupada.

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Reitlinger afirma que la situación en Bélgica era la misma que en Francia. De entre los judíos deportados de Bélgica, “virtualmente ninguno” era judío belga. Merece la pena comentar que esencialmente ocurrió lo mismo en Italia y Dinamarca. (38)

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21 de junio de 1943, p. 2:

“CONDENAN A LA CONFERENCIA DE LAS BERMUDAS”

Una resolución condenando la “inactividad” de la Conferencia de las Bermudas y otro llamamiento al presidente Roosevelt y al primer ministro Winston Churchill para abrir las puertas de Palestina a los refugiados fueron ayer subscritos unánimemente por la Orden de los Hijos de Sión… en el hotel Pennsylvania.

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21 de junio de 1943, p. 3:

“CULPAN A LOS RUMANOS DE LA MUERTE DE 5.000 PERSONAS”

Berna, Suiza, 20 de junio (UP) – La prensa suiza dijo anoche que los 5.000 cadáveres que la propaganda del Eje dice que han sido enterrados cerca de Odessa, son los de los judíos rumanos muertos por la policía secreta rumana. La prensa rumana anunció el descubrimiento de fosas comunes el 22 de abril y dijo que los cadáveres pertenecían a los rumanos muertos por los rusos después de que estos ocuparan Besarabia y la Bukovina en 1940.

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23 de junio de 1943, p. 8:

“JUDIOS HOLANDESES EXPULSADOS POR LOS NAZIS”

Londres, 22 de junio (UP) – Todos los judíos de Amsterdam han sido deportados a Polonia por los alemanes, completando así la deportación de toda la población hebrea holandesa, según informó hoy la agencia de noticias Aneta.

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Esta historia no es verdad; sin embargo la mayoría de los judíos holandeses fueron deportados. Las razones de las grandes diferencias en cuanto a la política seguida en Holanda (y Luxemburgo) por un lado y Bélgica y Francia y otros países por otro se verán en un capítulo posterior. Se demostrará que el último destino de los judíos deportados de Holanda, a diferencia del inmediato, lo más probable es que no fuera Polonia. De los 140.000 judíos holandeses, cerca de 100.000 fueron deportados. (39)

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28 de junio de 1943, p. 8:

Londres, 27 de junio (Reuter) – Una emisora de la radiodifusión alemana citó al primer ministro húngaro Nicholas von Kallay diciendo que las restantes propiedades judías en Hungría pasarán a manos “arias” hacia finales de año. Se piensa que dichas propiedades serán distribuidas entre aquellos que se hubieran distinguido en la guerra y entre familias numerosas.

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29 de junio de 1943, p. 6:

“LOS NAZIS EJECUTAN A 150 JUDIOS”

Londres, 28 de junio (Nueva Agencia Holandesa) – Según se informó anoche, los alemanes han comenzado ejecuciones en masa de judíos holandeses deportados a Polonia. …150 judíos han sido segados con fuego de ametralladora en el pueblo de Turek… …En Socky… 340 judíos holandeses fueron ametrallados, y 100 mujeres y niños fueron muertos cerca de Potok… Se encontraban entre los miles de judíos que habían sido transportados desde Holanda al importante campo de concentración de Treblinka.

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Resulta extraño trasladar gente de un campo de exterminio para luego matarla.

Quienquiera que inventase esta historia evidentemente no sólo ignoraba lo que se suponía que era Treblinka, sino también el orden de magnitud de las cifras que supuestamente se manejaban allí.

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21 de julio de 1943, p. 13:

“SE PIDE AYUDA RAPIDA PARA LOS JUDIOS EUROPEOS”

Portavoces de la sesión de apertura de la Conferencia de emergencia para salvar a los judíos de Europa, que tiene lugar en el hotel Commodore, solicitaron una acción inmediata para rescatar a los judíos de los países bajo dominación nazi.

…el representante Rogers señaló que de los siete millones de judíos europeos, alrededor de tres han perecido ya, e insistió en que “este es un problema que no puede resolverse ejercitando las cuerdas vocales y mediante protestas de rutina”. .

..”Ciertamente hay suficientes espacios vacíos y áreas deshabitadas para acomodar a cuatro millones de seres humanos torturados”, dijo. “Palestina es el sitio lógico. Está más cerca y en tierra en vez de en el mar…”

…el conde Sforza pregonó la esperanza de que árabes y judíos puedan cooperar en el futuro en la construcción de una gran federación del Cercano Oriente, con Palestina como miembro.

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2 de agosto de 1943, p. 10:

“EL EJE OCASIONO 16 MILLONES DE REFUGIADOS”

Washington, 1 de agosto – Un informe sobre el problema de los refugiados europeos, publicado hoy por la Asociación de Política Exterior, señaló que solamente un esfuerzo colectivo por parte de las grandes potencias o de una organización internacional podría tratar eficazmente la situación que seguirá al final de la guerra.

…según los datos de los gobiernos en el exilio y otros denunciantes, indicó el informe, se estima que de los judíos que habitaban países europeos en 1939, ocupados ahora por el Eje, ya han sido deportados dos millones o han perecido por malos tratos diversos o exterminio deliberado.

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La Asociación de Política Exterior no parece muy segura al afirmar los exterminios, puesto que la impresión de que la mayoría de los judíos han sido “deportados”, aunque por entonces los propagandistas hablaban de tres millones de judíos muertos.

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8 de agosto de 1943, p. 11:

“SE ACUSA A LOS NAZIS DE LA MUERTE DE DOS MILLONES DE JUDIOS”

Londres, 7 de agosto – Trabajadores Polacos Combatientes, una publicación que actualmente se edita aquí, elaboró un informe acerca de un edificio que tienen los alemanes en Treblinka, Polonia, para el exterminio de judíos. Se dice que sólo en este lugar los alemanes dieron muerte a dos millones de personas…

… “Cuando las celdas están llenas, se cierran y se sellan. Se obliga a los vapores a pasar por unas aberturas y comienza la angustia de las víctimas. Al principio pueden oírse los lamentos pero cesan poco a poco y 15 minutos después todo es silencio. La ejecución ha terminado.

… A menudo un sepulturero resulta demasiado débil para llevar dos cuerpos, como se ha ordenado, así que ata brazos y piernas juntos y corre al lugar de enterramiento, arrastrándolos tras de él”.

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Lógicamente la versión de postguerra decía que los cuerpos eran incinerados y no enterrados, puesto que estos millones de cadáveres judíos enterrados, sencillamente, nunca existieron.

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27 de agosto de 1943, p. 7:

“UN INFORME DESCUBRE EL DESTINO DE 8.300.000 JUDIOS”

…un estudio de 300 páginas hecho público ayer por el… Congreso Judío Americano y el Congreso Mundial Judío. Más de tres millones de judíos han dejado de existir por el hambre planificada, los trabajos forzados, pogroms y asesinatos metódicos en la cadena alemana de centros de exterminio de Europa Oriental, desde que comenzó la guerra en 1939, de acuerdo con el informe, mientras que 1,8 millones de judíos se han salvado emigrando al interior de la Unión Soviética y 180.000 consiguieron emigrar a otros países.

…el estudio…declara que 1.700.000 de judíos han sido víctimas de masacres organizadas y pogroms…que 750.000 judíos perecieron a consecuencia del hambre y sus secuelas, y que 350.000 murieron en el curso de deportaciones. …a continuación…una tabla mostrando cómo se llevó a cabo el proceso de exterminio: Alemania 110.000 Bélgica 30.000 Polonia 1.600.000 Holanda 45.000 URSS 650.000 Francia 56.000 Lituania 105.000 Checoeslovaquia 64.500 Letonia 65.000 Dantzig 250 Austria 19.500 Estonia 3.000 Rumanía 227.500 Noruega 800 Yugoeslavia 35.000 Grecia 18.500 Total:

3.030.050 _______

27 de agosto de 1943, p. 7:

“UN ORGANO OFICIAL ALIADO DESCUBRE LA POLITICA NAZI DE ASESINATOS DELIBERADOS”

Londres, 26 de agosto (UP) – El Comité de Información Interaliado… acusó anoche a Alemania, Italia y a sus satélites de… un programa deliberado de robo, asesinato, tortura y salvajismo al por mayor, sin precedentes en la historia mundial. .

..en Polonia, el agotamiento, la tortura, la enfermedad y las ejecuciones han conseguido que la esperanza de vida sea sólo de nueve meses desde el momento en que un individuo es arrojado a un campo de concentración. Las condiciones son especialmente duras en el campo de Oswiecim, donde se cree que han perecido 58.000 personas.

Por lo menos un millón de judíos han sido asesinados, muertos de hambre o golpeados hasta morir en Polonia durante los últimos tres años. En Varsovia las raciones de comida sólo contienen un 23,4 % de las calorías necesarias para que un ser humano siga viviendo.

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Esta era una de las pocas referencias concretas al campo de concentración de Auschwitz de antes de 1944 (aunque las noticias del 7 de marzo y del 27 de abril son referencias indirectas). Lo interesante de estos comentarios sobre Auschwitz es que en el fondo son correctos, como confirmará el próximo capítulo, aunque no se puede estar seguro de la exactitud de la cifra de 58.000 y la “tortura” y las “ejecuciones” no deben incluirse entre las causas de la elevada tasa de mortalidad. La cuestión más importante es que esta versión descarta implicitamente lo que se dijo en la postguerra sobre los exterminios, que afirmaba que en Auschwitz se mataba a miles al día, empezando como muy tarde en el verano de 1942 y continuando hasta el otoño de 1944.

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8 de octubre de 1943, p.5:

“INFORMAN DE UNA PURGA DE JUDIOS A ESCALA EUROPEA”

Estocolmo, Suecia, 7 de octubre – Círculos bien informados de este país decían hoy que se ha decretado en Berlín una orden para la deportación de todos los judíos de Europa antes del final de la guerra. La fuente decía que la orden fue dada por el mismo Adolf Hitler. …el motor de la persecución nazi a los judíos daneses es el llamado “Dictador judío”, teniente coronel Eighmann (sic)… que nació en Palestina de emigrantes alemanes siendo allí educado (y) se le conoce por su sádico odio a los judíos. El planeó todas las acciones de exterminio contra los judíos de Alemania y de los territorios ocupados…

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Este parece ser el “debut” de Eichmann en la propaganda y, probablemente, el origen del mito de que fué criado en Palestina (nació en Solingen, Alemania, y creció en Linz, Austria).

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23 de noviembre de 1943, p. 4:

“LA ESPOSA DE MIKOLAJCZYK REHEN DE LOS ALEMANES”

La esposa del primer ministro de Polonia Stanislaw Mikolajczyk, de 43 años de edad; permanece retenida por los alemanes en calidad de rehén en el campo de concentración de Oswiecim y puede estar destinada a una inminente ejecución, según informó ayer desde Londres la Agencia Telegráfica Polaca.

…Oswiecim es la prisión alemana más importante de Polonia, donde han sido torturadas hasta la muerte miles de indefensas víctimas…

Los nombres de los jefes alemanes responsables de la masacre de los judíos polacos fueron dados a conocer en una declaración polaca desde Londres…

“Son diez, dirigidos por Ludwig Fischer, el gobernador nazi del área de Varsovia…

Un miembro del Consejo Nacional Polaco dijo que la mayor parte de los judíos de Polonia ya han sido aniquilados”.

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29 de noviembre de 1943, p. 3:

“INFORMAN DE LA MUERTE DE 50.000 JUDIOS DE KIEV” Por W. H. Lawrence.

Kiev, Rusia, 22 de octubre (retrasado) – Las autoridades de Kiev afirmaron hoy que los alemanes habían ametrallado de 50.000 a 80.000 de los hombres, mujeres y niños judíos de Kiev a últimos de septiembre de 1941 y dos años más tarde, cuando la toma de Kiev por el Ejército Rojo parecía inminente obligaron a los prisioneros de guerra rusos a quemar todos los cuerpos, destruyendo completamente toda evidencia del crimen. …

A juzgar por lo que hemos visto, resulta imposible a este corresponsal juzgar la verdad o la falsedad de la historia que nos contaron…

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6 de diciembre de 1943, p. 10:

“EL ASESINATO DE LOS PRISIONEROS SE ACHACA A LOS ALEMANES”

Londres, 5 de diciembre (UP) – Pruebas de que prisioneros de guerra rusos eran ejecutados e incinerados en campos de concentración alemanes han sido aportadas al Gobierno checo en el exilio por un oficial del Ejército checo que pasó varios años en un campo de concentración alemán antes de escapar a Inglaterra.

… Al oficial le fueron arrancados los dientes cuando le golpearon en la boca, es sordo en un oído por un golpe en la cabeza y tiene en su cuerpo la marca de una esvástica que dice le hicieron los alemanes cuando fué a que le trataran de una infección.

Se elige a los judíos al azar de entre todos los del campo y se les fusila, declaró…

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Esto concluye la lista de las historias más importantes del New York Times del periodo primavera de 1942 y todo 1943. La selección que he hecho era, por supuesto, necesaria, pero no obstante creo que se ha dado una idea correcta de la clase de cuentos que circulaban en círculos supuestamente inteligentes.

Lo que no podrá revivirse es el clima de histeria de entonces. El poco corriente lector crítico habrá notado que los números de las páginas de muchas de las historias citadas son bastante altos, especialmente aquellos que hablan de casos concretos de ejecuciones masivas. En la política práctica sólo cuenta la página número uno y estas cosas rara vez aparecían en primera página. Si Roosevelt decía algo, se publicaba normalmente en la página número uno, pero sólo porque él lo dijo, no porque dijera algo interesante o significativo. Las alegaciones de exterminio de judíos no parecen haber tenido una gran importancia para el público durante la guerra, a juzgar por la falta de relevancia alguna dada a tales historias. Otro modo de decirlo es que si uno emplea algo de tiempo en examinar los periódicos de entonces, resulta obvio un alto grado de hostilidad hacia los nazis, pero esto es inevitable.

Hay dos observaciones principales que deben hacerse relativas a la propaganda exterminacionista. Primero, la leyenda tiene su origen entre los sionistas y, segundo, no se dijo que Auschwitz era un campo de exterminio hasta muy al final de la guerra.

Hemos visto que las primeras acusaciones de exterminio no estaban basadas en una gran cantidad de datos de espionaje. Sencillamente los sionistas, en especial los del Congreso Mundial Judío, presentaron sus tonterías a los gobiernos aliados, en particular al de los EE.UU., solicitando que las apoyaran. Las primeras reacciones en Washington consistieron en burlarse del tema, pero debido a diversas presiones políticas, y solamente debido a estas presiones; no porque la inteligencia militar se hubiera procurado una información comprobada, los círculos de Washington cooperan finalmente con la propaganda exterminacionista hasta el punto de que altos funcionarios hicieron vagas declaraciones más concretas de origen obscuro. La propaganda primitiva tenía características que han permanecido en la leyenda hasta el día de hoy, como la cifra de los seis millones, y también otras que fueron rápidamente olvidadas, como las fábricas de jabón, a pesar de que sus autores eran los mismos círculos sionistas.

En relación a nuestra terminología, debe hacerse notar que la palabra “sionista” no se emplea aquí como sinónimo de “judío”; la evidencia demuestra que, mientras que la estafa es ciertamente una estafa judía, en el sentido de haber sido inventada por judíos, también es una estafa sionista en el sentido de haberla inventado judíos que eran sionistas en provecho de fines sionistas. El carácter sionista de la propaganda está bastante claro; no hay más que darse cuenta de que, indefectiblemente, las personas que presionaban pidiendo medidas para sacar a los judíos de Europa (dadas las circunstancias una propuesta rutinaria y comprensible) adjuntaban tales protestas con peticiones de que dichos judíos fueran asentados en Palestina, lo que demuestra que los propagandistas del sionismo tenían en mente mucho más que la mera ayuda a los refugiados y a las víctimas de la persecución.

Igualmente, hemos hecho notar que Auschwitz estaba ausente de la propaganda exterminacionista en 1942 y 1943 aunque, si hubiera habido exterminios en un lugar tan importante, la inteligencia militar, entre otros, lo hubiera sabido. Mejor dicho, Auschwitz aparecía en la propaganda, pero las acusaciones específicas, sobre la elevada mortandad por causas más o menos normales, estaban esencialmente en lo cierto, sin embargo su contenido se exageró. Naturalmente, hago salvedad de que esto se basa en que, tras un estudio razonablemente serio, no he encontrado a Auschwitz en la propaganda exterminacionista de 1942-43; Treblinka, Belzec y Chelmno aparecían en las historias de exterminio de la prensa, pero no Auschwitz.

Este punto de vista se ve confirmado por las revistas y libros de la época que he examinado. Resultan de particular interés tres publicaciones periódicas. El número del 4 de junio de 1943 de “Commonwealth” conteniendo un artículo de Jacques Maritain que resumía lo que él, evidentemente tras algunas investigaciones, creía que era la principal característica del programa de exterminio. Auschwitz no se mencionaba, aunque los exterminios por medio de “gases venenosos, descargas eléctricas, apilamientos masivos en espacios cerrados donde se alcanzan los distintos grados de asfixia, o bien la asfixia total… en vagones de carga sellados” sí lo eran y se hacían referencias concretas a Chelmno.

El número del 30 de agosto de 1943 de “New Republic” era un especial dedicado a los sufrimientos de los judíos en Europa y no hacía referencia a Auschwitz. Un anuncio de dos páginas, editado por el Comité de Trabajadores Judíos (Nueva York), cita solamente a Treblinka, Belzec y a “vagones herméticamente sellados donde se está envenenando a los judíos”.

“Survey Graphic” de abril de 1943 contiene un artículo de dos páginas de William L.

Shirer. El tema es toda la gama de presuntas atrocidades alemanas y por tanto, se menciona a Auschwitz (Oswiecim), pero sólo en lo relativo a la elevada mortandad de 250 polacos por día, debida a “ejecuciones, tratos inhumanos, hambre y epidemias”. Shirer habla de exterminios de judíos en Belzec.

El relato de Shirer cita un informe del 7 de marzo del Gobierno polaco de Londres como fuente para lo dicho sobre Auschwitz. Esta es la primera referencia a Auschwitz que yo conozco en la propaganda. El único candidato que conozco a una cita anterior aparece en “The black book of Polish jewry”, J. Apenszlak, ed. 1943. Las páginas 56 y 59 hablan de informes en el “East London Observer” de primeros de 1942 diciendo que las cenizas de los judíos enviados a Auschwitz estaban siendo devueltas a sus familiares (en contradicción con la propaganda de postguerra). Sin embargo, por lo que he podido saber, el “East London Observer” no existió, “The black book…” no habla de exterminios en Auschwitz, pero sí de exterminios mediante gasmobiles en Chelmno (págs. 115-117 de acuerdo con lo dicho más tarde), mediante descargas eléctricas en los baños en Belzec, seguidos de enterramientos (pág. 131, en desacuerdo), pasando por abandonos durante días en vagones de carga cerca de Belzec, mediante incineraciones (págs. 137-138 en desacuerdo), por baños de vapor en Treblinka y posterior enterramiento (pág. 143, en desacuerdo; el motor diesel cuyos gases asfixiantes servían para las ejecuciones en posteriores versiones, sirve para excavar las tumbas en “The black book…”).

Nos resta una fuente que da la impresión de que Auschwitz apareció en la propaganda de exterminios a comienzos de 1943 o incluso antes. Es el libro de Josiah DuBois “Los químicos del Diablo”, a quien vimos como funcionario del Departamento del Tesoro en tiempo de guerra. En el NMT durante la postguerra, DuBois fué el jefe de la acusación en el juicio de Farben, y su libro contiene sus experiencias del juicio así como otras cosas que considera relevantes. Según él, en noviembre de 1942 llegó hasta su mesa un mensaje que hablaba de Auschwitz. El mensaje transmitía el contenido de una nota, un “manoseado testamento de desesperación”, que había sido supuestamente escrito por un trabajador interno en Auschwitz y que más tarde se pasó clandestinamente de mano en mano hasta Berna:

“Trabajábamos en una gigantesca planta de “Buna”… había una cadena de puestos de centinelas vigilando a los trabajadores cada 10 metros cuadrados y quienquiera que diera un paso al exterior era muerto a tiros sin previo aviso por “intento de fuga”. Pero todos los días lo intentaban, incluso aquellos que trataban de pasar a gatas porque ya no podían andar”.

La nota describe al Ter Meer de Farben con las “ideas estereotipadas de la esvástica, la fusta y un inamovible desdén (que en ningún momento de su vida fueron propios de Ter Meer)”. El alegado origen e historia de la nota hacen que todo aparezca bastante estúpido, pero debe señalarse un poderoso elemento fáctico de la nota; es verdad que más o menos por entonces muchos obreros de Auschwitz no estaban en condiciones de trabajar, ni siquiera de caminar. Por lo tanto, este mensaje no era en realidad propaganda de exterminio, y tampoco podemos estar seguros de que ciertamente existiera, pero si existió, todo lo que sugiere es que los propagandistas estaban muy al tanto, a últimos de 1942, de lo que pasaba en Auschwitz.

Luego DuBois procede a desinformar al lector diciendo que los dos mensajes de enero y abril de 1943 de Harrison al Departamento de Estado, comentados antes, se referían a Auschwitz; o sea, que era en Auschwitz donde se mataba a 6.000 personas diarias. Al hablar así, DuBois está sencillamente mintiendo. Puede que lo hiciera porque, como fiscal en el caso Farben, estaba intentando incrementar la importancia de Auschwitz en todo lo que pudiera y así habría que leer en los archivos algo que simplemente no está allí. (40)

Comentaremos de pasada qué decían los alemanes sobre las historias de la propaganda aliada. Hemos visto que von Stumm, de la Sección de Prensa del Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores, ridiculizó las acusaciones de exterminio cuando los gobiernos aliados las hicieron primero, pero resultan raras las referencias, por parte del Gobierno alemán, a cualquier maquinación concreta de la propaganda aliada. El semanario “Das Reich”, publicado por el ministro Goebbels, y el “Volkischer Beobachter”, el diario del partido nazi, hacían muchos comentarios genéricos sobre la “Greuelpropaganda”, pero contenía pocas referencias a algo en concreto. Normalmente no se comentaba nada acerca del exterminio judío, ni tampoco sobre cosas por el estilo, como por ejemplo, el hambre y las torturas a prisioneros de guerra estadounidenses e ingleses y las numerosas invenciones horripilantes de Hollywood, como los desagües con sangre infantil para el uso de la Wehrmacht en los países ocupados.

La razón de este relativo silencio sobre hechos propagandísticos concretos era, sin duda, que no había necesidad, desde el punto de vista alemán, de ocuparse de su contenido. Durante la Primera Guerra Mundial ya habían visto de todo. Así que el tratamiento que la prensa alemana daba a la “Grevelpropaganda” era muy superficial y, mejor que ocuparse de los temas específicos de las historias, se ocupaba de tales cuestiones según la naturaleza del interés político al que servía dicha propaganda, así como el alcance y los medios de influencia judía en la prensa aliada (por ejemplo Das Reich del 20 de diciembre de 1942).

El elevado grado de compromiso de Washington con las acusaciones de que Auschwitz era un campo de exterminio llegó en noviembre de 1944, después de la anunciada finalización del programa de asesinatos, con el informe WRB (la noticia había aparecido muchas veces en la propaganda de comienzos de 1944; estas historias las examinaremos en un capítulo posterior). El New York Times lo publicó el 26 de noviembre de 1944 (pág.1) omitiendo algunas cosas.

El informe WRB consta de dos documentos: uno escrito por “dos jóvenes judíos eslovacos” y el otro por un “mayor polaco”, siendo todos reclusos de Auschwitz desde la primavera de 1942 hasta la primavera de 1944, cuando escaparon (los dos judíos el 7 de abril). Hay un breve suplemento adicional que se dice lo escribieron otros dos jóvenes judíos que escaparon el 27 de mayo de 1944 y se encaminaron a Eslovaquia (bajo dominio alemán hasta 1945) para hacer su informe el cual dice haberse recibido en Suiza el 6 de agosto de 1944. Los autores permanecieron completamente anónimos y su anonimato fué debidamente disculpado diciendo que: “…sus nombres no se revelan, por ahora, en interés de su propia seguridad”.

Las secciones 1, 2 y 3 constituyen la primera parte del informe y la sección 4 la segunda: La primera sección es la más larga. Se dice que fué escrita por un judío eslovaco que llegó a Auschwitz el 13 de abril de 1942 y fué registrado en el sector con el número – tatuado en el lado izquierdo del pecho – 29.000. Finalmente, se hizo archivero de la enfermería de Birkenau. Lo más importante de esta primera sección es un registro detallado, del periodo de abril de 1942 a abril de 1944, de los transportes que llegaron a Auschwitz, junto con los números de registro asignados. Se habla de unos 55 grupos de transportes (algunas veces más de un transporte por grupo) y se dan los números de registro asignados a la gente (aunque se admite que aproximados). Los números empiezan en el 27.400 y llegan hasta el 189.000 contando de uno en uno, de modo que no se emplea un número dos veces. Con cada grupo viene la nacionalidad a la que pertenece así como otros datos (judíos o arios, prisioneros políticos o de otras clases, nombres ocasionales de individuos, los números “gaseados” en lugar de registrados, etc).

El informe WRB, aunque es más o menos exacto en estas cuestiones (interpreta como gente “gaseada” a los que nunca existieron o a los que fueron enviados a otro destino)

constituye una de las dos conocidas fuentes de importantes cantidades de dicha información (la otra es la referida serie de documentos de la Cruz Roja de los Países Bajos, que es tema para el apéndice C).

Casi toda esta información viene dada por el autor de la primera sección del documento WRB, pero después de que escapara, los autores de la tercera parte suplementaria, pasan revista a la información del periodo del 7 de abril al 27 de mayo, contribuyendo con ello al documento.

La segunda sección del documento se dice que fué escrita por un judío eslovaco que llegó al campo de Lublin alrededor del 4 de junio de 1942, pero que fué enviado a Auschwitz sobre el 30 de junio de 1942. De acuerdo con la primera sección del documento, habría recibido un número de registro cercano al 44.000 y que le tatuaron en el antebrazo izquierdo (el sistema del tatuaje había cambiado). Los dos autores de las dos primeras secciones del documento son los dos jóvenes judíos eslovacos que escaparon juntos el 7 de abril de 1944. La tercera es el breve suplemento y la cuarta es la contribución del “mayor polaco”.

El anonimato de los autores del documento es, con certeza, un punto débil, pero lo más inverosimil es, sencillamente, su contenido. Su examen demuestra que la información aportada, que es posiblemente en su mayor parte verdad a base de semiverdades, podría haberse redactado a partir de datos de la Inteligencia, pero no con los informes de “dos jóvenes judíos eslovacos y un mayor polaco” que “se escaparon”. Esto es exactamente lo que uno debería esperar; los enemigos de Alemania poseían ciertos medios de reunir información sobre los campos alemanes y los sucesos europeos y sencillamente utilizaron lo reunido por métodos convencionales, además de numerosas manipulaciones, para componer el documento WRB. No resulta verosímil que estuvieran en una situación tan rudimentaria con respecto al centro industrial de Auschwitz que se vieran obligados a depender de la información de prisioneros usualmente poco bien informados y escapados milagrosamente. Ampliaremos más tarde esta cuestión, pero obviamente esto último no descarta el posible uso de informes de ex reclusos o ex empleados que escaparan o algo parecido, como parte de los datos.

El documento contiene la siguiente información (o estimaciones o suposiciones o pretensiones o invenciones):

1.- En el mes de abril de 1942 el número de prisioneros de Auschwitz I, las nacionalidades con mayores efectivos y las principales razones de internamiento.

Descripción del sistema de registro numérico de los presos y del “sistema de estrella” de la insignia del recluso. Una lista de varias fábricas de la zona (pt. I, 1-2).

2.- Un preciso mapa del área, similar a nuestra ilustración 5 (pt. I, 4).

3.- Las dimensiones del campo de Auschwitz I, sus vallas y sus torres de vigilancia.

Lo mismo de Birkenau. Descripción de los barracones (pt. I, 5-7).

4.- En caso de que el prisionero falleciese de muerte natural, se hacía un certificado de defunción y se enviaba a la Administración Central en el campo de Oranienburg. Si el recluso era gaseado, su nombre constaba, en un registro especial, marcado con “S.B.”

(Sonderbehandlung, tratamiento especial) (pt. I, 9).

5.- Cuatro edificios a los que se hace referencia como crematorios I, II, III y IV estaban funcionando en Birkenau en la primavera de 1944; la utilización de por lo menos uno de ellos había comenzado en febrero de 1943. Cada edificio contenía: (A) una cámara con hornos; (B) un gran vestíbulo; (C) una cámara de gas. Los dos primeros edificios contenían cada uno 36 hornos y los otros dos 18. Se ponían tres cuerpos en cada horno al mismo tiempo y la cremación duraba hora y media. Así uno podía disponer de 6.000 por día. Por entonces esto se consideraba, una mejora respecto a la cremación en zanjas (el método empleado anteriormente) (pt. I, 14-15).

6.- El producto específico utilizado para producir el gas de las cámaras era un polvo llamado “Cyklon”, manufacturado por una empresa de Hamburgo. Al contacto con el aire desprendía cianuro gaseoso y se necesitaban unos tres minutos para matar a todos en la cámara de gas. Los envases de Cyklon venían etiquetados con la frase “para usar contra parásitos” (pt. I, 16).

7.- Importantes personalidades de Berlín asistieron a la inauguración del primer crematorio en marzo de 1943. El “programa” consistió en el gaseamiento e incineración de 8.000 judíos de Cracovia. Los invitados (no se citan nombres) se mostraron extremadamente satisfechos con los resultados (pt. I, 16).

8.- Un detallado análisis de los números y clasificaciones de los internos de Birkenau en abril de 1944 (pt. I, 23-24).

9.- En el campo, cada bloque tenía un “decano de bloque” que “tenía poder de vida o muerte”. Hasta febrero de 1944 cerca del 50 % de estos decanos del bloque eran judíos, pero esto dejó de ser así por orden de Berlín. Por debajo del decano estaba el secretario de bloque que hacía todo el trabajo de oficina. Si el secretario anotaba por error una muerte – lo que sucedía con frecuencia – la equivocación se corregía matando al que tuviese el número correspondiente. No se admitían correcciones. (pt. I, 25).

10.- Un episodio sorprendentemente similar al “manoseado testimonio de desesperación” de noviembre de 1942: “Trabajábamos en una gigantesca planta de Buna a la que nos conducían todas las mañanas sobre las tres de la madrugada… Como nuestro lugar de trabajo estaba ubicado fuera de la gran cadena de puestos de vigilancia, se dividió en pequeños sectores de 10 por 10 metros, cada uno custodiado por un SS.

Cualquiera que pisase fuera de estos cuadrados durante las horas de trabajo era disparado inmediatamente sin previo aviso por” intento de fuga “… Muy pocos podían soportar la tensión y aunque la fuga parecía condenada al fracaso todos los días se intentaba alguna”. (pt. I, 30).

11.- Una “cuidadosa evaluación del número de judíos gaseados en Birkenau entre abril de 1942 y abril de 1944”, se recogía en una tabla. Los números fueron incluidos en el archivo público del juicio del IMT y vienen aquí en la ilustración 25 (pt. I, 33).

12.- Hubo una gran excitación debida a la fuga de los dos jóvenes judíos eslovacos (esto se supone que fué escrito por los autores de la parte suplementaria 3), y los amigos y superiores de los dos escapados fueron interrogados a puerta cerrada. Ya que los dos habían ocupado puestos de “secretario de bloque”, todos los judíos que ejercieron tales funciones fueron recluidos como castigo y como medida preventiva. Esto contradice claramente las implicaciones del “prólogo” del documento WRB según las cuales los alemanes desconocían la identidad e incluso los números de registro de los dos escapados, puesto que se retiró tal información “en interés de su propia seguridad”. (pt. I, 34).

13.- Comenzando el 15 de mayo de 1944, los judíos húngaros empezaron a llegar a Birkenau a razón de unos 15.000 por día. El 90 % eran ejecutados inmediatamente y puesto que esto sobrepasaba la capacidad de los hornos, se volvió al método de cremación en zanjas que había existido anteriormente. El 10 % que sobrevivió tampoco se registró en Birkenau sino que finalmente fué enviado a campos de Alemania: Buchenwald, Mauthausen, GrossRosen, Gusen, Flossenburg, Sachsenhausen, etc. (pt. I, 36-37).

14.- Un nuevo sistema para el registro de reclusos se puso en funcionamiento a mediados de mayo de 1944. Más o menos por aquel entonces, la prensa de Silesia hablaba de una visita de Himmler a la cercana Cracovia. Sin embargo, los periódicos citados omitieron decir que en este viaje Himmler visitó también Birkenau y su grupo hizo una visita especial al crematorio I. (pt. I, 37-38).

15.- A últimos del verano de 1943 una comisión de cuatro importantes judíos holandeses visitó Auschwitz con el propósito de inspeccionar las condiciones en que estaban los judíos holandeses (que fueron entonces especialmente provistos por los alemanes con ropas nuevas, mejor comida, etc.). La comisión solamente vio a una parte de los judíos holandeses enviados a Auschwitz, pero les dijeron que los otros estaban en campos parecidos. La comisión quedó satisfecha con esto y firmó una declaración indicando que todo había sido encontrado en buen estado, pero después de firmar los cuatro judíos, “expresaron su deseo de ver el campo de Birkenau y particularmente el crematorio sobre el cual habían oído algunas historias… la comisión fué llevada hasta Birkenau… e inmediatamente al crematorio nº 1 donde fueron disparados por la espalda.

Un telegrama fué supuestamente enviado a Holanda diciendo que tras abandonar Auschwitz los cuatro hombres habían sido víctimas de un desafortunado accidente de coche”.(pt. I, 38).

16.- La zona próxima a Auschwitz, dentro de un radio de 100 kilómetros, había sido evacuada y los edificios que no estaban en funcionamiento en el campo fueron demolidos. (pt. II, 6).

17.- Una descripción del hospital de Auschwitz I y sus procedimientos. En el otoño de 1942 la tasa de mortalidad del hospital era tan elevada que Berlín pidió explicaciones.

Una investigación descubrió que el “doctor del campo” había administrado inyecciones letales a gente débil y enferma, a ciertos prisioneros condenados a muerte y a algunos quinceañeros considerados huérfanos. En “castigo” el médico del campo fué enviado al mismo puesto en la planta de Buna (probablemente quiere decir Monowitz; las SS continuaban abasteciendo de algunos servicios al campo administrado por Farben). (pt. II, 8-10).

18.- Debido a los malos tratos, un judío, independientemente de su condición física, no podía durar más de dos semanas. (pt. II, 12).

19.- En el verano de 1942 se gaseaba a los judíos en un bosque de abedules (“Birkenwald”, donde estaba situado Birkenau) en edificios especiales sellados y disimulados a modo de duchas. Ya que los crematorios no estaban terminados, los cuerpos eran enterrados en una fosa común, produciéndose la putrefacción. En el otoño de 1942 se terminaron los cuatro crematorios y se exhumaron e incineraron muchos cuerpos (este es el relato del mayor polaco, que contradice al de los dos jóvenes judíos eslovacos, que decía que parte de los nuevos crematorios fueron puestos en marcha en febrero de 1943 y que la mayoría de los cadáveres de aquellas fechas se incineraban en zanjas). (pt. II, 16-17).

20.- Detalles acerca de cómo se decidía exactamente cuándo ejecutar a alguien ya condenado a muerte. (pt. II, 16-17).

Lo que hemos visto ilustra bastante bien el contenido del documento WRB. Es una mezcla de verdad, conjeturas e invenciones; la parte objetiva de lo que pudo haberse compuesto, y obviamente lo fué, a partir de la información confidencial disponible en 1944.

La contradicción entre las dos versiones de exterminios sirve para evidenciar más aún que se trata de informes no solicitados de internos fugados, pero no está claro que esta sea la razón del contenido del informe. La primera versión, grandes crematorios en funcionamiento en Birkenau a primeros de 1943 y antes de esta fecha incineraciones en zanjas, es la única que ha perdurado después (y la única correcta en relación a la fecha en que los crematorios estuvieron disponibles), pero la segunda versión de las fosas comunes puede contener algo de verdad puesto que se había declarado una epidemia de tifus en el verano, en un momento en que no eran posibles las cremaciones.

Reitlinger incluye entre sus fuentes el documento WRB. Esto no se halla totalmente justificado, pero tampoco es injustificable. Hay que admitir que gran parte del documento es verdad. Como se detallará más adelante, está fuera de cuestión la competencia de sus autores. Sin embargo, hay que tener cuidado a este respecto, obviamente, y aceptar sólo lo que parezca corroborado bien por el sentido común o bien por pruebas independientes.

Dado el papel propagandístico y protagonizador del documento, pero recordando que una mentira bien dicha contiene necesariamente mucho de verdad, esto es perfectamente lógico.

Hay que ser bastante más concreto acerca de los caminos por los que esa información salió de los campos. En los casos en que había gran actividad industrial, los reclusos inevitablemente contactarían con mucha gente que no lo fueran (empleados de la compañía o del ferrocarril, etc.) y estos contactos serían la base de una extensa red de canales clandestinos de comunicación. Por supuesto, Auschwitz ofrecía numerosas y excelentes oportunidades para ello y, gracias a la organización de los comunistas, había canales muy eficaces hacia centros clandestinos del exterior, especialmente cerca de Cracovia. Información sobre el campo, incluidas, se dice, copias de órdenes recibidas de Berlín u Oranienburg, salían constantemente de Auschwitz. Dichas vías eran también utilizadas para introducir en el campo cosas como dinero, medicinas y papeles falsificados.

Además como se discutirá en otro contexto en el próximo capítulo, en todos los campos los comunistas tenían muy organizadas las escuchas de radio clandestinas. Si tenían receptores, sin duda también tendrían emisoras. Ha habido testimonios de testigos de la posesión de emisoras de radio por los reclusos del campo, y Reitlinger cree que los prisioneros de Auschwitz las tenían. (41)

Para entender del todo la indole de las vías de información y propaganda existentes, debemos fijarnos especialmente en el Consejo de Refugiados de Guerra (WRB) y en el OSS. El WRB estuvo enterado constantemente de los acontecimientos de Hungría, incluso, tras la ocupación alemana de marzo de 1944. Por ejemplo, tenían un agente en el cuerpo diplomático sueco, Raoul Wallemberg, y existían otros contactos mediados por organizaciones judías. Los líderes hebreos de Bucarest estaban en comunicación permanente con los de Eslovaquia, y los dirigentes judeoeslovacos estaban en contacto con la judería polaca, en especial la de Cracovia. (42)

Posiblemente más importante que el WRB, aunque su papel en la estafa no es tan cercano como obvio, es la Oficina de Servicios Estratégicos, OSS, el antecesor de la CIA.

El OSS fué fundado a comienzos de la Segunda Guerra Mundial bajo el liderazgo del general William Donovan. Su misión tenía carácter político, de espionaje y cosas relacionadas (por ejemplo, sabotajes, propaganda, guerrilla) a diferencia de otras formas más convencionales de inteligencia militar con quienes estas operaciones se relacionaban de algún modo, al igual que las operaciones de la SD alemana estaban relacionadas con las de la Abwehr, aunque observadores de Washington situados en puestos de importancia se quejaron de que el OSS parecía disfrutar de fondos ilimitados y su autoridad carecía de límites.

Con sólo unas pocas excepciones, el OSS no estaba constituído por personal militar, sino por civiles reclutados, abarcando entonces muchas tendencias políticas, desde comunistas hasta exiliados monárquicos. Debido a su organización, los comunistas eran naturalmente una fuerza significativa en el OSS, independientemente de su número.

El OSS estaba muy relacionado con la propaganda. El OWI (Oficina de Información de Guerra), la agencia propagandística estadounidense más importante de la guerra, se había separado del OSS en 1942 y era la división de propaganda de la “Oficina del Coordinador de la Información” (Donovan) cuando se separó; a los restos de la organización de Donovan se les llamó OSS. A pesar de esta escisión, el OSS continuó su actividad en el campo de la propaganda y cuando se fundó en el Cuartel General de Eisenhower el angloestadounidense PWB (División para la Guerra Psicológica), éste obtuvo su personal estadounidense del OWI y del OSS.

Otra operación propagandística del OSS, que empleó a un gran número de “escritores progresistas” era el MO (División de Operaciones Morales). La misión del MO era la “propaganda negra”, por ejemplo, el MO se especializó en producir propaganda que se presentaba de modo que parecía provenir de entre las filas enemigas. Así, el MO distribuyó falsificaciones de periódicos y de órdenes militares entre el personal del enemigo, hacía transmisiones clandestinas que pretendían ser emisiones desde dentro del territorio del enemigo, y esparcía rumores en los países del Eje y en los países ocupados por éste. Su personal incluía “a liberales y comunistas por igual, todos entregados a la interpretación ideal de la lucha contra el fascismo”.

Un logro del OSS especialmente importante fué conseguir la cooperación de la Agencia Judía en Palestina (que era en verdad el Gobierno oficioso de Israel por entonces). La Agencia Judía, debido a sus extensos y complejos contactos con los judíos de Europa, especialmente en los Balcanes, podía hacerse cargo de muchas misiones importantes del OSS. Fueron abiertos, por tanto, los canales con los judíos húngaros, eslovacos y con los de más lejos.

Finalmente, resulta de interés que el OSS jugara un papel muy significativo entre la acusación del juicio del IMT, especialmente en los primeros momentos. (43)

El punto a destacar en esta digresión sobre el documento CRG ciertamente no es que fuera inventado por el OSS o por el WRB. Yo no conozco la identidad de los autores y no creo que la cuestión sea de gran importancia. Lo principal es que dos “internacionales”, los comunistas y los sionistas jugaron importantes papeles en la inteligencia, la propaganda y en los programas de ayuda a los refugiados de los EE.UU..

El WRB, que realmente recibía sus órdenes de Harry Dexter White, Henry Morgenthau Jr., del Congreso Mundial Judío y de otros sionistas, y del OSS con sus colaboradores comunistas y sus aliados de la Agencia Judía, demuestra que la situación resultaba perfectamente idónea para fabricar la mentira propagandística del exterminio judío, en torno a Auschwitz, que, como precaución, contenía una buena parte de verdad para dar la idea a las mentes irreflexivas de que lo que se decía era cierto.

El interior del campo de Auschwitz no estaba, de ninguna manera, aislado de los aliados. La más eficaz agencia de espionaje mundial, el Partido Comunista, podía transmitir cualquier información deseada al destino que fuera, y la realidad era tal que el omnipresente sionismo internacional estaba en posición de fabricar y transmitir cualquier detalle que juzgase apropiado para la ocasión. Incluso si el contenido del documento WRB fuera enteramente verdad, que los internos se fugaran no habría sido totalmente necesario para que los “hechos” llegaran a manos aliadas. Debe subrayarse que se nos dice que todo el contenido del documento WRB se debe a tres fugas independientes de reclusos notablemente bien informados. En vista de lo que sabemos sobre las vías de comunicación existentes, es estúpido llegar a este extremo.

Los autores del documento WRB permanecieron en el anonimato durante algo más que “por ahora”. El documento se convirtió en parte de los de la acusación de Nuremberg con el número 022-L. El material descriptivo adjunto a dicho documento, fechado el 7 de agosto de 1945 (el “análisis probatorio del Estado”) parece que puso en peligro el anonimato de los autores: Habla de un cierto Dr. Joseph Elías, “un pastor protestante de ascendencia judía, organizador de la resistencia judía en Hungría, dirigente de Jo’Pasztor” era real, pero parece que nada se sabe de las actividades de Elías o Soos en relación a estos asuntos. Nada se nos dice del origen de las partes del documento atribuidas a las otras tres personas. Se dice que R.D. McClelland, representante del WRB en Berna, remitió el documento a Washington a principios de julio de 1944 (presumiblemente no se incluyó la parte suplementaria).

El documento WRB fué presentado como prueba en el IMT como documento 022-L, por el comandante Walsh el 14 de diciembre de 1945. (44) No hubo objeciones de la defensa, en el IMT, para aceptarlo como prueba. En el juicio de Farben la acusación presentó el documento (Libro de Documentos 89) como prueba, pero la defensa protestó y esta protesta “en cuanto a la competencia y materialidad de todos y cada uno de los documentos del Libro” fué aceptada por el tribunal. El resultado del siguiente debate legal fué que el tribunal dió su acuerdo para tomar cierta “citación judicial” muy ambigua de los documentos. (45)

El anonimato se mantuvo durante varios años más, ya que la primera edición (1953)

de “La solución final” de Reitlinger considera anónimos a los autores. Teniendo en cuenta el comienzo de los gaseamientos, se hace referencia a “el altamente fiable documento del secretario de la enfermería de Birkenau o “Blockschreiber”, que se fugó a Hungría en abril de 1944″ (pág. 110). En relación con los judíos de Theresienstadt trasladados a Auschwitz “estamos en deuda con un médico judío eslovaco, que se fugó a Hungría en abril de 1944. Este hombre, encargado de los archivos del dispensario de Birkenau…”

(págs. 169-170). Al hablar del documento WRB, Reitlinger nos dice que “el documento más importante es el del anónimo médico judeoeslovaco que se fugó a Hungría en abril de 1944” (pág. 540). En los tres casos Reitlinger se estaba refiriendo al autor de la primera parte del documento WRB que, según éste dice, era el judío eslovaco que llegó el 13 de abril de 1942 y que recibió el número de registro próximo a 29.000. Reitlinger se refiere a él como a un médico, pero realmente el documento no deja en claro que es lo que era; parece que se suponía que era un “intelectual” o un “clérigo”.

El siguiente acontecimiento parece haber sido la publicación de 1956 en Israel del libro de J. Oskar Neumann, “Im Schatten des Todes”. Neumann había sido uno de los dirigentes de los numerosos consejos judíos y organizaciones de resistencia en Eslovaquia. Según él, el rabino Michael Dou Ber Weissmandel (o Weissmandl), originariamente un judío húngaro residente en una zona de Hungría que se anexionó Checoeslovaquia tras la Primera Guerra Mundial, era el líder de la resistencia judía en Eslovaquia. En el relato de Neumann los dos jóvenes judeoeslovacos aparecen oportunamente en Checoeslovaquia lo mismo que el mayor polaco (en realidad el documento WRB no dice a donde escapó este mayor polaco). Neumann da la impresión de que realmente conoció a estas personas: “Todavía se sientan aquí testigos oculares que han contado toda la verdad”. Su informe no menciona a los dos autores de la tercera parte suplementaria del documento WRB, y no nos dice los nombres o los números de registro tatuados de los que escaparon. Puesto que se hallaban en grave peligro de ser encontrados por la Gestapo, que les estaba buscando, “fueron enviados a una zona montañosa colindante al resto”. El rabino Weissmandel comunicó el informe a Budapest, Suiza y otros lugares con el fin de avisar y ayudar a otros judíos. (46)

Weissmandel emigró a los EE.UU. después de la guerra y fundó un seminario talmúdico ortodoxo en el Estado de Nueva York. Murió en noviembre de 1957. Sin embargo, sus memorias de guerra se publicaron a título póstumo en 1960, por desgracia, en hebreo, idioma que desconozco. El documento WRB es asunto de importancia para este libro. Doy por sentado que su relato es en esencia parecido al de Neumann, ya que los dos autores estaban en situación parecida y tenían los mismos contactos. Sin embargo, podría equivocarme. (47)

Ocurre que el siguiente suceso compromete a Reitlinger. El anonimato de los autores del documento WRB es una característica sorprendente e impactante de la primera edición del libro de Reitlinger, como estoy seguro de que se dió cuenta. Sin duda esto le molestó, pues sucede que se pone a buscar a los autores del documento, ya que en su segunda edición, publicada en 1968, escribe que Rudolf Vrba, el autor de la parte “más importante” del documento, a saber, la primera sección, “ejercía en un hospital de Cardiff en 1960”. El contacto de Reitlinger con Vrba en 1960 sería, por tanto, la primera aparición del presunto autor del documento en cualquier clase de registro histórico. Vrba fué puesto en escena, aparentemente, como consecuencia de las investigaciones de Reitlinger.

Accidentalmente la ciudad de Cardiff en el Sur de Gales está sólo a unas 150 millas de la casa de Reitlinger en Sussex. Éste no menciona el nombre de ninguno de los otros autores. Él considera que un libro cliché de Silberschein, el colega de Riegner en el Congreso Mundial Judío de Suiza, incluye la “versión completa” del documento. (48)

Los dos autores de las dos primeras partes del documento WRB (los dos jóvenes judeoeslovacos) se identificaron en el proceso a Eichmann de 1961. Testificaron dos testigos en relación al documento el cual se presentó como prueba junto con la aclaración de que los dos primeros jóvenes judeoeslovacos eran Alfred Wetzler (o Weczler) y Rudolf Vrba (antes Rosenberg o Rosenthal, más tarde residente en Inglaterra). El documento fué rechazado diciendo que ciertas contradicciones en los números presentados requerían una mayor explicación. Por lo tanto, hacia el final del juicio, la acusación presentó un “affidavit” de Vrba. El “affidavit” explicaba como Vrba llegó a las cifras impresionantemente detalladas relativas a los transportes a Auschwitz, que eran lo más sobresaliente del documento WRB. Su affidavit da la impresión de que, a la vez que le ayudaron varias personas, sólo él era responsable de haber aumentado las cifras, y no facilita, ni siquiera menciona, el nombre de su compañero con el que supuestamente escapó en abril de 1944. Menciona a Philip Mueller, que de algún modo le ayudó con sus cifras, porque Mueller “es aparentemente el único superviviente vivo hoy en día”. El affidavit de Vrba fué rechazado por el tribunal alegando que nada excusaba al fiscal por no haberle traído a Jerusalén para que testificara. (49)

Vrba apareció de nuevo en el juicio de Auschwitz en Frankfurt en 1964; su libro “No puedo perdonar” (escrito con Alan Bestic) apareció igualmente en 1964, poco antes de presentarse en Frankfurt. También apareció el compañero de Vrba en su supuesta escapada: Alfred Wetzler se dijo que había sido el otro joven judeoeslovaco. Wetzler era (en 1964) un funcionario de 46 años de edad en Checoeslovaquia, que llegó a Auschwitz el 13 de abril de 1942 y fué registrado con el número 29.162. Había sido un secretario de bloque en Birkenau. Vrba fué identificado como un bioquímico de 40 años residente en Inglaterra que llegó a Auschwitz el 30 de junio de 1942 y fué registrado con el número 44.070. También había sido secretario de bloque en Birkenau. Habían, decían, escapado el 7 de abril de 1944 encaminándose a Bratislava, Checoeslovaquia, donde hicieron su informe para los ancianos judíos y también para el nuncio papal. El rabino Weissmandel pasó el documento de contrabando hasta Budapest. (50)

El relato de 1964 difiere, por tanto, de lo que se dijo a los autores de la comisión de análisis de pruebas del IMT en 1945. La más seria contradicción aparente está, sin embargo, en la fiabilidad de las cifras presentadas en relación a los transportes de Auschwitz. Vrba en su declaración jurada de 1961 (que no mencionó a Wetzler) y también en su testimonio en Frankfurt, se presentó como el primer responsable de las cifras. El documento WRB, por otra parte, a la vez que atribuye las cifras a ambos hombres, las presenta en la primera parte del documento, cuyo autor se supone que es Wetzler.

Vrba no explica, en su libro de 1964, por qué espero 16 años para hablar de su fuga de Auschwitz y para entregar las estadísticas que fueron finalmente publicadas en Washington. Su libro prosigue, a grosso modo, el relato del documento WRB, con unas pocas contradicciones de varios grados de importancia. Por ejemplo, en el libro (pág. 128)

Vrba escribe que las chicas que trabajaban en el área “Canadá” gozaban de muy buena salud, pero en el documento WRB (pt. I, 31) esas mujeres eran “golpeadas y maltratadas y su mortandad era mucho más elevada que la de los hombres”. Otras rarezas de su libro son que dice haber ayudado a construir los crematorios (pág. 16, no se menciona en el documento WRB) y su descripción de un ataque aéreo aliado el 9 de abril de 1944 que no consta en ningún sitio (pág. 233, dice que él y Wetzler se escondieron durante tres días en un montón de leña en Auschwitz después de su fuga el 7 de abril). La posibilidad de un ataque aéreo aliado en abril se discutirá en el capítulo V.). Wetzler apenas consigue que Vrba le mencione en su libro. Vrba no dice nada del mayor polaco o de los dos judíos que supuestamente escaparón más tarde, que apoye los números de los transportes de Auschwitz. En el libro, el otro prisionero le llama “Rudi”, aunque su verdadero nombre, por el que se supone que le conocían en Auschwitz, se cree que era Walter Rosenberg (una cuestión que Vrba no esclarece, pero que surge por todos lados, por ejemplo en “Resistieron” editado por Yuri Suhl y en “Resistiendo a Auschwitz”, por Josef Garlinski).

Vrba no dice nada de un descanso en un refugio de montaña tras la fuga.

Tan concluyente como, en nuestro examen de la historia de Vrba, las numerosas contradicciones del documento WRB o de los hechos conocidos, es el tono general del libro y su descripción del comportamiento en el campo de varias personas. Aunque el libro incluye desde el principio hasta el final un material del todo increíble, el mejor ejemplo es la descripción que hace Vrba de una presunta visita de Himmler el 17 de julio de 1942 (págs. 9-15, no mencionado en el documento WRB). Los prisioneros estaban reunidos para la inspección y la orquesta se encontraba dispuesta a tocar para cuando Himmler llegara. Como estaba esperando, el director de la orquesta:

“…permanecía con la batuta levantada, inmóvil, listo para tejer la música para el invitado de honor.

Y entonces ocurrió. La catástrofe que teme todo actor. El momento de horror que sólo merecen las grandes ocasiones. La crisis que parece perseguir todo momento de verdad.

En la décima fila al otro lado de nuestro bloque, el secretario de bloque se encontró con que Yankel Meisel no tenía todos los botones de su camisa.

Empleó muy poco tiempo para la enormidad del crimen. Entonces le derribó de un golpe… A escondidas,…le sacaron la vida a golpes y a patadas… .

.. la comitiva de Himmler estaba a 20 yardas. La batuta se movió… y la orquesta comenzó… con un trozo de “Aida”.

Era “La Marcha Triunfal”. Lentamente pasó revista, un pequeño asesino imitando a uno mayor, deslumbrando a cada uno de nosotros.

Si encontraba uñas sucias o zapatos no lo suficientemente limpios, gritaba improperios al autor de la ofensa y le golpeaba con su recio bastón de bambú.

Incluso nos miraba detrás de las orejas, como una niñera y luego rondaba a otra presa en los barracones, en busca de una manta que no hubiera sido perfectamente doblada”.

Vrba habla de una segunda visita de Himmler (págs. 15-19; la visita parece corresponder a una que tuvo lugar en marzo de 1943 de unos dignatarios de Berlín para presenciar un gaseamiento) en enero de 1943 para asistir al gaseamiento de 3.000 judíos polacos. El acontecimiento estaba previsto para las nueve de la mañana, pero Himmler tardó hasta las 11 de la mañana en terminar el desayuno, así que los 3.000 judíos tuvieron que esperar dos horas en la cámara de gas. Por fin, Himmler presenció el gaseamiento con un humor alegre y distendido, charlando con el comandante entre otros, mientras que de vez en cuando echaba un vistazo por una mirilla para ver como se gaseaba a los judíos.

A lo largo del libro se intenta mantener este tono absolutamente increíble, como usted puede comprobar leyéndolo si es que puede resistirlo.

En la segunda edición de su libro, Reitlinger, no cita el de Vrba en ningún momento.

Escribe sobre éste como el autor de la parte “más importante” del documento WRB, la primera, aunque los datos aportados demuestran que este título debe otorgarsele a Wetzler. A Reitlinger no le parece importante o relevante que Vrba sólo tuviera 18 años cuando, dice, empezó a reunir información numérica y de otras clases relativa a los transportes a Auschwitz, con la intención de darla a conocer al mundo.

Por lo que yo sé, no se ha roto el anonimato del mayor polaco. Erich Kulka, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en un artículo en el libro de Suhl, asigno nombres a los dos autores de la parte suplementaria (Czezln Mordowicz que cambió su nombre a Petr Podulka y Arnost Rosin que se lo cambió a Jan Rohac), pero de estas personas no sé nada más que el que guardaron silencio sobre sus hazañas heroicas incluso más tiempo que Vrba y Wetzler. Además ni Elías, ni Soos, ni Vrba (como Vrba o como Rosenberg), ni Weissmandel aparecieron como testigos en ninguno de los juicios de Nuremberg, a pesar del papel varias veces señalado que jugó en esos juicios el documento 022-L.

Los archivos del Servicio Internacional de Búsqueda de Arolsen, Alemania Occidental, dicen que dos judíos llamados Wetzler y Rosemberg escaparon el 7 de abril de 1944, y esto coincide con el “Kalendarium” publicado por el Gobierno polaco en 1964 como el número 7 de “Hefte von Auschwitz”, que también declaró que dos judíos llamados Mordowicz y Rosin se fugaron el 27 de mayo de 1944. Ya que muchas fugas de Auschwitz tuvieron éxito en este periodo (muchísimas más de las que Vrba parece creer que hubo – comparar la página 217 de Vrba con lo dicho por Garlinski sobre las fugas), estos datos bien pueden ser verdad, pero todavía no autentifican la autoría del documento WRB, en especial desde que actualmente se nos dice que después de fugarse los cuatro judíos adoptaron “alias” con el propósito de no ser reconocidos y que tres de los cuatro prefirieron conservar estos nombres distintos después de la guerra antes que volver a sus nombres verdaderos.

Los detalles detrás del nacimiento del documento WRB probablemente nunca se descubrirán del todo, pero es enteramente posible que sus autores viajaran a grandes distancias para simular un documento milagrosamente pasado de contrabando a Checoeslovaquia y luego a Suiza. Si se escribió en Eslovaquia parece claro que el rabino Weissmandel fuera como poco el coautor. También es posible que, como se dijo, se le diera al nuncio papal en Eslovaquia, Giuseppe Burzio, y que éste lo transmitiera a Roma.

Está claro que propagandistas judíos contactaron con Burzio y que él transmitió al menos parte de su “información” a Roma. Ejemplos de lo que Burzio transmitió al Vaticano es lo dicho en marzo de 1942 de que los alemanes arrebataban a mujeres judías de sus familias para hacerlas prostitutas para los soldados alemanes del Frente Oriental (una completa fantasía) y una carta de comienzos de 1943 de un sacerdote de Bratislava diciendo que judíos y fuentes alemanas de solvencia le habían dicho que las fábricas de jabón se abastecían con los cadáveres de los judíos gaseados y ametrallados. Si Burzio transmitió este material de un modo puramente rutinario o porque le dió crédito, carece de importancia, aunque lo último parece ser el caso. El Vaticano, durante la guerra, recibió y archivó muchos de tales informes, pero nunca les dió crédito. Su actual postura es que, en el curso de la conflagración, ni él ni las “agencias judías tenían conocimiento de que las deportaciones fueran parte de una operación general de aniquilamiento masivo” (ver también el apéndice E). (51).

En cualquier caso resulta obvio que el documento WRB es falso. Los datos que contiene no son la clase de información que facilitarían unos fugados; el que dos judíos escaparan más tarde para ampliar dichos datos es doblemente ridículo. En vez de presentar inmediatamente después de la guerra a los supuestos autores del documento, con la intención de dar más credibilidad a la mentira, parece que decidieron que esto no era importante hasta que, por ciertas razones (puede que la curiosidad de Reitlinger), presentaron un autor 16 años después de lo ocurrido. Lo que dice esta persona no puede creerse.

Así nació la leyenda de Auschwitz.

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CAPITULO IV. AUSCHWITZ

Ahora vamos a centrarnos en la versión que nos han dado acerca de los “exterminios” de Auschwitz.

Los juicios que aportaron las pruebas en las que se basan las acusaciones exterminacionistas tuvieron lugar en una Alemania postrada y hambrienta, cuyo pueblo no estaba en condiciones de hacer nada en contra de la voluntad de las potencias ocupantes. Esta era la realidad política de la situación. Según los documentos, el “Sionismo Internacional” preparó las acusaciones específicas de exterminio que se hicieron y a las cuales los altos y fiables funcionarios de Washington no dieron crédito. El principal personaje que estableció los mecanismos legales de los juicios por crímenes de guerra no era otro que el fiscal estadounidense en el IMT. En este proceso los jueces se manifestaron previamente a favor de la lógica culpabilidad de los acusados y los fallos posteriores del Tribunal resultaron ser obligados formalismos legales. Los juicios ulteriores más importantes los organizó el archisionista Marcus, futuro héroe de Israel y entonces jefe de la División Americana de Crímenes de Guerra, una agencia que se había ocupado de la tortura de los testigos de ciertos procesos. El “honor” de los organizadores de los juicios se vió comprometido con las tesis de la extraordinaria brutalidad nazi. En tales condiciones es difícil no ver la posibilidad de un fraude y este capítulo y el siguiente demuestran que no debe esperarse otra cosa.

Primero hay que preguntarse; ¿Cuál es el principal atributo, la “marca de fábrica”, de un timo a tal escala? Nadie inteligente que hiciera algo por el estilo se inventaría una historia falsa en su totalidad o en la mayoría de los detalles. Un relato cuyo núcleo central es completamente falso puede contener un 99 % de hechos reales, y admitir esto conduce al autor a la perspectiva más segura de su hazaña: la tergiversación del significado de hechos auténticos.

Esta es la estructura básica de la leyenda exterminacionista de Auschwitz, y aquí se demuestra que todos los hechos reales que contiene, tenían (no que pudieran haber tenido, sino que tenían) un significado relativamente rutinario, sin nada que ver con el exterminio de personas. Así, los defensores del exterminio tienen que anticipar una tesis que implique una doble interpretación de los hechos, pero en tal caso, el lector imparcial que considere lo ya apuntado, debe estar de mi parte. Aparece por tanto la “marca de fábrica” de la estafa, es decir; la necesidad de una doble interpretación de los hechos.

El análisis descubrirá otro “sello de fábrica” no tan evidente por el momento, y también expondremos los hechos que contradicen los supuestos exterminios y que para quienes aún creen en ellos resultan “misteriosos”. Las inconsistencias, inverosimilitudes y evidentes falsedades surgirán y, por último, la gran sorpresa, un hecho que contradice las acusaciones de tan enorme importancia que nada más podrá balbucearse acerca de hechos “misteriosos”.

El comandante de Auschwitz desde mayo de 1940 a últimos de 1943 era el coronel SS Rudolf Hoess. Durante el juicio del IMT había firmado algunas declaraciones juradas para la acusación, de las cuales la más significativa lo fué el 5 de abril de 1946 (1). De acuerdo con una práctica común en el NMT y en el IMT, la defensa de Kaltenbrunner le llamó el 15 de abril de 1946. (2) Lo más importante de su testimonio es que, durante las repreguntas, se reafirmó tanto en su “affidavit” del 5 de abril como en ciertos puntos de testimonios secundarios.

Hoess es universalmente considerado como el testigo estelar de la acusación y, a pesar de que el timo de Auschwitz surgió a partir del documento WRB,los mitólogos del exterminio consideran el “affidavit” de Hoess como si fuera la leyenda de Auschwitz o mejor, como si fuera el marco de la leyenda. La versión de los que abogan por ésta.. se compone del “affidavit” de Hoess, con sólo unas variaciones numéricas, tal y como lo presentan el IMT y el NMT y otras pruebas similares. Ninguno de los principales mitólogos concede importancia alguna al documento WRB y sólo Reitlinger parece darse cuenta de los problemas de cierta significación que suscita.

Por tanto es conveniente dejar que el “affidavit” de Hoess sirva también de marco para nuestro análisis. En esta obra lo incluimos entero y luego revisamos sus puntos concretos con la atención debida a las pruebas suplementarias o adicionales. La ambigüedad deliberada aparecerá como un hecho innegable. Las contradicciones, incoherencias, inverosimilitudes brutales y mentiras surgirán y el análisis revelará parte del contexto psicológico de los juicios.

Debe hacerse hincapié en una acertada interpretación de las fuentes, incluyendo los casos donde se juzgue necesario referirse a Hilberg o a Reitlinger antes que a un documento original al que el lector posiblemente no podrá acceder fácilmente.

El “affidavit” de Hoess I, Rudolf Franz Ferdinand Hoess, habiéndole sido tomado juramento previamente, testifica y dice lo siguiente:

1. Tengo 46 años y he sido miembro del NSDAP desde 1922, miembro de las SS desde 1934 y miembro de las Waffen SS desde 1939. Fuí miembro desde el 1 de diciembre de 1934 de la Guardia SS; la llamada “formación de la calavera” (Totenkopf Verband).

2. He estado constantemente en contacto con la administración de los campos desde 1934, sirviendo en Dachau hasta 1938 y luego como adjunto en Sachsenhausen desde 1938 hasta el 1 de mayo de 1940, cuando fuí nombrado comandante de Auschwitz. Dirigí Auschwitz hasta el 1 de diciembre de 1943 y estimo por lo menos en dos millones y medio las víctimas que fueron ejecutadas y exterminadas allí mediante gases e incineradas, y por lo menos en otras 500.000 las que murieron de hambre y enfermedades, haciendo un total de tres millones de muertos. Esta cifra representa entre el 70 y el 80 % de todos los prisioneros enviados a Auschwitz, los restantes fueron seleccionados y utilizados para trabajar como esclavos en las fábricas del campo. Entre los ejecutados e incinerados había aproximadamente 20.000 prisioneros de guerra rusos (que la Gestapo había apartado del resto) llegados a Auschwitz en transportes de la Wehrmacht conducidos por oficiales y soldados regulares de la misma. El resto del número total de víctimas incluía unos 100.000 judíos alemanes, y gran número de ciudadanos, la mayoría judíos de Holanda, Francia, Bélgica, Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Grecia y otros países. Solamente en el verano de 1944 ejecutamos unos 400.000 judíos húngaros.

3. La WVHA (Oficina Central Económica Administrativa) dirigida por el Obergruppenführer Oswald Pohl, era responsable de todos los asuntos administrativos, tales como el alojamiento, la alimentación y los cuidados médicos, en los campos de concentración. Antes de crearse la RSHA, la Policía Secreta del Estado (Gestapo) y la Oficina del Reich de la Policía Criminal se encargaban de los arrestos, asignaciones a los campos de concentración, castigos y ejecuciones al respecto. Después de organizarse la RSHA, todos estos cometidos se llevaron como antes, pero de acuerdo con las órdenes firmadas por Heydrich como jefe de la RSHA. Mientras que Kaltenbrunner fué jefe de la RSHA, las órdenes de custodia, asignaciones, castigos y ejecuciones individuales iban firmadas por Kaltenbrunner o por Müller, jefe de la Gestapo, como representante de aquél.

4. Los gaseamientos masivos comenzaron durante el verano de 1941 y continuaron hasta la caida del campo en 1944. Yo supervisé personalmente en Auschwitz las ejecuciones hasta el 1 de diciembre de 1943 y según lo que sé, por mi constante tarea en el Inspectorado de los Campos de Concentración (WVHA), continuaron como dije anteriormente. Todos los gaseamientos masivos tuvieron lugar mediante orden directa, supervisión y responsabilidad de la RSHA. Yo recibía directamente de la RSHA todas las órdenes para llevar a cabo estas ejecuciones en masa. 5. El 1 de diciembre de 1943 fuí nombrado jefe del AMT I en el grupo D del AMT de la WVHA donde era responsable de coordinar todos los asuntos que surgieron entre la RSHA y los campos de concentración bajo la administración de la WVHA. Mantuve este cargo hasta el final de la guerra. Pohl, como jefe de la WVHA, y Kaltenbrunner, como jefe de la RSHA, daban órdenes en persona y con frecuencia se comunicaban oralmente y por escrito en lo referente a los campos. El 5 de octubre de 1944, llevé a Kaltenbrunner a su oficina de la RSHA en Berlín un largo informe relativo al campo de concentración de Mauthausen. Kaltenbrunner me pidió que, brevemente, le resumiera de palabra el informe y dijo que no tomaría ninguna decisión hasta que hubiera tenido ocasión de estudiarlo en todos sus detalles. Este informe trataba de la asignación de trabajo de varios cientos de prisioneros que habían sido condenados a muerte… los llamados “prisioneros sin nombre”.

6. La “solución final” de la cuestión judía significaba el completo exterminio de todos los judíos de Europa. En junio de 1941 se me ordenó que facilitara en Auschwitz las instalaciones para el exterminio de judíos. Por entonces ya había en el Gobierno General otros tres campos de exterminio; BELZEC, TREBLINKA y WOLZEK. Estos campos estaban bajo el “Einsatz Kommando” de la Policía de Seguridad y la SD. Visité Treblinka para saber cómo se estaban l levando a cabo los exterminios. El comandante del campo de Treblinka me dijo que había liquidado a 80.000 en el curso de año y medio. Él se ocupaba principalmente de acabar con todos los judíos del gueto de Varsovia. Utilizaba monóxido gaseoso y no creo que sus métodos fueran muy eficaces. Así pues cuando construí el edificio para exterminios de Auschwitz utilicé Cyclon B que era ácido prúsico cristalizado que introducíamos en la cámara de la muerte por un pequeño agujero.

Tardábamos entre tres y 15 minutos en matar a la gente dentro de la cámara dependiendo de las condiciones climáticas. Sabíamos cuándo estaban muertos porque sus gritos cesaban. Normalmente esperábamos cerca de hora y media antes de abrir las puertas y retirar los cuerpos y, cuando éstos habían sido retirados, nuestros comandos especiales cogían los anillos y extraían el oro de los dientes.

7. Otra ventaja que teníamos sobre Treblinka era que construímos nuestras cámaras de gas con capacidad para 2.000 personas en cada turno, mientras que Treblinka en sus 10 cámaras de gas sólo albergaban a 200 personas (*) cada vez. El método para seleccionar a nuestras víctimas era el siguiente: en Auschwitz teníamos dos médicos SS en funciones para examinar a los prisioneros que llegaban. Los aptos para trabajar eran enviados al campo. Otros eran inmediatamente enviados a las plantas de exterminio. Los niños de pocos años eran exterminados por sistema debido a que por su juventud no podían trabajar. Otra mejora que introdujimos con respecto a Treblinka era que allí las víctimas casi siempre sabían que iban a ser exterminadas y en Auschwitz nos esforzábamos en hacerles creer que iban a pasar un proceso de despiojamiento.

Lógicamente, a menudo se daban cuenta de nuestras verdaderas intenciones y algunas veces se producían motines y dificultades por esta razón. Con mucha frecuencia las mujeres escondían a sus niños bajo las ropas, pero por supuesto cuando les descubríamos les enviábamos a exterminar. Se nos pidió que lleváramos a cabo los exterminios en secreto, pero lógicamente el hediondo y nauseabundo olor desprendido por las continuas incineraciones de cadáveres se extendió por toda la zona y todos los habitantes de las poblaciones cercanas sabían que en Auschwitz se producían exterminios.

8. De vez en cuando recibíamos prisioneros especiales de la oficina local de la Gestapo. Los médicos SS mataban a estos prisioneros mediante inyecciones de gasolina y tenían órdenes de extender certificados de defunción ordinarios donde podían alegar cualquier causa de muerte.

9. A veces realizábamos experimentos médicos con reclusas, incluidas esterilizaciones y experimentos relativos al cáncer. La mayoría de la gente que murió debido a esto ya había sido condenada a muerte por la Gestapo.

10. Rudolf Mildner era el jefe de la Gestapo de Kattowicz y como tal era el responsable del Departamento Político de Auschwitz que manejó los procedimientos de interrogatorio de tercer grado desde aproximadamente marzo de 1941 hasta septiembre de 1943. En calidad de tal, a menudo enviaba prisioneros a Auschwitz para ser encarcelados o ejecutados. Visitó el campo en varias ocasiones. El Tribunal de la Gestapo, el SS Standgericht, que juzgaba a personas acusadas de varios crímenes, tales como prisioneros de guerra juzgados, etc., se reunía en Auschwitz frecuentemente y a menudo Mildner asistía a los juicios de esas personas que solían ser ejecutados allí mismo después de la sentencia… Yo enseñé a Mildner toda la planta de exterminio de Auschwitz y se mostró directamente interesado, ya que él tenía que enviar para ser ejecutados en aquel campo a los judíos de su territorio. Comprendo el anterior texto en inglés. Las afirmaciones precedentes son verdad y esta declaración está hecha por mí voluntariamente y sin coacción; después de repasar su contenido. Firmé y otorgué la misma en Nuremberg, Alemania, el 5 de abril de 1946.

Rudolf Hoess Por “NSDAP” se entiende el partido nazi, “Nationalsozialistiche Deustche Arbeiter Partei” (Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores).

Ciertas cuestiones de interés que no se han incluido en la declaración, aunque algunos pudieran considerarlas importantes, son que Hoess, que era un pendenciero nacionalista en los años 20, había cometido un asesinato político que le costó cinco años de prisión (3), y que comenzó en los campos de concentración en Dachau de cabo.

Parece que escaló puestos con sorprendente rapidez desde 1945. Durante las últimas semanas de la guerra fué coronel y negoció asuntos de los campos con la Cruz Roja y con representantes de países neutrales. (4) Lo más probable es que su baja graduación en 1934 fuera debida a limitaciones artificiales en el tamaño de las SS impuestas por motivos políticos. Su rápido ascenso fué probablemente el resultado del crecimiento de las SS después de la purga del SA Roehm en junio de 1934 y del crecimiento más grande aún que tuvo lugar después de empezar la guerra.

Ahora vamos a analizar los puntos claves del “affidavit”. El plano de Birkenau se muestra en la figura 29 y se basa en la información reunida en el “juicio de Auschwitz” de 1963-65; no obstante el documento WRB presenta un plano similar. (5)

Párrafo 2. Hubiera contribuido a aclarar las cosas si Hoess hubiese indicado brevemente cuál era la naturaleza de las “industrias de los campos de concentración” de Auschwitz y la enorme importancia que tenían para los alemanes. En toda la transcripción de los testimonios del IMT sólo parece haber una referencia concreta a la naturaleza de las factorías de Auschwitz. Es el testimonio de una prisionera política, Vaillant-Couturier, donde ésta hace referencia a una “fábrica de municiones” (sin duda la fábrica de espoletas Krupp) y a una “gran fábrica de Buna, pero como (ella) no trabajaba allí (ella) no sabía qué fabricaban”. (6) Puede haber otras, concretamente en los documentos, pero si existen las han escondido muy bien.

Ni siquiera Hoess se aferró a la cifra de dos millones y medio de gaseados; pues en privado, hacia las fechas en las que testificó y también durante su propio juicio en Polonia en 1947 (fué ahorcado) daba una cifra de 1.135.000. La cifra más baja esgrimida por los que dicen que los gaseamientos tuvieron lugar es de 750.000. (7) Los rusos hablan de cuatro millones, incluyendo algunos asesinatos por “inyecciones, malos tratos, etc”, pero la cifra más elevada que se ha dado parece ser siete millones. (8)

Lo que dice sobre 400.000 judíos húngaros responde a la extraña importancia concedida a la leyenda de dichos judíos. Esta importancia existía bastante antes del “affidavit” de Hoess y ha continuado hasta hoy. El 5 de mayo de 1944 se supone que Eichmann propuso a los aliados occidentales un trueque de “camiones por judíos húngaros”, a traves del intermediario Joel Brand. (9) La persistente relevancia concedida a los judíos húngaros parece ser el resultado de la atención prestada desde 1960 a las actividades de Eichmann. Sobre los comienzos sólo puedo decir que los problemas de los judíos húngaros comenzaron en marzo de 1944 con la ocupación alemana de Hungría, que coincidió con la entrada en funciones de la Oficina de Refugiados de Guerra (WRB)

creada en enero y por tanto, gran parte de las atenciones del WRB se centraron en Hungría. (10) El problema de los judíos húngaros merecerá especial atención en el próximo capítulo.

Párrafo 4. Hoess sitúa el comienzo de los gaseamientos en el verano de 1941. Él es promovido al Inspectorado de los Campos de Concentración de Oranienburg en diciembre de 1943 pero sabe “por (su) constante tarea” allí que “continuaron estas ejecuciones en masa”. Parece muy razonable por conocer detalles de importancia acerca de Auschwitz mientras estaba en el Inspectorado, pero en su testimonio dijo que en el verano de 1941 él, Hoess, fué llamado a informar directamente a Himmler y que en el curso de la entrevista el comandante del campo de concentración había recibido directamente del Reichsführer SS la orden de comenzar a exterminar judíos, estipulando que debería mantenerlo en “el más estricto secreto” y no permitiendo ni siquiera a su inmediato superior, Gluecks, saber qué estaba ocurriendo. “Gluecks era entonces, por así decirlo, el inspector de los campos de concentración y el inmediato subordinado al Reichsführer”. (11)

Párrafo 6. En un capítulo posterior veremos lo que significaba la “solución final” de la cuestión judía. Hoess dice : “…en junio de 1941 se me ordenó que facilitara en Auschwitz las instalaciones para el exterminio de judíos”. Así pues, corrobora la fecha dada en el párrafo 4 y su testimonio apoya al “affidavit”, reafirmando de nuevo esta fecha. No parece haber duda de que Hoess estaba dando deliberada e intencionadamente el verano de 1941 como el punto de partida sin posibilidad de error alguno. Igualmente Hoess testificó que cuando la orden de Himmler, el Inspectorado (Gluecks) era el “inmediato subordinado” a Himmler. Esto sólo podía ser verdad antes de marzo de 1942, fecha en la cual Oswald Pohl, jefe de la WVHA (párrafo 3), se hizo cargo del Inspectorado y Gluecks comenzó a informar a Pohl, el cual informaba a Himmler. Antes de marzo de 1942 el Inspectorado parece haber sido una organización huérfana y podía haber informado a Himmler aunque estaba en conexión con Heydrich y con la Oficina Central Operativa (Führungshauptant) de Juettner. Obviamente Hoess estaba familiarizado con estos arreglos administrativos, puesto que a últimos de abril de 1942 Pohl mantuvo una reunión con todos los comandantes de campo y con todos los jefes del Inspectorado con el propósito específico de discutirlo. (12)

A pesar de todo esto Reitlinger insiste en que Hoess quería decir “el verano de 1942” y no “1941”, por determinados motivos que veremos más tarde y también por otras razones. Primeramente, una implicación lógica del “affidavit” de Hoess es que la visita a Treblinka tuvo lugar después de largas deportaciones a aquel campo de judíos de Varsovia. Explícitamente Hoess confirma este punto en otro “affidavit”. Esto sitúa la visita a Treblinka en 1942. Segundo, que de acuerdo con fuentes de Reitlinger, el primer gran transporte (2.000) de judíos a Birkenau data de marzo de 1942, cuando “la pequeña instalación de gaseamiento en el Birkenwald sólo había empezado a funcionar”. (13) Si se nos dice además que Hoess recibió las órdenes de exterminio en 1942, con esta clase de argumentos lo único que se consigue es aumentar la confusión.

Esto son sólo el tipo de contradicciones que debe esperar encontrarse entre un montón de mentiras. Sin embargo, por el bien de la polémica debemos aceptar que Hoess realmente quiso decir “el verano de 1942” y pasar así a otros asuntos. En cualquier caso sea cual sea la interpretación, Hoess dice que había otros tres campos de exterminio cuando la orden de Himmler, que él había visitado Treblinka y que en este campo se había estado exterminando durante año y medio. Si aceptamos la opinión de Reitlinger el comienzo de los gaseamientos se sitúa en los inicios de 1942.

Estoy de acuerdo en que el gaseamiento con monóxido de carbono es ineficaz. La fuente del monóxido de carbono se supone que era en Belzec el escape de un motor diesel y en Treblinka los de tanques y camiones rusos capturados. (14) También tengo que estar de acuerdo con que el Cyclon (Zyklon) B era más eficaz, ya que consistía en cristales que, al contacto con el aire, sublimaban a “ácido prúsico” (cianuro gaseoso). No había gas más mortífero y de hecho el Zyklon era un muy conocido y utilizado insecticida creado por la “Deutsche Gesellschaft für Schädlingsbekämpfung” (DEGESCH), Dirección de Pesticidas Alemanes Co. que había sido comercializado a nivel mundial antes de la guerra (15); la palabra Zyklon significa “ciclón”, o sea que el producto era un “ciclón” para las plagas. Se utilizó en todas las Fuerzas Armadas alemanas y en todo el sistema de campos durante la guerra, y así, era usado en Auschwitz como insecticida. El encargo y la recepción del Zyklon de Auschwitz lo hizo la llamada “Referat für Schädlingsbekämpfung”

(Oficina de la Dirección de Pesticidas). (16)

Ya hemos hablado de la constante amenaza del tifus portado por piojos y hemos visto los calamitosos resultados del cese completo en Belsen de las medidas de desinfección. En vista del excelente caldo de cultivo para el piojo portador del tifus que eran las explotaciones de Auschwitz-Kattowicz, debido a las epidemias constatadas en Auschwitz que incluso obligaron a parar el trabajo y vista la tremenda importancia de la industria de Auschwitz para el esfuerzo de guerra alemán, no es sorprendente que en este campo y en las regiones vecinas se usara el Zyklon en cantidades generosas para su propósito previsto. En el documento WRB, e incluso antes, es este producto químico, conocido como insecticida y por su uso en Auschwitz en calidad de tal, el que se dice, y se continúa diciendo hasta hoy, que producía el gas u tilizado para exterminar a los judíos de este campo.

No es verdad que el papel del Zyklon como insecticida se haya ocultado pues el documento WRB menciona la misión antiparasitaria de este gas y la transcripción del IMT hace explícito un doble cometido del Zyklon de Auschwitz.(17). Debemos tener cuidado al señalar la importancia de la tesis del Zyklon B de la leyenda. Aquí vemos claramente la característica principal de la mentira tal y como cuando empezamos a ocuparnos de los detalles de los presuntos exterminios en Auschwitz: un hecho con doble interpretación.

Éste no se discute y, aparentemente, ni siquiera se le considera en la literatura de la “solución final”. Hilberg sólo profiere la totalmente desatinada afirmación de que “muy poco se usó para fumigar” y luego cita a una autoridad nada convincente. Reitlinger no lo hace mejor. (18)

El uso más característico del Zyklon era la desinfección de habitaciones y barracones. Todo se sellaba y luego era vaciada la cantidad necesaria de Zyklon que venía en latas de color verde (figuras 27 y 28). Después del tiempo necesario se suponía que todos los piojos y otros insectos y plagas habían muerto y se pasaba a ventilar el recinto. El Zyklon podía utilizarse para desinfectar ropas en las “cámaras de exterminios”

comercializadas por la industria alemana “del exterminio”, aunque por entonces los baños de vapor también se usaban para desinfectar ropa, en especial las instalaciones permanentes. Las “cámaras de exterminio” se preferían en situaciones especiales o de mucho movimiento. El Ejército de los Estados Unidos, que también tuvo durante la guerra problemas para controlar los insectos, tenía por consiguiente ingenios similares y había inventado una “cámara de campo”. Ya que los Estados Unidos habían llegado tarde a la guerra, tuvieron tiempo de adoptar un nuevo producto químico, el DDT, para los cometidos desempeñados por el Zyklon alemán (19). Naturalmente, los estadounidenses emplearon el DDT en sus “campos” de concentración o como quiera llamárseles. El DDT, un insecticida más avanzado, era más versatil por varios motivos; por ejemplo no era ni de cerca tan letal para los seres humanos como el Zyklon, que era bastante nocivo y en su forma comercial contenía un “aviso”, un gas lacrimógreno, que se desprendía antes de que lo hiciera el cianuro gaseoso. Es corriente que las versiones militares de productos prescindan de adornos y por tanto el Zyklon empleado en los campos de concentración carecía del gas lacrimógeno.

En el testimonio de un testigo del fiscal francés DuBost ante el IMT el 28 de enero de 1946 se hizo referencia al doble cometido del Zyklon y el 30 de enero DuBost presentó el documento probatorio 1.553-PS, consistente en un número de facturas de DEGESCH remitidas al primer teniente SS Kurt Gerstein. Después de algunas dudas sobre ciertos tecnicismos legales se aceptaron como prueba ambas partes del documento, sin embargo Rassinier y Reitlinger dicen que por el contrario la “declaración” se rechazó. (20) Los volúmenes del IMT reproducen dos facturas y los del NMT parte de dicha “declaración”.

(21) Las muestras de facturas reproducidas en los tomos del IMT incluyen una factura por 195 Kgr. de Zyklon enviados a Oranienburg fuera finalmente destinado a otros campos y que el de Auschwitz se compartiera con todos los campos más pequeños de la región y posiblemente también con las minas de carbón.

El caso de Kurt Gerstein demuestra que no hay límites en los absurdos que la gente inteligente puede creer una vez que han aceptado lo falso como verdadero. Este Gerstein es el que hace el papel de protagonista en la obra de Rolf Hochhuth, “El vicario”.

La graduación de Gerstein en las SS era de oficial jefe de desinfección en la Oficina del Jefe de Higiene de las Waffen SS (22), y como tal era responsable de supervisar y distribuir los suministros de desinfectante a todos los campos administrados por la SS.

Existen dos versiones acerca de qué es lo que le ocurrió al final de la guerra. En una se encuentra por casualidad con unos investigadores estadounidenses en un hotel en Rottweil, la Selva Negra, y les cuenta que consiguió un puesto de responsabilidad en el partido nazi mientras hacía de agente secreto para el reverendo antinazi Niemöller, que había estado implicado en operaciones con cámaras de gas y que estaba listo para testificar ante cualquier tribunal. Entonces les entrega en mano un documento de siete páginas, mecanografiado en francés, junto con una nota en inglés y algunas facturas de Zyklon y luego se esfuma. (23) En la otra, aparece de algún modo en la prisión militar de Cherche Midi en París, escribe él mismo un documento en francés, le añade las facturas de Zyklon y luego se ahorca en julio de 1945. (24) En cualquiera de los casos ni él ni su cuerpo fueron hallados. Presuntamente desapareció dejando una “declaración” y unas cuantas facturas de Zyklon que pasaron a ser el documento 1.553-PS. Esta última versión de la historia de Gerstein es la que aparece en el material aclaratorio que acompaña al documento.

Incluso si no existiera esta versión, obviamente sospechosa, sobre Gerstein dudaríamos de la autenticidad de la “declaración” teniendo en cuenta sólo su contenido, pues resulta ridículo pretender, por ejemplo, que Gerstein alcanzó su rango en las SS con la única intención de sabotear los exterminios (“…un hombre que se internó en el infierno con la sola intención de servir de testigo ante el mundo y ayudar a las víctimas”); (25) El texto de la “declaración”, incluyendo la parte publicada por el NMT, es aquí reproducida en el Apéndice A, pues aunque no juega un gran papel en el análisis, el lector debería examinarla alguna vez. Resulta completamente de locos. No hay que asombrarse de que gentes que se lo han tomado en serio hayan hablado de “ambigüedad en las intenciones” y hayan sentido “un cierto malestar, una incapacidad para explicar la actitud de Gerstein como persona”. (26) “El Vicario” comienza con “Gerstein” abriéndose camino en el recibidor del legado papal en la Rauchstrasse de Berlín para contar, sin aliento la historia de su “declaración” al nuncio papal.

Es del todo imperdonable que Hilberg y Reitlinger utilicen como fuente y sin pedir disculpas una “declaración” a todas luces espuria. Sin embargo, Reitlinger señala que Hitler nunca estuvo en Lublin como asegura aquélla. (27)

DEGESCH no era la única firma implicada en el negocio de los “exterminios”. La firma Tesch y Stabenow suministraba a los clientes Zyklon y también equipos para las “cámaras de exterminio” que tenían las medidas tipificadas de 10 metros cúbicos y menos aún. En el capítulo II vimos que aparentemente existió una de tales “cámaras de gas” en Dachau y que era, por supuesto, presentada en la propaganda inicial como una cámara asesina, aunque hoy en día no se intenta aclarar que no es otra cosa que una “cámara de desinfección”.

Tesch y Weinbacher, funcionarios de la firma Tesch y Stabenow que vendieron algunos equipos de “cámaras de exterminio” al campo de Gross-Rossen fueron ahorcados por su papel en dicho negocio y el Tribunal militar británico rechazó sus alegatos, en los que decían ignorar que sus mercancias fueran a utilizarse para otra cosa que para la desinfección, y su recurso de súplica diciendo que no podía rechazarse una orden de las SS. (28)

Párrafo 7. De acuerdo con los “affidavits” que Hoess y Entress hicieron en 1947 (29), las primeras cámaras de gas, puestas a funcionar en el verano de 1942 (en contradicción con el “affidavit” de 1946), eran algo improvisado en dos viejas casas de pueblo que habían sido convertidas en compartimentos estancos y selladas sus ventanas. En el “juicio de Auschwitz” de 1963-65 se mantuvo que el “bunker” de la figura 29 era una de estas primitivas cámaras de gas. (30) Posteriormente estudiaremos en qué consistian las últimas cámaras.

Este es el momento oportuno para ocuparnos de los escalafones de mando y de las responsabilidades en estas operaciones. Hoess dice que recibió su orden directamente de Himmler, aceptemos que durante el verano de 1942. Esto significa no sólo que Himmler pasó por encima de Gluecks sino también de Pohl al dar la orden directamente al comandante de campo y concretando que Gluecks no iba a saber lo que ocurriría.

Himmler se saltó tres o más grados para dar la orden y especificó que Hoess iba a mantener un secreto imposible. La mar de extraño.

Esto no es todo. Por lo que sabemos del “affidavit”, del testimonio de Hoess y de todas las demás fuentes (sin contar ciertos hallazgos posteriores que discutiremos) el Gobierno alemán dejó el método de ejecución y el material que requería, a la elección e inventiva del comandante de campo local. Hoess opta por acondicionar dos viejas casas de campo, encuentra en el campo por casualidad el Zyklon y decide que supone un modo más eficaz de resolver el problema judío que el que emplean en Treblinka, donde se han agenciado para el exterminio algunos tanques y camiones capturados a los rusos. Todo esto resulta estúpido y Reitlinger se muestra obviamente incómodo con el “problema” de la responsabilidad de la decisión del Zyklon, pero no resuelve ninguna dificultad salvo que contribuye a agravar las cosas diciendo que “sin duda” finalmente Hitler (!) tomó la decisión. (31)

Se nos dice que aquellos judíos no aptos para trabajar eran gaseados nada más llegar (y por ende la mayoría no aparecía en ningún registro gráfico), pero incluso en el documento WRB aparece algo que contradice directamente a esto.

De acuerdo con aquel documento un transporte de cuatro o cinco mil judíos (familias judías) de Theresienstadt, llegó a Birkenau en septiembre de 1943. Les guardaron sus equipajes y fueron alojados por familias en el sector del campo designado en la figura 29.

Se les permitió una correspondencia libre, se creó un colegio para los niños y los hombres no tenían obligación de trabajar. Creían que estarían en cuarentena durante seis meses.

Se dice que los gasearon el 7 de marzo de 1944 y que “los jóvenes fueron a morir cantando”. Los familiares de estos judíos recibieron sus cartas fechadas el 23 ó el 25 de marzo, pero dicen que las cartas fueron escritas el 1 de marzo y que se matasellaron después obedeciendo órdenes alemanas.

Se repitió este procedimiento con otro grupo de familias judías; 5.000 personas que llegaron de Theresienstadt en diciembre de 1943 y cuya cuarentena terminó en junio de 1944. Se puso a algunos hombres a trabajar. De acuerdo con los presuntos supervivientes, en mayo de 1944 había 2.000 en las listas de empleo, 1.452 estaban aún en cuarentena y a 1.575 se les consideró “listos para el transporte” (“Vorbereitung zum Transport”), que según Reitlinger significaba “en espera de las cámaras de gas”. Esto se repitió una segunda vez con un grupo de familias de Theresienstadt que llegaron en mayo de 1944. (32) Ya que aquellas gentes iban a ser puestas en “cuarentena”, con toda certeza sus alojamientos habían sido desinfectados con Zyklon justo antes de que los ocuparan y quizá en momentos en que estaban viviendo allí. ¡Ahora se nos quiere hacer creer que los alemanes planearon asesinarlos más tarde con el mismo producto químico!

En el testimonio ante el IMT se repitió esencialmente la misma historia. (33) No hay nada raro en que este material aparezca en el documento WRB. Fuera lo que fuera lo que estaba ocurriendo a los judíos de Theresienstadt en 1943-44 en Europa se sabía bastante bien. En octubre de 1943, cuando deportaron de Dinamarca a 360 judíos, los mandaron a Theresienstadt, “donde el rey de Dinamarca tendría la certeza de que estaban seguros”. (34) En el capítulo anterior hicimos notar la visita de la Cruz Roja en junio de 1944 y en el próximo nos ocuparemos más en profundidad de la relación de la Cruz Roja con Theresienstadt. En una visita en 1945, la Cruz Roja informó de los transportes a Auschwitz durante 1944, sin hacer interpretaciones macabras.

Hablar de los judíos de Theresiendstadt como de “listos para el transporte” justo antes de que su cuarentena fuera a finalizar era perfectamente lógico, ya que se sabe que muchos de ellos iban a ser deportados al Este. Una fuente del Gobierno israelí, que estuvo en Theresienstadt, dice que entre 1941 y 1944 los alemanes transportaron judíos de aquel campo a lugares como Minsk en Rusia y Riga en Letonia. Hay que pasar por bastantes “campos de exterminio” para viajar de Theresienstadt a aquellas ciudades. La fuente dice también que los jóvenes judíos de Theresienstadt estaban deseosos de ir voluntarios en los transportes a Auschwitz en fecha tan avanzada como agosto de 1944.

(35) El rabino Leo Baeck ha dicho que alguien se escapó de Auschwitz en agosto de 1943 y regresó a Theresienstadt donde le habló de los gaseamientos. Baeck no ha explicado por qué entonces no se lo dijo a nadie más (sin duda a nosotros si que lo hará [*]) así que dice que es posible que en su “ignorancia” toda aquella gente deseara ir a Auschwitz. (36)

De todos modos la parte de la leyenda de Auschwitz relacionada con los judíos de Theresienstadt resulta de una estupidez evidente incluso sin pruebas de lo contrario. No es verosímil que los alemanes hospedaran en Birkenau a tres grupos de personas, durante seis meses a cada uno, para lo que existía allí un programa de exterminio. En esta historia el doble cometido del Zyklon pasa de la tontería al mayor de los ridículos.

[*] (N.T.– En el original aparece borrada una palabra de esta frase).

Si estudiamos la otra fuente existente de pretendidos datos estadísticos relativos a los transportes a Auschwitz nos encontramos con lo mismo. Los datos aportados por los informes de la Cruz Roja de los Países Bajos son más dignos de confianza que los del documento WRB, aunque bastante limitados. Sin embargo, como puede verse en el apéndice C, demuestran que virtualmente todos los judíos varones que fueron deportados desde los Países Bajos a Auschwitz en julio y agosto de 1942 entraron en Birkenau y recibieron números de registro. También se sabe que estos judíos holandeses escribieron cartas a sus conocidos en Holanda en las cuales describían el trabajo en Auschwitz como “duro” pero “tolerable”, la comida “adecuada”, los lugares para dormir “buenos”, las condiciones sanitarias “satisfactorias” y el trato general “correcto” (el Congreso Judío de Amsterdam informó de esto y sin embargo dijo conocer sólo 52 de tales cartas). Para Reitlinger estas cosas son “misterios” pues, dice, “durante ciertos periodos, se admitieron transportes enteros “. (37)

Por lo que sabemos, el término “decidir” [**] no se ha usado posteriormente al “affidavit” de Hoess. La expresión coloquial es “seleccionar” [***]; osea que se “seleccionaba” de entre los transportes que iban llegando según el criterio de validez para el trabajo. Lógicamente esto tiene que ser verdad: dada la gran variedad y escala de las operaciones industriales en Auschwitz se hacía precisa una selección, no sólo según la dicotomía trabajar, no trabajar, sino, por ejemplo, trabajo ligero, trabajo pesado. Otra cosa a tener en cuenta era si el transporte se componía de prisioneros, trabajadores voluntarios, judíos para colonizar territorios (como los de Theresienstadt), etc. Sin duda los transportes también se clasificaban según ciertos criterios de profesionalidad, como personal médico, ingenieros, trabajadores cualificados, etc… La leyenda exterminacionista dice sencillamente que lo único que se buscaba con estas selecciones y clasificaciones era a todos los judíos no aptos para trabajar, que serían exterminados. La evidencia ya ha socavado esto seriamente.

Se ha pretendido que la selección en los transportes que llegaban no era el único modo de condenar a las cámaras de gas. Un judío holandés, el Dr. Elie A. Cohen fué arrestado en 1943 por intentar abandonar Holanda sin permiso. En septiembre él y su familia fueron enviados a Auschwitz por barco y cuando le separaron de su familia no volvió a verla nunca más. Más tarde escribió un libro, “Comportamiento humano en el campo de concentración”, basado en sus experiencias como miembro del personal del hospital de Auschwitz I. Ya que el contacto de Cohen con la gente que iba a ser exterminada era del tipo médico – paciente, fué necesario utilizar en el libro un vocabulario extraordinariamente descriptivo que no venía al caso.

[**] (N.T. — “spot decisions”, en el original en inglés. La frase completa es: “The prisoner would be marched by one of the doctors who would make spot decisions as they walked by”). [***] (N.T. — En el texto de Butz en inglés, “selections”).

Cohen interpreta ciertas selecciones en el hospital como si lo fueran para las cámaras de gas (38):

“Después de que la “oficina administrativa H.K.B. (del hospital del campo)”

anunciase que el médico iba a escoger, el bloque entero parecía un hormiguero de actividad, pues todo debía hacerse impecablemente… mientras todo el mundo permanecía atento él entró con su séquito: el S.D.G. (Servicio de Enfermeros), el “Blockaeltesle” y el oficial de bloque. Se ponía en fila a los judíos enfermos – como siempre desnudos. Simultáneamente con la presentación de la tarjeta de identificación de cada prisionero al médico del campo, el médico de bloque, a cuyo oído el médico de barracón cuchicheba el diagnóstico, comenzaba a preguntar al paciente sobre sí mismo… en el 90 % de los casos la tarjeta era entregada al S.D.G.,lo cual significaba el gaseamiento, a menos que el Departamento Político ordenara lo contrario, cosa que ocurría frecuentemente en el caso de “Schutzhaeftlinge” (gente acusada de crímenes ordinarios).

No solamente los presos demacrados, sino también aquellos que parecían bien alimentados eran enviados a veces a la cámara de gas: y en ocasiones incluso miembros del personal del H.K.B. oficialmente exentos sufrían el mismo destino. Por tanto, teniendo en cuenta que en general no se planeaba asesinar a los no aptos para el trabajo sino que lo decisivo era que cierto número de personas tenían que ser gaseadas.

Oficialmente nadie sabía cúal era en verdad el objetivo último, ni siquiera el personal de la oficina administrativa pues al lado de los nombres de los gaseados se colocaban las iniciales S.B., abreviatura de “Sonderbehandlung”

(tratamiento especial)”.

Cohen no dice haber visto ninguna cámara de gas; la única prueba que esgrime para interpretar como “gaseamientos” tales sucesos (una interpretación semejante no se deduce de los crudos hechos) consiste en las acusaciones de la postguerra sobre los exterminios en Auschwitz y también en que había rumores de exterminios en algún lugar de aquel campo. La existencia de tales rumores es, ciertamente, auténtica puesto que un delegado de la Cruz Roja Internacional informó de su existencia entre los prisioneros de guerra británicos de Auschwitz III en septiembre de 1944.(39). Sin embargo, poco más puede decirse de su existencia pues el extender rumores es algo elemental dentro de la psicología bélica y ya hemos visto al OSS y, por supuesto, a los comunistas extendiendo rumores y haciendo “propaganda negra”. De hecho funcionarios fiables del Gobierno de los Estados Unidos aceptaron haber propagado “información”. En el proceso Farben, el abogado de la acusación Minskoff hizo la siguiente pregunta al testigo de la defensa Muench (40):

“Señor testigo, ¿No es cierto que durante el tiempo que usted estuvo en Auschwitz, aviones aliados arrojaron octavillas sobre Kattowitz y Auschwitz informando a la población sobre lo que ocurría en Birkenau?”.

Muench no lo sabía, pero Minskoff era un entendido en este tema puesto que había sido, durante la guerra, un abogado interesado en asuntos del extranjero del Departamento del Tesoro y presumiblemente estaría bien informado sobre el WRB. El WRB colaboró con la Oficina de Información de Guerra redactando octavillas en varias ocasiones. Claro que el jefe de la acusación en el proceso Farben era DuBois que había sido consejero general del WRB y que escribió que en su “oficina en 1944, (el) sabía…

que ocurría en Auschwitz” y que decidió reproducir en su libro, con la aprobación general, la parte del testimonio que contenía la pregunta de Minskoff.(41). Esta es buena prueba de una operación estadounidense con octavillas sobre Auschwitz a pesar de que el método parezca algo rudimentario, pero yo pienso que si las octavillas realmente se arrojaron, lo fueron de noche y no en grandes cantidades.

En realidad, arrojar octavillas no era necesario para introducir rumores en los campos pues los comunistas, altamente organizados, conocían muy bien este tema. Su superior organización, que implicaba sistemáticas escuchas ilegales de radio, hizo depender por entero de sus “noticias” a los otros reclusos.(42). Recordemos que el mundo era pequeño incluso entre 1939 y 1945 y que en vista de la facilidad generalizada con que la información entraba y salía de los campos (algo subrayado en el capítulo anterior), al final lo que los aliados contaran sobre aquéllos habría penetrado por varias rutas necesariamente.

El delegado de la Cruz Roja antes mencionado intentó visitar los campos de Auschwitz, pero parece que no llegó más allá de la zona administrativa de Auschwitz I y de los alojamientos de los prisioneros de guerra británicos. Esto era todo lo que los tratados existentes le permitían visitar: por otro lado los oficiales alemanes estuvieron “amables y reservados”. El delegado informó sin mencionar que los prisioneros británicos no habían sido capaces de obtener confirmación de los rumores consultando a los reclusos del campo. Se dice que a pesar de estos rumores los prisioneros de guerra británicos que fueron interrogados por los rusos después de ocupar el campo “no sabían nada en absoluto” de los “crímenes”.(43).

Por supuesto, los hechos posteriores en muchos casos transformaron los rumores en “conocimiento”. Los judíos que llegaban ciertamente no sospecharon que hubiera gaseamientos. (44).

En las “selecciones” tenemos otro caso de doble interpretación. Sin duda las industrias extensivas y las otras actividades necesitaban “seleccionar” gente por razones sencillas y nos piden que creamos que una de estas eran los “exterminios”.

Antes de dejar a Cohen debemos hacer hincapié en que había enfermos judíos escuálidos, así como no judíos en el hospital de Auschwitz I. Más tarde nos cuenta que (45):

“…el H.K.B. estaba emplazado en cinco grandes edificios de piedra. Había uno para cirugía, otro para enfermedades infecciosas, otro para enfermedades internas, otro para “Schonung” (cosas menos graves) y el bloque 28 (rayos X, cámaras especiales, experimentos médicos y admisiones). Los enfermos yacían en literas de tres pisos, una sobre otra, en colchones de paja y vestidos con una camisa (y más tarde con un par de calzoncillos) cubiertos con dos mantas de algodón y una sábana. Todas las semanas se bañaba a los pacientes y cada dos se les muda y camisa “limpias”; había pocas pulgas y ningún piojo. Cada litera era a menudo ocupada por más de dos personas. Pero… incluso los pacientes con mucha fiebre tenían que levantarse para ir al baño o a lavarse en el frío aseo de por las mañanas. Debido a “organizaciones” de las SS siempre había medicinas, aunque no en cantidades suficientes, incluyendo medicamentos azufrados traídos desde todos los países de Europa por los grandes convoyes de judíos”.

Añade que las condiciones hospitalarias eran mucho peor en otros campos (que conoce sólo por lo que ha leído).

Lógicamente el hospital de Auschwitz I no era un establecimiento de lujo pero, sin embargo, demuestra una seria preocupación de los alemanes por recuperar a los reclusos que habían enfermado, incluyendo a los judíos. Este detalle contradice igualmente la tesis de que los judíos no aptos para el trabajo eran asesinados. Cohen habla de determinadas selecciones de carácter no del todo conocido, relativas a destinos desconocidos. Puede que los considerados inútiles para trabajar fueran mandados a Birkenau, lo cual sería muy razonable ya que se ha demostrado que enviaron a Birkenau a los inhábiles del hospital de Monowitz.

Se supone que la expresión “tratamiento especial”, “Sonderbehandlung”, era una de las palabras en clave para los gaseamientos. Cuando se dice que X judíos de un convoy a Auschwitz fueron gaseados y que esto concuerda con algunos documentos o registros alemanes, resulta que “Sonderbehandlung” es interpretado como gaseamientos.

Los documentos en cuestión son dos y fueron editados (los originales no se reprodujeron)

en una publicación de 1946 del Gobierno polaco. Ambos se dice que están firmados por un teniente SS llamado Schwarz y cuentan que de los judíos transportados desde Breslau y Berlín a Auschwitz en marzo de 1943, una determinada fracción fué elegida para trabajar y el resto fué “sonderbehandelt”. Por lo que yo sé, estos documentos no son de Nuremberg; los originales, si existen (cosa que yo no niego) están en archivos polacos.(46).

De acuerdo con la gran publicidad que se ha dado a esta interpretación del término “Sonderbehandlung”, Cohen cree haber leído “S.B.” en las anotaciones hechas en el hospital de Auschwitz I, pero es posible que se equivocara al leer “N.B.”, o sea “nach Birkenau” (a Birkenau).

Existe un documento, aparentemente auténtico, del Cuartel General de la Gestapo del Distrito de Düsseldorf que explica el modo de llevar a cabo las ejecuciones de determinados delincuentes condenados a trabajos forzados y que utiliza la palabra “Sonderbehandlung” por ejecución. También hay un documento presentado como prueba en el proceso a Eichmann que se refiere a la ejecución de tres judíos como “Sonderbehandlung”. (47).

Así pues parece ser verdad que en ciertos contextos significaba “ejecución”, pero al menos es igualmente cierto que la palabra no era más ambigua en las SS de lo que “tratamiento especial” (special treatment) es en los países de habla inglesa. De esto existe una prueba muy convincente. En el juicio del IMT el fiscal Amen consiguió en su turno de réplica que Kaltenbrunner admitiera que dicha palabra podía haber significado ejecución tal y como Himmler ordenaba. Luego, en un intento de implicarle personalmente en “Sonderbehandlung”, exhibió triunfalmente un documento que presentaba a Kaltenbrunner ordenando el “Sonderbehandlung” de ciertas personas. Amen quería que éste hablara del documento sin leerlo por lo que hubo momentos de tensión, pero finalmente se le permitió leer el documento y de inmediato puntualizó que “Sonderbehandlung” se refería en aquel caso a la gente de “Winzerstube” y de “Walzertraum”. Estos dos lugares eran hoteles de moda que alojaban a internos de relieve y que, en su caso, “Sonderbehandlung” significaba cosas como libre correspondencia, recepción de regalos, una botella de champán cada día, etc…(48).

Poliakov reproduce algunos documentos que demuestran que “Sonderbehandlung”

tenía también otra acepción dentro de las SS. Tienen que ver con los procedimientos a seguir en el caso de embarazos provocados por relaciones sexuales ilegales entre obreros civiles polacos y prisioneros de guerra. Se procedía a un examen racial para decidir entre el aborto y la “germanización” del bebé (adopción por una familia alemana). La palabra “Sonderbehandlung” se refería a la germanización o al aborto. Además en el proceso a Eichmann se presentaron como prueba algunos documentos relativos al tratamiento de 91 niños de Lidice, en Bohemia-Moravia. Estos niños quedaron huérfanos a raíz de las represalias en Lidice por el asesinato de Heydrich. Cierto número de ellos fueron recogidos para la germanización y a los restantes los mandaron a un Centro de Refugiados en Lodz (Litzmannstadt) dirigido por la RuSHA. El comandante del Centro Krumey consideró a los niños como un caso especial dentro del centro y mientras estuvieran allí recibirían “Sonderbehandlung”. En el Ministerio de Asuntos Exteriores también se usaba el término o su equivalente (eine gesonderte Behandlung) para categorías especiales de prisioneros de guerra, por ejemplo, sacerdotes. (49)

Sólo una persona no familiarizada con el idioma alemán traduciría literalmente “Sonderbehandlung”, sin embargo, para un alemán la palabra es potencialmente aplicable a tantos casos como “tratamiento especial” (special treatment) lo es en inglés.

Himmler hizo comentarios algo confusos sobre “Sonderbehandlung” cuando examinó el “informe Korherr” que abarcaba los documentos del NO-5193 al 5198. Korherr era el jefe de estadísticas de las SS y así pues a últimos de 1942 y a comienzos de 1943 preparó un informe para Himmler acerca de la situación de los judíos europeos. En marzo de 1943 informó de que un total de 1.873.594 judíos de varias nacionalidades se hayaban sujetos a un programa de “evacuación”, “incluyendo Theresienstadt y Sonderbehandlung” (sic). El informe también contenía el número de judíos en los guetos de Theresienstadt, Lodz y el Gobierno General, en los campos de concentración y en ciudades alemanas a cuenta de un permiso especial concedido por motivos económicos.

También se subraya que entre 1933 y el 31 de diciembre de 1942 murieron en los campos de concentración alemanes 27.347 judíos.

Cuando Himmler hubo examinado el informe dijo a Korherr, por medio de Brandt, que el término “Sonderbehandlung” no debía utilizarse en aquél y que debía hablarse del transporte hacia el Este. Sin embargo, el documento tal y como ha llegado hasta nosotros utiliza la palabra en el sentido indicado. No insinúa cómo debe interpretarse la palabra, pero ya que se refiere a Theresienstadt, es obvio que debe hacerse en sentido favorable; como una referencia a algún trato de favor.

Poco después Himmler escribió en un documento, supuestamente con sus iniciales, que consideraba “el informe como una precaución para el futuro y en especial con intenciones de camuflaje”. El documento no indicaba qué es lo que iba a camuflarse pero al ser juzgado Eichmann testificó que tras el desastre de Stalingrado (enero de 1943) el Gobierno alemán aceleró la marcha de las deportaciones “por razones de camuflaje”, o sea para tranquilizar al pueblo alemán diciendo que todo marchaba correctamente en el exterior. Himmler precisó que el informe Korherr no sería hecho público “en el momento”

pero lo del camuflaje podría aún interpretarse en el sentido sugerido por Eichmann (la declaración de Eichmann no era acerca del informe Korherr). (50)

Otros documentos son el 003-L, que es una carta del general SS Katzmann hablando del asentamiento (ausgesiedelt) de 434.329 judíos del Sur de Polonia que fueron “Sonderbehandelt”, y el NO-246, que es una carta de Artur Greiser a Himmler fechada el 1 de mayo de 1942, pidiendo permiso para dar “Sonderbehandlung”, que especifica que era “encerrar”, (abgeschlossen) a cerca de 100.000 judíos del Warthegau (una zona de la Polonia anexionada). Greiser fué condenado a muerte por un tribunal polaco el 20 de julio de 1946 a pesar de que el Papa intervino a su favor. También hay una carta de Lohse de la que hablaremos en el capítulo VI. (51).

Resumiendo la situación acerca de los documentos que hablan de “Sonderbehandlung”, podemos decir que aunque uno puede ciertamente preguntarse sobre la autenticidad de los documentos pertinentes, sin embargo, resulta que incluso si la aceptáramos, los que se refieren a Auschwitz no necesitan ser interpretados en el sentido de exterminios. No es extraño que la palabra “Sonderbehandlung” tuviera más de un significado en un departamento del Gobierno alemán. Por ejemplo, entiendo que para la CIA “supresión” (****) pueda significar ejecución o asesinato en un contexto determinado, pero también puede aplicarse al cese de un mecanógrafo que falta a su trabajo.

(****) (N.T.: La palabra que utiliza Butz para ilustrar su ejemplo es “termination” que significa “terminación, final, conclusión”. Para que sea más aclaratorio lo he traducido por “supresión” que se ajusta más al caso).

La cuestión en el párrafo 7 del “affidavit” de Hoess sobre los esfuerzos en “hacer creer a las víctimas que iban a pasar un proceso de despiojamiento” resulta completamente lógica puesto que todo el que entrara en un campo alemán pasaba un proceso de despiojamiento como el que Hoess describió en su testimonio y en su affidavit:

desnudarse, afeitarse y ducharse. (52) Otra vez nos encontramos con un caso de doble interpretación.

El último asunto del párrafo 7 trata de las cremaciones y resulta complicado. Según Hoess y todos los demás relatos de exterminios, las cremaciones de Birkenau tenían lugar en trincheras o piras antes de poder acceder allí a los modernos crematorios. (53) Se dice que estaban pensados para exterminar judíos pero en el capítulo anterior hemos apuntado un propósito más rutinario. Vamos a repasar su historia.

Los planes de construcción y encargo estaban ya en su estadio preliminar a comienzos de 1942 y este hecho de por sí hace, cuando menos, difícil de creer que estuvieran relacionados con un programa de exterminios ordenado por Himmler en el verano de 1942. Los planos para construir cuatro estructuras que contuvieran los hornos crematorios están fechados el 28 de enero de 1942.(54). El 27 de febrero de 1942 el director del Departamento de Construcción de la WVHA, coronel SS (más tarde teniente general SS) Dr. Ing. Hans Kammler, un ingeniero que supervisaba también el diseño de las bases alemanas de cohetes V y las fábricas subterráneas de cazas, visitó Auschwitz y mantuvo una reunión donde se decidió instalar cinco hornos crematorios en vez de dos (como se pensó en un principio), cada una con tres bocas o puertas. (55) Por tanto, esta cuestión no se abandonó a la inventiva de Hoess. Sin embargo en la leyenda exterminacionista Hoess apuesta definitivamente por el Zyklon. Los 15 hornos a instalar en uno de los edificios o estructuras se encargaron a Topf und Soehne, de Erfurt, el 3 de agosto de 1942. (56) Los hornos eran el tipo estándar que vendía Topf (en 1962 todavía tenía negocios en Wiesbaden). Se dice que la figura 26 es la fotografía de un crematorio de Auschwitz. Cada boca estaba pensada para introducir un cuerpo cada vez como todos los hornos crematorios estándar y no hay evidencia de que se instalara ninguno que no lo fuera, como, por ejemplo, cualquiera que pudiera abarcar más de un cuerpo de una vez.

Igualmente Topf suministró hornos a campos donde se dice que no hubo exterminios, como en Buchenwald. (57)

Los planos de los cuatro edificios que contenían crematorios, numerados con II, III, IV y V (el crematorio I parece haber sido, a la postre, el crematorio inactivo de Auschwitz y tenía cuatro bocas) (58), demuestran que en cada uno había un gran vestíbulo o habitación. En los casos de II y de III, estaban bajo el nivel del suelo y se les designaba como “Leichenkeller” (sótano mortuorio, literalmente sótano de cadáveres. En alemán “mortuorio” se dice “Leichenkeller”); sus dimensiones eran 2,4 metros de altura y un área de 210 metros cuadrados y 2,3 metros de altura y un arca de 400 metros cuadrados, respectivamente. Los vestíbulos de los edificios que contenían los crematorios IV y V estaban a ras del suelo y se les llamaba “Badeanstalten” (baños); cada uno tenía 2,3 metros de altura y una base de 580 metros cuadrados. Según la información aportada en el “juicio de Auschwitz” de 1963-65, los cuatro edificios estaban emplazados como en la figura 29.

El Departamento de Construcción de Auschwitz no sólo fué auxiliado por Topf al erigir los crematorios sino también por la compañia de las SS, DAW (Deutsche Ausruestungswerke, Fábrica Alemana de Equipos) que colabora con varias construcciones. En el crematorio II se instalaron los primeros hornos y, como ya dijimos, eran 15: tres hornos por cada una de las cinco unidades. La construcción llevó un tiempo considerable aunque según demuestran los documentos se hizo deprisa deliberadamente. Los tomos del NMT contienen la siguiente traducción al inglés del documento NO-4473. Si el lector cree ver algo en el documento que contradice mi tesis tendrá que esperar hasta el final. (59)

29 de enero de 1943 Al jefe del Amtsgruppe C, SS Brigadeführer y Brigadier General de las Waffen SS, Dr. Ing. Kammler. Asunto: Crematorio II, condiciones de edificación.

El crematorio II ha sido terminado – a excepción de algunos trabajos secundarios – utilizando todas las fuerzas disponibles, a pesar de indecibles dificultades y del intenso frío y en turnos de 24 horas. Se encendieron los fuegos de los hornos en presencia del ingeniero jefe Pruefer, representante de los contratistas de la firma Topf und Soehne, de Erfurt, y funcionan de lo más satisfactoriamente. Los bloques del techo de hormigón del sótano utilizado como mortuorio (Leichenhalle) no han podido ser trasladados debido al frío. Sin embargo, esto no es muy importante pues la cámara de gas puede ser utilizada al efecto. Topf und Soehne no han podido traer a tiempo las instalaciones de aireación y ventilación solicitadas por la Dirección Central de Construcciones debido a limitaciones en el uso de los ferrocarriles. Tan pronto como lleguen dichas instalaciones se comenzaran los trabajos de modo que estará todo listo para su uso el 20 de febrero de 1943. Incluimos un informe (aparte del documento) de las pruebas realizadas por el ingeniero de Topf und Soehne, de Erfurt.

El jefe de la Dirección General de Construcciones, de las Waffen SS y Policía de Auschwitz SS Hauptsturmführer.

Distribuído a : 1-SS Ustuf. Janisch u. Kirschneck; 1 – Archivo de la oficina (archivo del crematorio); Certificado de autenticidad de la copia: (Firma ilegible) SS Ustuf. (F).

Yo interpreto que esto significa que aunque el crematorio II no estaba del todo acabado, podían efectuarse cremaciones en los hornos en enero de 1943 a pesar de la imposibilidad de utilizar el “Leichenkeller”.

El 12 de febrero de 1943 Topf escribió a Auschwitz acusando el recibo de una orden de encargo de cinco unidades de tres hornos cada una para el crematorio III, las obras se terminarían el 10 de abril. No he visto ningún documento que indicara la instalación de hornos en los crematorios IV y V, excepto una carta del 21 de agosto de 1942 de un subteniente SS en Auschwitz, que habla de una propuesta de Topf para instalar dos unidades de tres hornos cerca de cada “baño con especial intención”, que debe interpretarse como tal. (60) No obstante en los crematorios IV y V se hicieron trabajos de carpintería. (61)

Esto plantea el problema de conocer el número de hornos de Birkenau. Es problemático porque dicen que los alemanes dinamitaron los crematorios antes de abandonar Auschwitz. (62) Obviamente, debe aceptarse que por lo menos hubo 30 disponibles, 15 en el crematorio II y 15 en el III, en algún momento de 1943. La prueba de que se instalaron hornos en IV y V es bastante buena. Principalmente consiste en la aparición de un “Kommando” de trabajo asignado a estos crematorios en lo que se supone que es la lista de empleados en Birkenau el 11 de mayo de 1944 (el mismo documento donde aparecen los judíos de Theresienstadt), además de algunas declaraciones de testigos. Los rusos y los polacos dicen que cada uno de estos crematorios tenía ocho hornos y que los otros dos tenían 15 cada uno. El documento WRB precisa 36 en II y III y 18 en IV y V que totalizan 108 hornos. (63)

Reitlinger habla de 60 hornos porque según él cada crematorio tenía 15. Las únicas pruebas de esto son los escritos de un tal Miklos Nyiszli que no debemos tomar como otra cosa que como un número. Los cálculos de Nyiszli pretenden ser un relato de las experiencias personales de un médico judeohúngaro deportado a Auschwitz en mayo de 1944. Aparecieron en francés en 1951 en los números de marzo y abril de “Les temps modernes”, prologado por el traductor T. Kremer. Rassinier nos ha contado de sus agotadores esfuerzos posteriores para contactar con Nyiszli y saber si realmente existió; el único que parece que sin duda existió era el traductor Kremer.(64). Una traducción al inglés de Richard Seaver prologada por Bruno Bettelheim se publicó en Nueva York en 1960 bajo el título “Auschwitz”. Obviamente por entonces Nyiszki ya había muerto pues se precisó que los derechos de autor los tenía “N. Margareta Nyiszli”. Como suele ocurrir con los autores muertos que ostentan el título de doctor, en la edición de 1960 de Nueva York se reprodujo la portada de una tesis doctoral de “Nicolaus Nyiszli”, Breslau 1930. En 1961 el libro se volvió a publicar en francés y en alemán.

Según Rassinier es bastante difícil poner de acuerdo los números de las diferentes ediciones pero tampoco es posible encontrar coherencia dentro de una misma edición. En la de 1960 leemos (pág. 55) que los 60 hornos podían incinerar “varios miles” de cadáveres al día. Más adelante (pág. 87) se nos dice que “cuando las dos (piras)

funcionaban a la vez, quemaban entre cinco y seis mil cadáveres al día, ligeramente más que los crematorios”, pero posteriormente (pág. 92) nos enteramos de que solamente los crematorios II y III podían disponer de por lo menos 10.500 por día. Esto es totalmente confuso.

Los escritos atribuidos a Nyiszli caen igualmente en lo que yo considero que descalifica a todo testigo; dicen que los SS pegaban frecuentemente y de manera innecesaria a prisioneros que en principio gozaban de buena salud (por ejemplo en las páginas 25, 27, 44 y 57) cuando sabemos que éste no era el caso. Dejando a un lado los posibles reparos humanitarios a esas palizas, los prisioneros suponían una fuente de ingresos para las SS. Éstas se quejaron muchas veces de las numerosas maneras de supuestos malos tratos en Farben. Por otra parte, por razones de seguridad, los SS no incitaban a la fraternidad entre guardias y prisioneros. Los guardianes SS tenían orden de mantener la “distancia” (Abstand) con los reclusos, no hablándoles siquiera a menos que fuera absolutamente necesario. Lógicamente esta reglamentación era difícil de cumplir y las infracciones regulares y frecuentes hicieron que Pohl enviase memorándums a los comandantes de campo dando las instrucciones apropiadas y sistemáticas a los guardias.

(65)

A pesar de mencionar algunas veces, como hacen otros autores, la brutalidad de los guardias SS, Cohen no dice que él la experimentara en Auschwitz y precisa que la “ceremonia de recepción” de su transporte “tuvo lugar sin violencia”. Sin embargo, habla de unas mesas de madera especialmente construidas para golpear a los prisioneros en las nalgas. Este era el modo oficialmente reglamentado de castigar a los prisioneros que cometieran en el campo numerosos delitos; las palizas “intensivas” consistían en golpear las nalgas desnudas. (66)

Cuando un testigo de Auschwitz empieza a hablar de palizas frecuentes y gratuitas puede estar diciendo la verdad en parte, pero no debe creérsele del todo.

Atendiendo a las pruebas disponibles, la versión más aceptable es que había 30 hornos disponibles en Birkenau en la primavera de 1943 y 46 un año después. Antes de dejar este tema hemos de decir que existen ciertas ambigüedades en los documentos relativos a los crematorios. La más clara se debe al hecho de que el documento WRB no parece ser la única fuente errónea al numerar los crematorios de Birkenau del I al IV en vez de del II al IV. Los mismos alemanes lo hicieron en algunas ocasiones o así lo parece en el NO-4466, por ejemplo. (67)

El límite en la velocidad a la cual se exterminaba a la gente en un programa de la clase que se pretende no viene dado por la velocidad a la cual podrían ser gaseadas y las cámaras de gas ventiladas, sino por la velocidad de cremación de los cadáveres. Al estimar la capacidad de los crematorios la aritmética puede aportarnos cifras sorprendentes. Por entonces una hora era un tiempo muy optimista para que un cuerpo fuera reducido a cenizas y el número de cadáveres no ayudaría a reducirlo.(68). Si dispusiéramos de una hora al día para la limpieza y para trabajos diversos, un horno podría incinerar quizás unos 23 cadáveres al día y por tanto 30 hornos incinerarían 690 y 46 hornos 1.058 al día. Esto situaría los exterminios a la considerable velocidad de unos 240.000 a 360.000 al año, pero por supuesto hay que tener en cuenta que ya que se supone que los exterminios se detuvieron en el otoño de 1944. Auschwitz no pudo haber tenido 46 hornos durante más de un año aproximadamente.

Sin embargo, el procedimiento lógico que conduce a las cifras precedentes no sirve para nada pues las cosas no funcionan así. La gente que manejaba los crematorios, en especial los reclusos de los campos de concentración, no trabajaban con semejante eficacia, tales equipos no pueden usarse de un modo tan continuado y en cualquier caso no es bueno que trabaje con una regularidad tan matemática. Si se nos permite dentro de una perspectiva más realista, tener en cuenta tiempos muertos para el mantenimiento normal y ocasional y maniobras extra por sobrecarga, obtenemos cifras que generalmente concuerdan con las epidemias de las que ya hablamos. También es posible que, como asegura el documento WRB, hubiera en reserva cuerpos enterrados disponibles.

Es evidente que habiendo la norma de incinerar a los reclusos muertos, una operación tan vasta como Auschwitz tendría instalaciones para la cremación relativamente complejas con este propósito. Así pues, de acuerdo con la leyenda exterminacionista, tenemos un nuevo caso de doble interpretación, ya que al cometido usual de estos hornos, incuestionablemente válido, se contrapone que aceptemos como igualmente válido la nueva versión de los exterminios. Más tarde veremos la prueba concreta de que el número de hornos era enteramente compatible con la tasa de mortalidad “normal”.

No es éste el último caso de doble interpretación que veremos, Hoess nos dice que “…todos los habitantes de las poblaciones cercanas sabían que en Auschwitz se producían exterminios” debido al “hediondo y nauseabundo olor desprendido por las continuas incineraciones de cadáveres”. Si yo tuviera que escoger dos aspectos del “cuento” exterminacionista como prueba inmediata de que todo es un timo, serían éste y el presunto cometido del Zyklon.

La hidrogenación y otras industrias químicas existentes en Auschwitz son famosas por la pestilencia que producen. No hay más que visitar la parte Norte de la autopista de peaje de New Jersey donde están las refinerías de la Standard Oil (of New Jersey), o cualquier otra refinería, para ver (u oler) esto. La única diferencia importante que Auschwitz presentaba, en cuanto al olor, es que el carbón del que partían los alemanes es con mucho una fuente “más sucia” que el crudo. Si se nos dice que 30 ó 46 cuerpos que se están incinerando en un moderno crematorio podrían competir, e incluso imponerse, a esta pestilencia de origen industrial, sabremos que nos encontramos no con un caso de doble interpretación, sino con una mentira evidente. Hoy en día, debido al furor que levantaron las quejas poco sinceras de numerosos fanáticos del siglo XIX e inicios del XX, la cremación ha avanzado tanto que es un proceso bastante “limpio”. (69)

No puede creerse a Hoess.

El análisis nos ha revelado una característica de la gran estafa que antes no sospechábamos pero que ahora es inevitable: la exageración. Atendiendo al principio de que su historia debe contener todo o casi todo de hechos válidos, el autor de la estafa cae fácilmente en el error de incluir “tanto como sea posible” y comete el mayor desatino que hemos visto, pues todo habría ido evidentemente mejor prescindiendo de estos “hechos”. Claro que se ha convertido en un desacierto mayor con el paso del tiempo.

Entonces fué totalmente eficaz debido a la atmósfera de histerismo imposible de controlar.

En 1952 DuBois escribía (70):

“En el estrado, Schneider había dicho que nunca oyó nada sobre los exterminios, aunque recordó que un día, yendo por la carretera principal, pasó ante un “crematorio inactivo”. Por entonces este crematorio “inactivo” estaba incinerando cadáveres a razón de 1.000 por día. Las llamas se erguían en el aire 15 metros, el olor impregnaba todo el lugar 40 millas al Norte hasta juntarse al del crematorio de Varsovia, la humareda haría fruncir la nariz a cualquiera en media milla y Schneider, un científico con un especial sentido del olfato, pasó a menos de 100 yardas del lugar”.

Parece imposible que, al final de un libro que da la mejor descripción disponible de la industria química de Auschwitz (sin emplear literatura técnica), DuBois pudiera escribir esto, pero ahí está. Esto no se explica en términos de simples equivocaciones, sino solamente en términos de histeria.

Parece que alguien debería haber recusado a Hoess en aquel momento. Lo hubo, pero fué débil y ambiguo. El siguiente careo tuvo lugar finalizando el testimonio de Hoess (Kauffmann era el defensor de Kaltenbrunner) (71):

EL PRESIDENTE : La última frase del párrafo 7 hace referencia al hediondo y nauseabundo olor. ¿Qué tiene usted que preguntar?

DR. KAUFFMAN : Si la población pudo deducir de ello que un exterminio de judíos estaba teniendo lugar.

EL PRESIDENTE : Realmente es una pregunta muy evidente, ¿No?

Posiblemente ellos no sabían a quienes estaban exterminando.

DR. KAUFFMAN : Por mi parte esto es todo. No haré más preguntas.

Es posible que entonces hubiera dificultades con el idioma y que se produjera un malentendido cuando Kauffman quisiera decir en realidad “personas” en vez de “judíos”

al hacer su pregunta. En cualquier caso este episodio indica la atmósfera absolutamente irracional que debió impregnar el juicio del IMT y por la que no se cogió a Hoess en una mentira zafia y transparente. Nos es imposible comprender el espíritu de estos procedimientos si no es entendiéndolos como un tipo de histeria. Speer estaba allí y podía haberse percatado de la mentira fácilmente. ¿Permaneció efectivamente adormilado, resignado a la futilidad de una resistencia? ¿Sólo estaba intentando él o su abogado tener cuidado de evitar verse mezclado en cuestiones de exterminios? Sólo él puede responder y no nosotros. Lo que es cierto es que el espíritu del juicio era tal que incluso una simple verdad como la del olor no pudo salir a la luz aunque pusiera en claro que el testigo mentía y sugiriera que los hechos tenían una base real.

Bastantes testimonios de testigos se basaron en el olor para hablar de los exterminios (72) y su utilización en un momento concreto del proceso Farben, que discutiremos más tarde, es no sólo bastante divertida sino que también revela e ilustra una cuestión importante a tener en cuenta al leer los archivos de estos juicios. Más tarde hablaremos de ello.

En su opúsculo, Christophersen considera el problema de la base real, si la hay, refiriéndose al olor que impregnaba Auschwitz. Lo único que pudo recordar era una herrería en Auschwitz I donde al herrar a los caballos los cascos desprendían una pestilencia que podía percibirse en el vecindario circundante. Christophersen reconoce que esto no puede compararse con un olor del calibre del de los supuestos exterminios.

Por aquel entonces yo contacté con Christophersen y le sugerí la posibilidad de que pudiera haber olvidado el olor de origen industrial mientras buscaba en su memoria alguno comparable al hedor de la carne quemada. Christophersen no recordaba ningún olor industrial. También contacté con Staeglich que a diferencia de aquél sólo recordó el aire limpio y fresco de las cercanías de Auschwitz.

Los recuerdos de Christophersen y Staeglich concuerdan, sin embargo, con la teoría de que la pestilencia mencionada en la estafa no es otra que la desprendida por la planta Farben. Refiriéndonos a la figura 5, el mapa de la zona de Auschwitz, Christophersen estuvo acuartelado en Raisko durante el año que pasó en Auschwitz y fue a Auschwitz I y a Birkenau de modo ocasional. Staeglich estuvo acuartelado en la ciudad de Oswiecim y menciona que visitó el “KZ-Lager Auschwitz” (presumiblemente quiso decir Auschwitz I)

“tres o cuatro veces”. No sabemos exactamente dónde estaban las plantas de Farben pero sabemos que el campo llamado “Monowitz” estaba dentro o inmediatamente al lado de la ciudad de Monowitz, y que el campo fué emplazado allí de manera que estuviera cerca de dichas plantas. Teniendo en cuenta la situación de las líneas férreas, de los ríos y de las plantas de Farben, es probable que estas últimas estuvieran justo al Este o al Oeste de la ciudad de Monowitz. En el primer caso, estarían a cuatro o cinco millas de Auschwitz I y así, la gente de aquel campo, los de Birkenau y a fortiori los de Raisko y Osiek nunca habrían podido oler la industria química (de tamaño muy modesto en comparación con las actuales plantas sintéticas estadounidenses). Si las plantas de Farben estuvieran justo al Oeste de la ciudad, es posible que la gente de Auschwitz I pudiera haber percibido de vez en cuando los vapores bajo determinadas condiciones de viento, pero esto no puede calificarse como de olor “omnipresente”. Así, un estudio detallado de la cuestión demuestra que Christophersen y Staeglich no debieron de experimentar la pestilencia de origen industrial hasta el punto de poder recordarla 30 años después. Además, en el juicio de Farben el penetrante olor fué un hecho omnipresente en los testimonios de los testigos, y la mayoría de los testigos de la defensa acerca de Auschwitz y casi todos los de la acusación, eran personas que vivían cerca o trabajaban en la planta de Farben. Así pues, ciertamente experimentaron el olor y testificaron correctamente al respecto sólo que se equivocaron al interpretarlo.

La última cuestión del párrafo 7 son las cámaras de gas que, excepto las primeras cabañas selladas de Hoess, se supone que estaban integradas en los edificios de los crematorios. Reitlinger y Hilberg ven esto de modos diferentes. Reitlinger interpreta el NO- 4473, cuya traducción del tomo del NMT se incluyó antes (pág. 116), como prueba de una cámara de gas en el crematorio II. Esto es el resultado de un error de traducción.

Frecuentemente se llama “hornos de gas” a los crematorios de Auschwitz, pero esto no dice nada puesto que, exceptuando los crematorios eléctricos que tuvieron una breve existencia durante los años 30, todos los modernos crematorios consisten en un “horno de gas”, o sea una mezcla de aire y combustible, que puede considerarse un “gas”, se introduce dentro del horno para comenzar, controlar y parar la ignición. El combustible utilizado puede ser “gas”; es corriente el gas ciudad o cualquier otro tipo de gas líquido.

Un crematorio semejante se conoce como “crematorio de gas” debido a que se utiliza éste como combustible. Otras clases son el “de petróleo” y el “de coque (o carbón)”, pero todos son “hornos de gas” ya que en los tres casos se inyecta a presión una mezcla de aire y combustible en el horno. (73)

La palabra alemana acostumbrada para el concepto en cuestión es “Gas Kammer”, pero la palabra del NO-4473 que se tradujo por “cámaras de gas” es “Vergasungskeller”

que Reitlinger traduce erróneamente por “sótano de gaseamiento” (*****). (74)

(*****) (N.T.: En inglés, “gassing cellar”).

Por tanto la palabra “Vergasung” tiene dos significados. El primero (y el único en un contexto técnico) es “gasificación”, “carburación” o “vaporización”, es decir convertir algo en gas y no exponer algo a un gas. Un “Vergaser” es un “carburador” y, mientras que “Vergasung” siempre significa en un contexto técnico “gasificación”, en semejante contexto suele significar concretamente “carburación”.

Existe una segunda acepción de “Vergasung” del vocabulario militar de la Primera Guerra Mundial: atacar al enemigo con gases. No está claro por qué se utilizó “Vergasung” en este sentido pero puede que porque los gases de aquella guerra eran en realidad polvos y que se produjeran al expulsar a la atmósfera algún producto químico:

Vergasung.

La traducción “sótano de gaseamiento” es por tanto no sólo absolutamente incorrecta; sino muy apresurada y presuntuosa. Un “horno de gas” necesita algún tipo de gasificación o carburación. En el caso de los hornos de gas de Utting y Rogers en 1932 (75):

“Los quemadores penden del techo y por el fondo del horno se introduce una mezcla de aire y gas a presión. La mezcla se regula con ventiladores emplazados en compartimentos distintos. El control por separado del aire y del gas hace más fácil la regulación de la temperatura del horno”.

Una construcción semejante no es otra cosa que un gran carburador. Los crematorios de petróleo tienen un diseño tan parecido que la mayoría de los hornos de gas pueden adaptarse fácilmente para ser utilizados con petróleo.

Los hornos de Birkenau parecen haber sido de coque o carbón (76) y en esta clase hay un paso de más en el procesado del combustible debido a que éste en principio es sólido. Los dos procedimientos más comunes de producir combustible gaseoso a partir de coque o carbón son el primero, hacer pasar aire por una capa de coque ardiendo desprendiéndose “gas de horno de coque” y el segundo hacer pasar vapor por el coque obteniéndose “gas de agua”. (77) El primer crematorio de coque empleaba lo que equivalía al gas de horno de coque. (78) En alemán, los procesos para generar semejantes gases se llaman “Vergasung” lo mismo que los de mezclarlos con aire. Los hornos crematorios de carbón que W.H. Lawrence vió en el campo de Lublin después de que lo ocuparan los rusos utilizaba equipos muy similares, incluyendo ventiladores, a los descritos en la cita anterior. Casualmente, Lawrence llamó “cámaras de gas” a lo que evidentemente era un baño de vapor. (79)

En cualquier caso está claro que los crematorios de Auschwitz requerían equipos de “Vergasung” para introducir la mezcla de aire y gas en los hornos y que lo traducido en el NO-4473 debe sustituirse, posiblemente por “sótano de producción de gas”. (******). En Alemania he confirmado esta versión del “Vergasungskeller” con fuentes técnicas de solvencia. Las razones para instalar tal maquinaria en vestíbulos o incluso edificios especialmente separados lo más probable es que se deban al considerable ruido que los ventiladores debían producir y en los hornos de carbón, al calor del carbón ardiendo.

(******) (N.T.) (En inglés, “gas generation cellar”).

La primera acepción de la palabra “Vergasung” es por fuerza aplicable al documento NO-4473. Está escrito en un contexto técnico pues es una carta del jefe de la Dirección de Construcciones de Auschwitz al director del grupo de ingenieros de las SS.

Hace referencia al proceso (Vergasung) estandarizado para todos los crematorios y de la redacción de la carta se infiere que normalmente era raro encontrar cadáveres en la “Vergasungskeller”, puesto que solían almacenarse en lo que correctamente se tradujo por “sótano utilizado como mortuorio”.

Cuando se interpreta de modo correcto, el documento No-4473 tiende de hecho, como tantos otros, a contradecir las acusaciones del fiscal. Vemos que el crematorio II tenía por lo menos dos sotanos; un “Leichenkeller” y un “Vergasungskeller”, y ninguno era una “cámara de gas”.

El NO-4473 se incluye en los volúmenes del NMT en una selección de pruebas acusatorias del caso 4 (el proceso a la Administración de los Campos de Concentración).

Hay que admitir que la acusación escogió bien, pero sin embargo resulta tan ambiguo que se han tenido que presentar pruebas documentales de que existieron “cámaras de gas”

en los crematorios de Birkenau. Evidentemente carecen de importancia los tres “Tuerme”

impermeables al gas que se encargaron a la DAW en el NO-4465. (80)

El enfoque de Hilberg es distinto y hasta menos estruendoso. Inexplicablemente se salta el NO-4473 sin ocuparse del problema que suscita, e incluso cita el documento pero no la frase que contiene la palabra “Vergasungskeller”. Dice sencillamente que el “Leichenkeller” de los crematorios II y III y el “Badeanstalten” en los IV y V eran en realidad cámaras de gas. No presenta en absoluto ninguna prueba de ello y el documento que él cita acerca de este asunto no habla de cámaras de gas. (81) La única “prueba”

para hablar así del “Leichenkeller” y del “Badeanstalten” está en los “affidavits” y en los testimonios (27 y 28 de junio de 1947) del caso 4 del testigo (no perteneciente a la defensa) Wolfgang Grosch, un ingeniero y comandante de las Waffen SS, que “bautizó” a éstas como “cámaras de gas”, siendo la presencia en Auschwitz del Zyklon razón suficiente para tal bautismo. (82) Sin embargo, Grosch era un testigo muy inseguro ya que en los “affidavits” del 20 de febrero y del 5 de marzo de 1947 dijo tener conocimiento de las cámaras de gas y luego el 26 de junio de 1947, el día antes de que fuera a testificar, se retractó de todas estas declaraciones durante el interrogatorio negando saber nada de ellas. (83) Los volúmenes del NMT no incluyen ninguno de los testimonios de Grosch y Hilberg no cita ni su testimonio ni sus affidavits.

No hay razón para aceptar, y muchas para rechazar, lo dicho acerca del “Leichenkeller” y el “Badeanstalten”. Por lo que se refiere al “Leichenkeller” hemos visto que no había nada extraño en que existiera en Auschwitz un mortuorio y hasta el documento NO-4473 demuestra que el “Leichenkeller” del crematorio II se utilizaba como mortuorio. En cuanto al “Badeanstalten”, vimos que una ducha para los reclusos recién llegados era el procedimiento estándar de todos los campos alemanes, así pues debía haber duchas en Birkenau. Ahora bien, de acuerdo con la figura 29 los “baños” o “Badeanstalten” adjuntos a los crematorios IV y V, están próximos a las “plantas de filtración” y también cerca de “Canadá”, donde se almacenaban las ropas de los prisioneros recien llegados. (84) El “baño de vapor” sin duda era para la desinfección de ropas, bien antes del almacenaje o bien después de que los reclusos las usaran por un tiempo. (85) Si era una sauna para recién llegados, los prisioneros necesitarían de todos modos una ducha posterior. La gente dejaba sus ropas cerca de “Canadá” y luego se duchaba. ¿Hay algo más sencillo?

Ningún motivo razonable puede alegarse a favor de las cámaras de gas. Lo de que los baños-ducha, supuestamente albergados en los mismos edificios que parte de los hornos crematorios, eran en realidad cámaras de gas es igual de infundado que la misma acusación acerca de los baños-ducha de Dachau existentes en los edificios de los crematorios de aquel campo.

Incidentalmente, subsisten ciertas dudas sobre si los baños-ducha estaban en verdad en los mismos edificios que los crematorios IV y V, puesto que los planos del campo que da el documento WRB muestra los baños en edificios separados. Sin embargo, el asunto carece de importancia.

Aquí acaba el análisis de las cuestiones suscitadas por el párrafo 7 del affidavit de Hoess.

Ultimo párrafo.

Éste resulta algo secundario. Parece raro que el “affidavit” de Hoess esté en inglés.

No tenemos prueba alguna de que Hoess supiera inglés, pero al igual que muchos alemanes, podía saber algo.

No obstante un alemán prudente que firmara un documento de esta importancia “voluntariamente y sin coacción”, no estaría satisfecho con un somero conocimiento de una lengua extranjera; o se consideraba un experto en inglés o bien habría pedido una traducción al alemán para firmarla (petición que le habría sido concedida con toda seguridad). Evidentemente, Hoess no estaba en condiciones de pedir nada.

Sin duda, esperaba comprar su vida cooperando con la acusación del IMT y lo más probable es que hicieran al respecto una oferta concreta. No obstante, la recompensa de Hoess por sus servicios consistió en despacharlo a Polonia un mes después de que testificara ante el IMT. Allí escribió sumisamente para sus carceleros una “autobiografía”, donde explicaba que en los exterminios él sólo cumplía órdenes. En esta ocasión tuvo su última recompensa; fué “juzgado” y ejecutado en abril de 1947. La traducción polaca de su autobiografía se publicó en 1951 y en alemán e inglés en 1959.

El papel de Birkenau.

Por supuesto, Birkenau tenía las funciones normales de un campo de concentración alemán; alojaba a los reclusos con el principal objetivo de explotar su trabajo. Así pues, cuando hablamos del “papel” de Birkenau nos estamos refiriendo a la teoría de que tenía ciertos cometidos bastante especiales muy relacionados con los asuntos que estamos considerando.

La teoría, que yo considero más alla de toda duda, es simplemente que Birkenau fué creado para albergar a todos los que no eran obreros pero que estaban por cualquier motivo bajo la responsabilidad de la administración de las SS de Auschwitz. Por tanto Birkenau se construyó para recibir a enfermos permanentes o semipermanentes, moribundos, muertos, niños, ancianos, a los que por un tiempo no se les asignó empleo, y a aquellos para quienes Auschwitz era un campo de paso. Estas personas podían provenir de otros campos (incluyendo los numerosos campos pequeños de la región de Kattowitz) o de los nuevos convoyes. Esta teoría se basa en las siguientes consideraciones:

Primero, como se ha visto, Birkenau era claramente el campo “principal” para alojar reclusos. Auschwitz I era el campo “central” en sentido administrativo pero eran unos barracones militares modificados y ampliados mientras que Birkenau fué creado desde el principio como un campo mucho mayor pensado para las necesidades específicas de las operaciones de las SS en la zona.

Segundo, ya hemos visto que la gente despedida del hospital de Monowitz por no ser útiles para el trabajo, fué enviada a Birkenau.

Tercero, en Birkenau había campos para familias (los campos “gitanos” y el de “Theresienstadt” de la figura 29). Hemos visto que estas personas fueron consideradas como “listas para el transporte” durante sus estancias de duración prevista, por tanto estos campos deben interpretarse como campos de paso comparables a los que había en Belsen y Westerbork. Hemos apuntado algo sobre el destino de los convoyes y hablaremos más de ello en un capítulo posterior.

Cuarto, solamente en Birkenau se construyeron edificios de gran tamaño para la cremación de cadáveres.

Quinto, era muy corriente que una elevada proporción de los reclusos de Birkenau careciera de empleo. En los dos años comprendidos entre el verano de 1942 y el verano de 1944, como dice Reitlinger “sólo una parte de la hambrienta y enfermiza población de Birkenau gozaba de pleno empleo”. El 5 de abril de 1944, 15.000 de los 36.000 reclusos de Birkenau fueron considerados “incapaces de trabajar”, mientras que sólo a unos 3.000 de los otros 31.000 prisioneros de Auschwitz se les incluyó en tal categoría. Un mes más tarde, dos tercios de los 18.000 reclusos varones de Birkenau fueron clasificados como “inmóviles”, “inútiles para el trabajo” y “sin asignación”, y se les alojó en bloques de cuarentena y para enfermos. (86)

Lógicamente esto convierte en imposible el asumir como tantas veces se ha dicho que ser enfermo e incapaz de trabajar y ser enviado a Birkenau, significaba la ejecución.

Esto se ha dicho concretamente en el caso de los enfermos que se estaban enviando desde Monowitz a Birkenau y que se ve apoyado por el hecho de que las ropas de tales reclusos se devolvieron a Monowitz. Por supuesto la devolución de la ropa era debida a que estaban siendo transferidos del presupuesto de Farben al de las SS. (87)

Sexto y último, en Birkenau hubo una tasa de mortalidad extraordinariamente elevada, aunque existen ciertas dificultades para estimar los números salvo en momentos concretos. El primero y más importante acontecimiento es la epidemia de tifus del verano de 1942, que desembocó en el cierre durante dos meses de la factoría de Buna hacia el 1 de agosto. La mejor prueba de esto es el documento WRB (88) pero hay pruebas que lo confirman. La primera es que ciertamente hubo epidemias de tifus en Auschwitz (89). La segunda es que los datos de la Cruz Roja Holandesa (Apéndice C) demuestran que la tasa media de mortalidad entre los hombres de Birkenau entre el 16 de julio y el 19 de agosto de 1942 era de unos 186 por día, siendo al final del periodo notablemente mayor que al comienzo. Y la tercera es que existe en Amsterdam un volumen sencillo del libro de defunciones de Birkenau (también discutido en el informe de la Cruz Roja Holandesa).

Este volumen contiene los certificados de defunción de los cinco días comprendidos entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre de 1942. El número de fallecidos es de 1.500 y las causas de las muertes que se dan son las típicas de una epidemia de tifus, aunque Reitlinger parece considerar causas del tipo de “debilidad del músculo cardíaco” como “invenciones… diagnósticos imaginarios de los médicos interinos que intentaban salvar a sus pacientes de las” listas de transporte “o de la inyección de fenol”. (90) En realidad, tales causas son características del tifus y buscando en la “Encyclopedia Brittanica” (11ª edición) “fiebre tifoidea” (*******) leemos:

(*******) (N.T.: En inglés, “Typhus fever”).

“No obstante la fiebre tifoidea puede mostrarse fatal durante cualquier estadio de su proceso y en los inicios de la convalecencia, por un fallo repentino del corazón – algo que provoca con especial facilidad – por sobrevenir enfermedades nerviosas como la meningitis, coma profundo o por otras complicaciones como la bronquitis. Además puede sobrevenir un fatal desenlace antes de la crisis por total agotamiento, en especial, en el caso de cansancio físico o nervioso debido al trabajo duro, alimentación y sueño inadecuados o intemperancia”.

Debido a la costumbre de enviar a los enfermos a Birkenau parece que las víctimas de la epidemia de tifus aparecieron en los registros como muertos en Birkenau, sin tener en cuenta donde habían estado trabajando. El documento WRB dice que hubo de 15 a 20 mil muertos en Auschwitz durante los dos o tres meses que duró la epidemia. (91) A pesar de la poca fiabilidad de la fuente parece coincidir, al menos en las cantidades, con otros datos semejantes que conocemos relativos a este periodo de Auschwitz (aunque probablemente haya al menos alguna exageración). Como veremos luego, también sucede que el verano de 1942 fué con mucho el peor de este campo.

Incidentalmente, la “inyección de fenol” de la que habla Reitlinger surge en muchos lugares de la literatura auténtica en apariencia; en los campos de concentración algunas veces se mataba a reclusos desahuciados mediante inyecciones de fenol en el corazón.

(92)

El hecho de que hubiera una tasa de mortalidad muy alta en el Auschwitz del verano de 1942 es, por supuesto, en el mejor de los casos, algo secundario en relación con cualquier problema de “exterminios”, pues estos muertos se registraron por motivos normales y no eran exterminios llevados a cabo deliberadamente en secreto. Tampoco tuvieron nada que ver con los judíos como tales aunque algunos de ellos fueran judíos.

Reitlinger tiene en cuenta la elevada tasa de mortalidad en Auschwitz y estima como una tasa normal de 160 a 179 muertes. Sin embargo, los datos que utiliza son esencialmente los mismos del verano de 1942, que fué un periodo particularmente catastrófico. En cuanto a estas tasas tan elevadas debemos observar el hecho de que los mitólogos exterminacionistas Reitlinger y Hilberg las tienen bastante en cuenta aunque hacen distinción entre éstas y los exterminios. Por lo tanto es destacable, ciertamente casi increible, que no consideren la posibilidad de que los crematorios existieran debido a esos elevados porcentajes. Por el contrario, ambos los consideran como especialmente creados para servir en el programa de exterminio.

En lugares que se suponía que necesitaban desesperadamente un suministro de mano de obra, estas elevadas tasas de mortalidad resultaban intolerables así que a últimos de 1942 se puso en marcha una campaña especial para reducir las defunciones en los campos y el 28 de diciembre de 1942, Himmler ordenó que la tasa “disminuya a cualquier precio”.(93). El 20 de enero de 1943 Gluecks, en una circular a todos los comandantes de campo, ordenaba que “deben emplearse todos los medios para bajar la tasa de mortalidad”. El 15 de marzo de 1943 Pohl escribió a Himmler que (94):

“…el estado de salud…de los prisioneros enviados por la administración de justicia es catastrófico. Hay que contar en todos los campos con unas pérdidas de por lo menos el 25-30 %…hasta ahora había 10.191 prisioneros…de los cuales 7.587 se asignaron a Mauthausen-Gusen. De éstos murieron 3.853; 3.306 de los cuales fallecieron en Mauthausen-Gusen. La razón. ..es presumiblemente que muchos prisioneros…que estuvieron en la cárcel durante años padecen debilidad física por cambiar a otro médico…también nos han entregado muchos enfermos de tuberculosis”.

El 10 de abril Pohl solicitó que Himmler aprobara el borrador de una carta al ministro de Justicia del Reich. La carta, aprobada y presumiblemente enviada, señalaba que de 12.658 prisioneros transferidos a campos de concentración, 5.935 habían muerto hacia el 1 de abril. Pohl se quejaba en la carta de que:

“…el número de fallecidos sorprendentemente elevado se debe al hecho de que las prisiones transfieren reclusos que están en las peores condiciones físicas posibles (y) que a pesar de todos los esfuerzos de los médicos la…muerte de los prisioneros no puede retardarse…desearía que en los campos de concentración no tuviera que pasarse por un periodo de cuarentena…”.

Lo que hay aquí es una rivalidad entre departamentos o por lo menos un conflicto de intereses. Las prisiones de Alemania tenían sin duda su aspecto de rentabilidad económica y eran no sólo reacias a ceder a sus presos más saludables sino también deseosas de ceder a los más enfermizos.

No sabemos si Pohl intentó o no obtener una mayor cooperación del sistema penitenciario. Sin embargo, el 30 de septiembre de 1943 pudo informar de los progresos debidos principalmente a la higiene y a las medidas nutricionales y de procedimiento, pues envió al Reichsführer SS las dos tablas siguientes con la promesa de que, teniendo en cuenta la llegada del frío invernal, los resultados conseguidos eran definitivos (95):

Fallecimientos en los Campos de Concentración entre julio de 1942 y junio de 1943:

Mes Reclusos Muertos % Julio 98.000 8329 8,5 Agosto 115.000 12.217 10,62 Septiembre 110.000 11.206 10,19 Octubre 85.800 8.856 10,32 Noviembre 83.500 8095 9,69 Diciembre 88.000 8800 10 Enero 123.000 9839 8 Febrero 143.100 11.650 8,14 Marzo 154.200 12.112 7,85 Abril 171.000 8358 4,71 Mayo 203.000 5700 2,80 Junio 199.500 5650 2,83 Fallecimientos en el mes de agosto de 1943 :

Campo Reclusos Muertes % agosto %julio Difer.

Dachau 17.300 40 0,23 0,32 – 0,09 Sachsenhau 26.500 194 0,73 0,78 – 0,05 Buchenwal 17.600 118 0,67 1,22 – 0,55 Mauthausen 21.100 290 1,37 1,61 – 0,24 Flossenburg 4800 155 3,23 3,27 – 0,04 Neuengamm 9800 150 1,53 2,14 – 0,61 Auschw/hom 48.000 1442 3 2,96

0,04 Ausch/muj 26.000 938 3,61 5,15 –1,54 GrossRosen 5000 76 1,52 2,69 – 1,17 Natzweiler 2200 41 1,87 1,63

0,24 BergenBelse 3300 4 0,12 0,39 – 0,27 Stutthf/hom 3800 131 3,45 5,69 Así pues tras más de medio año de campaña para reducir las defunciones en los campos, Auschwitz aún tenía una media de unos 80 por día. Ya que como se ha visto, casi todos los “inútiles para el trabajo” estaban en Birkenau, es cierto que la mayoría de estas muertes ocurrieron allí.

Parece que Auschwitz también recibió de otros campos reclusos en malas condiciones. (96)

El informe sobre Auschwitz de la Cruz Roja Holandesa (volumen 2) incluye también algunos datos de las tasas de mortalidad en aquel campo para 1942 y 1943. Para el periodo que va del 30 de octubre de 1942 al 25 de febrero de 1943, dicha tasa se precisa que era de unos 360 por semana en promedio, y alrededor de 185 para el periodo comprendido entre el 26 de febrero y el 1 de julio de 1943. También dice que un total de 124 de los judíos holandeses que entraron en Birkenau en julio y agosto de 1942 (pág.

109) murieron en el periodo comprendido entre el 30 de octubre de 1942 y el 1 de julio de 1943. Sin embargo, las cifras de muertes totales parecen algo bajas y difíciles de conciliar con los datos de más arriba así que puede haber aquí algún error o confusión.

Resulta perfectamente claro que estas muertes, en cualquier caso lamentables fuera quien fuera el responsable, no tuvieron nada que ver con exterminios o con los judíos en sí. Desde el punto de vista de las altas esferas de la administración SS, eran “catastróficas” y se esforzaron por controlarlas. No tiene nada de extraño que con tales tasas de mortalidad existieran en Auschwitz crematorios y mortuorios en previsión de épocas peores.

El número de muertos de Auschwitz se incrementó aunque ligeramente en el curso de la guerra. Durante 1944, cuando la población reclusa del campo alcanzó los 100.000 ó más (probablemente debido a las pérdidas de territorios en el Este, que forzaron la evacuación de los campos de trabajo), la tasa de mortalidad en Birkenau estaba entre 350 y 500 por semana (que como vimos acaparaba casi todas las muertes de Auschwitz).

(97)

Es trágico el hecho de que incluso en los tiempos actuales, los “campos” creados en periodos bélicos han significado una trampa mortal para muchos de los enviados a ellos.

Las causas principales han sido parecidas: gente hacinada caóticamente y campos organizados a toda prisa, con medidas sanitarias inadecuadas y una incierta situación en lo que respecta a la comida y otros suministros. Así, durante la Guerra Civil Americana, los campos para prisioneros de guerra en el Norte como los de Rock Island y Camp Douglas tuvieron tasas de mortalidad de entre el 2 y el 4 % al mes. Estas cifras fueron incluso superadas en los campos del Sur como en el de Florence, donde la diarrea y el escorbuto provocaban entre 20 y 50 muertos al día sobre una población de unos 12.000 prisioneros.

La situación en Andersonville era peor y fallecieron 13.000 de los 50.000 prisioneros de la Unión que allí fueron internados. (98) Durante la Guerra de los Boers en Sudáfrica de 1899 a 1902, cerca de 120.000 blancos boers no combatientes y 75.000 negros africanos fueron recluidos en campos de concentración británicos. Durante aproximadamente un año la tasa de mortalidad boer osciló entre 120 y 340 por mil al día (1.1 % a 3.4 % al mes)

mientras que la mortalidad infantil entre los mismos, debida mayormente a epidemias de sarampión, ascendió al 600 por mil al año (7.35 % al mes). Murieron en estos campos unos 20.000 mujeres y niños boers. (99) Durante la Primera Guerra Mundial los alemanes mezclaron a prisioneros de guerra rusos con otros de otras nacionalidades, lo cual desembocó en epidemias de tifus en sus campos y las condiciones eran sorprendetemente parecidas a las de los campos de la Segunda Guerra Mundial. (100) Ya vimos que se utilizó a rusos como mano de obra en dichos campos, especialmente en Auschwitz, así pues ellos eran sin duda una de las principales fuentes de tifus. Como no se les consideraba reclusos regulares no está claro si fueron o no incluídos entre las cifras de muertos que antes hemos visto. Sin embargo, es seguro que contribuyeron a las tasas de mortalidad globales de los campos y que sus cadáveres se incineraron en los mismos crematorios aunque no haya cifras disponibles.

Algo completamente ridículo que surge en esta cuestión, y que sorprende a quien la estudia, aparece en el volumen 5 del NMT, que resume el caso 4; “Los EE.UU. contra Pohl”. En la sección B, “El sistema de campos de concentración”, se adjuntan documentos que demuestran que los campos tenían tasas de mortalidad elevadas.

Acabamos de hablar de esto ahora. Luego en la sección E, “El programa de exterminio”, presentan documentos demostrando que los alemanes estaban construyendo crematorios en estos campos en el momento en que se estaban dando tan elevadas tasas.

Aparentemente se creyó que en realidad nadie leería uno de estos volúmenes o bien quizá sus autores no los leyeron.

Teniendo en cuenta las diferentes mortalidades, puede verse que el número de hornos de Auschwitz era totalmente comparable al existente en campos donde no se habla de exterminios. En 1942 se construyeron crematorios en Dachau y en Sachsenhausen, cada uno conteniendo cuatro hornos. En Dachau existía un crematorio de dos hornos con posterioridad a 1942, y continuó usandose hasta después de 1942.

Lo más posible es que en Sachsenhausen ocurriera igual con respecto al crematorio primitivo. En Buchenwald los crematorios prebélicos eran los de las ciudades vecinas de Weimar y Jena. Cuando empezó la guerra se construyeron crematorios en el campo y hacia finales de 1941 Buchenwald tenía un crematorio de seis hornos. Parece que se siguió utilizando el de Weimar hasta el final de la guerra. (101) También es posible que los de los campos de concentración, ya estuvieron en Auschwitz, Dachau o en cualquier otro lugar, se utilizaran para incinerar los cadáveres de gente que nada tuvo que ver con los campos (como por ejemplo los de prisioneros de guerra rusos).

Esta es entonces nuestra visión del “campo de la muerte” de los campos de concentración nazis. No coincide con la de Christophersen y la de Staeglich, que no ven tasas de mortalidad elevadas y no están convencidos de que en Auschwitz existieran instalaciones para la cremación extensiva. Nuestra visión se basa en los documentos más importantes de la acusación y materiales parecidos y la suya se basa en sus observaciones de Auschwitz en 1944. Puede parecer que sus observaciones son más dignas de confianza que el material documental pero creo que un cuidadoso estudio de la cuestión inclina la balanza de nuestro lado, aunque no negamos lo que vieran.

Ciertamente, cabe la posibilidad de los documentos falsificados y en verdad es más que una posibilidad. Veremos que en Nuremberg hubo muchas falsificaciones. Sin embargo, no parece que los documentos relativos a los fallecimientos en los campos y a la construcción de crematorios estén falsificados, por la simple razón de que en ellos no hay absolutamente nada sobre exterminios, como el lector puede comprobar consultando las “selecciones” de documentos del volumen 5 del NMT. Hablan de elevadas tasas de mortalidad, en determinados momentos, en institutos penitenciarios (campos de concentración) que un país relativamente pequeño luchando por su existencia en condiciones extenuantes, intentaba explotar como mano de obra. Que estas tasas tan altas pudieran haber sido una consecuencia es perfectamente plausible.

Aunque los documentos que hemos visto no dicen nada de exterminios son, sin embargo, algo insatisfactorios en el sentido de que no puede sacarse de ellos una visión de conjunto acerca de las causas de la elevada mortalidad y de sus víctimas concretas.

Los prisioneros poco saludables del Ministerio de Justicia no explican todo. Dicha visión debe ser adivinada e inferida, así que vamos a dar nuestras impresiones.

Los campos de concentración alemanes durante los años 30 tenían misiones penitenciarias y de seguridad pero no económicas. Después de la guerra con Rusia, sobrevino una rápida expansión de éstos y también adquirieron un papel económico. Así en 1942 estaban ocurriendo tres cosas en los campos: a) La rápida expansión fué acompañada por un caos general, problemas imprevistos y dificultades organizativas propias de cuando se llevan a cabo grandes empresas; esto ocurrió particularmente en Auschwitz, que era un campo nuevo en rápido crecimiento que pronto pasaría a ser el campo más grande de todos. b) Las continuadas victorias alemanas y los avances en Rusia produjeron hordas de prisioneros de guerra rusos, algunos de los cuales fueron absorbidos por los campos. c) Los prisioneros enfermos procedían del Ministerio de Justicia. Probablemente hubo otros problemas pero me parece que estos tres factores son suficientes para explicar la elevada tasa de mortalidad entre últimos de 1942 y finales de 1943.

A últimos de 1943 dicha tasa, aunque todavía terriblemente alta, estaban relativamente bajo control en comparación con la del año anterior y permaneció así hasta el colapso final. Lo que dijo el comandante de Birkenau (Apéndice D) indica que en Auschwitz, hacia 1944, los fallecimientos se daban primero entre delincuentes comunes provenientes de las cárceles. No sé de ningún documento comparable a los que hemos visto, que hable de cifras elevadas de muertes a últimos de 1943 ó posteriormente.

Ahora podemos considerar lo que observaron Christophersen y Staeglich que no incluye ni los crematorios ni la elevada mortalidad de Auschwitz. Esto lo apoyan motivos muy sencillos. Primeramente las muertes no eran cosas que la administración del campo anunciaría y tanto los fallecimientos como las consiguientes cremaciones se habrían ocultado el tiempo que fuera posible. Así, a mediados de 1943 Pohl se quejó a los comandantes de campo de que muy a menudo los edificios de los crematorios estaban emplazados en lugares excesivamente públicos, donde “todo el mundo” podía “contemplarlos”. En respuesta a la queja de Pohl, Hoess plantó una fila de árboles en torno a los crematorios II y III. Además, era la costumbre llevar los cadáveres al crematorio sólo por la tarde. (102) Que Christophersen y Staeglich, que sólo vieron Birkenau ocasionalmente, no conocieran la existencia de la alta mortalidad y de los grandes crematorios, es totalmente comprensible.

El papel que Birkenau desempeña en la estafa es muy sencillo. Como en cualquier gran operación industrial Auschwitz se organizó de modo sistemático pensando en obtener la máxima eficacia. En Birkenau se alojó a los que no tenían empleo. Así los campos de tránsito, de los que hablaremos de nuevo en el siguiente capítulo, estaban en Birkenau. Esto explica que allí los hubiera para gitanos y judíos. Igualmente los enfermos, los gravemente enfermos, los moribundos y quizás los muertos se enviaban allí, lo cual, naturalmente, significaba que Birkenau era, si se prefiere, un “campo de la muerte” con sus mortuorios y crematorios. Es verdad que cerca de la mitad de todas las muertes en el sistema concentracionario alemán durante el periodo 1942-44 ocurrieron en Birkenau.

Aunque cuando se estudia el tema de cerca, como hemos hecho en este capítulo, todo parece bastante idiota, obviamente, los propagandistas lo pensaron muy bien al decidir presentar a Birkenau como un campo de exterminio. La tasa de mortalidad en el sistema de campos era muy alta; casi alcanzó su máximo en Auschwitz, que era el más grande de todos, y las muertes de este campo las acaparó Birkenau.

Resumen:

En la introducción de este capítulo prometimos demostrar que la leyenda exterminacionista de Auschwitz contiene la marca de fábrica de la estafa entera: la necesidad de una doble interpretación de los hechos. Esto es verdad se mire como se mire:

1.- El Zyklon se empleaba para desinfectar y también para los supuestos exterminios.

2.- Las “selecciones” eran necesarias por la naturaleza de las operaciones en Auschwitz y también para los supuestos exterminios.

3.- No es del todo falso (aunque quizá algo confuso) llamar a Birkenau “campo de la muerte”, especialmente en ciertos momentos (en especial cuando estaba funcionando el Comité Baruch e inmediatamente después); también fué un supuesto campo de exterminio.

4.- El proceso desnudarse-ducharse era debido al despiojamiento y también a los supuestos exterminios.

5.- Los crematorios convencionales existían debido a los muertos del campo y a los supuestos exterminios de Birkenau.

6.- Algunas “Leichenkeller” eran mortuorios mientras que se alega que otras eran en realidad “cámaras de gas”. En Birkenau las dos clases de “Leichenkeller” estaban cercanas.

7.- Algunos “Badeanstalten” eran baños mientras que se alega que otros eran en realidad “cámaras de gas”. En Birkenau las dos clases de “Badeanstalten” estaban próximos.

8.- El olor experimentado por la gente de la zona se debía no sólo a la hidrogenación y a otros procesos químicos de Auschwitz sino a las supuestas cremaciones.

Realmente en vista de lo analizado resulta caritativo decir que se propusieron dobles interpretaciones a los hechos relacionados con estos ocho puntos. Las dobles interpretaciones exterminacionistas son mentiras evidentes y la última, la de la pestilencia, es una “exageración” que los autores de la estafa nunca debieron haber utilizado.

Hemos visto las contradicciones, las inconsistencias y las incoherencias. Himmler da órdenes directamente a Hoess pero deja que éste elija los medios. Se insiste en que la entrevista tuvo lugar en el verano de 1941 pero por otra parte debió realizarse en el verano de 1942, así que Hoess comenzó a improvisar medio año después de formular los planos para los cuatro crematorios que se utilizaron en los exterminios. (Los crematorios no se abandonaron a la inventiva de Hoess. Las familias judías con sus hijos residen en Birkenau durante meses, sus alojamientos se desinfectan previamente con el mismo producto químico con el que se supone que se les ha asesinado al entrar, pero se les mata más tarde con él).

El estudio de Auschwitz no ha concluido. Aunque puede parecer que el prometido “súbito despertar” ya se ha producido, lo que hemos visto en este capítulo no era a lo que nos referíamos en el prólogo. Hasta ahora nuestro estudio se ha centrado en lo que pasaba en Auschwitz y no se ha tenido en cuenta los destinos de los judíos de alguna nacionalidad concreta en aquel campo. Esto debe hacerse para un mayor rigor y no se nos ocurre nada mejor que los que eligieron los mismos autores de la leyenda; los judíos húngaros, cuyo destino o como quiera llamárselo examinaremos en el próximo capítulo especialmente en lo que concierne a Auschwitz.

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CAPITULO V. LOS JUDIOS HUNGAROS

Desde que los alemanes y sus aliados permitieron a la Cruz Roja, al Comité Internacional (ICRC) y a las numerosas sociedades nacionales, una libertad nada despreciable para operar en la Europa controlada por el Eje, el ICRC pudo informar ampliamente acerca de los judíos europeos. Los informes de un organismo tan neutralmente situado son naturalmente de gran importancia para nuestro problema.

Decimos “neutralmente situado” mejor que “neutral” porque la estricta neutralidad política no existe. Cualquier organización se encuentra sujeta a presiones políticas; es una cuestión de rango.

Dos publicaciones del ICRC tienen el mayor interés para nosotros. La primera es “Documents sur l’activité du CICR en faveur des civils détenus dans les camps de concentration en Allemagne (1939-45)”, Ginebra 1947, y consiste en la reedición de una colección de documentos que contienen la correspondencia entre el ICRC y varios gobiernos y sociedades de la Cruz Roja, e igualmente informes de delegados del ICRC al mismo ICRC. La Cruz Roja hace los comentarios necesarios para interpretar los documentos. Esta publicación no tiene precio y en este libro se ha citado varias veces.

Otra publicación de 1947 es “Inter Arma Caritas”, pero su principal objetivo era estrechar relaciones.

La segunda publicación importante son los tres tomos de “Report of the International Committee of the Red Cross on its activities during the Second World War”, Ginebra, 1948.

Es similar a un relato histórico pues las citas de documentos aparecen sólo en ocasiones.

En este capítulo reproducimos un extracto completo del tomo I, desde la página 641 a la 657. Creo que son evidentes ciertas presiones políticas pero para el lector no será necesario estar de acuerdo conmigo en cómo se manifiestan dichas presiones en el estracto para llegar a la misma conclusión a la que yo he llegado. Sin embargo en la primera lectura pueden aparecer algunas preguntas inmediatas, y todo lo que puedo decir por ahora es que hay que tener dos cosas en cuenta.

Primero, que este informe se publicó en 1948, en un momento en el que los autores no podían dejar de transigir, especialmente en vista de la delicada naturaleza política del asunto, con las acusaciones aliadas en el tema de los judíos europeos, aireadas a más no poder tanto en los juicios por crímenes de guerra como en la prensa. No esperemos que aquí digan nada bueno.

Segundo, que no recurrimos al ICRC como a alguna clase de autoridad, es decir, que sólo nos interesan los informes que estaban dentro de la competencia del ICRC. Éste tenía delegaciones en numerosos países europeos que seguían muy de cerca los asuntos judíos y que querían saber lo mejor posible qué les sucedía. De hecho nos interesan los judíos de Eslovaquia (Checoeslovaquia Oriental), Croacia (Yugoeslavia Septentrional) y Hungría; más concretamente estos últimos, pero los otros dos lugares están contiguos y, en tanto que controlados por los alemanes, no hay razón para que hubiera diferencias en la política judía.

Desde un punto de vista cuantitativo, pudiera parecer que Polonia es el país clave del problema. Sin embargo, los hechos demuestran que Hungría es la clave porque los creadores de la leyenda prefirieron Hungría a Polonia para presentar pruebas de sus acusaciones. No aportan pruebas de exterminios de judíos polacos, con la excepción de testigos presenciales y las acusaciones genéricas de los campos, que el análisis ya ha deshechado. Por una feliz casualidad se pueden consultar los informes del ICRC para conocer qué ocurrió en Hungría, lo cual no sucede con Polonia. Esto se debe a que los alemanes no permitieron al ICRC conocer la cuestión judía en países donde ellos se consideraban soberanos. Sin embargo, los aliados de Alemania que se juzgaban independientes sí lo permitieron. Así pues aquí reside la importancia de Hungría en el estudio de la leyenda.

Existe un segundo aspecto de por qué el extracto del informe es de la mayor importancia para nuestro estudio pero es mejor dejarlo para el siguiente capítulo.

Incluimos el estracto entero porque está escrito de manera que se hace difícil citar alguna parte concreta sin arriesgarse a que le acusen a uno de tergiversarlo, pero esto se verá claramente después de haberlo leido:

VI Categorías especiales de civiles (A). JUDIOS Bajo el nacionalsocialismo, los judíos se convirtieron en verdaderos parias, condenados por una rígida legislación racial a sufrir la tiranía, la persecución y el exterminio sistemático. No contaban con protección alguna pues siendo prisioneros de guerra o reclusos civiles, constituían una categoría aparte no favorecida por ninguna convención. No les era aplicada la supervisión que le estaba permitida hacer al ICRC en favor de prisioneros e internos. En la mayor parte de los casos eran en realidad súbditos de un Estado que les tenía en su poder y que, seguro de su poder absoluto, no permitía que nadie interviniera en su favor. Estos desgraciados ciudadanos compartieron el mismo destino como deportados políticos: fueron privados de los derechos civiles y recibieron peor trato que los súbditos enemigos que por lo menos se beneficiaban de un estatuto.

Fueron encerrados en campos de concentración y guetos, reclutados para trabajos forzosos, objeto de serias brutalidades y enviados a los campos de la muerte sin permitirse a nadie intervenir en asuntos que Alemania y sus aliados consideraban como de política interna.

Debe recordarse no obstante que en Italia las medidas antijudías fueron incomparablemente menos duras y que en los países bajo la influencia directa de Alemania, su situación solía ser menos trágica que en Alemania misma.

El Comité no podía desentenderse de estas víctimas por cuya suerte recibió las mayores súplicas pero para quienes los medios de acción parecían especialmente limitados, ya que en ausencia de cualquier base legal, sus actividades dependían en muy alto grado de la buena voluntad de los estados beligerantes.

El Comité había solicitado información, por medio de la Cruz Roja Alemana, acerca de los civiles deportados “sin distinción de raza o de religión”, que fué rechazada de plano en los siguientes términos: “Las autoridades responsables declinan dar cualquier información sobre los deportados no arios”. Así pues las preguntas acerca de los judíos nunca obtenían respuesta. Las continuas protestas habrían ofendido a las autoridades concernientes y podrían haber ido en detrimento tanto de los mismos judíos como de las actividades del Comité. Por lo tanto éste, aunque evitaba las protestas inútiles, puso todos los medios a su alcance para ayudar a los judíos y sus delegados en el extranjero recibieron órdenes al respecto. Los resultados obtenidos avalan esta política.

Alemania.- Incluso cuando la Wehrmacht alemana estaba triunfando, las actividades del Comité en pro de los judíos se encontraron con dificultades casi insuperables. No obstante hacia finales de 1943. Las autoridades alemanas permitieron al Comité enviar paquetes de auxilio a los detenidos de los campos de concentración, muchos de los cuales eran judíos, cuyos nombres le fueran conocidos. El Comité pudo reunir unas pocas docenas de nombres y con estos escasos medios comenzó el sistema de ayuda individual, y más tarde colectiva, para detenidos políticos que aparece repetidamente en este informe. Cada contestación llevaba varios nombres que se añadían a la lista de direcciones y así las respuestas dieron a menudo las primeras noticias sobre desaparecidos. Hacia el final de la guerra, el fichero de detenidos políticos del Comité (judíos y no judíos) contenía unos 105.000 nombres.

Durante el último año de guerra, los delegados del Comité pudieron visitar el campo de Theresienstadt (Terezin), que era sólo para judíos, y era gobernado de un modo especial. Según la información reunida por el Comité, este campo comenzó siendo un experimento de ciertos líderes del Reich, aparentemente menos hostiles a los judíos que los responsables de la política racial del Gobierno alemán. Estos hombres deseaban proporcionarles los medios para hacer vida en común en una ciudad bajo su administración y con una autonomía casi completa. En varias ocasiones, los delegados del Comité recibieron permiso para visitar Theresienstadt pero debido a trabas interpuestas por las autoridades locales, la primera visita tuvo lugar en junio de 1944. El anciano jefe judío informó al delegado, ante una representación de las autoridades alemanas, que en la ciudad residían 35.000 judíos y que su nivel de vida era soportable. En vista de las dudas expresadas por los dirigentes de varias organizaciones judías acerca de la fiabilidad de esta declaración, el Comité solicitó al Gobierno alemán que permitiera a sus delegados visitarlo una segunda vez. Después de trabajosas negociaciones, muy demoradas por parte alemana, dos delegados pudieron visitar el campo el 6 de abril de 1945. Confirmaron la favorable impresión de la primera visita pero averiguaron que la actual capacidad del campo sólo ascendía a 20.000 internos, incluyendo a 1.100 húngaros, 11.050 eslovacos, 800 holandeses, 290 daneses, 8.000 alemanes, 8.000 checos y 760 apátridas.

Por lo tanto intentaron saber si Theresienstadt estaba siendo utilizado como campo de paso y preguntaron cuándo salieron los últimos envios para el Este. El jefe de la policía de seguridad del Protectorado dijo que los últimos envios a Auschwitz tuvieron lugar hacía seis meses y que llevaban a 10.000 judíos para utilizarlos en la administración del campo y en la ampliación. Este oficial de alto rango aseguró a los delegados que en el futuro no se deportaría del campo a ningún hebreo.

Mientras que otros campos sólo para judíos no se abrieron a las inspecciones humanitarias hasta el final de la guerra, el Comité tuvo acceso a numerosos campos de concentración donde los judíos eran minoría. Durante los últimos meses el Comité, en situación de emergencia, afrontó una tarea de la mayor importancia visitando y ayudando a estos internos, suministrando alimentos, impidiendo evacuaciones de última hora así como ejecuciones sumarísimas, e incluso tomando el mando en las horas, o a veces días, que transcurrían entre la retirada de las fuerzas alemanas y la llegada de los aliados desde el Este o el Oeste.

En los capítulos acerca de los detenidos políticos de este volumen y del tercero se incluye un informe más detallado de las numerosas actividades del Comité, así como en la publicación especial llamada “Documents sur l’activité du CICR en faveur des civil détenus dans les camps de concentration en Allemagne, 1939-1945”.

Peor conocido es el papel que jugó el Comité en los países cuyos gobiernos se encontraban más o menos sujetos a la influencia alemana y donde se promulgaron leyes especiales para los judíos similares a las alemanas.

Por medio de sus delegados, particularmente en Budapest, Bucarest, Bratislava, Zagreb y Belgrado, el Comité pudo utilizar lo mejor posible su autoridad moral y las buenas intenciones mostradas por unos pocos mandatarios no alemanes con mayor o menor libertad de acción , pero no tan inclinados a aplicar una política racial como el Gobierno alemán. En su calidad de intermediario neutral, el Comité estuvo en condiciones de transferir y distribuir en forma de ayudas cerca de 20 millones de francos suizos recaudados en todo el mundo por organizaciones benéficas judías, especialmente por el Comité Americano Conjunto de Distribución de Nueva York. Sin la ayuda del ICRC, el empeño de una comunidad entera habrían sido indudablemente vano pues a ninguna organización judía le estaba permitido actuar en los países bajo control alemán.

Los esfuerzos del Comité no se limitaron a lo anteriormente descrito pues a medida que pasaba el tiempo, acabó convirtiéndose en una verdadera “Fuerza protectora” de judíos, intercediendo en su favor ante los gobiernos y en algunos casos ejerciendo un auténtico derecho a la protección, obteniendo la carta blanca para hospitales, dispensarios y organizaciones benéficas, e incluso actuando como árbitro de disputas. Esto hubo de hacerlo especialmente en Rumanía y Hungría durante el año de la última fase de la guerra comprendido entre 1944 y 1945. En los países donde el Comité no actuaba tanto, los judíos no se beneficiaban menos. Esto puede resumirse brevemente antes de volver a las actividades del Comité en Rumanía y Hungría.

Francia.- En noviembre de 1940, el Comité consiguió permiso de las autoridades para que uno de sus miembros visitara los campos del Sur, donde había cierto número de judíos entre los internos civiles.

Concretamente en el campo de Gurs había 6.000 judíos del Palatinado bávaro. De la visita se obtuvo una idea clara de la situación dentro del campo y de la urgente necesidad de socorros, tomándose las medidas adecuadas para ayudar a los internos.

Los judíos de Polonia que mientras estaban en Francia habían obtenido el permiso de entrada en los Estados Unidos fueron tomados por ciudadanos americanos por los ocupantes alemanes que luego aceptaron reconocer la validez de cerca de 3.000 pasaportes extendidos a judíos por los consulados sudamericanos. Las personas en cuestión fueron acomodados en campos exclusivos para americanos en Vittel. En 1942, cuando Alemania y tales estados sudamericanos entraron en negociaciones para el intercambio de reclusos, se supo que la mayoría de los de Vittel tenían permisos en su favor por medio de la delegación en Berlín y consiguió que permanecieran en Vittel, siendo muy pocos los deportados.

Grecia.- Inmediatamente después de la ocupación alemana, se requirió al Comité para tratar el caso de 55.000 judíos de Salónica, víctimas de las leyes raciales. En julio de 1942, se registró a todos los hombres entre 18 y 45 años y la mayoría fueron enrolados en destacamentos de trabajadores. La delegación les pertrechó con ayuda médica y para el aseo. En mayo de 1943, dichos trabajadores fueron enviados a Alemania, y la delegación alemana insistió en el derecho a darles paquetes de comida. Esto produjo dificultades con las autoridades que, resentidos, pidieron la sustitución de un delegado.

Eslovaquia.- Muchos miles de judíos fueron obligados a abandonar el país y a alistarse en lo que se llamaba el “servicio del trabajo”, pero que en realidad parece que condujo a la mayoría a los campos de exterminio. Por entonces una gran parte de la minoría judía tenía permiso para permanecer en el país y en determinados momentos incluso miraron a Eslovaquia como un relativo refugio para judíos, en especial para los que venían de Polonia. Los que estaban en Eslovaquia parecían haber permanecido relativamente a salvo hasta finales de agosto de 1944, cuando tuvo lugar un levantamiento contra las fuerzas alemanas.

Aunque es verdad que la ley del 15 de mayo de 1942 trajo el internamiento de varios miles de hebreos, esta gente permaneció en campos donde la alimentación y el alojamiento eran aceptables y donde a los internos se les permitía cobrar por su trabajo casi lo mismo que a los trabajadores libres. En 1944, la comunidad judía se las ingenió para asegurar la suspensión casi completa de la inmigración forzosa hacia los territorios bajo control alemán.

Cuando ocurrió el levantamiento, los internos judíos se escaparon; algunos volvieron a sus casas y otros se fueron a las montañas. Las medidas represivas posteriores afectaron a la población judía en su totalidad. Las autoridades militares alemanas emplazaron al Gobierno eslovaco para hacer arrestos al por mayor con el propósito de deportar a los judíos a Alemania. La orden fechada el 16 de noviembre de 1944 establece que debía reunirse a todos los judíos en el campo de Sered, y para este fin, los que vivieran en la capital debían ser reunidos previamente, el 20 de noviembre, en el Ayuntamiento de Bratislava. El mismo día, el delegado fue al Ayuntamiento y observó que sólo unos 50 habían obedecido las órdenes.

Como las autoridades eslovacas habían previsto, el resto marchó a esconderse, bien abandonando el país o bien ocultándose en la ciudad en los llamados “bunkers”. Tomando las riendas de la situación, el presidente del ICRC escribió al jefe del Gobierno eslovaco pidiéndole que pusiera fin a las deportaciones. Monseñor Tiso recibió esta carta el 2 de enero de 1945 y demoró la respuesta hasta el 10 de enero.

Recordó el hecho de que por aquel entonces los judíos habían sido perdonados, añadiendo no obstante que en vista del levantamiento su Gobierno se vió obligado a ceder a las presiones para actuar. Concluyó diciendo “En suma, resulta totalmente cierto que para solucionar la cuestión judía, nos hemos empeñado en confiar en principios humanitarios hasta el límite de nuestras fuerzas”. No podía pensarse en ayuda oficial para los fugitivos de los “bunkers”; sin embargo la delegación de Bratislava, con la ayuda de la Cruz Roja Eslovaca y, en las provincias, con la de la Iglesia Católica, consiguió proveerles de fondos que fueron entregados a sus portavoces y que les permitieron soportar los últimos meses de la guerra.

El representante del Comité no pudo obtener permiso para visitar el campo de Sered. Sin embargo se le permitió entrar al campo de Marienka donde estaban internados los judíos de nacionalidad extranjera.

Croacia.- Desde mayo de 1943 al final de 1945 la delegación ayudó a la comunidad judía de Zagreb, a la cual se pagó una media de 20.000 francos suizos mensuales a cargo del Comité Americano Conjunto de Distribución de Nueva York. También les consiguió importantes cantidades de alimentos, ropas y medicinas.

En octubre de 1944, las autoridades alemanas, de acuerdo con las medidas tomadas en los países vecinos, arrestaron a los judíos de Zagreb y confiscaron sus reservas de alimentos. Inmediatamente la delegación constituyó representaciones ante el Gobierno croata y consiguió que estas reservas fueran devueltas.

Hungría.- Lo mismo que en Eslovaquia, se toleraba a los judíos en tanto que el Gobierno local conservara cierta libertad de acción. Pero cuando la presión alemana se hizo notar, desde marzo de 1944 en adelante, la situación de los judíos se volvió crítica. La sustitución en octubre de 1944 del Gobierno de Horthy por uno favorable a Alemania, provocó una violenta crisis: ejecuciones, robos, deportaciones, trabajos forzados, encarcelamientos tal fue la suerte de la población judía que padeció cruelmente y a muchos les mataron, especialmente en provincias. Fue entonces cuando el Comité, para aliviar estos sufrimientos, actuó con energía y autoridad. Al mismo tiempo la ayuda que envió el rey de Suecia fué entregada con gran éxito y coraje por la legación sueca en Budapest, con la ayuda de algunos miembros de la Cruz Roja Sueca.

Hasta marzo de 1944, los judíos que tuvieron el privilegio de recibir visados para Palestina eran libres de abandonar Hungría. El 18 de marzo de 1944 Hitler citó al regente almirante Horthy en su Cuartel General y le expresó su indignación porque “en Hungría cerca de 1.000.000 de judíos gozaban de libertad sin restricción alguna”. Antes incluso de que el regente volviera a Budapest, las tropas alemanas comenzaron a ocupar Hungría para impedirla que abandonara su alianza con Alemania. Esta ocupación impuso al Estado húngaro un nuevo Gobierno mucho más sujeto a la autoridad alemana que el anterior. La emigración judía se suspendió inmediatamente y las persecuciones comenzaron.

Este era un asunto de la máxima trascendencia para el ICRC. El presidente apeló al regente almirante Horthy escribiéndole el 5 de julio de 1944: “Los datos que obran en nuestro poder nos parecen absolutamente contrarios a la tradición caballeresca del gran pueblo húngaro que se nos hace difícil creer incluso un ápice de la información que nos llega. En nombre del ICRC, me atrevo a suplicar a Su Alteza que de instrucciones que nos permitan responder a estos rumores y acusaciones”. El regente contestó el 12 de agosto: “Por desgracia no está en mi mano impedir acciones inhumanas que nadie condenaría más duramente que mi pueblo, cuyos pensamientos y sentimientos son caballerosos. He dado instrucciones al Gobierno húngaro para que se ocupe de solucionar la cuestión judía en Budapest.

Es de esperar que lo que acabo de decir no suscite serios problemas”.

Atendiendo a que lo contestó el regente, las autoridades húngaras permitieron al delegado en Budapest instalar refugios en los campos y edificios de internamiento de estos refugios (por otra parte difícilmente compatibles con la Convención de Ginebra) no se hizo muy frecuente, se debió al hecho de que el Senado Judío de Budapest era de la opinión de que la medida dejaría sin duda de surtir efecto si proliferaba.

El Gobierno húngaro se mostró más tarde dispuesto a favorecer el aumento de la emigración judía. El Comité se puso en contacto con los gobiernos británico y norteamericano como medida de urgencia y, en agosto, obtuvo de estos dos gobiernos una declaración conjunta expresando sus deseos de apoyar por todos los medios la emigración judía de Hungría.

Con este fin se pidió al Comité que transmitiera a Budapest el siguiente mensaje del Gobierno de los Estados Unidos: “El Gobierno de los Estados Unidos ha sido informado por el ICRC de que el Gobierno húngaro está dispuesto a permitir a ciertas clases de refugiados emigrar de Hungría…teniendo en cuenta las motivaciones humanitarias concernientes a los judíos húngaros, el Gobierno de los Estados Unidos vuelve a mostrar su convencimiento de que gracias a ello se negociará por el bien de todos los judíos a quienes en las actuales circunstancias se les permita abandonar Hungría y alcanzar el territorio de las Naciones Unidas o de otros países neutrales y de que se les encontrarán refugios temporales donde puedan vivir a salvo. Los gobiernos de países neutrales han sido avisados de tales intenciones, y se les ha pedido que permitan la entrada en sus territorios a los judíos húngaros que llegasen a sus fronteras”.

El 8 de octubre las autoridades húngaras, en conformidad con la competencia otorgada al Comité, anunciaron la suspensión de las deportaciones e hicieron saber que el campo de Kistarcea para intelectuales judíos, médicos e ingenieros había sido desmantelado y los internos liberados.

La esperanza despertada por esta noticia duró poco. Pocos días más tarde la gran tribulación de los judíos húngaros seguía igual. En vista de los reveses del Ejército alemán, el almirante Horthy había decidido romper sus relaciones con Alemania. El 15 de octubre, solicitó a las potencias aliadas un armisticio. Esta noticia tuvo un inmenso efecto entre los judíos que estaban apasionadamente en contra del ocupante. Aunque el Ejército alemán estaba en retirada tanto en Europa Oriental como Occidental, aún se mantenía firme en Hungría. El regente fracasó en su plan y fué arrestado. Los húngaros pro alemanes se hicieron con el poder y comenzaron a incrementar la dureza de la represión conforme el frente de lucha se iba acercando, poniendo a Budapest en estado de sitio. Se alega que se disparó a las tropas alemanas desde las casas judías y aunque puede ser verdad, los judíos fueron el centro de la represión. Inmediatamente se decidió expulsarlos de Budapest y confiscar sus propiedades. 6.000 de ellos aptos para el trabajo fueron enviados a Alemania a pie, en grupos de 1.000, pasando por Viena. Además, de entre los más robustos, los hombres con edades entre 16 y 60 años y las mujeres entre 14 y 40 fueron reclutados obligatoriamente para trabajos forzosos en fortificaciones en Hungría. Al resto de la población judía, incluyendo a débiles y enfermos, se la confinó en cuatro o cinco guetos cerca de Budapest. Los únicos judíos que escaparon a la evacuación fueron, los que tenían pasaportes con visados para Palestina, Suecia, Suiza, Portugal o España.

Al principio estas medidas fueron acompañadas de robos y brutalidades contra las cuales el delegado protestó de inmediato. El Ministerio del Interior, percatándose de estas acciones, promulgó un decreto el 20 de octubre prohibiendo el pillaje. Mientras tanto, la delegación refugiaba a los miembros del Senado Judío de Budapest. Ya que en apariencia su postura estaba amenazada, el delegado volvió a apelar a las autoridades alemanas así como al Gobierno húngaro y el 29 de octubre, la radio anunciaba que los edificios del ICRC gozarían de una inmunidad similar a la de las legaciones.

Desde una posición más fortalecida, el delegado se consagró con todas sus fuerzas a las operaciones de socorro que valerosamente aceptó llevar en favor de los judíos. “Resulta duro imaginar”, escribió, “las dificultades que tuve para resistir a una banda que detentaba el poder, y cuando el desorden, el asesinato y la agresión estaban a la orden del día, obligarles a mostrar todavía moderación y a observar el respeto debido al emblema de la Cruz Roja…”.

Era especialmente trágica la suerte de los niños cuyos padres habían sido deportados a los campos de trabajo. El delegado consiguió, con la ayuda de la organización “Jo Pasztvr”, 20 casas donde acomodar a esos niños, acompañados en ocasiones por sus madres. El personal sanitario consistía en enfermeras cualificadas y en judíos cuyo empleo en estas casas les aseguraba un certificado de protección parecido al que los delegados otorgaban a sus colaboradores.

Los representantes del Comité también abrieron comedores benéficos, cada uno capaz de servir casi un centenar de raciones calientes por día. Se crearon alojamientos y centros de acogida lo mismo que hospitales con guarderias y maternidades y un puesto de socorro provisional abierto al público “sin distinción de raza o credo”. Más tarde el delegado extendió 30.000 cartas de protección, que aunque sin base legal, fueron respetadas por las autoridades y sus poseedores exentos del trabajo obligatorio.

En noviembre afluyeron a la capital 100.000 judíos de provincias.

El Gobierno decidió recluirles en un gueto y con ellos a los judíos que quedaban en Budapest, particularmente los niños refugiados en los hogares de la Cruz Roja. “Consideraba mi deber más importante”, escribió el delegado, “asegurarme de que la vida en este gueto era lo más tolerable posible. Tenía una dificultad increíble en obtener de los nazis húngaros, en el curso de las negociaciones diarias, las concesiones y condiciones que pudieran garantizar hasta cierto punto los medios de existencia de los del gueto. Tenían lugar continuas entrevistas con el Senado Judío por una parte y por otra con la administración de la ciudad, para asegurar un mínimo de suministro de alimentos para el gueto cuando todos los transportes se habían detenido por el bombardeo constante, y el aprovisionamiento se hacía más y más difícil”. El delegado consiguió fijar el límite de las raciones de los judíos en 920 calorías, o sea dos tercios del mínimo de un prisionero húngaro. Más tarde fué posible aumentar ligeramente esta cifra gracias al envio de socorros.

A pesar de los esfuerzos del delegado los niños transferidos al gueto fueron alojados 60 por habitación, en edificios donde hubiera sido imposible limpiar o desinfectar. Arguyendo el peligro de epidemias consiguió que un comité capaz de decidir sobre la situación, los inspeccionara. Esta inspección sanitaria permitió que 500 de los 800 niños examinados fueran devueltos a las casas de las que habían venido, y que 300 fueran acomodados en hospitales. Los otros niños abandonaron el gueto pero familiares y amigos se ocuparon de ellos.

Más tarde, la delegación envió al gueto, con permiso del Gobierno, a cinco personas con la misión de proporcionar regularmente informes detallados de cada necesidad de los niños acerca de comida o ropa.

Finalmente, a iniciativa del delegado, se reunió “sin distinción de raza o religión” a 1.000 huerfanos en la abadía de Panonalma, un monasterio benedictino puesto a disposición del delegado por el obispo de Gyor. Este refugio bajo la protección de la Cruz Roja, lo respetaron las tropas húngaras y alemanas en retirada y también el Ejército soviético.

La entrega y generosidad del obispo de Gyor fueron una fructífera ayuda para el delegado en la operación de socorro que había realizado.

Su deber era proporcionar alimentos y resguardo a los convoyes de judíos que estaban siendo deportados a campos de trabajo en Alemania y obligados a caminar entre 25 y 30 kilómetros por día. El obispo organizó un centro de ayuda “en route”, que él mismo financió y que estaba administrado por representantes del Comité. Protegió del mal tiempo, al menos por unas pocas horas, a miles de judíos durante su terrible éxodo. Los “grupos de transporte” de la delegación les enviaban comida sobre la marcha, pagaban a los campesinos para llevar a los más débiles, 15 ó 20 de una vez, en sus carros, proporcionaban cuidados médicos y dispensaban suministros de medicinas.

El 12 de noviembre, la nueva amenaza que se cernía sobre los hospitales protegidos por el emblema de la Cruz Roja consistía en que la policía los había registrado con una orden para devolver a los judíos. El delegado, en virtud de la autoridad de que había sido investido, protestó ante el Gobierno y como resultado, las autoridades policiales recibieron instrucciones para no proceder al desalojo de los hospitales.

Esto nos enseña con qué peligros y dificultades se enfrentaban a cada momento los representantes del Comité en una ciudad objeto de los más violentos bombardeos. En su valiente tarea, les ayudó la incansable entrega a la causa de los miembros del Senado Judío y la actividad igualmente desinteresada de los representantes de las dos principales potencias benefactoras: Suiza y Suecia.

Tan pronto como Budapest fué liberado, el delegado y las organizaciones locales judías crearon con los fondos del Comité Conjunto de Nueva York, almacenes de víveres y de las medicinas más necesarias. Las autoridades militares rusas habían ordenado a todos los extranjeros que abandonaran Budapest. Cuando nuestro delegado tuvo que irse, un ministro húngaro le rindió homenaje diciendo que, en un momento de crisis histórica, había conseguido hacer de la capital un “protectorado de Ginebra”.

Rumanía.- El papel del delegado era muy importante debido a las oportunidades que había en aquel país para comprar víveres. La ayuda financiera y en especies podía enviarse desde Bucarest a Polonia y a los países vecinos. El Comité llegó a un acuerdo acerca de los socorros en la misma Rumanía con la Cruz Roja de esta nación, para quien nuestro delegado recogía fondos para comprar bienes. Debe subrayarse que judíos rumanos ricos contribuyeron en gran medida a asistir a sus correligionarios necesitados. Desde 1943, la tarea del Comité en Rumanía se hizo más fácil porque el delegado fue capaz de inspirar confianza al Gobierno rumano.

Durante el mes de septiembre de 1940, cuando la “Guardia de Hierro”, apoyada por la Gestapo y las SS alemanas, tomó el poder, los judíos fueron objeto de persecuciones y deportaciones a los campos de la muerte. Más tarde, bajo la dictadura del mariscal Antonescu, que estaba encargado de solucionar la cuestión judía, fué especialmente comprensivo. “El Gobierno rumano”, escribió al delegado en Bucarest, “repudia cualquier solución práctica contraria a las costumbres civilizadas y en menoscabo del espíritu cristiano que domina la conciencia del pueblo rumano”.

En diciembre de 1943, el señor Mihan Antonescu se reunió con este delegado lo cual facilitó mucho las actividades del Comité en pro de los judíos. Estas conversaciones se centraron en el caso de los judíos deportados más alla del Dniester a Ucrania, que eran nativos de Besarabia y de la Bukovina. Dichas provincias fueron devueltas a Rumanía después de la Primera Guerra Mundial y de nuevo cayeron bajo el dominio soviético en virtud del tratado germano-soviético, al principio de la Segunda Guerra Mundial. Después de los cambios de 1941, Rumanía, que se había convertido en aliada de Alemania contra la URSS, volvió a ocupar esas dos provincias. Los judíos, a quienes los rumanos consideraban culpables de haber recibido demasiado bien la vuelta al seno de Rusia, fueron deportados. El plan del Gobierno rumano, preparado en acuerdo con Alemania, parecía consistir en asentar a estos judíos en territorios de la región del mar de Azov.

Sin embargo esto no podría hacerse a menos que la URSS fuera derrotada. En medio del esplendor de las victorias rusas, el Gobierno rumano decidió hacia finales de 1943, repatriar a los supervivientes de esta deplorable deportación, el número de los cuales pasó de 200.000 a 78.000. El señor Mihan Antonescu dió la bienvenida a los intentos que el delegado llevó a cabo en Bucarest para que le fuera confiada la misión de proporcionar los medios para realizar esta repatriación, y le autorizó a viajar por toda Transnistria distribuyendo ropas y ayuda a estas desgraciadas gentes. Además, el delegado consiguió que los judíos de Czernowitz, los únicos que aún estaban obligados a llevar la estrella amarilla, dejaran de llevarla, puesto que esta marca les exponía a la brutalidad de las tropas alemanas con quienes se cruzaran. Finalmente se acordó que la Cruz Roja compraría a los precios oficiales con toda libertad.

Cuando a su vuelta el delegado vió otra vez al vicepresidente del Consejo, llamó su atención sobre los apuros de los niños que habían perdido a sus padres y fueron abandonados en Transnistria. El señor Mihan Antonescu prometió dejar que cada semana 150 niños salieran para Palestina o para cualquier otro lugar si el Comité se ocupaba de su viaje. Tres meses más tarde, el Gobierno rumano puso a su disposición dos vapores de primera clase recientemente construidos, el “Transilvania” y el “Besarabia”, que estaban anclados en aguas turcas y sugirió que el Comité debería comprarlos, reservándose Rumanía la opción de volverlos a comprar para usarlos como transportes de emigrantes bajo bandera Suiza. Suiza, país que favorecía los intereses de la Gran Bretaña, en realidad puede decirse que estaba favoreciendo el viaje de los judíos a Palestina ya que éstos al llegar se convirtieron en ciudadanos británicos.

Por entonces, el remedio de la emigración no había sido más que una deficiente solución a los sufrimientos de los judíos. Bulgaria había cerrado sus fronteras a los emigrantes que viajaban con pasaportes colectivos, y sólo los judíos menores de 18 años y mayores de 45 pudieron llegar a Turquía con permisos individuales. El transporte por barco desde puertos rumanos supondría el mejor medio de emigrar, pero además de las dificultades que tuvieron los judíos para salir, hay que tener en cuenta el problema político que sería para las autoridades británicas la afluencia de judíos a quienes la mayor parte de la población de un territorio bajo dominio inglés consideraba como intrusos. El primer navío que salió de Constanza hacia Palestina, el “Struma”, sin tener nada que ver con el Comité, a comienzos de 1942, se detuvo en Estambul por un problema en los motores, y posteriormente se le obligó a zarpar de nuevo hacia Rumanía, ya que fué imposible conseguir los permisos necesarios para seguir la ruta. Naufragó y se ahogaron 750 emigrantes. La expedición pionera que acabó en desastre constituyó una lección de prudencia.

Se pidió al Comité que protegiera con el emblema de la Cruz Roja a los transportes de emigrantes, y hubiera podido aceptar, basándose en una interpretación muy libre de las disposiciones de la décima convención de La Haya de 1907 que regulaba la utilización de barcoshospital al tiempo que estipulaba que llevarían el emblema de la Cruz Roja los mercantes a cargo de esta organización con socorros para prisioneros de guerra o bien para internos civiles. Sin embargo era de desear hacerlo con el consentimiento de todas las potencias interesadas. Por lo tanto el Comité dió su consentimiento a condición de que las organizaciones de transporte fletaran navíos neutrales acompañados de representantes del Comité y llevando sólo emigrantes, y de que los barcos no zarparon antes de obtener los salvoconductos de todos los países beligerantes interesados, así como su consentimiento para la ruta a seguir.

Desgraciadamente nunca se pudieron reunir estas condiciones. Sin embargo, el “Bellacita” recibió permiso de Rumanía para hacer un transporte diario de niños judíos desde Constancia o Mangalia a Estambul, y zarpó bajo la protección de la Cruz Roja Rumana, habiendo el Comité notificado estos viajes a todos los beligerantes.

El delegado en Bucarest se enfrentó con una decisión muy grave cuando el asunto suscitado por los embarques de judíos a Palestina en dos navíos búlgaros, el “Milka” y el “Maritza”, ambos fletados por organizaciones sionistas. Había motivos para temer la misma suerte que la de los que zarparon en el “Struma”. Además, los líderes de las organizaciones judías no estaban de acuerdo con los nombres de las listas de emigrantes, y las autoridades rumanas pidieron al Comité que hiciera de árbitro. El delegado se limitó a reducir el número de permisos de emigración y ayudar así a que salieran. Llegaron sin problemas a Estambul unos días más tarde. En agosto de 1944, el Comité aceptó finalmente que las embarcaciones que llevaron emigrantes pudieran ostentar el emblema de la Cruz Roja aunque no reunieron algunas de las anteriores condiciones.

El 23 de agosto, el rey de Rumanía se aprovechó de la retirada de las tropas alemanas para poner fin a la dictadura del mariscal Antonescu y para negociar un armisticio con los aliados. A partir de entonces se abolieron en Rumanía las leyes raciales.

Sin embargo el Comité continuó sus tareas en pro de los judíos hasta el cese de las hostilidades.

En su informe de diciembre de 1944 la delegación de Bucarest dice que, gracias a los envios del Comité Conjunto de Nueva York y a las recaudaciones hechas sobre el terreno, fué posible acudir en auxilio de 183.000 judíos rumanos repatriados entre: 17.000 deportados repatriados desde Transnistria; 30.000 hombres liberados del trabajo forzoso junto con sus familias (90.000 personas); 20.000 evacuados de pequeñas ciudades y pueblos; 10.000 evacuados de las zonas de guerra 20.000 personas sin hogar debido a los bombardeos; 20.000 obreros y capataces despedidos de sus empleos; y 6.000 húngaros que consiguieron escapar a la deportación y fueron encontrados en Transilvania del Norte.

El presidente de la Unión Americana de Judíos Rumanos rindió homenaje a esta labor humanitaria. En marzo de 1945 escribió al delegado del Comité en Washington lo siguiente:

“El trabajo de la Cruz Roja Internacional para ayudar a la población judía en Rumanía y a los judíos llevados a Transnistria ha sido apreciado en su justa medida no sólo por el Dr. Safran, el gran rabino de Rumanía, y por la comunidad judía de allí, sino también por muchos miles de miembros de nuestra Unión cuyos parientes se han beneficiado de esta ayuda. En verdad el Comité de la Cruz Roja Internacional ha prestado a nuestro pueblo en Rumanía un servicio impagable.”

El señor Joseph C. Hyman, vicepresidente del Comité Conjunto Americano de Distribución de Nueva York, ya ha expresado la deuda de gratitud con la Cruz Roja Internacional. En un artículo publicado por el diario “News” el 16 de febrero de 1945 bajo el título “El Comité Conjunto de Distribución consigue la cooperación de la Cruz Roja Internacional” dijo lo siguiente:

“Miles de judíos en las tierras hace poco liberadas y en los campos de concentración alemanes deben sus vidas a la ayuda y a la acogida de la Cruz Roja Internacional. En aquellas partes del mundo donde el C.C.D., el mayor organismo americano de socorro y rescate de los judíos en apuros en el extranjero, no puede actuar, sabemos que podemos contar con la Cruz Roja Internacional… para aliviar por nosotros los padecimientos de los judíos”.

El volumen tercero del documento, especialmente las páginas 73-78, 335-340, 479- 481 y 505-529, contiene información adicional que se citará en su momento.

Recordemos que lo que aquí nos proponemos es hacernos una idea razonablemente precisa sobre que ocurrió con los judíos eslovacos, croatas y húngaros, sin embargo hay algunos puntos en el estracto que merecen por lo menos alguna aclaración.

Existen suficientes referencias al “exterminio” como para que el lector piense que la Cruz Roja aceptaba dicha tesis. Sin embargo, pensándolo mejor tal deducción por resultar tan obvia y sí lo es, no guarda mucha relación. Se nos dice que “los judíos se convirtieron en… condenados por una rígida legislación racial a… el exterminio sistemático”, pero está muy claro que no existía tal legislación si por “exterminio” se comprende el asesinato masivo. Igualmente “fueron enviados… a los campos de la muerte”, lo cual resulta cierto para los reclutados para trabajar y enviados a los campos de concentración durante los dos peores periodos de los campos (1942 y 1945). “Parece” que “muchos miles” de judíos eslovacos fueron a “campos de exterminio”. Cualquiera sabe qué se quiere decir con los “campos de la muerte” a los que en 1940 se mandó a algunos judíos rumanos. Signifique lo que signifique los alemanes no tomaron esa medida.

En el tomo tercero leemos (pág. 479) que “cuando el frente de batalla alcanzó suelo húngaro (a principios de octubre de 1944), el delegado en Budapest del ICRC se esforzó al máximo para impedir el exterminio de los judíos húngaros”. Más adelante (págs. 513- 514) leemos que durante la guerra, “bajo la amenaza del exterminio, los judíos eran, en último término, deportados por lo general del modo más inhumano posible, encerrados en campos de concentración y condenados a trabajos forzados o abocados a la muerte”. Los alemanes “planearon más o menos abiertamente su exterminio”.

Puede haber dos posibles motivos del por qué de estas afirmaciones (ambiguas y/o muy genéricas). El primero es que están ahí debido a que los autores del documento, o la mayoría de ellos, por causa de nuevos informes, de los juicios por crímenes de guerra, en razón de las deportaciones y de la hostilidad nazi hacia los judíos y por el hecho de que los alemanes querían expulsar a los judíos de Europa, dieran crédito a las acusaciones de exterminio de los periodos bélico y postbélico (obviamente no vieron que ningún judío fuera exterminado). El segundo motivo posible es que existan por razones de trato político. Por ejemplo, a pesar de que alemanes y húngaros permitieron al ICRC operar en Hungría y los rusos le expulsaron, el documento considera conveniente decir que Budapest fué “liberado” por los rusos.

El lector crítico lógicamente preferirá aceptar la primera explicación aunque sólo sea con ánimo de polémica. No tenemos nada que objetar pues influye poco en nuestro estudio ya que todo lo que queríamos saber por este documento es lo que ocurrió con los judíos de Eslovaquia, Croacia y Hungría. La existencia de una acusación de “exterminio”, introducida en el Documento en un momento en el que éstas habían recibido la más amplia publicidad, nos resulta verdaderamente valioso, pues cualquiera que sea su razón de ser, la posibilidad de que la mayoría o muchos de los judíos eslovacos, croatas o más concretamente húngaros fueran aniquilados es parte del auténtico tema del documento.

Por tanto, la total ausencia de acusaciones de exterminio no debe interpretarse como que la posibilidad de éstos no tenga nada que ver con lo que se está tratando, sino como que el ICRC no observó nada que lo respaldara.

Teniendo esto en cuenta. ¿Qué dice el documento que pasó con los judíos de Eslovaquia, Croacia y Hungría? El área de influencia alemana había variado desde antes de 1944 y cierto número de judíos eslovacos fueron deportados hacia el Este, pero el documento no especula con que fueran exterminados y está claramente de acuerdo con que simplemente se les deportó. En 1944 la influencia alemana en los tres países eran más o menos la misma y no ocurrió nada de trascendencia hasta el otoño de 1944 cuando los alemanes internaron, o intentaron hacerlo, a muchos de los judíos por razones de seguridad muy válidas, deportando también a Alemania una determinada cantidad de judíos húngaros para trabajar.

Siguiendo con los judíos húngaros, cierto número salió entre marzo y octubre de 1944, pero en cualquier caso los acontecimientos más serios comenzaron en octubre de 1944 tras el arresto de Horthy. El estracto dice esto en dos ocasiones de modo tajante y además, situar la fecha crítica en el otoño de 1944 es enteramente aplicable a los países colindantes de Eslovaquia y Croacia.

Después del 15 de octubre, “la gran tribulación de los judíos húngaros seguía igual”

debido a que “la presión alemana se hizo notar desde marzo de 1944 en adelante” lo cual en octubre de 1944 “provocó una violenta crisis; ejecuciones, robos, deportaciones, trabajos forzados, encarcelamientos”. Los judíos “padecieron cruelmente y a muchos les mataron especialmente en provincias”.

Repetimos que cierto número salió antes de octubre de 1944, incluyendo a deportados, pero el documento afirma sin ambages que los acontecimientos más importantes para los judíos húngaros comenzaron en octubre de este año. Las “ejecuciones” y los “robos” probablemente se refieren a acciones aisladas llevadas a cabo por húngaros, quizá alentadas tácitamente o al menos toleradas por el nuevo Gobierno títere. El documento es enteramente preciso acerca de las medidas de “deportaciones” y “trabajo forzoso” tomadas en octubre de 1944. Se puso a trabajar a los judíos en fortificaciones y los alemanes decidieron enviar 60.000 a Alemania como mano de obra (en realidad el número de deportados aquella vez estaba entre 35.000 y 45.000). No habiendo ferrocarriles disponibles, los judíos tuvieron que caminar por lo menos hasta Viena, pero la Cruz Roja organizó ayudas durante el camino. (1)

Es imposible que la delegación en Hungría del ICRC no conociera las medidas antijudías en vigor desde mucho antes de 1944, las cuales hasta superaron en dureza a los sucesos de octubre de dicho año. Después de todo el Senado Judío de Budapest tenía su sede en la legación de la Cruz Roja y sin duda conocía muy bien los asuntos de los judíos húngaros. Además, las acusaciones posteriores de exterminio debieron haber “recordado” al delegado los acontecimientos mucho más duros de comienzos del año, si es que realmente ocurrieron, como veremos dentro de poco.

Antes de pasar a considerar las acusaciones concretas del exterminio de los judíos húngaros, tocaremos brevemente algunos puntos del estracto relativos a Theresienstadt.

Tuvimos ocasión en capítulos anteriores de hablar de Theresienstadt en Bohemia- Moravia (Oeste de Checoeslovaquia) y lo que dijimos está de acuerdo con lo del estracto.

Lo llamativo del relato de la Cruz Roja es que diga que “este campo comenzó siendo un experimento de ciertos líderes del Reich, aparentemente menos hostiles a los judíos que los responsables de la política racial del Gobierno alemán. Estos hombres deseaban proporcionarles los medios para hacer vida en común en una ciudad bajo su administración y con una autonomía casi completa”.

La política judía era dirigida por la oficina de Eichmann en la RSHA de las SS, y fué Karl Adolf Eichmann, “especialista en cuestiones judías de todo tipo”, quien acompañó al jefe de la Policía de Seguridad de Bohemia-Moravia, coronel Erwin Weinemann, para enseñarle la delegación de la Cruz Roja en Theresienstadt en su visita del 6 de abril de 1945. Aquella tarde, en una reunión, Eichmann explicó a los delegados “que Theresienstadt era una creación del Reichsführer SS Himmler” así como los motivos de su creación, lo cual es precisamente lo que nos dice el estracto del documento. Eichmann añadió que él, “personalmente no estaba por entero de acuerdo con estos métodos pero como buen soldado obedecía ciegamente las órdenes del Reichsführer”. (2)

Por lo tanto está bastante claro que Theresienstadt era una operación de las SS que eran los susodichos “ciertos líderes del Reich”. Además es sabido que fué el jefe de la RSHA Heydrich quien decidió crear Theresienstadt poco después de que hubiera obtenido su cargo secundario de delegado protector de Bohemia- Moravia en septiembre de 1941. (3)

Lo que la Cruz Roja vió en aquel campo era parte de la política normal de las SS.

Tiene cierto interés lo que dice el documento (pero que no comenta) de que el delegado preguntó acerca de los “envios hacia el Este” y de que el ICRC no buscaba ninguna interpretación macabra a las “transferencias a Auschwitz”, a pesar de las importantes y universales acusaciones a este respecto.

A la hora de hacer una valoración crítica del documento, hay que mostrarse cauteloso en dos sentidos. Primeramente hay que tener cuidado en lo relativo al “autobombo” de aquél. Los típicos casos en que la publicación de una organización caritativa se daría publicidad son las exageraciones en la eficacia de las medidas tomadas y, cuando resultara evidente que éstas no se tomaron, echando la culpa a toda prisa al puñado de posibles candidatos (con frecuencia hay serios motivos para decir estas cosas). Así no debe sorprendernos si nos encontramos con que los niños judeohúngaros o los judíos que caminaron hasta Viena, a todos los cuales la Cruz Roja ayudó, en realidad padecieron más de lo que parece sugerir el documento (evidentemente no estoy diciendo que este fuera el caso).

De nuevo hay que mostrar reservas acerca de los inevitables prejuicios políticos consecuencia de presiones políticas externas, pues la “liberación” de Budapest por los rusos demuestra cómo influyó esto en el documento. La situación de 1948 implica claramente que cuando aparecían prejuicios políticos eran prejuicios antialemanes.

Podemos verlos en el documento pero, por fortuna, cuando se leen con las ideas claras aquellas cuestiones sobre asuntos dentro de la competencia real del ICRC y de sus delegados, estos prejuicios efectivamente no existen.

Sin embargo, hay que hacer hincapié en que de ningún modo mi argumento depende de si no se interpreta el documento literalmente o bien de si quiere decir otra cosa de lo que dice, en aquellas cuestiones que yo he seleccionado. No pretendo establecer un paralelo con las acusaciones de exterminio, que insisten en atribuir a frases como “Leichenkeller”, “Badeanstalt”, tratamiento especial o “preparados para el transporte”, significados de acuerdo con la propaganda de guerra. No tenemos nada en contra de aquel que insista en interpretar el documento como si dijera en un tono general que los alemanes trataban de exterminar a los judíos, puesto que todo lo que queremos saber es que los que los delegados del ICRC presenciaron desde sus cargos en Eslovaquia, Croacia y Hungría.

Hemos visto a grandes rasgos lo sucedido en Hungría y ahora debemos estudiar las acusaciones de exterminio, pero para ello revisaremos primero la propaganda concerniente durante 1944 y luego las acusaciones postbélicas que constituyen la leyenda exterminacionista de los judíos húngaros. Existen diferencias y similitudes significativas entre la propaganda de 1944 y la posterior. En nuestro estudio de aquélla utilizamos otra vez como fuente el “New York Times”.

Durante 1944 continuó la propaganda genérica de exterminios y atrocidades:

12 de febrero de 1944, pág. 6:

“Un joven judío polaco que escapó a una ejecución masiva en Polonia…

relató de nuevo (que en Belzec)… se obligó a unos judíos a subir a una plataforma metálica que funcionaba como ascensor hidraúlico, el cual les bajó hasta un enorme recipiente lleno de agua… fueron electrocutados al hacer pasar por el agua una corriente eléctrica”.

Esto se dijo también en Londres en 1942 (4), y ya fué incluida aquí en el capítulo III en el relato del New York Times del 20 de diciembre de 1942. Sin embargo, durante la primavera y el verano de 1944 la propaganda se centró en los judíos húngaros. Justo después de la ocupación alemana:

21 de marzo de 1944, pág. 4:

“El destino de 800.000 judíos en Hungría fué una de las principales preocupaciones de los círculos judíos de Estocolmo”.

Roosevelt se vió directamente comprometido gracias a un discurso que el WRB preparó para él (5):

25 de marzo de 1944, pág. 4:

“Entretanto, en la mayor parte de Europa y en zonas de Asia continúa sin descanso el asesinato y la tortura sistemática de civiles – hombres, mujeres y niños – por nazis y japoneses. En territorios bajo el yugo de los agresores, polacos, checos, noruegos, holandeses, daneses, franceses, griegos, rusos, chinos y filipinos, todos ellos inocentes, mueren de hambre y frío o asesinados a sangre fría en medio de una campaña de salvajismo.

Los mataderos de Varsovia, Lidice, Kharkov y Nanking donde los japoneses torturaron y asesinaron no sólo a civiles sino a nuestros valientes soldados y pilotos estadounidenses – son sorprendentes ejemplos de lo que sucede día tras día y año tras año dondequiera que los nazis y los japoneses disponen del control militar para dar rienda suelta a sus bárbaras intenciones.

En uno de los crímenes más negros de todos los tiempos comenzando por los nazis en tiempo de paz y agravado un centenar de veces en tiempo de guerra – prosigue sin pausa el asesinato sistemático de los judíos europeos.

Como consecuencia de lo ocurrido en los últimos días cientos de miles de judíos, que mientras vivían perseguidos al menos podían escapar de la muerte yendo a Hungría y a los Balcanes, se ven amenazados de aniquilación a medida que las fuerzas de Hitler caen sobre estas tierras. El que estos inocentes, que sobrevivieron a la furia de Hitler durante una década, tengan que morir en los albores del triunfo sobre la barbarie que sus perseguidores simbolizan, sería la mayor tragedia.

…Todos los que conscientemente toman parte en llevar a los judíos hasta sus tumbas en Polonia o a noruegos y franceses hasta las suyas en Alemania son tan culpables como los verdugos. Cualquiera que tenga algo de culpa tendrá también algo de castigo.

… entretanto, y hasta que se alcance la ya segura victoria, los Estados Unidos continuarán esforzándose por rescatar a las víctimas de la brutalidad nazi-japonesa. Mientras que las operaciones militares lo permitan este Gobierno empleará todos sus medios y toda su energía en ayudar a escapar a todos los que estén destinados a ser víctimas de los verdugos nazis y japoneses – sin distinción de raza, religión o color. Hacemos un llamamiento a los pueblos libres de Asia y Europa para que abran temporalmente sus fronteras a las víctimas de la opresión. Nosotros les buscaremos refugio y encontraremos los medios para mantenerles y ayudarles hasta que la tiranía sea expulsada de sus patrias y puedan regresar.

En nombre de la justicia y de la humanidad dejad a todos los pueblos libres amantes de la libertad marchar por su justa empresa”.

1 de abril de 1944, pág. 5:

HUNGRIA ANUNCIA DECRETOS ANTIJUDIOS “…basados en las leyes nazis de Nuremberg…”

16 de abril de 1944, pág. 17:

“…el registro y la liquidación de todas las propiedades judías…”.

28 de abril de 1944, pág. 5:

“…las últimas noticias de Hungría dicen que 300.000 judíos han sido llevados desde las zonas orientales y nororientales del país hasta los llamados “campos de reunión””.

10 de mayo de 1944, pág. 5: por Joseph M. Levy “…es un hecho que Hungría…está preparando la aniquilación de los judíos húngaros por los métodos más diabólicos…el Gobierno…de Sztojay…está a punto de comenzar el exterminio de cerca de un millón de seres humanos… El Gobierno de Budapest ha decretado la creación en distintas partes de Hungría de “baños especiales” para judíos. Estos baños no son sino enormes cámaras de gas listas para asesinatos masivos, iguales a las que se inauguraron en 1941 en Polonia”.

18 de mayo de 1944, pág. 5: por Joseph M. Levy “800.000 judíos de las provincias carpáticas…fueron enviados a los campos asesinos en Polonia”.

9 de junio de 1944, pág. 5:

“300.000 judíos húngaros han sido internados en campos y guetos (de Hungría)…”

18 de junio de 1944, pág. 24:

“…según las recientes declaraciones del primer ministro húngaro, Doeme Sztojay, los judíos están siendo exterminados para dejar “espacio a los húngaros americanos que regresen a su país natal después de la guerra””.

20 de junio de 1944, pág. 5:

“7.000 judíos checoeslovacos internos en… Terezin…fueron arrastrados a las cámaras de gas en los conocidos campos de concentración alemanes de Birkenau y Oswiecim. Un joven polaco que estuvo prisionero en los dos campos confirmó recientemente en Londres que allí habían sido ejecutados incontables miles de personas”.

25 de junio de 1944, pág. 5:

“Un mensaje de la resistencia polaca informó de que estaban teniendo lugar nuevos asesinatos masivos en el campo de concentración de Oswiecim.

Se llevaron a cabo mediante cámaras de gas por el siguiente orden de preferencia: judíos, prisioneros de guerra de cualquier nacionalidad e inválidos.

Ya se han enviado 100.000 judíos a Oswiecim para su ejecución…”

27 de junio de 1944, pág. 6: “Hull hizo un llamamiento a Hungría para que detenga sus medidas antijudías (y advirtió que) los oficiales alemanes y personas… que hayan tomado parte en las…atrocidades, masacres y ejecuciones, serán castigados”.

2 de julio de 1944, pág. 12:

“Fuentes húngaras de Turquía informaron de que 350.000 judíos…

estaban listos para ser deportados a los campos de la muerte en Polonia. El 17 de junio ya habían sido enviados a Polonia 400.000 y los 350.000 restantes se cree que serán ejecutados hacia el 24 de julio”.

El 3 de julio (pág. 3) el “documento” que finalmente se convirtió en el documento WRB apareció como perteneciente a dos comités de socorro suizos, precisando que desde el 6 de abril, 400.000 judíos húngaros habían sido enviados a Auschwitz-Birkenau y que los crematorios contenían 50 hornos cada uno, pudiendo incinerar cada vez entre ocho y 10 cadáveres. El 6 de julio (pág. 6) se repitió la misma noticia y Eden respaldó las acusaciones. Más adelante se decía lo siguiente:

“El Congreso Mundial Judío fué informado hace más de dos semanas de que 100.000 judíos recientemente deportados desde Hungría a Polonia, han sido gaseados en el importante campo de concentración alemán de Oswiecim.

Entre el 15 y el 27 de mayo pasaron diariamente por la estación de Plaszow, cerca de Cracovia, dos vagones cargados con niños judíos…y seis con judíos adultos. Igualmente las deportaciones masivas se iniciaron desde Theresienstadt, en Checoeslovaquia, donde hasta entonces los judíos no habían sido molestados”.

13 de julio de 1944, pág. 3:

“Este fin de semana llegarán a los campos de Auschwitz y Birkenau…

2.500 judíos hombres, mujeres y niños, que probablemente conozcan su destino”.

El 15 de julio (pág. 3) Hull condenaba de nuevo los supuestos asesinatos de judíos húngaros y más adelante…

4 de agosto de 1944, pág. 5:

“…un correo (de la resistencia polaca)… anunció que los judíos húngaros todavía estaban siendo enviados a Oswiecim, a razón de 12 trenes llenos cada 24 horas. Con las prisas…los alemanes…se pusieron a matar niños pequeños con cachiporras. Dijo también que muchos cadáveres se estaban incinerando en piras al aire libre porque los crematorios estaban saturados”.

El 11 de agosto (pág. 4) se publicó una carta de Horthy al rey de Suecia diciendo que las deportaciones de judíos habían sido detenidas y que se les estaba permitiendo abandonar Hungría.

La propaganda es demasiado contradictoria para igualarse a estas últimas acusaciones. Sin embargo, éstas se asemejan a la propaganda en cierto modo. El presente relato viene a decir que entre mediados de mayo y algún momento de comienzos de julio de 1944, cerca de 400.000 judíos, pertenecientes a distritos fuera de Budapest, fueron deportados en tren por los alemanes y que casi todos murieron en Birkenau, puesto que su asesinato era el objetivo primordial de su deportación. Esta operación acabó con todos los judíos húngaros a excepción de los de Budapest, a quienes no se molestó. Hasta que Birkenau no estuvo listo para tal cantidad de asesinatos muchos cuerpos se incineraron en piras y a muchos se les fusiló en vez de gasearles. Y esto es todo a pesar de los infructuosos intentos de Reitlinger para bajar la cifra a 200.000 muertos. Si de algún modo tomamos en serio las “pruebas” del exterminio de gran número de judíos húngaros (que veremos más tarde), sencillamente entramos en contradicción con la cifra tan elevada de 400.000 deportados. (6)

Resulta obvio que nada de esto pudo haber sucedido y durante la guerra y los juicios posteriores recibió publicidad a escala mundial sin que la delegación del ICRC en Budapest tuviera conocimiento de ello. Después de todo estamos hablando de casi la totalidad de los judíos húngaros, a excepción de los de Budapest, y unos acontecimientos tan monstruosos y a tal escala no habrían sido frívolamente olvidados por los encargados de la “parte húngara” del estracto que acabamos de ver. Este estracto subraya que los sucesos más perjudiciales para los judíos húngaros comenzaron a partir de octubre de 1944, tras el arresto de Horthy. Además, el informe contiene las alusiones genéricas al “exterminio” que ya hemos apuntado de manera que no se menciona ningún exterminio de judíos húngaros en concreto, si es que realmente ocurrieron. Claramente se trata de una mentira.

A este respecto conviene aclarar algo sobre la población judeohúngara de comienzos de 1944. Los nazis dan una cifra de 700.000 ó 750.000 (7) y el libro de Ruppin de 1940 dice que ascendió desde 440.000 a 480.000 en el otoño de 1938 debido a las anexiones en Eslovaquia. En la primavera de 1940 los Cárpatos ucranianos fueron anexionados, así que en junio de 1939 había en Hungría unos 590.000 judíos. Se sabe que después de 1939 un buen número de judíos no húngaros, principalmente polacos, se refugiaron en Hungría, por tanto los 590.000 de Ruppin para el periodo prebélico pueden fácilmente ascender a los 700.000 ó 750.000 de los nazis. La cifra de Ruppin para la población hebrea de Budapest es 200.000 en 1930 y este número no habría crecido debido a anexiones pero, hasta cierto punto, si por judíos austriacos y alemanes, durante los años 30, y en mayor grado, por judeopolacos y otros hebreos después de 1939. Así pues parece razonable aceptar que en la primavera de 1944 hubiera en Budapest unos 300.000 judíos y con esto creo que tenemos una buena idea acerca de la población judía de Hungría y Budapest en 1944. Lógicamente la desaparición de 400.000 ó más judíos de fuera de Budapest en la primavera de 1944 habría significado la desaparición de casi todos los de dicha zona. Por lo tanto no sólo era difícil que la delegación de la Cruz Roja ignorara estos hechos sino que también es difícil saber de donde salieron esos “100.000 judíos” que “afluyeron a Budapest desde provincias” en el mes de noviembre. (8)

Existen otros argumentos en contra de los exterminios. Primeramente más tarde se verá que las acusaciones precisan que en una conferencia en Viena se llegó a acuerdos especiales para proporcionar cuatro trenes diarios para efectuar las deportaciones, y que de hecho los trenes llegaron a tiempo. O sea que en las semanas críticas de antes y después del día D (6 de junio), en un momento de desesperada escasez de ferrocarriles, con ambos frentes amenazados por el colapso, los alemanes proporcionaron una cantidad de trenes extra que en el mejor de los casos agotaría los recursos de cualquier red de vías férreas. Esto es increíble, y vale la pena recordar que el viaje en tren desde Budapest a Auschwitz es mucho más difícil de lo que aparece en el mapa, debido a las montañas de Checoeslovaquia Oriental.

Otro argumento en contra consiste en preguntarse sencillamente ¿por qué los aliados no intentaron bombardear las cámaras de gas, las cuales, en el momento de las supuestas matanzas de judíos húngaros, eran “conocidas” por todo el mundo? Esta pregunta tiene mucha miga.

El 8 de junio de 1944 la 15ª Fuerza Aérea de los EE.UU., con base en el Sur de Italia, recibió la orden de aumentar sus bombardeos sobre objetivos petrolíferos y le fué dada una lista de objetivos petrolíferos concretos en Europa Oriental y Sudoriental. El principal y el que más atrajo la atención fué la zona de Ploesti en Rumanía, sin embargo Auschwitz también era uno de ellos y fué bombardeado el 20 de agosto y posteriormente en septiembre y diciembre. (9)

En el curso de las operaciones de bombardeo de la Segunda Guerra Mundial se acostumbraba a hacer amplio uso del espionaje fotográfico. Con esto se perseguía valorar los daños causados por el ataque y planear los ataques, determinando si valía la pena o no atacar el objetivo así como el alcance y la naturaleza de sus defensas. (10) Con toda certeza la inteligencia había fotografiado con gran precisión Auschwitz y la zona circundante antes de la orden del 8 de junio. En tal caso los estadounidenses deberían disponer de fotos de los judíos húngaros que llegaban a Auschwitz para ser fusilados e incinerados al aire libre. Ni siquiera estarían obligados a tomar medidas especiales para aportar, en el momento de los presuntos asesinatos o en los juicios posteriores, pruebas fotográficas de sus acusaciones, pero lógicamente, para que fueran enteramente convincentes, deberían haber elegido el momento adecuado, ya que a partir de enero de 1945 los rusos controlaban Auschwitz.

La fotografía de la figura 7 dice haber sido tomada en Auschwitz en agosto de 1944 pero ya hemos hablado de ella en el contexto apropiado. En cualquier caso, el número de cuerpos que aparecen en la foto a duras penas se corresponden con la tasa de defunciones ordinarias de Auschwitz, especialmente con la de 1942.

A pesar de toda la atención prestada a los judíos húngaros y a Auschwitz y a pesar de la promesa de Roosevelt hecha pública el 25 de marzo, los estadounidenses no movieron un dedo para interferir las presuntas deportaciones, bombardeando las líneas férreas necesarias, o los presuntos asesinatos bombardeando las “cámaras de gas”. No sólo parece que no aprovecharon la oportunidad para obtener pruebas fotográficas, sino que a pesar de haber hecho fotos no parecen tener evidencia alguna.

Todas estas consideraciones, además del informe de la Cruz Roja, la absoluta impracticabilidad de exterminar a los judíos húngaros en la primavera y el verano de 1944 y el hecho de que el control aéreo aliado no aportara nada, nos llevan a la conclusión de que a los judíos húngaros no les ocurrió nada que se pareciera a un exterminio o similar.

Ahora vamos a revisar brevemente las pruebas de las acusaciones, pero primero hemos de solucionar el problema de la fecha del primer ataque aéreo sobre Auschwitz. En el capítulo III vimos que Rudolf Vrba decía que hubo un ataque aéreo sobre dicho campo el 9 de abril de 1944 y que no debía prestársele mucho crédito. Anteriormente indicamos que el primer bombardeo sobre Auschwitz fué en agosto, y esto se basa principalmente en el “Combat Chronology” (Cronología de combate) escrito por Carter y Mueller, que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos publicó en 1973, y en los trabajos rutinarios y oficiosos de Craven et. al.. “The Army Forces in World War II” (Las Fuerzas Armadas en la Segunda Guerra Mundial). Esta última se ocupa también de las actividades del “Bomber Command” de la RAF, concretamente de lo relacionado con la campaña del petróleo. La correspondiente obra británica de cuatro volúmenes de Webster y Frankland, “The Strategic Air Offensive Against Germany 1939-1945” (La ofensiva aérea estratégica contra Alemania l939-1945) basa su relato de la campaña del petróleo en la de Craven et. al..

Parece que el ataque de comienzos de abril está fuera de toda cuestión, pues Auschwitz sólo tenía importancia estratégica como objetivo petrolífero. Craven et. al.

presentan un excelente resumen de la fuerza aérea de esta campaña. Hubo un ataque espectacular sobre Ploesti en 1943 pero la campaña en sí no existió hasta la primavera de 1944, debido a desacuerdos entre los jefes aliados acerca del orden de prioridades en los objetivos. En mayo de 1944 solamente el 1.1 % de las bombas aliadas habían caido sobre objetivos petrolíferos y el 17 de marzo de 1944 la 15ª Fuerza Aérea recibió la orden de llevar a cabo ataques sobre Ploesti a la primera ocasión, pero “a espaldas del mando general que ha ordenado bombardear los transportes de bombas que suministran a las fuerzas alemanas enfrentadas a los rusos”. El primero de estos ataques tuvo lugar el 5 de abril y también los hubo el 15 y el 24 de abril, todo éllos dirigidos principalmente contra los centros férreos cercanos a Ploesti con la esperanza de alcanzar “incidentalmente” las refinerias petrolíferas. Los bombardeos a objetivos petrolíferos por aviones con base en Inglaterra no comenzaron hasta el 19 de abril y éstos también tenían algún otro objetivo secreto. La 15 ª Fuerza Aérea realizó algunos ataques más sobre Ploesti antes de la orden del 8 de junio, después de la cual la campaña del petróleo se hizo oficial y a gran escala. (11)

Siendo esta la situación de entonces y considerando que “Combat Chronology” la confirma, resulta imposible creer que Auschwitz fuera atacado en abril, cuando, dentro del mando aliado, era difícil hasta justificar ataques contra objetivos seleccionados como Ploesti. El que un objetivo petrolífero de relativamente poca importancia como Auschwitz, mucho más pequeño que la cercana planta petrolífera de Blechhammer, fuera bombardeado en abril es del todo imposible, pues incluso Blechhammer no se menciona como objetivo hasta mucho después de este mes.

En la cuestión de los posibles ataques aéreos sobre Auschwitz en el periodo de abril-septiembre de 1944, sólo cuentan las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses, ya que los rusos no llevaron a cabo bombardeos de industrias estratégicas similares.

La conclusión que extraemos de los informes oficiales de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos, se ve confirmada por los recuerdos de dos alemanes que estuvieron en Auschwitz en 1944. Thies Christophersen, autor del opúsculo “Die Auschwitz Luege” (del que hablamos en el capítulo I), dice que el primer ataque aéreo fué “en el otoño de 1944”, y parece ignorar del todo que la cuestión de la fecha del primer ataque revista alguna importancia.

El Dr. Wilhelm Staeglich, el juez de Hamburgo cuyo testimonio se publicó en el diario alemán “Nation Europa” (que también mencionamos en el capítulo I) no dice nada, en dicho testimonio, acerca del asunto, pero escribe que él era miembro de una unidad antiaérea que estuvo estacionada cerca de Auschwitz, por poco tiempo, a partir de mediados de julio de 1944. En respuesta a una pregunta que este autor redactó en términos nada capciosos y sin dejar traslucir el problema que nos ocupa, Staeglich dijo que no hubo ningún ataque aéreo mientras estuvo allí y que no creía que anteriormente hubiera habido alguno, ya que nadie le habló de ello y tampoco vió señales de destrucción.

El judío italiano Primo Levi corrobora que el primer “raid” aéreo puede situarse en agosto, ya que en su libro “Se Questo è un Uomo” (Si esto es un hombre) (al principio del capítulo titulado “I fatti dell’estate”) dice esto mismo, cuando en agosto él ya llevaba allí cinco meses.

Nuestras conclusiones se ven también confirmadas por los mitólogos del exterminio; Reitlinger no toma una posición concreta al respecto pero habla (pág. 383) del “error de los aliados al bombardear las comunicaciones entre Hungría y Auschwitz en mayo-julio de 1944”. Hilberg (pág. 632) se excede al situar el primer ataque el 16 de diciembre de 1944, y Levin acepta esta fecha (pág. 701). Friedman (pág. 78) está más o menos en lo cierto al hablarnos de un ataque el 13 de septiembre de 1944.

Puesto que todas las pruebas refutan la existencia del ataque aéreo sobre Auschwitz en abril de 1944, lo que Vrba dice de que él vió tal ataque mientras estaba escondido entre un montón de leña, aparte de todo lo dicho en el capítulo III, contribuye a desacreditarle. Además, Vrba no puede alegar un olvido como hace Staeglich, ya que el supuesto ataque sucedió en un momento crucial de su vida.

Y ahora volvamos de nuevo a la cuestión que nos ocupa, revisando las pruebas presentadas sobre el exterminio de los judíos húngaros, las cuales son mayormente documentales.

No tendremos en cuenta el affidavit de Kastner ante el IMT (2605-PS) dado el 13 de septiembre de 1945. Kastner era un judío húngaro que contactó con Eichmann y sus colaboradores en Budapest en 1944, y en su affidavit declara que hacia el 27 de junio de 1944 habían sido deportados 475.000 judíos. Incluye también una “historia” general del programa de exterminio que se dice está basada en lo que le contaron el coronel SS Kurt Becher y el capitán SS Dieter Wisliceny. No obstante es muy posible que Kastner se beneficiara de las confidencias de estos dos hombres, ya que en 1954, siendo un influyente miembro del partido Mapan de Ben Gurion en Israel, otro judío húngaro le acusó de haber colaborado con Becher, que era unos de los superiores de Eichmann en las operaciones de las SS en Hungría. Las subsiguientes acciones legales por libelo fallaron en contra de Kastner y esto generó en Israel una importante crisis política cuyas nefastas consecuencias fueron conjuradas con el asesinato de Kastner en 1957. (12) Por tanto también él fué una víctima de la fábula.

Wisliceny, el subordinado de Eichmann en Hungría, prestó también declaración bajo juramento el 29 de noviembre de 1945, apoyando su testimonio ante el IMT del 3 de enero de 1945.(13). En el affidavit también se utilizó como arma la lengua inglesa, empleando, por ejemplo expresiones tan obscuras (para un alemán) como “cabezas”, para referirse a las personas que iban en los transportes. En la historia de Wisliceny también existen órdenes que Himmler dió por escrito a comienzos de 1942, para exterminar a los judíos. Dichas ordenes se dirigen a, entre otros, el “inspector de los campos de concentración”, a quien, de acuerdo con el testimonio de Hoess, Himmler no permitió enterarse de nada acerca del programa.

La prueba más importante, consiste en una recopilación de reputados documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. En marzo de 1944, un tal Dr. Veesenmayer de dicho Ministerio fué enviado a Hungría como “plenipotenciario” del Gobierno alemán para suplir al embajador especial Ritter. Veesenmayer enviaba numerosos telegramas al Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín. Uno de los documentos, el NG-2263, que se muestra en la figura 30 es el típico ejemplo de esos supuestos telegramas, tomados de los archivos del Ministerio. Como fué recibido en el Ministerio, no lleva la firma de Veesenmayer y el visto bueno consiste en el sello que el Ministerio ha puesto y en la nota escrita a mano de la izquierda que dice que el documento debe archivarse en el apartado “Hungría” (Ungarn) y que contiene las iniciales de von Thadden así como la fecha: v Th 4/7. Dice lo siguiente:

I) Ha concluido el transporte de 50.805 judíos de la zona III, de acuerdo con el plan. Número total de las zonas I-II, 340.162.

II) Concluidos la concentración en la zona IV y el transporte de 41.499 de esta zona, de acuerdo con el plan. Número total 381.661. Se ha informado de la continuación de las operaciones en los telegramas remitidos a Fuscht nº 279 del 27 de junio, nº 287 del 29 de junio y nº 289 del 30 de junio. La concentración en la zona V (región occidental del Danubio, sin contar Budapest, hasta ahora sin cubrir) comenzó el 29 de junio. Simultaneamente comenzaron acciones de pequeña escala en los suburbios de Budapest, como medidas preparatorias.

Estan en camino unos pocos transportes pequeños de intelectuales y políticos judíos así como de judíos especialmente cualificados y de judíos con familias numerosas.

Tal colección de documentos constituye la prueba de la deportación de cerca de 400.000 judíos entre el 15 de mayo de 1944 y primeros de julio. A mi entender la lista de abajo incluye los más importantes, indicándose en cada caso a quién pertenece el visto bueno. Naturalmente no están incluidos todos los documentos relativos a las medidas antijudías, incluyendo las deportaciones durante el periodo en cuestión; pues sólo adjuntamos los que coinciden forzosamente con las acusaciones exterminacionistas:

NG-2059. Copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 8 de mayo de 1944. Cierto número de judíos que iban a ser deportados han sido puestos a trabajar en proyectos militares en Hungría. La solicitud de 100.000 judíos húngaros útiles para el trabajo, que hizo la organización Todt (el Ministerio de Speer) debe dirigirse a Gluecks, de la WVHA, que se encarga de la deportación de judíos húngaros. El visto bueno lleva las iniciales de Thadden.

NG-2060. Consta de dos partes. La segunda es la copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer a Ribbentrop vía Ritter, fechado el 21 de abril de 1944. Dice que se ha confinado en campos a 100.038 judíos húngaros como resultado de “operaciones especiales”. El visto bueno consiste en un sello de “alto secreto” y las iniciales de Thadden. Los materiales descriptivos que acompañan a este documento (las “pruebas derivadas del examen del personal”) indican que las iniciales de Geiger también aparecen, pero el estudio del resto de los materiales (sólo los traducidos al inglés) no lo corroboran.

NG-2061. Copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 20 de mayo de 1944.

Informa de las detenciones de personas involucradas en la resistencia antinazi, y de la intercepción de “material de inteligencia relativo a las supuestas condiciones en los campos de concentración alemanes del Gobierno General. Particularmente detallados son los sucesos de Auschwitz”. El visto bueno consiste en un sello del Ministerio de Asuntos Exteriores y las iniciales de Thadden, aunque las “pruebas derivadas del examen del personal” dicen que las iniciales son de Geiger.

NG-2190. La primera parte es la introducción de la segunda.

Viene firmada por Thadden y Wissberg, con las iniciales de Wagner y con un sello de “alto secreto”. La segunda parte es un informe de Thadden al Ministerio de Asuntos Exteriores acerca de las medidas antijudías en Hungría, fechado el 26 de mayo de 1944. En él se dice que el Gobierno húngaro está de acuerdo con la deportación de todos los judíos húngaros a los territorios orientales, exceptuando a los 80.000 retenidos para trabajar en proyectos militares. El número de judíos húngaros se estima entre 900.000 y 1.000.000 y la mayoría de los de fuera de Budapest han sido deportados por barco al Gobierno General en envios diarios de 14.000. Se asegura al Consejo Judío de Budapest (o sea el Senado Judío que aparece en el estracto del informe de la Cruz Roja) que estas medidas se dirigían unicamente contra los judíos no asimilados y que el resto recibiría diferente trato. Sin embargo las SS esperan encontrar dificultades con posteriores medidas de concentración y deportación. Dichos planes para el futuro se bosquejan, y se discuten las diferencias existentes entre el Gobierno alemán y el húngaro en cuanto a la definición de “judío”. Se estima que aproximadamente un tercio de los judíos húngaros deportados a Auschwitz pueden trabajar, por lo cual al llegar serán inmediatamente distribuidos entre Sauckel, la Organización Todt, etc… y viene firmado por Thadden y sellado con “alto secreto”. La tercera parte es una introducción de la cuarta, con las iniciales de Wagner y Thadden y con referencias escritas a mano de Eichmann. La cuarta parte es un resumen del informe de Thadden, sin visto bueno alguno.

NG-2230. Es una copia de una carta de dos páginas de Thadden a Eichmann fechada el 24 de abril de 1944. comunicando el contenido del NG-2233 (que comentaremos en breve). Ambas páginas tienen las iniciales de Thadden, así como el sello de la fecha y notas a mano en la parte inferior de la primera página. Nota: la segunda vez que consulté el documento NG-2230, se trataba de otro totalmente distinto, así que puede haber algún error.

NG-2233. Tiene dos partes. La primera es una copia de un telegrama de Veesenmayer a Ritter fechado el 23 de abril de 1944 e informa de los trabajos de internamiento en guetos de los judíos de los Cárpatos. 150.000 judíos ya han sido internados y se estima que habrá 300.000 cuando todo haya terminado, procediéndose luego al internamiento de los judíos de otros lugares. Desde el 15 de mayo se vienen enviando por barco a Auschwitz 3.000 judíos diarios y para no dificultar su transporte, el de los 50.000 que Veesenmayer solicitó para que trabajaran en el Reich se ha suspendido temporalmente. Por motivos de seguridad, de alimentación y de calzado no se cree factible enviarlos a pie. El visto bueno es el sello del Ministerio de Asuntos Exteriores (material clasificado). La segunda parte del documento es una copia hecha con papel carbón de una carta de Thadden a Eichmann, fechada el 24 de abril, que repite lo más importante del telegrama, y lleva las iniciales de Thadden.

NG-2235. Una copia con papel carbón de un telegrama de Wagner a Veesenmayer, fechado el 21 de mayo de 1944. En él se informa de que Thadden visitará Budapest poco después de discutir la confiscación de las propiedades de los judíos húngaros y alemanes, dentro de los cauces de la solución general de la cuestión judía en Europa. Contiene las iniciales de Wagner y también aparecen los iniciales “VM” que no parecen ser las de Veesenmayer.

NG-2236. Es un memorándum mecanografiado de Wagner a Steengracht, fechado el 6 de julio de 1944. Wagner dice que la política del Reich debe impedir la emigración judía. La solicitud del Consejo de Refugiados de Guerra (WRB), hecha por medio de Suiza, para que se permita la emigración a Palestina de los judíos húngaros, debe ser denegada pues esto significaría la indisposición con los árabes.

En cualquier caso la intervención suizo-americana llegará demasiado tarde a últimos de mes, ya que por entonces las acciones debidas a medidas antijudías habrán terminado. Contiene un sello de “alto secreto” y está firmado por Wagner, con las iniciales de Thadden y, posiblemente, de Hencke.

NG-2237. Es una copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 10 de junio, diciendo que se han puesto en marcha las medidas para concentrar a los judíos al Norte de Budapest y que su deportación comenzará el 11 de junio. El visto bueno consta de un sello del Ministerio y de las iniciales de Thadden.

NG-2238. Es un memorándum mimeografiado por Wagner proponiendo utilizar una táctica dilatoria en las negociaciones con suizos y suecos acerca de la emigración de los judíos húngaros, hasta que el problema de los restantes de estos judíos se haya solventado. Está fechado el 16 de septiembre de 1944, va firmado por Wagner y lleva las iniciales de Thadden además de otras ilegibles. NG-2262. Es una copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer a Ritter, fechado el 4 de mayo, donde se informa de que la evacuación de 310.000 judíos de las regiones de Carpatia y Transilvania a Alemania (“nach Deutschland”)

está prevista que comience a mediados de mayo. Se prevén cuatro transportes diarios llevando 3.000 cada uno. Los problemas relacionados con el asunto de los ferrocarriles se solucionarán en una conferencia en Viena el 4 de mayo. Lleva el sello del Ministerio de Asuntos Exteriores y las iniciales de Thadden.

NG-2263. Copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores fechado el 30 de junio, informando de que hasta el 30 de junio han sido deportados 381.661 judíos húngaros.

Se ha comenzado a reunir a los de al Oeste del Danubio exceptuando Budapest y también a los de los suburbios de dicha capital. Lleva el sello del Ministerio y las iniciales de Thadden.

NG-2424. Consta de dos partes. La primera es una carta a máquina del jefe de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores Schmidt al secretario de Estado de dicho Ministerio Steengracht, fechada el 27 de mayo y sugiriendo que una campaña propagandística ( “el hallazgo de explosivos en clubs judíos y sinagogas”, etc.) preceda a cualquier acción antijudía en Budapest. El visto bueno contiene las iniciales de Wagner. La segunda parte es una copia a máquina de un telegrama de Thadden a Budapest, fechado el 1 de junio, aceptando la sugerencia, y lleva las iniciales de Wagner y Thadden.

NG-2980. Está dividido en tres partes. La primera es una copia mecanografiada de un telegrama de Wagner a Budapest, fechado el 21 de mayo, anunciando la inminente visita de Thadden a Budapest para negociar el problema judío. Está sellado y contiene las iniciales de Wagner. La segunda parte es una copia en papel carbón y sin firma de una carta de Thadden a Wagner a modo de introducción del informe de aquél acerca de sus actividades en Budapest. Viene sellado con “alto secreto”. La tercera parte es un informe mecanografiado de cinco páginas, fechado el 25 de mayo. En él se dice que el consejero especial de asuntos judíos en la Embajada alemana en Budapest von Adamovic “no tiene ni idea de con qué fin o de qué modo aplicar las medidas antijudías”. También habla de su visita a la oficina de Eichmann donde supo que habían sido deportados al Reich 116.000 judíos y que la deportación de otros 200.000 es inminente. La concentración de unos 250.000 judíos de provincias al Norte y al Noroeste de Budapest comenzará el 7 de junio. El informe incluye aún más planes.

Se estima que sólo permanecerán en Hungría unos 80.000 judíos aptos para trabajar y todas las operaciones finalizarán a últimos de julio.

Este informe tiene cinco páginas y el único visto bueno que lleva es un sello de “alto secreto” en la primera hoja.

NG-5510. Es una copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 8 de mayo, donde se dice que el conde Bethlen y el Dr. Schilling no aprueban las medidas antijudías y que por tanto Veesenmayer pedirá que dimitan. “El conde Bethlen dijo que no quería masacrar a nadie y que prefería dimitir”. El visto bueno consiste en un sello de alto secreto y una nota a mano que indica que debe archivarse en el apartado “Hungría”.

NG-5532. Es una copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al ministro de Asuntos Exteriores Ribbentrop, fechada el 9 de julio, informando de que el ministro húngaro del Interior Jaross pretende concentrar a los judíos de Budapest fuera de allí y luego “enviarlos al Reich en grupos de 30.000 ó 40.000”. No lleva visto bueno.

NG-5533. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 14 de junio, diciendo que muchos judíos húngaros habían escapado a Eslovaquia “ya que caímos sobre ellos” tras el 19 de marzo. Lleva un sello de “Hungría” y “Secretario de Estado” escrito a mano en el margen inferior.

NG-5565. Copia original a máquina de un telegrama de Thadden a la Embajada alemana en Pressburg, fechado el 2 de mayo, anunciando que tendrá lugar una conferencia en Viena los días 4 y 5 de mayo con la intención de organizar el transporte por tren de “gran número de judíos húngaros para trabajar en los territorios orientales”. Sellado con “alto secreto” y con las iniciales de Thadden.

NG-5567. Copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 17 de junio, evaluando en 326.009 el número total de judíos húngaros deportados al Reich.

Contiene un sello y las iniciales de Thadden (las pruebas derivadas del examen del personal dicen que el documento contiene las iniciales de Wagner y Reichel, pero por lo que yo he visto esto no es verdad).

NG-5568. Copia mimeografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 8 de junio. “Al poner en marcha las medidas antijudías en Hungría debe mantenerse en secreto las fechas de las deportaciones y los lugares donde por orden va a procederse, con la intención de evitar que reine la inquietud entre los elementos judíos e intenten emigrar. Especialmente esto concierne al distrito de Budapest, que será la última zona y donde se espera que haya dificultades”. Está sellado y con anotaciones en lápiz azul de Thadden.

NG-5569. Consta de varias partes. La primera y la mayor es una copia mimeografiada de un telegrama de Ludin desde Pressburg (Eslovaquia) al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 14 de junio. En él se informa de que unos guardianes han entrado en los trenes que deportan a los judíos desde Hungría atravesando Eslovaquia, y les han robado el dinero y las joyas, disparando sobre algunos. Más tarde utilizaron el botín para emborracharse en un restaurante cercano. Está sellado. Las otras cuatro partes hablan del incidente y contienen varios sellos además de las iniciales de Wagner, Thadden y Mirbach.

NG-5570. Son las copias mimeografiadas de cinco telegramas. El primero está fechado el 14 de octubre e informa de los planes para la deportación a pie desde Hungría de 50.000 judíos para trabajar en el Reich. Se añade, en un tono confidencial, que “Eichmann está pensando… pedir 50.000 judíos más para así limpiar totalmente el territorio húngaro…”. Está sellado y contiene anotaciones a mano.

Las otras cuatro partes hablan de temas relativos a los judíos de Budapest, y también a los que se está deportando para trabajar. Están selladas y contienen las iniciales de Wagner y Thadden.

NG-5571. Son los telegramas a máquina intercambiados entre Veesenmayer y Altenburg, del Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 25 y el 28 de junio. En vista de que “se ha liquidado el problema judío” en Hungría, el Gobierno húngaro debe compensar al Reich con envios de alimentos. Está sellado.

NG-5573. Informe mecanografiado de Wagner a Ribbentrop, fechado el 27 de octubre. De los 900.000 judíos que había en Hungría, se han enviado a “trabajar al Este” a 437.402. Prosigue hablando de los judíos húngaros a quienes se ha permitido emigrar. Está sellado y con las iniciales de Mirbach. NG-5576. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 30 de junio. Horthy puso objeciones a las medidas contra los judíos de Budapest, pero accede a posponerlas. Así pues “ha comenzado a reunirse a los judíos de la quinta y última área de provincias (la zona que queda al Oeste del Danubio, exceptuando Budapest). Al mismo tiempo se está reuniendo a todos aquellos que están dentro de la jurisdicción del primer comando de policía en los suburbios más periféricos de Budapest, con el fin de facilitar las operaciones en la capital”. Está sellado.

NG-5594. Es un telegrama anónimo desde Budapest al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 18 de abril. “La población húngara desea urgentemente una rápida y tajante solución del problema judío, ya que temen más la venganza judía que la brutalidad de los rusos”.

Contiene notas a mano para ser archivado.

NG-5595. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 28 de abril. “Operaciones especiales” en Hungría han dado como resultado el arresto de 194.000 judíos. Está sellado y contiene notas a mano.

NG-5596. Copia a máquina de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 28 de abril. Habla de 194.000 judíos arrestados como consecuencia de operaciones especiales y de los planes húngaros para distribuir a los judíos de Budapest por toda la ciudad, debido a los bombardeos aliados. Está sellado.

NG-5597. Es una copia a máquina de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 30 de abril. Se habla de los 194.000 judíos arrestados en operaciones especiales y de los judíos que intentan ser reclutados para trabajar en Hungría y así evitar los campos de concentración. Está sellado y tiene notas a mano.

NG-5599. Copia a máquina de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 5 de mayo. 196.700 judíos detenidos en operaciones especiales. Sellado y con notas a mano.

NG-5600. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 6 de mayo. Se está concentrando a los judíos y creen que “sólo van a campos especiales temporalmente”. Está sellado.

NG-5602. Copia mecanografiada de un telegramaa de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 24 de mayo. Han sido deportados al Reich 110.556 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5603. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 19 de mayo. 51.000 judíos húngaros han sido deportados. Sellado, con notas a mano e iniciales ilegibles.

NG-5604. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 20 de mayo. 62.644 judíos húngaros han sido deportados. Sellado y con notas a mano.

NG-5605. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos de Exteriores, fechado el 20 de mayo. Habla de los mismo que el NG-2061. Con notas a mano.

NG-5607. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 16 de mayo. La deportación de los 300.000 judíos concentrados en la zona de los Carpatos y en Transilvania ha comenzado el 14 de mayo y se emplean cuatro trenes diarios cada uno con 3.000 judíos. Sellado y con notas a mano.

NG-5608. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 25 de mayo. Han sido deportados al Reich 138.870 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5613. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 20 de julio. Los nazis húngaros persuadieron a los franciscanos para que hicieran una misa de acción de gracias para celebrar la deportación de los judíos, pero el obispo se opuso y hubo que hacer ciertas componendas. Sellado y con notas a mano.

NG-5615. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 11 de julio. Han sido deportados 437.402 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5616. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 8 de julio. Han sido deportados al Reich 422.911 judíos húngaros. Está sellado.

NG-5617. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 17 de junio. Han sido deportados al Reich 340.142 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5618. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 17 de junio. Han sido deportados al Reich 326.000 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5619. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 13 de junio. Han sido deportados de Transilvania y los Cárpatos 289.357 judíos. Se esbozan los futuros planes de deportación. Sellado y con notas a mano.

NG-5620. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 8 de junio. El documento, (excepto para ), falta de la colección que hemos consultado, no obstante parece que es similar a los inmediatamente anteriores y a los inmediatamente posteriores.

NG-5621. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 2 de junio. Han sido deportados al Reich 247.856 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5622. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 1 de junio. 236.414 judíos húngaros han sido enviados al Reich por barco. Sellado.

NG-5623. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 1 de junio. 217.236 judíos húngaros han sido enviados al Reich por barco. Sellado y con notas a mano.

NG-5624. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer al Ministerio de Asuntos Exteriores, fechado el 31 de mayo. Han sido enviados por barco al Reich 204.312 judíos húngaros. Sellado y con notas a mano.

NG-5637. Memorándum a máquina de Wagner a Steengracht, fechado el 21 de mayo de 1943. Wagner informa de una visita del embajador húngaro, y habla de las dificultades suscitadas por la solución en Hungría del problema judío. Las deportaciones se llevan a cabo por etapas y, para no alarmar a los que quedan, debe permitirse a los deportados “la posibilidad de ganarse la vida, al menos durante un corto periodo de tiempo”. Sellado y firmado por Wagner.

NG-5684. Copia mecanografiada de un telegrama de Veesenmayer a Ribbentrop, fechado el 6 de julio. Un informe de seis páginas acerca de una reunión con Horthy, el cual dice que “recibía todos los días una avalancha de telegramas de instituciones nacionales e internacionales, como el Vaticano, el rey de Suecia, Suiza, la Cruz Roja y otros interesados” en los judíos húngaros. Era partidario de quedarse con los médicos judíos y también con los pelotones de trabajo judíos que hubieran sido asignados a tareas de guerra. Veesenmayer le dijo que “la solución de la cuestión judía… fué llevada a cabo por Hungría (pero) nunca habría podido concluirse sin (la) ayuda (de las SS y la SD)”. Contiene las iniciales de Steengracht.

Es necesario aclarar brevemente en qué condiciones se estudiaron estos documentos para su posterior interpretación. A menos que uno vaya a Washington para examinar los originales, se suele disponer de cuatro cosas. En primer lugar puede que haya una fotocopia del documento original, pero esto sólo ocurre las menos de las veces.

Con las otras tres cosas casi siempre se puede contar. Primeramente está la copia mimeografiada en alemán del documento original y así en vez de un ejemplar manuscrito tenemos un ejemplar mecanografiado que se dice obtenido del original escrito a mano.

Después está la traducción al inglés de este documento en alemán, y por último el material descriptivo adjunto, el “staff evidence analysis”. En el curso de su estudio aparecen una pocas contradicciones sin importancia entre las cuatro versiones y además faltan muy pocos documentos de la recopilación examinada.

Existen buenas razones para decir que algunos de estos documentos deben faltar de la lista, ya que admiten muchas interpretaciones además de la del transporte al Reich de casi todos los judíos húngaros. Este es el caso del NG-2424, pues hemos visto que la propuesta acción en Budapest tuvo lugar finalmente en octubre. El NG-5533 y el NG-5684 pueden querer decir muchas cosas, pero con respecto al último no hay duda de que algunos judíos fueron deportados al Reich concretamente para trabajar, habiendo de interpretarse así dicho documento.

Sin embargo tengo que decir al respecto que entre estos documentos hay una considerable cantidad de falsificaciones, pues fueron escritas después de la guerra. Que los acontecimientos de que hablan los documentos implicando a 400.000 judíos húngaros transportados al Reich (o Polonia) en mayo-julio de 1944, no sucedieron, es verdad por las razones ya argüidas. Sin embargo hay motivos para cierta intranquilidad al llegar a este punto ya que no parece haber falsificaciones en las partes de la leyenda exterminacionista de Auschwitz que he examinado hasta ahora. La falsificación es un negocio arriesgado y por tanto, a pesar de que realmente existe, preferiríamos obtener alguna prueba por nuestros propios medios.

Dicha falsificación es menos arriesgada si no implica la de las firmas, pues de poder obtenerse la cooperación de personas que firmaran o pusieran sus iniciales en los documentos falsificados, no se correría riesgo alguno o se minimizaría. Por tanto hay que prestar mucha atención a quien pone su visto bueno en estos documentos. Con la excepción del NG-5684 tenemos autorizaciones consistentes en iniciales y/o firmas (o supuestas firmas o iniciales) de Geiger, Nissberg, Hencke, Reichel, Mirbach, Wagner y Thadden, perteneciendo la gran mayoría de ellas a los dos últimos. Estas siete personas tienen algo interesante en común: ninguna fué acusada en el caso 11 ó, aparentemente, en cualquier otro proceso. En el caso de los cinco primeros puede argüirse que es lógico debido, bien a su baja graduación o bien a su implicación secundaria en los supuestos crímenes. Así, los cinco primeros se vieron escasamente complicados en el caso 11, apareciendo Mirbach como testigo y Hencke como deponente, ambos para la defensa.

(14)

No obstante la inmunidad de Wagner y Thadden ante la acusación resulta de lo más misterioso si no se sabe que, en apariencia, la adecuada elaboración de los documentos húngaros incriminatorios necesitaba básicamente de su exclusiva cooperación. Así pues debemos conocer sus cometidos en el Ministerio de Asuntos Exteriores lo mismo que sus experiencias postbélicas.

Eberhard von Thadden era un funcionario en el “Inland II” del Ministerio de Asuntos Exteriores. Las misiones de este grupo estaban relacionadas con las SS y por lo tanto Thadden era, por decirlo de algún modo, el “experto en judíos” de dicho Ministerio. Los contactos con Eichmann relativos a la puesta en marcha de la política judía, fuera ésta lo que fuera, eran algo muy normal. Horst Wagner era miembro del “staff” personal del ministro Ribbentrop, y como jefe del “Inland II”, era el superior de Thadden y como bien dice el documento, también estaba relacionado con la política judía del Gobierno alemán.

El Ministerio de Asuntos Exteriores había sido acusado por varios tribunales militares de estar implicado en el exterminio de judíos, y Ribbentrop fué encontrado culpable a este respecto en el IMT. Los principales acusados del caso 11 fueron algunos funcionarios de dicho Ministerio, la mayoría diplomáticos ordinarios, y lógicamente el exterminio de hebreos era uno de los cargos. Siendo ambos “ex officio” y teniendo en cuenta los documentos que hemos visto, al comenzar el caso 11, Wagner y Thadden parecían estar en un serio aprieto y además su relación con el caso 11, el de los ministros o de la Wilhelmstrasse, estaba bastante clara. Por ejemplo, el relato del NY Times anunciando la apertura del caso 11 hacía mención de ocho prominentes “acusados o testigos”, y Thadden era uno de ellos. (15)

Así pues resulta inexplicable, en circunstancias normales, que ni siquiera fueron acusados en el juicio y que ambos aparecieron como testigos de la acusación. (16)

Durante siete años continuaron los extraños sucesos pues en lo tocante a Thadden, los tribunales alemanes intentaron corregir la apabullante omisión persiguiendole. Después de que los estadounidenses le liberasen en 1949, un tribunal alemán de Nuremberg le acusó en diciembre de 1950 pero se marchó a Colonia, en zona británica, y la extradición fué denegada. Más tarde un tribunal de Colonia procedió contra él en mayo de 1952 pero el juicio nunca se llevó a cabo. Firmó una declaración jurada para la acusación del proceso a Eichmann en 1961, y a comienzos de 1964 fué arrestado de nuevo, consiguiendo su liberación cuando pagó los 500.000 dólares de fianza. En noviembre de 1964 falleció a consecuencia de las heridas recibidas en un accidente de automóvil.

Igualmente Horst Wagner fué arrestado por las autoridades alemanas en 1949, pero consiguió huir a España y luego a Italia. El proceso de extradición comenzó en 1953 pero no tuvo éxito. En 1958 regresó a Alemania para solicitar una pensión y fué arrestado, aunque pronto le liberaron cuando pagó los 20.000 dólares de fianza, a pesar de sus anteriores huidas para escapar a la persecución. Su caso parecía cerrado cuando finalmente se fijó un juicio para el 20 de mayo de 1968, 10 años después de su vuelta a Alemania. Sin embargo se pospuso varias veces por razones manifiestas y por último, a finales de 1972, su juicio se pospuso indefinidamente. A últimos de 1975 vivía en plácido retiro en un suburbio de Düsseldorf. (17)

Es todo lo que se necesita para las pruebas documentales del supuesto exterminio de los judíos húngaros. Wagner y Thadden formaron, con Hoess y otros, los “nuevos Maestros Cantores de Nuremberg” pero evidentemente lo hicieron de un modo inteligente ya que obtuvieron verdadera inmunidad contra la persecución. Llegados a este punto lo más probable es que valiera la pena que un experto estudiara los documentos en detalle.

Podría objetarse al análisis el lenguaje empleado. Por ejemplo, la expresión “nach Deutschland” del NG-2262 me suena tan común como “a América” en un documento oficial del Departamento de Estado, pero no soy el más indicado para juzgar este asunto.

En cualquier caso Wagner y Thadden tenían un as en la manga que otros no tenían sólo por el hecho de conocer la existencia de falsos documentos. Por ejemplo Hoess dependía enteramente del agradecimiento de los aliados.

No he examinado todos los documentos de la serie NG (hay más de 5.000) y por tanto no puedo rechazar la posibilidad, o incluso probabilidad, de que haya algunos más.

También es posible que alguien descifre los garabatos que pasan por iniciales y que yo no he conseguido descifrar. Sin embargo el estudio de los documentos se ha hecho bastante bien considerando lo que nos proponíamos. He profundizado más en los documentos a los que se refieren Hilberg y Reitlinger, lo suficiente como para obtener la plena satisfacción de saber cómo dependen de la colaboración postbélica de von Thadden y Wagner.

Vale la pena resaltar que Wagner y Thadden no fueron los únicos alemanes que, teniendo algo que ver con los judíos húngaros, fueron eximidos de la persecución. El general SS Otto Winkelmann, alto mandatario de las SS y de la policía en Hungría y jefe de todas las operaciones de las SS en Hungría, fué también un testigo de la acusación en el caso 11. El coronel SS Kurt Becher, representante en Hungría del “SSFührungshauptamt”

(y por tanto de Himmler), colaboró en la acusación del IMT. De hecho ninguno de los que estaban incuestionablemente implicados en cualesquiera que fuesen las medidas alemanas relativas a los judíos húngaros fué juzgado en Nuremberg (a excepción de Eichmann) o a cualquier otro lugar. Cuando el proceso de Nuremberg Eichmann había desaparecido y los demás proporcionaron las pruebas para acusar a aquellos que jugaron un papel de lo más secundario.

Nadie debe sorprenderse de encontrar las más sórdidas historias en estos juicios.

Hemos visto (págs. 22-25) que no había barreras morales respecto a los medios algunas veces empleados en la obtención de “pruebas”. Por lo tanto debemos estudiar detenidamente quienes eran los acusados del caso 11, y recordar que nunca hubo un gran jurado que realizase un proceso basado en “cargos” sólidos, y que, como confirma el libro de DuBois, la acusación decidió en cada caso quién iba a ser juzgado y por qué.

El “caso de la Wilhelmstrasse” no puede compararse a los que tuvieron lugar ante el NMT, pues todos éstos contaron con protagonistas especiales, como puede verse en la página 19. Sin embargo los ministerios o el caso de la Wilhelmstrasse fué algo semejante a un pequeño IMT, o sea que toda clase de personajes de los ministerios del Gobierno alemán fueron procesados en un juicio de gran alcance, que se dividió en una “sección de ministerios económicos” y en una “sección de ministerios políticos”, cada uno de los cuales con una acusación distinta.

La sección más importante desde nuestro punto de vista y ciertamente el caso político más crucial ante el IMT fué la “sección de ministerios políticos” del caso 11, cuyo fiscal, Robert M.W. Kempner, tenía toda una historia que contar y por ello vale la pena resumir brevemente los momentos más “brillantes” de su carrera.

El judío Kempner nació en Alemania en 1899, estudió Derecho y entró en el Ministerio del Interior prusiano en los años 20. Durante el periodo 1928-33 fué consejero jefe de la policía estatal prusiana (dependiendo del Ministerio del Interior) y se especializó en investigar al pujante partido nazi. Se convirtió en un cruzado antinazi desde su puesto oficial e infructuosa pero enérgicamente intento ilegalizar al partido.

Cuando los nazis llegaron al poder en 1933 fué cesado de su cargo gubernamental, pero aunque era judío, pudo seguir ejerciendo durante un breve periodo como consejero de leyes internacionales y de los problemas de la emigración judía, y tambiém, en apariencia, como consejero legal de la Organización de Taxistas Alemanes. No está claro si pasó detenido un tiempo en un campo de concentración o en algún otro lugar. En cualquier caso emigró a Italia en 1935 para hacerse cargo de un puesto administrativo de profesor de Ciencias Políticas en un pequeño colegio de Florencia. El Gobierno de Mussolini cerró el colegio en 1938 que se trasladó, con Kempner, a Niza, en Francia. No permaneció en el colegio por mucho tiempo y emigró a los Estados Unidos en 1939. Su madre ya tenía un empleo en la Universidad de Pennsylvania, lo cual parece que le valió su plaza de “investigador asociado” en aquella universidad. (18)

Inmediatamente escribió su cruzada antinazi: de algún modo consiguió sacar de contrabando algunos de los papeles de la política prusiana en los que él había colaborado, y los convirtió en la base de un libro que publicó en 1943. El libro es un cliché que intenta mostrar, basándose en la experiencia alemana de Kempner, que hacer en Alemania después de la guerra para suprimir el nazismo definitivamente. No fué muy difundido, pero junto con otros libros y artículos que escribió, le califican como un experto en la lucha contra los nazis. Así mismo consiguió sacar de Alemania algunos discos de mítines nazis grabados cuando trabajaba para la policía prusiana, que fueron donados a la Universidad de Pennsylvania, escribiendo también unas cuantas cartas antinazis en los periódicos. En vista de que la guerra se acercaba a su final, escribió que los líderes alemanes debían ser juzgados en los Estados Unidos ante tribunales estadounidenses ordinarios, consiguiendo mientras tanto la ciudadanía norteamericana. (19)

Durante la guerra trabajó para el Departamento de Justicia de los EE.UU. y para el OSS. Cuando estaba en este último se dijo que elaboraba listas de alemanes antinazis a quienes podía confiarse puestos dentro del Gobierno de ocupación alemán venidero. Él era uno de los numerosos judíos dentro del OSS (entre los que se contaba, por ejemplo, Herbert Marcuse).

Al acabar la contienda Kempner se fué al Departamento de Guerra y se unió al Ejército norteamericano en Alemania “a cargo del presupuesto del fiscal general”. Antes de que comenzara el juicio del IMT, jugó un papel claramente importante como enlace entre la acusación y el abogado defensor y más tarde fué jefe de la división que preparó los alegatos en los juicios estadounidenses contra acusados concretos. Durante el proceso era en apariencia un miembro normal del personal del fiscal y se centró en la acusación del ministro nazi del Interior, Frick. Así pues no parece que fuera especialmente prominente, pero justo después del juicio escribió para el NY Times un artículo acerca del gran trabajo que el juicio había hecho para educar a los alemanes. No se había aún ejecutado a los jefes políticos y militares de Alemania cuando casi al mismo tiempo predijo con gran satisfacción que los condenados nazis serían enterrados en tumbas anónimas, para “evitar fanáticas peregrinaciones de nazis aún ardientes”, pero en el último acto se alcanzó el máximo histerismo cuando los cuerpos de Goering et al. fueron fotografiados con uniforme estadounidense (con la intención de que poco después la prensa y los noticiarios se recrearan en éllas), llevados secretamente a Dachau e incinerados allí, y las cenizas arrojadas a un arroyo cercano. (20)

Cuando en 1947 ocupó su cargo en el caso 11, Kempner fué noticia por algo bastante importante desde nuestro punto de vista. En 1943 y 1944 tuvieron lugar en el país de la “libertad de prensa” ciertos “juicios por sedición” a estadounidenses cuya opinión acerca de la política de guerra del Gobierno de los Estados Unidos no se veía con agrado. El fiscal estadounidense fué O. John Rogge, de Ohio, que, durante su juventud, su familia y amigos esperaban que fuera ministro. En vez de esto se hizo abogado y se dice que fué un brillante logro de la Facultad de Derecho de Harvard. El abogado general Biddle le eligió para presidir la acusación de los procesos por “sedición”, sustituyendo a William P. Maloney, cuyos métodos provocaron protestas de numerosos e influyentes miembros del Congreso. Los procesos, que implicaron a 30 acusados, eran absolutamente contrarios a los principios constitucionales de los Estados Unidos y por fortuna fueron cerrados cuando el juez falleció en noviembre de 1944 y se les declaró viciados de nulidad. Mientras que el Gobierno planeaba abreviar la cuestión, el Tribunal Supremo revocó otra acusación de sedición, por lo que en el Departamento de Justicia se despertaron grandes dudas acerca de si proseguir o no el espectáculo. Esperemos que el lector resista esta larga digresión sobre el asunto de la “sedición” dentro de la cuestión de Kempner, pues resulta de lo más importante. (21)

Rogge perdió interés en los casos de sedición pero no en la ambigua cuestión de la amenaza interna “fascista” en los Estados Unidos. En la primavera de 1946 estuvo en Alemania reuniendo información durante 11 semanas, consiguiendo supuestos datos que resumió en un informe que envió al Departamento de Justicia a últimos del año. Como éste no reaccionó de inmediato pareció impacientarse y no pudiendo contenerse, se lanzó a pronunciar discursos en los que divulgaba parte de la “información” que pudo conseguir interrogando a alemanes. En un discurso ante el B’nai B’rith de Nueva York en octubre de 1946, dijo en un tono muy genérico que los fascistas aún gozaban de libertad “en el mundo y en este país… Hoy en día los fascistas pueden disfrazarse más sutilmente:

pueden ir diciendo sencillamente “soy anticomunista””. Pocos días después precisó mucho más a quién se refería. John L. Lewis, presidente de la Unión de Mineros, y más tarde William R. Davis, operario de la industria petrolífera y empresario, habían, según su discurso en el Swarthmore College, conspirando con Goering y Ribbentrop para derrotar al presidente Roosevelt en las elecciones de 1936, 1940 y 1944. De acuerdo con las “pruebas” obtenidas en Alemania otros importantes estadounidenses que, desde el punto de vista nazi, “podían ser organizados contra la participación de los Estados Unidos en la guerra”, eran, dijo, el senador Burton K. Wheeler, el ex vicepresidente John N. Garner, el ex presidente Herbert Hoover y el pez gordo de los demócratas James A. Farley.

Igualmente Rogge cedió parte de su información a Drew Pearson, apareciendo por aquellas fechas en la columna de éste. Debido a esta flagrante violación de las reglas y procedimientos del Departamento de Justicia así como de la profesión que desempeñaba, y quizá también por inmiscuirse en importantes círculos políticos, Rogge fué inmediatamente cesado del Departamento de Justicia por el abogado general Clark.

Rogge se defendió diciendo que después de todo él sólo hizo “un estudio del fascismo internacional, pues la gente a quien se investigó formaba parte de un movimiento internacional para destruir la democracia tanto aquí como en el extranjero”, y de nuevo precisó que dos personas dentro del complot fascista eran Mr. Douglas McCollum Stewart y Mr. George T. Eggleston, entonces miembro del “staff” del “Reader’s Digest”. Rogge dijo haber obtenido en Alemania esta información de ex diplomáticos alemanes relacionados con los Estados Unidos antes de Pearl Harbour. Pravda describió las averiguaciones de Rogge como de “escándalo”. (22)

En el periodo anterior a Pearl Harbour, Stewart y Eggleston publicaron el “Scribner’s Commentator” dedicado a intentar mantener a los Estados Unidos al margen de la guerra.

Durante 1941 Stewart había recibido una fuerte suma de dinero, 38.000 dólares, y no pudo explicar su procedencia. Dijo ante el gran jurado de los casos de “sedición” de 1943- 44 que la había encontrado en su casa. En vista de que incluso para un observador imparcial tal historia suena ridícula, el fiscal y el juez le atacaron duramente por testificar semejante cosa y como se negó a cambiar su versión le declararon en rebeldía condenándole a 90 días de cárcel (fué liberado bajo palabra de honor a los 75 días).

En el curso de 1946 el Departamento de Justicia, Rogge incluido, se convencieron de la imposibilidad de llevar a buen término cargo de “sedición” alguno, así que el proceso abierto en 1943 fué finalmente cerrado. Sin embargo así quedaba el asunto del testimonio de Stewart, que parecía ser un buen fundamento para una acusación de perjurio y, por tanto, en marzo de 1947, Stewart fué llevado a juicio por cometer perjurio ante un consejo de guerra.

El fiscal decía que Stewart recibió 15.000 de los 38.000 dólares del Gobierno alemán, y presentó dos testigos que apoyaron su versión. El barón Herbert von Strempel, ex primer secretario de la Embajada alemana en Washington, testificó que él había entregado a Stewart 15.000 dólares en el hotel Pennsylvania de Nueva York en el otoño de 1941. El dinero se consiguió, según él, de manos del Dr. Hans Thomsen, el “Chargé d’Affaires” alemán. Posteriormente Thomsen testificó en apoyo de von Strempel. De hecho, ambos testimonios eran la consecuencia directa de la expedición que Rogge hizo a Alemania en 1946 para reunir información.

La defensa de Stewart presentó pruebas de que Stewart había recibido en 1941 grandes sumas de dinero procedentes de manos estadounidenses. Se dijo que algunos potentados estadounidenses deseaban ayudar a la entonces postergada causa de mantener a Estados Unidos fuera del conflicto, pero de modo anónimo, así que pasaron dinero a Stewart sin facilitar su procedencia. Si esto era verdad o bien Stewart había ciertamente mentido al consejo de guerra por sentirse obligado a no revelar las identidades de los estadounidenses que le ayudaron apenas tiene importancia para lo que nos ocupa. Resultan más pertinentes las preguntas de la defensa a los testigos alemanes del fiscal, ya que la defensa consiguió desacreditar las tesis del fiscal demostrando que el testimonio fué obtenido bajo coerción. El barón von Strempel dijo haber sido arrestado en Hamburgo por dos agentes británicos que cuando les preguntó por su autorización, “sonrieron, sacaron sus revólveres de sus pistoleras y dijeron que esas eran sus autorizaciones”. Después pasó cuatro semanas en un centr o estadounidense de interrogatorios y siete meses en un campo de detenidos, donde fué sometido a continuos interrogatorios. Durante este tiempo su salud “nunca fué tan mala”.

Era interrogado por Robert M.W. Kempner pero no quiso hablar de esto. El juez Laws se vió obligado a hacer que von Strempel contestara la pregunta del abogado defensor Magee acerca de esta parte de sus experiencias. Finalmente dijo que Kempner le había dicho que si “ocultaba cualquier asunto de la Embajada” sería sometido a la ley marcial y condenado a muerte. Luego contó toda la historia. Los intensivos e incesantes interrogatorios le hicieron sentirse como “hipnotizado”. O. John Rogge fué uno de los interrogadores de von Strempel en Alemania y durante el interrogatorio de Rogge, dijo que le quitaron la corbata y los cordones de los zapatos, le pusieron en una celda de aislamiento y fué interrogado durante todo el día sin comida, y “todo el tiempo encerrado”.

Admitió haber firmado una declaración pero dijo que lo hizo por miedo a estar en la celda de aislamiento durante más tiempo. Esto fué lo que testificó, de modo tan negativo para la tesis del fiscal y a pesar de que los Estados Unidos estaban pagando 70 dólares por semana, más gastos de hotel, para que se presentara como testigo contra Stewart. Había también la posibilidad de que los Estados Unidos se vengaran acusándole de “crímenes de guerra”. Del mismo modo Thomsen fué repreguntado y admitió que von Strempel le había hablado de la amenaza de muerte y dijo que Rogge le “adiestró” para que recordara ciertos detalles. El jurado halló a Stewart inocente en el curso de una pausa para la comida y así fué como Kempner apareció en los periódicos incluso antes de que comenzara el caso 11. (23)

Por lo tanto, estudiando el asunto de la sedición aparece involucrado el caso de la Wilhelmstrasse, en el sentido de que Kempner entra en escena como interrogador y fiscal potencial de ex funcionarios encarcelados del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. La relación con el caso 11 se hace más clara puesto que el abogado defensor de Stewart en el juicio de 1947 fué poco después codefensor del barón von Weizsaecker, el principal acusado del caso 11. Así pues nos encontramos con el suceso poco corriente de que las dos partes implicadas en el caso 11 se habían enfrentado, casi a la vez, en un proceso legal ordinario en los Estados Unidos y que la defensa tuvo éxito en demostrar que el testimonio resultante de los interrogatorios se obtuvo bajo coerción. Esto es una confirmación extraordinariamente importante de la clase de actividades, apuntadas por las pruebas ya vistas, que eran corrientes entre los bastidores del NMT: varias modalidades de la táctica del palo y la zanahoria, y en algunos casos procedimientos de tercer grado (pero no necesariamente en todos en los que las pruebas podrían haber sido obtenidas bajo coerción). Además los éxitos en toda la línea de Magee no terminaron con el juicio de Stewart. En otra elección extraordinaria, Kempner prefirió que Friedrich Gauss testificará para el fiscal en vez de llevarle a juicio. De aquél se decía que tenía el “diabólico espíritu de Ribbentrop” y fué el principal testigo de la acusación contra von Weizsaecker.

Evidentemente Magee, por el mero hecho de ser estadounidense, tenía acceso a documentos vetados a los abogados alemanes, y pudo demostrar ante el tribunal que Kempner había amenazado a Gauss con entregarle a los rusos si no cooperaba con el fiscal, una amenaza corriente y eficaz que admitía ciertas variantes. Haeflieger, un acusado en el caso 11, era ciudadano suizo pero de acuerdo con su testimonio en el juicio, el interrogador Sachs le dijo que si continuaba manteniendo que era ciudadano suizo sería devuelto a los rusos, “haciendole notar que no había relaciones diplomáticas entre Suiza y Rusia”. Más al caso es el hecho de que von Thadden, en el turno de réplica del abogado defensor Dr. Schmidt-Leichner, admitió que Kempner a propósito de una supuesta ejecución que hicieron en Francia las autoridades alemanas “…me dió a entender que tenía dos posibilidades, o confesar o ser transferido a las autoridades francesas, ante un tribunal francés, donde mi condena a muerte era segura. Acordaron concederme un plazo de 24 horas para decidirme”.

Un periodista suizo escribió por aquel entonces que Kempner y sus colegas estaban intentando presentar el nazismo como una “maquinación de las clases superiores alemanas” con la intención de destruir la estructura social alemana anterior a los nazis.

(24)

Rogge hizo una larga e interesante carrera pero un detallado resumen nos llevaría demasiado lejos. Si se le quiere hacer justicia diremos que su actuación en los casos de “sedición” no debe hacernos pensar que las libertades civiles carecían para él de importancia, ya que cuando después de la guerra se dieron los primeros pasos para la creación de un programa anticomunista de seguridad interna, Rogge comenzó a vociferar acerca de la “caza de brujas” y, en los años siguientes fué presidente del Comité del Estado de Nueva York para la Elección de Henry Wallace a la Presidencia, un nombramiento perfectamente lógico, porque Rogge personificaba todo lo necesario en aquel movimiento para tratar con la Unión Soviética. La publicación de derechas “Nation”

le describía en 1950 como “el único independiente en los congresos, comités y delegaciones manejados por los comunistas”. Viajó a Moscú en marzo para asistir al “Congreso Mundial de Partisanos por la Paz”, dijo a los Soviets que la Guerra Fría era un error de ambos bandos y se levantó en una reunión oficial del Kremlin citando a Thomas Jefferson cosa que sus anfitriones soviéticos no apreciaron. Más adelante “Nation”

comentaba que (25):

“Es fácil rebajar a O. John Rogge a la categoria de un entrometido quijotesco, un liberal cabeza hueca con tan poco contacto con la realidad que cree que los males del mundo son un simple resultado de desafortunados malentendidos… Ha demostrado por qué los dirigentes rusos rechazan con desconfianza incluso a aquellos de los suyos que han estado en contacto con el Occidente”.

Rogge también se vió implicado en el famoso caso de los “seis asesinatos de Trenton” en 1948-1953, como abogado del “Congreso de los Derechos Civiles”. En diciembre de 1949 el juez le prohibió participar en el juicio de Nueva Jersey por:

“…violar los cánones legales de ética denunciando en público la conducción del juicio, demostrando “descortesia premeditada y contumacia”

ante el tribunal y “distorsionar deliberadamente los hechos”. (El juez dijo también que) el Congreso de Derechos Civiles… recogió más dinero del público de lo que se necesitaba para el juicio”.

Siete meses más tarde un tribunal de los Estados Unidos dijo que la prohibición a Rogge no era correcta, pero no ordenó reabilitarle. (26) Saber esto basta para nuestros propósitos.

Volviendo a Kempner, cuando en 1949 se constituyó de nuevo el Gobierno de Bonn, advirtió en contra del incipiente nazismo que allí había. Semejante opinión no le impidió dos años más tarde ser el representante de Israel en Bonn en las negociaciones relativas a la indemnización a los judíos damnificados por el Gobierno nazi. Sin embargo, al mes siguiente atacaba las exenciones y la reducción de las sentencias que otorgaron los Estados Unidos a “criminales de guerra”. (27).

Kempner aparece de nuevo en 1952 relacionado con la investigación que hizo la Cámara de Representantes (Congreso) acerca de la masacre del bosque de Katyn, una conocida atrocidad de los rusos con la que el IMT se puso claramente en ridículo.

El 13 de abril de 1943 los alemanes anunciaron que en el bosque de Katyn cercano a la ciudad de Smolensk, en Rusia (a medio camino entre Minsk y Moscú) se habían descubierto fosas comunes de oficiales polacos capturados en 1939 por los rusos. Cuatro días después el ministro de Defensa del Gobierno polaco en el exilio (en Londres) anunció que se había pedido a la Cruz Roja Internacional que hiciera una investigación. Los alemanes apoyaron la propuesta pero los rusos se opusieron, alegando que los polacos de Londres eran los “colaboradores polacos de Hitler”, y el 26 de abril rompieron relaciones diplomáticas con este Gobierno por esta cuestión.

Debido a la negativa rusa, la Cruz Roja no quiso implicarse. Sin embargo, el Gobierno alemán mostró las fosas comunes de Katyn a varios grupos de polacos, a un grupo de corresponsales extranjeros, a otro de periodistas alemanes, a un pequeño grupo de prisioneros de guerra angloamericanos y, lo que es más importante, a una comisión internacional de expertos forenses (especializados en facilitar diagnósticos clínicos para procesos legales). La comisión redactó un informe que demostraba con toda certeza que estos oficiales polacos habían sido asesinados por los rusos antes de las hostilidades entre Rusia y Alemania en junio de 1941.

Nada más descubrirse las tumbas el servicio de propaganda alemán, sin saber cuántos cadáveres había pero conociendo el número de oficiales polacos que pudieron ser víctimas potenciales, dió las cifras de 10.000 y 12.000 para la cantidad de cuerpos descubiertos, las cuales recibieron intensa publicidad durante la guerra. En consecuencia, el acta de acusación del IMT contra los alemanes hablaba de 11.000 oficiales polacos asesinados en Katyn, aunque a últimos de 1943 se dijo que sólo se encontraron 4.253 cadáveres. El Gobierno alemán notificó este hecho pero naturalmente, como estaba en contradicción con lo que se dijo en un principio, no se dió al verdadero número mucha publicidad.

Lo ocurrido en el IMT respecto a este asunto ilustra la ligereza de este tribunal para con cualquier tipo de legalismo. El testimonio de los miembros de la comisión de forenses resultaba lógicamente de interés, así que los rusos presentaron al profesor Marko Markov, un ciudadano residente en Bulgaria, que era uno de los signatarios del informe de la comisión. Estando Bulgaria, por entonces, bajo control soviético, Markov cambió de idea y testificó a favor de los rusos diciendo que los alemanes le habían intimidado para que aprobara el informe de la comisión. (28)

Por otra parte el defensor de Goering llamó a testificar al presidente de dicha comisión, profesor F. Naville, pudiéndose apreciar aquí la ausencia de eficacia del tribunal para conocer la verdad incluso si hubiera querido hacerlo. Naville era ciudadano suizo, residente en Ginebra, y no estaba obligado a testificar por lo que se negó a ello. La razón es obvia; el defensor del mariscal de campo Keitel también pidió a Naville (ex representante de la Cruz Roja Internacional) que respondiera a unas preguntas (acerca de varios asuntos) que se le harían por escrito, pero parece que estas preguntas nunca llegaron a hacerse. Así pues el Tribunal del IMT mostró sus prejuicios en contra de que apareciera un testigo más fiable: el ciudadano de un país neutral durante la guerra e independiente después de ella (sólo estoy diciendo que el Tribunal del IMT no podía rechazar a un testigo semejante. Hemos visto que Burckhardt, el presidente de la Cruz Roja, respondió voluntariamente a las preguntas que le hizo en Suiza la defensa de Kaltenbrunner). La defensa llamó por último a testificar a tres soldados alemanes (en este caso se permitieron tres testigos a cada parte). (29)

La resolución última del tribunal respecto al asunto de Katyn fué vergonzosa independientemente de la realidad de las atrocidades: recibió un discreto carpetazo y no aparece en la sentencia. Los alemanes no “fueron” ni culpables ni inocentes de este crimen ruso y el tribunal escurrió el bulto.

En 1952 la Cámara de Representantes de los Estados Unidos investigó la masacre de Katyn y lógicamente se interesó por saber qué pasó en el IMT a este respecto. El comité creado para este propósito realizó algunas audiencias en Frankfurt, Alemania, en abril de aquel año. Entre otros, el comité escuchó a representantes tanto de la defensa como de la acusación del IMT. Para representar al lado alemán el comité llamó lógicamente al Dr. Otto Stahmer que había sido defensor de Goering, el principal acusado, y también el único que batalló ante el IMT sobre el tema. Por el lado de la acusación estadounidense el comité eligió, sorprendentemente, a Robert M.W. Kempner.

El estudio del proceso no indica por qué se eligió a Kempner, pues el que viviera por entonces en Alemania y el que el comité creyera oportuno escucharle en Frankfurt no explica nada. En el curso de todas sus audiencias al único miembro de la acusación que el comité escuchó fué al juez Jackson, pero su aparición en Washington en noviembre fué de algún modo protocolaria y no aportó nada al acta.

De acuerdo con las actas de la audiencia pública de Frankfurt, Kempner dijo que la masacre de Katyn era, al entender de la acusación, “claramente un asunto de los rusos que éstos llevaron muy bien desde el principio… no tenemos derecho a interferir de algún modo”. Sin embargo, después de escuchar a los testigos, la opinión de todos, según Kempner, era que Goering se había apuntado una victoria. Así pues el que la sentencia no mencionase a Katyn pone en entredicho la integridad de los procesos de Nuremberg, y la prueba de ello va implícita en las preguntas de los miembros del comité. Se preguntó a Kempner acerca de la posibilidad de que miembros de la acusación de los Estados Unidos tomaron parte en asuntos entre bastidores por lo que respecta a Katyn, negando aquél que algo parecido sucediera. Igualmente, contestando a más preguntas, negó que hubiera alguna “conspiración o intentos de confabulación entre alguien de la parte estadounidense y alguien de la rusa”. (30)

El “N.Y. Times” informó de que el tono de las audiencias de Frankfurt “ponía en tela de juicio los procedimientos por los que se regía el juicio de Nuremberg. Funcionarios de los Estados Unidos que participaron en las audiencias expresaron en privado su preocupación por el asunto”. (31) El “Chicago Tribune” dijo que en una sesión secreta la noche anterior a la audiencia pública de Frankfurt, Kempner admitió que los miembros de la acusación estadounidense en el IMT tenían pruebas de la culpabilidad rusa en la masacre de Katyn.

El comité electo para el tema de los asesinatos del bosque de Katyn concluyó que el Gobierno de los Estados Unidos había silenciado la verdad sobre el tema tanto durante como inmediatamente después de la guerra. Particularmente un informe del teniente coronel John H. Van Vliet Jr., uno de los prisioneros de guerra estadounidenses que vió las fosas comunes, “desaparecio más tarde de los ficheros del Departamento de Estado o de los del Ejército”. También se supo que la Comisión Federal de Comunicaciones había coaccionado a emisoras de radio para que no criticaran a los rusos. (32)

En los años posteriores a 1952 Kempner hizo poco en relación a los nazis, pero cuando el asunto Eichmann, volvió a las andadas y fué “consejero” del Gobierno israelí en la obtención de pruebas para el proceso. Desde entonces se mostró muy activo.

Colaboró con un artículo en el “Yad Vashem Studies” acerca de los métodos para interrogar a los nazis en los juicios, y publicó un libro en alemán refundiendo los viejos mitos de la propaganda. En 1971 dió su aprobación a la condena del teniente Calley y en diciembre de 1972 respaldó las “pruebas” de turno que Ladislas Farago había reunido para demostrar que Martin Bormann estaba en Argentina, lo cual acabó en fiasco.

Evidentemente, como en los viejos tiempos, Kempner declaró que “los Estados Unidos y sus aliados deben volver a abrir el caso Bormann en el contexto del Tribunal Militar Internacional (IMT)”. (33). Bormann había sido juzgado ante el IMT “in absentia” y condenado a muerte. Nunca fué encontrado y hoy en día se está por lo general de acuerdo en que murió en Berlín.

Por lo que respecta a Kempner, se pueden sacar tres conclusiones principales de este breve resumen (totalmente basado en datos de las actas públicas) de su carrera.

Primero, que puede calificarsele con toda certeza de fanático antinazi, que comenzó a serlo en los años 20, cuando los nazis no eran más criminales que el resto de los grupos de la violenta y caótica escena política alemana (los comunistas y los socialdemócratas también tenían ejércitos privados). Obviamente el antinazismo resulta ser la apasionada vocación de Kempner. Segundo, que él fué una personalidad extremadamente importante en los juicios que los Estados Unidos organizaron en Nuremberg. Hemos visto que ostentaba importantes puestos clave en el IMT y más tarde fué también considerado como una autoridad especial sobre lo que allí ocurría. A finales del juicio del IMT la prensa le describía como “el experto de Jackson en asuntos alemanes” y como “jefe de las investigaciones y búsquedas… de Jackson”. (34) En el IMT llevó la acusación del caso más importante: la sección política del caso de la Wilhelmstrasse y muy bien pudo haber sido el personaje más relevante de los miembros de Nuremberg, aunque se necesitaría investigar más para sacar a la luz la auténtica jerarquía de poder de dichos miembros, si es que esto fuera posible. James M. McHaney dirigía la división que preparó los casos 1, 4, 7, 8, 9 y 12. Taylor ya ha hablado sobre otros prominentes personajes en el NMT.(35).

La “Encyclopedia Judaica” describe a Kempner como “jefe de la acusación” del juicio del NMT.

La tercera conclusión que puede extraerse es que hay muy buenos motivos basados en las actas públicas, para creer que Kempner abusó de sus poderes ante el Tribunal Militar, presentando “pruebas” obtenidas por métodos indecorosos que implicaban amenazas y diversas modalidades de coerción. El caso Stewart lo demuestra irrefutablemente.

Este es el hombre con poder de vida o muerte sobre Eberhard von Thadden y Horst Wagner.

Hemos dicho todo sobre Kempner y llegamos así al momento, dentro de nuestro estudio sobre Hungría, en el que aparecen claramente las irregularidades en la obtención de las pruebas del caso 11. Así pues ha sido necesario centrarse en dos cuestiones:

quién era el acusado del caso 11 y qué grado de integridad había en las operaciones de los juicios de Nuremberg. Hemos sabido que puede conocerse la verdad de la última cuestión estudiando la primera, pues el conocer la carrera de Kempner nos revela todo lo necesario para medir la fiabilidad de las pruebas presentadas en dichos juicios.

Lógicamente, cualquiera interesado en mantener la autenticidad de los documentos exterminacionistas relativos a Hungría debe aportar alguna tortuosa historia cuya estructura nos es inimaginable.

Otra persona implicada en los documentos es Veesenmayer, que era un acusado del caso de la Wilhelmstrasse, y al que se le preguntó acerca de algunos de dichos documentos. La línea que adoptó en su testimonio fué razonable dada su intención de obtener o clemencia o bien una sentencia breve. Tuvo que contar todo lo que sucedió en Hungría y por lo tanto incluyó en su testimonio las medidas contra los judíos. Sin embargo, no concedió entonces a dichas medidas la importancia que nosotros les damos ahora.

Testificó que a menudo recibía 20 órdenes diarias y que en el curso de un mes recibía órdenes que se contradecían mutuamente. Sus informes, dijo, eran naturalmente elaborados por ayudantes, él los revisaba a toda prisa y luego los firmaba. Le enseñaron documentos en los que él informa de dos convoyes, conteniendo cada uno 2.000 judíos aptos para el trabajo, que fueron enviados a Auschwitz en abril de 1944, y al preguntársele si eran auténticos, aclaró que no podía recordarlo pero que era “bastante posible”, aunque él nunca supo lo que era Auschwitz. Al mostrársele el NG-5567 en el que él informa de que hasta el 17 de junio habían sido deportados de Hungría 326.009 judíos, dijo igualmente que era “bastante posible”. En otras palabras; que no quería implicarse de ningún modo en tales asuntos, adoptando una postura tajante o bien afirmando o negando los hechos alegados. Si hubiera dicho que recordaba claramente, con todo detalle, las deportaciones masivas de judíos de la primavera y el verano de 1944 así como las cifras presentadas, semejante testimonio le hubiera implicado en los supuestos exterminios. Por otra parte, si hubiera negado la veracidad de dichas deportaciones en masa, se habría visto envuelto en cualquier cosa que hubiera pasado e igualmente, gracias a tal deposición, habría lanzado un desafío al fiscal y al tribunal que nadie hubiera ignorado. Así pues esta es la razón de su testimonio. También dijo que le preocupaba la deportación de los judíos de Budapest porque existía el peligro de un levantamiento a medida que los rusos se aproximaban. Cuando se le pidió que aclarase este asunto explicó lo siguiente:

“De hecho el dilema era; “¿Se sostendrá el frente o no? Si Budapest se levanta todo el frente será arrollado… Si yo me planteaba estas cuestiones, lo cual no niego que ocurriera, lo hacía únicamente desde un punto de vista militar. ¿Qué puedo hacer para mantener el frente oriental tanto tiempo como sea posible? Sólo desde este punto de vista”.

Veesenmayer fué condenado a 20 años de cárcel pero estaba libre a comienzos de 1952. (36)

Este momento parece ser tan bueno como cualquier otro para subrayar algo que los que escriben sobre el tema han olvidado realmente. Durante la Segunda Guerra Mundial se estaba en guerra, y los alemanes estaban pensando en cómo ganarla, no en cómo exterminar a los judíos. Lo que dice el documento NG-2233 de que el programa de exterminio gozaba en cuanto a las vías férreas de prioridad sobre la producción militar, es completamente ridículo.

Pasando a lo que realmente sucedió en Hungría, hay que darse cuenta de que el informe de la Cruz Roja dice que la política básica alemana en 1944 consistía en internar a los judíos de Europa Oriental, debido a que suponían una amenaza para la seguridad a medida que el frente se acercaba. Es decir, que los documentos que hablan de concentraciones y deportaciones de grandes cantidades de judíos húngaros pueden ser auténticos sólo en lo tocante a la concentración, pues esta era la política seguida en los países vecinos. Sin embargo parece imposible que en ningún lugar se concentrara a 400.000. Esto habría supuesto una operación grande en exceso.

Es posible hacerse una idea más precisa de lo sucedido en Hungría, complementando la versión de la Cruz Roja con el estudio de los documentos, pero rechazando aquellos de los cuales que son falsificaciones manifiestas. Por fortuna tenemos una colección de dos volúmenes de reproducciones de documentos originales seleccionados que es “La destrucción de los judíos húngaros”, editado por Randolph L.

Braham; estos volúmenes ofrecen al lector normal un cómodo sustituto de la auténtica colección de documentos. El estudio de los materiales incluidos, y rechazando como falsificaciones a los que pretenden la deportación de 400.000 judíos húngaros, despliega ante nosotros una historia verosímil. El 14 de abril de 1944, Hungría acepta deportar 50.000 judíos útiles para trabajar en Alemania (pág. 134, NG-1815). El 19 de abril, Veesenmayer solicita vagones de mercancias, cuya consecución “encuentra las mayores dificultades”, para la deportación de 10.000 judíos útiles proporcionados por los húngaros (pág. 138, NG-5546). Por último el 27 de abril Veesenmayer informa del envio inminente por barco a Auschwitz de 4.000 judíos útiles (pág. 361, NG-5535). Igualmente el 27 de abril, Ritter informa de la demora en la deportación de 50.000, debida a la escasez de vías férreas (pág. 362, NG-2196). A últimos de año, el 11 de julio, Veesenmayer informa de la dificultad de llevar a cabo la política judía en Hungría por culpa de las políticas más benevolentes practicadas en Rumanía y Eslovaquia (pág. 194, NG-5586). El 25 de agosto, Veesenmayer informa de la orden de Himmler para detener las deportaciones de Hungría (pág. 481, ningún documento numerado), y el 18 de octubre Veesenmayer informa de las nuevas medidas para los judíos húngaros (pág. 226, ningún documento numerado). Una historia verosímil y coherente con el informe de la Cruz Roja. También puede aclararse que acerca de Hungría, los autores de la fábula intentaron de nuevo convertir en ambiguos hechos perfectamente válidos. Ciertamente hubo deportaciones de judíos húngaros en la primavera de 1944 hacia Auschwitz entre otros sitios. Sin embargo las deportaciones, realizadas únicamente con el fin de conseguir mano de obra, se vieron seriamente limitadas al desintegrarse la red ferroviaria europea, y parece que no se llevaron a cabo en el tiempo previsto o pretendido en un principio.

Es necesario hablar brevemente del asunto Joel Brand, una propuesta para intercambiar judíos húngaros por camiones y otros suministros.

La política alemana de preguerra, hasta cierto punto mantenida a comienzos del conflicto, consistía en promover por todos los medios la emigración judía. Sin embargo, después de que la guerra se transformase en una gran conflagración, dicha política cambió, y la emigración desde países de la esfera alemana se hizo muy difícil para los judíos. Lógicamente la razón principal era que tales judíos constituían una mano de obra, y esto podía perjudicarles y de hecho lo hizo. Existen varias razones menos relevantes; la más importante de las cuales era que intentando enfrentar a los británicos con los árabes, los alemanes apoyaron al bando árabe en el tema de la emigración judía en Palestina.

Así pues, la típica actitud alemana en la última mitad de la guerra consistía en que la emigración judía podía llevarse a cabo intercambiando judíos por alemanes retenidos en el extranjero, especialmente si los judíos no iban a Palestina. Hemos visto que Belsen sirvió como campo de tránsito para los hebreos a intercambiar.

El asunto Brand se ajusta a esta política alemana salvo en algunos detalles relativos al “quid pro quo”. Los alemanes deseaban que los judíos emigraran a cambio de camiones y otros suministros. Así pues no hay nada malo en el asunto Brand, una vez que se comprende que las vidas de los judíos húngaros no estaban en peligro.

A pesar de que la transacción Brand no se consumó, los alemanes y los húngaros autorizaron que una riada de judíos emigrara desde Hungría a Suecia, Suiza y los Estados Unidos, por ejemplo. Un número bastante mayor llegó ilegalmente hasta Eslovaquia y Rumanía en 1944 (en sentido opuesto a los que antes fueron a Hungría).

Los documentos Steengracht de la defensa números 75, 76, 77 y 87 dan una idea de la situación.

La lista de recortes propagandísticos de 1944 incluida en este capítulo demuestra que Auschwitz (Oswiecim en el texto) por fin aparece en la propaganda como campo de exterminio en el periodo inmediatamente posterior al día D, cuando nadie prestaba atención a semejantes historias. A últimos del verano de 1944 la cuestión se centró en el campo de Lublin, tomado por los rusos a finales de julio. La consabida estupidez propagandística giró en torno a los hornos crematorios (en número de cinco) encontrados allí, el Zyklon, algunos huesos (presuntamente humanos) etc…, y Lublin continuó figurando en la propaganda como el principal campo de exterminio hasta bien entrado el otoño de 1944. (37)

Con esto termina nuestro estudio de las acusaciones de Auschwitz. No es posible creerselas, pues son tan pasmosamente absurdas que incluso resultan difíciles de resumir. Se nos dice que los nazis estaban llevando a cabo exterminios masivos de judíos en el centro industrial de Auschwitz, empleando para las ejecuciones el muy conocido insecticida Zyklon B. Los 30 ó 46 hornos crematorios de Auschwitz, usados para incinerar los cadáveres de gran número de personas que morían por causas ordinarias, se empleaban para hacer que los cuerpos de los exterminados desaparecieran sin dejar rastro. Como centro de exterminio, Auschwitz era lógicamente el lugar al que los judíos húngaros eran enviados por barco para su ejecución. Los envios de hebreos, reclutados debido a la desesperada necesidad de mano de obra en la industria de guerra, se retardaron para transportar a los judíos húngaros hasta su lugar de ejecución en Auschwitz. Los 46 hornos crematorios existentes en aquel campo resultaron inadecuados para incinerar en piras a la vista de todo el mundo. La eliminación de los judíos húngaros escapó a la atención del delegado en Budapest de la Cruz Roja Internacional, que seguía muy de cerca la cuestión judía, y la prueba de todo lo anterior, presentada por el Gobierno de los Estados Unidos, consiste en documentos cuya autenticidad viene avalada por el visto bueno de los especialistas en política judía Wagner y von Thadden, ambos incriminados en dichos documentos. Sin embargo el Gobierno de los Estados Unidos no procede contra Wagner y von Thadden en el caso de la Wilhelmstrasse, donde las sentencias estaban en manos de un eterno perseguidor de nazis (Kempner), y donde un abogado estadounidense descubrió que las pruebas se obtuvieron bajo coerción, haciendo lo mismo en un proceso legal ordinario de los Estados Unidos en Washington donde Kempner también se hallaba presente.

Tampoco pudo el Gobierno de los Estados Unidos, a pesar de toda su charlatanería durante 1944, evitar en modo alguno, ni siquiera fotografiar, los presuntos hechos de Auschwitz.

¿Quién puede creerse semejante historia?

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CAPITULO VI. ET CETERA

Las acusaciones exterminacionistas se han encontrado en Auschwitz de tal manera que este libro podría acabarse aquí justificadamente. Puesto que la parte central de la leyenda es falsa, no existe razón alguna para que el lector crea cualquier otra parte, incluso cuando la evidencia pueda parecer relativamente aceptable a primera vista.

Enviaron a Europa cientos de experimentados funcionarios para que reunieran las “pruebas” de los exterminios y otros crímenes relacionados, y ya hemos visto qué clase de historia resultó en lo que respecta a Auschwitz: un montaje construido a base de perjurio, falsificación, tergiversación de los hechos y desfiguración de documentos. No hay razón para esperar nada mejor respecto a las partes menos conocidas de la leyenda. Sin embargo debe examinarse el resto de la historia, en parte por rigor, en parte porque dicho examen puede hacerse rápidamente y en parte porque desde cierto punto de vista hay un hecho de la leyenda que pueda ser parcialmente auténtico. Conviene también ocuparse de algunos sucesos extraños que podrían sorprender a algunos lectores en calidad de pruebas de las acusaciones de exterminio.

La evidencia de exterminios en Belzec, Chelmno, Lublin, Sobibor y Treblinka es casi completamente nula: está el “affidavit” y el testimonio de Hoess, la declaración Gerstein y el documento de una carta del Dr. Wetzel, otro nazi inmune a las persecuciones, que dice que “no hay objeciones para deshacerse, mediante el remedio de Brack, de aquellos judíos incapacitados para trabajar” (NO-365). El documento está escrito a máquina y parece que lleva las iniciales de Wetzel, el cual había dirigido la Oficina de Política Racial del NSDAP, pasando en 1941 al Ministerio para los Territorios del Este de Rosenberg, donde sirvió como experto en la cuestión judía. No hay pruebas de que la carta, dirigida a Heinrich Lohse, comisario del Reich para los Territorios Orientales (ver mapa de la figura 1)

se enviara alguna vez. Un documento parecido, que lleva la firma mecanografiada de Wetzel, es el NG-2325. Wetzel no fué llamado como testigo en ninguno de los juicios de Nuremberg, y tampoco fué amenazado con persecuciones hasta 1961 en que resultó arrestado en Hannover por las autoridades alemanas. Sin embargo su caso desapareció inmediatamente de la vista del público y nunca más se volvió a saber de él excepto que dictaron cargos en su contra en 1966; si esto es verdad es extraño que no le incluyeran en el “Libro Marrón” germano-oriental de 1965. No obstante el juicio jamás tuvo lugar. (1)

Tendremos la ocasión de comentar más tarde el caso de Lohse.

El Viktor Brack de la carta de Wetzel era un funcionario de la Cancilleria del Führer implicado en el programa nazi de eutanasia. La acusación que nos ocupa habla de que las cámaras de gas de Polonia, sólo las que presuntamente se utilizaron en Auschwitz, “surgieron” a partir del programa de eutanasia que, se dice, utilizaba cámaras de gas. A pesar del testimonio de Brack, es difícil de creer que la eutanasia se practicara en los hospitales alemanes gaseando 20 ó 30 personas al mismo tiempo con monóxido de carbono. Auschwitz, lógicamente, debe excluirse de esta “evolución” a partir del programa de eutanasia debido a, entre otras razones, el testimonio de Hoess. Reitlinger y Hilberg no parecen preocuparse de la confusión que con esto se crea en la estructura de la leyenda.

El programa de eutanasia se hizo realidad gracias a un decreto de Hitler del 1 de septiembre de 1939 que autorizaba la muerte misericordiosa de pacientes deshauciados.

Más tarde se incluyó a los enfermos graves. El programa encontró una profunda hostilidad en la población alemana especialmente desde que rumores de origen desconocido comenzaron a circular diciendo, inter alia, que se gaseaba a viejos y a enfermos. El 6 de noviembre de 1940 el cardenal Faulhaber de Munich escribió al ministro de Justicia poniendo de relieve las objeciones de la Iglesia Católica y señalando que (3):

“… se ha despertado un gran malestar en nuestro pueblo porque en todas partes se habla de los fallecimientos en masa de enfermos mentales y por desgracia están surgiendo los rumores más absurdos acerca del número de muertes, el procedimiento utilizado, etc”.

No pasó mucho tiempo sin que el programa de eutanasia apareciese en la propaganda y en diciembre de 1941 la BBC emitía un comunicado del escritor Thomas Mann, en el cual Mann apremiaba al pueblo alemán para que rompiera con los nazis.

Enumerando los crímenes nazis Mann decía (4):

“En los hospitales alemanes se mata a viejos, débiles y enfermos incurables mediante gas venenoso – según un médico alemán, 2.000 ó 3.000 por hospital”.

Esto parece ser la primera aparición de las cámaras de gas en la propaganda, pero en nuestra opinión, no se trata de la propaganda de exterminio, que comenzó medio año después y en el curso de la cual parece no mencionarse el programa de eutanasia. La relación entre este programa y los exterminios llegaría mucho después.

En el IMT la acusación no intentó relacionar ambos asuntos pues esto fué tarea de un testigo de la defensa. En los últimos días del IMT apareció Konrad Morgen como testigo de la defensa de las SS. Hemos visto que Morgen descubrió la red criminal de corrupción tejida en torno al comandante Koch de Buchenwald. Por tanto Morgen era considerado un “buen” SS a diferencia de los canallas sanguinarios que habían sido sus colegas y camaradas (a él se le seguía considerando un buen tipo, aunque no tan bueno como Gerstein, que por entonces había conseguido la beatificación en la liturgia del “holocausto”). Como testigo de la defensa de las SS bajo circunstancias en apariencia desesperadas, Morgen contó una historia forzosamente lógica y verdaderamente, la lógica de su testimonio tiene una importancia para nuestro estudio que trasciende lo inmediato de lo que nos ocupa.

Morgen testificó que en el curso de sus investigaciones de los campos llevadas a cabo en cumplimiento de sus deberes de oficial SS, descubrió, inesperadamente, programas de exterminio en Auschwitz y Lublin, pero en los cuales la implicación de las SS era nula o mínima. Wirth, que pertenecía a la Policía Criminal ordinaria, asistido por destacamentos de trabajadores judíos (a quienes se les prometió parte del botín) dirigía los exterminios de Lublin. Según Morgen, Wirth supervisaba tres campos de exterminio adicionales en Polonia. Aunque la Policía Criminal, la Kripo, dependía administrativamente de la RSHA, Morgen tuvo cuidado en señalar que el “KriminalKommissar” Wirth no era miembro de las SS, y dijo que éste había sido asignado a la Cancilleria del Führer, que había tenido que ver con el programa de eutanasia (lo cual es posiblemente verdad) y que más tarde había recibido órdenes de la Cancilleria del Führer para que los exterminios, alcanzaran también a los judíos. Aunque el único móvil del testimonio de Morgen era el fútil intento de absolver a las SS, Reitlinger y Hilberg lo consideran una “evidencia” y no tienen en cuenta el hecho de que Morgen, en su intento de exculpar a las SS, testificó también que en Auschwitz el campo de exterminio era Monowitz, el único campo de todo el complejo que era administrado por Farben. Morgen no fué lo suficientemente lejos como para decir que Farben tenía su propio programa de exterminio industrial pero declaró que la única implicación de las SS eran unos pocos reclutas bálticos y ucranianos que hacían de guardianes y que “toda cuestión técnica estaba casi exclusivamente en manos de los prisioneros”. (5)

Obviamente la estratagema de Morgen inspiró de nuevo a la acusación pues no se les había ocurrido relacionar los exterminios con la eutanasia. Como era muy tarde para hacerlo en el IMT, se hizo en el caso 1 del NMT (en realidad el programa de eutanasia se relaciona muy de lejos con los exterminios en la “declaración Gerstein”, que aquí reproducimos en el apéndice A – la “declaración Gerstein” fué presentada como prueba en el IMT mucho antes del testimonio de Morgen, pues nadie la prestó atención). Para nosotros, la relación de los exterminios con la eutanasia es otro ejemplo del “hecho excesivo”; los inventores se encuentran tan preocupados con añadir algún hecho real a su historia que no pensaron en que una buena mentira está mejor exenta de algunos hechos reales.

Parece que esto apoya las pruebas de que los gaseamientos en los campos de Polonia sólo se hicieron en Auschwitz.

Diremos de nuevo que la lógica del testimonio de Morgen, en calidad de estrategia de la defensa cara a la sala, reviste cierta importancia para nuestro estudio. Obviamente la defensa calculó que el tribunal permanecería inamovible en el asunto de la existencia de los exterminios y por lo tanto el testimonio de Morgen invitaba a abrazar la teoría de que otros, y no las SS, eran los culpables.

Antes de pasar a ocuparnos de las actividades de los Einsatzgruppen en Rusia, es conveniente revisar varias declaraciones hechas o supuestamente hechas por ciertos nazis, la mayoría tras la guerra, y que explícita o implícitamente hablan de exterminios.

Una importante categoría comprende las declaraciones hechas por acusados o testigos alemanes en los juicios por crímenes de guerra. Al sopesarlas hay que tener en cuenta el simple hecho de que las potencias que llevaron a cabo los juicios se hallaban comprometidas, como un hecho político incontroversible, con la leyenda del exterminio judío, especialmente en lo que respecta a Auschwitz. Sus líderes habían dictado los cargos pertinentes mucho antes de tener un asomo de lo que hoy llamamos “prueba”, y así, los tribunales estaban comprometidos a priori con la leyenda. En estos juicios, que el tribunal fallara que los exterminios nunca tuvieron lugar no estaba en modo alguno dentro del abanico de posibilidades. Esto es un hecho innegable.

Por otra parte, con sólo un diminuto puñado de excepciones, los tribunales no estaban comprometidos a priori en la cuestión de las responsabilidades individuales. En lo tocante a las personas no eran tan rigurosos, políticamente hablando. La mayoría de las veces dictaminar ausencia de responsabilidad era enteramente posible (pero no probable). Todos los casos de la defensa fueron organizados teniendo presentes estas observaciones innegablemente válidas e, incluso con aquellos individuos cuyos casos carecían de esperanzas, los abogados no tenían otra elección que proceder con la creencia de que un veredicto favorable cabía dentro de lo posible. Al considerar los juicios desde este punto de vista, resulta muy útil hacerlo cronológicamente.

El primer juicio relevante no fué el IMT sino el “juicio de Belsen”, llevado a cabo por un tribunal militar británico, a alemanes que se encontraban entre los empleados del campo cuando fué ocupado. El comandante, el capitán SS Josef Kramer, fué, por supuesto, el principal acusado. Sin embargo la importancia del juicio de Belsen estriba en el hecho de que Kramer había sido antes (durante 1944) comandante de Birkenau. Su juicio tuvo lugar en el otoño de 1945 y terminó en noviembre justo antes de que empezara el del IMT. Kramer fué ahorcado en diciembre de 1945.

Por fortuna tenemos la primera gran declaración que Kramer hizo en respuesta a las preguntas británicas. Su importancia descansa en el hecho de tener lugar antes de que los alemanes se percatasen de que los tribunales aliados no bromeaban y eran inamovibles acerca del tema de la realidad de los exterminios (podía haberse hecho aproximadamente un mes después de la ocupación de Belsen pero este no es el caso).

En la declaración interviene cierta “lógica de tribunal” y por este motivo la incluimos en el apéndice D. El relato está de completo acuerdo con lo que hemos dicho aquí, a saber; que había crematorios en todos los campos de concentración, y que algunos tenían tasas de mortalidad muy elevadas, especialmente Auschwitz, el cual, ya que era un campo gigantesco, requería crematorios relativamente grandes. Su declaración es bastante franca en cuanto a los desagradables sucesos de los campos y es una descripción tan precisa como la que nosotros podamos hacer. En lo tocante a las atrocidades dijo firmemente:

“He sabido lo que han dicho antiguos prisioneros de Auschwitz acerca de una cámara de gas, las ejecuciones masivas y las flagelaciones, la crueldad de los guardias y que todo esto ocurría en mi presencia o con mi conocimiento.

Todo lo que puedo decir es que es falso de principio a fin”.

Más tarde Kramer se retractó de esta firme actitud e hizo una segunda declaración, reproducida también en el apéndice D, en la cual testifica la existencia de una cámara de gas en Auschwitz, añadiendo que no era responsable de ella y que los exterminios estaban bajo el control directo de la administración central del campo en Auschwitz I.

Durante su juicio, dió dos motivos para explicar las discrepancias entre ambas versiones (6):

“La primera es que en la declaración inicial se me dijo que los prisioneros alegaron que las cámaras de gas estaban bajo mi mando y la segunda y principal razón era que Pohl, con quien yo hablé, me tomó la palabra de honor de que debía guardar silencio y no revelar a nadie en absoluto la existencia de las cámaras de gas. Cuando declaré por primera vez aún me sentía ligado por esta palabra de honor que di. Cuando declaré por segunda vez, en la prisión de Celle, las personas a quienes yo me sentía ligado por honor, Adolf Hitler y el Reichsführer Himmler, habían muerto y pensé que nada me obligaba ya hacia ellos”.

Lo absurdo de esta explicación; es decir, que las primeras veces que fué interrogado estaba intentando mantener en secreto cosas que sus interrogadores le estaban repitiendo indefinidamente y que, por entonces llenaban la prensa aliada, no impidió que Kramer y su abogado las alegaran ante el Tribunal. La lógica de la defensa de Kramer era básicamente idéntica al testimonio de Morgen. Aquél disponía de la coyuntura necesaria para intentar una versión que le esculpara de verse implicado en asesinatos masivos en Birkenau. La verdad, o sea que Birkenau no fué un campo de exterminio, no tenía posibilidades de ser aceptada por el tribunal y era una imposibilidad política. Haber sostenido la verdad hubiera sido heroico por parte de Kramer, pero también suicida puesto que habría significado no hacer defensa alguna de la cuestión de su tarea en Birkenau. Incluso si se hubiera sentido héroe, había poderosos argumentos para hacerle desistir. Su familia, como todas las familias alemanas de entonces, estaba desesperada y necesitaba de él. Si a pesar de todo hubiera persistido en su heroísmo, su abogado no habría cooperado. Ningún abogado elige conscientemente una estrategia suicida cuando es evidente que hay alguna posibilidad de éxito. Por lo tanto la defensa de Kramer mantuvo que no se había visto personalmente implicado en los exterminios de Birkenau; Hoess y la RSHA sí. Recuerde que este proceder era el de unos abogados que buscaban veredictos favorables y no el de los historiadores que buscaban la verdad de los hechos.

Una cuestión accidental es la acusación de que Kramer, en calidad de comandante de Natzweiler, había gaseado allí a 80 personas para experimentos médicos. Estas personas habían sido supuestamente escogidas en Auschwitz mediante criterios desconocidos y luego transportadas a Natzwiler para su ejecución, ya que en Estrasburgo se necesitaban los cadáveres frescos. Kramer afirmó esta historia en su segunda declaración, pero puesto que la negó en la primera (implícitamente pero sin ambigüedad), me inclino a creer que es falsa. Sin embargo es muy posible que algunas personas ejecutadas en Natzweiler cuando había otro comandante y que los cuerpos se utilizaran en el Instituto Anatómico de Estrasburgo (que ciertamente poseía cadáveres para la investigación). En cualquier caso, el asunto no tiene nada que ver con un programa de exterminio.

El juicio del IMT es de algún modo más difícil de considerar, debido al gran número de acusados, cada uno con distinta posibilidad de ser exculpado de crímenes reales o imaginarios. La transcripción del juicio no es en absoluto adecuada para estudiar el comportamiento de los acusados del IMT pero los archivos del psicólogo de la prisión de Nuremberg Dr. G.M. Gilbert, publicados por él con el título “Diario de Nuremberg”, complementan las transcripciones hasta el punto de servir a nuestros propósitos. El libro de Gilbert relata las diferentes actitudes de los acusados no sólo en el juicio sino también en la prisión de Nuremberg. No hay que confiar del todo en la fiabilidad de la obra de Gilbert. La mayoría de los materiales son resúmenes de conversaciones mantenidas en prisión por los acusados, entre ellos o con Gilbert. Sin embargo, éste no tomaba notas sobre la marcha y escribía todo de memoria cada día. Su manuscrito fué estudiado críticamente por un antiguo empleado de la Oficina de Información de Guerra (OWI) y por los fiscales Jackson y Taylor. Incluso con la mejor voluntad y con el criterio más imparcial Gilbert no habría cogido todo al pie de la letra. Su libro es generalmente fiable pero hay que mantener las reservas en los detalles.

Los acusados del IMT fueron arrestados poco después de la capitulación alemana en mayo de 1945, recluidos en celdas separadas e interrogados, al tiempo que sometidos a la propaganda, durante los seis meses anteriores al comienzo del juicio del IMT en noviembre, cuando se vieron por vez primera desde la rendición (en algunos casos era la primera vez). Hay que hacer cuatro observaciones particularmente importantes. La primera es que no es sorprendente que todos excepto Kaltenbrunner llevaron a cabo la misma defensa en lo que respecta a las atrocidades de los campos y exterminios de judíos, cualquiera que fuese el grado en que ellos las creyeran en realidad; toda la culpa era de Hitler y de las SS de Himmler. Kaltenbrunner, sentado en el banquillo en sustitución del fallecido Himmler, estaba enfermo cuando el juicio comenzó y no se incorporó a los demás acusados hasta semanas más tarde. Cuando apareció los otros le rehuían y les dirigió la palabra muy pocas veces en el curso de los 10 meses siguientes.

La segunda observación es bastante más inesperada. En realidad puede ser algo sorprendente: excepto Kaltenbrunner y quizá uno o dos más, estos oficiales alemanes de alta graduación no entendían las condiciones catastróficas que, en los campos, acompañaron al colapso alemán y que originaron las escenas explotadas por la propaganda aliada como “pruebas” de exterminios. Puede que esto parezca algo peculiar pero al consultar el libro de Gilbert demuestra ser incuestionablemente válido (la otra posibilidad es que pretendieron desentenderse de la situación). La administración de los campos estaba lejos del dominio oficial de casi todos los acusados y todos habían sido sometidos a la típica propaganda desde que Alemania se rindió. Hasta el punto de que aceptaron, o fingieron aceptar, que había habido asesinatos masivos de los que Hitler y Himmler eran responsables, sus opiniones provenían precisamente de las escenas de los campos alemanes del final de la guerra y que evidentemente ellos no comprendían o pretendían no hacerlo. Esto se ve bien ilustrado por el relato de Gilbert de una conversación que tuvo con Goering (7):

“”¡Esas películas de atrocidades!” Continuó Goering. “Cualquiera puede hacer una película de atrocidades desenterrando cadáveres y mostrando un tractor removiéndolos”. “No puede zafarse tan fácilmente”, repliqué.

“Encontramos vuestros campos de concentración claramente sembrados de cadáveres y fosas comunes – ¡Yo mismo los vi en Dachau! – ¡Y en Hadamar!”

“Pero no apilados por miles como ahí”.

“¡No me digas que es lo que vi! Yo literalmente vi cuerpos en el mercancías”.

“Oh, aquel tren”.

“Y apilados como leña en el crematorio – y hombres medio muertos de hambre y prisioneros mutilados, que me hablaban de la carnicería que había habido durante años – ¡Y Dachau no es ni por casualidad el peor! ¡No puedes minimizar seis millones de asesinatos!”

“Bueno, yo dudo que fueran seis millones”, dijo en tono pesimista, aparentemente lamentando haber comenzado la discusión, – pero como siempre dijo, sería suficiente si sólo el cinco por ciento fuera verdad”.

Cayó en triste silencio”.

Esto sólo es una muestra pues el libro de Gilbert deja claro que al entrar en el tema de las atrocidades de los campos de concentración los acusados pensaban en las escenas que se encontraron en los campos alemanes al final de la guerra. Es probable que no sea posible distinguir quienes de los acusados estaban verdaderamente desentendiéndose de la situación (como hizo Goering) y cuales de ellos solamente lo pretendían creyendo que, ya que de todos modos se veían implicados con los campos, resultaba mucho más seguro asumir las acusaciones aliadas antes que implicarse automáticamente replicándolas.

Nuestra tercera observación está relacionada con la suposición de que la mayoría de los acusados debieron tener en mente durante el juicio. Éstos creerían probable, o al menos bastante posible, que los aliados no decían completamente en serio lo de las ejecuciones y las largas sentencias de cárcel. El juicio era realmente novedoso y los acusados conocían bien la considerable hostilidad de la opinión pública de los países aliados hacia los juicios por crímenes de guerra, especialmente en los Estados Unidos y en la Gran Bretaña. Muchos creerían que su objetivo inmediato era decir o hacer lo que fuera necesario para resistir la ola transitoria de histeria postbélica, dejando que la verdad se estableciera en un futuro no lejano en el que fuera posible el estudio de los hechos sustrayéndose a la histeria.

Cuarto, el exterminio de judíos era sólo una de las muchas acusaciones que se hicieron en Nuremberg. Con el paso de los años puede que parezca haber sido la mayor, pero entonces la principal acusación que estaba en la mente de casi todos tenía que ver con las responsabilidades de “planear, preparar, iniciar o emprender una guerra de agresión”; los así llamados “crímenes contra la paz”.

Teniendo en cuenta las cuatro observaciones anteriores, podemos ver que el comportamiento de los acusados durante el juicio fué más o menos lo que cabría esperar de un grupo tan heterogéneo que comprendía nazis convencidos, tecnócratas, oficiales prusianos conservadores y simples políticos. En “privado”, o sea en prisión, cuando la sesión no se había abierto, los prisioneros se mostraban tan recatados en sus comentarios como en público y a menudo se recriminaban los unos a los otros, cargándose el muerto y murmurando. En esta cuestión Frank cayó hasta lo más bajo pero esto era bastante común. Los nazis no eran una gran familia feliz. En lo tocante a la estrategia de la defensa ante el tribunal, será suficiente con hablar de Speer, Goering y Kaltenbrunner.

La estrategia de Speer ante el tribunal fué sencilla e incluso alcanzó relativo éxito ya que no fué ahorcado. Dijo que su situación le impedía conocer las numerosas atrocidades alegadas. Incluso hoy en día le está permitido zafarse con esta tontería. En realidad Speer y su ayudante se hallaban estrechamente implicados en las deportaciones de judíos húngaros útiles para el trabajo en la primavera de 1944 para trabajar en las factorías subterráneas de aviones de caza en Buchenwald. (8) De darse el caso, si el transporte por ferrocarril de judíos húngaros con objeto de ser exterminados hubiera gozado de prioridad sobre su utilización como mano de obra, él lo habría sabido. Si el testimonio de Speer fuera verdad habría declarado que su posición era tal que de existir un programa de exterminio como el que decían los cargos, él lo sabría y que, en su conocimiento, tal programa nunca existió. Sin embargo si hubiera dicho la verdad habría ido con sus colegas a la horca.

En su libro, Speer sólo da una ridícula “prueba” de la cual supo durante la guerra, y que ahora dice que debe interpretarse como que sugiere la existencia de un programa de exterminio, consistente en el comentario de su amigo Karl Hanke (nombrado por Hitler sucesor de Himmler como Reichsführer SS en los últimos días de la guerra) en el verano de 1944 de que Speer nunca “acepta una invitación para inspeccionar un campo de concentración en la Alta Silesia”, Speer también omite el comentario que Goering hizo en privado justo antes del IMT acerca de los “supervivientes” judíos en Hungría: “Entonces, ¿Aún quedan allí algunos? Pensé que nos habíamos cargado a todos. De nuevo alguien se equivocó”. (9) Esta chispa de ironía resultaba comprensible en tales circunstancias ya que Goering nunca dió crédito a lo del programa de exterminio e insistió en que él sólo supo de un programa de emigración y evacuación de los judíos de la esfera alemana en Europa.

La introducción de Eugene Davidson al libro de Speer menciona el hecho (apuntado aquí en el capítulo IV) de que muchos judíos holandeses enviados a Birkenau, “teniendo a la vista las cámaras de gas”, no conocían ningún programa de exterminio y enviaban a Holanda cartas frívolas. (10) Los comentarios sobre el exterminio judío no estaban en la versión original del manuscrito de Speer pues fueron añadidos debido a la insistencia del editor. (11)

A diferencia de otros acusados, Goering asumió durante el juicio que estaba condenado a muerte y su testimonio parece aproximarse a la verdad tal y como él la veía.

Aunque nunca dió crédito a la existencia de un programa para exterminar a los judíos, hemos visto que no comprendió lo que había ocurrido al final de la guerra en los campos alemanes y por lo tanto creyó que Himmler realmente había llevado a cabo asesinatos masivos. Sin embargo nunca admitió una cifra cercana a los seis millones. (12)

Un comentario accidental que debemos hacer acerca de Goering es que no fué un drogadicto como afirma la leyenda (y como Speer dijo en privado en varias ocasiones durante el IMT). El psiquiatra de la prisión de Nuremberg, Douglas Kelley ha intentado poner en claro el hecho histórico. Goering era un militar que había sido un as de la aviación durante la Primera Guerra Mundial y el último comandante del “Circo Volante” de von Richthofen (el “Barón Rojo”). Negándose a rendir su unidad a los aliados al final de la guerra, volvió a Alemania y se convirtió en un héroe sin trabajo. Finalmente entró en el partido nazi, y naturalmente, en calidad de poseedor de la Medalla al Mérito (Pour le Mérite, la más alta condecoración militar alemana), pronto pasó a ser un dirigente del pequeño partido. Como tal, fué uno de los jefes del Putsch de 1923 donde resultó herido en el muslo derecho. La herida acabó infectándose y le obligó a ser hospitalizado por un tiempo durante el que le inyectaron cantidades considerables de morfina. Se convirtió en un moderado adicto pero se curó poco después de abandonar el hospital en 1924.

Mucho más tarde, en 1937, Goering enfermó de los dientes y comenzó a tomar tabletas de paracodeina, un derivado muy suave de la morfina usualmente prescrito en casos como el suyo, que continuó tomando durante la guerra. Su adicción a las tabletas de paracodeina (o, más exactamente, su hábito de tomarlas) no era cosa seria ya que el Dr.

Kelley hizo que lo dejara antes del IMT empleando el sencillo método de reducir diariamente la dosis. (13)

Volviendo a los acusados del IMT, hoy creemos que la posición de Kaltenbrunner carecía en cierto modo de esperanza y es probable que su abogado también lo creyera pero que sin embargo tuviera que defenderse de alguna manera. Su defensa en las cuestiones que nos interesan descansaba sobre dos cuestiones principales. La primera era que fué el jefe de la RSHA, ocupada en el tema de la seguridad, y no el jefe de la NVHA, que administraba los campos de concentración. Por lo tanto dijo que no había tenido nada que ver con éstos. El único caso en el que Kaltenbrunner se vió implicado en operaciones internas de los campos fué en su orden de marzo de 1945 acerca del permiso a la Cruz Roja para que se estableciera en ellos (qué autoridad tenía que dar esta orden es algo que no sabemos). En su defensa sacó mucho partido a este asunto y, en vez de poner las cosas en claro acerca de las condiciones catastróficas de los campos al final de la guerra, dió excesiva importancia al asunto de la Cruz Roja para que pareciera una acción contra los campos de concentración como tales, a los que por supuesto, según dijo, él siempre había deplorado.

La segunda cuestión era que, como todo el mundo sabe, fué su predecesor Heydrich y no Kaltenbrunner quien organizó la política judía cualquiera que esta fuera. El asumió el mando de la RSHA en 1943 gracias a una directiva de Himmler para organizar el servicio de inteligencia de la SD, un hecho que él tergiversa diciendo que, con el nuevo reglamento Himmler no iba a permitir a nadie crecer hasta la altura a la que llegó Heydrich y entonces Kaltenbrunner sólo se ocupó de la inteligencia, no teniendo ningún control sobre las actividades policiales o de seguridad de la RSHA, particularmente la Gestapo, que enviaba prisioneros políticos a los campos y también, mediante la oficina de Eichmann, administraba las deportaciones de judíos. Así, según Kaltenbrunner, en ningún momento él fué responsable del exterminio de judíos el cual, admitió, había tenido lugar tal y como decían las acusaciones aliadas (excepto que habían empezado en 1940, según él). En realidad, por lo que dice, hasta el verano de 1943 no supo del programa exterminacionista que Eichmann estaba realizando desde su departamento, pues lo conoció por la prensa extranjera y por las radios enemigas. Consiguió que Himmler lo admitiera a comienzos de 1944 y entonces protestó primero ante Hitler y luego ante Himmler. El programa de exterminio se detuvo en octubre de 1944 “debido principalmente a (su) intervención”. (14) El modo en que Kaltenbrunner dijo haberse enterado de los exterminios, aunque estúpido, concuerda sin embargo con el alto secreto en que siempre se dijo que había permanecido el programa.

La versión de Kaltenbrunner resulta absolutamente estúpida pero esto no debe impedirnos ver la seriedad de su testimonio en cuanto a estrategia defensiva.

Supongamos que hubiera testificado que ningún exterminio tuvo lugar. En tal caso, el tribunal nunca hubiera sido tan clemente como de tener que reconocer la falsedad, o posible falsedad, de la acusación exterminacionista: una imposibilidad política. Diciendo que aunque el programa se había llevado a cabo, Kaltenbrunner nunca fué responsable de él e incluso se opuso, la defensa hacía políticamente posible que el tribunal mostrase clemencia de algún modo, o por lo menos hacía un intento serio en este sentido. Algunos detalles secundarios revelan que ésta era la única estrategia posible que Kaltenbrunner tenía ante los cargos de exterminio. Obviamente el juicio iba a finalizar con algunas sentencias de muerte, algunas absoluciones y algunos sobreseimientos, pues esto era necesario para dar la apariencia de un juicio real. Así, analizando, podemos ver que la defensa de Kaltenbrunner sonaba perfectamente a lógica legal. El que la versión concreta fuera una estupidez no era importante desde aquel punto de vista: el modo en que se han tratado los hechos en ocasiones similares siempre ha acabado en interminables tonterías. El caso de Speer demuestra que una historia incoherente no sólo tenía la oportunidad de ser aceptada por el IMT, sino por la opinión pública más tarde, cuando existe la ocasión de ver las cosas claramente.

Una persona corriente, e incluso la crítica informada, pueden no comprender fácilmente el significado de cosas tales como el testimonio de Kaltenbrunner debido a que con suma facilidad ignoran las perspectivas de los acusados, que no tienen el interés histórico que nosotros tenemos. Éllos tenían la soga al cuello y se tomaron los juicios como una manifestación de histeria. Intentar salvar sus pescuezos significaba idear estrategias ante el juzgado para adaptarse a las condiciones del momento y la mejor de todas no intentaria convencer al tribunal de cosas en las que éste se mantenía inamovible. Esto ocurre también en procedimientos legales ordinarios. Una vez que se decide algo, la suerte está echada y los abogados desarrollan sus casos en consecuencia.

Por supuesto que resulta deplorable que unos nazis o cualquiera otros tuvieran que mentir en su interés personal. He visto a eruditos contar mentiras tan grandes como éstas para arañar una paga extra de verano y esto también es deplorable.

En el juicio de Kramer y en el IMT los tribunales estaban realmente comprometidos a priori con la conclusión de que la Alemania nazi había llevado a cabo un programa de exterminio de judíos. Posteriormente, en los juicios del NMT los tribunales estaban formalmente comprometidos a priori debido a una restricción legal anteriormente apuntada (pág.25). Las declaraciones hechas ante el IMT constituían “prueba de los hechos establecidos”. El jurado del IMT había dicho que millones habían sido exterminados en los campos de concentración alemanes y particularmente en Auschwitz que fué “especialmente creado para este propósito”; en concreto se dice que 400.000 judíos húngaros murieron allí. (15) Así, los acusados y testigos del NMT se enfrentaban con una situación parecida a la de los primeros acusados y testigos, salvo en que estaba formalizada. Está claro que las fiscales recordarían a los jurados esta restricción legal cuando pareciera haber el más mínimo olvido. (16)

A este respecto vamos a comentar sólo dos casos. El acusado Pohl, por supuesto, no negó el programa de exterminio pero al negar su implicación personal en los exterminios sacaba partido al hecho de que las acusaciones aliadas habían sido dirigidas contra la Gestapo y la SD dentro de las SS, las cuales no estaban bajo el control de Pohl como jefe de la WVHA.(17). Incluso el affidavit y el testimonio de Hoess apoyaban explícitamente su posición. Después de todo, ¿quién conocía a la WirtschaftsVerwaltungshautamt? Sin embargo Pohl fué ahorcado.

Es interesante el testimonio de Muench, un médico de Auschwitz. Apareció como testigo de la defensa en el juicio de Farben habiendo sido previamente absuelto por un tribunal polaco. Este es el testigo a quien el fiscal Minskoff preguntó acerca de los panfletos arrojados sobre Auschwitz por los aviones aliados (pág. 111). Muench testificó que aunque él supo de los exterminios mientras estaba en Auschwitz e incluso presenció un gaseamiento, la gente del exterior de la zona de Auschwitz, o sea aquellos que estaban en Alemania, no sabían nada. Igualmente, todo el asunto se conducía de modo “magistral” y “cualquiera que visitase una planta de Auschwitz dos o tres veces al año por un periodo de uno o dos días” no se enteraba de nada. Lógicamente, casi todos los acusados caían dentro de la categoría de los que no podían saberlo, según Muench, pero esto no le detuvo. También afirmó que aunque todos los miembros de las SS y los prisioneros conocían los exterminios, no lo comentaban a los civiles por temor al castigo.

Por ejemplo, el ingeniero Faust de Farben, a quien Muench conocía muy bien como “Auschwitz”, no sabía nada de los exterminios. Muench también aclaró varias veces que todo lo que uno podía percibir era el olor de las cremaciones, “perceptible por doquier” y nadie en este juicio a expertos ingenieros químicos se molestó en explicar que las industrias químicas de la zona producían un tanto de olor. Un extraño detalle del testimonio de Muench es que sitúa los crematorios y las cámaras de gas “entre un kilómetro y kilómetro y medio al Sudoeste de Birkenau, camuflados en un pequeño bosque”. (18)

El testimonio de Muench es sólo otro ejemplo del modo en el que la defensa planteaba los casos. La estrategia no consistía en replicar a cosas que los tribunales ya habían decidido sino a presentar versiones que exoneraran a los acusados de responsabilidades personales. Así pues invariablemente se dijo que el programa de exterminio poseía características que casualmente exculpaban a los acusados pertinentes, pero obviamente, para decir que tales cosas existieran es necesario admitir que el programa mismo existió.

El próximo juicio que vale la pena examinar es el de Eichmann. Como se recordará Adolf Eichmann fué ilegalmente secuestrado en Buenos Aires en mayo de 1960 por agentes israelíes que le enviaron a Israel para hacerle víctima de un “juicio” que batiría todos los records de ilegalidad, ya que el Estado que llevaba a cabo el juicio ni siquiera existía en el momento de los supuestos crímenes. Las ilegales sesiones se abrieron en Jerusalén el 11 de abril de 1961, el tribunal judío pronunció la sentencia de muerte el 15 de diciembre de 1961 y el asesinato se produjo el 31 de mayo de 1962.

Para comprender la estrategia defensiva de Eichmann consideremos su situación antes del juicio tal y como la habría visto un abogado. Básicamente era una situación política que conllevaba la determinación de los israelíes de organizar un juicio espectacular. Para capturar a Eichmann Israel escupió sobre la soberanía argentina y, desde el punto de vista de un abogado, la única esperanza de asegurar un veredicto favorable (una sentencia de prisión que fuera conmutada más tarde) dependía de que la opinión mundial obligara a Israel a templar su arrogancia con un gesto magnánimo. Sin embargo la posibilidad de tal resultado dependía de una defensa que, siendo aceptada en lo fundamental por el Tribunal de Jerusalén, estuviera dentro de la esfera de lo políticamente factible. Así, lo mismo que en el caso de los acusados de Nuremberg, negar el programa de exterminio estaba fuera de cuestión como estrategia defensiva y por tanto, también igual que con los acusados de Nuremberg, la única defensa posible de Eichmann, dadas las circunstancias, era negar la responsabilidad personal.

Eichmann reconoció la existencia de un programa de exterminio y la primera edición del libro de Reitlinger fué aceptada por ambos bandos como la descripción aproximada de lo que sucedió. Por lo tanto, la defensa fundamental de Eichmann consistía en decir que él sólo organizaba el transporte de judíos, obedeciendo órdenes que no podían ser desobedecidas. En cierto modo, su defensa tuvo un éxito parcial, pues su (precisa)

autodescripción como un simple “tornillo en la máquina” ha sido más o menos universalmente aceptada por todos los que han estudiado y escrito sobre su juicio (por ejemplo Hannah Arendt en su libro).

En realidad Eichmann se dió demasiada importancia al decir que sólo era un “tornillo” ya que en su testimonio dijo que él, Eichmann, había hecho cuanto una persona de su graduación podía hacer para sabotear los exterminios, y con sus interpretaciones tergiversó en este sentido los significados de muchos de los documentos utilizados en el juicio. Un buen ejemplo son sus comentarios sobre dos documentos concretos. El primero es una queja del comandante del campo de reasentamiento de Lodz, fechado el 24 de septiembre de 1941, protestando por el hacinamiento del campo debido a los tremendos convoyes de judíos que afluían a él – “Y ahora me enfrentan con un hecho consumado, por así decirlo, de que tengo que admitir 20.000 judíos en el gueto en el más corto periodo de tiempo, pero que además tengo que hacer lo mismo con 5.000 gitanos”. La carta está dirigida al jefe del Gobierno local. El segundo documento es una carta de este jefe local, fechada el 9 de octubre de 1941, remitiendo la queja a Berlín y añadiendo que Eichmann había actuado como un “tratante de caballos” al mandar a Lodz el transporte de judíos pues, al revés de lo que dijo Eichmann, no había sido autorizado. En lo tocante a estos documentos el testimonio de Eichmann en Jerusalén dice que las quejas estaban justificadas ya que realmente él había embarcado a los judíos hacia Lodz sin autorización.

Según él sus razones se debían al hecho de que sólo había dos lugares donde podía haber mandado a los judíos: hacia el Este (donde dijo que se supone que los mandó) o hacia Lodz. Sin embargo, de acuerdo con Eichmann, entonces había exterminios en el Este pero ninguno en Lodz. Aún estando en fuerte desacuerdo con los exterminios y haciendo todo lo que su baja graduación le permitía para impedirlos, embarcó a los judíos hacia Lodz a pesar de los inadecuados preparativos hechos allí. (19)

Esta peculiaridad de la estrategia defensiva de Eichmann también se ve ilustrada por su testimonio acerca de las propuestas de 1944 para el canje de “camiones por judíos húngaros”. Naturalmente intentó achacar los esfuerzos del bando alemán para concluir el trato a la nada escasa fuerza de su iniciativa, motivada de nuevo por su deseo de salvar judíos. (20)

Merece la pena destacar que el mayor ataque de la acusación durante las preguntas no tuvo que ver directamente con la guerra. El jefe de la acusación intentaba que Eichmann se atuviese ante el tribunal a todo lo que se supone que dijo a los interrogadores israelíes durante su año de encarcelamiento anterior al proceso y también a lo que supuestamente contó a un tal Sassen, un ex miembro de las SS, en Buenos Aires en 1955. Por entonces Eichmann era, excepto en círculos muy pequeños, un hombre muy olvidado. Finalmente su relación con Sassen desembocó en el proyecto de escribir un libro acerca de las persecuciones a los judíos durante la guerra. El libro que Sassen completaría y patrocinaría, iba a basarse en un diálogo con Eichmann conservado en cinta magnetofónica, pero según el testimonio de éste el original no pudo conservarse:

“…cuando me hicieron aquellas preguntas tuve que contestar a cada momento que no me acordaba y que no lo sabía, pero resulta obvio que éste no es modo de escribir un libro… y luego se acordó que en realidad no importaba lo que yo recordase – lo principal era describir lo que me había sucedido; luego hablamos de la licencia poética, de la licencia de periodistas y escritores que nos habría dado derecho a describir los hechos – incluso a pesar de que yo no recordaba ciertos detalles lo que quedaría sería la descripción de los hechos tal y como tuvieron lugar y ésto es lo que finalmente se escribió. (Sassen) me dijo que contara algo sobre cada cuestión y así conseguiría la extensión necesaria …también acordamos que él, Sassen, lo redactaría todo en forma de libro del que ambos seríamos coautores”.

El material de Sassen apareció finalmente en el otoño de 1960 en la revista “Life”

por lo que está claro que las entrevistas entre Sassen y Eichmann tenían como primer objetivo un libro comercial y no histórico. Eichmann, obviamente, planeó tomar parte en los beneficios pero su testimonio arroja mucha luz sobre las concretas expectativas financieras que ambos tenían.

Sassen pasó a máquina algunas de las conversaciones grabadas y Eichmann añadió de su propia mano comentarios y correcciones en los márgenes de algunas de las páginas. Después de la aparición de los artículos de “Life” la acusación consiguió de Sassen el material, esto es, un fotostato de un documento de 300 páginas mecanografiado con comentarios al margen, aparentemente hechos por mano de Eichmann, supuestas transcripciones de las sesiones de grabación 62 y 67, y también un fotóstato de lo que se dijo que era el documento de 83 páginas que Eichmann escribió a mano. No se presentaron los documentos originales haciendo así posible que fueran falsificados y editados, especialmente el de 300 páginas. Respecto a las grabaciones originales la acusación contestó:

“No sabemos nada sobre las grabaciones – No sé si quienes tomaron parte en ellas las guardaron o fueron borradas y reutilizadas para grabar de nuevo”.

La defensa puso en tela de juicio la fiabilidad de los documentos diciendo que la mayoría de las correcciones al margen no se incluyeron y, más tarde diciendo que si el mismo Sassen podía ser llevado ante el tribunal para testificar se demostraría que:

“…él cambió y tergiversó lo que dijo el acusado para adaptarlo a su propio objetivo. El quería hacer un libro propagandístico; esto puede demostrarse lo mismo que la tergiversación de sus palabras”.

Sin embargo la acusación aseguró al tribunal que si Sassen venía a Israel, sería juzgado por su pertenencia a las SS.

El tribunal decidió admitir el fotostato del manuscrito de Eichmann de 83 páginas, pero la acusación, considerando durante el resto del juicio que no había nada en él que fuera de interés, hizo otra tentativa al final del juicio y finalmente consiguió que fueran aceptadas como prueba los estractos del documento mecanografiado que llevaba las correcciones a mano. La revista “Life”, que aparentemente recibió de Sassen el mismo material, lo consideró como incuestionablemente auténtico en su totalidad. (21)

Para acabar esta breve digresión hablaremos de la reacción de Eichmann a la afirmación, mundialmente conocida, de que al final de la guerra había declarado que se “iría contento a la tumba” sabiendo que cinco o seis millones de judíos habían muerto.

Eichmann testificó que lo que en realidad había dicho amargamente a sus subordinados al final de la guerra no hablaba de que los cinco millones fueran “judíos”, sino “enemigos del Reich”, o sea, soldados enemigos, principalmente rusos. Aunque su estrategia defensiva implicaba no replicar la realidad genérica del programa de exterminio, insistió en que su posición no le permitía saber ni siquiera el número aproximado de judíos que habían muerto y que todas las observaciones a él atribuidas acerca de esta cuestión (el affidavit de Hoettl, por ejemplo) eran falsas. (22)

Los juicios que tuvieron lugar en Alemania Occidental durante los años 60 apenas merece la pena nombrarlos y además, resultan bastante más difíciles de estudiar debido a lo obscuro de los acusados. El que más publicidad recibió, por supuesto, fué el “juicio de Auschwitz” de 1963-65 y quizá debamos decir algo sobre él.

El conjunto de juicios por crímenes de guerra, del cual el de Auschwitz es el más prominente, tuvieron lugar por razones políticas consecuencia del histerismo publicitario que rodeó la captura de Adolf Eichmann. Una de las primeras víctimas fué Richard Baer, sucesor de Hoess y último comandante de Auschwitz, que resultó arrestado el 20 de diciembre de 1960 cerca de Hamburgo, donde trabajaba como maderero. Fué encarcelado e interrogado en la prisión, e insistió en que las cámaras de gas de Auschwitz eran un mito. Por desgracia no vivió para mantener esta postura ante el tribunal ya que murió en prisión el 17 de junio de 1963 a la edad de 51 años, aparentemente de una enfermedad circulatoria, aunque su esposa consideró su muerte bastante misteriosa. (23)

Cuando finalmente comenzó en Frankfurt el juicio en diciembre de 1963, el principal acusado fué un tal Robert K.L. Mulka, un ex capitán de las SS que sirvió durante poco tiempo como ayudante de Hoess en Auschwitz. Mulka había sido juzgado y sentenciado por un tribunal alemán inmediatamente después de la guerra, por su misión en Auschwitz, y algunos de los otros 21 acusados en el juicio de Auschwitz estaban siendo juzgados por segunda vez básicamente por los mismos cargos.

Lógicamente, el tribunal no ignoró la ley totalmente y afrontó el problema de explicar que el Gobierno de Bonn se consideraba el sucesor legal del III Reich, y por tanto era de su competencia juzgar a los que infringieran las leyes que estuvieran en vigor en Alemania durante la guerra. Por supuesto, matar judíos había sido ilegal en la Alemania nazi y así la mayoría de los acusados lo eran por este motivo. En cuanto a lo conveniente de semejante juicio, lo mejor es que citemos la opinión del mismo Tribunal de Frankfurt (24):

“Sin embargo, esta determinación de culpabilidad ha enfrentado al Tribunal con problemas de dificultad extraordinaria.

Salvo unos pocos documentos sin gran valor, el Tribunal dispuso casi exclusivamente de un testigo para reconstruir lo que hicieron los acusados. La criminología dice que el testimonio de un testigo no está entre los mejores pruebas. Esto es tanto más verdad cuanto el testimonio se refiere a un suceso que fué observado hace 20 años o más en condiciones de indecible dolor y amargura. Incluso el testigo ideal, que sólo desea decir la verdad y se esfuerza en recordar, puede encontrar lagunas en su memoria después de 20 años. Se arriesga a cargar sobre otras personas cosas que en realidad él mismo experimentó y a admitir como propias experiencias cosas que otros le contaron en unas circunstancias tan terribles. De este modo se arriesga a confundir el momento y el lugar de sus experiencias.

Es cierto que se ha preguntado a los testigos de un modo abusivo acerca de todos los detalles de sus experiencias. Sería mucho pedir si actualmente, después de 20 años, supieran todavía cuándo, dónde, cómo y quién hizo qué detalladamente. Teniendo esto en cuenta, los testigos se mostraron repetidas veces asombrados cuando les pedíamos que construyeran con precisión acontecimientos pasados. Obviamente era tarea de la defensa pedir aquellos detalles y no es justo imputarla que quisiera poner en ridículo a los testigos. Por el contrario, recordamos un solo juicio por asesinato en el que, actualmente, se haya pedido una interminable lista de detalles, como si se tratara de juntar todas las piezas de un mosaico de la escena del crimen. El Tribunal dispuso de un estudio del cadáver completo, el informe de la autopsia, la docta opinión de especialistas sobre las causas de la muerte, sobre el día de autos, y sobre el modo en el que la muerte se produjo. Existían el arma del crimen y las huellas dactilares para identificar al autor; había huellas de pisadas que dejó al entrar en la casa del crimen así como otros muchos detalles que constituían una prueba definitiva ante el Tribunal de que aquella persona fué muerta por un autor concreto.

Este Tribunal no dispuso de nada de esto. No tuvimos ninguna prueba definitiva de las muertes concretas; sólo tuvimos el testimonio de los testigos. Sin embargo algunas veces estos testimonios no son tan exactos y precisos como requiere un juicio por asesinato. Por tanto si se preguntaba a los testigos en qué año o mes había ocurrido algo, era absolutamente necesario para conocer la verdad. Y estas fechas representaban ante el Tribunal la única prueba para determinar si lo que el testigo decía había sucedido en realidad o si se había cometido un error o se había equivocado de víctima. Naturalmente el Tribunal sabía que era extraordinariamente costoso para los testigos, en vista de las condiciones del campo, que carecía de calendarios, relojes y hasta de los medios más elementales de medición, contar en todo detalle lo que les sucedió entonces. Sin embargo el Tribunal tenía que determinar si un acusado concreto había cometido en verdad un auténtico asesinato así como cuándo y dónde. Así lo pide el Código Penal.

Este es un simple juicio por asesinato cualesquiera que sean sus antecedentes. El Tribunal sólo podía juzgar de acuerdo con las leyes que se ha jurado mantener y dichas leyes exigen una determinación precisa de la concreta culpabilidad de un acusado tanto objetiva como subjetivamente. Las dificultades excesivas de los testigos demuestran la inacabable dificultad que supone cerciorarse y representar ciertos sucesos después de 20 años. Hemos oído a testigos que al principio parecieron al Tribunal tan fiables que incluso dictamos orden de prisión gracias a sus declaraciones. Sin embargo, tras el examen exhaustivo de las declaraciones de los testigos, durante horas de largas deliberaciones, encontramos que no eran absolutamente ciertas y que de ningún modo correspondían a la verdad objetiva. Por este motivo hubo que estimar algunas fechas y reexaminar los documentos – si el acusado incriminado por un testigo estaba entonces en Auschwitz, si pudo haber cometido el delito o si quizá el testigo se equivocaba de persona.

En vista de la debilidad de los testimonios de los testigos – y ahora lo digo sólo por los testigos juramentados en cuyos deseos por conocer la verdad, la verdad objetiva y subjetiva, el Tribunal confiaba plenamente – el Tribunal tuvo que examinarlos de nuevo. Sólo unas pocas semanas más tarde leímos en los periódicos que uno de los empleados del campo de concentración de Buchenwald había sido condenado por el asesinato de un recluso que hoy sabemos que está vivo y, ciertamente, no fué asesinado. Casos semejantes deben hacernos pensar pues no sirven para fortalecer el respeto por la ley. Por estas razones el Tribunal también ha evitado cualquier cosa que pudiera sugerir lo más remotamente una condena sumarísima. El Tribunal ha examinado la declaración de cada uno de los testigos con sumo cuidado y con toda seriedad y, consecuentemente, es incapaz de dictar sentencias de culpabilidad por todos los cargos, ya que no existen razones seguras para ello. Las posibilidades de comprobar las declaraciones de los testigos eran muy limitadas. Todo rastro de los delitos fué destruido, y documentos que habrían podido ayudar mucho al Tribunal habían sido quemados…”.

Aunque estas confesiones de parte del Tribunal de Frankfurt deben ser concluyentes para formarse una opinión de tales juicios, hay que añadir que subestimó los hechos. La gran mayoría de los testigos eran ciudadanos de países del bloque soviético con todo lo que esto implica de cara a sus testimonios. El tribunal protestó de que “el testimonio del testigo no es tan exacto y preciso como es de desear” debe observarse que realmente se intentó adecuar los recuerdos de los testigos pues el “Comité International d’Auschwitz” había establecido su cuartel general en Frankfurt y desde allí imprimía “hojas informativas” sobre las terribles cosas que habían ocurrido en Auschwitz.

Dichas “hojas informativas” habían sido facilitadas a los testigos, y leídas por éstos, antes de testificar. También se había puesto en marcha un “Comité des Camps” y otras personas, por ejemplo el alcalde de Frankfurt, que hacían sugerencias a los testigos en distintos grados de realismo y sutileza. (25)

La farsa también alcanzó a los asuntos que el tribunal trató en el curso del largo juicio y a las sentencias impuestas. Mulka, que fué hallado culpable de ser el segundo hombre de la administración de un gran campo de exterminio, de encargar Zyklon B al menos en una ocasión, de dirigir la red de transportes que llevaba a los condenados, de serle incautada documentación relativa a los transportes y de estar implicado en la construcción de crematorios, fué condenado a 14 años de trabajos forzados pero le liberaron algo más de cuatro meses después por su mala salud. El acusado Franz Hofmann, ex capitán de las SS, que había estado al mando de Auschwitz I, fué condenado a cadena perpetua por el simple hecho de que, aunque resultó hallado culpable en relación a los exterminios, fué juzgado en realidad por tirar una botella a un prisionero que murió más tarde a consecuencia de la herida recibida. Evidentemente, este suceso impactó más al tribunal que los exterminios masivos, lo cual no es sorprendente ya que el asunto de la botella está claro que es la típica cosa de una institución penitenciaria. Hofmann fue condenado a cadena perpetua pero fué liberado más tarde debido a su detención prematura. (26)

En caso de buscar en los libros de historia procedimientos comparables a los “juicios por crímenes de guerra”, no hay que hacerlo en antiguos juicios con móviles políticos.

Tales juicios, por ejemplo el de María, reina de los escoceses, no estuvo inmerso en una atmósfera de histerismo como la de los juicios por crímenes de guerra. Otra característica de los simples procesos políticos es que, por lo general, sólo hay una víctima, o como mucho unas pocas, y no duran más de dos décadas. Incluso el de Juana de Arco, donde se dieron síntomas de histeria, no puede compararse con los de crímenes de guerra porque en el se juzgaba a una sola persona y no a todo un Estado.

Para conocer los precedentes de tales juicios sólo podemos remitirnos satisfactoriamente a los procesos de brujería de los inicios de la Historia europea. Su parecido más importante estriba en el hecho de que el acusado con frecuencia encontraba oportuno, dadas las circunstancias en que se hallaba, admitir en grado alguno los cargos. De hecho en muchos casos una confesión parcial era la única estrategia posible. Nadie podía negar la existencia de todos los Sabbaths que la imaginación popular había creado. Cuando se ejecutaban las sentencias de los condenados era todo un espectáculo (27):

“En un cadalso estaba la pequeña banda de las hechiceras condenadas y en otro la multitud de los indultados. La heroína arrepentida, a cuya confesión se dió lectura, permanecía sin poderse mover a pesar de ser feroz e inverosímil.

En los Sabbaths comían niños picados y de segundo plato magos muertos extraídos de sus tumbas. Los sapos bailaban, hablaban y se quejaban amorosamente de lo poco complacientes que eran sus señoras y pedían al diablo que las regañara. Este último visitaba los hogares de las brujas con gran cortesía, alumbrado el camino con el brazo de un niño sin bautizar en llamas, etc…”.

La situación hacía que uno tuviera que alimentar las fantasías y pasiones de los jueces y de la población e incluso había modos de salir adelante diciendo ser una bruja e informando así de las actividades de otras supuestas brujas, buscar el modo de descubrirlas, etc…

La comparación de los juicios por crímenes de guerra con los procesos por brujería resulta casi perfecta. Ambos implican un gran número de víctimas potenciales y las posibilidades de recriminación mutua son ilimitadas. Lo más importante es que ambas modalidades tuvieron lugar en una atmósfera de histeria e irrealidad. La persona que cree a los que dicen que un Estado moderno exterminaba en masa a seres humanos en un centro químico industrial, valiéndose de un insecticida de nuestro siglo del que, hace siglos, creía que las desgracias eran provocadas por gente que charlaba con sapos, copulaba con el diablo, etc.

Otra relación importante entre ambos tipos de juicios es que la tortura de testigos y acusados jugó un papel. La tortura suele explicar los testimoniios inventados de los juicios por brujería (aunque el fragmento que incluimos anteriormente indica que la histeria de masas era una motivación del todo eficaz). Sabemos que, en relación con los juicios por crímenes de guerra, algunas personas fueron torturadas y en consecuencia hay que considerar la cuestión del grado a que las torturas influyeron en que los testimonios, especialmente los de los acusados, apoyaran los exterminios.

Las pruebas disponibles indican que la tortura se empleó con frecuencia en los juicios por crímenes de guerra. Hace mucho, en el primer capítulo, señalamos las torturas infringidas a los acusados del juicio de Dachau. En el proceso de Belsen tuvieron lugar situaciones similares alentadas por los británicos y Josef Kramer y otros acusados fueron torturados en ocasiones hasta el punto de pedir que se les matara. (28) Por otra parte, parece que los acusados del IMT eran demasiado prominentes como para ser torturados, aunque Julius Streicher fué una excepción e incluso se dice que le obligaron a comer excrementos (Streicher se quejó ante el IMT de que, tras su arresto, había sido apaleado por soldados negros). A petición del fiscal Jackson este testimonio no constó en acta ya que de otro modo “el Tribunal hubiera tenido que abrir una investigación”. Streicher redactaba y publicaba el escandaloso y semipornográfico semanario “Der Sturmer”, que no sólo atacaba a los judíos, francmasones y clérigos sino en ocasiones a altos dirigentes nazis. Una vez Streicher dijo en Der Sturmer que Goering no era el padre de su hija sino que ésta había nacido por inseminación artificial. Casi todos los líderes políticos de Alemania consideraban que Der Sturmer era ofensivo pero Streicher gozaba de la protección de Hitler quien le agradecía que hubiera conquistado Nuremberg para el partido nazi. En 1940, Goering consiguió que Streicher fuera apartado de la circulación parcialmente; aunque Der Sturmer no se cerró, a Streicher le fué retirado su cargo en el partido como “Gauleiter” de Nuremberg. Streicher nunca ocupó un puesto dentro del Gobierno alemán ni antes ni durante la guerra, y su inclusión en la primera remesa de “acusados” ante el IMT fué ridícula. (29)

Nunca se ha hablado de torturas en masa o generalizadas de los testigos y acusados del juicio del NMT pero creemos que el hecho, ya apuntado en el capítulo anterior, de que la acusación de Nuremberg no vacilaba en torturar testigos incluso valiéndose de simples procedimientos legalizados en los Estados Unidos, apoya fuertemente nuestra suposición de que las torturas se utilizaban en Nuremberg muy a menudo o, mejor dicho, se utilizaban con testigos y acusados que jugaban algún papel en aquel proceso.

Nos inclinamos a creer que Adolf Eichmann no fué torturado por sus raptores israelíes, al menos no con el propósito de obligarle a testificar algo. Esta opinión se basa en el simple hecho de que no se quejó de haber sido torturado con este fin en su testimonio ante el tribunal, no obstante sí se quejó, al principio de dicho testimonio, de haber recibido un trato bastante duro durante los días que siguieron a su secuestro, especialmente cuando sus raptores le obligaron a firmar una declaración diciendo haber venido a Israel voluntariamente (y que la acusación tuvo el descaro de presentar ante el tribunal como prueba). Sin embargo el extremo secreto que rodeó al encarcelamiento de Eichmann en Israel hace posible que fuera torturado de algún modo pero que tuviera razones tácticas o de otro tipo para no denunciarlo al testificar. (30)

Al considerar el problema de la tortura es importante destacar que la eficacia de ésta para producir el testimonio deseado es bastante dudosa. Nos es difícil de creer que quienes dirigían la acusación de Nuremberg tuvieran algún reparo moral en emplearla pero es probable que la mayoría se diera cuenta de que por mucho que se torture a un hombre nunca se está absolutamente seguro de lo que dirá ante el estrado. Las excepciones a esta regla son los “procesos de Moscú” de los años 30 así como otros juicios simulados por los comunistas, pero en tales casos los acusados habían sufrido un “lavado de cerebro” hasta el punto de que se postraron ante el tribunal y confesaron ser los seres más abyectos del planeta. (31) Esta actitud no se ve en los acusados de Nuremberg, los cuales, a pesar de los numerosos falsos testimonios en contra del régimen nazi, siempre mantuvieron su inocencia personal.

Estudiando la cuestión de la tortura hemos de tener cuidado con las preguntas que debemos hacernos y con lo que debe deducirse de las respuestas. Obviamente hay que preguntarse si un hombre ha sido torturado o no. Luego si testificó a favor de los exterminios. Suponiendo que a ambas preguntas se contesta afirmativamente está claro que lo segundo se debe a lo primero. Un ejemplo de esto lo constituye Kramer quien, a pesar de la tortura, dijo la verdad en su primera declaración y evidentemente sólo alteró su versión cuando su abogado le explicó las implicaciones lógicas de mantener una versión que el tribunal no podía aceptar. Por otra parte, si un testigo es torturado podemos deducir que los responsables no son de fiar.

Además, no deben hacerse suposicion es muy rápidamente en cuanto a las probables razones de los carceleros de Nuremberg para emplear las torturas; los motivos no han de ser necesariamente la obtención de un testimonio concreto y pudieron ser de muy diversa indole. Primeramente, se pudo torturar sólo por puro placer; los judíos al mando odiaban a sus víctimas alemanas. Segundo, se pudo emplear la tortura por el simple motivo de que, aunque no garantizaba resultados positivos, tampoco sería perjudicial en tanto que se hiciera condifencialmente.

Un tercer motivo posible, mucho más inteligente, podía haber sido que la tortura, aunque no muy utilizada para obtener testimonios concretos podía servir de ayuda de un modo menos concreto y más general. Si mi interrogador me amenaza con que se vengará en mi familia si no coopero yo puedo dudarlo por no tener prueba alguna de que sea lo suficientemente influyente o lo suficientemente cruel, o ambos. Sin embargo si me encarcela por un año o más, torturándome a voluntad, al final creeré que es influyente y cruel. Así pues vemos que la tortura, aunque bastante inadecuada en sí para obtener el tipo de testimonios que se presentaron en Nuremberg, pudo muy bien emplearse para conseguir un “debilitamiento” generalizado de testigos y acusados que ayudara de otros modos a las medidas coercitivas e intimidatorias.

También merece la pena enumerar algunos inconvenientes. Primero, la tortura física no es algo bien definido. Puede argumentarse que el confinamiento prolongado en condiciones insalubres, o incluso sólo de incomodidad, con interrogatorios diarios es un modo de tortura. Otro inconveniente es que hay distintas maneras de tortura, principalmente las de tipo sexual o relacionadas con el sexo, de las cuales no podemos saber sencillamente porque las víctimas no hablan de ellas. Por último, debemos subrayar que casi nadie de nosotros, este autor ciertamente no, ha experimentado la tortura a manos de profesionales que persiguen un objetivo determinado y por ello es muy probable, para decirlo claramente, que no tengamos ni idea de lo que decimos cuando discutimos sobre las torturas posibles.

Nuestra conclusión básica al respecto es que hay algo de imponderable en la cuestión. Pensamos que es posible que se torturase para lograr el debilitamiento de las víctimas de modo que sus testimonios fueran más predecibles y que no estuvieran motivados sino por la tortura. Atendiendo a esto hemos analizado los testimonios de testigos y acusados en las páginas precedentes de este capítulo; los efectos de la tortura y el miedo que produce no explican por sí mismos los testimonios en favor de los exterminios. Por tanto nos inclinamos a disentir de gran parte de la literatura existente que habla sobre el tema lo cual parece, que, en Nuremberg, hace recaer mucho el acento sobre la tortura. No obstante admitimos que nuestro análisis de una cuestión tan peliaguda no es concluyente. Sospechamos igualmente que quienes escribieron acerca de juicios por brujería han sacado conclusiones no válidas por dos razones incuestionablemente ciertas, primero que las víctimas de tales procesos fueron torturadas y segundo que muchas de ellas testificaron más tarde sucesos imposibles. En realidad lo primero no implica lo segundo pero puede contribuir cuando su efecto se añade a razones de más peso para testificar falsedades.

Volveremos sobre algunas declaraciones que se hicieron en los juicios a su debido momento. Hay algunos comentarios, supuestamente hechos por altos dirigentes nazis, que deben ser mencionados. El 17 de abril de 1943 Hitler se reunió con el almirante Horthy en el castillo de Klessheim, Hitler criticó la clemente política de Horthy hacia los judíos y se dice, que explicó a Horthy que, en Polonia, las cosas eran diferentes:

“Si los judíos no querían trabajar eran fusilados. Si no podían trabajar tenían que ser tratados como un bacilo de la tuberculosis que puede infectar a un cuerpo sano. Esto no resulta cruel si se piensa que incluso las criaturas inocentes de la naturaleza, como los ciervos y las liebres, que están contagiadas deben morir a fin de que no causen daño”.

La prueba de que Hitler dijera esto es la supuesta acta de la reunión y el testimonio favorable ante el IMT que hizo el Dr. Paul Otto Schmidt, el interprete de Hitler, que normalmente participaba en tales reuniones y elaboraba las actas. Schmidt testificó que estuvo presente en dicha reunión y que las actas eran auténticas y estaban redactadas por él. Sin embargo en su último libro escribió que no estuvo presente ¡ya que Horthy había insistido en que abandonara la habitación! (32)

También está un párrafo del Testamento Político de Hitler:

“Pero tampoco he dejado ninguna duda respecto de que si los pueblos de Europa vuelven a ser considerados sólo como paquetes de acciones de estos conspiradores internacionales del dinero y de las finanzas, también a aquel pueblo se le pediría cuentas conjuntamente ya que es el verdadero culpable de esta pugna homicida.

Además he dejado claro para todo el mundo que esta vez no sólo millones de hombres adultos habrían de sufrir la muerte y no sólo centenares de mujeres y niños habrían de ser quemados y bombardeados a muerte en las ciudades sin que el verdadero culpable, aunque con medios más humanos que la guerra, deba expiar su culpa”.

Frecuentemente se interpreta este párrafo como una confesión del exterminio, pero su significado es, como poco, ambiguo. Después de todo, el pago de que habla debía hacerse “con medios más humanos que la guerra”. Los judíos que habían estado en los dominios de Hitler habían perdido sus bienes y su posición en Europa y esta puede ser la interpretación correcta. La pérdida de bienes y de posición pudiera parecer un pago lamentablemente inadecuado por los cargos de que se acusaba a los judíos, pero es bien sabido que todos los políticos, antes de abandonar la escena pública, gustan de exagerar la importancia de sus obras.

Existe también la posibilidad de que el texto del testamento fuera falsificado ya que su descubrimiento por las autoridades británicas y estadounidenses no se anunció hasta el 29 de diciembre de 1945 y además sólo está firmada la última página. Para realizar un cambio indetectable sólo hubiera hecho falta la secretaria que Hitler utilizó. (33)

Tenemos también un discurso supuestamente pronunciado por Himmler en Posen en octubre de 1943. La traducción del párrafo pertinente, tal y como aparece en los volúmenes del NMT, es como sigue e incluye en algunos casos el original en alemán (34):

“Quiero también hablaros, con honestidad, de un asunto muy serio. Entre nosotros debemos hablar de él honestamente y por ahora nunca lo mencionaremos en público. Lo mismo que no vacilamos el 30 de junio de 1934 en cumplir el deber que nos había tocado y colocar a los camaradas descarriados frente al pelotón de fusilamiento, tampoco hemos hablado de ello y nunca lo haremos…

Me refiero a la evacuación de los judíos (die Judenevakuierung), al exterminio (Ausrottung) de la raza judía. Es una cosa que se comenta fácilmente, “La raza judía está siendo exterminada (Ausgerottet)” dice un miembro del partido, “Está claro, la eliminación (Ausscheltung) de los judíos está en nuestro programa y lo estamos haciendo – el exterminio (Ausrottung) es lo que estamos haciendo”. Y entonces llegan 80 millones de valiosos alemanes cada uno con su honesto judío. Por supuesto que los otros son sabandijas, pero éste es un judío de primera. Ninguno de los que así hablan lo ha visto ni tampoco ha pasado por ello. La mayoría de vosotros sabéis lo que son 100 cadáveres uno al lado del otro, ó 500, ó 1.000. No haber cejado y al mismo tiempo, salvo excepciones achacables a la debilidad humana, seguir siendo personas honestas es lo que nos ha hecho duros. Esta es una página gloriosa de nuestra historia que nunca se ha escrito ni nunca lo será pues sabemos lo difícil que se habría hecho para nosotros si además de los bombardeos aéreos y de soportar las privaciones de la guerra tuvieramos aún judíos en cada ciudad actuando como saboteadores secretos, agitadores y alborotadores (*). Probablemente habríamos llegado a la situación de 1916 y 1917 cuando los judíos todavía estaban en el cuerpo nacional alemán.

Les hemos quitado cuantas riquezas poseían. He dado órdenes estrictas, que el Obergruppenführer SS Pohl ha llevado a cabo, para que estos bienes sean, por sistema, entregados al Reich sin reserva alguna. No cogimos nada para nosotros… Tenemos el deber moral, el deber hacia la patria, de destruir a este pueblo (dieses Volk umzubringen) que quiere destruirnos. Pero no tenemos el derecho de apropiarnos ni siquiera de una piel, un reloj, un marco, un cigarrillo o cualquier otra cosa. Porque exterminamos (Ausrotteten) un germen, no queremos que al final nos infecte y morir por su causa… Allá donde surja nosotros lo cauterizaremos”.

(*) (N.T.: “trouble-monger”: literalmente “comerciante de problemas”).

La prueba de que Himmler realmente dijera esto es muy débil. El presunto texto del discurso de Posen forma parte del documento 1919-PS y ocupa 63 páginas en los volúmenes del IMT. El fragmento citado se encuentra en una sección de una página y media hacia la mitad del texto que está bajo el encabezamiento “Evacuación judía”. El manuscrito del discurso, que no lleva firma ni ninguna otra aprobación, se dice (en el material aclaratorio que acompaña al documento del proceso) que fué encontrado en los archivos de Rosenberg. Constituyó prueba ante el IMT como parte del documento 1919- PS pero durante los procedimientos del IMT no se determinó donde se supone que fué hallado y nadie preguntó a Rosenberg sobre ello. Por otra parte se preguntó a Rosenberg acerca del 3428-PS, otro documento que fué supuestamente hallado en sus archivos (y del que más tarde hablaremos un poco), y negó que hubiera estado en ellos. (35) Más tarde se dijo que durante el caso 11 “los ficheros de Rosenberg fueron revisados y se descubrió que 44 discos contenían el discurso de Himmler en Poznan del 4 de octubre de 1943″. (36) Los discos se supone que son el documento NO-5909 y constituyeron prueba durante el testimonio del acusado Gottlob Berger, un general SS, antiguo jefe del Departamento Administrativo de las SS, el principal enlace personal de Himmler con el Ministerio de Rosenberg para los Territorios Ocupados del Este, y jefe de los asuntos de prisioneros de guerra hacia el final del conflicto. En su testimonio directo Berger dijo no saber nada de un programa de exterminio y también que Himmler, ciertamente, había pronunciado un ” inacabable ” discurso en Posen en 1943 ante un auditorio de altos jefes de las SS entre quienes estaba él. Sin embargo negó que el documento 1919-PS fuera una transcripción precisa del discurso ya que recordaba que parte del discurso tenía que ver con ciertos jefes belgas y holandeses de las SS allí presentes y (37):

“Esto no figura en la transcripción. Puedo decir con certeza que no habló del “Ausrottung” de los judíos porque la razón de aquel mitin era eliminar y suavizar las tremendas tensiones que había entre las Waffen SS y la policía”.

Durante el turno de réplica el fiscal Petersen puso en el fonógrafo una grabación de alguien pronunciando las primeras frases del susodicho discurso pero al principio Berger negó que fuera la voz de Himmler y luego, después de oir lo mismo una segunda vez dijo que “pudiera ser la voz de Heinrich Himmler”. Los discos resultaron entonces presentados como prueba y más fragmentos, incluyendo el que trataba de la evacuación de judíos que citamos antes, fueron escuchados ante el tribunal. No obstante no se preguntó más a Berger acerca de la autenticidad de la voz y fué inmediatamente exculpado después de oir las grabaciones. El tribunal las aceptó como prueba a pesar de cierta reticencia:

“El juez Powers en la presidencia: Bien, creo que ha quedado suficientemente probado, prima facie (**), que la voz es la de Himmler como para aceptar el documento como prueba. Sin embargo no hay pruebas de que fuera pronunciado ni en Poznan ni en otro lugar en concreto. Los discos constituirán prueba como indicación de la actitud general de Himmler”. (**) (N.T.: “prima facie”: a primera vista).

La única prueba “prima facie” de la autenticidad de la voz (en un sólo momento del discurso), por lo que a mí concierne, era la declaración de Berger diciendo que la voz “pudiera ser la voz de Heinrich Himmler”.

En nuestro juicio la acusación no aportó la más mínima prueba de que la voz perteneciera a Himmler y tampoco de que el discurso de Posen, que todo el mundo admite que trataba cuestiones delicadas, fuera grabado alguna vez. Por tanto, la autenticidad de estas grabaciones ni siquiera puede discutirse y mucho menos demostrarse.

Puede ser que hoy en día no exista ninguna grabación que pretenda contener el comentario de Himmler sobre la “evacuación judía”. Ninguna grabación parecida, por lo que yo sé, se ha hecho pública durante la avalancha de propaganda que acompañó el asunto de Eichmann. Reitlinger aclara que existe una “grabación parcial” del discurso de Posen, pero no dice de qué parte. (38) No he profundizado más en este tema porque no estoy cualificado para calibrar dichas grabaciones, si es que existen.

Notesé que estas grabaciones, de las que se dice que fueron tardíamente descubiertas en los ficheros de un hombre muerto, se presentaron como prueba ante el mismo tribunal, el circo de Kempner, que el análisis ya ha desacreditado de manera concluyente desde distintos puntos de vista. Además, parece bastante extraño que Himmler permitiera grabar un discurso cuyo contenido “nunca mencionaremos en público”

y luego, a pesar de que él dirigía la Gestapo, viera caer dichas grabaciones en las manos de su rival político Rosenberg. Atendiendo a estas consideraciones y también debido a que resulta muy difícil de creer que Himmler hubiera hecho perder el tiempo de tantos altos mandos de las SS pronunciando el supuesto texto del documento 1919-PS (la digresión más general sobre la guerra), se puede estar seguro de que nos encontramos aquí ante otra falsificación. No obstante partes del presunto discurso pueden ser auténticas, y algunas pudieron pronunciarse durante el discurso de Posen o en otras ocasiones.

Es verdad que Pohl testificó en el caso 4 que él estuvo presente (probablemente sea verdad) y que Himmler pronunció las palabras concernientes al exterminio de judíos.

Sin embargo la verdadera razón de Pohl resulta ser ridícula. Hemos señalado que su estrategia básica ante el tribunal consistía en intentar explotar el hecho de que los cargos de exterminio iban dirigidos concretamente contra la Gestapo y la RSHA, y se hallaba listo para volcarse en esta cuestión en cuanto el affidavit de Hoess le absolviera de los exterminios. Su estrategia defensiva tenía la misma lógica básica que la de todos los acusados que hemos visto, a excepción de Goering. Así, el testimonio de Pohl sobre el discurso de Posen concuerda con su declaración de que aquél fué la primera noticia que tuvo acerca de los exterminios. En otras palabras, los exterminios estaban presuntamente tan alejados de sus responsabilidades oficiales que le fué necesaria una declaración de Himmler para saber de ellos. Naturalmente testificó más adelante que poco después protestó ante Himmler, pero se le dijo que “no era asunto suyo”. De este modo se planteaba la simple estrategia defensiva de Pohl consistente en interpretar a su conveniencia aquello que era un hecho para el tribunal. (39)

Debe hacerse una aclaración secundaria antes de dejar el tema del discurso de Posen. Puede discutirse que el texto pueda ser auténtico llegado a este punto pero que por “Ausrottung” Himmler quisiera decir sencillamente “desenraizamiento” u otra clase de supresión menos drástica que la muerte. La base principal de semejante argumento es que “Ausrottung” se hace equivaler explicitamente en el texto a “Judenevakuierung” y a “Ausschaltung”. Los cadáveres mencionados pueden interpretarse fácilmente como pertenecientes a alemanes muertos durante los “raids” aéreos aliados y de los cuales los nazis decían que eran los judíos los últimos responsables. Por otro lado cabe señalar que, si el contenido es auténtico, Himmler consideraba un derecho y un deber ” dieses Volk umzubringen”, y la comparación con la sangrienta purga de 1934 al principio del texto parece justificar el tomar “Ausrottung” en su inmediato sentido de exterminio. Así pues los argumentos de esta clase no son muy sólidos.

La conclusión final es que si se nos pide que creamos que el texto es auténtico, de hecho se nos pide que creamos en Kempner.

Finalmente, existe un número de comentarios en “Los diarios de Goebbels” pero que, como dice “la nota del editor”, los “los diarios fueron mecanografiados en fino papel milimetrado” y luego “pasaron por varias manos, y finalmente llegaron a posesión de Mr.

Frank E. Mason”. Así, la autenticidad del manuscrito completo está muy en tela de juicio incluso si de algún modo pudiera demostrarse la autenticidad de la mayor parte. Interpolar con una máquina de escribir resulta simple. La edición original de los “Diarios…”

encuadernada en tela hasta contiene una nota del Gobierno de los Estados Unidos diciendo que “ni afirma ni niega la autenticidad del manuscrito”.

Wilfred von Oven, que fué funcionario en el Ministerio de Goebbels y que, después de la guerra, fué editor del diario derechista de Buenos Aires en lengua alemana “La Plata”, adelantó una prueba curiosamente vehemente de la autenticidad de “Los diarios de Goebbels”. Sin embargo el efecto final de sus comentarios ha sido justo lo contrario pues nos dice que (a) los diarios fueron dictados de notas a mano (que fueron destruidas en consecuencia) por la “Regierungdrat” de Goebbels, Otte, quien las mecanografiaba con una máquina de escribir especial que tenía caracteres de casi un centímetro de altura y que era utilizada para escribir los textos que usaba Goebbels en sus discursos (!) y que (b) Oven “observó a menudo” que Otte, por orden de Goebbels, “con el cuidado y precisión de siempre quemaba estas páginas hacia el final de la guerra después de haberlas reproducido en microfilm”. El motivo de esto último, tal y como se dice que Goebbels explicó a Otte en la entrega del 18 de abril de 1945 en el diario posterior (que fue publicado en 1948/49 en Buenos Aires), era que Goebbels “se había cuidado durante meses de que su gran secreto, resultado y suma de más de 20 años de carrera política, su diario, fuera preservado para la posteridad para que no cayese en manos desautorizadas”.

La extraña historia de Oven al menos arroja alguna luz sobre una referencia a una insólita máquina de escribir que aparece en la introducción a los “Diarios…” de Louis P.

Lochner. Si la versión de Oven es auténtica, es posible que personas desconocidas obtuvieran la máquina especial o una idéntica y el conjunto de microfilms e inventaran, redactaran e intercalaran un texto. Sin embargo es casi imposible creer que los diarios de Goebbels se transcribieran como dice Oven. (40)

La última parte de la leyenda exterminacionista dice que los “Einsatzgruppen”

exterminaban judíos rusos mediante “gasmobiles” y fusilamientos masivos. Ésta es la única parte de la leyenda que contiene un átomo de verdad.

Cuando la invasión alemana de Rusia en junio de 1941, había una orden del Führer diciendo que, para anticiparse a una política soviética idéntica, la guerra en Rusia no debía conducirse atendiendo a las tradicionales “reglas de la guerra”. Iban a adoptarse las medidas necesarias para luchar contra los partisanos y a Himmler le iba a ser conferido el poder para “actuar independientemente bajo su sola responsabilidad”. Todos sabían que esto significaba la ejecución de partisanos y de quienes colaborasen con ellos. El trabajo sucio fué asunto de cuatro “Einsatzgruppen” de la SD que contaban con cerca de 3.000 hombres (o sea del orden de entre 500 a 1.000 por grupo). Incidentalmente, los entendidos han aceptado que la lucha contra los partisanos era necesaria en el teatro ruso de operaciones, donde el enemigo no respataba las “reglas”. (41)

En varias ocasiones hemos tenido la oportunidad de señalar que los judíos representaban, de hecho, una amenaza segura para la retaguardia alemana. El estracto de la Cruz Roja lo deja bien claro. La tarea de los “Einsatzgruppen” consistía en combatir dicho peligro con los medios necesarios, así que no necesitamos que nos digan nada para vislumbrar que los “Einsatzgruppen” debieron fusilar a muchos judíos aunque no sabemos si “muchos” significaba 5.000, 25.000 ó 100.000. Naturalmente también fueron ejecutados muchos no judíos.

Sin embargo la acusación va más lejos y afirma que los “Einsatzgruppen” tenían un doble cometido; se les acusa no sólo de mantener bajo control el problema de los partisanos sino también de exterminar a todos los judíos (y gitanos). Solamente con el sentido común debe rechazarse la idea de que, con sólo 3.000 hombres, por regla general, empleasen su tiempo y sus esfuerzos persiguiendo objetivos sin interés militar. De nuevo nos encontramos un caso de doble interpretación.

La historia dice que no existe ninguna orden escrita para exterminar a los judíos pero que los comandantes de “Einsatzgruppen” recibían sus órdenes oralmente y en diferentes ocasiones. Ohlendorf mandaba el grupo D en el Sur de Rusia y recibió sus órdenes, oralmente, en Streckenbach en junio de 1941. Rasch del grupo C, operaba justo al Norte de Ohlendorf, no recibió sus órdenes hasta agosto. Los grupos A y B operaban en torno a los estados bálticos y al Sudeste de dichos estados respectivamente y sus jefes eran Stahlecker y Nebe también respectivamente. (42)

La principal evidencia de los exterminios consiste en una cantidad gigantesca de pruebas documentales que resulta sencillamente graciosa. Está el aplaudido documento 501-PS que los rusos mostraron en un espectacular “juicio” organizado en diciembre de 1943 (sic). (43) Una parte es, supuestamente, una carta dirigida a Rauff en Berlín, escrita por un tal subteniente de las SS Becker de quien se dijo en el juicio del IMT que había muerto. Dice lo siguiente (44):

“La revisión del “Wagen” por los grupos D y C ha terminado. Mientras que el “Wagen” de las primeras series puede operar si el tiempo no es demasiado malo, el “Wagen”de las segundas series (Saurer) se detiene del todo con tiempo lluvioso… He ordenado que el “Wagen” del grupo D sea camuflado como caravana… el conductor aprieta el acelerador a fondo. Se consigue que el condenado muera por asfixia y no mientras duerme como se había planeado”.

El texto del documento suena tan espurio como cabía esperar pues se supone que fué escrito por un obscuro subteniente y que cayó por casualidad en manos de los rusos en 1943. Alexander I. Soljenitsin, en “Archipielago Gulag” menciona el caso del bávaro Jupp Aschenbrenner, a quien los rusos persuadieron para firmar una declaración parecida diciendo que había trabajado en una furgoneta de gas, pero Aschenbrenner más tarde pudo probar que, cuando se supone que trabajó en las furgonetas, estaba en realidad en Munich estudiando para ser electricista. (45)

La prueba que se cita con más frecuencia es una recopilación de documentos presuntamente escritos día a día y otros informes de los “Einsatzgruppen” para Himmler y Heydrich del periodo comprendido entre junio de 1941 y mayo de 1942. Los números de los documentos son 180 L (el supuesto informe de Stahlecker encontrado en los archivos de Himmler) (46), 2273-PS (otro presunto informe de Stahlecker sobre las acciones realizadas hasta el 31 de enero de 1942, “capturado por los rusos en Riga”, Stahlecker murió en marzo de 1942) (47), 119-USSR y otros muchos. La lista es demasiado numerosa y la mayoría tienen números en torno al NU-3000. Además de hablar de la lucha ordinaria antipartisanos, los informes hablan de acciones aisladas de ejecuciones de judíos en masa, con cifras de víctimas que suelen rayar en varios miles. En la mayoría de los casos se indica que fueron distribuidas muchas copias, a veces cientos de ellas. Están mimeografiadas y las firmas son de lo más raro y, si las hay se hallan en páginas no incriminatorias. Por ejemplo el documento NO-3159 lleva una firma, R.R. Strauch, pero sólo en una página introductoria que contiene la situación de varias unidades de “Einsatzgruppen”. También está el NO-1128, un presunto informe de Himmler a Hitler sobre la ejecución de 363.211 judíos rusos entre agosto y noviembre de 1942, entre otras cosas. Esta acusación se halla en la página 4 del NO-1128 mientras que las supuestas iniciales de Himmler se encuentran en la irrelevante página 1. Además, las iniciales de Himmler eran fáciles de falsificar: tres líneas verticales cruzadas por una horizontal. (48)

En lo tocante a estos asuntos el lector debe saber que al examinar las reproducciones impresas de documentos de los volúmenes del IMT y del NMT no debe aceptarse una firma hecha a mano a menos que se diga precisamente esto, pues “firmado” significa generalmente una firma mecanografiada. Por ejemplo el documento 180-L, se reproduce en alemán en los volúmenes del IMT y en los del NMT se reproducen extractos en inglés. En ambos casos se indican las firmas pero el documento auténtico sólo tiene “gez. Dr. Stahlecker” (firmado Dr. Stahlecker) escrito a máquina en dos lugares.

(49)

Existen dos documentos cuya autoría corresponde supuestamente a Heinrich Lohse, “Reichskommissar” para el “Ostland”, la misma persona a quien se dirigía la carta de Wetzel en la que hablaba del “remedio Brack” (pág. 173). Uno de ellos habla de “Sonderbehandlung” y aludimos a él en el capítulo IV (pág. 115). Al igual que Wetzel, Lohse nunca fué llamado a testificar en Nuremberg. Sin embargo, a diferencia de Wetzel, Lohse fué juzgado por un tribunal alemán y sentenciado en 1948 a 10 años de cárcel. No obstante fué liberado en 1951 debido a su mala salud y recibió una pensión que poco después fué suprimida debido a las protesas del público. Según los documentos que se le atribuyen, Reitlinger dice que “le salvaron de un tribunal militar aliado y quizás de la horca”

pues, aunque hablan de atrocidades, están redactadas de modo que hacen aparecer a su autor en contra de los crímenes. El documento relacionado con el “Sonderbehandlung”

es una carta de Lohse a Rosenberg fechada el 18 de junio de 1943. El verdadero documento, el 135-R, parece que se supone que es una copia sin firmar, hecha con papel carbón, de la correspondencia hallada en los archivos de las SS. El párrafo en cuestión dice (50):

“No hace falta discutir más el que los judíos sean Sonderbehandelt. Pero que las cosas vayan como dice el informe del GeneralKommissar del 1 de junio de 1943 resulta difícil de creer. ¿Qué es Katyn comparado a esto?…”

Anexos al documento están tres informes sin firmar supuestamente recibidos del GeneralKommissar (Wilhelm Kube, GeneralKommissar de la Rusia Blanca).

El segundo documento de Lohse es el 3663-PS y es uno de los numerosos documentos que ha pasado por la muy irregular circunstancia de haber sido elaborado por el Yivo (Instituto Científico de Yiddish) de Nueva York antes de ser presentado como documento del Tribunal de Nuremberg. Hay cerca de 60 de tales documentos de los que se dice que fueron hallados en el Ministerio de Rosenberg en septiembre de 1945 por el sargento Szajko Frydman de la 82 Ala Aérea del Ejército de los Estados Unidos. Sin embargo, Frydman fué miembro del Yivo antes y después de servir en el Ejército (en realidad el Yivo presentó tantos documentos supuestamente hallados en el Ministerio de Rosenberg que muy bien podía saber el origen del texto del presunto discurso de Himmler en Posen). La primera parte del documento está escrito en papel oficial del Ministerio. Es una carta dirigida a Lohse, fechada el 31 de octubre de 1941 con una firma mecanografiada del Dr. Leibbrandt y un encabezamiento ilegible escrito a mano por alguien. Dice lo siguiente:

“La RSHA se ha quejado de que el Reichskommissar del Este ha prohibido las ejecuciones de judíos en Libew. Solicitó en contestación un informe sobre este asunto”.

La segunda parte del documento es la contestación, manuscrita al dorso de la primera parte, escrita supuestamente por la mano de Trampedach y con las iniciales de Lohse (una letra “L” de una pulgada y media de altura aproximadamente). Dice:

“He prohibido las salvajes ejecuciones de judíos en Libau porque no son justificables en la manera en que se están llevando a cabo.

Quisiera que me informara si su petición del 31 de octubre debe considerarse como una orden para liquidar a todos los judíos orientales. ¿Tendrá lugar sin tener en cuenta la edad, el sexo y el interés económico (por ejemplo el de la Wehrmacht en especialistas en la industria de armamentos? Por supuesto, limpiar de judíos el Este es una tarea necesaria; sin embargo su solución debe armonizarse con las necesidades de producción de guerra.

Por ahora no he podido encontrar semejante orden ni en las reglamentaciones de la cuestión judía contenidas en la “carpeta marrón” ni en otros decretos”.

Obviamente, Lohse no podía tener ninguna razón para replicar a la autenticidad de estos documentos ya que, aunque sugieren exterminios, los excusan enfáticamente.

Otro documento del Yivo es el 3428-PS, una presunta carta de Kube a Lohse, informando del embarque de judíos alemanes y franceses, entre otros, rumbo a la zona de Minsk y de la liquidación de algunos de éllos. En el examen del resumen mimeografiado no aparece claro si se supone que el documento llevaba firma autógrafa o no. Wilhelm Kube fué asesinado en septiembre de 1943. (51).

Otros documentos pertinentes se hallan numerados entre el 3660-PS y el 3669-PS (excepto el 3663-PS). Están atribuidos a varias personas, por ejemplo a Kube y a Gewecke, y en todos los casos el material accesorio que los acompaña especifica que se ignora el paradero de los originales y que sólo se dispone del fotostato. Con sólo un par de excepciones, no hay firmas autógrafas.

Hasta Reitlinger parece sorprendido de la existencia de estos informes y otros documentos, ya que dice (52):

“No es fácil saber por qué los asesinos dejaron testimonios tan abundantes tras de ellos; pues a pesar de su lista ampliamente divulgada, el informe de Knobloch (el oficial de la Gestapo que redactó el informe) parece que fué pensado para apelar a Himmler y a Heydrich. Así, además de los numerosos escamoteos en los cupos diarios de muertos para obtener una cantidad total impresionante, hay bastante de aficionado en el trabajo de espionaje político”.

Es lo que hay “de aficionado” lo que convence a uno de que es una falsificación; el contenido de estos informes resulta ridículo en cuanto a lo tratado. Por poner algunos ejemplos de estractos reproducidos en el tomo 4 del NMT (53):

“La táctica de oponer terror contra terror tuvo un éxito maravilloso. Por temor a las represalias los campesinos recorrían 20 kilómetros o más hasta el cuartel general del “Teilkommando” del “Einsatzgruppe A”, a pie o a caballo, para darnos noticias de los partisanos; noticias que eran exactas la mayoría de las veces…

Puede mencionarse al respecto un caso que demuestra la exactitud del principio de “terror contra terror”. En el pueblo de Yachnova se averiguó mediante una información del campesino Yemelyanov y tras posteriores interrogatorios y otras investigaciones que los partisanos habían comido en casa de Anna Prokovieva. La casa fué incendiada el 8 de agosto de 1941 sobre las 21 horas y sus habitantes detenidos. Poco después de la medianoche los partisanos incendiaron la casa del informador Yemelyanov. Un destacamento enviado al día siguiente a Jachnowa averiguó que la campesina Ossipova había dicho a los partisanos que Yemelyanov nos dió la información que provocó los hechos.

Ossipova fué fusilada y su casa incendiada. Además, dos jóvenes de 16 años del pueblo fueron fusilados porque, según sus propias confesiones, pasaban frecuente información a los partisanos…

…Varios judíos que no habían sido suficientemente registrados por los guardias lituanos desenfundaron cuchillos y pistolas y gritaron “Viva Stalin” y “Abajo Hitler”, se lanzaron contra la policía hiriendo a siete de ellos. Por fin se sofocó la rebelión. Después del fusilamiento in situ de 150 judíos, el transporte de los restantes hacia el lugar de ejecución se realizó sin incidentes.

En el curso de las más grande operación antijudía, 3.412 judíos fueron fusilados en Minsk, 302 en Vileika y 2.007 en Baranovichi.

La población recibió con alegría estas acciones, cuando se enteraron, al inspeccionar las viviendas, de que los judíos disponían aún de grandes reservas de comida, mientras que ellos apenas tenían.

Los judíos aparecen por doquier, especialmente en el mercado negro. En la cantina de Minsk que abastece de comida a la población y depende de la administración de la ciudad, dos judíos cometían desfalcos a gran escala y sobornos. La comida obtenida de este modo era vendida en el mercado negro”.

No es difícil de comprender la existencia de estos documentos pues sin ellos los autores de la mentira no tendrían prueba alguna de sus acusaciones salvo los testimonios. Hemos visto que en Auschwitz había abundantes hechos materiales con los que trabajar y cuyos significados pudieran tergiversarse: los judíos embarcados hacia Auschwitz, muchos de los cuales no regresaron a sus hogares de origen, los grandes envios por barco de cianuro gaseoso, las meticulosas instalaciones de cremación, las selecciones, el olor. La situación de los “Einsatzgruppen” era distinta pues sólo existía el hecho único de las ejecuciones. Por si solo, no parece ser una prueba impresionante, y es sin duda la razón por la que estos documentos fueron fabricados en tan ingente cantidad.

Esto contrasta con la fábula de Auschwitz, donde la falsificación de documentos no era tan importante y donde las falsificaciones se realizaron con más cuidado. En el caso de Auschwitz nos encontramos con una mentira fabricada por Washington pero en el de los “Einsatzgruppen” nos encontramos con una fabricada por Moscú y por tanto resulta más tosca.

Vale la pena destacar que los “gasmobiles” no aparecen en la propaganda soviética hasta la mitad de la guerra. Por supuesto, las masacres de judíos figuraron desde los inicios y el relato del New York Times del 6 de abril de 1942 que aparece en nuestra lista del capítulo III es un ejemplo, pero no se dice que las masacres se llevaron a cabo mediantes “gasmobiles”. Un producto de la propaganda soviética de entonces es el libro “¡No perdonaremos!” (Editora de Lenguas Extranjeras, Moscú, 1942), que comienza con un resumen, presentado por Molotov el 27 de abril de 1942, de los crímenes que los alemanes habían supuestamente cometido al invadir Rusia. El resto del libro pormenoriza las acusaciones adjuntando comentarios y fotografías con algunos trucajes manifiestos entre ellas. Puesto que los alemanes son acusados de prácticamente todos los crímenes imaginables, también lo son, naturalmente, de pogroms y masacres de judíos, pero los “gasmobiles” no aparecen entre los cargos. Por lo que nosotros sabemos, las primeras acusaciones de exterminio con “gasmobiles” en territorio ruso (a diferencia de las mismas acusaciones en Chelmno en Polonia) datan de julio de 1943, durante el juicio de los soviéticos a 11 rusos acusados de haber colaborado con los alemanes en Krasnodar.

Esto sugiere que las acusaciones rusas de los “gasmobiles” pudieron estar inspiradas en la propaganda de las cámaras de gas que había comenzado en Occidente a últimos de 1942. En cualquier caso, la tardía aparición de los “gasmobiles”, lo mismo que con la propaganda de Auschwitz, constituye una prueba más de que las acusaciones fueron inventadas. (54)

También deben mencionarse algunos testimonios más. Aun a riesgo de remachar algo tan sencillo, permítannos observar lo que aquí se ha señalado desde distintos ángulos; el que un testigo testifique ante el tribunal sobre la verdad de X, cuando el tribunal está comprometido con la verdad de X, no demuestra históricamente nada.

El testimonio más frecuentemente referido es el de Ohlendorf, un economista y teniente general de las SS que había tenido algunas diferencias con Himmler y en consecuencia se vió destinado a mandar el grupo D durante un año, desde el verano de 1941 al verano de 1942, en el Sur de Rusia. Ohlendorf era la persona más culta de todas las que se vieron envueltas en este asunto.

En el IMT, mientras se juzgaba a otras personas, Ohlendorf había sido testigo de la acusación y había testificado a favor de las acusaciones exterminacionistas. (55) Dijo que había recibido órdenes verbales para dedicarse también al exterminio de judíos, que los “gasmobiles” se utilizaban para exterminar a mujeres y niños, que el documento 501-PS era auténtico (la carta de Becker) y que la Wehrmacht estaba implicada en todo esto. De este modo la acusación relacionada con los Einsatzgruppen formó parte del IMT que incluso estableció que Ohlendorf exterminó judíos con el grupo D. (56) Como ya vimos, estas declaraciones ante el tribunal constituyeron “prueba de hechos establecidos”

cuando Ohlendorf, sin duda en contra de lo que él esperaba, se convirtió en el principal acusado del caso 9. En vista de la situación legal en que estaba Ohlendorf, en su propio juicio, tenía menos esperanzas que ningún otro.

El testimonio de Ohlendorf ante el NMT resultó sencillamente contradictorio; tuvo que soportar su testimonio ante el IMT al que la acusación pretendía atenerse pero que él intentaba esquivar de cualquier modo y el resultado fué un relato sin la más mínima coherencia. (57) Se retractó de su anterior declaración en la que decía haber recibido órdenes concretas de exterminio, pero en el turno de réplica dijo que aunque había matado a judíos y gitanos, esto formaba parte de la lucha antipartisana y no parte de un programa para exterminar a todos los gitanos y judíos por motivos raciales y religiosos. Sin embargo, el número total de personas de todas las clases ejecutadas por el grupo D durante su año en Rusia fué sólo de 40.000 y no los 90.000 que testificó ante el IMT y que la acusación del NMT intentaba sostener. Por supuesto, cualquiera de las cifras tiene cierto sentido, especialmente la primera, si las ejecuciones sólo eran una medida contra los partisanos, pero carecen de él por completo de suponer que se ejecutaba a todos los judíos y gitanos al mismo tiempo, incluyendo mujeres y niños.

Por tanto, el testimonio de Ohlendorf ante el NMT resulta desesperadamente contradictorio como corresponde a la desesperada situación en que se hallaba. No obstante hay que darse cuenta de que Ohlendorf no testificó a favor de la realidad de ejecuciones con las que su tribunal no se hallara formalmente obligado, a priori, a aceptar como verdaderas. La única parte de su testimonio que puede tener algún valor es su ataque a los informes de los “Einsatzgruppen” diciendo que habían sido “inventados”.

Este testimonio contrasta con el de Haensch, un teniente coronel de las SS que estuvo al mando de un “SonderKommando” en el grupo C durante aproximadamente siete semanas. El hecho de que Haensch no hubiera testificado anteriormente, mientras otros eran juzgados, y el hecho de que su baja graduación suavizara las restricciones a priori del caso 9, hicieron que gozara de una libertad que no tuvo Ohlendorf. Testificó que absolutamente nadie que le diera órdenes había mencionado alguna vez a los judíos como tales, en relación con las ejecuciones de los “Einsatzgruppen”, y que su “SonderKommando” no había acostumbrado, prácticamente, a ejecutar judíos. Estimó que su “SonderKommando” había ejecutado a cerca de 60 personas durante su periodo de servicio. Todo esto se hallaba en absoluta contradicción con lo que se dice que son los informes de los “Einsatzgruppen”, y así lo señaló el tribunal durante el juicio, concluyendo que en cuanto a Haensch (58):

“…sólo puede calificarse de fantástica la declaración del acusado de que su superior, que admitió que por orden del Führer había ejecutado miles de judíos y cuya tarea había de continuar Haensch, no le dijo nada acerca de aquel programa. Y cuando Haensch se atrevió a proferir que la primera vez que tuvo un atisbo de la orden del Führer fué cuando llegó a Nuremberg seis años más tarde, entrá en una categoría de incredulidad que desafía cualquier calificativo”.

Ohlendorf y Haensch fueron sentenciados a la horca. La sentencia del primero se llevó a cabo en 1951 pero la del segundo fué conmutada por 15 años de cárcel.

Presumiblemente estuvo libre parte de los años 50.

Lógicamente, la defensa básica de todos los acusados del caso 9, al igual que en casi todos los demás, era que todo lo que hicieron fué hecho obedeciendo órdenes que, de ser desobedecidas, desembocarían en la ejecución de los desobedientes. En mi opinión es una defensa perfectamente válida y puede que esta consideración jugara un papel en cualquier incentivo que se ofreciera a los alemanes para ser testigos de la acusación en el IMT; no implicaba su culpabilidad o, por lo menos, lógicamente no lo hacía si se estaba cumpliendo órdenes. De hecho éste era un caso de la ley militar alemana que los testigos alemanes conocían bien. La desobediencia o incluso una orden ilegal eran un serio delito castigable. Sin duda la gente como Hoess y Ohlendorf calcularon que sus testimonios ante el IMT les incriminaban sólo en cuanto al perjurio, un delito del que sabían que los acusados nunca les acusarían. Los intentos de Ohlendorf para congraciarse con la acusación estadounidense no acabaron en el IMT pues también le utilizaron después de su propio juicio y estando condenado a muerte, como testigo de la acusación contra los generales de la Wehrmacht en el caso 12.

Obviamente no existe culpabilidad personal si los hechos demandados o sugeridos por los acusadores hubieran claramente acarreado la muerte inevitable de los acusados.

Sospecho que todos los acusadores de los “Einsatzgruppen” habrían obedecido las órdenes de participar en los ataques aéreos sobre Dresden, Hamburgo, Hiroshima y Nagasaki (para los que no existían razones militares plausibles).

No obstante, no quiero dar la impresión de que estoy negando que los “Einsatzgruppen” ejecutaran supuestos civiles, incluyendo mujeres y niños, entre sus cometidos asignados en Rusia. Todas las experiencias en la lucha antiguerrilla de británicos, franceses o estadounidenses sugieren, independientemente de las corrompidas pruebas (seamos suaves) presentadas en los procesos de Nuremberg, que tales cosas sucedieron. En la Guerra de Vietnam los estadounidenses lo hicieron a menudo con napalm y en aquel entonces se armó un buen jaleo cuando fué capturado un obscuro teniente que lo hacía a tiros.

Tampoco intento dar la impresión de que, en realidad, todos actuan brutalmente, pero discutir estos problemas más a fondo nos llevaría muy lejos, así que no lo intentaremos y subrayaremos sólo lo esencial.

Por desgracia los partisanos, tropas irregulares o guerrilleros, junto con las operaciones llevadas a cabo para suprimirlos no sólo son el asunto más sucio que existe sino también una característica común del siglo XX. Resulta sucio incluso cuando ambos bandos se hallan altamente civilizados y son culturalmente similares. Un buen ejemplo es la campaña británica contra la rebelión irlandesa de 1916-21 en la que ambos bandos actuaron con notable brutalidad.

Si a los gerrilleros se añade el hecho de que al menos uno de los contendientes pertenece a un pueblo primitivo, incivilizado o semicivilizado, nos encontramos con una situación difícilmente comprensible para una persona normalmente civilizada, si es que no la ha experimentado directamente. Es muy fácil para nosotros, sentados al calor de nuestros salones, generar indignación moral contra operaciones que implicaban la matanza de “supuestos civiles, incluyendo mujeres y niños”. El típico europeo occidental o americano ha vivido en una cultura donde se suponen ciertos niveles de bondad, caridad y honor, y es difícil para él que comprenda que asumir de otros pueblos ciertas cosas fundamentales no puede hacerse en situaciones como la lucha antiguerrilla en Asia o Rusia pues la crueldad que conllevan excede lo imaginable. Por poner un ejemplo extraído de las experiencias de Vietnam: ¿Qué haría usted, querido lector, si un niño, a pesar de los repetidos avisos de que no se acerque, se aproximara obstinadamente pidiendo comida o caramelos, cuando usted sabe que es muy posible que lleve atada una granada?

Está claro que en tales circunstancias siempre ocurren muchas crueldades innecesarias, pero debe intentarse comprender la situación.

Lo que niego, respecto a los “Einsatzgruppen”, es que pueda darse crédito a las historias aportadas por las evidencias de los juicios que, aunque varían en algunos puntos, básicamente concuerdan en afirmar que los “Einsatzgruppen”, con una fuerza total de cerca de 3.000 hombres para la lucha antiguerrilla en toda la Rusia ocupada, regularmente y como cuestión de procedimiento, perseguían otros objetivos no relacionados con lo militar, y que esos objetivos (exterminios) requerían importantes medios para su consecución. Podemos rechazar todo esto como propaganda, especialmente en vista de los evidentes perjurios y falsificaciones realizadas con el fin de hacer semejante acusación. Lo que sucedió en realidad lo más probable es que sólo pueda saberse con aproximación debido a la escasez de pruebas fiables.

Desgraciadamente, parece que los sucesos de Rusia nunca podrán establecerse con exactitud y que estos episodios continuaron parcialmente en la obscuridad.

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CAPITULO VII. LA SOLUCION FINAL

Ya hemos demostrado que los exterminios son un truco propagandístico, es decir, hemos demostrado qué es lo que no pasó a los judíos. Para completar nuestro estudio debemos demostrar qué es lo que en realidad sucedió con ellos.

El problema de qué sucedio con los judíos europeos resulta muy simple si lo que uno desea es solamente una respuesta genérica, y muy difícil, ciertamente casi imposible, si se busca una precisión estadística. Para responder de un modo general todo lo que hay que hacer es consultar los documentos alemanes pertinentes. Lo que los líderes alemanes hablaban entre sí acerca de su política, resulta obvio que es la primera fuente a consultar.

La naturaleza general de la política judía de los alemanes es muy fácil de descubrir, pues queda establecida en el volumen 13 del NMT. La acusación de los Estados Unidos en el caso de la “Wilhelmstrasse” presentó un documento, el NG-2586, que consta de varias partes, cada una de las cuales es un importante documento sobre la política judía alemana. Una parte, la NG-2586-J, es en realidad un resumen del resto y por tanto un resumen práctico de dicha política. Sencillamente no puede hacerse nada mejor que reproducir el texto, un memorándum de Martin Luther (el antecesor de Horst Wagner), fechado el 21 de agosto de 1942 (1):

1.- El principio de la política judía alemana, después de la conquista del poder, consistió en promover la emigración judía por todos los medios. Con este propósito, en 1939, el mariscal de campo Goering en calidad de plenipotenciario para el Plan Cuatrienal, creó una Oficina Central del Reich de Emigración Judía cuya dirección fué conferida al teniente general SS Heydrich en calidad de jefe de la Policía de Seguridad. El Ministerio de Asuntos Exteriores tiene una representación en el Comité de la Oficina Central del Reich. El borrador de una carta a este efecto, remitida al jefe de la Policía de Seguridad, fué aprobado por el ministro de Asuntos Exteriores del Reich con el número 83/24B en febrero de 1939.

2.- La presente guerra ofrece a Alemania la oportunidad, y también el deber, de solventar el problema judío en Europa. Teniendo en cuenta el desarrollo favorable de la guerra contra Francia, DIII (el departamento Alemania III) propuso como solución, en julio de 1940, la expulsión de todos los judíos de Europa y solicitar la isla de Madagascar a Francia para destinarlos allí. El ministro de Asuntos Exteriores del Reich se halla básicamente de acuerdo en comenzar los preliminares de la deportación de judíos desde Europa, que deberá hacerse en estrecha colaboración con las oficinas del Reichsführer SS ( ).

El plan Madagascar ha sido aceptado con entusiasmo por la RSHA, que en opinión del Ministerio de Asuntos Exteriores es el único organismo que dispone de la técnica y de la experiencia para llevar a cabo la evacuación judía a gran escala y para garantizar la supervisión de los evacuados, consiguientemente la agencia competente de la RSHA elaboró un plan detallado para evacuar a los judíos a Madagascar y para su establecimiento allí, que fué aprobado por el Reichsführer SS. El teniente general SS Heydrich lo envió directamente al Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich en agosto de 1940 ( ).

De hecho el plan Madagascar no pudo realizarse debido al desarrollo de los acontecimientos políticos.

El que el Führer intentase evacuar a todos los judíos de Europa me fué comunicado por el embajador Abetz, lo más tardar en agosto de 1940, después de una reunión con el Führer ( ).

Por tanto las órdenes básicas del ministro de Asuntos Exteriores del Reich, para promover la evacuación de los judíos en estrecha colaboración con las agencias del Reichsführer SS, continúan en vigor y en adelante serán observadas por DIII.

3.- La administración de los territorios ocupados conllevó el problema del trato a los judíos residentes en tales territorios. Al principio, el comandante militar de Francia fué el primero en verse obligado a redactar, el 27 de septiembre de 1940, un decreto acerca del trato a los judíos en la Francia ocupada. El decreto entró en vigor con la aprobación de la Embajada alemana en París. La orden pertinente fué dictada por el ministro de Asuntos Exteriores del Reich al embajador Abetz con ocasión de un informe verbal.

Siguiendo el patrón del decreto de París, otros similares fueron dictados en Bélgica y Holanda. Como estos decretos, en la misma línea que las leyes alemanas sobre los judíos, abarcaban formalmente a todos los judíos independientemente de su nacionalidad, potencias extranjeras protestaron, entre otras la Embajada de los Estados Unidos de América, aunque el comandante militar de Francia, mediante instrucciones internas, había ordenado que las medidas sobre los judíos no debían aplicarse a ciudadanos de países neutrales.

El ministro de Asuntos Exteriores del Reich ha decidido, en el caso de las protestas estadounidenses, no considerar conveniente que exista un reglamento militar en vigor que haga excepciones con los judíos americanos. Sería un error rechazar las protestas de estados amigos (España y Hungría) y por otra parte mostrar debilidad ante los estadounidenses. El ministro de Asuntos Exteriores del Reich considera necesario hacer retroactivas estas órdenes a los comandantes de campo.( ).

De acuerdo con estas directrices, deben aplicarse las medidas sobre los judíos.

4.- En su carta del 24 de junio de 1940 – Pol XII 136 – el teniente general de las SS Heydrich informó al ministro de Asuntos Exteriores del Reich de que todo el problema de cerca de tres millones y cuarto de judíos en las áreas bajo control alemán no podía solucionarse durante más tiempo mediante la emigración; sería necesaria una solución territorial última.

En vista de ello el mariscal del Reich Goering designó el 31 de julio de 1941 al teniente general Heydrich para llevar a cabo, junto con los organismos alemanes de control interesado, todos los preparativos necesarios para la solución total del problema judío en la esfera de influencia alemana en Europa ( ). Atendiendo esta orden el teniente general de las SS Heydrich preparó una reunión de todos los órganos alemanes interesados para el 20 de enero de 1942 a la cual asistieron los secretarios de Estado, en representación de los demás ministerios, y yo mismo, en representación del Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante la reunión el general Heydrich explicó que el mariscal del Reich Goering le había designado por orden del Führer, y que el Führer, en vez de la emigración, había autorizado como solución la evacuación de los judíos hacia el Este (cotejar la página 5 del documento adjunto al DIII 29/42 secreto). El secretario de Estado Weizsaecker fué informado durante la conferencia; por entonces el ministro del Reich de Asuntos Exteriores no sabía de dicha reunión porque el teniente general SS Heydrich acordó acelerar otra en breve, durante la cual se debatirían más detalles de la solución total. Esta reunión nunca tuvo lugar debido al nombramiento del teniente general Heydrich como protector del Reich de Bohemia y Moravia y a su muerte.

Durante la reunión del 20 de enero de 1942 yo solicité que todos los asuntos concernientes a países extranjeros deberían de recibir antes que nada el visto bueno del Ministerio de Asuntos Exteriores; solicitud que el teniente general SS Heydrich aceptó y que también cumplió fielmente. De hecho, la oficina de la RSHA encargada de tratar los asuntos judíos puso en práctica todas las medidas en perfecta cooperación con el Ministerio de Asuntos Exteriores. En realidad la RSHA llevó estos temas casi con excesiva cautela.

5.- De acuerdo con la orden del Führer ya mencionada en el punto 4 (más arriba), comenzó la evacuación de todos los judíos de Alemania.

Se instó a que, junto a estos judíos, debían ir aquellos judíos con nacionalidad de estados que tuvieran medidas antijudías. En consecuencia la RSHA hizo una petición en nombre del Ministerio de Asuntos Exteriores. Por razones de cortesía la petición se realizó vía los consulados alemanes en Bratislava (Eslovaquia), Zagreb (Croacia) y Bucarest (Rumanía) a los gobiernos respectivos diciendo si querían que sus judíos en Alemania regresaran a su debido tiempo o si aceptaban que fueran deportados a los guetos orientales. Para la promulgación de esta orden, el secretario de Estado, el vicesecretario encargado de la División Política, el director del Departamento de Política Económica y el director del Departamento Judicial dieron su aprobación antes de hacerla pública (cotejar con DIII 336 Secreto).

El Consulado alemán en Bucarest informa en cuanto al DIII 602 Secreto que el Gobierno rumano permitiría que el Gobierno del Reich deportase a sus judíos a los guetos orientales junto a los judíos alemanes. No les interesa que judíos rumanos regresen a Rumanía.

El Consulado en Zagreb nos informa de que el Gobierno croata expresa su gratitud por el gesto del Gobierno alemán pero que desearía que sus judíos fueran deportados al Este (cotejar DIII 624 Secreto).

El consulado en Bratislava informó respecto al DIII 661 Secreto que el Gobierno eslovaco está fundamentalmente de acuerdo con la deportación a los guetos orientales, pero dice que no deben ponerse en peligro las propiedades de estos judíos.

Los informes telegrafiados también han sido enviados a la oficina del ministro del Reich de Asuntos Exteriores, como ya es costumbre.

De acuerdo con los informes de los ministros informé a la RSHA respecto al “DIII 661 Secreto” de que los judíos con nacionalidad rumana, croata y eslovaca también podían ser deportados y sus propiedades debían ser confiscadas. Los directores de los departamentos Político, Sección IV del Departamento Político, Sección IX del Departamento Judicial y Sección IV del Departamento de Política Económica han firmado el documento. Por consiguiente se pusieron en marcha las deportaciones de judíos de territorios ocupados.

6.- El número de judíos de este modo deportados al Este no bastaba para cubrir las necesidades de mano de obra que allí había.

Por tanto la RSHA, actuando según las órdenes del Reichsführer SS, propuso al Ministerio de Asuntos Exteriores que solicitara al Gobierno eslovaco que preparase para la deportación desde Eslovaquia al Este a 20.000 fuertes jóvenes judeoeslovacos. El Consulado alemán en Bratislava recibió, por DIII 874, las órdenes adecuadas. La orden fué firmada por el secretario de Estado, el vicesecretario de Estado encargado del Departamento Político, y de la Sección IV del Departamento Político.

El Consulado en Bratislava informó en el “re DIII 1002” de que el Gobierno eslovaco ha puesto manos a la obra con entusiasmo y los preliminares pudieron comenzarse.

En vista de la cordial aceptación del Gobierno eslovaco, el Reichsführer SS propuso que también fueran deportados al Este el resto de los judíos eslovacos y así Eslovaquia quedaría libre de judíos. El Consulado recibió, re DIII 1559 Ang.II, las órdenes oportunas. El borrador de la orden fué firmado por el secretario de Estado y antes de promulgarlo fué enviado a título informativo a la oficina del ministro de Asuntos Exteriores y al vicesecretario de Estado encargado del Departamento Político.

En vista de que mientras tanto el Episcopado eslovaco había presentado objeciones ante el Gobierno eslovaco a la deportación de los judíos, la instrucción incluye expresamente que en ningún caso deben producirse dificultades políticas internas debido a la evacuación de los judíos de Eslovaquia. En el informe telegráfico re DIII 2006, el Consulado decía que el Gobierno eslovaco, sin mediar presión alemana alguna, manifestó su acuerdo a la deportación de todos los judíos y además que el presidente del Estado dió su acuerdo personal a la deportación. El informe telegráfico fué enviado a la oficina del ministro del Reich de Asuntos Exteriores. El Gobierno eslovaco acordó más adelante que contribuiría a los costos los cuales ascienden a 500 marcos por cada judío evacuado.

Mientras han sido deportados de Eslovaquia 52.000 judíos. Debido a la influencia de la Iglesia y a la corrupción de algunos funcionarios 35.000 judíos han obtenido un trato especial. Sin embargo el ministro-presidente Tuka quiere que la deportación de judíos continúe y por consiguiente ha solicitado la ayuda de presiones diplomáticas del Reich (cotejar DIII 3865). El embajador está autorizado a facilitar esta ayuda diplomática expresando al presidente del Estado Dr. Tiso que la exclusión de 35.000 judíos constituye una sorpresa en Alemania, tanto más cuando la cooperación de Eslovaquia hasta ahora respecto al problema judío ha sido aquí altamente apreciada. La orden ha sido firmada conjuntamente por el vicesecretario de Estado encargado del Departamento Político y por el secretario de Estado.

7.- El Gobierno croata también está fundamentalmente de acuerdo con la deportación de los judíos de Croacia. Especialmente considera importante la deportación de cuatro o cinco mil judíos de la segunda zona de ocupación italiana (situada en torno a Dubrovnik y Mostar), en tanto que representan una carga política y su eliminación serviría a la pacificación general. Lógicamente la deportación sólo puede tener lugar con la ayuda alemana ya que son de esperar las dificultades por el lado italiano. Se han dado casos reales de resistencia a las medidas croatas por parte de oficiales italianos que deseaban estar a bien con los judíos. Además el jefe militar italiano en Mostar ha dicho que no puede aprobar las deportaciones porque a todos los residentes en Mostar debe garantizárseles el mismo trato.

Ya que mientras tanto, de acuerdo con una llamada telefónica procedente de Zagreb, el Gobierno croata ha accedido por escrito a la medida propuesta, el ministro Kasche cree correcto empezar la deportación y de hecho comenzarla en todo el país. Por lo tanto debería de afrontarse el riesgo de hallarse con dificultades durante la acción puesto que atañe a la zona de ocupación italiana.

El secretario de Estado von Weizsaecker ha retenido un informe sobre este particular al ministro del Reich de Asuntos Exteriores (DIII 562 Secreto) ya que considera que antes debe hacerse una solicitud en la Embajada en Roma. No se ha recibido respuesta.

El problema de los judíos italianos se ha encontrado en relación a la evacuación de los judíos franceses.

El embajador Abetz señala, en cuanto a los preparativos de la deportación del territorio francés ocupado, que era políticamente del más alto interés que las medidas para la evacuación alcanzaran antes a los judíos extranjeros. Como estos judíos eran considerados como cuerpos extraños ya eran objeto de un odio especial y pasarles por alto y, por tanto, convertirles en cuasi-privilegiados provocaría resentimientos, tanto más cuanto entre ellos se encontraban los instigadores responsables del terror judío y de los actos de sabotaje.

Es lamentable que hasta ahora el Eje no haya iniciado una política oficiosa.

Si la evacuación de los judíos extranjeros no fuera posible de inmediato, entonces se pediría al Gobierno italiano que repatriase de Francia a sus judíos.

Por el lado italiano los intereses económicos parecen jugar un papel decisivo. La salvaguardia de estos intereses es, sin embargo, enteramente posible, así que en cuanto a esta cuestión no necesita haber obstáculos a la solución planeada.

Ha sido enviado al ministro del Reich de Asuntos Exteriores una grabación de la conferencia del 24 de julio, “re DIII 562 Secreto”, sobre el tema de los judíos italianos en Francia.

8.- Con ocasión de una recepción concedida por el ministro del Reich de Asuntos Exteriores el 26 de noviembre de 1941 el ministro búlgaro de Asuntos Exteriores Popoff tocó el problema del trato acordado para los judíos de nacionalidades europeas y señaló las dificultades que tienen para aplicar sus leyes judías a los judíos de nacionalidades extranjeras.

El ministro del Reich de Asuntos Exteriores respondió que creía que el señor Popoff había hecho surgir esta cuestión no sin interés.

Entonces sólo pudo decirle una cosa; que al final de esta guerra todos los judíos tendrían que abandonar Europa. Era una inamovible decisión del Führer y también el único modo de dominar el problema, pues tan sólo una solución global de gran alcance puede aplicarse y las medidas individuales no son de gran ayuda. Además, no debe darse demasiada importancia a las protestas favorables a los judíos de nacionalidad extranjera. En cualquier caso no nos dejaremos engañar más por protestas semejantes de los estadounidenses. Él – el ministro del Reich de Asuntos Exteriores – haría que el problema planteado por el señor Popoff fuera investigado por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

El ministro del Reich de Asuntos Exteriores me nombró a mí para llevar a cabo la investigación prometida (cotejar DIII 660g)

(documento NG-4669).

Me gustaria referirme a mi memorándum básico de la conferencia del 4 de diciembre de 1941, re DIII 660 Secreto, que estoy despachando junto con los ficheros adecuados. En su opinión el comercio germanobúlgaro y el pacto pesquero no estaban de acuerdo con los tratados germano-búlgaros que yo proponía. Por lo tanto notifiqué al Consulado alemán en Sofía, “re DIII 497 Secreto”, con fecha del 19 de junio, en cuanto a la sugerencia del ministro búlgaro de Asuntos Exteriores Popoff hecha durante su recepción para tantear al Gobierno búlgaro y saber si estaba preparado para llegar a un acuerdo sobre el problema judío, que a cambio los judíos no deberan beneficiarse de los acuerdos comerciales y pesqueros en vigor.

Si los búlgaros preguntaran si Alemania está dispuesta a deportar al Este a los judíos de Bulgaria debe responderse afirmativamente, pero en cuanto al tiempo que durará la deportación habrá que mostrarse evasivo. Este decreto fué firmado conjuntamente por el secretario de Estado, el vicesecretario de Estado, el director del Departamento de Política Económica, Sección IV del Departamento Político, Sección IV del Departamento de Política Económica y también por Ribbentrop. El Consulado intercambió notas con el Gobierno búlgaro e informó que éste se halla fundamentalmente preparado, en lo tocante al problema de la evacuación, para firmar un acuerdo con nosotros. Por tanto se han sentado las bases para que las medidas judías alcancen a los judíos búlgaros (DIII 559 Secreto y 569 Secreto).

9.- Aún no se ha propuesto nada sobre la deportación de judíos al Gobierno húngaro porque hasta la fecha la legislación húngara no garantiza el suficiente éxito.

10.- Según el acuerdo del Gobierno rumano mencionado en el punto 8, ha comenzado la evacuación de los judíos rumanos de Alemania y territorios ocupados, con lo cual varios consulados rumanos y el embajador rumano en Berlín, que no habían recibido instrucciones de su Gobierno, intervinieron. Así pues se pidió al embajador von Killinger que clarificase la situación. Con este propósito el Consulado parece haber hecho uso del consejero judío asignado, Richter. Es alguien a quien el Gobierno rumano confirmó su acuerdo inicial para la inclusión de los judíos rumanos en las medidas alemanas y a quien el presidente Mihai Antonescu informó de la petición del mariscal para que los organismos alemanes llevaran a cabo la deportación en la misma Rumanía y para que comenzase inmediatamente con el transporte de los judíos de Arad, Timisoara y Turda.

Para más detalles debo referirme a mi memorándum de la conferencia del 17 de agosto “ad DIII 649”.

11.- A petición de los gobiernos interesados, los consulados de Bratislava, Zagreb y Bucarest han nombrado consejeros para asuntos judíos, puestos a disposición por el Ministerio de Asuntos Exteriores mediante la RSHA. Sus nombramientos son temporales y finalizarán en cuanto pueda considerarse solventado el problema judío en los países afectados, según lo entiende Alemania. En un principio se consideró solventado cuando el país en cuestión promulgaba leyes judías similares a las alemanas.

Por consiguiente el pasado año la RSHA pidió que Richter regresara de Rumanía.

Por petición urgente del Consulado en Bucarest, Richter fué de nuevo enviado al Consulado a pesar de las protestas de la RSHA. Esto se hizo con la intención expresa de mantenerle allí hasta llegar en Rumanía a una solución final auténtica (DIII 1.703 Secreto y 1.893 Secreto).

Ya que todas las negociaciones con el Gobierno rumano se hacen por medio del Ministerio de Asuntos Exteriores, el informe del primer teniente SS Richter enviado por el Reichsführer SS debe considerarse sólo como un informe interno para la RSHA. El procedimiento poco usual de tener la confirmación, manuscrita por el presidente, de una conferencia final fue inmediatamente criticado en tono mordaz en la directiva del 17 de este mes; el tratamiento oficial del asunto debe realizarse de inmediato. Los archivos ya han sido enviados allí en el DIII 659 Secreto.

Las deportaciones propuestas son un paso más adelante en la vía de la solución total y son, en cuanto a otros países (Hungría), muy importantes. La deportación al Gobierno General es una medida pasajera y los judíos serán llevados hacia los territorios ocupados del Este en cuanto se disponga de las condiciones técnicas para ello.

Por lo tanto solicito la aprobación para que las negociaciones y las medidas prosigan bajo estos términos y según lo acordado.

Firmado: LUTHER El fragmento que comienza con las palabras “Si los búlgaros preguntaran…” y termina con las palabras “Los archivos ya han sido enviados allí en el DIII 659 Secreto”, falta en el tomo 13 del NMT. En la sección 4 del documento Pol XIII 136 está fechado el 24 de junio de 1940 pero por el contexto debe tratarse de un error: debe ser 1941.

Este no es un documento aislado; no sólo es el resumen de cierto número de documentos que describen la política judía del Gobierno alemán sino que todos aquellos relacionados con la política judía, salvo los identificados como falsificaciones, caen dentro del esquema que implica. La “solución final” significaba la expulsión de todos los judíos de la esfera de influencia alemana en Europa. Después de la invasión de Rusia significaba exactamente el reasentamiento de estos judíos en el Este. Todos los documentos alemanes de cualquier ámbito (de entre todos los que se han conservado) lo dicen sin ambigüedad y esto lo confiesan hasta quienes mantienen la leyenda exterminacionista los cuales se ven obligados a sostener que era la denominación en código de los exterminios.

(2)

En realidad, durante el capítulo anterior ya tuvimos varias ocasiones para referirnos a este programa de reasentamiento en el Este. La más importante ha sido el extracto del informe de la Cruz Roja que, a pesar de sus ambiguas declaraciones de “exterminio”, da una versión en estrecho acuerdo con la del NG-2586-J. En Theresienstadt la Cruz Roja se preguntaba si el lugar “se utilizaba como campo de tránsito y preguntó cuando tuvieron lugar los últimos envíos al Este”. En Eslovaquia los judíos estaban sujetos a “inmigración forzosa hacia los territorios bajo control alemán”. Un gran número de judíos rumanos había sido reasentado en el Este pero las cosas no fueron bien y muchos regresaron, aunque habría sido una buena oportunidad para exterminarlos de haber sido ésta la intención. A pesar de las numerosas acusaciones de “exterminio” vagas y ambiguas que apuntamos en el capítulo V, el efecto innegable del informe de la Cruz Roja es que confirma que los alemanes estaban haciendo lo que sus documentos decían que estaban haciendo.

No solamente son autoridades neutrales quienes corroboran los documentos alemanes pues hemos visto que incluso fuentes contrarias los confirman. En el capítulo IV vimos que los judíos de Theresienstadt fueron enviados a Auschwitz tal y como dice el documento WRB. El modo de proceder con ellos tiene sentido sólo si Birkenau les servía como campo de paso. Además la fuente israelí que citamos en el capítulo IV dijo que ciertamente los judíos de Theresienstadt estaban siendo enviados hacia el Este (pág.

109). Así pues incluso fuentes hostiles dicen que los alemanes hacían lo que dicen sus documentos que hicieron.

Lo que se describe en el NG-2586-J es el programa tal y como se hallaba a comienzos de 1939. En realidad, debido a las presiones contra los judíos entre 1933 y 1939 la gran mayoría de los judíos austro-alemanes había emigrado antes del comienzo de la guerra. Los alemanes no se preocupaban mucho de hacia donde emigraban los judíos. Palestina parecía una buena opción debido a la declaración británica de Balfour de 1917, pero las negociaciones con los británicos no marcharon bien porque éstos deseaban mantener buenas relaciones con los árabes que, por entonces, constituían el grueso de la población de Palestina. Sin embargo había una emigración judía regular desde Europa a Palestina, aunque finalmente se quedó en un goteo debido a la política anunciada en la Carta Blanca británica de mayo de 1939. (3)

El plan Madagascar, que hoy día nos parece fantástico, fué muy seriamente considerado por los alemanes, aunque nunca se hizo nada al respecto. La guerra con Rusia que comenzó en junio de 1941 abría obviamente nuevas perspectivas de colonización y de aquí salió la famosa carta de Goering a Heydrich que hablaba de la “solución final de la cuestión judía”, fechada el 31 de julio de 1941 (4):

“Además de la tarea que le fué confiada en el decreto del 24 de enero de 1934, es decir resolver la cuestión judía mediante la emigración y evacuación del modo más favorable dadas las condiciones actuales, por la presente le designo para llevar a cabo todos los preliminares objetivos, organizativos y financieros para una total solución de la cuestión judía en los territorios europeos bajo influencia alemana.

Si incumbiera a la competencia de otros organismos centrales, dichos organismos deberán participar.

Además le autorizo para que me envié tan pronto como sea posible un borrador de las medidas concretas, organizativas y financieras ya tomadas para la realización de la planeada solución final de la cuestión judía”.

Es costumbre citar esta carta omitiendo la referencia a la “emigración y evacuación”.

(5) La planeada emigración judía hacia los territorios orientales de, no sólo los judíos alemanes, sino también de todos los judíos de los “territorios europeos bajo influencia alemana” era un proyecto relativamente extenso y de este modo, según la alusión de Goering a la “competencia de otros organismos centrales”, Heydrich convocó una reunión especial, la “conferencia de Wannsee”, que tuvo finalmente lugar el 20 de enero de 1942.

Asistieron representantes de varios organismos del Gobierno alemán. Eichmann tenía casi la graduación más baja de la conferencia. Los detalles de ésta, NG-2586-G, son numerosos pero el alma del proyecto se ve reflejada en lo que sigue (6):

Entretanto, en vista de los peligros de la emigración durante la guerra y de las posibilidades en el Este, el Reichsführer SS y el jefe de la policía alemana habían prohibido la emigración de judíos.

El programa de emigración ha sido ahora reemplazado por la evacuación de los judíos hacia el Este como una posible solución ulterior, de acuerdo con la previa autorización del Führer.

Lógicamente esto sólo debe considerarse como un remedio temporal pero no obstante la solución momentanea del problema judío es de gran importancia.

* * * * * * * Bajo la dirección adecuada los judíos deben ser llevados al Este, del modo oportuno, para su empleo como mano de obra, durante el curso de la solución final. En grandes grupos de trabajadores, con sexos separados, los judíos útiles para el trabajo serán enviados a dichas zonas y empleados en la construcción de carreteras, durante lo cual, sin duda alguna una buena parte perecerá por causas naturales.

Los restantes que por último consigan sobrevivir y ya que esta es sin duda la parte que encontrará la mayor resistencia, deberán recibir el trato adecuado puesto que ellos, por ser fruto de la selección natural, habrán de ser considerados como el germen del futuro judío merecedor de obtener su libertad. (Ver lo que dice la historia).

En el programa para la realización práctica de la solución final, se peinará Europa desde el Este al Oeste. El territorio del Reich, incluyendo el Protectorado de Bohemia – Moravia, será el primero, únicamente por razones de problemas domésticos y otras necesidades sociopolíticas.

Los judíos evacuados deben ser primero llevados grupo tras grupo a los denominados guetos de tránsito, para desde allí transportarlos más hacia el Este.

Una importante precaución para la entera ejecución de las evacuaciones, tal y como más tarde explicó el general SS Heydrich, consiste en establecer exactamente la categoría de personas que deben incluirse.

Se tiene intención de no evacuar a los judíos mayores de 65 años sino enviarlos a un gueto adecuado a su edad – se cree que Theresienstadt.

Junto con estas categorías de ancianos – de los quizá 280.000 judíos que el 31-10-1941 se hallaban en el viejo Reich y en Austria, puede que el 30 % supere los 65 años – deberán ir a los guetos para ancianos aquellos judíos con importantes heridas de guerra y los que tengan condecoraciones (la Cruz de Hierro de 1ª Clase). Con esta solución apropiada las numerosas excepciones posibles serán suprimidas de un plumazo.

* * * * * * * En relación con el problema del efecto de la evacuación judía en la vida económica, el secretario de Estado Neumann dijo que los judíos empleados en industrias de guerra vitales no deben ser evacuados por ahora en tanto que no haya substitutos disponibles.

El general SS Heydrich señaló que estos judíos, de acuerdo con las directivas aprobadas por él para la conducción de las evacuaciones actuales, no serían evacuados.

El secretario de Estado Dr. Buehler dice que el Gobierno General aceptaría gustoso el comienzo de la solución final de este problema extraordinario y porque las obligadas previsiones de mano de obra no obstruirían el curso de esta acción… Además de los dos millones y medio de judíos en cuestión la mayoría no son útiles para el trabajo… sólo pide una cosa: que el problema judío de este territorio se solucione tan rápidamente como sea posible.

Esta es la prueba documental concisa de que no existía un programa de exterminios; la política alemana consistía en evacuar a los judíos hacia el Este. Además, no era necesario capturar los documentos alemanes para conocer este hecho. Era bien sabido durante la guerra y, durante los inicios del programa de reasentamiento se dijo y se comentó incontables veces en la prensa aliada. En el caso de los judíos vieneses deportados a Polonia a comienzos de 1941, el New York Times dijo incluso que “encontraron sus nuevos hogares mucho más cómodos de lo que esperaban o nunca se atrevieron a esperar”. Posteriores noticias acerca del programa de reasentamientos no lo describen tan favorablemente, pero por lo menos la prensa decía aproximadamente lo que estaba ocurriendo. (7)

Incidentalmente Rothe mantiene que la conferencia de Wannsee es en sí misma un mito propagandístico. Su motivo principal para decir esto es su creencia, respecto a la cual aporta considerables pruebas, de que Heydrich se hallaba en Praga el 20 de enero de 1942. Sin embargo la fecha atribuida a la conferencia, y el documento que supuestamente contiene los detalles de la misma, concuerdan tanto con todo lo que se sabe de la política alemana que creemos que Rothe está equivocado en esta cuestión.

(8)

El único aspecto concreto del programa de evacuación hacia el Este que concuerda por lo general con las acusaciones exterminacionistas es que muchos judíos enviados a los campos de Polonia no regresaron, o por lo menos no a sus antiguos hogares.

Aparentemente este ha sido el motivo de que mucha gente con información de más o menos primera mano sobre ciertas personas, hayan creído las acusaciones de exterminio.

Sin embargo, la situación es básicamente simple. Estos campos servían obviamente como campos de tránsito en el programa de evacuación hacia el Este. Hemos visto que en Birkenau existía un anexo especial que servía como campo de paso para los judíos de Theresienstadt, y que muchos judíos holandeses también pasaron por Auschwitz (págs.

108-109). El campo de concentración de Lublin también jugó en ocasiones este papel. (9)

Treblinka, que era un campo de trabajo pero que no parece haber sido administrado por la WVHA, sirvió claramente de campo de paso, en especial para los judíos de Varsovia. Lo mismo que con Auschwitz, Reitlinger se encuentra con que los supuestos hechos conocidos relativos a gaseamientos en Treblinka son difíciles de poner de acuerdo entre sí. Sobibor recibía la denominación explícita de campo de tránsito. (10)

Puede sorprender al lector el que los documentos que hemos visto, que constituyen una prueba muy sólida de que no existió un programa de exterminio, no son omitidos por los mantenedores de la leyenda exterminacionista sino que son violentamente arrojados ante nuestras narices como prueba de que el programa de exterminio existió en realidad.

No es solamente que esta sea la idea implícita en el conjunto de documentos del tomo 13 del NMT sino que Reitlinger y Hilberg consideran seriamente que estos documentos hacen referencia a un programa de exterminio. Así pues dicen que “la evacuación hacia el Este es la expresión en clave para exterminio”.

Teniendo en cuenta el hecho de que un rasgo establecido de la leyenda es que una de las tareas de los “Einsatzgruppen” en Rusia consistía en exterminar a los judíos, los sostenedores de la leyenda se ven obligados a admitir la versión de que la política exterminacionista había comenzado hacia el verano de 1941. Por tanto, aunque la carta de Goering a Heydrich del 31 de julio de 1941 establece concretamente que la “solución final” es un programa de emigración y evacuación, y aunque hace referencia específica el programa existente en 1939, que Reitlinger y Hilberg confiesan que era un programa de emigración, ambos autores deben aceptar y aceptan que era en realidad una orden de exterminio. Parece que no les preocupa el hecho, por ellos conocido, de que las deportaciones de los judíos del Reich a Rusia y a los estados bálticos había comenzado en el otoño de 1941. (11)

Para continuar sosteniendo su pilar fundamental, interpretan la conferencia de Wannsee de enero de 1942 como una discusión simulada de los exterminios, aunque el programa de evacuación del cual habla el borrador de la conferencia, estaba de hecho en vías de realización. Ambos autores hacen hincapié en el fragmento alusivo a “los restantes que por último consigan sobrevivir” y quienes van a “recibir el trato adecuado”.

Este fragmento puede significar innumerables cosas. Incidentalmente, en la versión del borrador de la conferencia de Wannsee del tomo 13 del NMT, los editores han suprimido la frase “de obtener su libertad”. Esto sugiere que los editores pueden haber interpretado el fragmento como una recomendación de que “los restantes” debían “obtener su libertad”. Al comentar el borrador de la conferencia de Wannsee, Reitlinger dice “Heydrich fué lo suficientemente discreto para no mencionar a los demás” y que Hilberg explica la ausencia de claridad en el significado de algunos fragmentos (desde su punto de vista)

diciendo que “sabemos por el lenguaje utilizado en los informes de los “Einsatzgruppen”

que se refería a ejecuciones”. (12) Esto equivale a hacer la extraordinaria acusación de que el Reich de Hitler era “circunspecto” con el lenguaje utilizado en los ampliamente distribuidos informes de los “Einsatzgruppen”. En cualquier caso estos fragmentos de lo que dicen ser las notas de la conferencia de Wannsee son los únicos fragmentos de los documentos alusivos a la política judía de los alemanes donde es posible hacerse una interpretación siniestra, a pesar de que pueden hacerse otras muchas.

Las interpretaciones excesivamente rebuscadas de estos documentos son factores, junto con los otros muchos mencionados en el capítulo IV, que obligan a Reitlinger a decir que Hoess se refería en realidad al verano de 1942 como a la fecha en la que recibió de Himmler las órdenes de exterminio. Reitlinger y Hilberg asumen que las deportaciones al Este se hacían con el propósito de matar allí a los judíos, de uno u otro modo, y que las cámaras de gas en Polonia se instalaron a mediados de 1942 para cambiar el método de ejecución. Hemos visto que esta teoría no concuerda con las fechas establecidas en los planes y trabajos preliminares de los crematorios de Auschwitz supuestamente diseñados para el exterminio. Así pues el que los documentos deban interpretarse como si quisieran decir otra cosa de lo que dicen conduce a contradicciones y dificultades irresolubles que también surgirían de hacer lo mismo con recetas, señales de tráfico, fórmulas matemáticas, etc.

No tiene sentido discutir más estos intentos para hacer que los documentos quieran decir otra cosa de lo que dicen. La política alemana, la “solución final”, consistía en reasentar a los judíos en los territorios orientales ocupados. Esto es lo que dicen los documentos y el programa del que hablan éstos se ve confirmado por fuentes neutrales e incluso, en grado significativo, por fuentes hostiles. De manera accesoria vale la pena mencionar un fragmento de la “Historia” de Grayzal. En un párrafo dice que los alemanes estaban haciendo lo que sus documentos decían que hacían:

“Lo intentaron mediante la deportación en masa. Reservaron ciertos lugares de Europa Oriental para concentrar allí a los judíos de otras tierras, de acuerdo con la conocida política nazi de “liberar” toda Europa de la influencia judía”.

En el párrafo siguiente Grayzel se contradice al decir que los alemanes hacían lo que la propaganda aliada decía que hacían: exterminios, cámaras de gas, etc. Grayzel no se preocupa de resolver esta contradicción. (13)

Pudieramos preguntarnos acerca de por qué los autores de la estafa nos obsequian con todos los documentos que describen, en términos generales, cómo era la política alemana. Los embaucadores se enfrentaban con (a) el hecho de que, en el momento de las deportaciones, los alemanes dijeron a los europeos que los judíos iban a ser reasentados, (b) el hecho de que el programa de reasentamientos había sido notificado por la prensa aliada y, (c) el hecho de que, respecto a los documentos, era necesario elegir entre tres posibilidades: aportar documentos de alto nivel relacionados con la política judía, aportar documentos falsificados de alto nivel relacionados con dicha política, y aportar documentos de alto nivel y seleccionados alusivos a tal política. En tales circunstancias, obviamente, se prefirió la tercera opción. Claramente era mejor presentar documentos auténticos, firmados por Goering y hablando de la “solución final” de la cuestión judía, que presentar documentos falsificados o no presentar ninguno. Aunque se especificaba que la solución final consistía en la “emigración y evacuación”, no se creyó posible impedir el hecho de que los nazis hablaran de su programa en tales términos. Así pues hoy en día los mantenedores de la leyenda exterminacionista dicen sencillamente que todo era una terminología en clave.

No debemos pasar por alto la importante obra de R.L. Koehl, ya que constituye un caso extraño; un historiador profesional escribiendo sobre o acerca de un campo completamente dominado por no historiadores. El mérito principal de esta obra es que sitúa a Polonia bajo el contexto y perspectiva adecuados.

Durante los años de guerra Alemania acometió la tarea de cambiar la composición de las poblaciones próximas a sus fronteras orientales. El principal instrumento de este programa era la RuSHA (Oficina Central de la Raza y de Reasentamiento) de las SS. La idea básica era llevar a alemanes del Reich escogidos y a comunidades étnicamente alemanas de Europa Oriental (Volksdeutsche) a los territorios conquistados contiguos a Alemania. Los judíos y los polacos fueron expulsados de estas zonas y enviados a varios sitios, en ciertos casos a granjas que los étnicamente alemanes habían dejado vacías, a guetos especiales en el Este y también a ciertos “pueblos Z” especiales en Polonia.

Koehl apoya explícitamente la realidad del programa de exterminio pero su versión de este tema es de lo más peculiar (14):

“La versión oficial insistía en que los judíos iban a ser enviados más al Este, dentro del territorio soviético, para alejarlos más eficazmente de la esfera de vida alemana. Como otras muchas declaraciones alemanas ésta contenía bastante verdad: (1) Los trenes llenos de judíos del Reich fueron enviados tan al Este como fué posible para eliminarles a menudo a manos de no alemanes como ucranianos o bálticos.(2). En los primeros planes que Rosenberg hizo en calidad de ministro del Este, se pensaba en reasentar a los polacos en territorio soviético (Smolensk), dejando así el Gobierno General libre a la colonización alemana”.

Koehl no da ninguna prueba de las muertes a manos de ucranianos o bálticos; las fuentes citadas a este respecto no dicen tal cosa. Luego al referirse a los campos de exterminio (15):

“En el otoño y el invierno de 1941-1942 los últimos 240.000 judíos de las provincias anexionadas fueron trasladados a los recientemente construidos campos de exterminio de Kolo, Belzec, Majdanek y Sobibor”.

La lista excluye a Auschwitz, que sólo aparece en el libro de Koehl en un comentario acerca de algunos alemanes enviados allí como castigo, en lo tocante a la “Operación Reinhardt” (que más abajo se explicará) y también en el siguiente párrafo (16):

“(El Dr. Klukowski) declaró que de 691 pueblos del condado de Zamosc, 297 fueron total o parcialmente evacuados hacia julio de 1943. Estimaba que 110.000 polacos y judíos fueron trasladados desde la zona, hombres y mujeres en edad de trabajar marcharon a trabajos forzados en la planta de hidrogenación de Auschwitz, el resto marchó a los otros 394 pueblos (“Z”)”.

Cada uno puede sacar sus propias conclusiones. El libro de Koehl está recomendado para el lector que desee conocer detalladamente la política nazi de poblaciones, en especial por lo que se refiere al nacionalismo alemán, a la ideología racial nazi y a la política interna del partido nazi.

Muchos judíos europeos fueron deportados al Este y ahora nosotros debemos profundizar más en este programa de deportaciones. Existen varias preguntas obvias:

quién fué deportado, cuántos lo fueron, a dónde, qué clase de vida llevaron en donde fueron y qué sucedio con ellos. Hasta cierto punto sólo es posible responder parcial o provisionalmente.

Primero debemos considerar la cantidad y los orígenes de los judíos implicados en este programa de reasentamiento. Aquí nos encontramos con los problemas tratados en el capítulo I, contar judíos puede ser difícil. Sin embargo no es precisión estadística lo que buscamos sino el orden de magnitud o las cifras aproximadas que pueden utilizarse para demostrar que, según datos verificables, los judíos deportados pudieron haber sobrevivido fácilmente después de todo. Por tanto resultará satisfactorio simplemente aceptar, a propósito de nuestro análisis, ciertas cifras que dan Reitlinger y Hilberg, aunque podemos encontrar problemas (lo mismo que en el estudio de Rassinier). Las cifras son estimaciones del número de “muertos” (*) pero se sobreentiende que nosotros suponemos que estas personas habían sido sencillamente reasentadas en el Este. En el caso de Reitlinger empleamos sus estimaciones más elevadas (17): (*) (N.T.: “killed” En cursiva en el original).

Reitlinger Hilberg Alemania 180.000 160.000 Austria 60.000 53.000 Checoeslovaquia 251.000 271.000 Dinamarca – 1.000 Francia 65.000 70.000 Bélgica 28.000 50.000 Luxemburgo 3.000 2.000 Noruega 700 1.000 Holanda 102.700 120.000 Italia 8.000 17.000 Yugoeslavia 58.000 63.000 Grecia 60.000 62.000 Totales: 816.400 870.000 Hasta cierto punto estas cifras se basan en documentos alemanes, señaladamente en el “informe Korherr”, documentos NO-5193-8; y en parte en fuentes neutrales como las cifras que la Cruz Roja Holandesa da para Holanda. También hay mezclada cierta parte de especulación demográfica; sin embargo yo creo que al menos los totales son del orden correcto.

No admitimos que Hungría se encuentre en la lista ya que los que Reitlinger y Hilberg dicen que fueron exterminados son pura invención pues ni siquiera se les deportó al Este.

Algo menos de 100.000 fueron enviados hacia el final de la guerra a Alemania como mano de obra y unos pocos debieron morir en las condiciones caóticas de los últimos meses. No obstante su número es, en esencia, imposible de calcular.

También se supone que Rumanía perdió entre 200.000 y 370.000 judíos por causa de los exterminios pero, como dice Reitlinger, tales cifras son “conjeturas” debido a “la falta de información fiable”. Está admitido que los grandes grupos de judíos presuntamente exterminados caen en la misma categoría: entre 2.350.000 y 3.300.000 de Polonia y entre 400.000 y 700.000 de la URSS. Estas cifras son pura especulación demográfica sin absolutamente ningún dato que las apoye salvo las declaraciones de los gobiernos comunistas de la postguerra.

Más abajo volveremos a hablar de estas cifras. Por el momento sólo vamos a recordar que los judíos deportados desde Francia y Bélgica no eran judíos belgas ni franceses, pero que los deportados de Holanda eran casi todos judíos holandeses (págs.

79, 82). La razón parece ser un sencillo tecnicismo legal, Francia y Bélgica se habían rendido a los alemanes formalmente y se acordaron unos términos de armisticio formales.

En Holanda el rey había volado a Inglaterra y por tanto los alemanes veían a Holanda como a un Estado independiente (18), por consiguiente las leyes alemanas en Holanda eran más tolerantes. Lógicamente los alemanes pensaban finalmente expulsar a todos los judíos de Europa y, como es natural, comenzaron por aquellos con quienes existía un mínimo de dificultades legales.

El extracto del informe de la Cruz Roja, que hemos examinado en el capítulo V, está ciertamente en conflicto con las acusaciones exterminacionistas relativas a los judíos rumanos. Es razonable suponer que el grueso de los judíos del territorio bajo control soviético que fué ocupado por los alemanes tras el 22 de junio de 1941 escapó hacia el interior antes de que llegaran estos últimos y así lo cree también Reitlinger (pág. 241). En cualquier caso no hay pruebas de que los alemanes no se limitaran a adoptar, con los judíos restantes, la actitud hostil de reserva provocada por los peligros de los partisanos ya discutidos en el capítulo anterior. Los judíos polacos constituían la mayoría de los judíos que los alemanes trasladaban y presentan, debido a su localización y circunstancias las mayores dificultades para cualquier análisis detallado sobre el asunto.

Sólo podemos reconstruir a grosso modo lo que sucedió con ellos.

Primero debemos aclarar que, aunque es aquí conveniente distinguir entre judíos rusos y polacos, la verdadera distinción es de lo más leve si es que se puede decir que existe. Antes de la Primera Guerra Mundial, ambas clases de judíos eran súbditos del Imperio ruso.

Los primeros sucesos relevantes acontecidos a los judíos polacos fueron debidos a medidas rusas más que a alemanas. Alemania y Rusia dividieron Polonia en 1939, la mitad oriental y por tanto una gran parte de los judíos polacos cayeron de este modo bajo dominio ruso. Estos judíos fueron objeto de un programa ruso de reasentamiento cuya característica de amplitud ha sido descrita por Korzen en un artículo publicado por el Gobierno israelí. El artículo de Korzen es de cierta importancia para los asuntos tratados en este capítulo. (19)

Brevemente, lo sucedido es que “cientos de miles” de estos judíos fueron dispersados por la Unión Soviética como parte de un programa de evacuación que comenzó en junio de 1940. Al principio muchos fueron enviados a campos de trabajo, pero después de septiembre de 1941, se hizo un importante esfuerzo “para convertir a los refugiados en ciudadanos soviéticos e impedir que abandonasen la Unión Soviética”. La dispersión llegó hasta Asia Central e incluso al Lejano Oriente. Es difícil dar detalles y Korzen pide mayor interés por investigar la materia. Muchos se convirtieron en ciudadanos soviéticos, algunos emigraron de nuevo a Polonia tras la guerra y, en muchos casos, siguieron su camino hacia Israel (Korzen explica que los judíos que permanecieron en Polonia como jefes del nuevo régimen comunista recibieron presiones para “cambiar sus nombres por simples nombres polacos, así como para mantener en secreto su origen judío”). Finalmente algunos llegaron a lugares como Persia y la India vía Shanghai. El Comité Conjunto de Distribución de Nueva York se mantuvo en contacto durante la guerra con los refugiados en la Unión Soviética y les ayudó a trasladarse tras ésta.

También se sabe que un gran número de judíos, 300.000 según una fuente, volaron desde Polonia Occidental a Polonia Oriental en 1939 cuando los nazis invadieron ésta.

(20) Así pues una importante fracción, quizás hasta un tercio, de los judíos polacos habían sido transportados más alla del alcance de los alemanes antes de que comenzara la guerra entre Rusia y Alemania en junio de 1941. Aunque había habido un limitado programa alemán de reasentamiento anteriormente, mayormente de judíos vieneses, el programa nazi de reasentamiento comenzó formalmente en el otoño de 1941. Si excluimos de nuestras consideraciones inmediatas a los judíos polacos pero incluimos a los judíos rumanos, vemos que los alemanes desplazaron todo lo más a un millón de judíos hacia colonias o guetos del Este ocupado. A partir de los lugares que hemos mencionado podemos obtener una idea bastante buena de donde se hallaban estas colonias: Riga – Minsk – Ucrania – mar de Azov (al Norte del mar Negro) forman una línea continua y plausible en el mapa.

Aunque tenemos una idea precisa de donde se encontraban estas colonias, sabemos poco de las demás. Como cabría naturalmente esperar, la ocupación aliada destruyó los registros y documentos alemanes relevantes, y de este modo sólo restan fragmentos relativos al programa de reasentamientos en términos más concretos que, por ejemplo, el memorándum de Luther (NG-2586-J, págs. 205-210). En realidad, la defensa de Steengracht hizo un serio intento de presentar semejantes documentos en Nuremberg, pero todo cuanto pudo hacer, en relación a los campos del Este, fué presentar dos documentos como prueba. El primero, Steengracht 64 (21), es una carta de Eichmann, fechada el 5 de junio de 1943, al Ministerio de Asuntos Exteriores para recabar la atención de Thadden. Tiene que ver con los campos judíos del Este y con algunos artículos acerca de ellos que habían aparecido en varias revistas europeas. Según parece, en Eslovaquia algunas personas daban crédito a “fantásticos rumores” acerca de estos campos y Eichmann decía que, ademas de citar los artículos:

“…para contrarrestar los fantásticos rumores que circulan en Eslovaquia sobre el destino de los judíos evacuados, debe centrarse la atención en las comunicaciones postales de tales judíos en Eslovaquia…que se da el caso de que ascienden en febrero-marzo de este año a más de 1.000 cartas y postales.

En cuanto a la información aparentemente solicitada por el primer ministro Dr.

Tuka acerca de las condiciones en los campos judíos, esta oficina no pondría ningún impedimento a cualquier posible supervisión de la correspondencia, antes de ser enviada a sus destinatarios”.

El segundo documento Steengracht, Steengracht 65 (también con el número NO- 1624), da una imagen algo más exacta de la situación de los judíos en el Este ocupado.

Es una orden, fechada el 20 de agosto de 1943, del jefe de la RuSHA (Oficina Central de la Raza y de Reasentamiento), general SS Hildebrandt. Alusiva a las asociaciones entre alemanes y judíos en el Oriente ocupado y los diversos trabajos que podían desempeñar estos últimos. Dice:

“Varias fuentes me han indicado que el comportamiento de las oficinas alemanas en los territorios orientales ocupados se ha conducido de tal manera en los últimos meses que ha llegado a levantar sospechas. Especialmente, se está empleando a judíos en puestos y servicios que, para mantener el secreto deberían concederse sólo a personas de absoluta confianza que aparezcan a los ojos de la población autóctona como los representantes confidenciales de los organismos alemanes. Por desgracia, además de esto existen supuestas asociaciones personales entre alemanes del Reich y judías que exceden los límites estrictamente observables por motivos ideológicos y raciales. Parecen estar implicados tanto judíos nativos como judíos y judías que han sido deportados desde el antiguo Reich a los territorios ocupados del Este. Este estado de cosas ha llegado hasta el punto de que los judíos están utilizando su posición de confidentes para obtener de la población autóctona el suministro de mejores racionamientos. Se dice que cuando en el Este se temía una retirada alemana, los nativos intentaban congraciarse en especial con aquellos judíos empleados en organismos alemanes, con la intención de asegurarse un mejor trato a manos de los bolcheviques. La parte honesta de la población nativa contemplaba estos hechos con gran desaprobación porque veían en ellos una contradicción entre los principios nacionalsocialistas y la actitud real de los alemanes.

Debido a la inadecuada asignación de trabajo a los judíos se ha dañado la consideración por el Gran Reich alemán y la posición de sus representantes, y la necesidad de una política de seguridad eficaz en los territorios ocupados del Este aparece clara. Podrían derivarse graves peligros particularmente del hecho de que los judíos estén utilizando los empleos a ellos asignados en favor del espionaje y propaganda enemigos.

Por lo tanto, solicito que los organismos subordinados en los territorios ocupados del Este reciban las siguientes instrucciones:

1) Los judíos y las personas en situación similar sólo podrán trabajar en empleos manuales. Está prohibido que trabajen en puestos de oficina ( tales como contabilidad, mecanografía, archivos y registros ). Debe prestarse estricta atención al hecho de que no debe permitírseles desempeñar trabajos de los que puedan extraer conclusiones acerca de temas secretos.

2) Está prohibido utilizar a los judíos en servicios personales o generales, cumplimiento de órdenes, asuntos de negocios o consecución de bienes.

3) Están prohibidas las asociaciones privadas con judíos, judías y personas en situación similar, así como cualquier relación más alla de lo oficialmente necesario”.

Probablemente las “personas en situación similar” a las que se hace mención fueran en su mayoría gitanos. Suponemos que la defensa de Steengracht buscó exhaustivamente aquellos documentos que le permitieran sobrevivir en Nuremberg. La orden de Hildebrandt a la RuSHA simplemente repetía, verbalmente, una orden de Kaltenbrunner del 13 de agosto de 1943, a todas las oficinas alemanas en las áreas ocupadas del Este (documento NO-1247). El que Steengracht no hiciera uso del NO-1247 fué probablemente debido a que era casi idéntico al NO-1624. (21)

Tales documentos sólo son un patético fragmento de lo que debieron ser extensos archivos escritos relativos a los asentamientos judíos del Este. Al primero probablemente le permitieron sobrevivir porque hablaba de “fantásticos rumores” que circulaban en Eslovaquia; los otros dos probablemente sólo se traspapelaron porque sus implicaciones no eran suficientemente obvias.

En el libro de Boehm “Sobrevivimos”, Jeanette Wolf, una judía alemana que fué dirigente del Partido Social Demócrata Alemán, escribió un artículo sobre sus experiencias después de ser deportada a Riga en Letonia. Su relato de gratuitas palizas por parte de los SS, orgías sexuales y borracheras es inverosímil. Sin embargo vale la pena mencionar su artículo porque demuestra que había una gran red de asentamientos, guetos y campos para judíos en los alrededores de Riga. Dichos asentamientos no sólo albergaban a judíos lituanos sino también a un gran número de judíos deportados de Alemania y de otros países europeos. Consecuentemente, en el capítulo IV (pág. 109) mencionamos la fuente de Theresienstadt que decía que los nazis estaban deportando judíos a Riga y otros lugares durante la guerra. Los documentos nazis relativos al asentamiento en Riga no han sobrevivido.

Por lo general, puede verse qué es lo que ocurrió con los judíos polacos (también lituanos y letones) consultando la literatura del “Holocausto” escrita por “supervivientes”.

En las más grandes poblaciones y en las ciudades, los judíos de Polonia fueron destinados a guetos que existieron durante toda la guerra. En Polonia había guetos especialmente grandes en Lodz (Litzmannstadt), Varsovia, Bialystok, Lwow y Grodno; en Lituania, en Vilna y Kovno; en Letonia, como ya dijimos antes, en Riga. Aunque las obras de los “supervivientes” contienen innumerables desvaríos acerca de los exterminios (con frecuencia ni siquiera concuerdan con la leyenda, por ejemplo las cámaras de gas de Cracovia en diciembre de 1939) también contienen suficiente información para comprender aproximadamente que es lo que pasó. En cada gueto, había un consejo judío, “Judenrat”, que ejercía el gobierno interno. La policía del gueto era judía y responsable de la “Judenrat”. Ésta solía aconsejar la cooperación con los alemanes ya que, dadas las circunstancias, no había otra opción plausible. Con frecuencia los alemanes solicitaban mano de obra del gueto y la “Judenrat” elaboraba las listas de gente que iba a reclutarse. En los guetos más grandes también existieron organizaciones de resistentes, por lo general bien armados, cuyos miembros a menudo consideraban a los “Judenrat” como hombres de paja de los alemanes. (22)

El libro de Dawidowicz dedica varios capítulos a las condiciones en los guetos polacos. Aunque la política inicial de los alemanes, justo después de ocupar Polonia, había consistido en prohibir las escuelas judías, pronto abandonaron esta política y los niños judíos recibieron una regular educación en colegios privados o bajo la dirección de los “Judenrat”. Las actividades culturales para adultos – lectura, teatro y música – ayudaban a aliviar la por otra parte desagradable vida del gueto. La Agencia Judía para el Bienestar Social era la ZSS (disuelta a mediados de 1942 por los alemanes pero reconstituida poco después como la JUS), que distribuía alimentos, ropas y medicinas de la administración civil alemana y que también se mantenía en contacto, por medio de la Cruz Roja Internacional, con organizaciones extranjeras que ayudaban con dinero y suministros. Antes de que los EE.UU. entrasen en la guerra, la mayor parte de esta ayuda externa venía del Comité Conjunto de Distribución de Nueva York, pero después de diciembre de 1941 esto no fué legalmente posible por más tiempo.

A pesar de la situación de protegidos que tenía el ZSS-JUS, algunas veces sirvió de tapadera para actividades políticas ilegales. Las numerosas organizaciones políticas – socialistas, comunistas, sionistas y agudistas (**) – estaban en contacto con la resistencia, cuyas actividades iban desde el sabotaje activo hasta la propaganda y en ocasiones, hasta la resistencia armada. La propaganda exterminacionista comenzó en publicaciones clandestinas muy poco antes de que comenzara el Congreso Mundial Judío (ver apéndice E) pero la población judía no le prestaba crédito ya que nada de lo que veían la apoyaba y las cartas recibidas de judíos deportados al Este corroboraban a sus familiares y amigos.

Como dice Dawidowicz en su capítulo introductorio a los problemas planteados a la investigación histórica por el “Holocausto”: (**) (N.T.: “Agudist”: movimiento sionista).

“Lo inadecuado de los documentos judíos constituye un impedimento a pesar de su enorme cantidad… La ausencia en los registros de cuestiones vitales puede explicarse por la utilización del terror y la censura; además, faltando las pruebas para corroborar o negar, el historiador nunca podrá saber con certeza si dicha ausencia es consecuencia de una decisión institucional para no tratar de tales asuntos o si sencillamente era una consecuencia de la prudencia política para no mencionarlos. Tan grande era el terror que incluso los diarios personales, escritos en yiddish o hebreo, se redactaban con recelo recurriendo a las Escrituras y al Talmud como a una forma de expresión esotérica y como a una reserva autoimpuesta”.

Como claramente se desprende de todos los trabajos sobre la política alemana de poblaciones en Polonia, por ejemplo los de Dawidowicz y el de Koehl, se transportaba constantemente a los judíos de acuerdo con la política alemana global de concentrarlos tan al Este como fuera posible. Según el “informe Korherr” de marzo de 1943, habían sido transportados 1.449.692 judíos “de las provincias orientales a Rusia Oriental”. Más adelante se especificaba que el 90 % de éstos había pasado por campos del Gobierno General y otros habían pasado por campos del Warthegau (es de suponer que quería decir principalmente Lodz). El gigantesco gueto de Varsovia fué liquidado en la primavera de 1943 y la mayoría de los judíos fueron enviados hacia el Este, con Treblinka haciendo las veces de campo de tránsito para el reasentamiento. Sin embargo esto sólo se consiguió después de una enconada resistencia judía, y una batalla que tuvo resonancia mundial mientras sucedía. No obstante, el reasentamiento no se completó puesto que siempre hubo al menos algunos judíos donde el gueto y, como ya dijimos antes, todos los guetos mayores se mantuvieron en uno u otro grado a lo largo de la guerra.

Cuando en un gueto se anunciaba un reasentamiento, era tarea de la “Judenrat”

elaborar las listas de aquellos a reasentar, y con sólo raras excepciones, los judíos a reasentar se marchaban pacientemente, ya que era bien sabido que el “reasentamiento”

tenía un significado literal.

Parece que las epidemias eran comunes en los guetos. Los alemanes las atribuían a una “falta de disciplina” por parte de los judíos. Tomaron cuantas medidas pudieron y, como anunció el New York Times en al menos una ocasión, “se mandaron a Varsovia muchas ambulancias para desinfectar el gueto”. (23)

Mientras que el desplazamiento global de estos judíos hacia el Este es un hecho establecido, no existen los datos para calcular exactamente qué cantidades fueron enviadas. Sin embargo lo más importante a saber era que casi con certeza la mayoría de los judíos polacos fué totalmente expulsada de la Polonia prebélica exceptuando la parte más oriental. Puesto que el territorio de la Polonia de postguerra está hecho con lo que había sido Alemania Oriental y Polonia Occidental y Central (Rusia se quedó con la antigua Polonia Oriental), esto significa que la mayoría de los judíos posiblemente hubieran sido expulsados de lo que hoy conocemos como Polonia. En cuanto a los grandes guetos antes mencionados, vale la pena señalar que Lwow, Grodno, Vilna, Kovno y Riga fueron todos absorbidos tras la guerra por la Unión Soviética, y que Bialystok ahora se halla en el extremo oriental de Polonia. Si antes de la guerra hubiera habido en Polonia tres millones de judíos y si tenemos en cuenta aquellos que se fueron a la Unión Soviética en 1939, los que deportaron los rusos en 1940, los que intentaron introducirse en países tales como Eslovaquia y Hungría, y los que pudieran perecer por epidemias, veremos que como mucho hubo dos millones de judíos polacos en los guetos dispersos por territorios bajo control alemán, y que la mayoría de ellos habían sido enviados a un territorio considerado soviético después de la guerra.

Por lo tanto vemos, de un modo general suficiente para nuestros propósitos, la verdadera naturaleza de la llamada “solución final del problema judío”. No es necesario que intentemos detallar mucho más e indagar al máximo pues siempre pueden ponerse en duda los detalles muy precisos. El que esta “solución” no fuera realmente “final” y que los judíos hubieran regresado aprovechando un cambio en el clima político, no tiene nada de extraordinario. Los gobiernos del siglo XX invariablemente etiquetan sus proyectos con términos ampulosos e irreales: Cuerposde paz, Alianza para el progreso, cabeza , la guerra para terminar con las guerras,etc..

Queda por considerar qué es lo que sucedió con todas estas personas. De nuevo aquí nos encontramos con una situación en la cual hay mucha menos información de la que uno esperaría. Sin embargo tenemos la suficiente como para reconstruir lo sucedido de un modo que nos satisfaga. En realidad debemos de tener en cuenta varias posibilidades al respecto. Las siguientes son las razonables:

1.- Los alemanes liquidaron a muchos mientras se retiraban ya que estas personas podían significar mano de obra a emplear en su contra. Es necesario considerar esto como una posibilidad razonable puesto que hemos señalado que los alemanes tuvieron en cuenta este aspecto de la cuestión lo suficientemente en serio como para poner impedimentos a que los judíos emigraran de Europa.

Sin embargo hay dos cosas que contradicen fuertemente la posibilidad de que los alemanes los eliminaran, en grado significativo, durante su retirada. Primeramente, los trabajadores más capaces, también en edad militar, ya habían sido reclutados para el trabajo y estaban siendo empleados por los alemanes con varios fines, y luego, la razón más simple e importante: si los alemanes hubieran hecho esto a gran escala los aliados les habrían acusado por ello, y habrían tenido información para acusaciones legítimas de exterminio mejores que las tonterías de las “cámaras de gas”.

Aunque la evidencia indica que las autoridades alemanas no llevaron a cabo ejecuciones masivas de judíos durante la retirada, el sentido común y la intuición de las condiciones existentes, debe hacernos suponer que hubo numerosas masacres de judíos a cuenta de pequeños grupos actuando por su cuenta. Ciertas tropas alemanas, húngaras o rumanas y algunos civiles de Europa Oriental, con sus sentimientos antijudíos acrecentados por el desastroso curso de la guerra, sin duda atacaron a los judíos en el momento de las retiradas alemanas. Se sabe que al comienzo de conflicto, cuando los europeos orientales intentaron desencadenar pogroms las autoridades alemanas los impidieron y suprimieron. (24) No obstante, en condiciones de retirada caótica, los alemanes se preocuparon mucho menos de los pogroms antijudíos.

2.- Los rusos mataron a muchos. Decimos esto sólo porque Rusia resulta un enigma y sus actividades en la cuestión de las poblaciones a menudo parecen muy arbitrarias. Sin embargo no hay pruebas de ejecuciones a manos de los rusos y debe dudarse de esta posibilidad.

3.- Muchos perecieron debido a las condiciones de los campos o guetos. Ésta es la posibilidad más seria. Hemos visto que las condiciones sanitarias de los campos podían ser muy inestables y que la situación podía verse muy afectada por el caos o por la escasez. Además, hemos observado que las condiciones del gueto, tanto si eran culpa de los alemanes o bien de los judíos (como los alemanes decían) eran proclives a las epidemias incluso en los inicios de la guerra, cuando los alemanes tenían la situación general bajo control en otros aspectos. Por lo tanto es muy posible que muchos judíos en guetos perecieron debido a las caóticas condiciones que acompañaron a las retiradas alemanas. Igualmente, Korzen cree que muchos de los que se exiliaron a Rusia en 1940 murieron en los campos rusos a los que fueron enviados, así pues es posible que muchos judíos de los guetos perecieran debido al modo soviético de administrar los guetos después de que éstos cayeran en manos rusas.

4.- Muchos fueron dispersados por toda la Unión Soviética e integrados en la vida soviética. Ésta es la posibilidad más verosímil porque se sabe bien que la Unión Soviética favoreció la absorción de los judíos durante e inmediatamente después de la guerra. Por ejemplo, hemos señalado que esta fué la política a seguir con los deportados de 1940.

Otro ejemplo es lo que ocurrío en Carpato-Ucrania, antes de la guerra una provincia de Checoeslovaquia y anexionada a la Unión Soviética tras la guerra. 10.000 judíos antes residentes en Carpato-Ucrania, tenían el estatus de refugiados en Checoeslovaquia en la primavera de 1946. Rusia insistió en que estos judíos fueran repatriados a la Unión Soviética, y aunque semejante decisión era contraria a los acuerdos entonces existentes sobre los refugiados, la presión soviética sobre el presidente Benes fué lo suficiente grande como para obligarle a ceder. (25)

Debe señalarse también la existencia, dentro de la Unión Soviética, del “Estado autónomo”, específicamente judío, de Birobidzhan, que está en el lejano oriente soviético, en el río Amur en la frontera con Manchuria. Birobidzhan fué creado por los soviéticos en 1928 como un Estado judío. Inmediatamente después de la guerra se creó en Nueva York la “Fundación Einstein de Ambijam” (siglas del Comité Americano de Birobidzhan)

cuyo propósito era “ayudar a los refugiados a colonizar Birobidzhan”. Justo después de la Segunda Guerra Mundial se llevaron a cabo en Nueva York otras operaciones para ayudar a la colonización judía del Birobidzhan.

También había organizaciones judías, como el Comité Conjunto de Distribución, que ayudaba a los judíos en otras partes de la Unión Soviética y también existió en Nueva York el Comité de Ayuda a Minsk y Alrededores. Tenemos igualmente los programas de la UNRRA para la Rusia Blanca (Bielorrusia) y Ucrania que más tarde comentaremos. Estos intentos para ayudar a los refugiados judíos en la Unión Soviética contaron con el apoyo público de judíos prominentes, como por ejemplo Albert Einstein, que expresó su admiración al Gobierno soviético por ayudar a “cientos de miles de judíos” dándoles un lugar en la URSS. (26)

Aunque la Unión Soviética favoreció la absorción de los judíos, también llegó a un acuerdo concreto con el Gobierno comunista de Polonia para repetriar a aquellos que eran ciudadanos polacos el 17 de septiembre de 1939. El acuerdo, concluido en julio de 1945, incluía específicamente a los residentes en el territorio anexionado en 1940 por la Unión Soviética y permitía que dichas personas pudieran elegir entre la ciudadanía soviética o la polaca. En cuanto a los judíos, se decidió finalmente que la fecha límite que permitiría la elección sería el 30 de junio de 1946.

Como ya señalamos en el capítulo I, Reitlinger confiesa que la población judía de postguerra de la Unión Soviética podría muy bien exceder la cifra de preguerra, debido al incremento de judíos polacos (y bálticos entre otros). Considera la estimación del “Jewish Observer” de 500.000 judíos polacos que eligieron permanecer en la Unión Soviética como “muy conservadora” y admite que hay a este respecto incertidumbres enormes e insuperables. Por tanto, aunque los rusos estaban dispuestos a dejar marchar a los judíos polacos de antes del límite del 30 de junio de 1946, estimularon sin embargo su absorción dentro de la Unión Soviética. Esto pudo afectar a un enorme número de judíos reasentados en el Este por los alemanes. No obstante es inútil tratar de inferir nada de las pretendidas estadísticas de población facilitadas por los rusos o por organizaciones judías. (27)

5.- Muchos de los judíos desarraigados podrían haber regresado a sus hogares de origen o al menos a sus patrias de origen en Europa. Hemos visto que los rusos estaban dispuestos a permitir a los judíos polacos abandonar la Unión Soviética y debemos suponer que se seguiría una política similar respecto a los judíos de otras nacionalidades.

Es sólo posible, y no probable, que la Unión Soviética absorviera a todos los judíos deportados al Este por los alemanes: alemanes, holandeses, etc.

A primera vista puede parecer claramente lógico que, después de la guerra, cualquier judío deportado regresara a su residencia en su país de origen. Sin embargo éste no es el caso por varias razones. Por una parte quizás en la mayoría de los casos no había a donde regresar. El motivo principal para esto era el programa alemán llamado “Acción Reinhardt” con el cual los judíos deportados al Este se vieron privados de casi todas sus propiedades: sus muebles, su ganado, sus medios de producción, joyas, cualquier ropa que no pudieran llevar en el equipaje y todo excepto 25 dólares de cualquier divisa que tuvieran fué simplemente confiscado durante el reasentamiento (algunos medios de producción les acompañaron al lugar de reasentamiento). Los campos de Lublin y Auschwitz fueron los lugares principales de almacenamiento y preparación de gran parte de estos bienes, cualesquiera que fuesen los lugares donde los confiscaron.(28). De este modo muchos judíos, no teniendo ni propiedades ni familiares en sus lugares de origen, carecían de razones vinculantes para regresar a ellos.

Verdaderamente el programa alemán les había desarraigado.

Otro aspecto de la situación fué que a últimos de 1945 y durante 1946, se habló mucho de supuestos pogroms antijudíos que frecuentemente ocurrían en Polonia y otros países de Europa Oriental. De ser ciertas estas noticias, entonces supondrían un poderosos argumento para que los judíos emigraran. Si dichas noticias sólo eran propaganda sionista con escasa base real, si es que la tenían, podemos deducir que los sionistas estaban maquinando para que los judíos abandonaran Europa Oriental. Así pues, tanto si eran verdad como si eran mentira indican un movimiento de judíos desde Europa Oriental hacia fuera.

En la conferencia de Yalta de 1945, Churchill, Roosevelt y Stalin acordaron que “sería imposible para los refugiados judíos regresar a Polonia y reintegrarse a la vida normal”. (29) Aunque es cierto que muchos judíos volvieron a sus países, había poderosas evidencias y también, en apariencia, mucha propaganda para incitarlos a no volver. Si ésto fuera verdad, y también lo es que un número significativo de judíos polacos abandonaron el territorio soviético, entonces muchos de ellos deberían haber pasado a través de Polonia hacia otros lugares. Esto es lo que ocurrió. Los dirigentes políticos del sionismo habían planeado para ellos otro destino.

6.- Muchos judíos finalmente no fueron ni a la Unión Soviética ni a sus países de origen sino a otros lugares; en su mayoría a los EE.UU. y a Palestina. Todos nosotros sabemos que esto es verdad pero hay algunas inexactitudes en las cifras en cuestión, principalmente en el caso de los inmigrantes de los EE.UU.. Hasta noviembre de 1943 el Servicio Americano de Naturalización e Inmigración reconocía la categoría “hebreo” entre “razas y pueblos” pero desde entonces ceso de hacerlo y hasta ahora no se ha conservado ningún registro oficial de la inmigración judía. (30)

Otra dificultad para describir con detalle los movimientos judíos hacia el final de la guerra es que tropezamos con el WRB y con la UNRRA ( ) al intentar estudiar el tema.

Como se recordará el WRB fué creado a comienzos de 1944 aparentemente como una acción conjunta de los departamentos de Estado, del Tesoro y de la Guerra pero de hecho se hallaba bajo el control del secretario del Tesoro Morgenthau. Al Consejo le fué otorgado el extraordinario poder de designar consejeros especiales con rango de diplomático. Otra característica muy irregular fué que el WRB colaboró estrechamente con organizaciones privadas. Colaboró intensivamente con el Comité Conjunto de Distribución, el Congreso Mundial Judío así como con otras organizaciones judías y sionistas, y también con algunas no judías como el Comité de Servicio de Amigos de América. El WRB y los tres departamentos del Gobierno estadounidense que con él colaboraban estaban explicitamente “autorizados a aceptar servicios o ayudas de particulares ó de organizaciones”. (31) Por lo tanto nos encontramos con un ente bastante escurridizo interesado en la propaganda y en los socorros, con los derechos de una operación del Gobierno, cuando parecía conveniente el estatus oficial, y los derechos de un organismo privado cuando resultaba ventajoso un estatus privado.

El WRB llevó a cabo acciones de ayuda desde mediados de 1944 a mediados de 1945, cuando las operaciones de carácter internacional fueron a parar a manos de la UNRRA casi por completo. Este organismo había sido creado en noviembre de 1943 y operó hasta marzo de 1949. Su primer director, designado por Roosevelt, fue Herbert Lehman, ex gobernador del Estado de Nueva York y líder demócrata de los del “New Deal”. Según Roosevelt, sus motivos para elegir a Lehman fueron que “sería una buena lección de tolerancia y fraternidad humana que un judío dirigiera esta operación y creo que Herbert sería idóneo”. (32) A comienzos de 1946 Lehman fué sustituido por Fiorello LaGuardia, ex alcalde de la ciudad de Nueva York. Aunque el padre de LaGuardia no era judío y lógicamente halló beneficioso conseguir los numerosísimos votos italianos de Nueva York, LaGuardia actuó en realidad como un político judeo-sionista y de este modo figura en la “Encyclopedia Judaica”. Así pues podemos estar seguros de que la chusma aquí implicada es más o menos la misma que la del WRB. Igualmente, de nuevo nos hallamos con un ente escurridizo, esta vez porque se trata de una así llamada organización internacional. Por ejemplo cuando en septiembre de 1945 el Congreso pidió que la Oficina de Intendencia General recibiera permiso para revisar las operaciones de la UNRRA (se decía que los EE.UU. pagaban casi dos tercios de los gastos de la UNRRA, pero probablemente la fracción fuera algo más alta), Lehman dijo que se metieran en sus propios asuntos. (33)

Las operaciones de la UNRRA eran extensas. La mayoría de los socorros de la UNRRA fueron a Europa Oriental y las cantidades enviadas a Polonia eran las mayores después de las de China. También recibieron ayuda la Rusia Blanca y Ucrania. (34)

Hacia mediados de 1944 el WRB y la UNRRA controlaban una amplia red de campos de refugiados en el Norte de Africa, Italia y Palestina. Estos campos eran casi exclusivamente para judíos y, comenzando en 1944, las evacuaciones a gran escala de judíos de Europa a estos campos fueron en aumento. A muchos los evacuaron desde los Balcanes vía Estambul y también había una ruta del mar Negro que pasaba por Estambul.

Mientras la guerra seguía su curso se buscó y consiguió que muchas de estas personas entraran en los Estados Unidos o en países de Sudamérica. A este respecto se creó el campo de Oswego, en Nueva York, próximo a la frontera canadiense. Además, muchos de los que en un principio fueron destinados a los campos de Palestina intentaron ir allí de cualquier modo. (35)

Después del hundimiento alemán la UNRRA administró los campos DP (personas sin hogar – Displaced Persons), principalmente en las zonas de ocupación británica y estadounidense en Austria y Alemania. Lógicamente había en aquellos campos muchos no judíos pero los judíos estaban en situación de privilegio y, en muchos casos, se albergaban en casas y hoteles requisados para ellos. (36)

Las operaciones de la UNRRA en Alemania fueron uno de los escándalos de la época de la ocupación. Fueron notorias las incursiones en casas alemanas para “rescatar niños”. La política nazi en Europa Oriental consistía en que, cuando un orfanato caía en sus manos, realizaban un examen racial para seleccionar a los huerfanos arios y que fueran adoptados por familias alemanas. Estos niños se criaron exactamente igual que los niños alemanes y se convirtieron en las víctimas inocentes del terror de la UNRRA. No se sabe que fué de ellos. (37)

El comportamiento de los DP en los campos de la UNRRA fué catastrófico y como escribió el historiador más importante sobre el Gobierno Militar estadounidense en Alemania (38):

“No sólo consumían grandes cantidades de comida sino que hacían gala de muchos de los rasgos psiconeuróticos que cabe esperar en personas que han padecido las tribulaciones que pasaron muchas personas sin hogar. Era usual que dijeran que las autoridades aliadas no les dispensaban el trato merecido. A menudo se quejaban de los campos en que vivían y sostenían que el vivir en campos no correspondía a su rango. Algunos apremiaban para que las mejores casas alemanas fueran limpiadas de inquilinos y puestas a disposición de personas sin hogar, en especial de los judíos. En ciertos casos se negaron a mantener habitables sus alojamientos alegando que no era responsabilidad suya trabajar en su provecho. Durante este periodo el cuidado efectivo de la gente sin hogar estuvo a cargo, por algunos meses, de la UNRRA pero la responsabilidad última correspondía al Gobierno Militar el cual tenía que hacer frente a las acusaciones de la prensa sobre el trato inadecuado.

Además, la gente sin hogar continuó su lucha clandestina contra la población alemana, a pesar de todas sus promesas y de los intentos de la UNRRA y del personal militar estadounidense. Nunca cesaron los problemas; algunas personas sin hogar aprovechaban todas las oportunidades para pelearse con los alemanes. Como las propiedades alemanas habían sido saqueadas, vidas alemanas se habían perdido y las mujeres alemanas eran violadas casi todos los días por personas sin hogar, se extendió entre la población el resquemor, especialmente cuando no podían defenderse contra las armas de fuego que la gente sin hogar conseguía obtener”.

En el curso de un incidente ampliamente divulgado DP’s polacos y judíos, ante personal militar de los EE.UU., obligaron a ciudadanos alemanes a exhumar cuerpos recientemente enterrados y, mientras les golpeaban y apaleaban, les obligaron a limpiar los huesos de carne podrida. (39)

Sin embargo, a nosotros nos interesa el papel político que desempeñaron los campos para DP’s, y la verdad es que los campos para DP’s judíos así como otros acuartelamientos sirvieron como campos de tránsito y de preparación militar para la invasión de Palestina.

El mundo tuvo la oportunidad de conocer este hecho en enero de 1946. Como a veces sucede en las “organizaciones internacionales”, el director nominal de las operaciones de la UNRRA en Alemania, el general británico Sir Frederick E. Morgan, actuaba por propia iniciativa sin ser un hombre de paja de los sionistas. Mientras tuvo el control real solamente sobre una parte de la acciones de la UNRRA en Alemania, supo la mayor parte de las cosas que pasaban y las hizo públicas. En una conferencia de prensa en Frankfurt dijo que un grupo judío organizado estaba patrocinando el éxodo judío desde Polonia a la zona estadounidense en Alemania. Ridiculizó “toda la charlatanería acerca de los pogroms en Polonia” señalando que los judíos que llegaban a Berlín en vagones de carga estaban bien alimentados, bien vestidos y tenían mucho dinero:

“Verdaderamente no parecen un pueblo perseguido. Creo que tienen un plan, un plan real, para salir de Europa”. Morgan añadió que su dinero eran mayormente billetes de ocupación impresos por los rusos. El lector podrá recordar que una de las acciones más espectaculares del agente soviético Harry Dexter White, con quien nos encontramos en el capítulo III como jefe de las operaciones internacionales del Departamento del Tesoro de los EE.UU., fué la entrega a los rusos de las planchas de los billetes de ocupación norteamericanos.

Chaim Weizmann denunció las declaraciones de Morgan como “antisemitismo palpable” y el rabino Wise declaró que olían al peor de los nazismos y contenían reminiscencias de los falsos Protocolos de Sión. El Cuartel General de la UNRRA en los EE.UU. anunció que Morgan había sido destituido pero Morgan lo negó. Wise, Henry Monsky, presidente del B’nai B’rith, y otros prominentes judíos se reunieron con Lehman y “aseguraron al gobernador Lehman que era desaconsejable dar publicidad al caso Morgan” ya que aparentemente Morgan tenía pruebas suficientes para apoyar lo que decía.

A últimos de 1946 se presentó ante el Comité Angloamericano una moción sobre el problema judío, que determinó que Morgan había subestimado la situación. En los campos para DP’s judíos “los rostros cambiaban de día en día y personas nuevas respondían a viejos nombres en las relaciones de nombres a medida que los sionistas acercaban a los judíos a Palestina”. Los judíos, principalmente polacos, estaban entrando en Alemania Occidental desde el Este mediante los campos dirigidos por la UNRRA. En estos campos muchos de ellos recibieron instrucción militar, para la invasión de Palestina, a cargo de oficiales sin designar de los ejércitos británico y estadounidense. Aunque se dió el caso de que en realidad casi ninguno quería ir a Palestina, sino a los EE.UU., se utilizaron todos los medios para obligarles a ir allí. Resumiendo su relación con la UNRRA, el general Morgan escribió en sus memorias (Peace and War, 1961) “Servir a semejante organización está más alla de toda descripción”.

Años más tarde, autores sionistas confesaron las acusaciones de Morgan en relatos laudatorios de éxodo organizado de los judíos desde Europa. (40)

En agosto de 1946 LaGuardia atacó a Morgan por acusar a la UNRRA de servir de “paraguas para cobijar a agentes secretos rusos y elementos criminales ocupados en el espionaje y contrabando a gran escala”. Morgan fué sustituido por Meyer Cohen de la oficina en Washington de la UNRRA, lo cual sucedió en un momento en el que el conflicto entre ésta y las autoridades militares en Alemania recibía amplia publicidad. LaGuardia había ido entonces a Alemania con la intención de ocuparse de varios problemas y Morgan era uno de ellos. En una rueda de prensa que tuvo lugar justo después de atacar a Morgan, LaGuardia tuvo un violento diálogo con Hal Foust, del “Chicago Tribune”, con quien nos encontramos en el capítulo I. Foust había preguntado de qué naciones, había recibido dinero la UNRRA, además de los EE.UU.. Sin embargo, LaGuardia no respondió a la pregunta de Foust debido a que el “sucio y piojoso periódico (de Foust) no lo publicaría”. A las repetidas preguntas de Foust, LaGuardia chilló “¡Cállese!”. (41)

Morgan no había sido el primer oficial aliado de alta graduación en tener roces con los sionistas. En el verano de 1945 el “informe Harrison” a la Casa Blanca había afirmado que los judíos en la zona estadounidense en Alemania eran casi peor tratados que por los nazis. Aunque muchos de los judíos de los campos ridiculizaron públicamente estas pretensiones, el general Eisenhower, comandante supremo aliado, visitó al general George S. Patton Jr. (comandante del III Ejército estadounidense y gobernador militar de Baviera) y “sorpendentemente, le ordenó acabar con los disturbios cuando él le dijera que los alemanes debían ser desposeídos, de ser necesario, para hacer que sus víctimas se hallaran cómodas”. Poco después, Eisenhower relevó a Patton del servicio, supuestamente porque Patton había dicho en público que se había hecho mucho ruido sobre lo de echar a los nazis de los puestos clave, que la distinción entre nazis y no nazis era igual que la distinción entre republicanos y demócratas y que el secreto de una ocupación satisfactoria de Alemania estaba en demostrar a los alemanes “lo buenos tipos que somos”. Este fué el episodio más sonado de la extendida “resistencia de las autoridades de ocupación a nivel operativo a actuar con tanta dureza como requieran las directrices de los jefes de Estado de Berlín y del mismo general Eisenhower”. Patton fué destinado a dirigir un colectivo que escribía una historia militar pero en diciembre de 1945 tuvo un accidente de automóvil y dos semanas más tarde murió de complicaciones. (42)

La actitud de Eisenhower hacia los sionistas siempre fué de lo más amistosa. Poco después del final de la guerra la dirigente sionista, Ruth Klieger, nacida en Rumanía pero que había emigrado a Palestina antes de la guerra, visitó los cuarteles generales de Eisenhower SHAEF en París, con la intención de explicar al juez Rifkind, consejero de Eisenhower sobre asuntos de DP, su misión organizar el transporte de judíos desde Alemania a Palestina. Fué nombrada allí mismo coronel del Ejército estadounidense y obtuvo los papeles necesarios para su tarea en Alemania. Los servicios de Eisenhower no acabaron aquí ya que el barco de transporte de tropas “Ascania”, cedido por el SHAEF y tripulado bajo las órdenes de la jefatura de Eisenhower, fué puesto a disposición de los sionistas y con él llevaron a Palestina a 2.400 judíos. Los británicos le recibieron a su llegada pero no quisieron problemas con el SHAEF y permitieron que los pasajeros entrasen en Palestina. Más tarde Eisenhower se convertía en presidente de los Estados Unidos. (43)

Como ya apuntamos arriba, los judíos que dejaron la Unión Soviética por Polonia no se quedaron, la mayoría, en este país durante mucho tiempo. Ayudados por el Comité Conjunto de Distribución y las ya mencionadas organizaciones judías (las contribuciones a las cuales estaban exentas de impuestos en los EE.UU) (44), los judíos fueron a Alemania y, en algunos casos, a Checoeslovaquia, atraídos por toda clase de propaganda sionista.

Como antes señalamos se habló mucho de los pogroms y, sin duda, la mayoría de los judíos pensaban ir a los EE.UU.. Ciertamente, muchos marcharon por último desde Alemania a los EE.UU. pero otros muchos se fueron a Italia donde también la UNRRA tenía campos para ellos, o a Francia que por entonces se ganó una reputación por sus señaladas simpatías hacia la causa sionista. De Checoeslovaquia los judíos pasaron a Italia o a Viena y desde Viena a puertos italianos o yugoeslavos o a Budapest, Belgrado y puntos cercanos a Palestina. Lógicamente durante todos estos movimientos febriles no se respetaron cosas como el legítimo pasaporte o los papeles de identificación. Los papeles de identificación griegos se fabricaban a gran escala y muchos judíos se presentaron como griegos que volvían a casa desde Polonia. Cuando el Gobierno griego supo esto nombró un funcionario para que investigara pero era un activista sionista que lo único que hizo fué informar a la organización sionista de que él podía cubrir las ilegalidades del pasado pero que la opción “griega” debería descartarse. Sin embargo todo había ido tan bien que en Checoeslovaquia, los guardas fronterizos que creían haber detectado a todos los “griegos” que habían desfilado ante ellos, a los cuales se parecían los miembros de esta nacionalidad, sospecharon y arrestaron a los verdaderos griegos cuando éstos llegaron. (45)

Cuando comenzaron los movimientos de masas los sionistas se encontraron con que los judíos eran demasiado indisciplinados y estaban demasiado desmoralizados como para ser miembros de un movimiento eficaz. Por lo tanto, adoptaron el método de la propaganda del odio para estimular la moral combativa de los judíos en los numerosos campos; comenzaron a “instigar en estos judíos un disgusto y un odio profundo por los alemanes y en realidad hacia todo el entorno no judío, hacia los goyim de su alrededor”.

En el invierno de 1946 el Comité Angloamericano de Investigaciones visitó los campos judíos en Alemania y se vió “abrumado por este “antigoyismo” de los internos en el campo, por la imposibilidad de mantener contacto alguno entre los judíos sin hogar y los pueblos británico y estadounidense”. (46)

Las autoridades norteamericanas de ocupación en Alemania se vieron afectadas por el hecho de que tanta gente, a quien a duras penas podía clasificarlas como “refugiados”, penetrara en su área de responsabilidad pero se negaban a denunciarlo en voz muy alta o muy bruscamente por miedo a la clase de represalias que se cernieron sobre Morgan y Patton. No obstante el constante aumento de la población de “refugiados” estaba creando problemas que no podían ignorarse. En junio de 1946 un grupo de redactores y periodistas estadounidenses llegó a Frankfurt en su primera escala de un periplo por Alemania y “altos oficiales norteamericanos” les dijeron que los judíos afluían a la zona estadounidense a razón de 10.000 por mes, y que de este modo creaban un “grave problema”. Se dijo que “muchos de ellos llegan de Rusia y si se juntan con los de Polonia para emigrar en masa hacia Palestina, podemos vernos cuidando de tres millones de ellos”. En este comentario resulta de particular interés de donde venían esos “muchos”

judíos y el hecho de que las autoridades militares de los EE.UU. creyeran adecuado utilizar la cifra de tres millones (no es un error de imprenta). Claramente, estaban exagerando la situación para incitar a tomar las medidas pertinentes pues resultaba del todo imposible que tres millones de judíos penetraran en la zona de ocupación estadounidense. Sin embargo, vale la pena señalar la cifra que dieron y el detalle de que “muchos” de esos judíos “llegaron de Rusia”. (47)

El problema retuvo tanto la atención que a comienzos de agosto de 1946 el gobernador militar estadounidense, general McNarney, anunció que “los guardias fronterizos de los Estados Unidos no permitiran que refugiados judíos procedentes de Polonia penetren en la zona estadounidense en camiones y vagones de carga dispuestos a tal efecto”. Sin embargo McNarney añadió que “si los perseguidos cruzan la frontera individualmente está claro que se trata de otro caso y les admitiremos”. Puede sorprender a muchos observadores que esta requisitoria aparentemente sin importancia fuera tan safisfactoria para los sionistas y que, poco después, el rabino Wise y otros importantes sionistas alabaran públicamente “la actitud del general Joseph T. McNarney… hacia la totalidad del problema”. El problema fué resuelto el siguiente mes de noviembre cuando se dijo que constaba que 35.000 judíos habían llegado a Alemania Occidental desde Polonia (la mayoría de ellos a la zona estadounidense) durante septiembre y que el “goteo” del mes de noviembre ascendía a “entre 150 y 200 personas diarias”. (48)

En las noticias de aquel entonces, era frecuente decir que los judíos que “regresaban” desde Rusia a Polonia pertenecieran en su mayor parte a los deportados a la URSS en 1940. Era de esperar que la prensa dijera algo semejante ya que se suponía que los demás estaban muertos, pero tales interpretaciones pueden rechazarse a pesar de que, como dice Korzen, el grupo incluyera a los deportados de 1940.

Durante 1946, el Comité del Senado Americano de Investigaciones de Guerra envió a su consejero jefe, George Meader, a Alemania para investigar la política norteamericana de ocupación. El informe de Meader, que acusaba “inter alia” al Ejército, de inmoralidad y chantaje generalizados, fué suprimido a resultas de “la tremenda presión de la Casa Blanca, los departamentos de Guerra y de Estado, y del senador Arthur Vendenberg” y de la amenaza de destitución del general Clay, pero finalmente el contenido se hizo público. El informe criticaba duramente la práctica de acomodar a los judíos procedentes de Polonia ya que ellos no eran verdaderos refugiados (en el sentido de haberse quedado en Alemania sin nada al final de la guerra) sino parte de un movimiento de masas patrocinado por particulares en provecho de una causa política concreta: el sionismo. Por lo tanto, los EE.UU. estaban “financiando un programa político” al recibir a estos judíos en los campos para DP alemanes, a pesar de que el programa había sido enviado al Congreso para su consideración. De este modo en los EE.UU. se tomó posición en contra de la ayuda que la política estadounidense de “refugiados”

dispensaba a la causa sionista pero era demasiado tarde y se era demasiado débil como para influir significativamente en los acontecimientos.

En su informe, Meader se quejaba de las dificultades para que los DP’s judíos (a diferencia de los no judíos) se ocuparan en trabajo alguno o se fijaran sus propias residencias. Sin embargo constantemente se quejaban de que las cosas no se hacían todo lo bien que ellos creían que podían hacerse. Igualmente Meader señaló que los DP’s cometían numerosos delitos y crímenes violentos y dijo que los EE.UU. habían acordado aceptar como inmigrantes a 2.250.000 refugiados procedentes de Europa. (49)

Tiene escaso interés que demos aquí las cifras barajadas entonces acerca del número de DP’s judíos. En el otoño de 1946 se dijo que había en los campos de Alemania Occidental 185.000 DP’s judíos. Si añadimos los de Austria, la cifra sobrepasaría los 200.000. También se dijo que había el 1 de julio de 1947 en Europa Occidental más de 400.000 judíos refugiados. (50) Sin embargo dichas cifras no significan gran cosa porque los campos para judíos y otros refugiados servían en realidad como campos de paso y, en el caso de los judíos, había un movimiento constante hacia los EE.UU. y Palestina, en la más absoluta ilegalidad o de modo “no oficial” en el caso del último destino y también, posiblemente, en el caso del primero.

Los destinos principales, pero no los únicos, de los judíos que dejaron Europa eran Palestina y los EE.UU., así pues debemos intentar calcular las cifras en cuestión. Las cifras de la población palestina que tenían las autoridades británicas son, probablemente, precisas hasta un determinado momento de 1946 (51):

Musulmanes Judíos Cristianos Otros 1924 532.636 94.945 74.094 8.263 1929 634.811 156.481 81.776 9.443 1934 747.826 282.975 102.407 10.793 1939 860.580 445.457 116.958 12.150 1944 994.724 528.702 135.547 14.098 A últimos de 1946 se supone que había 608.000 judíos y 1.237.000 entre musulmanes, cristianos y “otros”. Posteriormente las cifras británicas no son en absoluto precisas debido al enorme aumento de la inmigración ilegal a medida que los británicos perdían el control de la situación. En cualquier caso, cuando las cosas se habían calmado algo en julio de 1949, el Gobierno israelí informó de que había 925.000 judíos en Israel, preferentemente de origen europeo, mientras que la inmigración de judíos norteafricanos y asiáticos sufría un incremento promovido por el Gobierno israelí. Hacia 1957 había en Israel 1.868.000 judíos y 868.000 árabes se habían largado a los países vecinos desde la llegada judía. (52)

Merece la pena detenerse aquí para comentar que mucha gente tiene una idea equivocada acerca del sionismo y de Israel. Hoy en día todo el mundo cree que el sionismo nació al final de la Segunda Guerra Mundial cuando grandes cantidades de judíos europeos, habiendo decidido que no podían vivir en Europa por más tiempo, invadieron Palestina, antes totalmente árabe, y expulsaron a sus habitantes. De hecho el sionismo, el movimiento para la creación de un Estado judío en Palestina, tiene una historia que comienza a finales del siglo XIX, y hacia 1917 era una fuerza política tan potente que Inglaterra, enzarzada en una lucha sangrienta con la Alemania imperial, emitió la “declaración Balfour”, prometiendo Palestina a los judíos a cambio del apoyo judío en la guerra. Ya que Inglaterra también había llegado a ciertos acuerdos con los árabes, Palestina se convirtió en la “tierra demasiado prometida”.

Las organizaciones sionistas promovieron la emigración judía a Palestina después de la Primera Guerra Mundial y durante los años 30 como indican las cifras antes mencionadas, Palestina quizá fuera el más grande dolor de cabeza de la política exterior británica que hacía imposible reconciliar las pretensiones de árabes y judíos. Durante los últimos años de la década de los 30 el sionismo se encontró cooperando activamente con la Gestapo, que se reunía regularmente con representantes sionistas e incluso ayudaba a conseguir granjas e instalaciones donde establecer centros de adiestramiento en Austria y Alemania para emigrantes judíos. Los sionistas y la Gestapo tenían el mismo objetivo de sacar a los judíos de Europa. (53)

Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial no hicieron del sionismo un movimiento político real, sencillamente le dieron la victoria política mundial que necesitaba para el último acto de la conquista de Palestina. El poder absoluto había caído en manos de los EE.UU. y de la Unión Soviética, que eran partidarias de la causa sionista de entonces. Dadas las circunstancias la causa árabe era desesperada pues dependía de la firmeza e independencia política de Inglaterra quien se hallaba casi derrotada política y económicamente.

Aunque puede obtenerse una idea presumiblemente buena del calibre de la emigración judía a Palestina, podemos encontrarnos una losa al intentar determinarla para los EE.UU.. Hemos visto que la política de clasificar a los inmigrantes como “hebreos” fué abandonada el mismo mes de 1943 en que el Gobierno estadounidense, se metía en el asunto del control de DP’s a gran escala mediante la creación de la UNRRA. Justo después de la guerra, naturalmente los judíos presionaron mucho para que fueran admitidas grandes cantidades de emigrantes judíos y en diciembre de 1945 el presidente Truman anunció que la inmigración se aceleraría para permitir unas tasas de admisión más elevadas. Aunque Truman lamentó que los cupos desperdiciados durante los años de guerra no fueran acumulativos y no pudieran añadirse a futuras admisiones, prometió que todos los cupos pendientes de inmigrantes, así como las leyes, serían respetados.(54). En realidad, aunque las respetaron, el efecto producido sobre la admisión de judíos habría sido secundario, ya que entraban bajo las categorías de varias nacionalidades: alemanes, austriacos, holandeses, polacos, etc. Sin embargo las leyes existentes no permitían la admisión de todos los que se deseaba así que, poco después de la guerra, se creó una legislación especial concerniente a la admisión de DP’s en la cual “se derribaron las barreras existentes”. La legislación también establecía una “Comisión de Personas sin Hogar” para ayudar a que los inmigrantes se instalaran y, según el informe de la Comisión, más de 400.000 de estas personas se establecieron en los EE.UU. en el periodo comprendido entre 1948 y 1952 (el periodo especificado en dicha legislación). El informe oficial continúa diciendo que sólo el 16 % de estos 400.000 eran judíos pero esto sólo es la versión oficial de un Gobierno que ha dado los pasos necesarios para asegurarse de que la información deje de existir. (55)

Por lo que pueda tener de interés, aquí resumimos las partes más importantes de la información publicada por el Gobierno estadounidense (56):

Zona Inmigración regular DP Total del área 1941-1950 1951-1960 1948-1952 Alemania 226.578 477.765 62.123 766.466 Austria 24.860 67.106 8956 100.922 Bélgica 12.189 18.575 951 31.715 Checoeslovaqu 8347 918 12.638 21.903 Dinamarca 5393 10.984 62 16.439 Estonia 212 185 10.427 10.824 Francia 38.809 51.121 799 90.729 Grecia 8973 47.608 10.277 66.858 Holanda 14.860 52.277 64 67.201 Hungría 3469 36.637 16.627 56.733 Italia 57.661 185.491 2268 245.420 Letonia 361 352 36.014 36.727 Polonia 7571 9985 135.302 152.858 Rumanía 1076 1039 10.618 12.733 URSS 548 584 35.747 36.879 Yugoeslavia 1576 8225 33.367 43.168 Sólo incluimos los números de ciertos países europeos, o sea aquellos que pudieran contribuir con muchos judíos “desarraigados”, aunque esto presenta una dificultad tal y como veremos dentro de poco. El total de Hungría para el periodo 1951-60 no parece abarcar a los que entraron gracias a la legislación especial aprobada a raiz de los refugiados de la rebelión húngara de 1956, 45.000 de los cuales fueron admitidos en los EE.UU.. Vale la pena mencionar que durante los años comprendidos entre 1954 y 1971, 285.415 personas entraron en los EE.UU. procedentes de Europa bajo otras categorías de refugiados.

Por motivos que se aclararán cuando intentemos interpretar estos datos adjuntamos los totales de inmigración de todos los continentes:

Zona Inmigración regular DP Total 1941-1950 1951-1960 1948-1952 Europa 621.704 1.328.293 405.234 2.355.231 Asia 621.704 147.453 4016 183.249 America N&S 354.804 996.944 307 1.352.055 Africa 7367 14.092 107 21.566 Oceanía 19.242 16.204 10 35.456 TOTALES 1.034.897 2.502.986 409.674 3.947.557 Una cuestión importante a la hora de interpretar estos datos es que, en el caso de la inmigración regular para los años 1941-50 y 1951-60, el país de origen se define como el último país donde se tuvo una residencia permanente, mientras que en el caso de los DP’s que entraron en los EE.UU. en 1948-52 el país de origen es el país de nacimiento.

El que la nacionalidad fuera la del último país donde se tuvo una residencia permanente, en el caso de la inmigración regular, hace que estas cifras sean particularmente difíciles de interpretar. Un claro ejemplo de esto es la cifra total, 766.466, de los que entraron en los EE.UU. procedentes de Alemania: más del 90 % dentro del cupo normal. Si suponemos que un judío alemán es un judío que realmente se ha criado en Alemania y que le fué concedida la nacionalidad alemana, entonces sólo una fracción de los 766.466 serían judíos por la sencilla razón de que un gran número de los estimados 500.000 ó 600.000 judíos alemanes habían emigrado antes de la guerra. Para hacernos una idea del número de judíos alemanes que pudieron haber emigrado después de la guerra a los EE.UU., recordemos que los judíos deportados al Este por los alemanes procedentes de Francia y Bélgica eran casi todos judíos alemanes que habían abandonado Alemania antes de la guerra. De este modo si aceptamos las cifras de Reitlinger el total de judíos alemanes deportados al Este estaría en torno a los 250.000.

Si, por ejemplo, la mitad fueron a Palestina después de la guerra, entonces parece que no más de 125.000 de los “alemanes” que entraron en los EE.UU. habrían sido judíos.

Sin embargo se da al traste con este cálculo mediante la sencilla observación de que el estatus de “residencia permanente” podría haber sido conferido a muchos de los judíos de varias nacionalidades que, de distintas maneras, fueron alojados en Alemania justo después de la guerra. Para ajustarnos a la estricta legalidad este periodo no ha sido incluido así que es más seguro aceptar que algo más de 125.000 de estos “alemanes”

eran judíos. Sucede lo mismo con las cifras de Italia.

Lo escurridizo del concepto de “residencia permanente” también es la razón por la que incluimos las cifras de inmigración de lugares tales como Norteamérica, Sudamérica y Asia. No debe esperarse que los judíos desarraigados tuvieran escrúpulos especiales en cuanto a la legalidad de las credenciales y un buen ejemplo son los “griegos” que vimos antes atravesando Checoeslovaquia. No habría sido difícil falsificar credenciales donde los judíos aparecieran como residentes permanentes de varios países sudamericanos y posiblemente también de Canadá. Durante el viaje a los EE.UU. pudiera haber hecho falta una escala en el país en cuestión pero en cualquier caso tal viaje habría sido una tapadera. Los países sudamericanos habrían cooperado gustosamente ya que los judíos no pensaban decidirse por ellos y sin duda también hubo sobornos.

Por estas razones creo que puede aceptarse perfectamente que al menos 500.000 judíos entraron en los EE.UU. y la cifra exacta puede que sea mayor. Ya que en la ciudad de Nueva York viven millones de judíos unos pocos cientos de miles podrían haber llegado allí y todo lo que la gente habría notado sería que unos pocos judíos procedentes de Europa llegaron a Nueva York después de la guerra.

En nuestro estudio hemos supuesto lógicamente que las grandes masas de judíos que emigraron después de la guerra eran judíos sin hogar y no hemos incluido las cantidades estadísticamente significativas de, por ejemplo, los judíos franceses, que tenían las mismas razones para abandonar Francia que los judíos de los EE.UU. tienen para abandonar el país. El resultado neto de la política judía de reasentamiento seguida por los nazis fué que un gran número de judíos, desarraigados de sus hogares, se hicieron con el poder de las organizaciones de ayuda a los refugiados controladas por los sionistas que pudieron dirigir el destino, elegido por razones políticas, de estas masas de judíos.

Esto es todo lo que puede profundizarse aquí en un estudio demográfico y probablemente sea, en esencia, todo lo que pueda hacerse en cualquier caso. Si admitimos que al final de la guerra había cerca de tres millones de judíos desarraigados cuya situación estaba de uno u otro modo a merced de los aliados, es posible que 500.000 de ellos emigrara a los EE.UU., 500.000 a Palestina, un millón fuera absorvido por la Unión Soviética, 750.000 se establecieron en Europa Oriental exceptuando la URSS, y 250.000 se establecieran en Europa Occidental. Por otra parte las cifras correctas, incluidas las que hemos dado aquí, pueden muy bien ser distintas. El razonamiento que hemos seguido es válido en términos generales pero carece de precisión estadística.

Si intentamos estimar el número de los que perecieron a consecuencia de las condiciones caóticas en los campos alemanes producidas durante la retirada alemana, de las epidemias producidas en los guetos durante periodos normales, de los pogroms o masacres que pudieran haberse dado especialmente mientras los alemanes se retiraban, de las ejecuciones de los “Einsatzgruppen”, y de las insalubres condiciones de los campos de concentración en Alemania, en particular en la última parte de la guerra (que afectaron sólo a prisioneros políticos judíos, criminales ordinarios y judíos adultos reclutados para mano de obra y enviados a los campos), nos hallamos de nuevo, en mi opinión ante un problema irresoluble. Rassinier cree que murieron cerca de un millón de judíos pero esto debe aceptarse con muchísimas reservas. El número de un millón de judíos muertos, aunque es posible, me parece bastante elevado. Sin embargo dadas las grandes incertidumbres existentes no tengo elementos de juicio para discutirlo.

Nadie debe sentir la necesidad de disculparse por confesar su ignorancia estadística. Korzen, en su estudio sobre los judíos polacos dispersados por los rusos durante las deportaciones de 1940, confiesa que tiene grandes e importantes lagunas, especialmente en cuanto a los números, y ha contado con el favor de las oficinas del Gobierno israelí para ayudarle en su investigación. En un estudio como este se trabaja necesariamente bajo severos impedimentos relativos a las estadísticas pertinentes, y en verdad constituyó para mí una sorpresa el que fuera posible reconstruir aspectos estadísticos y cuantitativos hasta el grado incompleto en el que lo hemos hecho. Los grupos más poderosos de la Tierra han intentado distorsionar los documentos sobre lo que en realidad sucedió a los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial.

En sus memorias, J.G. Burg (Josef Ginsburg) aporta una versión que concuerda del todo con el registro histórico. Cuando comenzaron las hostilidades en septiembre de 1939 él residía en Lemberg, Polonia. Inmediatamente se marchó con su familia a Czernowitz, Rumanía, en la provincia de Bukovina, que fué ocupada por el Ejército Rojo en junio de 1940. Un año después el ataque alemán sobre Rusia expulsó al Ejército Rojo y bandas de ucranianos comenzaron pogroms reprimidos por tropas alemanas y rumanas. Más tarde Ginsburg y su familia fueron deportados al Este, a la Transnistria, donde por lo menos la vida era soportable. Un tal Mr. Kolb de la Cruz Roja Suiza y de la Cruz Roja Internacional visitó su colonia a comienzos de 1943.

A medida que aumentaban las derrotas alemanas se acrecentó la tensión entre alemanes y rumanos y muchos de estos últimos intentaron confraternizar con los judíos. El frente germano-rumano comenzó a colapsarse a mediados de 1944 y Ginsburg y su familia regresaron a Czernowitz; todo lo que allí había era caos, hambre y terror ruso e incluso después de acabar la guerra la situación no era muy buena. De este modo, en 1946, Ginsburg y su familia se marcharon a Breslau donde ingresaron en un campo de la UNRRA para DP’s cerca de Munich, en la zona de ocupación estadounidense en Alemania. Como es lógico en aquel campo todos los judíos se hallaban muy interesados en la posibilidad de entrar en los EE.UU., pues sabían que muchos de ellos ya lo estaban haciendo. Sin embargo la dirigencia sionista intentaba por todos los medios desviar su interés desde los EE.UU. hacia Palestina. A la pregunta “¿Puede alguien emigrar a los EE.UU. y seguir siendo un sionista?”, un tal profesor Spiktor replicaba: “Quienquiera que emigre a los EE.UU. en esta hora del destino, no sólo es que no sea sionista, es que de este modo reniega de su propio pueblo judío”. Seis meses después el profesor Spiktor emigraba a los EE.UU. y Ginsburg y su familia se marchaban a Palestina como otros muchos judíos del campo.

Nos estamos acercando al final de nuestro estudio pues hemos demostrado la tesis de este libro de un modo concluyente. Los judíos europeos no fueron exterminados y tampoco los alemanes lo intentaron sino que reasentaron a un cierto número de ellos y, por último, de nuevo fueron reasentados de acuerdo con los planes aliados. Aunque faltan en nuestro estudio varios detalles de indole estadística, es posible reconstruir de un modo satisfactorio los aspectos cuantitativos del problema.

Los judíos europeos sufrieron durante la guerra la deportación al Este, la confiscación de muchos de sus bienes y, lo que es más importante, sufrieron la crueldad bajo las circunstancias que rodearon la derrota alemana. Así pues muy bien pudieran tener un millón de muertos.

Todos los europeos padecieron durante la guerra, en especial la gente de Europa Central y Oriental. Los que más padecieron fueron los vencidos, los alemanes (y austriacos) que tuvieron 10 millones de muertos debido a operaciones militares y bombardeos aliados, al terror ruso del final de la guerra, a los reclutamientos postbélicos de prisioneros de guerra como mano de obra a cargo de rusos y franceses, a la expulsión de sus casas en Polonia y otros lugares, en condiciones brutales, y a la vengativa política de ocupación del periodo 1945-48. (57).

Las “cámaras de gas” fueron fantasías de la propaganda bélica absolutamente comparables a la basura que Lord Bryce y colaboradores desenterraron durante la Primera Guerra Mundial. Heinrich Himmler dió en el clavo al explicar con exacta precisión la base fáctica de estas ridículas acusaciones, durante una entrevista concedida a un representante del Congreso Mundial Judío pocas semanas antes del final de la guerra. (58):

“Para detener las epidemias nos vimos obligadas a incinerar los cadáveres de un número incalculable de personas muertas por enfermedad. Por lo tanto tuvimos que construir crematorios y debido a ello están montando nuestras horcas”.

La mayor desgracia es que Himmler “se suicidara” durante su cautiverio británico ya que, si hubiera figurado entre los acusados del IMT, habría contado la verdad (sabía todo y no estaba en situación de delegar responsabilidades en otros) y los libros como éste no serían necesarios pues la mayor parte de la información podría leerse en las actas del juicio del IMT. Pero, como usted verá, no estaba dentro de las posibilidades políticas el que Himmler viviera para hablar ante el IMT.

Esta afirmación de Himmler acerca de las acusaciones de las cámaras de gas es todo lo precisa que en buena lógica debería ser para cualquiera que haya empleado algún tiempo en este tema, tal y como hemos visto en especial en el capítulo IV.

Particularmente Hilberg y Reitlinger podrían haberse dado cuenta antes de terminar siquiera una parte de sus voluminosos libros que no son sino monumentales idioteces.

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CAPITULO VIII. COMENTARIOS

Vamos a cerrar esta obra con unos cuantos comentarios salteados, la mayoría de ellos relacionados con objeciones que pueden suscitarse en ciertas situaciones.

Una objeción expresada en la vida real por un crítico extremadamente inteligente era que, según él, mi historia se parecía a las que él había leído sobre “platillos volantes” y “varitas mágicas”. Esta reacción resulta sorprendente pero era al menos comprensible.

Los años de propaganda han asociado de un modo tal a la Alemania nazi con la leyenda de los seis millones que, para mucha gente, negar la leyenda parece al principio tan pretencioso como negar que la Segunda Guerra Mundial ocurrió alguna vez. Sin embargo esta objeción no puede ser contestada, salvo señalar que lo que decimos no implica nada sobrenatural o extraterretre o nada que vaya más lejos de personas calumniando a sus enemigos políticos. Ante esta crítica sólo puede pedirse que se diga algo inteligente.

La pega más consecuente que puede ponerse a esta obra es que he utilizado como fuente la literatura del “Holocausto”, en especial los libros de Reitlinger y Hilberg, a pesar de haberlos denunciado como “monumentales idioteces”. Esta es una objeción seria ya que yo soy el primero en sostener que, una vez que la leyenda exterminacionista haya sido enterrada, tales libros sólo seran importantes como ejemplos supremos del engaño absoluto y de la idiotez y sólo se hablará de ellos en relación a los grandes fraudes de la Historia. Sin embargo nuestro deber aquí es precisamente enterrar la leyenda y la única manera de hacerlo es ceñirse a la versión que nos han presentado, y esto equivale a analizar las obras de Reitlinger y Hilberg. La única manera práctica de denunciar el fraude es estudiar las acusaciones hechas por los mitólogos del exterminio.

Hay otra razón para valerse de las obras de Reitlinger y Hilberg. En esta obra se ha hecho mucho hincapié en aportar documentación que un lector con acceso a una gran biblioteca pueda confirmar por sí mismo. Por desgracia este deseo no ha podido ser satisfecho del todo puesto que una buena parte del análisis descansa en documentos y publicaciones que no son fácilmente asequibles si no es por complicados procedimientos de préstamo. Con la intención de vencer parcialmente esta dificultad he citado a Hilberg y a Reitlinger en muchos lugares pero solamente en casos en que pude confirmar lo que decían. No he tomado por costumbre el aceptar que cualquier cosa que pudieran decir fuera verdad. Por ejemplo, en cuanto a lo que tratábamos en el capítulo V acerca de la fecha del primer ataque aéreo aliado sobre Auschwitz, aporte razones concluyentes de que aquél no ocurrió antes de agosto de 1944. No habría sido honesto referirme en esta ocasión sólo a Hilberg pues él cree que el primer ataque aéreo tuvo lugar en diciembre de 1944 y por tanto está obviamente equivocado. (1)

Otra razón para mencionar frecuentemente a Reitlinger y a Hilberg es mi deseo sincero de que el lector eche un vistazo a estos libros pues sólo entonces quedará completamente convencido de que el fraude es tal fraude. En cuanto a esto puede recomendarse un procedimiento típico, que el lector puede seguir para cerciorarse de la cuestión a grosso modo. Primero consiga un ejemplar del libro de Hilberg. En las páginas 567 a 571 Hilberg presenta un soberbio tratado del presunto papel del Zyklon B en los exterminios y en las páginas 619 a 621 señala que los documentos alemanes sólo hablan de un programa de deportaciones al Este y de las operaciones que esto conllevaba.

También es de utilidad leer su discurso acerca de lo que los documentos del proceso de Nuremberg dicen que sucedió en Hungría (en págs. 509 a 554) y fijarse en los números de documentos que cita a este respecto. Después hágase, si le es posible, con un ejemplar del libro de Reitlinger de la primera o segunda edición. En las páginas 158-159 (150 en la primera edición), donde incluye el texto del documento NO-4473, señala que la “cámara de gas” que supuestamente existía en el edificio que contenía el crematorio II de Auschwitz era descrita como una “Vergasungskeller” en el original alemán. En las páginas 118, 121 y 182 (112, 114-115 y 169 en la primera edición) Reitlinger habla del “misterio”

que supone que “durante ciertos periodos, se admitieran (en Auschwitz) transportes enteros (de judíos)”. Del mismo modo Reitlinger menciona brevemente a la industria química de Auschwitz en las páginas 109 y 492 (105 y 452 en la primera edición). Por suerte el lector obtendrá una confirmación más exacta pero lo anterior será un buen comienzo.

Ciertas personas pueden suponer, de un modo equivocado, que las opiniones de judíos y alemanes acerca de la “solución final” son de más peso.

En las circunstancias en que la gente discute el tema de este libro un argumento aparentemente de tanta fuerza, por contener tanta emotividad y por poder herir el decoro de dichas personas, puede ser utilizado por un judío que afirme haber perdido en el “Holocausto” a algún pariente o conocido, e incluso puede obrar en su conocimiento que el pariente supuestamente perdido fuera enviado a Auschwitz, Treblinka o a otro lugar semejante.

Existen varios modos de comportarse ante una situación parecida. Una posibilidad obvia es que la persona esté mintiendo. Sin embargo es más probable que esté diciendo la verdad tal y como él la conoce. Suponiendo que su versión es auténtica, sólo puede serlo en un sentido, o sea que todo cuanto puede alegar es que él o su familia perdieran el contacto con algún familiar en Europa durante la guerra y nunca más volviera a saber de él. Lógicamente dicha información no implica la existencia de un programa nazi de exterminio.

Que perdiera el contacto durante la guerra era casi inevitable, bien porque era difícil para los judíos deportados al Este comunicarse con gente de países aliados o bien porque era difícil o hasta imposible, en medio del caos del último año de guerra, comunicarse desde el Este con lugares más occidentales. Por lo tanto la única cuestión de interés en un caso semejante consiste en saber que después de la guerra no se volvió a saber nada más de dicha persona.

La explicación más simple es que el pariente ciertamente pereció durante la guerra en algún lugar de Europa, o en un campo de concentración, por las causas ya explicadas en este libro, junto con un número indeterminado de personas de nacionalidades de Europa Central y Oriental.

La segunda posibilidad es que el pariente sobreviviera a la guerra pero que no volviera a contactar con su círculo de preguerra. Es posible aunque no muy probable que las razones de esto fueran ciertas prohibiciones impuestas por el Gobierno soviético a tal correspondencia, a los judíos absorvidos dentro de la Unión Soviética.

Una razón más importante y plausible sería aquella en que se ve implicada una separación matrimonial. Un gran número de matrimonios se contraen por motivos puramente sociales y económicos, pero tales ligazones no existían para un gran número de judíos desarraigados bien por la política alemana o bien por las condiciones bélicas y postbélicas.

En muchos casos las familias judías deportadas fueron separadas por un tiempo que los alemanes sin duda pensaron que sería limitado. Este es el caso concreto de los maridos que, parecían ser una buena mano de obra; lo mismo que hombres alemanes eran reclutados para servicios militares imprevisibles, los judíos eran reclutados para trabajos desagradables. En tales condiciones es razonable esperar que muchos de estos cónyuges solitarios trabaran contactos aparentemente mejores que los anteriores, bien durante la guerra o bien al final de ésta. En estos casos, existirían poderosas razones para no restablecer el trato con el cónyuge legal. Además, no se daban ninguno de los “motivos sociales y económicos” antes mencionados, y los judíos podían elegir numerosos destinos en los programas de reasentamiento que los aliados patrocinaron tras la guerra.

Esta posibilidad pudo darse en un número sorprendentemente grande de judíos “desaparecidos”. Por ejemplo, supongamos que un hombre y una mujer con dos niños pequeños son deportados, y el hombre es enviado a un campo de trabajo mientras que la mujer es destinada a un campo de reasentamiento en el Este. Supongamos que el marido no vuelve a saber de la mujer. En este caso tendremos cuatro personas muertas o desaparecidas; el marido dice que su mujer y sus dos niños se hallan supuestamente muertos y la esposa dice que su marido ha desaparecido. Sin embargo tal separación entre marido y mujer pudo suceder a más judíos desaparecidos, pues es posible que los padres u otros parientes de la mujer, por una parte, y los padres y otros parientes del marido, por la otra, también perdieran contacto entre sí. De este modo tendremos cierta cantidad de gente por parte del marido diciendo que tantas personas del lado de la esposa han desaparecido y viceversa. Obviamente, con los judíos desaparecidos pudieron suceder innumerables cosas.

Se dice que los archivos “Yad Vashem” de Jerusalén contienen actualmente los nombres de entre dos millones y medio y tres millones de judíos “muertos en el Holocausto nazi”. La información ha sido supuestamente “recopilada mediante testimonios de un folio, rellenados por familiares, amigos o testigos”. Lógicamente es totalmente imposible comprobar este producto del Gobierno israelí del que con certeza no puede decirse que sea parte desinteresada en el asunto. No hay duda de que muchos judíos murieron durante la guerra, y por tanto es de esperar que parte de lo que dice el “Yad Vashem”

sea verdad, pero también se da el caso de que no es posible distinguir, en este tipo de información, entre los judíos que realmente murieron durante la guerra y los judíos con quien los signatarios de los “testimonios de un folio” perdieran contacto. En particular carece de sentido la información proveniente de un “amigo”; yo he perdido el contacto con muchísimos antiguos amigos y conocidos pero supongo que casi todos estarán aún vivos. Ciertamente, la utilización de testimonios de “amigos” con el propósito de obtener los archivos de “Yad Vashem” demuestra que la mayor parte de la información que contienen carece de sentido; semejantes “amigos” no tienen más razones para declarar que sus desaparecidas amistades murieron de lo que las tenga yo. (2)

No tengo ni idea de lo que ha de entenderse por “testigos”, pues hay más de una posibilidad de que algunos de los que firmaron dichas declaraciones se inventaran amigos y parientes desaparecidos por cualquier razón conocida e incluso es posible que ciertos signatarios nunca existieran.

Para resumir nuestra postura ante los judíos que hablan de personas supuestamente víctimas del “Holocausto”, dichas acusaciones son sin duda auténticas hasta cierto punto, ya que muchos judíos murieron, pero la cruda información que los judíos poseen acerca de tales pérdidas, de ser cierta, no es concluyente en cuanto a la muerte de las personas implicadas y de ninguna manera conlleva la existencia de un programa nazi de exterminio.

Hay que tener cuidado al interpretar el hecho de que los mismos alemanes parecen creer en los exterminios. Ciertamente, la mayoría parece admitir el mito y no todos lo hacen para evitarse problemas. No obstante está claro que el pueblo alemán no tiene por qué ver la verdad mejor que los demás. Realmente muchos pudieron ver la deportación de sus vecinos judíos que no volvieron después de la guerra y esto puede dar una convicción más viva de lo que por lo general se tiene. Lo que primero debe observarse en cuanto a la idea que tienen los alemanes de a pie es que disponen de la típica “información” estándar y por tanto son tan inocentemente ilusos como las demás nacionalidades.

El Gobierno germanooccidental que, mediante interminables juicios por crímenes de guerra, llevados a cabo 30 e incluso más años después de los supuestos crímenes, mediante la educación en los colegios y ahora mediante el crudo terror, como demuestra el caso de Staeglich, hace todo lo posible para sostener la mentira y para impedir el debate abierto, es una cuestión aparte porque su actitud no se debe a la inocente incomprensión. La cuestión básica es que las pretensiones del Gobierno de Bonn de ser un Gobierno alemán son algo débiles. El hecho es que toda la estructura política de Alemania Occidental ha sido creada por el Gobierno estadounidense, y esto incluye el control de los periódicos y otros medios de comunicación, el control de las escuchas y la Constitución de la “Bundesrepublik”. En calidad de títere, este “establishment” político “alemán” necesariamente se halla interesado en las mentiras de los conquistadores y actúa en consecuencia. Es algo evidente que se ve completamente ilustrado por la carrera de un hombre que fué canciller de Alemania Federal durante la mayor parte del tiempo en que se escribió este libro: Herr Willy Brandt (se trata de un pseudónimo. El verdadero nombre de Brandt es Herbert Karl Frahm. Frahm es el apellido de soltera de su madre ya que nunca supo quién fué su padre).

El marxista Brandt abandonó Alemania después de que Hitler llegara al poder y adquirió la nacionalidad noruega. Después de que los alemanes invadieran Noruega en 1940 se marchó a la Suecia neutral donde finalmente obtuvo un puesto en la prensa de allí. No era otro que Willy Brandt quien, durante la guerra, transmitía las invenciones propagandísticas, supuestamente procedentes de Estocolmo, que acababan en las páginas del “New York Times”. (3)

Tras la derrota de Alemania, Brandt, naturalmente, decidió que había llegado la hora de volver a casa, así que volvió a Alemania, recobró su nacionalidad alemana y comenzó en la política del Berlín Occidental como socialdemócrata. Finalmente llegó a alcalde de Berlín Oeste y tomó a un ayudante de prensa, Hans Hirschfeld; un judío alemán que, junto con Kempner, Marcuse y compañía, había sido durante la guerra un empleado del OSS. Durante el juicio por espionaje de 1961 llevado a cabo en los EE.UU. contra R.A.

Soblen, que acabó con la condena de Soblen a cadena perpetua, una testigo del Gobierno, la señora J.K. Beker, que había sido correo del círculo de espías soviéticos durante la guerra pero que más tarde se había hecho informadora del FBI, testificó que ella había llevado información de Hirschfeld a Soblen para que la transmitiera a Moscú. La señora Beker era el principal testigo del Gobierno así que la contestación obvia de la defensa debería haber sido traer a Hirschfeld. En realidad, el abogado defensor de Soblen dijo que había intentado convencer a Hirschfeld para que viniese a los EE.UU.

para testificar pero Hirschfeld se negó, al principio alegando que la publicidad que el asunto acarrearía podría perjudicar a Brandt, que entonces estaba ocupado en una campaña electoral. Hirschfeld también estaba preocupado con la posibilidad de ser acusado de algo si viajaba a los EE.UU.. Brandt, que estuvo en Nueva York durante la polémica en la que Hirschfeld se hallaba envuelto, lógicamente defendió a su antiguo ayudante, quien por entonces vivía retirado en Alemania.

Para dar a la defensa todas las oportunidades de defender a Soblen, el Gobierno ofreció a Hirschfeld la inmunidad contra la acusación de “cualquier acto o transacción del pasado”, si venía a los EE.UU. para testificar, con la única condición de que Hirschfeld podía ser procesado por cualquier perjurio cometido durante la revisión del proceso a Soblen. No obstante Hirschfeld se negó a comparecer para la defensa de Soblen. (4)

Finalmente Brandt alcanzó la Cancilleria de Alemania Federal y en 1971 ganó el premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para mantener unas relaciones más amistosas con el bloque del Este; su “Ostpolitik”. Brandt parecía estar mirando muy alto pero hacia 1974 su política, incluyendo su “Ostpolitik”, había llevado a su Partido Social Demócrata a perder la estima popular e incluso los políticos de las antiguas fortalezas del SPD expresaron su creencia de que iban a perder las próximas elecciones. Por fortuna para el SPD, el escándalo Guenther Guillaume estalló a últimos de abril con el arresto de Guillaume bajo la acusación de ser un espía germanooriental. Aunque se sabía que Guillaume había sido miembro de una célula de espionaje del Berlín Oriental, el Gobierno de Brandt le acreditó con un alto puesto en el círculo íntimo de los asociados y ayudantes de Brandt. El escándalo hizo caer a Willy Brandt al provocar su dimisión el 7 de mayo de 1974. El sucesor de Brandt fué Helmut Schmidt, con cuyo liderazgo culminó la decadencia del SPD. (5)

Claramente, una carrera como la que Brandt llevó en la postguerra sólo es posible en un país donde la traición se ha convertido en una parte normal de la vida política, así que no resulta sorpendente en modo alguno que el Gobierno de Bonn sea un defensor de la fábula.

Una objeción interesante puede ser que nadie se habría atrevido a inventar una mentira como la de los seis millones pues nadie tiene una imaginación tan extraordinaria y si la tuviese, el riesgo evidente de difundir embustes tan grandes le habría disuadido. Este argumento equivale a decir que la simple existencia de la leyenda implica la verdad de su esencia, así pues supongo que podríamos clasificarlo como el argumento antológico de los embaucadores.

Lo interesante de esta objeción radica en su lógica superficial. En realidad yo creo que esta opinión se debe a que la leyenda es ampliamente aceptada; la gente supone que nadie sería tan osado de inventar semejantes mentiras. Sin embargo, no suena lógico, pues la Historia contiene numerosos ejemplos de aceptación popular de mentiras gigantescas y a este respecto podemos citar otra vez la Historia de la brujería como precedente de la esencia psicológica del fraude de los seis millones.

Resulta irónico que Hitler, al hablar de esta cuestión en el capítulo X de “Mein Kampf”, anticipara la psicología de la “gran mentira”. Es igualmente irónico que la mayoría de las alucinantes e inventadas historias de exterminios aparezcan en la literatura talmúdica judía que trata de las últimas dos o tres grandes revueltas contra Roma, la rebelión de la diáspora del 115-117 D.C. y la rebelión palestina del 132-135 D.C.. En cuanto a la rebelión palestina del 66-70 D.C. las escrituras talmúdicas no hacen más que lamentarse por la pérdida del Templo de Jerusalén y discutir las implicaciones de la pérdida de la ley judía. En el libro de Michael Grant “The Jews in the Roman World” se tratan en profundidad las tres rebeliones.

Según los relatos antiguos (principalmente los de Cassius Dio, escritos hacia el 22 D.C., y los de Eusebius, obispo de Cesárea a comienzos del siglo IV) la rebelión de la diáspora comenzó en Cirenaica (Noreste de Libia) en el momento en que el emperador Trajano, con el propósito de anexionarse Partia y su valioso territorio de Mesopotamia, organizó un gigantesco Ejército oriental a cambio de retirar numerosos pequeños contingentes encargados de mantener el orden en otras partes del Imperio. Los judíos atacaron a la población civil griega y romana y se dice que mataron en Cirenaica, regocijándose en su crueldad, a 220.000. La revuelta se extendió hasta Egipto, donde los judíos dieron muerte a un número desconocido, y a Chipre, donde se dice que mataron a 240.000. Sin embargo en Alejandría la mayoritaria población griega consiguió el control de los acontecimientos y se dice que masacró a los judíos de aquella ciudad. Las últimas pruebas arqueológicas indican que los relatos antiguos no exageraron. (6)

El Talmud no dice casi nada de esta rebelión, excepto evaluar el número de judíos muertos en Alejandría como “sesenta miríadas y sesenta miríadas, dos veces los que salieron de Egipto”; o sea 1.200.000 suponiendo que el cálculo que se pretende sea una suma y no una multiplicación (*). Se culpa de las muertes al “Emperador Adriano”, lo cual puede deberse al hecho de que Adriano fuera entonces el jefe del Ejército oriental de Trajano y que le sucediera como emperador a la muerte de Trajano en el año 117, posiblemente antes de acabar totalmente con la revuelta.

(*) (N.T.: En el original en inglés la frase dice “sixty myriards on sixty myriards, twice as many as went forth from Egypt”, lo cual supone una ambigüedad al no especificar si son sesenta miríadas de veces sesenta miríadas o bien sesenta miríadas y sesenta miríadas. Esta última interpretación se ajusta más al texto que sigue. Por otra parte Butz hace igual una miríada a diez mil unidades, sin embargo el diccionario enciclopédico abreviado Espasa Calpe (tomo V, pág. 914) la define como “Cantidad muy grande pero indefinida”).

La cifra del número de víctimas judías ha sido evidentemente exagerada pues, aunque suele ser difícil incluso hacer estimaciones aproximadamente correctas de las poblaciones de las ciudades antiguas, la Alejandría de entonces tenía una población de 500.000 personas o más, como mucho un millón, estimación razonable por ser esta aproximadamente la población de Roma, cifra en torno a la cual también hay algunas incertidumbres, pero si Roma alguna vez excedió significativamente el millón nunca alcanzó los dos millones. (7) El 1.200.000 judíos mártires puede parecer una invención osada pero esto no es todo.

La siguiente gran revuelta tuvo lugar en Palestina entre los años 132-135 y constituyó un serio intento por parte de su líder, Bar-Kokhba, de crear un Estado judío del que él mismo sería rey, a pesar de que finalmente proclamó ser el Mesías. Durante la revuelta dictó leyes, emitió moneda y ejerció otras funciones ordinarias del Gobierno.

El final de Bar-Kokhba llegó en el 135. Como Jerusalén no era adecuada para resistir un asedio, condujo al resto de su Ejército a la ciudad de Bethar (hoy en día Bittir), localizada con toda seguridad a unas 10 millas al Sudoeste de Jerusalén, a 25 del mar Muerto y a 35 del Mediterráneo. Las dimensiones de la ciudad antigua se asimilaban a un rectángulo con una longitud Norte-Sur de 600 metros y una anchura Este-Oeste de 200 metros. La mitad Sur de la ciudad se hallaba fortificada. (8) Estas dimensiones y el hecho de que la estimación de la población judía de la Palestina de entonces oscila entre 500.000 y dos millones y medio hace imposible que el Ejército de Bar-Kokhba en Bethar superase los 50.000 hombres. (9)

Los romanos sitiaron Bethar en el verano del 135 y la resistencia cesó en agosto.

Los romanos irrumpieron en la fortaleza y Bar-Kokhba murió en la batalla final.

Por razones de indole general parece imposible que los romanos masacraran a la población judía de Bethar. La única “prueba” de tal cosa se halla en la literatura talmúdica (incluyendo al respecto el “Midrash Rabbah”) la cual por razones desconocidas comenta extensamente el sitio de Bethar y su supuesto desenlace. A excepción de las citas utilizadas, los pasajes del Talmud están reproducidos en el apéndice del libro “Bar- Kokhba” del arqueólogo Yigael Yadin. El tamaño del Ejército de Bar-Kokhba se calcula en 200.000 hombres y se dice que Bar-Kokhba era tan fuerte que, cuando los romanos catapultaban piedras al interior de su fortaleza, él las interceptaba con su rodilla con una fuerza tal que las devolvía ante la mirada atónita de los romanos, matando a muchos de éstos. El Talmud prosigue diciendo que el número de judíos muertos por los romanos tras la caída de la fortaleza fué de cuatro billones “o como alguien dijo” 40 millones, mientras que el “Midrash Rabbah” dice que hubo 800 millones de judíos mártires. Con la intención de corroborarnos que estas cifras son de la mayor seriedad, pasan a relatarnos las necesarias consecuencias: la sangre de los judíos muertos llegó hasta los orificios nasales de los caballos de los romanos y luego, como una riada, recorrió entre una y cuatro millas mar adentro.

Los niños judíos de los colegios de Bethar, según la literatura talmúdica, tampoco se libraron de los romanos quienes se dice que los envolvieron a cada uno en su pergamino y luego les quemaron, oscilando el número de estos escolares entre 64 millones y por lo menos, 150.000 (la cifra aproximada de niños en colegios públicos de Washington D.C., en la actualidad).

Los romanos batieron a los alemanes en eficacia, pues los cuerpos de los judíos muertos se emplearon para construir una muralla en torno a los viñedos de Adriano, que se dice que tenían 18 millas cuadradas, y la sangre que pudo obtenerse de la riada se utilizó para abonar los viñedos durante siete años. ¡Pantallas de jabón, pegamento y factorías de abono!

También se dice que Bar-Kokhba (al que con frecuencia la literatura talmúdica llama Bar-Koziba – aún no está claro cuál era su verdadero nombre) fué muerto por los rabinos al pretender falsamente ser el Mesías. (10)

La literatura talmúdica no se hizo para que recibiera amplia difusión así que sus autores gozaron de más libertad que los inventores del timo de los seis millones, que tuvieron que estimular las tragaderas de un público gentil potencialmente excéptico. Sin embargo el espíritu de los relatos talmúdicos de los anteriores ejemplos parece notablemente similar al del timo de nuestro siglo. A este respecto que no es nada extraordinario que un erudito talmudista como el rabino Weissmandel desempeñe dentro de la estafa un papel significativamente importante. Igualmente, en vista de que el rabino Wise tradujo gran cantidad de literatura judía antigua y medieval y fundó también un seminario judío, también él puede alardear de ser un erudito talmudista. Sospechamos que semejantes eruditos pudieran ser el tipo requerido para crear dicha estafa.

Una última objeción puede poner sobre la mesa la cuestión de mi autoridad para escribir este libro. Es una buena pega pues es verdad que mi auténtica titulación es la Ingeniería y las Matemáticas Aplicadas y no la Historia.

Existen precedentes de investigadores que realizan trabajos en campos aparentemente muy alejados de sus especialidades pero confieso que el asunto no puede despacharse tan a la ligera. Normalmente, esperamos que los hallazgos dentro de la investigación histórica vengan de historiadores lo mismo que los descubrimientos de la Ingeniería de los ingenieros. Puede admitirse excepciones a esta regla pero es de esperar que sean justificadas de algún modo.

Mi justificación es la más obvia: el silencio de los historiadores profesionales. Ninguno de ellos ha elaborado un estudio crítico de la cuestión o cualquier otro trabajo que verdaderamente discuta cualquier punto particular de la cuestión del exterminio y aporte las pruebas en apoyo de su tesis. Lo más parecido a esto es el libro de Reitlinger, que al menos está dispuesto a hacer mención explícita de algunas de las irregularidades que surgen al estudiar la Historia del “Holocausto”, pero Reitlinger no es un historiador sino un artista y coleccionista de obras de arte. Ha escrito varios libros, siendo el más importante su estudio de tres tomos acerca de la Historia del comercio con objetos de arte “The Economics of Taste”. Después de Reitlinger, Hilberg adopta un pequeño ápice de criticismo, pero Hilberg es profesor de Ciencias Políticas (en la Universidad de Vermont) y su doctorado trata de Legislación y Gestión Públicas.

Los libros de Reitlinger y Hilberg reconocen, de mala manera pero sin embargo significativamente, la responsabilidad de convencer a los escépticos. Los otros mitólogos del exterminio no intentan en modo alguno demostrar que los exterminios tuvieron lugar; únicamente suponen que todos sabemos que sucedieron y luego comienzan a partir de ahí. Este es el caso de los tres restantes mitólogos exterminacionistas principales – Nora Levin, León Poliakov y Lucy S. Dawidowicz. Levin fué bibliotecaria mientras escribía su libro y ahora da clases de Historia en el Gratz College, un pequeño colegio judío de Filadelfia. Poliakov es director de investigación del “Centre Mondiale de Documentation Juive Contemporaine” de París y por consiguiente un propagandista judío profesional.

Dawidowicz es el único historiador profesional del grupo y ocupa la Cátedra “Leah Lewis”

de Estudios del Holocausto en la Universidad Yeshiva de Nueva York. Los cinco principales mitólogos del exterminio son judíos.

En los libros y artículos que tratan temas que no son el “Holocausto” pero que lo mencionan, los historiadores profesionales invariablemente prestan apoyo a la mentira, no obstante sus escritos aluden a lo contrario en grado considerable. Ningún historiador profesional ha publicado un libro discutiendo, y aportando pruebas, en contra o a favor de los exterminios. Las razones son obvias. Ningún historiador bien situado está dispuesto a dañar su reputación escribiendo obras pedantes en apoyo de las pretensiones exterminacionistas, a referirse solemnemente a documentos y testimonios presentados en juicios ilegales que tuvieron lugar en condiciones de histeria y a exponer con toda seriedad, sin disculparse, simples idioteces como la del presunto doble cometido del gas Zyklon. Al menos, ningún intento de aportar semejante obra parece haber tenido lugar.

Por otra parte, la presión del conformismo intelectual académico (por decirlo cortésmente)

ha autorizado el silencio a los historiadores con opiniones contrarias. Siendo este el caso, está justificado y es de esperar que obras como la presente sean escritas por ingenieros o por cualquier otro profesional.

Como se prometió al comienzo de este libro aquí sólo hemos tratado en profundidad uno de los mitos de la propaganda y en ningún modo hemos intentado ocuparnos del revisionismo general de la Segunda Guerra Mundial. No tiene sentido repetir aquí lo que otros autores hayan podído decir mientras contribuían a demoler la persistente mitología de la guerra pero resulta apropiado dar unas pocas indicaciones encaminadas principalmente al señalar al lector la literatura adecuada.

El mito de la exclusiva culpabilidad alemana en el estallido de la guerra en 1939 ha sido demolido por el historiador estadounidense David L. Hoggan. Sin embargo su libro sólo ha aparecido en alemán – “Der erzwungene Krieg”. El libro de A.J.P. Taylor “The Origings of Second World War” (Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial) no es tan extenso pero ha conseguido una difusión mucho mayor y ha estado disponible en rústica durante cierto tiempo. La bien merecida fama de Taylor como germanófobo ha convertido su libro en una importante pieza de la literatura revisionista.

El mito de la extraordinaria brutalidad nazi, en comparación con la brutalidad de los democracias occidentales, ha sido empleado en numerosos libros de los cuales el mejor es el de F.J.P. Veale, “Advance to Barbarism” (Progreso hacia la barbarie) del que ha aparecido en 1968 una nueva edición ampliada. Otros libros que vale la pena citar son el del capitán Russell Grenfell “Unconditional Hatred” (Odio incondicional), “R.N.” y “America’s Second Crusade” (La segunda cruzada de Estados Unidos) de William Henry Chamberlain y “The high cost of Vengeance” (El alto precio de la venganza) por Freda Utley. Sin embargo estos autores ignoran uno de los mayores crímenes de las democracias occidentales, la repatriación forzosa al término de la guerra de ciudadanos soviéticos a la URSS (“operación Keelhaul”). La mayoría de lo que sabemos acerca de este vergonzoso episodio se debe a los esfuerzos de Julius Epstein, un judío que abandonó Alemania en los años 30 por las razones usuales pero que durante la guerra comenzó su cruzada en favor de la verdad investigando la masacre del bosque de Katyn y que ha pasado la mayor parte del periodo postbélico investigando la operación “Keelhaul”. Su libro acerca de este tema fué publicado en 1973. La obra de Soljenitsin “Archipiélago Gulag” incluye una extensa discusión sobre la operación “Keehaul” que, por estar escrita desde el punto de vista ruso, completa de manera notable la versión de Epstein. “The Last Secret” (El último secreto), por Nicholas Bethell, estudia las razones políticas de la repatriación.

Para el lector interesado en conocer en profundidad la cuestión de la literatura revisionista, la mejor parece hallarse en la obra testimonial “Harry Elmer Barnes” editada por Arthur Goddard. El panfleto de Barnes titulado “Blasting the Historical Blackout”

(Destrucción del obscurecimiento histórico) es un análisis más intenso de la situación del revisionismo de la Segunda Guerra Mundial y todavía puede encontrarse.

Ninguna de las obras anteriormente mencionadas hablan del mito de las cámaras de gas ni tampoco tratan con seriedad lo que se supone que sucedió en los campos de concentración alemanes. Aquí hemos abordado el tema de los campos casi de modo exclusivo y no hemos investigado en profundidad la base real de otras supuestas brutalidades de caracter más aleatorio y menos sistemático. Sin embargo el caso de Ilse Koch, del que hablamos en el capítulo II, debe ser lo suficientemente ilustrativo como para distinguir lo real de la ficción y los procedimientos que las autoridades estadounidenses emplearon en Dachau para presentar “pruebas” de crueldad extraordinaria han de ser concluyentes.

El escándalo del actual encarcelamiento de Rudolf Hess, de 81 años de edad, ha sido tratado en varios libros recientes, principalmente en “Prisoner No. 7: Rudolf Hess” de Eugene K. Bird, uno de los comandantes estadounidenses de la prisión berlinesa de Spandau, que incumplió las ordenanzas no sólo para hablar con Hess sino para entrevistarle en profundidad. Otras dos obras son “Motive for a Mission” de James Douglas-Hamilton y “Hess: el hombre y su misión” de J. Bernard Hutton.

En este libro nos hemos limitado a destruir un único mito y no intentamos ocuparnos de la extensa cuestión del comportamiento general de la Alemania nazi en comparación con el de los aliados salvo para recomendar las obras anteriores. Si se leen estos libros, ellos demostrarán la principal implicación de esta obra: los medios de comunicación de las democracias occidentales constituyen una máquina de fabricar mentiras más grande de lo que las mentes más independientes puedan apercibirse.

Naturalmente, la segunda implicación de esta obra concierne a Palestina. La “

excusa ” que dan invariablemente los sionistas para haber expulsado a los árabes de Palestina siempre implica en buen grado la leyenda de los seis millones. Lógicamente hay otras razones; Palestina no fué invadida por seis millones de judíos muertos, ciertamente por ningún judío muerto y, en cualquier caso ni es usto ni es razonable hacer que los árabes paguen por cualquier cosa que se supone que los alemanes hicieron a los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Además Israel no es un país que dé la bienvenida a todas las personas que padecieron a manos de los nazis sino a todos los judíos independientemente de si ellos o sus familiares tuvieron alguna vez algo que ver con los nazis.

Hoy en día los Estados Unidos ayudan a Israel lo suficiente como para asegurar que ésta es capaz de retener por las armas tierras que los mismos Estados Unidos declararon árabes (los territorios ocupados en la guerra de 1967). A pesar de que es difícil ver por qué la leyenda de los seis millones motivaría una política semejante, esta razón o excusa aparece a menudo muy clara. Cuando en noviembre de 1975, en las Naciones Unidas, una mayoría abrumadora respaldó una resolución que declaraba al sionismo como una forma de racismo (verdad tan evidente como que dos y dos son cuatro) en un destello de sensatez raro en tal organización, el embajador americano Daniel Patrick Moynihan, por otra parte un cerebro impresionante, fué obligado por una orden sorprendentemente breve a proferir ladridos histéricos sobre los seis millones. Como demostró el desenlace de la guerra del “Yom Kippur” (*) de 1973, este apoyo a Israel es absolutamente opuesto a los intereses de Occidente. El hecho obvio de que este apoyo sea inmoral en los términos moralizantes que se han convertido en característica habitual de las políticas exteriores occidentales lo hace doblemente disparatado. (*) (N.T.: Guerra del Ramadán para los árabes).

Otro país que ha prestado a Israel una ayuda material considerable es la Alemania Occidental. Hasta 1975 el Gobierno de Bonn ha pagado a los judíos cerca de dos billones de dólares en concepto de restituciones e indemnizaciones de varias clases (calculados principalmente en dólares de finales de los 50 y comienzos de los 60) y aún está adquiriendo compromisos para nuevos pagos. (11) El mayor de estos programas fué establecido en el tratado de Luxemburgo de 1952 entre la República Federal Alemana e Israel; Bonn se comprometió a pagar a Israel 750 millones de dólares principalmente en forma de productos industriales de Alemania y envios de petróleo por barco desde Inglaterra. El programa, conocido en Israel bajo el nombre de programa “Shilumin”, fué ultimado en 1966. El texto del tratado de Luxemburgo comienza con las siguientes palabras (12):

“Considerando que durante el régimen nacionalsocialista del terror se perpetraron contra el pueblo judío actos criminales inenarrables y considerando que por una declaración del Bundestag del 27 de septiembre de 1951 el Gobierno de la RFA hace pública su determinación, dentro de los límites de su capacidad, de reparar el daño causado por estos actos…”.

El Gobierno de Bonn ha llevado a cabo otros programas de indemnización por razones similares, y puesto que esta obra ha demostrado que los “actos criminales inenarrables” , en el sentido en que el tratado de Luxemburgo utiliza la expresión, son mayormente una fábula, concretamente una fábula sionista, debe deducirse que Israel debe a Alemania mucho dinero, pues la justificación propuesta de las reparaciones ha sido invalidada.

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