.

.

Este texto está compuesto por 9 artículos aparecidos en el ‘Tehran Times’ y representan un muy interesante resumen de la situación del llamado Holocausto judío. Los siguientes subtemas, a excepción del primero, no son parte de los artículos, fueron añadidos sólo para refencia y construcción del índice.

.

Contenido.

.

.

I.

‘La Mistificación de Auschwitz, una maquinación del Sionismo’ por M. Soroush-Nejad

‘Tehran Times’, 25 de enero de 2001.

Quizás la mayor mentira de la historia se delineó formalmente en 1946 durante los procesos de Nuremberg, en donde los victoriosos aliados, conjuntaron sus esfuerzos para validar el sufrimiento judío antes y durante la II Guerra Mundial. Ahí trataron de justificar sus prejuicios hipócritas en contra de los vencidos alemanes dependiendo casi exclusivamente en las llamadas confesiones del primer comandante de Auschwitz, Rudolf Hoess.

Hoess, quien habría desaparecido al finalizar la guerra y adoptara una nueva identidad bajo el nombre Franz Lang, vivió y permaneció escondido en una granja al norte de Alemania. Ahí fue descubierto y capturado por sus cazadores en 1946 y fue llevado para interrogársele a las oficinas de Nuremberg.

Su interrogatorio fue conducido por un célebre equipo británico, especialistas en tortura bajo la dirección de un sargento judío del ejército británico llamado Bernard Clark. Después de tres días de intensa indagación, su inquisidor fue capaz de obtener una declaración de él en la cual cláramente confesaba haber gaseado 2.5 millones de personas, con un total de 3 millones durante su periodo como comandante del campo hasta que cerró en Noviembre de 1943.

Estas cifras obtenidas bajo coacción fueron las primeras grandes ‘meteduras de pata’ de Clark y sus colegas interrogadores. El historiador polaco Franciszek Piper, director del departamento histórico del museo de Auschwitz, fijó el número de prisioneros enviados a Auschwitz desde abril de 1940 a enero de 1945 en 1.3 millones. Según la confesión de Hoess, él habría visitado los campos de Belzec y Treblinka en junio de 1941, en realidad, Belzec fue abierto en marzo de 1942 y el de Treblinka en julio de 1942.

Así, la piedra fundamental de la ‘historiografia oficial’ de Auschwitz es una confesión obtenida por medio de la tortura. Demostraremos en otros artículos la auténtica história de Auschwitz y el destino de los judíos durante la II Guerra Mundial.

SUBIR

.

.

II.

‘Tehran Times’, 29 de enero de 2001.

Dr. Younes Geranmayeh

El campo de concentración de Auschwitz estaba situado en la Alta Silesia, nadie niega que ese fue un terrible lugar de sufrimiento humano, como demostraremos más tarde, aproximadamente 150 mil prisioneros murieron en Auschwitz, en su mayor parte por enfermedades tales como el temido tifus que era transmitido por los piojos, también por alimentación deficiente y agotamiento. Por supuesto, también ocurrieron algunas ejecuciones y ahorcamientos debidos a actos de resistencia y sabotaje.

El número de aproximadamente 150 mil víctimas significa que cerca del 38% de los 400 mil prisioneros registrados murieron en ese lugar, Sin embargo, según la ‘historia oficial’ de Auschwitz, estas 150 mil víctimas sólo representaron una pequeña parte del total de muertos.

Los historiadores exterminacionalistas afirman que Auschwitz no sólo sirvió como campo de trabajo sino también como campo de exterminio en donde los judíos de varios países europeos fueron asesinados en masa usando el pesticida ‘Zyklon B’. Según estos historiadores, los judíos que eran aptos para el trabajo eran perdonados de este destino temporalmente, mientras que los demás eran asesinados inmediatamente en las “cámaras de gas” sin haber sido previamente registrados. Según estos historiadores, los gaseos comenzaron a principios de 1942 en la morgue del crematorio de lcampo principal de Auschwitz (Auschwitz I). Desde la primavera de 1942 a la primavera de 1943, dos graneros en Birkenau, a dos millas del campo principal, presuntamente fueron utilizados como cámaras de gas. Desde la primavera de 1943 se dice que los gaseos en masa sucedieron en los cuatro crematorios de Birkenau.

En el proceso de Nuremberg, los soviéticos afirmaron que no menos de 4 millones de personas fueron asesinadas en Auschwitz, pero ningún historiador occidental jamás se ha atrevido a aceptar esta ridícula cifra. Raul Hilberg coloca el total de muertes en Auschwitz en 1 millón de judíos y 250 mil no-judíos, y en 1994, Jean-Claude Pressac, a quien los medios de comunicación entusiastamente le adjudican haber refutado a los revisionistas, declaró que entre 630 mil y 710 mil personas, judíos y no-judíos, murieron en Auschwitz.

Son significativas estas notables reducciones del número de muertos en Auschwitz y que no parecen afectar el sacrosanto número de los 6 millones de “víctimas del Holocausto”. Este número permanece tan inamovible como las pirámides de Egipto. Imagínese que se tienen 6 manzanas en una canasta, alguien come una, dos o incluso tres de ellas, pero al final siempre se tienen 6 manzanas en la canasta, de este tipo es la aritmética del Holocausto.

Mientras que los historiadores exterminacionalistas describen a Auschwitz como una fábrica de la muerte, los revisionistas sólo lo han considerado como un extenso campo de trabajo, con el fin de determinar quién tiene la razón, tenemos que resolver la cuestión capital de las cámaras de gas homicidas, ya que si no se prueba la existencia de éstas, no existe el arma homicida y consecuentemente el Holocausto tampoco.

.

1- Süddeutsche Zeitung, Aug. 19, 1998, page 6

2- Nuremberg Military Tribunal, Document URSS-008

3- †Heinz Galinski, the then Jewish leader in Germany in his Jewish Weekly (Allgemeine Jüdische Wochenzeitung) Jul. 26, 1990, p. 1

4- †Heinz Galinski, the then Jewish leader in Germany in his Jewish Weekly (Allgemeine Jüdische Wochenzeitung) Jun. 11, 1992, p. 1

5- Jean Claude Pressac, Auschwitz-Expert, commissioned by the Jewish ‘Beate Klarsfeld Foundation’ in his book The Crematories of Auschwitz, Piper, Munich-Zurich 1994, page 202.

SUBIR

.

.

III.

‘Tehran Times’, 1 de febrero de 2001

Dr. Younes Geranmayeh

En 1996, el historiador francés antirevisionista, Jacques Baynac, escribió dos amplios artículos en los cuales cándidamente admite que el relato oficial de las cámaras de gas se sostiene sólo en las declaraciones de testigos (1). De hecho, no existe evidencia documental de los gaseos, ni siquiera de un sólo ser humano, en los campos alemanes. En 1990 los rusos hicieron públicos los registros necrológicos de Auschwitz, en los cuales la administración nazi había registrado 66 mil muertes en el periodo entre mediados del año 1941 hasta finales de 1943. Cada página contiene el nombre, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, religión así como la fecha y causa de la muerte del prisionero. Estos registros escritos representan una gran dificultad para los historiadores exterminacionalistas, ya que tienen que explicar la razón por la cual los alemanes, quienes supuestamente habían gaseado a millones de judíos en Auschwitz sin registrarlos, se tomaron tantas molestias en documentar cada caso de muerte natural.

El argumento “los alemanes destruyeron toda evidencia incriminatoria” es falso ya que después de la liberación de Auschwitz, los rusos encontraron aproximadamente 60 mil páginas de documentos en el Zentralbauleitung (edificio central administrativo). Este organismo fue el responsable de la construcción de los crematorios donde se pretende que estuvieron las cámaras de gas. En realidad, estas “cámaras de gas” sólo fueron morgues ordinarias en donde los cuerpos de los prisioneros que fallecían eran depositados para su posterior cremación. Al no haber descubierto los soviéticos ni un sólo documento que probara los gaseos homicidas tuvieron que fabricar “evidencia” y así probar las atrocidades del régimen del Nacional Socialismo. Pero todo el conjunto de documentos desaparecieron en los archivos rusos en donde permanecieron inaccesibles a los historiadores occidentales hasta hace más de una década.

No sólo los documentos alemanes del tiempo de la guerra no confirman la versión oficial del Holocausto, sino que directamente lo refutan. Por ejemplo, los registros que permanecen en el museo de Auschwitz muestran que 15,707 personas, en su mayoría judíos, recibieron atención médica en Monowitz, que era uno de los subcampos que integraban Auschwitz, entre julio de 1942 y junio de 1943. 766 de estas personas murieron, los restantes fueron liberados (2). ¿Cómo cuadra esto con una política de exterminio?

El relato “los judíos no aptos para trabajar eran asesinados” también es refutado por la documentación referida. Para nombrar uno de tantos ejemplos, está el reporte escrito emitido inmediatamente después de la liberación de Auschwitz por cuatro médicos judíos quienes habían practicado su profesión en el hospital del campo, los cuales contienen los nombres de aproximadamente mil pacientes judíos que los alemanes habían dejado ahí antes de evacuar el campo. Entres estos pacientes se encontraban 97 niños y 83 niñas entre uno y quince años, quienes habían sido deportados ahí junto con sus padres con el fin de evitar las separaciones de las familias (3). Si el relato del Holocausto fuese verdad, estos niños habrían sido considerados “consumidores inútiles de comida” y por consiguiente asesinados a su llegada al campo.

.

1) “Le Nouveau Quotidien”, Lausanne, September 2 and 3, 1996.

2) Panstwowe Muzeum w Oswiecimiu, Syg. D Aul-III-5/1, 5/2, 5/3.

3) Gosudarstvenny Arkhiv Rossiskoj Federatsii, Moscow, 7021-108-23.

SUBIR

.

.

IV.

‘Tehran Times’, 3 de febrero de 2001.

Dr. Younes Geranmayeh

El hecho que la evidencia para el “mayor crímen de la historia” solamente recaiga en declaraciones de testigos, es muy embarazoso para los historiadores proholocaustistas, ya que en numerosas ocasiones ha sido demostrado la falta de congruencia de los testigos, particularmente de los judíos. En los Estados Unidos, Frank Walus, un obrero retirado de origen polaco, le fue promovido un juicio por parte de Simón Wiesenthal y su camarilla, acusándolo de atrocidades inimaginables en un campo de concentración alemán. No menos de 11 falsos testigos judíos declararon bajo juramento que habían visto personalmente a Walus torturando y asesinando a prisioneros judíos. Walus gastó casi todos sus ahorros y se endeudó para sostener su defensa. Finalmente obtuvo documentación desde Alemania que demostraba que durante toda la guerra él se había dedicado a labores de agricultura en una granja en Bavaria. La acusación se vino abajo y Walus fue absuelto (1).

Durante la guerra y en el periodo de postguerra inmediato, existieron toda clase de reportes truculentos de testigos que hablaban sobre judíos siendo exterminados por medio de electrocución, vapor y fuego. En 1945, el judío húngaro Stefan Szende afirmó que en el campo de Belzec millones de judíos habían sido asesinados en gigantescas celdas subterráneas: “El piso era metálico y sumergible. Los pisos de esos calabozos, con miles de judíos sobre ellos, se sumergían en agua que estaba contenida por un gran embalse, pero sólo hasta un nivel que sobrepasaba las caderas, entonces se enviaba una corriente eléctrica a través del agua. Después de unos momentos, todos los judíos, miles, de una sola vez morían.” (2)

Durante el proceso de Nuremberg, las autoridades polacas rindieron un reporte sobre Treblinka, según el cual, cientos de miles de personas habían sido asesinadas con vapor en ese campo (3). Ya en el año 1958, el nada confiable Elie Wiesel escribió que los alemanes acostubraban quemar en vida a los judíos en Auschwitz. “No muy lejos de aquí, emergían llamas resplandecientes de una fosa, llamas gigantescas, en las cuales ellos solían realizar incineraciones, un camión se acercaba hasta el borde y arrojaba su carga en la fosa, la cual estaba constituida ¡por niños pequeños y bebés!, ¡si, yo lo he visto con mis propios ojos!” Ningún historiador jamás ha reafirmado que los alemanes hayan quemado a los judíos en vida. Según el relato ofcial del “Holocausto”, fueron gaseados, pero aunque Wiesel pasó 8 meses en Auschwitz, nunca mencionó las cámaras de gas en su libro ‘La Nuit / La Noche’ (5).

En el periodo de la postguerra, existieron numerosas declaraciones de testigos sobre gaseos homicidas en el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich. Así, el médico checo Franz Blaha, declarando bajo juramento en el proceso de Nuremberg, declaró he él personalmente examinó los cadáveres de las personas gaseadas en ese campo (6). Pero los historiadores en la actualidad llegaron a la concusión que no existieron cámaras de gas en Dachau. ¿Por qué los reportes de los testigos correspondientes a supuestos gaseos en Auschwitz tendrían mayor credibilidad que los reportes dados sobre Dachau?

.

1) Mark Weber, “Simon Wiesenthal: Bogus Nazi Hunter”, Journal of Historical Review, Volume 9, Nr. 4, Winter 1989/1990.

2) S. Szende, “Der letzte Jude aus Polen”, Europa Verlag, Zurich 1945, p. 290 ff

3) International Military Tribunal Nuremberg, Document 3311-PS.

4) E. Wiesel, “La Nuit”, Editions de minuit, Paris 1958, p. 58 ff

5) In the German translation “Die Nacht zu begraben Elischa” the gas chambers make a miraculous appearance as the French word “crematoire” is regularly mistranslated as “Gaskammer”, gas chamber.

6) International Military Tribunal Nuremberg, Document IMT V p. 198, German version

SUBIR

.

.

V.

‘Tehran Times’, 7 de febrero de 2001

Dr. Younes Geranmayeh

Un revisionista suizo, Juergen Graf, ha recolectado y analizado 30 testimonios sobre los supuestos gaseos homicidas en Auschwitz (1). Las declaraciones en estos testimonios caían en contradicciones técnicas y lógicas, y que ponían en entredicho su valor como evidencia. He aquí algunos ejemplos:

En los crematorios modernos, la incineración de un cadáver toma alrededor de una hora en promedio, pero según los testigos, este mismo procedimiento sólo requería una fracción de ese tiempo en Auschwitz. El judío checo Dov Paisikovic afirmó que tomaba sólo 4 (cuatro) minutos reducir un cadáver a cenizas. El judío húngaro Miklos Nyiszli reportó que 46 hornos en Birkenau podían incinerar 20 mil cadáveres por día.

Rudolf Hoess fue más modesto en sus “estimaciones”, después que los británicos lo extraditaron a Polonia donde posteriormente fue ahorcado, declaró que en Auschwitz 3 cadáveres podían ser incinerados en un solo quemador en sólo 20 minutos, pero incluso esta cifra es nueve veces inexacta. Algunos exprisioneros de Auschwitz, como el judío polaco Henry Tauber, afirmaron que los cadáveres podían ser incinerados sin el uso de algún comburente: es generalmente bien conocido que el cuerpo humano está constituido por al menos 60% de agua y que no se quemará sin la ayuda de algún comburente. Aún así, los historiadores del “Holocausto” como J. C. Pressac, quien considera a Tauber como un testigo presencial particularmente confiable, no toma en serio esta condición física del asunto.

Otros testigos oculares sostuvieron que los prisioneros judíos que supuestamente tenían que desalojar las cámaras después de su uso, realizaban esta labor sin máscaras antigases en un ambiente saturado de gas cianuro de hidrógeno. Un famoso “superviviente del Holocausto” fue el judío eslovaco Filip Mueller, cuyo repulsivo best-seller titulado “Sonderbehandlung”, es citado por Raul Hilberg no menos de veinte veces en su libro de referencia sobre el “Holocausto” ¡y en donde se describe a sí mismo comiendo una tarta dentro de la cámaraa en un ambiente saturado de gas cianuro de hidrógeno! (2)

Por supuesto, es imposible que los testigos coincidieran en la misma versión absurda sin haberse puesto previamente de acuerdo. El 2 de febrero de 1945, una semana después de la liberación de Auschwitz, el diario soviético “Pravda” había reportado una “cinta trasportadora” por medio de la cual “cientos de personas fueron asesinadas simultáneamente con una corriente eléctrica”. El corresponsal del Pravda, el judío Boris Polevoi, también mencionó las cámaras de gas, pero situadas incorrectamente, no en Birkenau, al oeste del campo principal, sino al este de Auschwitz. Posteriormente los comunistas polacos se ocuparon del asunto para que no volviese a repetirse esta clase de errores comprometedores. Tuvieron a su disposición muchos exprisioneros de Auschwitz antes de que declarasen ante una comisión, y se aseguraron que tales testigos coincidieran sobre el arma homicida y su localización. Las flagrantes imposibilidades que aún caracterizaron las declaraciones más o menos unánimes de los testigos sólo se explican por el hecho que acordaron qué decir antes de testificar o que fueron instruidos de antemano en lo que debían decir. Así, un testigo tras otro declaró que 4 millones de personas fueron asesinadas en Auschwitz.

.

1) J. Graf, “Taetergestaendnisse und Augenzeugen des Holocaust”, Neue Visionen, Wuerenlos/Switzerland 1994.

2) F. Mueller, “Sonderbehandlung”, Verlag Steinhausen, Frankfurt 1979, p. 24/25.

SUBIR

.

.

VI.

‘Tehran Times’, 17 de febrero de 2001

Dr. younes Geranmayeh

Por décadas, ningún abogado y ningún periodista se han atrevido a cuestionar los embustes judíos que se presentaron como testimoniales de las “cámaras de gas”, y así estos embusteros fueron capaces de ir de un proceso legal a otro y de una conferencia de prensa a otra sin temor a ser desmentidos. Esta situación cambió en 1985, en el proceso del alemán de nacimiento Ernst Zundel en Canadá.(1)

El abogado de Zundel, Douglas Christie, sin clemencia interrogó al testigo número uno de las cámaras de gas, Rudolf Vrba. En abril de 1944, Vrba, un judío eslovaco, había volado desde Auschwitz junto con su compatriota y también judío Alfred Wetzler. En noviembre del mismo año, Vrba y Wetzler elaboraron un reporte en el cual describieron a Auschwitz como un campo de exterminio y fue publicado en Nueva York como parte del llamado ‘Reporte de la Junta de Refugiados de Guerra’. Veinte años después, Vrba escribió un libro sobre su estadía en Auschwitz (2).

En las páginas 10 a la 13 describió que Himmler visitó Auschwitz en enero de 1943, según él, un nuevo crematorio fue inaugurado durante esa visita, en Birkenau, junto con el gaseo e incineración de 3 mil judíos, mientras que el líder de las SS Heinrich Himmler observaba la agonía de las víctimas a través de la mirilla de la puerta de la cámara de gas. ¿Habría estudiado Vrba algún documento por medio del cual se habría enterado que Himmler visitó Auschwitz por última vez en julio de 1942 y que el primer crematorio de Birkenau fue abierto en marzo de 1943?

Cuando Christie preguntó a Vrba si realmente había visto personalmente a Himmler en esa ocasión y como había afirmado en su libro, Vrba respondió: “Quizás fué él, quizás sólo fue un enviado. No creo que exista una gran diferencia”. Christie insistió: “¿Quisiera decir a esta corte si realmente vió a Himmler observando a través de la mirilla de la cámara de gas?” Vrba respondió: “No, no diría que estuve presente cuando él estaba observando a través de la puerta de la cámara, pero consigné un relato que escuché muchas veces de muchas personas”. Christie objetó: “Pero en su libro escribió que usted había visto todo y no menciona que sólo lo había escuchado de otros.” El impostor finalmente aceptó !que había utilizado “licencia poética” al escribir su libro! (3)

Así, la terrible acusación de genocidio descomunal en contra de la nación alemana, desde 1945 está fundamentada en las mentiras de rentables embusteros como Rudolf Vrba, Filip Mueller y Elie Wiesel, adicionalmente de las confesiones del excomandante de Auschwitz Rudolf Hoess, quien fue torturado por tres días por interrogadores británicos antes de que firmara su declaración ante sus atormentadores que ya la habían preparado.

.

1) The Zuendel trials in Toronto were documented by Barbara Kulaszka in her book “Did Six Million Really Die?”, Samisdat, Toronto 1992.

2) “I Cannot forgive”, Bantam Books, Toronto 1964.

3) Trial records of the first Zuendel trial in Toronto, 1985, p. 1244 f.

SUBIR

.

.

VII.

‘Tehran Times’, 19 de febrero de 2001.

Dr. Younes Geranmayeh

Si Auschwitz hubiese sido un campo de exterminio para judíos, virtualmente ningún judío habría sobrevivido, pero las memorias de los exprisioneros de Auschwitz podrían llenar una biblioteca. Sobrevivientes que hicieron de su experiencia una profesión, como Elie Wiesel, y quien se presenta a sí mismo como testigo viviente del Holocausto, representan, de hecho, pruebas vivientes que la supuesta exterminación de judíos nunca sucedió.

Incluso el trágico destino de la familia Frank no cuadra con el relato oficial de Auschwitz. La joven judía Ana Frank, quien se volvió mundialmente famosa después de su muerte gracias a su diario, el cual Robert Faurisson ha demostrado que fue escrito en gran parte por el padre de la niña después de la guerra (1), fue deportada de Amsterdam a Auschwitz en agosto de 1944.

Poco la después de esto, los alemanes comenzaron a evacuar el campo de Auschwitz debido a su cada vez peor situación militar. Ana y su hermana fueron enviadas a Bergen-Belsen en donde en poco tiempo sucumbieron ante el tifus, antes del fn de la guerra. Su madre murió en Auschwitz en enro de 1945, lo cual significa que bajo la versión oficial no pudo haber sido gaseada ya que ésta dice que los gaseos cesaron en octubre o noviembre de 1944. Su padre Otto sobrevivió a la guerra y murió en Suiza décadas después. El ejemplo de la familia Frank muestra que, mientras que los judíos eran intensamente perseguidos y grandes cantidades de ellos murieron debido a las pobres condiciones de los campos, nunca existió una política de exterminio. Si tal política hubiese existido, toda la familia hubiese sido gaseada en Auschwitz.

Muchos judíos fueron transferidos de un campo a otro sin riesgo de ser asesinados, de esta manera, Israel Gutman, quien posteriormente llegó a ser editor de la ‘Enciclopedia del Holocausto’, sobrevivió a Auschwitz, Majdanek, otro “campo de exterminio”, Mauthausen y Gunskirchen (2). Un tal Samuel Zylbersztain, judío polaco, sobrevivió a no menos de diez campos: El “campo de exterminio” de Treblinka, el “campo de exterminio” de Majdanek ¡y a ocho “campos ordinarios” en el transcurso! (3) Incidentalmente, estas transferencias frecuentes eran debido a la falta de mano de obra para la producción de guerra alemana: Los prisioneros eran enviados donde eran requeridos. Por supuesto, estos incesantes viajes facilitaron la transmisión de enfermedades infecciosas. ¡No necesitaríamos de las patrañas de las cámaras de gas para explicar las altas tasas de mortalidad en los campos de concentración!

Así, los incontables exprisioneros judíos de los campos de concentración quienes escribieron sus memorias después de la guerra, deben explicar cómo hicieron para sobrevivir a la “fábrica de muerte nazi”, de forma rutinaria ellos lo atribuyen a un milagro. De esta manera, un tal Moshe Peer afirmó en 1993 que había sobrevivido a no menos de seis gaseamientos en Bergen-Belsen (4), lo que hizo decir al humorista judío Ephraim Kishon: “Maravíllense, estuve de camino al campo de exterminio, pero fui capaz de escapar volando, ¡fue un milagro!” (5)

.

1) R. Faurisson, “Is the Diary of Anne Frank genuine?”, I.H.R., Torrance 1985.

2) Nordwest-Zeitung, Oldenburg/Germany, 13 April 1994.

3) “Pamietnik Wieznia Dziesieciu Obozow”, in: “Biuletyn Zydowskiego Instytutu Historycznego”, Nr. 68, Warsaw 1968.

4)The Gazette, Montreal, 5 August 1993.

5) Schweizer Illustrierte, 13 April 1992.

SUBIR

.

.

VIII.

‘Tehran Times’, 20 de febrero de 2001

El primer investigador quien seriamente examinó los aspectos técnicos de los pretendidos gaseos en Auschwitz fue el profesor Robert Faurisson. Él estudió las técnicas de ejecución usadas en algunas penitenciarias de los Estados Unidos, donde las sentencias de muerte se cumplían con el uso del gas cianuro de hidrógeno. El cianuro de hidrógeno es el ingrediente activo del pesticida ‘Zyklon B’, el cual era embalado en forma de pelotitas sólidas que al contacto con el aire se dispersaba en forma de gas.

Una ejecución por gas es un asunto peligroso, se deben tomar muchas precauciones y la cámara de gas debe ser hermética, de otra manera, la ejecucución podría tornarse en una situación de alto riesgo para los empleados de la penitenciaría. Faurisson, quien había visitado Auschwitz y estudiado los planos de los crematorios, se preguntó cómo es que más de 2 mil (2,000) personas pudieron haber sido asesinadas simultáneamente en esas habitaciones que no contaban con entradas herméticas y no contaban con instalaciones para introducir (y dispersar) el gas. Él concluyó que ningún gaseo con ‘Zyklon B’ pudo haber sido realizado ahí, sin haber envenenado a las víctimas y contaminado las proximidades exteriores de la “cámara”, y que tampoco pudo haber sido posible remover los cadáveres inmediatamente después del “gaseo”, como los testigos unánimemente han declarado. (1)

En febrero de 1988, Faurisson y el revisionista germano-canadiense Ernst Zundel asignaron al estadounidense experto en instalaciones para ejecuciones, Fred Leuchter, y quien había construido cámaras de gas, que elaborase un reporte sobre las habitaciones señaladas como “cámaras de gas” en Auschwitz I, Birkenau y Majdanek. Leuchter se dirigió hacia Polonia apenas con el equipo necesario y a su regreso escribió el reporte que se ha convertido en un auténtico “rompehielos” y que constituyó la victoria científica del revisionismo (2). He aquí las conclusiones sobre Auschwitz:

a) Las llamadas cámaras de gas en realidad son lo que en documentos alemanes se reporta como morgues. Debido a sus características físico-técnicas, no pudieron haber servido para fines homicidas, por medio de gaseos.
b) La capacidad de los crematorios no pudo haber satisfecho ni una pequeña fracción del número de las víctimas sugeridas.
c) Los análisis químicos del mortero de las paredes de las cámaras de gas no mostraron cantidades significativas de rastros ferro-cianuros. Por el contrario, los análisis sí mostraron una enorme cantidad de ferro-cianuros en las muestras tomadas de la cámara para despiojar de Birkenau.

El llamado Reporte Leuchter no fue del todo perfecto. Por ejemplo, Leuchter erróneamente afirmó que no había encontrado ningún sistema de ventilación en las “cámaras de gas”, y lo concerniente a los crematorios no fue del todo satisfactorio, ya que él no tenía competencia técnica en ese aspecto. Sin embargo, el aspecto químico se volvería decisivo, ya que sus conclusiones fueron totalmente confirmadas por Germar Rudolf mediante un estudio de carácter científico más completo.

.

1) R. Faurisson in “Storia Illustrata”, August 1979, and Serge Thion, “Verite Historique ou Verite Politique?”, La Vieille Taupe, Paris 1980.

2) F. Leuchter, “An Engineering Report about the alleged execution gas chambers at Auschwitz, Birkenau and Majdanek, Poland”, Samisdat Publishers, Toronto 1989.

SUBIR

.

.

IX.

‘Tehran Times’, 21 de febrero de 2001

Dr. Younes Geranmayeh

En 1993, el químico alemán Germar Rudolf confirmó los resultados del reporte Leuchter en un estudio científico magistral (1). Él demostró que los orificios en el techo de la morgue del crematorio II en Birkenau, en donde varios cientos de judíos fueron gaseados según testigos, no existieron en el tiempo en que los asesinatos masivos supuestamente sucedieron. Los testigos hablaron de 4 orificios de perfil redondeado, pero los orificios que se observan en la actualidad son de forma irregular, adicionalmente, las barras de refuerzo que aún es evidente que atraviesan uno de los orificios muestran que tales orificios fueron hechos torpemente en la postguerra para crear la ilusión que eran orificios auténticos por donde se introducía el ‘Zlyklon B’, de esta manera, ¡se demostraría que el veneno no pudo haber sido introducido en la “cámara de gas”!

El pesticida ‘Zyklon B’ consiste en cianuro de hidrógeno en una presentación granulada sólida. El gas es liberado a través del contacto con el aire. A temperatura normal, el contenido total del gas se volatiliza en dos horas. Para matar a las víctimas en un periodo de 5 a 15 minutos, como fue declarado por los testigos, se hubieran requerido enormes cantidades de ‘Zyklon B’. Bajo estas circunstacias, los trabajadores que presuntamente removieron los cadáveres después de cada gaseo no pudieron haber entrado a la cámara de gas inmediatamente después de la muerte de las víctimas, como los testigos lo aseguran, incluso hubiesen muerto si hubieran portado máscaras antigas, esto también fue demostrado fehacientemente en el reporte Rudolf.

Rudolf demostró que “la principal instalación de la muerte del Tercer Reich”, la morgue del crematorio II, nunca fue expuesta al ‘Zyklon B’. El cianuro de hidrógeno forma un pigmento extremadamente estable (ferro-cianuro) con el componente ferroso de los materiales de construcción. El pigmento se degrada tan lentamente como los materiales de construcción mismos y como lo muestran los diversos experimentos a través de décadas. Extremadamente altas concentraciones de compuestos cianuros se pueden encontrar todavía en los ladrillos de las cámaras para despiojar en Birkenau, mientras que en las pretendidas cámaras de gas en Krema II son insignificantes, y que aún es parcialmente factible entrar, pues está derrumbada desde finales de 1944 o principios de 1945. Esto nos lleva a la conclusión que ningún gaseo pudo haberse realizado ahí.

Utilizando el seudónimo Ernst Gauss, Rudolf editó la antología científica “Grundlagen zur Zeitgeschichte” (Fundamentos de Historia Contemporánea) en 1994. Una edición actualizada en inglés apareció en el año 2000 (2). Este libro, que resume los resultados de la investigación revisionista, es indispensable para cualquiera que esté interesado en la verdad sobre el Holocausto.

.

1)”Das Rudolf-Gutachten”, available at Castle Hill Publisher, P.O. Box 118, TN34 3ZQ Hastings/GB, Internet: http://www.vho.org

2)”Dissecting the Holocaust”, Theses and Dissertation Press, P.O. Box 64, Capshaw/Alabama, USA, Internet: http://tadp.org

SUBIR

.

.

Traducción: ecorevisionista.wordpress.com

.

.